Archivo de diciembre, 2011

Roma (Adolfo Aristarain, 2004)

Reseña escrita por Elena Mora Cuesta:

“No hay otra cosa en mi vida que valga la pena recordar”.

Así de rotundo y sintético sentencia el final de Roma, película que rinde homenaje a la madre del director con el mismo nombre. Sin embargo, el final es el principio de este filme, entendiéndose como una búsqueda, un recuento y una rememoración de una vida que sólo cobra sentido cuando ya está acabada.

Esta coproducción hispano-argentina del 2004 fue premiada un año después con el Cóndor de Plata al mejor director, el mayor reconocimiento cinematográfico en Argentina. Además, otras de sus obras anteriores también recibieron el premio al mejor guión original como Un lugar en el mundo o Tiempo de revancha.

Roma es una historia que gira en torno a la vida de Joaquín Góñez, un escritor argentino viviendo en España que contrata a un joven periodista para que escriba su biografía. Durante el proceso, Joaquín redescubre emociones ya olvidadas de su loca vida en Buenos Aires, desde el ambiente político, pasando por su gran amor Reneé, hasta el eje fundamental de su vida, su madre que tantísimo le enseñó.

De esta manera, Mario Camus cita a Conrad para referirse al anhelo de quien pretende mostrar una fase de su vida como hace Joaquín, y que define perfectamente la esencia de esta película:

“Con un poco de destreza y de suerte se puede a veces alcanzar una sinceridad tan perfecta que, a la postre, la visión de dolor o de piedad, de miedo o de júbilo, acabará despertando en el corazón de los espectadores el sentimiento de una inquebrantable solidaridad, de esa solidaridad en los orígenes misteriosos, en el trabajo, en la alegría, en el destino incierto, que une a todos los hombres entre sí y a la humanidad entera con el mundo visible que la habita”. [1]

Esta capacidad extraordinaria para profundizar en los sentimientos humanos sin caer en el dramatismo exagerado ni en la cursilería, es característica de la mayoría de filmes de Aristarain. Es en los últimos donde demuestra este estilo propio más evolucionado, contrariamente a lo que cree Carlos Aguilar[2]. Roma es una película que es en parte autobiográfica, aunque en sus propias palabras:

Se viven muchas vidas escribiendo, pero lo autobiográfico sólo funciona como punto de partida pero luego se modifica mucho”. [3]

No obstante, nada de esto sería posible sin los excelentes José Sacristán (Joaquín adulto), Juan Diego Botto (como periodista y Joaquín joven) y Susú Pecoraro (Roma).

Con una narrativa que fluye sin darse cuenta y un guión tratado con máximo detalle, los conceptos de amor, amistad, juventud, muerte, y añoranza de tiempos pasados son constantes. Los problemas del día a día se adentran en una profundidad tan compleja que se convierten en preocupaciones universales como bien sentencian Oscar Domínguez Núñez y Elena María Barcellós Morante:

“Creemos que merece la pena emprender el viaje, calarse la armadura y empuñar las armas de la solidaridad, la libertad y la democracia, aunque no sea para vencer gigantes invisibles o caballeros de verdes gabanes, sino para parecerse a esos anónimos héroes de lo cotidiano a los que homenajea Borges en su poema “Los justos”[4].[5]

Por todo esto y más, Roma es en definitiva el relato de una existencia difícil, idealista por convencimiento y realista por obligación, que muestra la dureza de la vida pero también lo bello de esos momentos fugaces por los que vale la pena seguir.

BIBLIOGRAFÍA:

AGUILAR, Carlos: Guía del cine español, Cátedra, Madrid, 2007.

BARCELLÓS, Elena María; DOMÍNGUEZ, Óscar: “Lo quijotesco en El día de la bestia y la obra fílmica de Adolfo Aristarain”, Espéculo. Revista de estudios literarios, nº 34, 2006.

CASADO, Sergio: Adolfo Aristarain, Ediciones JC, MADRID, 2011.

HARGUINDEY, Ángel S.: “Ovación para Adolfo Aristarain y polémica sobre Michael Winterbottom” [en línea], El País Digital,  20 septiembre  2004. <http://www.elpais.com [consulta: 20 noviembre 2011]

LAPERIODICAREVISÓNSEMANAL: “El Estilo Aparece Cuando No Se Lo Busca” [en línea], La periódica revisión semanal, 10 diciembre 2004. <http://laperiodicarevisiondominical.wordpress.com/> [consulta: 20 noviembre 2011]

QUINTÍN: Adolfo Aristarain “Un espace dans le cinemá” [en línea], Cinemas d’Amérique latine, nº4, 1996. <

VVAA: Cine y habilidades para la vida: Reflexiones y nuevas experiencias de educación para la salud, cine y mass media, Gobierno de Aragón, ZARAGOZA,  2007.

 

[1] HARGUINDEY, Ángel S.: “Ovación para Adolfo Aristarain y polémica sobre Michael Winterbottom” [en línea], El País Digital,  20 septiembre  2004.

 

[2] AGUILAR, Carlos: Guía del cine español, Cátedra, Madrid, 2007, pág. 892.
Cita: “Variante de Lugares comunes (Roma), igualmente egocéntrica, verborreica e interminable, encima con José Sacristán sobreactuando e inverosímil, encarnando al escritor protagonista. Triste decadencia la de Adolfo Aristarain, brillante autor de varios hitos del cine argentino de los años 80.”

[3] LAPERIODICAREVISIÓNSEMANAL: “El Estilo Aparece Cuando No Se Lo Busca” [en línea], La periódica revisión semanal, 10 diciembre 2004.

[4] Poema de Jorge Luis Borges, “Los justos”:
Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
El que acaricia un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

[5] BARCELLÓS, Elena María; DOMÍNGUEZ, Óscar: “Lo quijotesco en El día de la bestia y la obra fílmica de Adolfo Aristarain”, Espéculo. Revista de estudios literarios, nº 34, 2006.

