Ensayos



Montañas. El descubrimiento de cómo se forman

AUTOR  | Carcavilla Urquí, Luis. Colección Planeta Tierra, volumen 16. Los Libros de La Catarata-Instituto Geológico y Minero de España, Madrid

MONTAÑAS. EL DESCUBRIMIENTO DE CÓMO SE FORMAN
Reseña realizada por Benigno Asensio Nistal
Jefe de Servicio de Publicaciones del Instituto Geológico y Minero de España (IGME)

Un buen libro de divulgación científica es aquél que iniciamos con conocimientos escasos en la materia de la que se trata y consigue que lleguemos hasta su final sin grandes sufrimientos y más sabios. Escribir un libro así exige por tanto ser un buen científico y un buen divulgador, es decir tener el conocimiento y la destreza para contarlo, de modo que el ajeno a ese campo de la ciencia lo entienda. Pues bien, Montañas contiene ese conocimiento y se entiende, pero no se queda solo en eso, este libro es lo que podríamos llamar un relato científico.

Cuenta la historia del gradual descubrimiento del origen de las montañas de una manera que se acerca a la estructura de una novela policiaca, salvo que aquí en lugar de un detective son un conjunto de montañeros y científicos, que a base de músculo y cabeza van desentrañando el caso, es decir cómo se forman las montañas.

Desde las ascensiones de Horace Bénédict de Saussure en la segunda mitad del siglo XVIII, buscando la respuesta en los picos y dando nacimiento al montañismo, hasta la publicación en 1965 del ciclo de Wilson como modelo que encajaba todas las piezas que se habían ido juntando y que encontraba la respuesta en las profundidades (dando al relato un final desconcertante, como en las mejores novelas de intriga), el libro recorre las sucesivas aportaciones de datos y de ideas de gran cantidad de montañeros, científicos, científico-montañeros y montañero-científicos durante 200 años hasta solucionar el enigma, provocando de paso una lenta revolución en buena parte de las ciencias geológicas.

Y esto lleva a una lectura a la vez más de fondo, este relato además de contarnos todo sobre la historia del conocimiento científico de las montañas, nos cuenta cómo crece la Ciencia. Disputas entre científicos, competición por llegar antes, amor por lo que se hace, rabietas porque te adelantan, obstinación ante las nuevas ideas ajenas, suma de esfuerzos, en fin, en este caso el detective es tremendamente polifacético, y eso da un especial interés al caso.

En conclusión, el autor no es solo un buen científico y un buen divulgador, es que además es un buen literato. ¿Acaba ahí la cosa?, pues no, también es un apasionado montañero, y todo el libro transmite esa pasión. Periódicamente nos cuenta alguna aventura que ya no es de otros, sino la suya: el terremoto en la base del Annapurna, el sobrecogedor primer ascenso al Mont Blanc, el tremendo frío en lo alto del Sajama, el complicado descenso del Kanchenjunga, el balanceo de la tienda colgada sobre un vacío de 3.000 metros en el Dhaulagiri,..., historias y anécdotas personales sobre sus ascensiones salpican el libro, lo que añade otra dimensión más a la trama y nos hace disfrutar, además del conocimiento, de la aventura.

De bacterias, infecciones, antibióticos y resistencias

AUTOR  | Oteo Iglesias, Jesús. Libros de la Catarata-CSIC, Madrid, 2016. 128 páginas

DE BACTERIAS, INFECCIONES, ANTIBIÓTICOS Y RESISTENCIAS
Reseña realizada por Miguel Vicente
Centro Nacional de Biotecnología

El riesgo de que la propagación de bacterias resistentes a los antibióticos nos devuelva a tiempos pasados cuando casi cualquier infección era un grave riesgo de muerte, nos parece lejana, pero es real. De ello informa el libro La resistencia a los antibióticos: la amenaza de las superbacterias escrito por el Dr Jesús Oteo. Se dice que una infección es resistente a un determinado antibiótico cuando el tratamiento con la dosis de ese fármaco utilizada normalmente no consigue curarla y se llama bacteria resistente al patógeno que la provoca. Se han llamado 'superbacterias' a las bacterias que producen infecciones que no responden al tratamiento con más de un antibiótico, ni siquiera con los antibióticos mas potentes. Este nombre, de tono un poco sensacionalista, es más utilizado para escribir titulares llamativos en los medios de comunicación que por los científicos. En términos científicos sepa el lector que a estas bacterias se las llama multiresistentes.

Las bacterias resistentes a los antibióticos son diversas, incluso son microbios presentes en los ambientes naturales, de hecho los microbios que producen antibióticos tienen necesariamente que ser resistentes a ellos para no perecer. Pero cuando la resistencia a estos fármacos se localiza en bacterias patógenas, las que producen serias enfermedades en los seres humanos o en los animales y plantas que les sustentan, es el momento en el que adquiere mayor relevancia y gravedad.

En la actualidad no podemos asegurar a ciencia cierta que disponemos de antibióticos que nos puedan librar de todas y cada una de las posibles infecciones que nos amenazan. Y lo que es más grave, dependiendo del lugar donde residamos correremos más o menos riesgos de contraer una infección difícil de curar. Este es el caso de la tuberculosis en los países más pobres, en donde los deficientes sistemas sanitarios se unen a la escasez de recursos y al bajo nivel educativo de sus habitantes más desfavorecidos. Si el tratamiento de la tuberculosis siempre es difícil y los fármacos con los que se trata no son inocuos, abandonar la medicación sin estar totalmente curado conduce con frecuencia a una recaída en la que la infección puede haberse convertido en resistente.

Sin duda al lector acomodado estos riesgos le parecen lejanos, pero puede que empiece a alarmarse si considera que en el mundo actual si algo tenemos las personas, por mucho que se intenten poner fronteras, es facilidad en los desplazamientos. Por ejemplo se acaba de publicar (www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1611283113) cómo los conflictos en el medio oriente y la caída del régimen soviético han provocado la invasión a países no involucrados directamente en ellos de cepas de tuberculosis resistente que incluso han llegado a Europa. Estas cepas se detectaron primero en China, y encontraron un escenario favorable a su propagación con el deterioro del sistema de salud soviético y las diversas invasiones y guerras en Afganistán. También haría bien ese lector en preocuparse por cómo muchas personas ancianas acaban falleciendo a causa de la neumonía, una enfermedad que antes se curaba fácilmente con un tratamiento con penicilina, pero que hoy en día no siempre lo hace.

Frente a estos importantes problemas, que tanto pueden afectar nuestro bienestar, sería de esperar que las sociedades prósperas, entre las que sin duda nos encontramos, dedicasen mucho esfuerzo a descubrir nuevos antibióticos que nos diesen la seguridad de que podemos curar las infecciones. Esto hay que decir que no es así. A la dificultad de descubrir nuevos antibióticos se une su bajo interés comercial y la falta de atención que el público les otorga frente a la que concede a otras enfermedades, también serias pero no más mortales. Por el camino que llevamos no sería difícil que estando en perfecto estado de salud, habiendo superado enfermedades tan llamativas como cánceres e infartos, e incluso habiéndonos anunciado algunos investigadores la vía hacia la inmortalidad, nos acabemos muriendo de una vulgar pulmonía. Triste, ¿verdad?

De casi todo esto, bacterias, infecciones, antibióticos y resistencias, podrá ilustrarse quien se adentre en el libro que nos ocupa, pero a mi entender tendrá que hacerlo con paciencia, sin cansarse y no perdiendo su interés por informarse. La edición del libro no da lugar a entusiasmarse. El texto, escrito mas desde una perspectiva médica y no tanto biológica, es correcto en su mayor parte. El autor ha querido exponer minuciosamente algunos pasajes, en los que a veces la explicación de algo sencillo peca de ingenua, y por otro lado ha descrito con demasiados detalles técnicos algunos procedimientos experimentales que, no siendo necesarios para la narración, el lector profano va pronto a olvidar.

