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La locura humana (de nuevo y otra vez)
Leyendo un libro de historia (que pretende estudiar la historia desde Sumer hasta nuestros días), leo las frases siguientes:
Leyendo un libro de historia (que pretende estudiar la historia desde Sumer hasta nuestros días), leo las frases siguientes:
Cuando todo lo que aprendemos de la historia es que es en las situaciones de crisis cuando debemos invertir en futuro, cuando insistir en los errores del pasado solo nos puede llevar a intensificar la crisis aun más, a hundirnos en la más absoluta miseria, los ciegos siguen insistiendo en el camino hacia el precipicio:
La idea de que la ciencia debe ser vigilada, garantizada, supervisada por funcionarios que de ella ni la misa la media, deriva, en los últimos 15 años, de la labor de un parlamentario europeo por el Reino Unido, que insiste una y otra vez en que «el dinero de los contribuyentes no se puede tirar en unos vagos que pierden el tiempo en los laboratorios», evidentemente sin mirarse el al espejo. Porque ¿qué produce un parlamentario europeo mas que tirar…
La ciencia es una aventura del pensamiento.
El debate es bienvenido y llega con años de retraso.
En un país en el cual los presos salen de la carcel a la calle a delinquir un dia si y otro también, es estimulador que un juez, ¡por fin! se tome las cosas en serio y dice una sentencia que, realmente, no necesitaba estudio.
El cambio climático es una realidad, y es una realidad pavorosa. Está escondido, porque es un efecto no lineal, de realimentación positiva, y cuando salga de verdad, pero de verdad, a la luz, sus efectos serán rápidos e irresistibles.
Estamos, en todo el mundo, (o al menos en el mundo occidental) en una de las crisis, o más bien, de las etapas periódicas de decrecimiento de la economía.
Ayer me trajo mi hijo unos periódicos, como el Financial Times, de esos que dan en los aviones. No suelo hojear esas cosas, pero ayer les eché una mirada. Me quedé horrorizado. Parece que los financieros (es de suponer que son los que leen esas cosas) son unos críos de teta. De verdad. Unos críos que viven al minuto, que necesitan chutes cada tres horas, pues su interés no llega más allá. Que viven en el presente, como los bebés,…
El otro día lo profeticé. Hoy ya lo estamos viendo: El avión estaba perfecto, había pasado todos los controles, había recibido todas las inspecciones.