Congresos, exposiciones, a la vez que nuevos proyectos educativos y culturales se abrían paso como reflejo vivo de una tradición que buscaba la complicidad de entornos que le fueran afines. Desde la España franquista, su herencia inmaterial se brindaba como la mejor fuga para que artistas y arquitectos vislumbraran horizontes que les permitieran volver a empezar.