El tratamiento que se da a Fleming como artífice del descubrimiento de la penicilina no es el más generoso ni exacto que yo he leído. Ya dijo el mismo Fleming que el moho productor de la penicilina no vino a decirle "Oye, que produzco un antibiótico muy bueno que va a curar las infecciones". La formación de Fleming como médico de campaña y su larga experiencia en Microbiología fueron las claves que le revelaron lo importante que podía ser su observación casi fortuita de un cultivo en el que Penicillium había matado a un Staphylococus. Cierto es que sin el desarrollo técnico que hicieron después los científicos de la Sir William Dunn School de Oxford, el descubrimiento realizado en el Saint Mary's Hospital de Londres no hubiera pasado más allá de las revistas especializadas. Aceptemos que la aplicación de una idea es siempre posterior a su descubrimiento.

Pero con todo, lo que más echo en falta en este libro son una ilustración y una maquetación agradables. No espere quien lo lea páginas cuya abrumadora área de texto no le fatigue, ni ilustraciones brillantes que le atraigan. Imagino que es un defecto editorial debido a que, según algunos, la divulgación ha de ser algo que canse y que requiera un gran esfuerzo por parte del lector. En este aspecto el libro no creo que pueda causar gran impacto en los lectores no especializados y mucho menos en quienes recortan los presupuestos de investigación.

La revolución Google Scholar. Destapando la caja de Pandora académica.

AUTOR  | Orduña-Malea, Enrique; Martín-Martín, Alberto; Ayllón, Juan M. y Delgado López-Cózar, Emilio. Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE). Universidad de Granada, 2016. 268 páginas.

UNA APASIONANTE HERRAMIENTA EDUCATIVA
Reseña realizada por Alejandro Fernández Diego
General Manager, Unebook.es

El cambio. Si alguno de ustedes ha asistido últimamente a alguna charla sobre los procesos actuales de cambio, estoy seguro de que, en nueve de cada diez ocasiones, le han tiroteado al menos una slide con una cita de Heráclito. "Lo único constante es el cambio": bienvenidos al letimotiv de la última década.

Quienes habitamos en este planeta estamos asistiendo, para bien o para mal, al desmantelamiento paulatino de la mayoría de nuestros paradigmas. Con la palanca de la tecnología estamos remodelando el presente a una velocidad nunca antes vista. Está ocurriendo en el comercio, en la comunicación, en el empleo, en la ciencia, en las relaciones sociales... La rueda del cambio crece sin descanso de forma exponencial, y la llamada disrupción tecnológica es un acontecimiento que apenas acaba de empezar.

Google, entre muchos otros, es uno de estos catalizadores del cambio. Nada hay que añadir a lo que ustedes ya conocen sobre este buscador. En España tiene una penetración de casi el 98% del mercado. En España, internet es igual a Google.

Pues bien, en uno de los 'rincones' de Google, encontramos una apasionante herramienta de nicho cuyo potencial apenas estamos empezando a evaluar: Google Scholar.

Esta herramienta es un buscador al igual que Google, con la diferencia de que Google Scholar (GS) está centrado en el contenido académico. Creado por Anurag Acharya, uno de los ingenieros cofundadores de Google, GS tiene una historia humana muy interesante por detrás que aparece estupendamente detallada en La revolución Google Scholar (Universidad de Granada y UNE, Granada, 2016).

Los cuatro autores de esta obra (Enrique Orduña-Malea, Alberto Martín-Martín, Juan M. Ayllón y Emilio Delgado López-Cózar) pertenecen a la Universidad de Granada y a la Universitat Politècnica de València, y son todos investigadores de referencia tanto en estudios bibliométricos como en el estudio de Google Scholar.

Los cuatro advirtieron hace años el cambio drástico que la semilla de Google Scholar estaba comenzando a germinar no solo dentro del entorno de los llamados 'descubridores' o buscadores de contenido, sino dentro del área de la medición de citas (GS Metrics y GS Citations). Los cuatro han volcado todo su conocimiento sobre Google Scholar en este estupendo libro que acaba de aparecer hace unos días.

Esta obra analiza la literatura existente sobre las funcionalidades de GS, los estudios a favor y en contra más polémicos, y hasta se permite el lujo de contar con el profesor Peter Jacsó como prologuista, uno de los más fieros detractores de GS en sus inicios. Los autores no ahorran detalles en señalar las fortalezas, limitaciones, ventajas e inconvenientes del buscador académico.

Aunque resulta obvia la inclinación favorable de los autores hacia GS, el libro destaca por su perspectiva neutral y desapasionada frente al fenómeno que está protagonizando este buscador (contra data non argumenta es una de sus divisas). En muchos pasajes, el libro está planteado como un espacio de debate y un estado de la cuestión, lo cual favorece la confiabilidad de sus conclusiones.

Una de las ventajas capitales que ofrece este buscador es que, frente a otros competidores con servicios de pago como Web of Science, Scopus o Pubmed, Google Scholar es... gratis. Y esta es una ventaja competitiva radical que nos lleva directamente al análisis de procesos disruptivos que mencionábamos al principio del artículo.

Frente a la (supuesta) amenaza de que una empresa privada como Google acceda a una posible situación de monopolio sobre las consultas científicas, los autores responden con datos y argumentos. Pero el reto está ahí. Tanto para los investigadores como para las bibliotecas, quienes también se ven en la obligación de actuar y proponer valor en este nuevo entorno.

Los autores utilizan hábilmente la metáfora de la caja de Pandora para referirse a este nuevo escenario de cambio, donde un agente externo al medio accede a la competición para revolucionar lo establecido. De momento, y a la espera de cómo evolucionen los acontecimientos, la lectura de La revolución Google Scholar les va a ayudar a comprender la naturaleza de GS y el ecosistema en el que se desarrolla.

Y ello sin olvidar, por supuesto, que una vez vaciada la caja de Pandora, lo único que se quedó dentro fue la esperanza.

Descargue aquí hasta el 5 de noviembre la versión gratuita de La revolución Google Scholar.


María Zambrano.

AUTOR  | Sánchez-Gey Venegas, Juana. Editorial Fundación Emmanuel Mounier. Madrid. Colección Sinergia, 2016. 113 páginas.

DE LA OBRA Y VIDA DE UNA PENSADORA UNIVERSAL
Reseña realizada por Bartolomé Lara Fernández
Catedrático de Filosofía
IES Ángel Ganivet, Granada

Parece que la vida nos lleva antes o después a regresar. A regresar a una patria de la que nos vamos alejando, patria que posiblemente ya no existe y que, sin embargo, va creciendo y revelándose imperceptiblemente en cada uno de nosotros. Nos cuesta descubrirla, cuando tal vez esté tan cercana. Y en ocasiones, en ese sentirnos lejos de ella, puede que nos suceda como el agua que añora el manantial, y en la nostalgia encuentra un remanso entre los anhelos, un estado de quietud en medio de los cambios tumultuosos, y el agua se decanta, deja que las impurezas se depositen, se purifique y aparezca con transparencia. En ese instante, que puede ser eterno, aparece prístina e incluso aún más vivificada que las aguas que manaron, porque atesoran la vida que siempre supone el crecimiento de lo recibido. Quizás la obra de María Zambrano constituya un ejemplo de quietud contemplativa en la que se manifiestan y decantan las grandes ideas de la tradición filosófica occidental, en su forma más abierta, de par en par, en la que se registran todos esos procesos: el fluir, el recuerdo, la purificación...; y en la que todos ellos logran construir una unidad.