 

 

Elena Mora Cuesta, diciembre 2011.

 

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Cómo ser mujer y no morir en el intento (Ana Belén, 1991)

Reseña escrita por Mary Esther Torres Pezo:

Cómo ser mujer y no morir en el intento es una película española de 1991 dirigida por la directora Ana Belén, basada en la novela de Carmen Rico-Godoy[1]. Su principal reparto esta compuesto por la actriz Carmen Maura y el actor Antonio Resines. Esta película obtuvo en 1991 el Premio Ondas a la mejor dirección novel y fue nominada a los Goya al mejor guión adaptado y a la mejor dirección novel.

María del Pilar Cuesta Acosta es una directora, actriz y cantante española, que lleva una carrera artística muy brillante. Su experiencia como actriz, le permitió estrenarse como directora en Cómo ser mujer y no morir en el intento, como lo señalo diciendo:

“Mi opinión es que en el buen entendimiento entre un director y sus actores se encuentra probablemente el mayor secreto de una buena película. El hecho de ser yo actriz me hace ver estos asuntos de una manera especial…[2]

La película cuenta la historia de un matrimonio de clase media alta de los años noventa. Carmen esta divorciada dos veces y establece nupcias por tercera vez con Antonio, quien tiene un hijo de una relación anterior. Carmen se ocupa de su hogar, de sus hijos y de su marido, además de trabajar como periodista.

En Cómo ser mujer y no morir en el intento la desigualdad de género laboral es una dificultad para progresar. Ya que Carmen recibe una oferta en el trabajo de ser coordinadora en el suplemento dominical, según el director un puesto creado especialmente para ella, pero que al final y acabo no será ella quien lo dirija, sino su compañero de trabajo, como comenta Carlos F. Herrero:

“Se supone que estamos ante el retrato de una mujer madura y bien acomodada, dos veces divorciada y casada de nuevo, profesional del periodismo y víctima de la doble servidumbre que padecen la inmensa mayoría de las mujeres: el peso de las obligaciones familiares (…) y el reto continuo al que su propia condición femenina le obliga en su propio trabajo…[3]

Cómo ser mujer y no morir en el intento fue considerada la película de la temporada, el trabajo de la directora, hizo de esta película la mejor. Así como la gran responsabilidad de Carmen al encargarse del guión fue vital, ya que Ana no participó en su elaboración. Así lo explica Ana Belén:

“Yo carezco del olfato necesario para enfrentarme a un guión, pero a la vez estoy convencida de que, de una manera u otra, yo tendría que participar de algún modo en la elaboración de la historia. Es decir, que no me gustaría entrar en el proyecto cuando estuviera completamente terminada el guión, tal y como me ocurrió cuando dirigí mi primera película…[4]

La desigualdad de género laboral es un problema latente de ayer y de hoy ya que las mujeres seguimos estando oprimidas en muchas partes del mundo y a menudo no reciben el mismo trabajo, ni tampoco tienen los mismos derechos. Aunque el número de mujeres en altos cargos ha aumentado, todavía queda mucho camino por recorrer para alcanzar la verdadera igualdad

BIBLIOGRAFÍA:

CEBOLLADA, Pascual; GIL RUBIO, Luis: Enciclopedia del cine español. Cronología. Serbal. BARCELONA. 1996

FABREGAT, Ángel: “Cómo ser mujer y no morir en el intento. Ilustración de un best-seller”. Dirigido. 190 (1991).

GASCA, Luis: Un siglo de cine español. Planeta, S.A. BARCELONA.1998.

PUIGDOMÈNECH, Jordi: treinta años de cine español en democracia. JC. MADRID.2007.

RICO-GODOY, Carmen: Cómo ser mujer y no morir en el intento. Temas de hoy, S.A. MADRID. 1990.

RODRIGUEZ MARCHANTE, Oti: Ana Belén. Mitografías. BACELONA.1993.


[1] Periodista y escritora de gran éxito, nació en Paris el 30 de agosto de 1939. Carmen vino a Madrid por primera vez en 1944. En 1990 publicó su primera novela Cómo ser mujer y no morir en el intento, que fue un gran éxito de ventas.

[2] RODRIGUEZ MARCHANTE, Oti: Ana Belén. Mitografías. BACELONA.1993.Pág. 87

[3] FABREGAT, Ángel: “Cómo ser mujer y no morir en el intento. Ilustración de un best-seller”. Dirigido. 190 (1991). Pág. 41

[4] RODRIGUEZ MARCHANTE, Oti: Ana Belén. Mitografías. BACELONA.1993.Pág. 90

 

Mary Esther Torres Pezo, diciembre 2011.

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Don Quintín, el amargao (Luis Marquina, 1935)

Reseña escrita por Alberto Infante Vega:

Adaptación del sainete Don Quintín, el amargao o El que siembra vientos, escrito en el año 1924 por Carlos Arniches y Antonio Estremera, con música de Jacinto Guerrero.

Don Quintín el Amargao es una película del año 1935 y dirigida por el debutante Luis Marquina es la “primera producción de la emblemática productora Filmófono, encargo del productor ejecutivo Luis Buñuel”[1]. Además, está rodada en los “segundos estudios sonoros de nuestro país, los CEA (Cinematografía Española Americana) de Madrid, en la Ciudad Lineal”[2]. Esto explica la importancia del film y evidencian que la calidad de la que hace gala no son fruto de la casualidad (está excelentemente rodada y de un modo muy cuidado). Además, “esta etapa marca el nacimiento de una industria”[3].

