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Los avances en biomarcadores y la optimización del tratamiento marcan el futuro del cáncer de testículo

El cáncer de testículo es el tumor más frecuente en varones entre los 15 y los 35 años y en España se estiman 1.705 nuevos casos anuales

El cáncer de testículo continúa siendo uno de los grandes ejemplos de éxito terapéutico en Oncología. Se trata del tumor más frecuente en varones jóvenes y, aunque representa aproximadamente el 1% de los tumores en hombres, mantiene unas tasas de curación muy elevadas gracias al desarrollo de los tratamientos basados en cisplatino.

En el momento actual, los esfuerzos se centran en mejorar la caracterización biológica de los tumores germinales, especialmente en aquellos casos con peor pronóstico o resistencia a platino, así como en optimizar el tratamiento y reducir la toxicidad a largo plazo en una población mayoritariamente joven.

En el marco de la campaña de comunicación En Oncología cada AVANCE se escribe en Mayúsculas, Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) da a conocer la evolución y los avances médicos que se han sucedido en estas últimas décadas en el tratamiento de los diferentes tumores, en este caso, del cáncer de testículo, coincidiendo con el mes de abril, de concienciación sobre el mismo.

Los estudios de secuenciación de última generación han puesto de manifiesto que los tumores germinales presentan una baja carga mutacional en comparación con otros tumores sólidos, si bien se han descrito alteraciones potencialmente relevantes. Entre ellas, destacan las alteraciones en TP53 y MDM2 en tumores refractarios a platino, especialmente en los de localización mediastínica. Asimismo, el análisis del Atlas del Genoma del Cáncer (TCGA) ha evidenciado diferencias moleculares entre subtipos, con alteraciones en genes como KIT y NRAS en seminomas, y otras descritas en análisis genómicos exploratorios como CAPN7, FAT4 o GRK1 en el carcinoma embrionario.

Entre los avances más recientes destaca el desarrollo de nuevos biomarcadores, como el microARN miR-371a-3p, con potencial utilidad en el diagnóstico, la monitorización y la detección de recaídas, aunque su incorporación a la práctica clínica todavía requiere validación adicional.

Otra de las áreas de interés es la desescalada terapéutica, con el objetivo de mantener la elevada eficacia reduciendo los efectos adversos. En este sentido, las guías europeas han actualizado sus recomendaciones y existen estudios con seguimiento prolongado como el ensayo SAKK 01/10, que refuerzan el interés por abordajes que puedan permitir mantener la eficacia reduciendo la toxicidad aguda y tardía en pacientes seleccionados.

Paradigma de tumor curable

El cáncer germinal de testículo se convirtió en la segunda mitad del siglo XX en el paradigma de tumor metastásico curable con quimioterapia. En 1956 se describió el primer tratamiento quimioterápico eficaz para el coriocarcinoma, lo que supuso un hito en Oncología. Sin embargo, no fue hasta la década de 1970 cuando el cáncer de testículo pasó a considerarse una enfermedad curable, gracias a la introducción del cisplatino y al desarrollo de esquemas de combinación, que incrementaron las tasas de curación desde aproximadamente un 10% hasta cifras cercanas al 60%.

Posteriormente, la optimización de estos tratamientos permitió alcanzar tasas de curación superiores al 90% incluso en enfermedad metastásica. Durante la década de los años 80, se desarrollaron estrategias de rescate con quimioterapia a altas dosis y soporte con progenitores hematopoyéticos, que han permitido curar a un subgrupo de pacientes con enfermedad resistente a múltiples líneas de tratamiento. En este contexto, el ensayo internacional fase III TIGER, que compara la quimioterapia convencional frente a la quimioterapia a altas dosis en primera recaída, constituye uno de los estudios más relevantes en este ámbito, cuyos resultados se encuentran pendientes y podrían ayudar a definir el estándar terapéutico en estos pacientes.

En la actualidad, debido a las elevadas tasas de curación, los esfuerzos se centran en reducir la toxicidad de los tratamientos, optimizar el seguimiento y mejorar la calidad de vida de los largos supervivientes, prestando especial atención a las secuelas cardiovasculares, metabólicas, renales, neurológicas y al riesgo de segundas neoplasias.

En definitiva, el cáncer de testículo sigue siendo un modelo de tumor curable. El reto actual es avanzar en una medicina más precisa, identificar mejor a los pacientes con mayor riesgo y continuar reduciendo el impacto a largo plazo de tratamientos altamente eficaces.

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