La obra de esta pensadora de la revelación requiere, como el propio asunto del que se ocupa, un guía que nos permita descubrir su pensamiento que versa sobre lo 'sumergido', sobre el alma, obra la de Zambrano que constituye en sí mima la narración de su aventura vital que actúa como una personal invitación. Y la obra de la profesora Juana Sánchez-Gey cumple esa misión con creces. Actúa como una auténtica guía, que no quiere ser mirada desvivida, objetiva, con pretensión de ecuanimidad, es más bien una guía amable, compañera que derrama experiencia y reflexiona sobre la vida, de la que surge ese saber de salvación que es la filosofía, como la entendía María Zambrano; pero que deja al lector con la indicación apropiada para que transite por ese camino que nadie más que él puede crear y recorrer. Hace fácil lo que es difícil, pues no podemos negar la complejidad de muchos textos zambranianos. Es un libro bien escrito, claro, cortés, muy pensado, en el que se nota que se pretende que cada palabra sea precisa y rigurosa hasta dónde ello es posible, ya que es sabedora de que el lector debe alumbrarlas finalmente, no dejándose atrapar por la imitación sino que constituye una invitación al estilo propio. Cada una de las ideas que expresa las avala con textos de las obras más importantes de María Zambrano y de otras menores que las iluminan. El libro consta de cuatro capítulos y de una selecta bibliografía.

En el primer capítulo, titulado María Zambrano: una vida itinerante, realiza una reflexión sobre su biografía, que se convierte en el reconocimiento de las claves de su pensamiento, imposible de descontextualizar sin traicionarlo: circunstancias que ella sabrá leer e interpretar en un sinfín de variaciones que nos llevan desde el detalle de lo cotidiano, hasta la idea vivificada que aparece y reaparece constantemente y que la autora de esta obra ha sabido reconocer y ofrecer para hacer entendible el pensamiento de esta pensadora de la experiencia: la tradición. Heredada en su relación con su abuelo y la mirada que viene de muy lejos de su madre; la conciencia filial, representada por su padre; la infancia como paraíso perdido y la exigencia constante de la búsqueda de lo originario; la conciencia de viajera; el fracaso; el descubrimiento del amor; y por supuesto la condiciones históricas, sociales y políticas (la República); las lecturas que la marcan (Don Quijote, modelo de convivencia); sus maestros, Ortega, Zubiri, Unamuno, Machado; el institucionismo, la escuela de Madrid; y el exilio como paradigma de la condición humana, en el que pasa cuarenta y cinco años, nada menos; exilio, "condición del ser humano", que se convierte en el regreso a esa patria que en él se construye, cuando todo parece perdido, solo desde esta óptica se puede entender la afirmación "Amo mi exilio", que no es sino la búsqueda permanente del eje central de su obra y de su vida que Sánchez-Gey reconoce en la idea de trascendencia.

En el segundo capítulo, titulado Sus maestros y el contexto intelectual, sitúa al lector en el contexto filosófico en el que cobra sentido y significación su pensamiento, su pertenencia a la Escuela de Madrid y, al mismo tiempo, es la filósofa de la generación del 27. Y cómo ese reconocimiento a sus maestros, ese sentirse inmersa en una tradición, constituye, como diría Gadamer, "un momento de la libertad y de la historia", idea que surge a cuento del abandono de los apuntes que tomó de sus maestros, especialmente de Ortega, "seré discípula siempre", que explica "si hemos sido en verdad sus discípulos, quiere decir que ha logrado de nosotros algo al parecer contradictorio; que por habernos atraídos hacia él, hayamos llegado a ser nosotros mismos" (Sueño y Verdad). Recala en algunos de sus maestros e inspiradores de su pensamiento reconociendo la diversidad del concepto de racionalidad, desde la razón vital orteguiana, pasando por la razón cordial de Unamuno y la poesía de Machado, "símbolo más genuino de la razón poética de Zambrano" con su "religión de la comunión", en todos los casos supone una ruptura de las fronteras con el otro que se concreta en el sentimiento amoroso y de piedad, superando así una concepción racionalista del sujeto encerrado en sí mismo.

En el tercer capítulo, titulado Los grandes temas en su vida y en su obra, Sánchez-Gey revive el viaje intelectual y contemplativo de Zambrano, respetando el orden de tratamiento de los temas en sus obras, eligiendo textos cortos de una centralidad indiscutible que permiten al lector tomar el pulso del discurso zambraniano. Parte de la crítica al racionalismo y ofrece la razón poética que se revela y se autoconstituye ante las exigencias de su propia experiencia a la que pretende responder y trascender. La autora destaca como eje central del pensamiento de María Zambrano una afirmación que hizo en su obra El sueño creador: "El ser humano es aquel que padece su propia trascendencia". Esta idea la reconoce la autora de esta obra como un elemento constitutivo de la condición humana.

Comienza resaltando su vocación política, ya que 'vivir es convivir' y recalca que la actividad política "es la actividad más estrictamente humana", que debe nutrirse de una razón ética y de una razón compasiva y misericordiosa, acompañada por la humildad teresiana frente a una razón violenta; su apuesta por el liberalismo ético que destaca el valor central de la dignidad de la persona, defendida con razones cordiales frente a las frías del deber, que se concreta en el mandato de reconocer que 'el otro es hermano'. La dignidad de la persona reside en ese 'ser un más'. Aspira a una reforma del entendimiento para convertir a la persona en el centro de la actividad política, como lo expresa en su obra Persona y democracia, idea que se ofrece como propuesta frente a la crisis de Occidente, que va más allá de una simple crisis económica, para coincidir con el personalismo en que es una crisis de valores, y se ocupa especialmente de este tema en su obra La Agonía de Europa, en la que repasa el devenir del racio-idealismo occidental que nos ha llevado al totalitarismo en política, al escepticismo en filosofía y al agnosticismo en el tema religioso, panorama en el que alza la noción de esperanza.

El sistema democrático permite humanizar a la sociedad, siendo la democracia una invención comunitaria, el sistema propio de la filosofía, que requiere de la persona para su construcción. Es el ámbito comunitario en el que debemos compartir pan y esperanza y, a su vez, la democracia actúa de límite que obliga al estado a respetar la 'integridad de la persona humana', y a respetar su diversidad. Es decir, la democracia es consecuencia de la persona y espacio en el que ella misma se hace posible, mediante su desarrollo y participación.

Respecto a la filosofía, la autora, después de hacer constar la fidelidad a la ética del pensamiento y su compromiso con la filosofía, caracteriza la aportación fundamental de Zambrano: la razón poética. Cita textos breves que le permite dibujarla con trazos luminosos: mediadora; compasiva; misericordiosa; creadora; 'razón de amor'; abierta a la esperanza; mirada creativa; síntesis de razón e intuición, de episteme y nous; razón que aúna el pensar y la emoción, la filosofía y la poesía, la mística y la poesía; siempre abierta a la escucha; y también la caracteriza expresando todo lo que ella no es: nunca es violenta, ni soberbia, ni orgullosa, ni impositiva, ni obsesiva, ni fatalista. Se trata de una razón que se autoconstituye con voz propia (de ahí la importancia concedida a la confesión), que hunde sus raíces en la experiencia y que reconoce la heterogeneidad del ser, de la que hablara Machado, y es conocedora de las limitaciones de los artificios conceptuales que creamos para dominarla. De ahí que esa humildad nos permita escuchar la revelación que la misma realidad nos ofrece como un don, como un regalo, como una gracia abierta al misterio, a lo sagrado, a lo concreto y vital, que se nos ofrece como ese secreto que tenemos que desvelar y revelar y comunicar al otro que vive y va conmigo.

El apartado dedicado a la religión tiene un tono muy vívido, en él la autora acomete la difícil tarea de precisar, hasta donde ello es posible, la reflexión zambraniana del asunto más decisivo, como ella misma lo expresa, la relación entre El hombre y lo divino, título de una de sus obras más importantes y que podría sintetizar el tema y el esfuerzo de toda ella. Desgrana con acierto y claridad a través de los símbolos su aproximación al sentimiento de religación que el ser humano experimenta, entre ellos recrea "el deseo, la búsqueda del sentir originario, el nacer de nuevo, el agua, el perdón, la piedad" en el que se plasma la condición ontológica de lo humano respecto a Dios, relación desde la que se abre un horizonte con múltiples registros de lo humano.

