Tres caballeros y una dama: la trastienda de la doble hélice

autor: Miguel Vicente

Ya sé que a mucha gente no les resulta simpática la figura de Rosalind Franklin, la científica que aportó los datos experimentales que permitieron deducir que el ADN es una molécula formada por dos hélices antiparalelas que contienen la información genética, la doble hélice. Pero me pregunto a quién le caen simpáticos James Watson o Francis Crick, los dos científicos del Cavendish Laboratory de Cambridge que obtuvieron en 1962, año en que murió Marilyn Monroe, el Premio Nobel por la publicación de esta estructura.

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Crick (a la izquierda) y Watson en 1953 paseando por los jardines de la Universidad de Cambridge. The James D. Watson Collection, Cold Springs Harbor Laboratory Archives.

La misma pregunta podemos hacer sobre “el tercer hombre”, Maurice Wilkins, el rival, más que compañero, de Rosalind Franklin en el King’s College londinense, que compartió con ellos el mismo premio. La correspondencia entre Wilkins y Crick, hasta hace un año extraviada y ahora encontrada entre los archivos de Sidney Brenner, también premio Nobel y amigo de Crick, puede que tampoco ayude a proporcionarles nuevas simpatías. Ya es historia que Franklin falleció antes de la concesión del Nobel, convirtiendo en pura especulación discutir qué habría decidido el comité del Nobel, que no otorga un mismo premio a más de tres personas, en caso de que tan triste hecho no hubiese ocurrido.

Dos tipos de investigadores. La correspondencia no revela ahora hechos radicalmente nuevos pero sí permite completar lo que se sabe que se urdía en la trastienda de los laboratorios de Cambridge y Londres durante los años, 1951 a 1953, en los que se desarrolló la historia del descubrimiento de la doble hélice, uno de los más importantes en la ciencia del siglo veinte. En líneas generales se perciben dos maneras diferentes de hacer ciencia, y posiblemente de encarar la profesión de investigador. Wilkins, el experimentalista, va laboriosamente recogiendo datos, mientras Crick, el teórico, puede darles junto con Watson una interpretación brillante. Publicados ya sus trabajos, Wilkins en una carta datada en 1954 recrimina sarcásticamente a Crick su falta de interés por hacer experimentos “la lista de tus futuras publicaciones es impresionante, y espero que no me consideres malévolo si percibo tus planes para evitar el trabajo experimental – o sea, (escribir) tu libro”. (Los paréntesis entre los textos son del traductor).

Instituciones rivales. Se trasluce también la rivalidad entre las dos instituciones, en su carta oficial fechada el 11 de diciembre de 1951 Wilkins le comunica a Crick que “aquí la opinion mayoritaria, muy a mi pesar y con gran pena, está en contra de que sigas con el trabajo sobre los a.n. (ácidos nucleicos) en Cambridge. Se piensa aquí que has sacado tus ideas directamente de la charla (de Franklin) en el simposio, lo que a mí me parece igual de convincente que tus razones diciendo que tu las has deducido de nuevas”. Pero Wilkins debe sentir que en ese momento no le conviene tener a Crick como enemigo, porque inmediatamente le dirige en la misma fecha una carta personal en la que le aconseja que “sería muy acertado que mantuvieses una posición discreta, y dieses la impresión de ser un trabajador constante y apacible que no provoca “incidentes”, en vez de reclamar todo el reconocimiento por tus excelentes ideas a expensas de las buenas relaciones”.

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Escultura conmemorativa de la doble hélice en Clare College, el colegio de Cambridge en el que Watson residía mientras ocurrían los hechos narrados en el artículo. Foto del autor, 18 marzo 2010.

Hablando entre caballeros, es decir dentro de la hipocresía que caracteriza muchas relaciones profesionales competitivas, como es la investigación, Crick y Watson le responden un par de días más tarde “alégrate, y creénos que si te hemos dado una patada en el culo, lo hemos hecho como amigos. Deseamos que nuestro atraco sirva al menos para que vuestro grupo se una en un frente común”. Una frase, la última, que alude además a la notoria rivalidad de Wilkins con Franklin.

Un secreto traicionado y una pinta de cerveza. Un año más tarde, en enero de 1953 Wilkins le proporciona a Watson, sin que Franklin lo sepa, el dato crucial para llevarle a intuir que la estructura del ADN es una doble hélice, la famosa foto 51 que Rosalind había obtenido en mayo de 1951. La sagacidad e imaginación de Watson al interpretar la foto, su habilidad para hacer recortables, y los conocimientos físicos de Crick, unidos a que además Max Perutz les hizo llegar lo que Franklin había sometido de manera confidencial para la evaluación del laboratorio del King’s, dieron su fruto. El 28 de febrero de ese mismo año, Francis Crick entró al salón del pub “The Eagle” en el centro de Cambridge, en donde se sirve una excelente “bitter” de la cervecera Greeneking, anunciando a los cuatro vientos que habían descubierto el secreto de la vida.

