La incertidumbre a escalas atómicas y humanas.

Hoy he leído un párrafo de un libro de Kenneth Ford: ‘The world of elementary particles.´ :

La probabilidad en el mundo macroscópico (y en la física clásica) es una probabilidad de ignorancia; la probabilidad en el mundo microscópico en una probabilidad fundamental de la naturaleza.  La única razón por la cual el número en el que cae la bola de la ruleta no puede ser calculado de antemano es la ignorancia de lo que los físicos denominan ‘condiciones iniciales’. La diferencia con la ley de probabilidad de la mecánica cuántica es que uno no puede, ni en principio, ni de hecho, calcular el desarrollo exacto de un evento atómico, independientemente de con cual precisión puedan conocerse las condiciones iniciales

Kenneth Ford es un físico ya mayor, de 88 años, formado en la idea mística de que la mecánica cuántica es algo radicalmente diferente de la física de escala humana.

Ya no hay que decirle nada, pero, para quien lea esto, si alguien lo hace, si me gustaría plantear algunas preguntas.

A) Donde acaba la mecánica cuántica, con sus probabilidades intrínsecas y empieza la clásica, determinista ella?

B) ¿Cómo se produce el cambio de una a otra, cuales son las leyes de ese cambio?

C) Un átomo de Rydberg, ¿sabe que es un átomo y sigue probabilidades intrínsecas, o piensa que es una bola clásica y que su trayectoria probabilística es porque algún físico no ha fijado con exactitud infinita sus condiciones iniciales?

Esto es un problema mental de los físicos que se formaron en el siglo XX, y que adoraban como a un dogma las ideas de Bohr, que tampoco eran excepcionalmente finas.

¿Por qué las probabilidades de las escalas atómicas son intrínsecas? Si se hace referencia al ”Principio de Incertidumbre” de Heisenberg , ¿De donde sale este principio?  No sirve enunciarlo como un postulado, pues eso no explica nada.

El ejemplo de la ruleta, o el de una moneda tirada al aire no nos sirve, pues son máquinas o sistemas físicos inmensamente sencillos. Hoy es posible tirar una moneda al vacío de forma que caiga siempre del mismo  lado: Un profesor de California ha construido una máquina para ello. Ha eliminado la aleatorieidad eliminando la interacción de la moneda con el resto del mundo.

Pero en el mundo atómico no tenemos posibilidad de eliminar esas interacciones. De hecho, para manipular las partículas atómicas precisamos que interaccionen, y no tenemos energías de interacción mucho menores de las energías de las partículas que queremos manipular.  Y esas interacciones son muchas, del orden de al menos 10**20 (un 1 seguido de 20 ceros), y no son eliminables en ninguna situación.

En un sistema de escala humana, sometido a 10**20 interacciones de su misma energía, la aleatorieidad es exactamente igual de intrínseca que la cuántica, o si invertimos el razonamiento, si algún día pudiésemos (lo que es imposible) eliminar las interacciones de un sistema cuántico con otros 10**20 sistemas y que las pocas interacciones que queden tengan menos energía que el propio sistema, este sería tan determinista (poco) como un sistema de una moneda tirada al aire.

Se puede decir que ”las leyes de la física cuántica” no permitirían ésto, y es evidente, puesto que esas leyes se han derivado para la situación real de trillones de interacciones de energías comparables con la de los sistemas que se mueven, interacciones que esa mecánica cuántica no ha tenido en cuenta y como las interacciones clásicas no tenidas en cuenta, deviene en movimientos aleatorios e impredecibles.

La diferencia –real– del mundo atómico con el mundo de escala humana es que la naturaleza tiene límites, y que no hay energías menores de las de las partículas atómicas, de manera que cualquier interacción con ellas las mueve, algo que no pasa si mandamos fotones a la puerta de un coche para ver si está abierta o cerrada.

Reconozcamos la realidad, aceptemos el formalismo, pero no derivemos del formalismo ideas místicas de mundos separados y leyes mágicas y misteriosas.

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