Recrea otros símbolos para hallar el centro de lo que estima el núcleo de toda su obra, con la que en este caso la autora se identifica abiertamente: "El ser humano es aquel ser que padece su propia trascendencia" (El sueño creador). Tesis la de este libro panorámico en el que la reconocemos como la melodía de la que encontramos muy diversas y ricas variaciones. Como afirmaba Mounier, la identidad de la persona se forja con sus compromisos, que a veces hay que explicitarlos en vez de que aparezcan de forma oculta, en esto también la autora es clara, hace referencia a Fernando Rielo y a la coincidencia entre ellos en ese núcleo, coincidiendo con la sabiduría clásica de la escuela del padecer, en el que cruza los umbrales que le dan acceso a su secreto que no siendo suyo se revela en su interior, en sus entrañas, "el hombre es el ser que tiene la vocación de transparencia...". Acaba este apartado con una serie de hechos respecto a la filiación cristiana de María Zambrano, que estimamos que son significativos fundamentalmente como reconocimiento de la tradición a la que pertenece y de la que siente deudora, pero tal vez convenga también señalar el atractivo de un discurso que permite una multiplicidad de registros en la experiencia del trascender.

Respecto a la educación analiza una serie de ideas que son una lógica consecuencia de su planteamiento. Esa fidelidad a la actitud filosófica le lleva a comunicar con el otro, realmente pensar es co-pensar, como llamaba la atención Kant, por eso la obra de María Zambrano quiere lectores, no solo estudiosos, lectores a los que revelarles, pues la filosofía no tiene solo una vocación libresca sino trasformadora "para que vivan de otro modo después de haberlo sabido; para librar a alguien de la cárcel de la mentira, o de las tinieblas del tedio, que es la mentira vital" (Hacia un saber del alma). Después repasa la profesora Sánchez-Gey una tras otra las características de su concepción educativa: la diversidad; la vida escolar y a la propia institución educativa; la referencia a las aulas como 'espacio humanizado', repara en un estado esencial de todo decir con verdad, el silencio que debe precederlo, en su palabra podemos reconocer a esta pensadora del silencio; recoge un texto bellísimo del papel mediador del maestro, y el hecho de considerar la acción del maestro como una conversión y el inicio del pensar común que se encarna en el diálogo (Manuscrito 127) así como la importancia que concede a la escritura como espacio de desvelamiento de la verdad, la guía, la confesión, la educación de la sensibilidad. Y destaca una obviedad que adquiere en este momento categoría de descubrimiento, como subraya Sánchez-Gey, !sin filosofía la educación no sería más que una técnica y, a su vez, la filosofía acoge la misión de orientar la conducta humana, por tanto el acto educativo de profundizar, ampliar el horizonte cognoscitivo, enseñar a mirar..." (65).

Otro apartado se lo dedica a la estética, y se ocupa, en su reflexión sobre la expriencia artística, especialmente de la poesía, la música y la pintura. No se trata de un apartado complementario, viene obligado por el carácter de conocimiento e investigación que el arte posee. De todas estas manifestaciones artísticas tiene un valor prioritario la poesía, como exige la propia formulación de su original razón poética. Además de la búsqueda de la belleza, en ella encuentra cualidades fundamentales, entre otras tal vez recoger de algún modo los "estados de ánimo", como expresara Heidegger en Ser y Tiempo, también el reconocerla como espacio de acercamiento a lo originario, "al encontrar y consumirme en los lugares decisivos de la poesía me encontraba con la filosofía" (72). Ella misma es poeta y mantiene una estrecha relación con muchos poetas. Tematiza las relaciones entre filosofía y poesía siguiendo las obras Filosofía y Poesía y Pensamiento y poesía en la vida española, remitiéndose a la tradición española que entronca con la tradición universal que hallamos ya en Grecia. Repasa la inspiración de Machado con la metafísica de poeta, a Unamuno, al que supo entender María Zambrano. Insiste en la concepción de la filosofía como saber de salvación, especialmente en este momento de crisis, y se inspira en estos pensadores que proponen la piedad para abrirse al otro y salvando al otro salvarse ellos mismos.

Subrayamos en este apartado lo que denomina la autora una "filosofía de las identidades" en el que juega un papel esencial hallar la voz propia, nuestra propia identidad, mediante la confesión, pues "todo en el que hace una confesión es en espera de recobrar algún paraíso perdido" (La confesión, género literario y método), y en esa búsqueda de la identidad coadyuva la guía, que está orientada al destinatario. Respecto a la novela como género, resalta sus cualidades, que constituya una recreación que nos permite comprender la vida y en la que la filosofía aparece como orientadora. Le interesa especialmente Galdós porque defiende una razón misericordiosa frente a la razón totalitaria y violenta. Y respecto a Don Quijote reconoce en la obra de Cervantes el coro de la vida que cuando es convivencia se entona su melodía en sus numerosas y diversas variaciones. Una obra en la que aparece la “razón soñadora, que tiene una doble virtualidad, "inventa y al inventar crea la realidad", obra en la que vuelve a aparecer la idea de salvación, Don Quijote salva y salvando a los demás se salva él. Libera a los demás y solo así puede gozar del don más preciado del que puede disfrutar un ser humano. Luego le dedica unas páginas a la música, refiriéndose a las dos tradiciones: una marcada por el número, la órfico pitagórica; y otra por la palabra. Perteneciendo a la segunda, reconoce que el número conduce al alma, y, al fin y al cabo, ambas conducen a la palabra originaria luz, "música y filosofía son dos formas del pensamiento originario". Y termina con la pintura, en la que destaca la diferencia de la imagen frente a la visión más intuitiva y abierta de la imagen, en la que encuentra el sueño u horizonte privilegiado.

El capítulo último lo titula Una intelectual para el futuro, capítulo que viene a proyectar el pensamiento de María Zambrano en una dimensión de futuro, en él hallamos tres apartados: uno breve que muestra las raíces del vivir y cómo la razón poética puede ayudar a recrearlas; el segundo aborda su condición de mujer, de cómo su propia escritura la hace en muchos casos como mujer. Enfatiza las cualidades de lo femenino, la necesidad de su reconocimiento en la igualdad y pretende no caer en discursos que acentúen "un tratamiento genérico dualista"; y en el tercer apartado realmente condensa el centro de gravedad de todo el libro: la concepción de la persona, la autora partiendo del deseo de María Zambrano de huir de los ismos, defiende una posición personalista, incluso se reconoce como lo hiciera el personalismo, que la crisis profunda de occidente viene motivada por un una concepción devaluada de la noción de persona y que solo en el reconocimiento de su diversidad, riqueza y visión esperanzadora se puede abordar un tiempo futuro. Que focalizar nuestra atención en ella constituye pensar más que en lo impensado, sería pensar en todo aquello que la persona entraña y que se ha olvidado hasta el extremo de considerar que no existe. En este sentido la autora dibuja con hondura las definiciones o mejor las caracterizaciones que ella hace del ser personal, en una doble dimensión y compromiso, comunitaria, "no quiero salvarme sola", el ser humano es un ser abierto a los demás, en permanente comunicación, precisa de la piedad, pero también esa proyección pasa por su viaje hasta la interioridad, hasta el alma. Este exposición la realiza fundamentalmente con tres obras De la Aurora, Notas de un método y Los bienaventurados, a través de ellas esboza su concepción antropológica que parte de lo concreto alzándose a un pensamiento metafísico que intenta superar ese concepto reduccionista de lo humano que ha formulado el pensamiento moderno abriéndose a una concepción integral, a través de un pensamiento metafísico que supera las distinciones entre disciplinas y que aúna filosofía, religión mística... y por destacar una de esas dimensiones, quizás responda a aquel requerimiento de don Miguel de Unamuno de que tendríamos que volver a la mística para salir de ese camino sin salida de la modernidad: viene a ser la tesis de la autora que reconoce a través de la idea del destierro y el exilio real que María Zambrano padeció, pero también como una invitación simbólica que se traduce en la aceptación de su condición mística, realidad que lejos de eludir el tema de nuestro tiempo lo asume y lo proyecta.

Acabamos con un aviso a los lectores de María Zambrano, en los que ha pensado Juana Sánchez-Gey Venegas: cuando termine de leer este libro, téngalo a la vista o recuerde dónde lo dejó. Volverá a él cuando se pierda en el bosque. Y comprobará que le espera amablemente en uno de sus claros.


