Posts etiquetados con ‘Formación posgrado’

¿POR QUÉ HACEMOS CURSOS LOS FISIOTERAPEUTAS?

La respuesta a la pregunta que plantea el título de esta entrada parece, por obvia, innecesaria. Al menos a primera vista. Responda usted con otra pregunta, ¿por qué va a ser? Tal vez si alargamos un poco el título haya matices a la respuesta. ¿Por qué hacemos tantos cursos los fisioterapeutas?

Quizá sea útil, con alguna modestia y rubor, autorreferenciarnos y sugerir la lectura de dos entradas ya viejas pero vigentes. En 2011 y en 2013 hablamos de la formación posgrado y su modalidad en formación a distancia, asíncrona o síncrona. Si aún quiere conocer nuestras propuestas, acertadas o no, puede leer otras entradas etiquetadas como “formación posgrado“.

Asumimos el riesgo de la redundancia pero abundaremos un poco más en este asunto. Y es que en el ámbito de la formación la aún presente pandemia de la Covid-19 ha supuesto un hito, un impulso a maneras de hacer cursos que ya estaban antes presentes. Se ha convertido en natural y habitual hacer cursos por distintas plataformas de internet que facilitan la congregación de docentes y muchos discentes, incluso los congresos y jornadas se han celebrado en línea.

No vamos a repetir las virtudes de la formación no presencial en sus distintas formas. Ni tampoco sus servidumbres e inconvenientes. Pero la pandemia ha propiciado su profusión por doquier. Y hemos visto como hacer un curso ha consistido, para muchos, en conectarse a una clase y atender concienzudamente al ponente, y para otros muchos en establecer la conexión para retirarse a ratos o todo el rato a otros quehaceres. Así, la formación a distancia, real o virtual (también en su acepción de “aparente”), es ahora más fácil. Muchas veces basta con “conectarse”, en sesión multitarea a la vez que atendemos otras obligaciones laborales, familiares o sociales.

También presenciamos como en empresas públicas y privadas se financian cursos para completar un cupo de horas o créditos de formación, porque es lo que se espera, para mejora efectiva del servicio o del producto, o de cara a la galería, porque la formación continua se presupone  y siempre sirve para presumir en el balance de fin de año.

Luego, acumular horas de formación es necesario para aspirar a entrar en bolsas de trabajo o como criterio para optar a puestos o procesos colectivos de selección, como oposiciones en el sector público, y también en la empresa privada. Entonces los cursos se convierten en una necesidad independiente de la voluntad de adquirir conocimientos y competencias.

Con este panorama, las empresas de formación hacen su agosto con ofertas y paquetes de todo tipo. Así, de una tacada, por un módico precio, podemos acumular en una tarde una o dos decenas de créditos con el aval de una comisión de formación continuada de las profesiones sanitarias. Porque, por si no lo sabe el lector, hay sitios en internet en los que se ofrecen las respuestas a los dificilísimos exámenes.

Total, hacemos y hacemos cursos, a distancia o presenciales. En “algunas” ocasiones no precisamente para formarnos. Y los fisioterapeutas somos campeones. Presumimos y nos quejamos de que estamos hiperformados en cursos, posgrados, másteres o maestrías, para mayor inri en fines de semana. Unas veces nos cuestan un riñón, otras lo paga la empresa o el precio es una ganga; unas veces lo hacemos con ansia de conocimiento, otras por compromiso, otras por obligación; algunas porque nos dan horas para ello y hay que emplearlas, otras porque nos da puntos para una bolsa u oposición. Todas son realidades presentes en muchas profesiones, mucho en las sanitarias.

Ante este tótum  revolútum se difumina lo que la formación continua del fisioterapeuta debiera ser. Habría de actualizar conocimientos, destrezas, habilidades y también actitudes; ampliar e innovar incorporando nuevos saberes y experiencias; dirigirse hacia unos objetivos precisos, con una relevancia reconocible en el propio entorno laboral; ser específica en los casos que se requiera hacia los profesionales implicados en el proceso o procedimiento en cuestión, no un “café para todos”. También debería someterse a una evaluación en el caso de financiación externa, sobre todo si es pública, como medida de control que la eficiencia de la formación. Alguien dirá que esa evaluación y lo anterior se hace. Sospechamos que el lector o lectora dirá que sí, en teoría.

