Nuevas piezas en el rompecabezas del cáncer

Un grupo de investigadores del Centro de Biología Molecular “Severo Ochoa” de Madrid dirigido por el Dr. José María Izquierdo en colaboración con la Dra. María Dolores Ludeña de la Unidad de Anatomía Patológica del Hospital Universitario de Salamanca han demostrado que las proteínas TIA (T-cell Intracellular Antigens) actúan como freno para el desarrollo de fenotipos tumorales en un trabajo científico publicado en la revista Biochemical Journal.

Células cancerígenas

Hace más de 50 años, se demostró la existencia de los genes que predisponen al cáncer por la ganancia de función, permitiendo la identificación de los oncogenes. Después se verificó que también la pérdida de función de los llamados genes supresores de tumores, lleva al desarrollo de fenotipos cancerosos. Los mecanismos que conducen a estas situaciones no deseadas implicarían no sólo a causas genéticas (mutaciones) sino también a los códigos epigenéticos (regulación de la expresión de los genes) y su interacción con el ambiente. El resultado sería que las células pierden su comportamiento social y su potencial de auto-suicidio, ganando la capacidad de proliferar y crecer sin control así como la destreza de desplazamiento y de anidación en otros tejidos.

Como en muchos o en casi todos los aspectos de la biología humana, y de lo que la rodea, el correcto funcionamiento de un sistema vital complejo va asociado a la coexistencia y la regulación de los contrarios. En el caso que nos ocupa, lo podríamos plantear como una lucha entre los que empujan frente a los que frenan la proliferación y el crecimiento celular. Los que empujan en la dirección del desarrollo o progresión de un tumor se denominan proto-oncogenes (versión precursora e inactiva)/oncogenes (versión funcional y activa), mientras los que frenan su desarrollo o avance se denominan supresores de tumores. Desde un punto de vista molecular, los oncogenes son proteínas o RNAs que favorecen la proliferación celular modificando la ordenación del ciclo celular y transformando las células, haciendo además su función dominante y conduciéndolas a un camino de no retorno de crecimiento ilimitado, transformado y transformante. Estos procesos se esconden tras, aproximadamente, el 20% de los cánceres humanos. Sin embargo, estos elementos no se han podido encontrar relacionados con ciertos tipos de cánceres. Se requiere entonces otras causas o razones que permitan explicar el origen de ciertos tumores.

En el extremo opuesto a los oncogenes están los genes con capacidad de suprimir el desarrollo de los tumores. Los genes supresores de tumores son aquellas proteínas o aquellos RNAs que reprimen la proliferación celular, muestran actividad anti-transformante y eliminan las células tumorales induciendo respuestas de muerte celular. El mal funcionamiento de estos genes supresores está detrás de tumores y síndromes humanos tan conocidos como el retinoblastoma familiar, tumor de Wilms, neurofibromatosis tipo 1 y 2, poliposis adenomatosa familiar, melanoma familiar, síndrome de Crowden, síndrome de Li-Fraumeli, síndrome de von Hippel-Lindau, síndrome de Peutz-Jeghers, síndrome de Gorlin, esclerosis tuberosa 1 y 2, cáncer de seno familiar o algunos tipos de carcinomas colorrectales.

Los autores del trabajo, que aparece publicado en el último número de la revista Biochemical Journal, describen que células humanas con expresión reducida de las proteínas TIA incrementan su capacidad de proliferar, crecer e invadir. Cuando estas células se inyectan en ratones inmunodeprimidos desarrollan tumores; en concreto, carcinomas desdiferenciados epiteliales con fenotipos celulares proliferativos y angiogénicos. Además, identifican una población de carcinomas humanos de origen epitelial donde la expresión de estas proteínas se encuentra disminuida, sugiriendo que la falta de función ligada a ellas podría acelerar la progresión tumoral. La asociación de distintos escenarios entre la regulación de la expresión génica ejercida por las proteínas TIA y el progreso de la tumorogénesis plantea algunas preguntas que los autores esperan contestar en un futuro: ¿cómo contribuyen las alteraciones en la cantidad o actividad de estos reguladores a la progresión tumoral?, ¿qué genes presentan su expresión alterada y qué propiedades de estos factores contribuyen a la malignidad?, ¿cuáles son las interacciones reguladoras que modifican sus actividades?, ¿podemos usar estos reguladores para identificar y subclasificar los distintos tipos de tumores y predecir su evolución natural (prognosis) y evaluar las respuestas a los tratamientos?; y por último, ¿son estos reguladores de la expresión génica las dianas potenciales para la intervención terapéutica?

El panorama que subyace en la biología del cáncer es mucho más complicado ya que usualmente no podemos adjudicar una sola causa; por lo general son múltiples los factores que intervienen, que empujan y no frenan, en el desarrollo de los fenotipos asociados a las células malignas. Los resultados recogidos en este trabajo indican que las proteínas TIA funcionan como supresores tumorales y son otra pieza importante a tener en cuenta en este complejo rompecabezas que es el cáncer.

CBMSO

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA A 18  DE ABRIL DE 2011

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