Salud Pública: ¿Pepito Grillo de los individuos o de las políticas públicas?

Por Javier Segura del Pozo

Médico salubrista

 

¿Por qué los políticos y las instituciones de Salud Pública se sienten incómodos cuando tienen que comunicar información sobre determinantes sociales en salud? ¿De donde vienen las dificultades para editar y comunicar estudios que informan sobre la relación entre la mala salud y las condiciones de vida? ¿Por qué es más fácil editar materiales en que se informa a los sujetos qué estrategias individuales (cómo el ejercicio, la evitación del tabaquismo o la obesidad, etc.) deben asumir para no enfermar o no morir prematuramente? ¿Debe una institución informar sobre riesgos solo cuando tiene un plan preparado para controlarlos o intervenir sobre ellos?

 

Algunos han intentado explicar esta desazón en una falta de habilidad para comunicar riesgos. Desde este punto de vista seria una cuestión técnica que podría resolverse si profesionales de la información tuvieran un mayor peso y presencia en las administraciones en salud pública. Su labor “traductora” solventaría el problema. El problema seria una cuestión de la forma del mensaje y no del mensaje en sí.

 

Otros sin embargo, sitúan la incomodidad en el mensaje y en el problema de gestionar las posibles reacciones de intranquilidad de la población. La idea central es que la población vive tranquila y el informarle que el hecho de enfermar esta relacionado con el barrio donde vive, el aire que respira o el tipo de trabajo que esta realizando, va a sacarles de esa ignorancia plácida y GENERAR ALARMA. Asociado a este enfoque está la idea de que para qué intranquilizar a la población si no podemos hacer nada para remediarlo. “Si no podemos cambiar las condiciones de vida” (¿…desde Salud Pública o desde ninguna “palanca”?).

 

Finalmente, otros sitúan el problema en una falta de asunción del papel de la Salud Pública como traductor entre los problemas que se ven en el sistema sanitario asistencial (el lenguaje del numero de enfermos y muertos) y las políticas publicas (el lenguaje de los determinantes sociales)y de mediador entre lo individual y lo colectivo.

 

La idea central es que lo individual esta determinado por lo colectivo y también en la salud. Es decir, que lo que un médico clínico ve como casos particulares de pacientes con síntomas y enfermedades en u centro de salud o un hospital, tiene su origen en las condiciones colectivas de vida de la población. Si queremos prevenir eficazmente estas enfermedades y este sufrimiento, debemos intervenir en los condicionantes sociales. Ahora viene otra pregunta ¿Quién y como intervenir?

 

Como dice el Libro Blanco de la Salud Publica de la Comunidad de Madrid, la Salud Pública se sitúa en un lugar de encrucijada entre dos ejes de tensión: técnico-político e individual-colectivo. En vez de verlo como un problema y tender al repliegue (o huida) al campo determinado por los polos técnico e individual, es decir, la clínica y los consejos individuales, debemos contemplar este lugar de encrucijada como una oportunidad de desarrollo de la Salud Pública en un espacio en el que no tenemos competidores y con una misión social clara:

 

  • Traductor (tensión “lo técnico”-”lo político”):

             Ø      medicalizar lo político (traducir el coste en salud que suponen los problemas sociales) y

 

Ø      politizar lo sanitario (transformar el conocimiento sobre la distribución de las enfermedades en medidas sociales y políticas para luchar contra ellas).

 

  • Mediador (tensión “lo individual” y “lo colectivo”): servir de enlace a una serie de servicios y dispositivos (Atención primaria, salud mental, servicios sociales, Centros de atención a la drogadicción, Escuela, etc., que atienden individualmente problemas (Síntomas, ansiedades, situaciones de exclusión social, drogadicción, fracaso escolar, etc.) que tienen determinantes sociales comunes) promotor de espacios de coordinación

Volviendo al principio,  es decir, a entender la incomodidad de los políticos para comunicar riesgos colectivos, podemos concluir que:

 

  • Está claro que tener periodistas que te ayuden a darle la adecuada forma al mensaje es fabuloso
  • Está claro que es mucho mejor cuando se tiene un plan de intervención ya preparado sobre los riesgos que se comunica

  • Pero el problema principal es tener políticos (y salubristas) con una idea clara de la misión de la salud publica, capaces de ser buenos mediadores y traductores con políticos (e instituciones) de otros áreas: medioambiente, servicios sociales….y con capacidad de liderar o promocionar planes intersectoriales, de convencer al compañero concejal, consejero o ministro que cuando informa sobre el coste en salud que tiene o tendrá una decisión política del ramo correspondiente (construir una carretera, no intervenir sobre un riesgo ambiental, priorizar…) no le está “pisando el callo”, sino cumpliendo con su misión social.

 

La salud publica será tan Pepito Grillo como los ministerios de medioambiente o el defensor del pueblo. Pero debe decidir si quiere asumir el papel de Pepito Grillo de las conciencias individuales (culpabilizando por los hábitos nocivos de salud) o del sistema (Pepito Grillo de las políticas públicas).

 

Acabemos diciendo que no toda la responsabilidad es de los políticos. Hay una clara responsabilidad técnica: proporcionar la información adecuada a los políticos para intervenir, indicar dónde es mas eficaz intervenir para tener mejores resultados. La buena informaron le ayudara al político a superar el vértigo de tener que afrontar la realidad y de evitar tentaciones escapistas.

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Comentarios

¡Vaya artículo! A veces los salubristas nos debatimos entre estas decisiones y apenas nos damos cuenta de cuanto nos cuesta tomar una decisión, de esas de informar, de decidir, y entonces le echamos la culpa a los estilos de vida, para seguir culpando a Lalonde, no a las condiciones de vida que generamos desde el sistema socio político imperante.

Valen artículo por esta vía.

[...] Todas ellas tienen pues algo en común: plantean estrategias que aunque incluye acciones dentro del sistema sanitario, prioriza la influencia fuera de este sistema. En el eterno dilema de la Salud Pública y de la Promoción de la Salud (¿Ser Pepito Grillo del individuo o de las políticas públicas y la planificación urbana?), opta por el segundo (ver en este blog: Salud Pública: ¿Pepito Grillo de los individuos o de las políticas públicas?[2]) [...]

[...] Todas ellas tienen pues algo en común: plantean estrategias que aunque incluye acciones dentro del sistema sanitario, prioriza la influencia fuera de este sistema. En el eterno dilema de la Salud Pública y de la Promoción de la Salud (¿Ser Pepito Grillo del individuo o de las políticas públicas y la planificación urbana?), opta por el segundo (ver en este blog: Salud Pública: ¿Pepito Grillo de los individuos o de las políticas públi…[2]) [...]

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