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Un fósil extraordinario de los Pirineos revela cómo era la piel y el patrón de color de los cocodrilos de hace 125 millones de años

Un nuevo estudio publicado en "Zoological Journal of the Linnean Society" describe, por primera vez con detalle, los tejidos blandos preservados en "Montsecosuchus depereti", un cocodrilomorfo del Cretácico inferior procedente del yacimiento de la Pedrera de Meià, en la provincia de Lleida

Hace aproximadamente 125 millones de años, un pequeño cocodrilo murió en las aguas de un lago kárstico próximo a la costa de lo que hoy es el Prepirineo catalán. Su cuerpo se conservó en condiciones excepcionales entre los sedimentos finos de aquella cuenca lacustre, que con el tiempo se convertirían en las calizas litográficas de la Pedrera de Meià, dentro del Global Geoparc Unesco Orígens. El ejemplar, de unos 50 centímetros de largo, catalogado como MGB-512 y conservado en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona, fue descubierto hace más de un siglo y estudiado parcialmente en los años 90, pero ahora un equipo de investigación ha logrado extraer información inédita: la morfología y la distribución de sus tejidos blandos.

Durante los trabajos para elaborar una base de datos de los fósiles de las calizas litográficas del Montsec depositados en diversos museos catalanes y europeos, los paleontólogos Óscar Castillo y Jesús Serrano se dieron cuenta de que el holotipo del Montsecosuchus depereti mostraba estructuras que podrían corresponder a tejidos blandos de este animal cuando se exponía a luz ultravioleta. Bajo esta luz, clave en este estudio, los tejidos fosilizados destacan de manera diferente respecto a la roca que los rodea. Esto hace posible ver estructuras que bajo luz normal pasan desapercibidas.

"La luz UV nos permite ver detalles que de otra manera quedarían completamente escondidos en la roca", explica Óscar Castillo-Visa, primer autor del trabajo.

Gracias a este método, el equipo de investigación ha podido documentar diversos tipos de tejidos blandos, entre los cuales hay escamas epidérmicas. Aunque la especie se conoce desde principios del siglo XX, este nuevo estudio ha permitido describir por primera vez cómo era la piel de este cocodrilo primitivo, mostrando una gran variabilidad de formas y tamaños de las escamas a lo largo del cuerpo o la ausencia de la aleta caudal alta típica de los cocodrilos actuales.

El estudio también apunta a la posible presencia de órganos sensoriales en la piel, en algunas inclusiones de escamas, sobre todo en el cuello, en las extremidades y en los márgenes laterales del tronco y la cola. En los cocodrilos actuales, estos órganos funcionan como receptores del tacto y variaciones de la presión del agua, y también pueden responder a estímulos térmicos y químicos. El hecho de que en Montsecosuchus aparezcan exclusivamente en escamas pequeñas y periféricas podría indicar que estas estructuras evolucionaron inicialmente en zonas localizadas antes de extenderse por toda la superficie corporal en los linajes posteriores.

La luz ultravioleta también ha revelado estructuras cartilaginosas en el tórax, que indican que Montsecosuchus ya disponía de un sistema respiratorio eficiente, parecido en algunos aspectos al de los cocodrilos modernos. Todo ello sugiere que, incluso en una etapa temprana de la evolución del grupo, algunos crocodilomorfos ya disponían de una anatomía torácica muy sofisticada.

"Estos rasgos nos indican que, a pesar de ser un animal primitivo, ya estaba muy bien adaptado a un estilo de vida semiaquático", concluye Castillo-Visa.

Pero el hallazgo más sorprendente es la evidencia de un patrón de coloración conservado en la cola. En algunas escamas de la zona caudal, la luz UV hace visibles bandas claras y oscuras dispuestas transversalmente, un patrón que los investigadores interpretan como coloración original del animal. Estas bandas podrían haber tenido una función de camuflaje disruptivo, es decir, ayudar a romper visualmente la silueta del cuerpo. Si esta interpretación se confirma, Montsecosuchus se convertiría en el miembro más antiguo de los cocodrilomorfos con coloración preservada.

"De momento no podemos asegurar de qué color era la cola del cocodrilo, pero sería esperable que no fuese tan diferente de las especies actuales, que también muestran patrones de coloración distintos", explica Albert G. Sellés, coautor del artículo.

Los resultados del estudio aportan información clave sobre la evolución temprana de la piel, la respiración y la biología externa de los crocodilomorfos, y demuestran la importancia del registro fósil catalán para entender la historia evolutiva de los vertebrados.

Además de Óscar Castillo-Visa y Albert G. Sellés, han participado en la investigación Àngel Galobart (Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont y director del Museu de la Conca-Dellà), y Phil Bell, de la University of New England.

La investigación ha sido financiada principalmente por los proyectos VEBPI, PLEC2021-007903 y ARQ001SOL-173-2022, con apoyo del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, el programa NextGenerationEU/PRTR, el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya y el programa CERCA.

La Pedrera de Meià, un yacimiento excepcional

La Pedrera de Meià es considerada un Konservat-Lagerstätte, es decir, un yacimiento de excepcional preservación donde los fósiles no conservan solo los huesos, sino también partes blandas que raramente fosilizan. Este valor científico ha hecho del yacimiento un referente para estudiar peces, anfibios, reptiles y plantas del Cretácico inferior. A fecha de hoy se han recuperado más de 8.000 ejemplares fósiles.

Los fósiles de este yacimiento tan espectacular y tan poco conocido se pueden visitar en el Centre d'Interpretació del Montsec de Meià, en la localidad de Vilanova de Meià, donde se exponen más de un centenar de fósiles de preservación excepcional. El Geoparc Orígens ha desarrollado una página web donde se pueden apreciar los fósiles más representativos. Destacamos la presencia de arañas, moscas, avispas o escarabajos, larvas de insectos, crustáceos, de vertebrados como peces y anfibios y una muestra excepcional de plantas, entre las cuales destaca la Montsechia, la primera angiosperma conocida en el mundo. Este centro forma parte del proyecto Dinosaures dels Pirineus, un conjunto de museos y centros de interpretación que muestran la riqueza paleontológica de los yacimientos del Pirineo catalán.


Referencia bibliográfica:

Castillo-Visa, O., Bell, P. R., Galobart, À., & Sellés, A. (2026). Soft tissue preservation in the Barremian Montsecosuchus depereti (Neosuchia: Atoposauridae). Zoological Journal of the Linnean Society, 207, zlag076. https://doi.org/10.1093/zoolinnean/zlag076

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