La película narra la historia de Don Quintín, un hombre cuya amargura va en aumento desde que piensa que su mujer le es infiel. Decide echarla de casa, motivo por el que tiene que vagabundear hasta que nace su hija (“recurso melodramático de la mujer y el bebé desamparados, también usado en Centinela, alerta y en La hija de Juan Simón”[4]), momento en el cual su situación se hace insostenible y no tiene más remedio que entregar a la niña a su ex marido. Quintín no quiere hacerse cargo de su primogénita, con lo cual decide entregarla en adopción a una familia a la que paga un dinero mensual por hacerse cargo de la pequeña.  Por azares del destino, decide buscarla unos años después como única solución posible a su amargura. Esta temática encaja con la propuesta de Filmófono de “reelaborar en clave progresista temas tradicionales de la cultura española”[5].

En esta película podemos ver varios rasgos de las películas de su época:  personajes dominados por el amor, el más evidente el personaje del yerno, pero también algún personaje como contrapunto cómico (el “secuaz de Don Quintín); qué decir de las canciones integradas en la trama tan típicas de este tipo de zarzuelas. La inclusión de temas musicales era de “obligada inclusión” en las películas (quizá por la manera de ser de los españoles), todavía hoy en día las canciones nos resultan entrañables y disfrutamos oyéndolas; a pesar de ser canciones de otra época, el gusto por lo musical de los españoles hace que las películas envejezcan menos de la cuenta.

 

Herencia de la obra de teatro de la que procede y de su autor Arniches, la película refleja “esa feliz conjunción dentro del mismo personaje de rasgos grotescos y brochazos sentimentales; ese constante y difícil juego de obligar al espectador a reír y emocionarse a la vez”[6]. Esto da un mayor trasfondo y realismo a los personajes (aunque sean bastante arquetípicos y probablemente puedan ser descritos con una palabra) y hacen la historia mucho más entretenida y atractiva. Los personajes poseen personalidades dominantes con algunos matices que los hacen más atractivos de un modo sutil que no confunde al espectador.

A modo de curiosidad, José Francisco Aranda defiende que esta película tiene como director a Luis Buñuel, a pesar de aparecer en los títulos de crédito como director de producción[7]. Además, hay un remake dirigido por el propio Luis Buñuel en el año 1951 y titulado La hija del engaño; evidentemente, la película está basada en el mismo sainete.

A priori es una película con una moraleja clara: el que siembra viento recoge tempestades, que viene a decir que en función de tu actitud con los demás, recibirás lo mismo a cambio. Pero lo que sucede si damos la vuelta a la tortilla nos reconduce a la pregunta “¿qué fue antes, el huevo o la gallina”. La relación es muy simple, ¿es Don Quintín realmente un amargado y su amargura va autoalimentándose con los efectos que produce, o es un pobre hombre que no ha tenido suerte en la vida (a excepción de su negocio) y su desilusión ha hecho mella en él? Realmente es posible que fruto de su mala suerte, el carácter del personaje haya ido agriándose cada vez más, entrando en la espiral en la que se encuentra inmerso y de la que no consigue escapar. El propio Quintín al comienzo de la película reconoce abatido “tengo muy mala suerte, nada me sale bien”. Don Quintín tiene un escudo de amargura que no deja salir su verdadero yo, ya que hay situaciones en las que se demuestra que tiene un buen corazón.

Esta es una película importante históricamente, que es muy representativa de su época (tanto de su contexto social como cinematográficamente). No sólo inaugura una productora, sino que también lo hace de un modo de hacer cine, para algunos el mejor de su época. Algo tiene el agua cuando la bendicen, y cuando el propio Luis Buñuel decidió hacer un remake tuvo que ser porque la película tiene algo, y claro que lo tiene, además merece la pena verla y descubrir ese algo por ti mismo. Seguro que cada persona tiene su “algo”. El film atesora mucho más de lo que parece y tiene toques de humor que la hacen más entretenida aún (y cómo no, tiene canciones). Sin duda, merece la pena.

 

Alberto Infante Vega, diciembre de 2011.

 

BIBLIOGRAFÍA

Labarrère, André Z. Atlas del cine. Ediciones AKAL. 2009.

Pozo Arenas, Santiago. La industria del cine en España: legislación y aspectos económicos, 1896-1970. Edicions Universitat Barcelona. 1984.

Montero Díaz, Julio y Sorlin, Pierre. El cine cambia la historia. Ediciones Rialp. 2005.

Cánovas Belchí, Joaquín, Hernández Gribal, Florentino y Pérez Perucha, Julio. Florentino Hernández Gribal y la defensa del cinema español. EDITUM. 1991.

Dougherty, Dru y Vilches de Frutos, María Francisca. La escena madrileña entre 1918 y 1926: análisis y documentación. Editorial Fundamentos. 1990.

De Mata Moncho Aguirre, Juan. Las adaptaciones de obras de teatro español en el cine y el influjo de éste en los dramaturgos. Tesis doctoral realizada en el año 2000.

WEBGRAFÍA

(http://www.dramateatro.arts.ve)  Amar Rodríguez, Víctor Manuel. El teatro y el cine en América Latina: El arte de sentir. Revista digital Dramateatro. Consultado el día 14 de diciembre de 2011.


[1] Labarrère, André Z. Atlas del cine. Ediciones AKAL. 2009. Página 219.

[2] Pozo Arenas, Santiago. La industria del cine en España: legislación y aspectos económicos, 1896-1970. Edicions Universitat Barcelona. 1984. Página 32.

[3] Pozo Arenas, Santiago. La industria del cine en España: legislación y aspectos económicos, 1896-1970. Edicions Universitat Barcelona. 1984. Página 32.

[4] Labarrère, André Z. Atlas del cine. Ediciones AKAL. 2009. Página 219.

[5] Montero Díaz, Julio y Sorlin, Pierre. El cine cambia la historia. Ediciones Rialp. 2005. Página 126. Nota: Este detalle lo se apunta también en: Cánovas Belchí, Joaquín, Hernández Gribal, Florentino y Pérez Perucha, Julio. Florentino Hernández Gribal y la defensa del cinema español. EDITUM. 1991.

