La Universidad

La universidad

La locura que se extiende sobre España ha permeado hace algún tiempo hasta la enseñanza superior, en donde, de manera cobarde, se aceptan unas tesis que, siendo absurdas, van además en contra de todo lo que supone la universidad.

Una sociedad puede generar sus reglas de juego, sus memes culturales , vía una sabiduría popular basada en la ignorancia: Milagros, brujas, dogmas, errores de bulto, consejas de vieja.

O puede analizar la realidad mediante la razón y derivar reglas que funcionen. Salvo el efecto placebo, las peregrinaciones a los templos de Ammon, a Epidauro o a Lourdes (y estos días a la ermita del Prado en El Escorial) solo funcionan para sacar perras a los crédulos, y esto lo hacen muy bien. Pero no curan.

Si lo hacen, aunque aun mal, las medicinas y las terapias físicas. (Aun lo hacen mal porque aun hay errores de bulto en la comprensión de la enfermedad y el funcionamiento del cuerpo humano, por ejemplo, en la cuestión de las dietas alimenticias). Pero si curan.

El conocimiento de la realidad es el objetivo de la sociedad humana. No hay otro. Todo lo demás es consecuencia de lo primero y no es, no puede ser, diana directa. La felicidad, la igualdad, la dignidad, el progreso, solo se obtienen como consecuencia del conocimiento y nunca como objetivos específicos, y sin aquel no son posibles.

La universidad es la institución que promueve el conocimiento. Pero no puede ser considerada como una -fábrica- de conocimiento. No es que no deba serlo. Esta es una cuestión irrelevante. Es que no puede serlo: No existen fábricas de conocimiento ni método distinto de la universidad tradicional que lo proporcione.

Ni Stalin, con todo su inmenso poder de tortura, ni los EEUU con su inmenso poder financiero han podido encontrar el camino de la fusión nuclear controlada, ni mucho menos de la fusión fría, el Santo Grial de las consejas de vieja que resolvería los problemas económicos de la sociedad.

No es posible decirle a un científico: ‘Descubra la fusión fría’, ni a un médico ‘Deme una cura para el cáncer’, ni a un físico ‘Dígame con un 100% de seguridad si hay o no cambio climático’.

El conocimiento se estimula, pero no se fabrica.

Este es un error en el que, no se sabe por qué, ha caído la sociedad española. O quizás si se sabe, y la razón es el predominio de la ignorancia que accede al poder. El sueño de la imaginación que construye un mundo irreal y lo quiere superponer al mundo real.

La universidad no es (aunque se quisiera que fuese) una fábrica de conocimiento, ni la enseñanza es una técnica metódica (aunque se ha vendido que así es). No hay máquinas que produzcan ciencia ni métodos que garanticen la asimilación del conocimiento impartido. Si nos dicen lo contrario nos están vendiendo una moto que solo hace ruido.

Es inmensamente más rentable pagar a 30 profesores que enseñen a un único alumno inteligente que a 10 profesores que impartan docencia a 100 alumnos mediocres.

Las cuentas inversión/rendimiento no se pueden hacer en la universidad. Los beneficios de una educación de elites intelectuales no se pueden medir con ningún parámetro. Son evidentes, pero no medibles. De la misma manera que no se puede cuantificar el beneficio social de un aire limpio, de un país con árboles, no se puede cuantificar el beneficio de un grupo de científicos de elite en un país.

El ansia de cuantificar deriva de la física determinista, que es falsa en tanto que determinista, y de la absorción de esas falsas ideas deterministas en el seno de la comunidad de profesionales de la economía.

NO se puede cuantificar por dos razones básicas: No se puede medir con ningún conjunto pequeño de parámetros y el fenómeno es complejo y no lineal de manera que la variación de uno del número inmensamente elevado de esos parámetros cambia instantáneamente todos los demás.

El ansia de seguridad en la sociedad humana de los siglos XIX y XX ha establecido falsos trasfondos mentales que, desconocidos, no son fáciles de erradicar.

Ante fenómenos complejos no lineales, como el movimiento de los fluidos, solo caben leyes estadísticas, nunca deterministas. El sistema más habitual de análisis estadístico se ha denominado siempre -intuición-, pero la intuición puede complementarse con las técnicas de la mecánica estadística, una de las disciplinas de la física.

La intuición nos dice que los países que han potenciado a los estudiantes más brillantes, les han apoyado y  han aceptado sus ideas, han surgido siempre hacia adelante. Nos dice también que los países que, como la China del mandarinato, han anulado a estos estudiantes optando por una uniformidad anodina, han quedado en situaciones sociales correspondientes al pasado.

Si establecemos normas fabriles en la universidad, si medimos los rendimientos en número de alumnos por profesor, numero de publicaciones por investigador, número de tesis leídas por euro invertido, estamos fracasando de manera miserable. Tan miserable cómo cuando queremos subir una piedra de dos toneladas por la ladera de una cuesta de pendiente 30% utilizando la fuerza sin palancas ni poleas de un único ser humano.

Los números no sirven, en este caso. Solo sirve la calidad, la cantidad es irrelevante.

Si reconocemos esta realidad, podemos conseguir el éxito. Si no, ya vemos donde estamos.

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