Si Ulises fuera un antibiótico…

Portada de la adaptación al cómic del relato de Homero sobre las aventuras de Odiseo (aka Ulises). Origen de la imagen

Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.

Constantino Kavafis – Ítaca

Imaginemos el desarrollo de un antibiótico como un camino. En el comienzo se encuentran los científicos que buscan esas nuevas moléculas capaces de destruir a los patógenos. Al final de la ruta nos encontramos a los médicos, farmacéuticos y pacientes que van a recetar o usar dichos antibióticos. Pero a diferencia del poema de Constantino Kavafis lo que queremos es que el viaje sea lo más corto posible.

¿Qué es lo que hay en medio? En La Odisea de Homero tenemos a unos cuantos monstruos y aventuras que ponen en aprietos a Ulises. Y eso está muy bien para mantener la emoción de un relato de aventuras. Pero en el desarrollo de un antibiótico no hay lestrigones y cíclopes, lo que hay son ensayos clínicos, experimentos de doble ciego, regulaciones sanitarias y mucho trabajo que cuesta, mucho, mucho dinero. La duración del proceso de encontrar un antibiótico y poder venderlo en una farmacia puede llegar a durar unos diez años, la misma duración del viaje de Ulises.

¿Se podría acortar ese proceso? Por ahora es difícil. Por un lado ya vimos en este blog que la búsqueda de nuevas dianas no es sencilla. Por otro, las normativas sanitarias son bastante estrictas porque se supone que se va a vender un medicamento para curar a la gente y por lo tanto hay que estar bastante seguros de lo que se hace no vaya a repetirse lo de la talidomida. Ese es uno de los motivos por los que los ensayos clínicos son tan largos y complejos.

Pero quizás el principal problema es el económico. Se calcula que desarrollar un nuevo medicamento cuesta una media de 1000 millones de dólares ¿Por qué es tan caro desarrollar un nuevo medicamento? Los motivos son varios. Según se va avanzando en el desarrollo de un ensayo clínico se necesita más cantidad de medicamento. Además, hay que pagar también a los investigadores (aunque cueste creerlo, los científicos no vivimos del aire). También hay que pagar todos los seguros de los voluntarios, sanos o enfermos, en los ensayos clínicos. Finalmente, en La Odisea, Ulises deja Troya con todos sus compañeros. Al final de su viaje, solo él ha sobrevivido. Algo parecido pasa con los nuevos medicamentos. Muchos son ensayados, pero solo unos pocos llegan al final del proceso (se calcula que de cada 10.000 compuestos, solo 1 llega al final). Lo que pasa es que ese medicamento que ha llegado debe pagar los gastos tanto de su desarrollo como de todos aquellos que han sido descartados.

Teniendo en cuenta lo anterior se puede entender que las compañías farmacéuticas estén interesadas en invertir en el desarrollo de medicamentos que, si son aprobados, sean muy rentables. ¿Son los antibióticos rentables? Se ha calculado que por cada dólar invertido en el desarrollo de un antibiótico se pueden generar unos 100 dólares de beneficio. Así que parece que sí lo son… hasta que los comparas con otros medicamentos. En el caso de los analgésicos musculares el beneficio por dólar invertido es de 1150 dólares.

¿Adivina usted lo que está pasando? Pues que muchas compañías farmacéuticas han ido abandonando la investigación en antibióticos y se han puesto a investigar en otro tipo de medicamentos que sean rentables. Entre 1990 y 2010 el número de grandes compañías farmacéuticas que investigaban en antibióticos bajó de 18 a 4. Esto hizo que se encendieran todas las alarmas y que tanto desde el sector público como del privado se lanzaran una serie de iniciativas para paliar la situación.

Tormenta Perfecta
En la gráfica se compara el incremento en el número de cepas resistentes a los antibióticos (MRSA: Staphylococcus aureus resistente a meticilina; VRE: Enterococcus resistente a vancomicina; FQRP: Pseudomonas resistente a fluoroquinolonas). En azul se representa el número de antibióticos aprobados a lo largo de los años. Origen de la imagen: Nature

Ahora mismo estamos en medio de la Semana de Concienciación del buen uso de los Antibióticos y hoy es el Día Europeo del uso prudente de los Antibióticos. En los medios de comunicación y en las redes sociales aparecen diferentes noticias, reportajes y campañas de concienciación que se están llevando a cabo para procurar que los antibióticos sigan siendo medicamentos eficaces en el futuro próximo sobre todo explicando a los consumidores que deben de ser responsables en su uso. Otras noticias tratan de describir los esfuerzos que se están haciendo por parte de diversos grupos de investigación para encontrar nuevas sustancias antimicrobianas. En esa categoría se encuentra la iniciativa Small World, un proyecto de ciencia ciudadana a nivel mundial en el que España está involucrada. Comenzó en el año 2016 en la Universidad Complutense y este año ya se ha extendido a más de 20 instituciones universitarias.

¿Y qué están haciendo las compañías farmacéuticas? Pues varias cosas. Por un lado unir esfuerzos con el sector público como responsable último de las regulaciones sanitarias. Se ha propuesto que los ensayos clínicos para los nuevos antibióticos sean distintos a los de otros medicamentos, lo que permitiría abaratar costes y que el proceso fuera más corto. También se han puesto a investigar en mejores herramientas de diagnóstico. Un problema relativamente sencillo es determinar si un cuadro clínico es debido a una infección vírica o a una infección bacteriana. Pero lo que es realmente complicado y lento es determinar si una infección bacteriana está producida por un tipo de bacteria u otro, y si esa bacteria es resistente a ciertos antibióticos o no. Cuanto más tiempo se tarda en dar un buen diagnóstico mayor es la probabilidad de suministrar antibióticos inadecuados y por lo tanto mayor probabilidad de generar resistencias. Finalmente, en diversos países las industrias farmacéuticas se han comprometido a modernizar sus instalaciones y protocolos medioambientales para evitar que los antibióticos puedan ser liberados al medio ambiente de manera accidental.

Esperemos que todas las iniciativas tengan éxito, porque para el 2050 solo quedan 33 años.

Otros enlaces de interés:

Rise of the Superbugs: How is Biotech Fighting Antibiotic Resistance?
IFPMA Roadmap to Combat Antimicrobial Resistance
IFPMA Declaration
World Antibiotic Awareness Week: Here are Biotech’s Top 5 Strategies to Overcome Resistance

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