[6] Dougherty, Dru y Vilches de Frutos, María Francisca. La escena madrileña entre 1918 y 1926: análisis y documentación. Editorial Fundamentos. 1990.

[7] (http://www.dramateatro.arts.ve)  Amar Rodríguez, Víctor Manuel. El teatro y el cine en América Latina: El arte de sentir. Revista digital Dramateatro. Consultado el día 14 de diciembre de 2011.

 

 

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Las Hurdes (Luis Buñuel, 1932)

Reseña escrita por Chatzinikolaou Laborda, Katerina:

La II República llegaba a una España inestable y paupérrima, con unas condiciones de vida insalubres, tanto en las ciudades como en el campo. Pero, sin duda, el mundo rural era el más perjudicado y había quedado en el olvido tras la dictadura del general Primo de Rivera.

Así lo retrataron muchos autores de principios del s.XX en sus artículos. Algunos como Blanco Belmontes y “La España desconocida”, quisieron mostrar la auténtica situación del campo español. En cambio, Miguel de Unamuno escribió un ensayo (1913) en el que contrarrestaba este hecho argumentando el apego a la tierra que tenían los habitantes de la región de las Hurdes, aunque de ellas no obtuvieran lo necesario para vivir.

Pero el estudio del científico francés Maurice Legendre,”Étude de géographie humaine” sería el que inspiraría a Luis Buñuel para rodar un documental en las áridas tierras de Extremadura. Además, el Doctor Gregorio Marañón había escrito años atrás un reportaje sobre la insalubridad de la región de la Hurdes.

Buñuel acababa de regresar de Hollywood y dudaba de su futuro cinematográfico: “Estaba desorientado, no quería hacer más cine, me repelía ese ambiente, el público, la crítica, los productores, etcétera”[1]. Pero estaba interesado en las terribles condiciones y la pobreza de las Hurdes y decidió comentárselo a Ramón Acín, miembro del grupo surrealista junto con Buñuel, Pierre Unik, Julio Acín y Eli Lotar que participarían en la grabación del documental.

El objetivo de este grupo era escandalizar a los gobernantes para cambiar la situación de los campesinos: “La marcha hacia el pueblo” que tuvo gran importancia en la narrativa social[2] y en la literatura documental.

Aunque la crítica no fue justa. Gregorio Marañón se indignó por las desagradables imágenes que se mostraban en el documental y el Gobierno de la II República decidió prohibir la proyección porque daba una mala imagen del país. Hasta 1936 con el Frente Popular no se volvería a ver públicamente este documental. Un año más tarde sería sonorizado y proyectado en Francia, donde también se prohibiría.

La censura era muy rígida en España y así lo manifestaba el director en una entrevista: “no creo posible dentro del marco actual de nuestra sociedad la creación de un cine realmente popular. La existencia de la censura, entre otras cosas, se encarga de impedirlo en España.[3]

En definitiva lo que consiguió Buñuel fue sintetizar el surrealismo con la realidad social que afectaba a su país y el tradicionalismo español motivado por las ideas marxistas sobre  la función del arte, el socialismo crítico alejado del dogmatismo estalinista.

Además, este documental sirve de ejemplo para muchos cineastas como Rick Rowley [4]que, motivados por el movimiento de antiglobalización y la indiferencia generalizada de los gobiernos, quieren reivindicar los derechos de millones de personas que viven en circunstancias similares a las de los años 30 en España, la miseria del Tercer Mundo

 

HERRERA NAVARRO, Javier: Estudio sobre las Hurdes de Buñuel: evidencia fílmica estética y recepción.

EDWARDS,Gwyne: A companion to luis Buñuel. Gwyne Edwards. Tamesis, Woodbridge, 2005.

FUENTES, Victor: La mirada de Buñuel. Taba Rasa, 2005

IBARZ, Mercè. Buñuel documental. Tierra sin pan y su tiempo. Ariel. Barcelona, 1995

Chatzinikolaou Laborda, Katerina. Diciembre, 2011.


[1] FUENTES, Victor: La mirada de Buñuel. Taba Rasa, 2005 (pág.61)

[2] Los autores conscientes de la situación defendían los valores humanos comprometiéndose a través del arte. Publicaban revistas como Octubre, con el lema “Octubre esta contra la guerra imperialista, por la defensa de la Unión soviética, contra el fascismo, con el proletariado” .Además, muchos libros guardan cierto paralelismo con este documental como “Reparto de Tierras” de César Arconada, escrito un año antes de la película.

Cap. 3 en el verano el paludismo se une a la miseria (pag. 231)

“Una mañana os levantáis abatidos y débiles, estremeciéndose el cuerpo en un frio sudor. Tal vez un catarro, un resfriado ligero -pensamos- , y es terrible: vuestra sangre ya está infectada, y esta envenenada. Tenéis paludismo. Os ha picado, tal vez, anoche un anofeles .esta simple picada de un mosquito basta para derribaros en una debilidad creciente, consumido de fiebre, amarilla la cara, los ojos apagados, la carne enjuta. Poco a poco puede ser la muerte.”

[3] FUENTES, Victor: La mirada de Buñuel. Taba Rasa, 2005 (pág.65)

[4] Rick Rowley (director) y Jacqueline Soohen (producción). Documental independiente sobre los ciudadanos y el poder insituido “La cuarta guerra Mundial: El imperio contra el tercer Mundo”. (2003)

 

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El verdugo (Luis García Berlanga, 1963)

Reseña escrita por Álvaro Martín:

Esta mordaz comedia negra trata las desventuras de José Luis, empleado de una funeraria con esperanzas de una vida mejor fuera de España, y con el deseo de salir de la angosta casa que comparte con su hermano, su cuñada, y los hijos de éstos.

