Tras un año completo de observaciones, el equipo científico registró más de 21.900 interacciones entre aves y frutos. Uno de los resultados más llamativos es que el 96% de las especies de aves mostró múltiples roles funcionales, que alternaba entre depredación de semillas, consumo de pulpa y dispersión de semillas
Un nuevo estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana - CSIC y la Universidad Pablo de Olavide revela que las interacciones entre las aves y las plantas de las que se alimentan son mucho más complejas y variables de lo que se pensaba. La investigación, publicada en Communications Biology (Nature Portfolio), muestra que las aves no desempeñan un único papel ecológico en la naturaleza, sino que éste puede oscilar a lo largo de un continuo entre el antagonismo (depredación de semillas) y el mutualismo (dispersión de semillas). Esto da lugar a mecanismos de dispersión que no pueden explicarse únicamente mediante las aproximaciones tradicionales centradas en las características físicas de frutos y semillas.
Para comprender mejor estos procesos, el equipo científico realizó un estudio exhaustivo del comportamiento alimentario de 25 especies de aves en entornos humanizados de Sevilla. "Dada nuestra experiencia previa en ecosistemas forestales, como selvas tropicales, sabíamos que observar en detalle estas interacciones sería mucho más difícil allí. Por eso, elegimos ambientes urbanos y rurales, donde el seguimiento sistemático y detallado de los individuos durante sus periodos de alimentación es más accesible", explica Fernando Hiraldo, coautor del estudio e investigador de la Estación Biológica de Doñana.
Tras un año completo de observaciones, el equipo científico registró más de 21.900 interacciones entre aves y frutos. Uno de los resultados más llamativos es que el 96% de las especies de aves mostró múltiples roles funcionales, que alternaba entre depredación de semillas, consumo de pulpa y dispersión de semillas.
"Estos procesos dependen de múltiples factores que actúan de forma conjunta, como el tamaño del fruto en relación con el tamaño del ave, el tipo de fruto, su madurez o la estrategia de alimentación", señala Dailos Hernández-Brito, primer autor del estudio. "Por ejemplo, semillas que normalmente se dispersan tras ser ingeridas también pueden ser transportadas por aves a priori categorizadas como depredadoras de semillas, especialmente cuando los frutos son grandes, carecen de pulpa o aún están inmaduros", añade.
Otro hallazgo relevante es que el 50% de las plantas mostraron múltiples vías de dispersión de sus semillas, en las que coexistieron distintos mecanismos como la endozoocoria (ingestión de semillas), la estomatocoria (transporte de propágulos a posaderos) y la epizoocoria (adhesión de semillas al plumaje tras alimentarse). "Este proceso de dispersión en varias fases, conocido como policoria, ha recibido poca atención hasta ahora", subraya Hernández-Brito. "Esto ha llevado a subestimar el papel de ciertos animales y a ignorar mecanismos de dispersión en plantas que no presentan frutos carnosos", añade Hiraldo.
El estudio también pone el foco en la variabilidad a nivel individual. Los investigadores comprobaron que tanto el continuo entre antagonismo y mutualismo como la policoria no son excepcionales, sino procesos frecuentes. "A nivel de planta, estos patrones aparecieron aproximadamente en el 50% y el 38% de los individuos observados, respectivamente", explica Martina Carrete, coautora del trabajo y profesora de la Universidad Pablo de Olavide. "Fueron más comunes cuando las aves se alimentaban durante más tiempo de frutos pequeños y carnosos, y cuando las plantas atraían a una mayor diversidad de consumidores, lo que resalta la importancia del contexto en estos procesos ecológicos", añade.
El presente estudio aporta una sólida evidencia de que las interacciones entre plantas y aves son altamente dinámicas y dependen fuertemente del contexto. Esto desafía las clasificaciones tradicionales, que asignan roles fijos a las especies, y a su vez cuestiona los enfoques basados únicamente en rasgos morfológicos para definir los modos de dispersión de semillas.
"Es probable que procesos similares ocurran en otros grupos de animales y plantas, lo que nos obliga a replantear el papel de los depredadores de semillas y de mecanismos de dispersión poco estudiados dentro de las redes ecológicas", concluyen los investigadores. Aunque este desafío es considerable, también abre nuevas oportunidades para explorar dimensiones aún poco conocidas, como la policoria y la plasticidad del comportamiento dentro de una misma especie, y su influencia en el funcionamiento de los ecosistemas.
Referencia bibliográfica:
Dailos Hernández-Brito, Fernando Hiraldo, Jaume Izquierdo-Palma, José L. Tella, Martina Carrete. Context-dependent plant–bird interactions shape polychory across the antagonism–mutualism continuum. Communications Biology. https://doi.org/10.1038/s42003-026-10142-x