Médicos de Al-Ándalus. Perfumes, ungüentos y jarabes.

AUTOR  | Puente, Cristina de la. 125 pp. Madrid, Nivola, 2003.

NOVATORES PARA PRINCESAS
Tres libros que se ocupan de la cultura científica en la edad media a través de su desarrollo en el ámbito judaico, musulmán y cristiano Reseña realizada por Juan Pimentel
Instituto de Historia. CSIC

En las décadas que rodean el 1700 Leibniz mantuvo correspondencia con varias princesas de las cortes europeas. Lejos de polemizar con Descartes, Newton o Clarke, el gran filósofo buscaba otros interlocutores y otro lenguaje para sus ideas. Encontró en la fórmula epistolar y el diálogo el medio indicado. Es la filosofía para princesas, género que no inventó pero en el que, como era su costumbre, destacó sobremanera. En estas cartas Leibniz supo explicar los misterios del poder, el amor y la búsqueda de la verdad; los principios de la geometría, el cálculo y la belleza del mundo. Su objetivo era educarlas, prepararlas para que supieran prestigiar sus cortes. Para que el día de mañana protegieran las artes, la cultura, las ciencias. Sabía que heredarían reinos; que de sus gustos e inclinaciones se incubarían gestos, hábitos sociales.

Y fue por entonces precisamente cuando comenzó en España un movimiento renovador de las ideas y las prácticas científicas. Fueron los Novatores, un grupo de médicos y experimentalistas conscientes del atraso de un país lastrado por el escolasticismo universitario y la marginalidad respecto a las grandes corrientes europeas. Los Novatores supieron sacar el debate fuera de las aulas, fueron proscritos y defendidos a partes iguales. Lograron polemizar. Como Leibniz, buscaban nuevos escenarios para sus tesis, nuevos interlocutores. En ambos casos nos encontramos ante el surgimiento de un espacio público, una llamada a lo que un siglo después se llamaría la ciudadanía. Hoy día todos somos princesas; los propietarios del conocimiento somos todos.

La colección Novatores de la editorial Nivola pretende rescatar las biografías y obras de ese segmento de la cultura tan desconocido en España como es nuestro pasado científico. Circula la idea de que tal pasado es exiguo, poco relevante, menor. Novatores ha nacido para desenterrar esta especie, para reducirla al rango de creencia, de mera superchería. Y lo está haciendo (son 15 volúmenes ya) con nuevas formas, apelando a nuevos públicos, explorando estrategias más mundanas y permeables para el atribulado lector de nuestros días.

Sus tres últimos títulos fueron presentados en la reciente Feria del Libro de Madrid. Las tres culturas: la España musulmana, judía y cristiana. Y en todas ellas, la ciencia. Pero sucede con la ciencia como con España. O con cualquier otra entidad histórica: que son contingentes, que cambian. Son categorías históricas y realidades vivas, pero lo que permanece no es todo lo que fue. Resulta difícil cartografiarlas. Nuestros instrumentos y escalas, el modo en que proyectamos las cosas en el plano, no son los de entonces. La ciencia de la que hablan estos tres libros, a lo largo de una ancha Edad Media, transcurre dentro de la filosofía y de la política. Por descontado, dentro de la religión.

Mariano Gómez Aranda retrata Sefarad a través de Ibn Ezra, Maimónides y Zacuto. Cristina de la Puente se ocupa de la medicina andalusí: Avenzoar, Averroes e Ibn al-Jatib; Cristina Jular de Isidoro de Sevilla, Alfonso X y Ramón Llull, tres grandes sabios cristianos. Son nueve vidas que ilustran los extraños caminos del conocimiento. Hay lugar para aristotélicos, galenistas y astrólogos. Para exégetas bíblicos y poetas. No faltan expertos en leyes y precursores de los descubrimientos geográficos. Uno de ellos escribió en prisión, muchos fueron cortesanos e incluso alguno de vida disoluta, un Pablo de Tarso convertido luego a Dios y a la epistemología. Hay un santo, un rey, numerosos juristas, filósofos. ¿De qué escribieron? De plantas, remedios, venenos, ángeles, monarquías universales, palabras, orígenes, números, astrolabios, estrellas, cuerpos y almas. ¿Qué buscaban? Curar, conocer a Dios, gobernar hombres o mares, escrutar destinos, descifrar lenguajes, matematizar la naturaleza. Perseguían, pues, saberlo y conocerlo todo. Como el resto de los científicos, no sólo reflejaron el mundo, sino que en gran medida contribuyeron a crearlo, puesto que sus escritos y sus días ensancharon literalmente las posibilidades de lo real.

Son tres textos eruditos pero en absoluto escolasticistas. Cultos pero no pedantes. Académicos y sin embargo legibles. Bien escritos, interiorizados, amenos, editados con elegancia. No faltan ilustraciones y cuadros explicativos. Quedan incógnitas por despejar, por supuesto. ¿Puede hablarse de una ciencia judía o cristiana? ¿Qué significa apellidar la ciencia? Las tradiciones y las formas de recuperar los saberes desde la antigüedad se superponen y alimentan unos a otros. Hay muchas ciencias, obviamente, pero ¿se las puede asignar tintas isométricas, coordenadas geográficas, banderas? ¿Qué tipo de mapa precisamos para fijar la verdadera forma de ese conjunto de valores, prácticas, ideas y lenguajes de la naturaleza que llamamos ciencia? Las respuestas no son sencillas, de ahí la necesidad de las preguntas. Para las obviedades y las certezas absolutas hay ya mucha literatura (y toda la televisión). Novatores ha nacido con vocación mundana y polemista. Como quería Platón, para que la musa filosófica se adueñe de la cosa pública. Para recuperar la historia que tal vez nos falte y vernos así menos huérfanos, menos mutilados. Ciencia para todos: Novatores para princesas.


Cervantes clave española.

AUTOR  | Marías, Julián. Alianza, Madrid, 2003, 303 páginas.

LUMINOSO CERVANTES
La complejidad de Cervantes, su excepcional poder de captación de la realidad se conjuga con su inserción en su determinante circunstancia española Reseña realizada por Miguel García-Posada

La aproximación a los escritores cumbres de las literaturas occidentales debe ser siempre bienvenida, pero de modo especial cuando se emprende sin tecnicismos ni erudiciones ni, desde luego, saberes extrínsecos a los autores indagados. Lo que no quiere decir que tal aproximación pueda hacerse sin conocimiento de causa, claro está. Esta obra de Julián Marías cumple a la perfección con lo que acabamos de decir. Publicado por primera vez en 1990, no es un libro para cervantistas, sino para lectores cultos. Bajo el signo de la perspectiva orteguiana, Marías ensaya la suya para acercarse al autor y su obra.

En posesión de un poder de comunicación que sólo tienen los grandes maestros y dueño de un estilo elegante, transparente y llano, fiel siempre al pensamiento del ensayista, Marías comienza examinando la historia de España desde sus orígenes hasta la época de Cervantes, con el propósito de establecer la circunstancia determinante del autor del Quijote, que encuentra en su condición española, su <<españolía>>, para decirlo con término cervantino: esta condición es <<el cauce de todas las demás [trayectorias], pretensión de libertad, tan esencial en sus ideas como en la vida de sus personajes; finalmente, la mismidad o autenticidad como condición de la vida>> (página 149).

Puede impugnarse la visión menendezpidaliana y algo risueña de la historia de España que Marías ofrece, y, asimismo, su consideración de Cervantes como criatura optimista y bien integrada (Cervantes odió a Felipe II y simpatizó con el erasmismo), exenta de sombras, así como su análisis <<positivo>> de toda la obra cervantina (y no solo del Quijote); pero es muy difícil no sentirse ganado por la profunda coherencia del discurso de Marías, por su rigor conceptual y por el acierto supremo que consiste en hacer residir la grandeza de esta obra en su formidable capacidad de transmitir realidad, superior incluso a su incomparable poder de invención: <<Lo que Cervantes "dice", lo que "piensa" u "opina" deja fuera lo más importante: lo que en el Quijote "hay">> (página 213). De ahí la inagotabilidad del gran libro, en especial, y de las obras maestras narrativas. Marías corrobora su aserción con multitud de argumentos, que incluyen los registros linguísticos, la variedad de los personajes y situaciones, etc.