Por gajes del oficio, José Luis conoce al verdugo Amadeo, un hombre afable que no desprecia su profesión, y cuya hija Carmen vive apesadumbrada por la dificultad que tiene para encontrar pareja debido al oficio de su padre. La vida de nuestro protagonista cambiará a raíz de un romance con Carmen. Descubiertos ambos por Amadeo y estando ella embarazada, la necesidad llevará a José Luis a casarse y a aceptar el trabajo de verdugo contra su voluntad para conseguir un piso que le fue asignado al ya casi jubilado Amadeo. La situación de José Luis dará un giro al recibir noticias de Mallorca, desembocando la historia en un crudo y magistral final.

En El verdugo, Berlanga reabre el debate sobre la validez de la pena de muerte a la vez que trata un tema social mostrándonos a un José Luis que se ve obligado a hacer las cosas que él no quiere e incluso detesta (como casarse o ejercer de verdugo), en lo que podría ser una metáfora de una sociedad aletargada – la española durante el franquismo – que tras varias negativas iniciales se ve obligada a la fuerza a convivir en un clima de miedos, silencios y falta de libertades bajo la opresión y el control de la dictadura.

Por lo tanto, habla de temas que no favorecen demasiado la imagen del franquismo: la pobreza en comparación con los privilegios de los funcionarios, el “amiguismo”, el asesinato legal o la falta de libertades son un ejemplo de ello. De ahí las críticas por parte del Director de cinematografía y del embajador español en Roma, que llegó a tacharla de antipatriótica y “maniobra comunista”. Aunque bien es cierto que el filme fue polémico por  una serie de  acontecimientos que se desarrollaron en esa época en relación a España. Como relata Francisco Perales: Hacía poco tiempo que había sido ejecutado Julián Grimáu (importante político comunista), y en ese mismo año también murieron en el garrote vil dos anarquistas […]. Además a Franco se le conocía por aquel tiempo en el extranjero por el sobrenombre de “el verdugo”.[1]

Es por ello que podemos pensar que el título de la película no es nada causal, y Berlanga pudo hacer alusión con él a un doble problema: por un lado, una llamada de atención sobre este tipo de condena, y por otro lado pone de manifiesto el caso español, una dictadura en la que existe la pena de muerte y en la que se ejerce un gobierno basado en el control y la represión.[2]

Resaltar también que en esta película podemos observar un rasgo muy característico de los personajes de Berlanga: el hecho de que su situación suele comenzar mal, y en el transcurso de la historia mejorar para, por último, terminar peor de lo que empezó. Podemos ver este rasgo en películas como Bienvenido Mr. Marshall o Calabuch. Se trata de un recurso genial que refuerza la película aportando más dramatismo a la historia, y logrando los grandes finales que caracterizan su cine. Si a este aspecto le unimos la acidez característica del tándem Berlanga – Azcona, el resultado es una obra como El verdugo, una crítica al franquismo desde casa, si bien es cierto que se hace a la manera de este fenomenal director: de forma indirecta, con el humor de fondo, y miserabilizando a los personajes, y con la acidez y sagacidad propias de Azcona. El humor que este director imprime es, en palabras de Joan Álvarez  “la risa del poder y de las instituciones, de la sociedad y del individuo que lucha, a pesar de los pesares, por salir adelante hasta que la máquina lo aplasta. […] una sabia combinación del humor y la burla de la picaresca, la revista, el sainete, el esperpento y la comedia del pobre”.[3]

Viendo esta película se refuerza la idea de que es muy eficaz tratar desde el lado del humor algunos temas serios y reivindicativos, sin que el contenido crítico pierda su gran poder, su fuerza para mover conciencias. Es el caso sin duda de la mayor parte de la filmografía de Luis García Berlanga.

Nos encontramos ante una de las mejores películas del cine español y una joya en cuanto a historia y reparto (destacar a Nino Manfredi, Pepe Isbert y Emma Penella). En cuanto a estética es casi impecable, resaltando la secuencia, llegando al final, de la habitación blanca pensada por el visionario director y que resume muy bien la idea central del filme. Es maravilloso ver como algunos pequeños tesoros consiguieron salir adelante con no pocas dificultades, llegando hasta nuestros días para nuestro disfrute y análisis.

Bibliografía:

ALEGRE, Luis (editor): ¡Viva Berlanga!, Cátedra, Madrid, 2009.

ÁLVAREZ, Joan: La vida casi imaginaria de Berlanga, Prensa Ibérica, Barcelona, 1996.

GARCÍA FERNÁNDEZ, Emilio C.: Historia ilustrada del cine español, Planeta, Madrid, 1985.

GARCÍA JIMÉNEZ, Jesús (editor): La poética de Berlanga, Tarvos, Madrid, 2000.

PERALES, Francisco: Luis García Berlanga, Cátedra, Madrid, 1997.

PÉREZ PERUCHA, Julio (editor): Antología crítica del cine español 1906-1995,    Cátedra, Madrid, 1997.

VV.AA.: Ciclo Luis García Berlanga, Filmoteca valenciana (Conselleria de Cultura, Educació i Ciencia), Comunidad Valenciana, 1986.


[1] PERALES, Francisco: Luis García Berlanga, Cátedra, Madrid, 1997. Pág. 253.

[2] En España estuvo vigente la pena de muerte hasta el año 1975, en el que se ejecutó a los últimos presos. En la Constitución de 1978 es abolida expresamente.

[3] ÁLVAREZ, Joan: La vida casi imaginaria de Berlanga, Prensa Ibérica, Barcelona, 1996. Pág. 173.

 

Álvaro Martín, diciembre de 2011.

 

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Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004)

Reseña escrita por Marta Antolinos Raposo:

Después de un gran éxito como Los Otros y tratando un tema tan poco atractivo como la muerte, era difícil que Amenábar tuviese otro gran éxito con su siguiente película, pero así fue.