En cualquier caso, a pesar del tono de queja y de denuncia que hemos expuesto, creemos que todos tenemos claro que la formación es una necesidad en un campo de saber dinámico, en expansión y con carencias formativas palpables por un Grado en Fisioterapia infraexplotado. Sería aconsejable que el utilitarismo dominante dejara paso, en donde y en quien sea posible, a una formación de calidad, aplicable, adaptada a la realidad y a las necesidades de cada contexto laboral, que promueva cambios y mejoras en la asistencia y redunde en beneficio del paciente, del profesional, de la empresa y del sistema.

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12 CUESTIONES SOBRE EL PRÁCTICUM

El pasado 11 de octubre asistimos en nuestra faceta de escuchante aprendiz a la jornada sobre el Prácticum en Fisioterapia organizada por el Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid y por Fisioeducación. Como integrante de esta última tuvimos también responsabilidad en la elección de ponentes, formato, horarios. Se trató para nosotros de un hito importante en el afán de dar un peso específico al Prácticum.

Fue muy interesante el contenido, tocando desde distintas perspectivas aspectos como el razonamiento clínico, la evaluación o la relación entre universidad y centros en los que se desarrolla esta asignatura. Nuestras expectativas iniciales se vieron satisfechas. No estaría demás que el Prácticum tuviera más foros en los que propiciar el encuentro y el debate para compartir, proponer y mejorar. Ojalá los haya.

La educación clínica, prácticas externas o prácticum es tema continuado en nuestra vida profesional. Estamos obligados a ello al tener, por voluntad y vocación, estudiantes durante gran parte del año. Sentimos esta labor, la docente, como importante, motivante y retadora. Muchas entradas de esta bitácora así lo atestiguan. También sentimos que, quizás, desde los ámbitos académicos no se la tiene tanta estima como su carga lectiva y naturaleza aconsejaría. Pero dejemos las quejas. Dos meses después de aquella jornada, con su poso asentado, además de nuevas y antiguas reflexiones, queremos rescatar algunas cuestiones y dudas antes de que el turrón nos ofusque la mente. Empezamos.

1. Evaluación del Prácticum. Como proceso interno, la formación ha de ser  evaluada por los tutores/profesores. También por los gestores (supervisores, comisiones de docencia, direcciones de hospital y de otros tipos de centros de prácticas,…). Por supuesto, también por la universidad que envía a sus estudiantes a los centros. Y, finalmente, por las  agencias evaluadoras de las titulaciones (ANECA o análogos autonómicos). Nos planteamos si esta evaluación se hace de manera formal, sistematizada, periódica, o si se confía en el buen hacer y sólo se cuestiona si surgen problemas o quejas.

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CARRERA TERMINADA, ¿FORMACIÓN COMPLETADA?

La formación del profesional es un contínuum, algo inacabado por su propia naturaleza. Ni todo se sabe, ni el conocimiento sobre una materia es abarcable en su totalidad por su constante dinamismo, por la aportación permanente de avances, descubrimientos y experiencias. Por tanto, la pregunta con la que abrimos esta entrada no deja de ser retórica.

Cuando terminamos nuestros estudios universitarios, ahora de Grado, antes diplomaturas o licenciaturas, se nos supone un saber, un conjunto de conocimientos capacitantes para ejercer una profesión. Al menos eso parece que se pretende, que esa es la intención de la dedicación al estudio y la práctica durante cuatro años. Sin embargo, hay un comentario repetido entre muchos estudiantes de distintas disciplinas. Ahora parece que la obtención de un título universitario sería un primer paso, al que ha de seguir el concurso en un máster si se quiere aspirar a, ya sí, un puesto de trabajo, de mayor o menor calidad.

Esta podría ser la situación de los egresados de las escuelas y facultades de Fisioterapia. Así lo recoge Tomás Gallego, para nosotros eximio profesor, al que hemos aludido en otras ocasiones en esta bitácora. Lo hace en una de las páginas de la revista “30 Días de Fisioterapia”, publicada por el Colegio de Fisioterapeutas de Madrid en este mayo. Hace una recomendación a los recién titulados, que no es otra que hay que ser crítico con la formación posgrado que se pretende. Quizá porque este potencial cliente de tanta oferta formativa es el más vulnerable e impresionable. No podemos sino manifestar acuerdo con esa idea central de su discurso. Lo hemos dicho aquí en distintas ocasiones. Y ahora que una nueva hornada de fisioterapeutas saldrá al mercado laboral, nos parece buen momento para recordarlo. (más…)

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DANDO DE SÍ UN POCO MÁS

 

En línea con la entrada anterior, las horas invertidas en la asistencia a clases y la preparación de la docencia de los últimos meses, junto con nuestras charlas de pasillo, nos han hecho reflexionar sobre un tema muy recurrente en lo mentideros fisioterápicos. 