En la historia de la exégesis cervantina esta obra representa, sin duda, un hito capital. Aunque la tenida por edición más <<científica>> del Quijote (la de Francisco Rico, 1998) la aproveche poco, por decirlo así; pero no es, de todas maneras, la única objeción que cabe hacer a tan reputada edición.


Modelo Intellectus: medición y gestión del capital intelectual.

AUTOR  | Bueno, Eduardo (Director); María Arrien y Oscar Rodríguez (Coordinación). Documento Intellectus. Número 5. IADE-CIC.

EL MODELO INTELLECTUS A EXAMEN: NUEVOS DESAFÍOS
Los diversos capitales en la gestión de la empresa Reseña realizada por Fernando E. García Muiña
Universidad Rey Juan Carlos

Desde hace más de una década, tanto la comunidad académica como el mundo empresarial reconocen el papel estratégico que ocupa el conocimiento de las organizaciones en el éxito. La investigación sobre los intangibles y su implicación en la creación de valor empresarial ha sido muy amplia. Las diferentes aproximaciones al estudio del conocimiento de las organizaciones se pueden clasificar en dos grandes grupos, según se orienten hacia los procesos de creación, asimilación, difusión y explotación de los intangibles o hacia la medición de las distintas manifestaciones en las que se puede presentar el conocimiento.

El modelo Intellectus se enmarca en el campo de trabajo relativo a la medición de los conocimientos de las organizaciones y presenta una propuesta sistémica, abierta, dinámica, flexible e innovadora de medición de los activos intangibles ocultos en los estados contables que la empresa posee y/o controla en un momento de tiempo concreto.

La literatura ha proporcionado diversos modelos de medición de capital intelectual que enfatizan distintos aspectos; no obstante, la necesidad de adecuar los modelos a una realidad social y económica en constante evolución orienta y justifica el esfuerzo realizado por mejorar las propuestas precedentes. El modelo Intellectus toma como punto de referencia básico el modelo Intelect (Euroforum, 1998) que distingue tres componentes genéricos de capital intelectual: capital humano, capital estructural y capital relacional. En línea con algunas otras aportaciones previas, y en coherencia con la propia evolución de los conceptos básicos y las prácticas empresariales, el modelo Intellectus desagrega el capital intelectual en cinco componentes -capital humano, capital organizativo, capital tecnológico, capital negocio y capital social-. Existen referencias anteriores que apuntan los problemas de hacer una definición demasiado amplia de cada uno de los componentes de capital intelectual y que aconsejan aumentar la homogeneidad de los conocimientos incluidos en cada componente.

Una primera desagregación del capital estructural en los capitales organizativo y tecnológico la encontramos en los trabajos de Brooking (1996) y Bueno (2001), quienes reconocen la necesidad de separar los aspectos administrativos internos de aquellas otras capacidades más estrechamente vinculadas con el desarrollo de innovaciones tecnológicas incorporadas a productos y/o procesos productivos.

Por otra parte, la gran heterogeneidad de agentes externos con los que la empresa mantiene relaciones aconseja la distinción entre los capitales negocio -relativo a las relaciones con los principales agentes vinculados con su proceso de negocio básico- y social -relativo a las relaciones con el resto de agentes sociales que actúan en su entorno-, hasta ahora tratados casi siempre de forma conjunta en el denominado capital relacional (Intelect, 1998; Bueno, 2001) o capital cliente (Bontis, 1996; Stewart, 1997)

El modelo Intellectus comparte con el modelo Intelect (Euroforum, 1998) y el Monitor de Activos Intangibles (Sveiby, 1997) la definición, en cada bloque de capital intelectual, de indicadores relativos a su evolución en el tiempo e, indirectamente, la proyección de éxito de la empresa. En cambio, en otros trabajos el efecto dinámico de los modelos queda incorporado en un bloque de capital intelectual independiente a partir del cual los restantes se van desarrollando (Kaplan y Norton, 1996; Edvinsson y Malone, 1997; Camisón et al., 2000). La primera de las alternativas para integrar la dimensión dinámica del modelo aporta una información más detallada que puede resultar muy útil para la toma de decisiones acerca del desarrollo de las actividades intangibles relativas a cada componente de capital intelectual.

Junto a estos aspectos relativos a la definición de los componentes de capital intelectual, el tratamiento de otros factores puede resultar de interés a la hora de perfilar los modelos. Si bien el modelo Intellectus se plantea con un carácter flexible para adecuarse a la idiosincrasia sectorial y empresarial, a diferencia de los modelos anteriores, existe en él una clara vocación por definir elementos en cada bloque de capital intelectual que sean comunes, a partir de los cuales diseñar variables e indicadores específicos. El interés de normalizar el informe de capital intelectual de las organizaciones así como abrir las posibilidades a la comparación entre compañías justifica el intento en este extremo. La validación externa realizada por diversos expertos avala la calidad de este planteamiento.

Por otra parte, numerosas propuestas reconocen la necesidad de incluir la estrategia como un factor de contexto en el diseño de los modelos de capital intelectual (Atkinson, Waterhouse y Wells, 1997; Bueno, 1998, 2001; Meritum, 2002). Sin embargo, esta cuestión se circunscribe en los trabajos al ámbito normativo y se plantea, por tanto, como uno de los desafíos futuros de estos modelos, a partir del concepto denominado "factor multiplicador" en el modelo Intellectus.

Otro conjunto de aspectos que se plantean como retos del modelo Intellectus pasa por su aproximación hacia el campo de la dirección y gestión de los conocimientos; esto es, su utilización en la toma de decisiones. Para ello, en la línea de trabajos como KMPG (1996), Saint Onge (1996) o Bueno (2001), sería muy interesante aproximarse a la definición de aquellos factores responsables de la eficacia de los procesos de aprendizaje organizativo a todos los niveles así como retomar el tratamiento de las dimensiones epistemológica y ontológica en el proceso de creación de conocimiento (Nonaka y Takeuchi, 1995). De esta forma, se obtendría, en primer lugar, un patrón para estructurar las variables y elementos incluidos en cada uno de los cinco bloques de capital intelectual y, en segundo lugar, se completaría el análisis de las relaciones entre los distintos bloques iniciado por Bontis (1996).

Finalmente, la inclusión de la relación entre los componentes, elementos y variables de capital intelectual definidos en el modelo Intellectus y el desempeño organizativo se plantea como otro de los desafíos y aplicaciones futuras que, a buen seguro, orientarán los esfuerzos de investigación del equipo.


El dedo de Galileo. Las diez grandes ideas de la ciencia.

AUTOR  | Atkins, Peter. Madrid: Espasa, 2003. 418 pág.

LOS HOMBROS DE LOS GIGANTES O ¿POR QUÉ PASAN LAS COSAS?
Una visión amena y rigurosa de la evolución científica, basada en las ideas-luz Reseña realizada por Alfredo Rodríguez Quiroga

¿Qué sería de nuestras vidas si no poseyésemos ningún conocimiento científico, si no dispusiéramos de instrumento alguno construido con la ayuda de la Ciencia? ¿Cómo habríamos sobrevivido sin conocer el origen y el comportamiento de las enfermedades que nos afectan? ¿Qué clase de mundo sería el que ignorara la dinámica de los movimientos físicos o las leyes de las combinaciones químicas? Es evidente que sin el conjunto de procedimientos que agrupamos bajo el denominador común de "Ciencia", otra, muy distinta, habría sido la historia de la humanidad, o lo que es lo mismo, la historia del empeño y la capacidad del hombre por descubrir, por comprenderse a sí mismo y al mundo que le rodea. No olvidemos en este sentido, la acertada observación de Gaston Bachelard: "No hay ciencia si no de lo oculto", o aquella afirmación de Novalis: "Todo lo visible descansa sobre un fondo invisible", pues sabe que lo que se ve está "hecho de lo que no se ve", lo que puede conducir a preguntarnos cómo distinguir a un científico moderno de un mago o de un adivino, o incluso de la bacteria que interroga también al mundo.