Mar adentro nos cuenta la historia de Ramón Sampedro, un marinero gallego que sufrió un horrible accidente en el mar, a consecuencia del cual, se quedó tetrapléjico (parálisis en las cuatro extremidades del cuerpo). Aunque aprendió a desempeñar muchas actividades por sí mismo como escribir o pintar, seguía dependiendo de su familia para todas las actividades cotidianas como comer, lavarse, etc. Ramón, que pasó casi 30 años en esta situación, defendía su derecho a morir dignamente, ya que no podía vivir de esta manera, e intentó que los tribunales españoles le concediesen su deseo, algo, que siempre fue rechazado. Dos mujeres serán fundamentales en su vida: Rosa, una vecina que quiere convencerle de los motivos por los que debe vivir y Julia, su abogada que padece CADASIL1, y apoya su lucha diaria.

Alejandro Amenábar, director y guionista de la película, junto con la excelente actuación de Javier Bardem (Ramón Sampedro) y Belén Rueda (Julia), consiguió que su estreno de 2004 conmocionase al público. Fue ganadora de un Óscar a la mejor película de habla no inglesa y de numerosos Goya, entre otros premios.

Basada en un hecho real y, en el centro de una polémica universal, el director consiguió mostrar al mundo de una manera más cercana, los sentimientos de las personas que sufren esta desagradable situación a través de un caso concreto. Pero sería realmente el propio Ramón, el que a través de su lucha y a través de su libro Cartas desde el Infierno, consiguiese llegar hasta las pantallas de cine y defender su libertad.

“Para muchas personas es peor que el miedo a la muerte el de llegar a ella en condiciones que impliquen un terrible sufrimiento o una situación de indignidad que los obligue a llevar una vida contraria a los valores que siempre han defendido”2. Esta cita muestra a la perfección el fondo de esta historia, y es, sin duda, lo que Amenábar intentó transmitir a través de su película.

Mar adentro da nombre a una historia en la que un hombre perdió su libertad allí donde todos nos sentimos libres: en el mar. Pero era aquello que le quitó sus ganas de vivir lo único que veía del mundo exterior, a través de una ventana de la habitación en la que vivía su duro día a día. Un testimonio del propio Ramón de su libro Cartas desde el Infierno refleja perfectamente el conjunto de su vida con sus pensamientos sobre la misma: “Ninguna libertad puede estar construida sobre una tiranía. Ninguna justicia, sobre injusticia o dolor. Ningún bien universal sobre un sufrimiento injusto. Ningún amor sobre una obligación. Ningún humanismo sobre una crueldad, sea cual sea el ser viviente que la padezca”3.

Pero uno de los logros de Amenábar es que la película no fuese un simple documental sobre la eutanasia y sobre un caso real. El director consiguió darle mucha más profundidad a Mar adentro tocando temas como la religión o la ética, representadas en diferentes personajes. Un entorno lleno de sentimientos y posiciones enfrentadas con un hermano mayor que se niega a aceptar la decisión de Ramón y se rebela contra él, una vecina enamorada que quiere convencerle de lo bonito que es vivir, una cuñada tierna que respeta su posición, una abogada que aprenderá de él muchas cosas que luego tendrá que vivir en su propia piel, un cura que aun viviendo el mismo infierno que el protagonista, intenta quitarle toda idea de suicidio de la cabeza, y finalmente, un padre al que lo que más le duele no es la muerte de su hijo, sino el deseo que tiene su hijo de morir.

“No se le puede dar más apoyo, más respeto, amor, cariño y calor humano solidario a nadie. Es decir, no se puede hacer nada más de lo que todos vosotros hicisteis por mí. Pero lo que no le podemos dar a nadie, por mucho que queramos, es la esperanza. Esa sólo nace en el fondo de nosotros mismos. Yo perdí la mía el día en que me dijeron que no había nada más que hacer para curarme. La vida tiene que tener un sentido. Y tiene sentido mientras esperamos algo…”4. Aunque dentro de su desgracia, Ramón supo ver cosas buenas, como el gran apoyo de su familia de una manera u otra, y de aquellos que le rodeaban. Agradeciendo con este testimonio todo ello, también dio una lección al mundo entero, haciendo cambiar la vida de aquellos que estuvieron con él.

Esta historia que conmocionó al mundo no sólo llegó a las pantallas de cine, sino a todo tipo de artículos de revistas y periódicos, “Todos ellos (los actores) han confesado que desde el rodaje, desde que vivieron como propios los sentimientos de Sampedro y su círculo más íntimo (su hermano, su cuñada, sus sobrinos), miran a la vida y a la muerte -el tema recurrente en la filmografía del realizador- desde una perspectiva diferente al menos”5.

Ninguna persona que vea la película se quedará indiferente ante algo tan importante, tan duro, tan presente en nuestra sociedad y, ante algo, a pesar de todo, tan bonito como la historia de un hombre que tras una larga y dura lucha, por fin, consiguió el último y único deseo que tenía desde hacía muchos años en su vida: su paz y su libertad. Un caso en el que millones de sensaciones y sentimientos se enfrentaron y se abrazaron, un caso, en el que la tristeza y la alegría se dieron la mano por un momento, cuando lo que parecía imposible, al fin, se hizo posible.

 

Bibliografía

SÁNCHEZ, Francisco: “El cine nuevo del nuevo siglo (y otras nostalgias)”, Casa Juan Pablos, S.A. e Instituto Zacatecano de Cultura, México, 2008.

RENTERO, Juan Carlos (coordinador general de la obra), DELGADO, Francisco (escritor del artículo dedicado a Mar adentro): “Todos los estrenos del 2004”, Ediciones JC, Madrid.

EQUIPO RESEÑA (coordinador general de la obra), LAMET, Pedro Miguel (escritor del artículo dedicado a Mar adentro): “Cine para leer. Julio-Diciembre 2004”, Ediciones mensajero, Vizcaya.