Lo que le sigue es una despiadada carrera de influencias para ver quién se lleva la gloria de ser el primero que publica lo que cada uno ha descubierto, Wilkins y Franklin, entre ellos enemigos irreconciliables, publicar los datos de difracción que han obtenido, Watson y Crick el modelo que han deducido de esos datos. La batalla final de esa guerra se debió librar en la oficina editorial de la revista Nature, en la que finalmente se publicaron a la vez tres artículos breves, lo que la revista Nature llama “cartas”. El más famoso el de Watson y Crick, proponiendo que la molécula de ADN se estructura como una doble hélice antiparalela, o sea en la que la estructura química de cada hélice recorre el espacio en el sentido opuesto a la otra. El combate, iniciado en los tres laboratorios no debió ser fácil, porque Crick quería a toda costa publicar primero su modelo sin esperar a la publicación de los datos experimentales que le habían servido para formularlo.

El pacto desconocido. No es seguro que se enviase una carta de Crick al editor de Nature en la que Crick informaba que “Hemos mostrado un borrador del artículo a Wilkins. Hemos acordado que en vez de colaborar para comprobar nuestra estructura con sus datos (lo que hubiera dado lugar a una publicación conjunta) la vamos a publicar nosotros, y ellos la comprobarán después con sus datos”. No es raro que los científicos teóricos publiquen algunos artículos sin esperar a que los datos experimentales, por lo general más difíciles de obtener, estén bien contrastados por sus colegas experimentalistas. Pero publicar los tres artículos por separado en el mismo número de la revista tampoco estaba libre de riesgos, todos querían ver lo que los otros habían escrito y Wilkins le escribe a Crick “Al parecer lo único que podemos hacer es enviar las cartas de Rosy (Franklin) y mía tal y como están y confiar en que el editor no va a notar que hay repeticiones. Estoy tan harto de este manicomio que ya no me importa mucho lo que pueda ocurrir”.

Para complicarlo más, Linus Pauling, el gran competidor californiano que ya había adelantado a los ingleses resolviendo la estructura de las proteínas, y cuya sombra aparecía en todo momento de la historia como alguien que podía adelantarles en la carrera, iba a visitar Inglaterra y Franklin quería hablar con él. Wilkins escribe: “Si Rosy quiere ver a Pauling ¿qué demonios podemos hacer? Si se le sugiere que sería mejor que no lo hiciera tan solo la animaría más a hacerlo.” No hay constancia de que Wilkins, Crick, Watson y Franklin se reuniesen al final para llegar a un acuerdo sobre la publicación de los artículos, pero la historia se cierra con su publicación en el mismo número de la revista.

También la correspondencia ahora revelada desvela que tras conocer mas tarde todos los datos de Franklin, especialmente los de la forma cristalina del ADN seco, la forma llamada A, Crick debió comprender que Franklin tenía motivos experimentales para ser cautelosa con respecto a proponer la estructura helicoidal: “esta es la primera vez que he podido examinar en detalle la imagen de la Estructura A, y he de decir que me alegro de no haberla visto antes, porque me hubiera preocupado mucho”. En efecto, la forma A del ADN no concuerda con la estructura helicoidal, como ya Franklin había concluído en su sarcástico funeral por la hélice en 1952 al que se invitaba a Wilkins para pronunciar el responso.

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James Watson en París, Primavera de 1952. Foto que se usó en la contraportada de “La doble hélice” “Un relato personal del descubrimiento de la estructura del ADN, un gran avance científico que llevó a la concesión de un Premio Nobel.” Libro publicado en 1968.

Entre todos estos temas científicos aparecen asimismo en la correspondencia entre Wilkins y Crick aspectos más mundanos de los protagonistas: Crick y Wilkins compartiendo una botella de vino, Wilkins intentando alquilar un nuevo piso, Jim Watson viajando a París en donde a sus 25 años admiraría a las jóvenes y esquivas parisinas de Saint-Germain-des-Prés.

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El autor en la entrada del pub “The Eagle”. Antes de que algún lector lo haga notar, la misión de los científcos no es ser simpaticos sino hacer buena ciencia. Los cuatro personajes de esta historia la hicieron, cada uno a su manera, y con ello permitieron un avance espectacular de la Biología durante la segunda mitad del siglo veinte, cuyo fruto estamos recogiendo en numerosos avances médicos y técnicos en el presente, y que sin duda no son nada en comparación con los que nos depara el futuro. Foto por P. Natale. 17 marzo de 2010.