Y es que a la incertidumbre se une la sorpresa, es decir, todo descubrimiento está rodeado de enigma. Así es la Ciencia, y así se ha ido conformando a lo largo, no de los eones, pero sí de una medida más humana, los siglos, como una cordillera de la que sobresalen por encima de la orografía un número cada vez mayor de cumbres que buscan un techo aún por descubrir.

Un viaje hacia estas cumbres, las más altas de la Ciencia, es lo que nos propone Peter Atkins con su última obra, El dedo de Galileo,..., un dedo que apunta directamente hacia la cima de aquéllas y que representa "ese nebuloso concepto que denominamos método científico". ¿Nos encontramos ante un libro más de la exégesis y divulgación de las obras producidas en el ámbito anglosajón? Si bien es cierto que los autores de libros de ciencia divulgativa disponen de un campo infinito donde hallar atractivas y novedosas maneras de hacer digestibles las posibles teorías científicas llamadas "definitivas", no siempre se sabe o se dispone de la habilidad necesaria para conseguirlo. Desde luego, no es éste el caso de Atkins, quien anteriormente ya nos había deleitado con obras como La Creación, haciendo gala de su talento para atraer a todo aquél lector interesado en contemplar "esos pensamientos que son como relámpagos en medio de una larga noche" que conforman eso que llamamos "Ciencia".

Habida cuenta de la revolucionaria irrupción del célebre astrónomo y físico pisano en el siglo XVII para derrumbar el edificio aristotélico-ptolemaico que había dominado la concepción del Universo unos dos mil años, avalando las tesis que Copérnico había defendido, esta ingeniosa metáfora que da título al libro sirve de coartada perfecta para que Atkins utilice uno de los principales puntos de inflexión en la historia del conocimiento científico para proponernos un, verdaderamente fascinante, recorrido por las diez ideas angulares de la ciencia actual. Ideas que supusieron en su momento un cambio de paradigma, transformando nuestra percepción de la realidad profundamente.

El caso de Galileo supone, en efecto, un claro ejemplo de la generación de nuevos conceptos que han cambiado para siempre la forma con que la humanidad había contemplado, durante siglos, la naturaleza y el Universo. Pero, si Galileo fue capaz de "ver más lejos" fue porque, como escribió otro grande de la Ciencia -quizá el más grande-, Newton, "permaneció a hombros de gigantes", "jugando como un niño en la orilla del mar, y divirtiéndose encontrando de vez en cuando un guijarro más liso y una concha más bella que las normales, mientras que el gran océano de la verdad permanecía sin descubrir ante él".

Por lo tanto bien podríamos decir que "la muerte del sabio es sólo un retraso, mientras que la del poeta, es un final", como afirmó Ilya Prigogine. En efecto, el avance en el conocimiento no se detiene, continúa así, apoyado en nuevos hombros que son las "ideas-luz", o, por utilizar el término de Francis Bacon, ideas lucifera -en contraposición a las ideas fructífera-, que iluminan el camino y sirven, en su mayor parte, de fundamento para el progreso tecnológico.

Así ha ocurrido por ejemplo en geología, con el concepto desarrollado en los años 60 de las placas tectónicas, según el cual los continentes no están fijos sino que flotan sobre plataformas de roca. Y también con un hecho más cercano, la aparición de los ordenadores, posiblemente la herramienta que más ha influido en el desarrollo científico durante la segunda mitad del siglo XX. En 1936, Alan Turing, un estudiante de matemáticas de la Universidad de Cambridge, publicó un artículo en el que creaba una máquina teórica que podía encontrarse en distintos estados siguiendo una serie de reglas predeterminadas. Esta "máquina de Turing" conducía a un esquema de computación en el que está basada la estructura lógica de los ordenadores digitales actuales.

Sin embargo, cabe preguntarse si estas revoluciones científicas son o han sido consecuencia directa de la aparición de nuevos conceptos, de estas "ideas-luz", o por el contrario están motivadas, principalmente, por el desarrollo de nuevas herramientas tecnológicas. Para fundamentar este aserto baste recordar cómo, durante la Segunda Guerra Mundial, John Randall diseñó un radar de microondas que pudo ser utilizado para detectar los aviones de Hitler, que amenazaban al Reino Unido, y cómo al finalizar la guerra y ser famoso, utilizó su influencia para instalar en el King´s College de Londres el mejor equipo disponible de rayos X para realizar cristalografía e invitó a Maurice Wilkins y a Rosalind Franklin a usarlo. Y cómo unos años después Wilkins y Franklin realizaron las primeras fotografías de fibras de DNA (o ADN). Estas fotografías, como es bien conocido Atkins nos recuerda aquí, sirvieron a Crick y a Watson para proponer la famosa estructura de doble hélice del DNA en 1953. Asimismo, durante esos años, Max Perutz y John Kendrew, en la Universidad de Cambridge, determinaron, también mediante difracción de rayos X, la estructura de las dos primeras proteínas: la hemoglobina y la mioglobina. Simultáneamente, y de nuevo en la Universidad de Cambridge, Fred Sanger creó las herramientas que permitieron secuenciar primero proteínas y después ácidos nucleicos. Este conjunto de técnicas abrieron las puertas a la impresionante revolución que se ha producido durante las últimas décadas del siglo XX.

Así pues, ¿desarrollo de nuevas herramientas versus (si me permiten emplear este adverbio latino mal utilizado comúnmente, como en este caso) aparición de nuevos conceptos?

Interrogando al pasado y respondiendo al futuro, como brillantemente hace Atkins en su dedo de Galileo, podremos saber, en definitiva, por qué pasan las cosas. En esto consiste la Ciencia.


Dostoievski: de la igualdad a la diferencia. Ensayo sobre la burocracia.

AUTOR  | Martinova, Bela. Madrid: Biblioteca Nueva, 2003

EL VISIONARIO DE LOS UNIVERSOS BUROCRÁTICOS
Dostoievski previó el igualitarismo comunista de la burocracia Reseña realizada por José Luis Estéban

Hoy día es frecuente oír expresiones cuya verdadera acepción nos es desconocida. Si ahora hacemos una referencia al "espíritu del funcionario" ¿sabemos realmente a qué se refiere y qué quiere decir? En este sentido, "Dostoievski: de la igualdad a la diferencia. - Ensayo sobre la burocracia-" es una aportación a un concepto nuevo acerca de la burocracia. Una obra, cuyo subtítulo ya desvela el objeto de su estudio en el que se desmenuzan facetas hasta ahora inexploradas de la burocracia y el espíritu del funcionario.

Basado en la literatura, y para más exactitud, en los cuadernos de notas y borradores de trabajo de Dostoievski, el ensayo remite a fuentes históricas, filosóficas y sociales. Un enfoque diferente a los presentados hasta hoy día en el Occidente, obliga al lector a rememorar a Kafka y a Weber, y a desvelar a su vez las fisonomías, las máscaras y los diferentes tipos de imposturas intelectuales ocultas tras las aspiraciones de los burócratas.

Cuestiones como la "Psicología del funcionario" ,"El burócrata-verdugo y el burócrata-víctima", así como "Convicción frente a la moral", son algunos de los apartados que desmenuzan la teoría del funcionario de la autora, que recurre a fragmentos y cuadros literarios para asentar y hacer más sólida su visión.

Sociedad, política y moral se conjugan en un ensamblaje de crítica basada en la figura del funcionario, que aunque se presente bajo el prototipo de individuo decimonónico, no oculta la universalidad del espíritu que analiza. La propia autora así lo confirma en el prólogo del ensayo, en el que insiste en la importancia que desempeña la metáfora en la interpretación de sus textos.