SAMPEDRO, Ramón: “Cartas desde el infierno”, Editorial Planeta S.A., Barcelona, 2004

Páginas Web

HERNÁNDEZ, Virginia: “Amenábar presenta “Mar adentro”, un giro de 180º en su carrera”, www.elmundo.es.

1 CADASIL es la forma abreviada en inglés de denominar la enfermedad arteriopatía cerebral autosómica dominante con infartos subcorticales y leucoencefalopatía, enfermedad degenerativa de las arterias menores del cerebro que produce múltiples infartos en sus partes más profundas.

2 SÁNCHEZ, Francisco: “El cine nuevo del nuevo siglo (y otras nostalgias)”, Casa Juan Pablos, S.A. e Instituto Zacatecano de Cultura, México, 2008. Pág. 66. Esta cita está sacada de este libro, que a su vez, el autor del mismo, sacó de: ÁLVAREZ DEL RÍO, Asunción: “Práctica y ética de la eutanasia”, editado por Fondo de cultura económica, 2005.

3 SAMPEDRO, Ramón: “Cartas desde el infierno”, Editorial Planeta S.A., Barcelona, 2004. Pág. 173.

4 SAMPEDRO, Ramón: “Cartas desde el infierno”, Editorial Planeta S.A., Barcelona, 2004. Pág. 296-297.

5 : HERNÁNDEZ, Virginia: “Amenábar presenta un giro de 180º en su carrera”, www.elmundo.es, última consulta: 14-12-2011.

 

Marta Antolinos Raposo, diciembre 2011.

 

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Niebla (Fernando Méndez Leite, 1975); Las cuatro bodas de Augusto Pérez (José Jara) El transexual (José Jara, 1976, 1977); Cambio de sexo (Vicente Aranda, 1977)

En el link que os dejo a continuación podéis encontrar un artículo en el que estudio la obra de José Jara. En la primera parte hablo de las adaptaciones cinematográficas de la novela Niebla de Miguel de Unamuno; en la segunda parte investigo sobre las primeras películas españolas que trataron el tema de la transexualidad.

Os dejo el link:

http://revistas.ucm.es/index.php/ARAB/article/view/37837/36612

 

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La torre de los siete jorobados (Edgar Neville, 1944)

 

Reseña escrita por Enrique Huetos García-Ajofrín:

La torre de los siete jorobados nació en las salas cinematográficas españolas un 23 de noviembre de 1944; concretamente, en la madrileña sala Capitol.  Se trata de un largometraje en el que se da cabida a la comedia, el género policiaco, el costumbrismo casticista y todo ello aderezado con elementos paranormales – algo que viene directamente del expresionismo alemán[1]. Todos estos elementos le dan el título de una de las películas más interesantes de la década de los cuarenta del siglo XX.

 

En La torre de los siete jorobados nos situamos en un Madrid de finales del siglo XIX. Nuestro protagonista es Basilio Beltrán (Antonio Casal), un joven enamorado de una cantante de variedades apodada como “La Bella Medusa” (Manolita Morán). Para poder llevarla a cenar junto a su glotona madre (Julia Lajos), nuestro protagonista resuelve ir al casino a probar suerte. Será allí dónde se le aparecerá Don Robinson de Mantua (Félix de Pomés), que le pedirá un gran favor que sólo una persona con su sensibilidad espiritual podría llevar a cabo.

 

Esta película tiene su origen en una novela corta publicada en 1922 llamada Un crimen inverosímil. Su autor fue Emilio Carrere[2], quién, años después, se lo vendería a su editor, Juan Palomeque, junto con unos cuantos folios más llenos de prosas incompletas como si fuera una novela inédita. Al darse cuenta del engaño y, viendo que Carrere, que era un escritor muy exitoso en su época, se negaba en rotundo a completarlo, Palomeque decidió contratar a otro escritor para que terminase la historia:  El elegido fue Jesús de Aragón. A pesar de ello, cuando la obra se publicó en 1924 sólo  figuraba como su autor Emilio Carrere. Por suerte para De Aragón, todo este ardid literario acabó descubriéndose.[3]

 

Veinte años más tarde llegó el salto de la novela a la pantalla. La dirección de la misma corrió a cargo de Edgar Neville, un director con un estilo muy peculiar que, además, escribió el guión junto con José Santugini. El cineasta madrileño, que fue miembro de la llamada “la otra generación del 27”, fue un diplomático, novelista, dramaturgo, poeta y pintor aunque siempre será recordado por su faceta de cineasta.[4] El autor José Luis Castro de Paz destacaba de él su formación y sus influencias:

 

Su extraordinario talento y su rica y cosmopolita formación intelectual combinaban [con] (…) la modernizante influencia de las vanguardias europeas proveniente de su maestro Ramón Gómez de la Serna con la visión regeneracionista de su también amigo Ortega y Gasset. Todo esto lo podemos ver en el toque castizo de sus películas y también en la influencia de  su formación en Hollywood cuando trabajó allí a los comienzos del sonoro, cuando se rodaban películas en varios idiomas al mismo tiempo.[5]

 

Entre las obras más famosas de Edgar Neville, además de las que estamos tratando, se encuentran películas de ficción como Domingo de carnaval (1945) o documentales históricos como Frente de Madrid (1939), que rodó durante la Guerra Civil Española.

 

Uno de los elementos más destacables de este largometraje es el aura fantástica que rodea esta historia, elemento que la convierte en una rara avis de la cinematografía española de la década de los cuarenta del siglo XX. La razón estriba en que, según José María Latorre, la temática fantástica no era del gusto del gusto del régimen franquista:

 

La censura literaria [...] se cebó con aquellos autores cuya obra no podía ser fácilmente manipulada por el Régimen o cuyo mundo personal tenía poco o nada que ver con las consignas oficiales. [...] No es de extrañar que, por tanto, que autores tan domesticables como el padre Coloma, Carlos Arniches, Wenceslao Fernández Flórez, Jacinto Benavente [...] fueran objeto de trato deferente a la hora de las adaptaciones cinematográficas. [6]

 

Pasó con la literatura y también pasó por el cine; incluso con autores como Carrere que se apuntaron al carro de “los vencedores”.

