¿Por dónde pasa el eje del mal? ¿Seguirá sin aclararse el caso de los ataques de ántrax de 2001?

autor: Miguel Vicente

Acaba de fallecer, al parecer por suicidio, un científico norteamericano a quien se iba a acusar de participar en los ataques de terrorismo biológico que sucedieron a los ataques a las torres gemelas de Nueva York en el otoño de 2001. No parece que esto vaya a ayudar mucho a esclarecer los hechos, pero las primeras  interpretaciones que culpaban a terroristas del “eje del mal” se debilitan más.


Fort Detrick. Logo de las instalaciones norteamericanas de alta seguridad de Fort Detrick en Maryland. Si todo se confirmase el “eje del mal del ántrax” podría haber estado alojado en ellas.

El terror en 2001
Poco después del pavor que conmovió al mundo el 11 de septiembre de 2001, cuando las torres del World Trade Center de Nueva York se derrumbaron tras el impacto de dos aviones comerciales desviados de su ruta por comandos terroristas, algún desaprensivo envió unas cartas a personas muy bien elegidas para que sus efectos, escondidos tras su apariencia normal, tuvieran la mayor difusión posible. En las cartas había tan sólo polvo, pero era un polvo hecho de esporas de Bacillus anthracis, la bacteria causante de la enfermedad del carbunco. Respirarlas provoca el llamado ántrax pulmonar que, si la infección no se detecta rápidamente y se trata al enfermo con los antibióticos adecuados, es en la mayoría de los casos mortal. En Nueva York, Florida y Washington empezó a morir gente, un total de cinco personas; algunos, a quienes tras la alarma provocada por las primeras víctimas se les detectó la infección a tiempo y se les administraron los antibióticos adecuados, lograron salvarse. De forma precipitada los medios de comunicación atribuyeron la responsabilidad de las cartas a los mismos grupos terroristas que atacaron las torres gemelas.


LA ENFERMEDAD:

El Bacillus anthracis es una bacteria de forma alargada de un grupo que los científicos clasifican por la estructura de su cubierta como Grampositivos y se encuentra en el suelo de todo el planeta. Fue identificado por Robert Koch en 1877. Produce una enfermedad que ataca especialmente a los animales herbívoros debido a su forma de alimentarse a ras de suelo, en donde sus esporas en las condiciones adecuadas son capaces de vivir durante muchos años. Tiene tres formas de manifestarse, según la vía por la que entra en el organismo. En todos estos casos, el período de incubación es de dos a cinco días. Pero en un accidente que ocurrió en la antigua Unión Soviética en el que se escaparon al ambiente una gran cantidad de esporas se detectaron casos hasta 43 días después.
La forma más corriente de la enfermedad (95% de los casos) es el carbunco o ántrax cutáneo, debida a la entrada de la bacteria a través de rozaduras o heridas en la piel en las que se establece formando una escara de color carbón de donde deriva el nombre de la enfermedad y del microbio. Es la menos peligrosa aunque si no se trata puede causar la muerte en un 20% de los casos, pero si se trata con antibióticos, entre ellos algunos similares a la penicilina, se cura casi siempre.
En el ántrax pulmonar la muerte se produce en un 90% de los casos pero no se puede contagiar por el enfermo. El contagio se produce solo al inhalar las esporas de la bacteria. Los síntomas iniciales parecen una gripe con fiebre, tos, fatiga y dolores en el pecho. A los dos o cuatro días, cuando los microbios se trasladan a los nódulos linfáticos hay fiebre mas alta, sudoración, la respiración es difícil y la piel se amorata. Las esporas liberan toxinas que producen hemorragias internas, edema pulmonar, muerte de las células y, finalmente, la muerte cuando los órganos del cuerpo se hacen incapaces de mantener las funciones vitales.
La vía gastrointestinal, mortal en un 50% de los casos, es muy poco frecuente y se adquiere por comer carne de animales que han muerto infectados. Produce fiebre, náuseas y vómitos, dolor abdominal y, a veces, diarrea sanguinolenta.

LAS ESPORAS:

Las esporas son formas que adoptan algunas bacterias para resistir lasinclemencias del ambiente y sobrevivir cuando el alimento escasea. Parael bacilo del ántrax, los animales y nuestro cuerpo somos su alimento.En la forma más grave de la enfermedad, la pulmonar, las esporaspenetran con el aire que respiramos hasta alcanzar los alvéolos en elinterior de los pulmones. Allí los macrófagos, las células de nuestrosistema inmune que se tragan a los microbios que nos invaden y nosprotegen de la enfermedad, las engloban y se las llevan a los nóduloslinfáticos, un sitio donde apenas llegan los antibióticos con los quese podrían combatir. Al despertar de su letargo adquieren una cubiertaque impide que la bacteria vuelva a ser sea devorada y producen todoslos componentes necesarios para su reproducción, y un veneno que sedifunde por el cuerpo y paraliza el metabolismo de nuestras células. Alcabo de un par de días los bacilos se han multiplicado formando unamultitud de individuos, cada uno de ellos “chiquito pero matón”. Apartir de ese momento la enfermedad progresa con rapidez y antes de unasemana se produce la muerte.