Sorprende la lectura de algunos fragmentos del libro en que Isabel Martínez presenta a un Dostoievski polémico y muy actual, desgranando el discurso burocrático e indicando "hacia la imposibilidad de la feliz consecución del ideal comunista en la tierra, cuya sociedad", dice, "se asienta íntegramente en la clase de los funcionarios". Por ello, abordándose en esta obra el paso que se da de la igualdad, existente en el mundo comunitario, a la diferencia, marcada y subrayada en la sociedad funcionarizada, a lo largo del análisis se mantiene el hilo conductor que entronca con el aspecto más problemático de Rusia, a saber, el burocrático, considerado por la autora como el verdadero mal ruso.

Aunque el punto álgido de la teoría se concentre en la exposición del espíritu del funcionario, como fuerza reactiva que ha condicionado la historia de Rusia, es preciso señalar que su contenido realmente roza con el propio destino del pueblo ruso, su pulso, su sufrimiento, su extravío y también su tragedia.

Al margen de lo anterior, "Dostoievski: de la igualdad a la diferencia. -Ensayo sobre la burocracia", se centra en rescatar y también en reconstruir aquella parte de la filosofía de Dostoievski que durante muchos años ha permanecido oculta e ignorada. Se trata, en definitiva, de la parte más polémica de su pensamiento, aquélla que apunta directamente hacia la relación existente entre el comunismo y la burocracia, así como a sus lazos de unión y sus puntos genéticos más comunes. El cuadro del gigantesco bloque de funcionarios y burócratas, que más tarde definiría el futuro sistema soviético, se encuentra ya recogido y plasmado en la crítica visión de ese gran desconocido, que para Occidente siempre fue Dostoievski.

La teoría del funcionario de I. Martínez, desvela los prolegómenos y la prehistoria del socialismo ruso y su comunismo, instalados en el alma de los funcionarios y burócratas rusos desde el XIX, a los que ella identifica como los verdaderos progenitores del futuro sistema soviético, tan característico por su hermetismo, exclusión y diferencia en definitiva.

Por ello, desde el análisis y la crítica del "espíritu del funcionario", se atisba la dificultad del verdadero triunfo del comunismo, porque la visión de Dostoievski, permite adentrarse no ya sólo en las aspiraciones propias del funcionario (como son el rango, el nivel, la vestimenta, etc.), sino en sus contradicciones y miserias más ocultas. Desde este ángulo, se aborda la crítica de las cuestiones más espinosas de la historia de la humanidad como son el individualismo y la comunidad, el ateísmo y el cristianismo, así como la igualdad y la diferencia. Por ello, a este último binomio le atribuye la autora la imposibilidad de llevar a cabo el viejo sueño de la igualdad de los hombres en la tierra, máxime, teniendo en cuenta el arraigado instinto de la diferencia que caracteriza al ser humano, quien no puede deshacerse de su primario impulso de tildar eternamente a aquél que es diferente a él, de "otro", de "diferente", en definitiva, y que Dostoievski revela tan magistralmente a través de su parábola del espíritu del funcionario.


La visión de conjunto del director de la empresa. La estrategia y la toma de decisiones a través de casos reales.

AUTOR  | Arana, Ramón M. CIE Inversiones Editoriales Dossat 2000. 201 pag.

DIRIGIR UNA EMPRESA
Cómo tiene que adoptar sus decisiones el director de empresa, en la teoría y en la práctica Reseña realizada por Ramón M. Arana
Catedrático de Economía de la Empresa.
En excedencia. UAM

La capacidad para apreciar las situaciones con visión de conjunto es indudablemente una aptitud esencial en la práctica de la dirección de las organizaciones.

Pero ¿se trata de una cualidad innata que solo poseen algunos privilegiados? ¿Puede un director canalizar constructivamente sus esfuerzos personales con vistas a perfeccionar su propia capacidad de visión de conjunto? Incluso, llevando la interrogante un poco mas lejos, ¿es posible recoger en un libro observaciones y sugerencias que constituyan una ayuda en este sentido?.

Son muchos los directores de reconocido prestigio y los escritores destacados en el estudio de los temas del management que han subrayado la trascendencia de esta capacidad. Pero, en general, lo han hecho de pasada o como simple mención; y la inmensa mayoría de las publicaciones, seminarios y cursos que se imparten en las Escuelas de Negocios y en las Facultades de Administración se centran en los análisis minuciosos y en los estudios especializados.

Este es el gran reto que afronta el autor. Y de ello surge su preocupación, que acaso pueda ser calificada en algunos casos de obsesiva, por mantener apegado a la realidad práctica de las empresas e instituciones, y de que sus afirmaciones o exposiciones puedan resultar de utilidad en muchas o al menos en algunas situaciones reales.

Prueba de ello es la alusión constante a casos prácticos, algunos de los cuales pertenecen a lo que podría ser considerado como la historia del management. Curiosamente, algunos de estos casos son bastantes conocidos porque suele hacerse uso de ellos para diversas finalidades, pero en esta obra se expone e interpretan dichos casos teniendo en cuenta precisamente su posible aportación al perfeccionamiento de la visión global.

No pretende el libro presentar una teoría general sobre la visión de conjunto del director. Tampoco intenta el autor tratar de forma exhaustiva el tema.

Por ello, no ha tenido en mente ante todo la finalidad de conseguir que la obra tenga una estructura impecable, en la que prevalezca el orden. Por el contrario, según indica el propio autor, ha pretendido más bien inducir al lector a caminar por el campo de las visiones de conjunto y, en consecuencia, a ejercitarse en la aplicación práctica de su capacidad de visión global.

En resumen, ha centrado su empeño más en conseguir enfoques y desarrollos creativos y útiles que en alcanzar esquemas conceptuales en donde prime el orden y la racionalidad.

Ello no es obstáculo para que algunas cuestiones se examinen con una profundidad conceptual poco frecuente en las obras de management, y se recurra a ideas de destacados filósofos y psicólogos, que obligan al lector a leer y releer algunos pasajes para llegar a alcanzar el adecuado nivel de comprensión.

Pero en estas ocasiones, que se limitan a uno o unos pocos párrafos, los casos prácticos que presenta son clarificadores, facilitan mucho la captación de los significados, y constituyen pistas y ayudas que permiten caer en la cuenta de la relación entre los conceptos examinados y las realidades empresariales.

El libro consta de tres partes: la primera, considera la cuestión de hacia dónde interesa que apunte la visión de conjunto, de modo que puedan obtenerse de ella consecuencias eficaces.

La segunda pretende descubrir puntos de vista; es decir, trata de sugerir desde dónde ha de partir la visión global

Finalmente, la tercera parte se ocupa de los modos de formación de la visión de conjunto, sus elementos constitutivos y sus relaciones entre ellos, y el papel que desempeña el cuadro mental de director.

En esta última parte, se dedica una atención especial a los procesos creativos a nivel directivo y a la experiencia de la que se obtiene un aumento de la flexibilidad mental, en oposición a la que, como por desgracia es frecuente, produce anquilosamiento.

Todo ello -tal como se ha indicado anteriormente- sin un afán de tratar exhaustivamente los temas, sin intentar establecer o fundamentar una teoría o concepción general de la visión de conjunto del director, y pretendiendo principalmente que las exposiciones y sugerencias estén sólidamente fundamentadas, pero sobre todo que sean aplicables a las realidades de las organizaciones.

A lo largo y ancho del libro el lector va encontrando alusiones y breves exposiciones de casos prácticos aclaratorios.

Una última observación: el autor, consciente probablemente de que se trata de un tema que requiere un cierto esfuerzo de atención y reflexión por parte de los lectores, incluye lo que podría ser denominado como un "toque pedagógico para profesionales adultos".

En efecto, en todos y cada uno de los diez capítulos que componen el libro, se incluye una síntesis esquemática del capítulo, en forma de "sugerencias para la reflexión"; y asimismo se proponen unos breves "ejercicios prácticos para que el lector los adapte a su caso concreto o para debate en grupo".

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