REFERENCIA:

A. Gann and J. Witkowski. 2010. The lost correspondence of Francis Crick. Nature 467: 519-524.

suple-notiForo del día 13 de octubre de 2010 en notiweb

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Comentarios

[...] Tres caballeros y una dama: la trastienda de la doble hélice http://www.madrimasd.org/blogs/microbiologia/2010/10/10/131020  por Justin hace 2 segundos [...]

Hola Miguel,

¡Buen post! Tengo algunos comentarios. Paciencia y gracias:

1. Un problemilla: El link a la foto 51 no funciona bien.

2. Pregunta. Cuando decía Wilkins:

“Al parecer lo único que podemos hacer es enviar las cartas de Rosy (Franklin) y mía tal y como están y confiar en que el editor no va a notar que hay repeticiones. Estoy tan harto de este manicomio que ya no me importa mucho lo que pueda ocurrir”.”

¿A qué se refería con manicomio?

3. Otra pregunta de importancia actual sobre la recriminación que Wilkins le hacia a Crick:

“la lista de tus futuras publicaciones es impresionante, y espero que no me consideres malévolo si percibo tus planes para evitar el trabajo experimental – o sea, (escribir) tu libro”

¿Indica que ya entonces se trataba de obligar al científico a ser más experimental dajando de lado el aspecto teórico?

Finalmente, ¿Se puede tener acceso en Internet a la correpondencia mencionada, que según dices apareció en los archivos de Brenner? Si así fuese podrías poner un link?

Perdona por tanta pregunta y mil gracias,

Un saludo

Creo que para entender el contexto en el que Wilkins se atreve a “robarle” la foto 51 a Franklin (Wilkins, al menos formalmente, era el jefe de Franklin), y a enseñársela a Watson, habría que añadir que Rosalind estaba a punto de irse a Birbeck College con Bernal, dejando el trabajo “inacabado”. De hecho, a Wilkins la famosa foto se la proporciona Raymond Goslind, coautor con Rosalind Franklin de una de las tres ínclitas publicaciones del Nature, y a quien creo que Franklin le dirigía la Tesis. El ambiente debía estar francamente emponzoñado y, sin lugar a dudas, no era nada agradable para una mujer independiente, brillante y testaruda, como parece que era Rosalind Franklin. Para acabar de liarlo todo, por aquella época el hijo de Pauling trabajaba en el Cavendish; es decir, era compañero de Watson y Crick, a los que presionaba diciéndoles que su padre andaba detrás de la estructura del ADN… y Pauling ya les había ganado “la carrera de la hélice alfa”.

Rosalind Franklin siempre me cayó simpática, y si se hubiera podido reunir con Pauling, quizás otra hubiera sido la historia. A Pauling se le negó la visa para salir de los EEUU por motivos políticos.
He aquí el link al artículo original sobre este tema en Nature (requiere suscripción)

http://www.nature.com/nature/journal/v467/n7315/full/467519a.html

Gran artículo, Miguel.

Me encanta la frase:
“Hablando entre caballeros, es decir dentro de la hipocresía que caracteriza muchas relaciones profesionales competitivas, como es la investigación…”
Muy bueno.

para Emilio Cervantes:

Hola Emilio,

cuando en su correspondencia Wilkins utiliza la palabra “madhouse”, literalmente casa de locos, me he permitido traducirla como “manicomio”. El diciconario de Oxford da una segunda acepción con el significado de “gran confusión” y a mi entender Wilkins juega aquí con los dobles significados deliberadamente para meter cizaña respecto a Franklin, lo mismo que en otra carta se refiere a ella como “el humo de la brujería”.

El binomio experimentalista frente a teórico no me lo tomaría como que Wilkins quiera obligar a Crick para derivar hacia alguna de las dos posiciones. Pero, y esa es mi opinión, las ciencias experimentales no se sostienen mucho si no incluyen una buena dosis de experimentación, y esa es la posición que posiblemente quería Wilkins enfatizar con cierta ironía. Quizás Wilkins, en sus pasajes irónicos, transmite una cierta inseguridad ¿no?.

La ironía se deja ver mucho en esta correspondencia, recomiendo que se lea lo que Crick opina sobre la propuesta de invitación a un conferenciante que a él no le convence.

La correspondencia de Sidney Brenner no la encuentro en internet, tan solo veo el acceso al catálogo de la misma, en donde se fijan las condiciones para su consulta y se indica cómo contactar:

http://library.cshl.edu/archives/brenner/index.html

El enlace a la foto 51, ya está curado de los males que le afligían.

Un saludo

Miguel

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