Las 46 colecciones de cultivos de gérmenes que el Washington Post inicialmente identificaba como posibles fuentes de las esporas de carbunco utilizadas para desatar el terror entre la población en el otoño de 2001. Los puntos de color marrón identifican cada una de las colecciones, los países coloreados de amarillo indican que, según el Washington Post, se sospecha que ese país ha trabajado en “armas biológicas” incluyendo el ántrax.

¿El eje de mal?
El periódico Washington Post publicó un mapa con la localización geográfica de las 46 colecciones de microorganismos, todas de fuera de los Estados Unidos, que podrían haber suministrado la bacteria del ántrax a los científicos. Se suponía que las bandas terroristas habían contratado a científicos desaprensivos, por supuesto no estadounidenses, o les habían comprado esporas de carbunco. Pero cuando se analizó la bacteria por los procedimientos de ADN recombinante y PCR, se concluyó que procedía de una estirpe que se denomina de Ames, pueblecito de los Estados Unidos, donde en 1950 murió una vaca víctima del carbunco. De ella se aisló una muestra de Bacillus anthracis que se depositó en una colección alojada en Fort Detrick en donde permaneció perfectamente documentada y de donde tan sólo salió una vez en los años 80 para ir a Inglaterra, al laboratorio de alta seguridad  de Porton Down, de allí no había salido más que en un único viaje de vuelta a un laboratorio del estado de Utah en 1992. La existencia de conexiones internacionales quedaba en entredicho.


Las fuentes oficiales de Fort Detrick pronto indicaron que la estirpe de Ames del ántrax se distribuyó a cinco lugares. Uno de ellos, un laboratorio inglés, envió la bacteria al menos a una universidad norteamericana. Poco después de los episodios  los investigadores  determinaron que la estirpe de Ames es el tipo de bacteria del ántrax utilizada para provocar el terror.


Claire lo aclara
A principios de 2002 Claire Fraser, una de las personas que más genomas ha secuenciado, se propuso secuenciar todo el genoma de Bacillus anthracis. Usó varias estirpes, la procedente de Inglaterra, la muestra de la vaca de Ames, la de varios laboratorios americanos donde se guardaba esa estirpe y la procedente de algunas víctimas americanas del otoño de 2001. El resultado fue que la bacteria procedente de una de las víctimas del estado de Florida era diferente a la aislada de casos recientes de animales muertos de carbunco y se distinguía bien de la estirpe de Ames que había regresado desde Inglaterra.


Árbol genealógico propuesto para las estirpes Ames analizadas por Claire Fraser y colaboradores. La estirpe aislada en Florida procedía de uno de los sobres enviados durante el episodio de terrorismo.


A las estirpes de Ames que más se parecía era a las guardadas en los laboratorios de los Estados Unidos. Otros datos de la investigación policial indicaron que el criminal que envió las cartas tenía muy buenos conocimientos sobre cómo manejar el bacilo, es más, conocía muy bien algo que es imprescindible para provocar la enfermedad: la técnica para convertir las esporas en un polvo de un tamaño pequeño, capaz de penetrar hasta los alvéolos del pulmón. Si las partículas hubiesen sido de mayor tamaño las víctimas del ataque las habrían expulsado al estornudar. Esa técnica es poco conocida fuera de unas cuantas instalaciones norteamericanas de alta seguridad. Con todos estos resultados lo que en un principio había sido catalogado por la prensa como un ataque del terrorismo internacional se quedó en un caso criminal, no bien esclarecido todavía, perpetrado posiblemente por un norteamericano contra su propio país y que ciertamente aterrorizó a la sociedad estadounidense.
La investigación científica podrá ayudar en el futuro a combatir el ántrax pulmonar incluso tras la fase en la que ya los antibióticos no pueden hacer nada. El bacilo del ántrax mata porque produce una toxina que confunde a las células del organismo y acaba por envenenarlas. Ya se ha descubierto la estructura molecular de esta toxina y es previsible que en un futuro no muy lejano se encuentren medicamentos que frenen su acción tóxica sobre nuestras células.

Este artículo es una actualización y adaptación de parte del capítulo “Beneficios y riesgos de los avances en la biotecnología” escrito por Miguel Vicente y publicado en el libro “Los retos medioambientales del siglo XXI” p. 255- 270, compilado por Montserrat Gomendio y publicado por la Fundación BBVA en 2004.


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