 

A pesar de estas circunstancias, la película de Edgar Neville consiguió eludir la censura. Es sabido que en un principio la Junta de Censura le aconsejó que mitigara el carácter fantástico de la obra, según nos cuentan Cristina Castillo Martínez y Rafael Alarcón Sierra:

 

La Junta de Censura le aconsejó que mitigara el carácter fantástico de la obra. Incluso se barajó la posibilidad de incluir un par de escenas más, a modo de prólogo y de epílogo respectivamente que avisara al espectador de que todo era resultado del sueño.[7]

 

Sin embargo, y después de el envió de varias misivas, Edgar Neville consiguió el plácet. Así, los espectadores pudieron disfrutar de la película sin ninguna intervención  de tijeras. Por otro lado, y siguiendo con el tema de la censura, se sabe que el director de la película ya tuvo en cuenta que debido a su temática fantástica prescindió de muchos aspectos esotéricos de la novela además de porque no existía una tecnología lo suficientemente avanzada para contar esos aspectos en imágenes.

 

En definitiva, podemos decir que La torre de los siete jorobados es una película fantástica por dos razones: Una, porque es claramente uno de los géneros que encontramos en la misma y, dos, porque en su conjunto nos encontramos ante un largometraje que tiene un ritmo vibrante, personajes inolvidables y que cuenta con el humor característico de su director.

 

Enrique Huetos, noviembre 2011.

 

FUENTES CONSULTADAS:

 

BAYONAS, Andrés. “Socios ilustres: Edgar Neville y Romrée”. Revista Casino de Madrid: [en línea]. Marzo de 2006, nº 43 [fecha de consulta: 29 de noviembre 2011]. Disponible en web: http://www.casinodemadrid.es/sp/revista/Revista43/PDF/51%20a%2058%20NUESTRA%20HISTORIA.pdf

 

CASTILLO MARTÍNEZ, Cristina; ALARCÓN SIERRA, Rafael. “1944: Un año de suspense literario”. En: JODAR MENA, Manuel (Editor): Cineclub universitario. Ciclos 2011-2012. Universidad de Jaén: Jaén, 2011. Pueden consultarlo en: http://www.ujaen.es/serv/vicext/secacult/imagenes/libro%20cineclub%202011%202012%20baja.pdf [ref. 29 de novimebre de 2011] p. 121-128.

 

CASTRO DE PAZ, José Luis. “La otra generación del 27”. En: Un cinema herido. Los turbios años cuarenta en el cine español (1939-1950). Barcelona: Paidós, 2002, p. 147-180.

 

LATORRE, José María. “La torre de los siete jorobados”. En: AGUILAR, Carlos (Coordinación). Cine fantástico y de terror español 1900-1983. San Sebastián: Donostia Kultura, Semana de Cine Fantástico y de Terror, 1999. p. 73- 78

 

MÉNDEZ, Lenina M. “La torre de los siete jorobados: Una obra a ocho manos”. Revista de Estudios Literarios Espéculo [en línea]. Julio-Octubre 2002, nº 21. [ref. noviembre 2011]. Disponible en: http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/jorobado.html

 

SEGUIN, Jean-Claude. “Los años de la autarquía (1939-1950)”. En Historia del cine español. Madrid: Acento Editorial, 1999, p. 31-38.

 


[1] Se trata de un movimiento cinematográfico que busca más las emociones de su autor que la realidad objetiva; para conseguirlo se valen de los decorados, el maquillaje y los movimientos de cámara.

[2] Emilio Carrere (Madrid, 1881-1947) fue un escritor muy popular en su época que llevó una vida muy bohemia. En literatura comenzó en un tono de modernismo decadente para luego pasarse a la prosa que combinaba el humor y lo fantástico.

[3] MÉNDEZ, Lenina M. “La torre de los siete jorobados: Una obra a ocho manos”. Revista de Estudios Literarios Espéculo [en línea]. Julio-Octubre 2002, nº 21. [ref. 29 de noviembre de 2011]. Disponible en: http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/jorobado.html

[4] BAYONAS, Andrés. “Socios ilustres: Edgar Neville y Romrée”. Revista Casino de Madrid: [en línea]. Marzo de 2006, nº 43 [fecha de consulta: 29 de noviembre 2011]. Disponible en web: http://www.casinodemadrid.es/sp/revista/Revista43/PDF/51%20a%2058%20NUESTRA%20HISTORIA.pdf

[5] CASTRO DE PAZ, José Luis. “La otra generación del 27”. En: Un cinema herido. Los turbios años cuarenta en el cine español (1939-1950). Barcelona: Paidós, 2002, p. 147-180.

[6] LATORRE, José María. “La torre de los siete jorobados”. En: AGUILAR, Carlos (Coordinación). Cine fantástico y de terror español 1900-1983. San Sebastián: Donostia Kultura, Semana de Cine Fantástico y de Terror, 1999. p. 73- 78

[7] CASTILLO MARTÍNEZ, Cristina; ALARCÓN SIERRA, Rafael. “1944: Un año de suspense literario”. En: JODAR MENA, Manuel (Editor): Cineclub universitario. Ciclos 2011-2012. Universidad de Jaén: Jaén, 2011. Pueden consultarlo en: http://www.ujaen.es/serv/vicext/secacult/imagenes/libro%20cineclub%202011%202012%20baja.pdf [ref. 29 de novimebre de 2011] p. 121-128.

 

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