Archivo de abril, 2008

LAS ESPECIALIDADES EN FISIOTERAPIA: UNA NECESIDAD

En el ámbito de las ciencias biológicas los avances son constantes, provocando la necesidad de una actualización exigente en mayor o menor grado. La fisioterapia, ocupada y preocupada por el cuerpo humano, no debe permanecer impasible ante  este hecho si quiere procurarse prestigio  social y el reconocimiento de las demás profesiones sanitarias.

La puesta al día, la vigilia ante los nuevos avances, el conocimiento profundo, hace necesario, ineludible diríamos nosotros, un empuje decidido hacia las especialidades en Fisioterapia. La ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias, establece en su artículo 19.1 que “podrán establecerse especialidades en Ciencias de la Salud para los profesionales expresamente citados en los artículos 6 y 7 de esta ley”, estando entre estos profesionales (art.7.2.b) los fisioterapeutas. La especialización es un hecho conocido en otras profesiones, siendo paradigmático el caso de Medicina, con especialidades reconocidas oficial y socialmente. No sólo es preceptiva, sino que los usuarios de los servicios prestados por los médicos no aceptaríamos de buen grado que una consulta o atención fuera satisfecha por otro profesional que el que tenga la especialidad pertinente. La Enfermería, como consecuencia lógica del avance del conocimiento, ha seguido también el camino de la especialización, existiendo en la actualidad hasta siete especialidades dentro de la disciplina.

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SOBRE LOS MEDIOS PARA NUESTRO TRABAJO Y LA DISTRIBUCIÓN DE RECURSOS EN SANIDAD

En un entorno de recesión económica y de contención y de reajuste del gasto público, al que no será ajeno el sector sanitario, la puesta en marcha de nuevas dotaciones asistenciales puede condicionar la modernización y el funcionamiento de las ya existentes, afectando también a la gestión de personal.

La sanidad pública de la Comunidad de Madrid está de enhorabuena. La puesta en marcha de los nuevos centros de atención especializada (Hospital Infanta Sofía, Hospital del Henares, Hospital Infanta Leonor, Hospital del Suroeste, Hospital Infanta Cristina, Hospital del Tajo, Hospital Puerta de Hierro, Hospital Infanta Elena) ha de procurar una atención más cercana, un aumento de medios materiales y humanos, y con el mantenimiento de altos niveles de calidad y de suficiencia cientificotécnica. Al menos eso es lo que se debe esperar de los administradores. Parece este un mensaje irónico en un escenario de huelga en la Atención Primaria y de amotinamientos en algún servicio de urgencia y denuncias de déficit de personal. Más bien tendrían razón, al menos en algo, los más agoreros.

Lo cierto, a nuestro entender, es que el proceso de inicio de cualquier hospital es complejo, lleno de avatares, desajustes imprevistos e inconvenientes nunca oportunos. Esto se multiplica cuando se coordina el mismo proceso coetáneamente en un número de centros como en el caso de Madrid. Por ello, más allá de cualquier juicio apriorístico, no sobra la licencia a los encargados de proceso tan complejo, y cierto grado de permisividad y comprensión ante los errores poco difíciles de cometer.

Sin embargo, los administrados, usuarios del sistema, potencialmente todo ciudadano, y los trabajadores que componen las plantillas de los centros asistenciales, no deberíamos permanecer impasibles ante los cambios y riesgos que puede suponer esta renovación de la sanidad madrileña. Como usuarios, de forma individual o en agrupaciones, debemos velar porque los servicios prestados estén a la altura que la legislación reconoce. El acceso a la información de los derechos que nos asisten, cada vez mayor, no debería ser una amenaza para los prestadores de servicios, verbigracia los fisioterapeutas, sino un garante de la traducción real de esos derechos.

Como integrantes de la nómina de trabajadores del Sistema Público de Salud nos interesa conocer la trascendencia que el preciso crecimiento del mismo puede tener. Y es esto lo que, como miembros de plantilla, alejados de los manejos de altura, de las grandes cuentas, de las diatribas políticas, nos hace reflexionar sobre este asunto. En esta situación nos damos cuenta de algunos detalles que nos alertan, nos despiertan sana preocupación como defensores de una prestación eficiente de servicios. Desde nuestro puesto de trabajo, a pie de paciente, en una unidad de fisioterapia cualquiera, nos damos cuenta de la falta de un plan de necesidades renovado, como los pudo haber en años anteriores. Además, esto se hace extensivo al resto de servicios y unidades (por ejemplo, en una UCI no disponen de las hamacas necesarias para las grúas elevadoras de pacientes). Así, cualquier renovación y la adquisición de nuevos medios materiales se demoran sine díe. Nosotros llevamos años reclamando un simple pulsioxímetro para fisioterapia respiratoria sin respuesta. Mientras, llegan noticias de compras caprichosas, injustificadas, como la de seis aparatos de laserterapia en alguno de los nuevos hospitales, mientras no se dispone de camillas de tratamiento adecuadas (¡en unidades de fisioterapia!).

Nosotros sólo podemos opinar, con cierto conocimiento, de lo que pasa en nuestro entorno más cercano y de lo que nos puedan comunicar algunos colegas. Pero escama pensar en otros entornos hospitalarios. Como dijimos, son comprensibles errores. Aún así debe primarse una adecuada gestión de recursos, máxime si son escasos. Lo que nos espanta es comprobar restricción y despilfarro a la vez, poniendo pegas a peticiones interesadas en una mejor atención, hechas por profesionales comprometidos.

Esperamos que nuestros gestores sepan digerir este proceso traumático y nos demuestren su intención de potenciar una sanidad accesible, eficaz y eficiente.

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