En los encuentros con colegas, antiguos o recién incorporados a la profesión, también en los virtuales en la red, aparece con frecuencia las alusiones a la integración, o no, de determinados contenidos en el Grado. En el pasado año Ana de Groot, por ejemplo, manifestaba en las Jornadas Interhospitalarias de Fisioterapia del Hospital Universitario de Fuenlabrada, su opinión a favor de formar a los estudiantes en la ecografía básica, dentro de las competencias del fisioterapeuta. Hace unos días Orlando Mayoral, en las Jornadas Nacionales de Dolor Miofascial del Hospital Puerta de Hierro,  reconocía que la punción seca, al menos la modalidad superficial, también se podría incluir en los planes de Grado.

Sin ser tan innovadores, podemos pensar en otras formas de tratamiento o diagnóstico, como el vendaje (en todas sus variantes), el drenaje linfático, el abordaje de la esfera cráneomandibular o la fisioterapia pelviperineológica. Quizás nos llamen más la atención, por la importancia de su práctica para adquirir una habilidad mínima con garantías de eficacia.

Sabemos del crecimiento del arsenal terapéutico-diagnóstico de la Fisioterapia. Ello hace inabordable todo en el Grado. Además, ni siquiera es deseable, al menos en nuestro convencimiento ya expresado de la necesidad de especialidades en Fisioterapia. No obstante, es comprensible un debate serio sobre si se da de sí lo suficiente para afianzar unos conocimientos y destrezas que parecen imprescindibles en un simple graduado.

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CUMPLEAÑO FELIZ

 

Fisioeducación, o fEn, como también la llamamos, cumple en el 15 de noviembre su primer aniversario. Esa fue la fecha en la que se abrió al universo internauta como nuevo sitio en la red. Comparte con otros sitios destinatarios, objetivos e intereses, pero en estos meses ha conseguido, en nuestra interesada opinión, una personalidad y valores propios con los que pretende una aportación peculiar en el ámbito de la Fisioterapia.

Fisioeducación es una asociación sin ánimo de lucro creada el 7 de mayo de 2013, aunque, como hemos dicho, la aparición de su sitio web tuvo lugar el 15 de noviembre de 2012. Sus objetivos son la promoción de la Fisioterapia, la divulgación y la difusión de las actuaciones, acciones y aportaciones de la misma y de sus profesionales, la creación de marcos que fomenten su progreso, su fundamentación científica y su presencia social y ante las instituciones. Aunque se crea por y, sobre todo, para fisioterapeutas, pretende llegar a los estudiantes de Fisioterapia, a otros profesionales de la salud y a la sociedad en general.

Si el lector nos lo permite, modestia aparte y sin ocultar una “sana” vanidad, vamos a aprovechar este aniversario para hablar de Fisioeducación, lo que en cierto modo es hablar de nosotros mismos. Fisioeducación nace con el impulso de sus socios fundadores, Luis Bernal Ruiz, Gema Gallardo Sánchez y el que suscribe, todos fisioterapeutas en el Hospital Universitario de Fuenlabrada. El nombre surge de la idea de Gema Gallardo de unificar los dos ámbitos en los que los tres profesionales desarrollan su tarea, el asistencial y el docente. Pero además con la intención de dar relevancia a la labor educativa y divulgadora de los fisioterapeutas hacia pacientes y hacia la comunidad en la que prestan sus servicios.

Podemos decir que el germen de la Asociación se encuentra en el trabajo compartido por sus creadores en la organización de las Jornadas Interhospitalarias de Fisioterapia del Hospital Universitario de Fuenlabrada, cuya primera edición tuvo lugar el 11 de noviembre de 2011. Su trabajo y el del Supervisor de la Unidad, José María Pérez Redondo, ha contribuido al éxito de asistencia de las ediciones sucesivas de las Jornadas, pero también a propiciar una estrecha colaboración que condujo al proyecto de fEn.

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SUGERENCIAS SOBRE LA FORMACIÓN POSGRADO: A PROPÓSITO DE LOS CURSOS

 

No son nuevas nuestras cavilaciones sobre la formación disponible en el mercado cuando terminamos nuestros estudios oficiales y que nos habilitan para el ejercicio profesional. Hemos hablado sobre los matices y requerimientos que la diferencian en varias ocasiones. Ahora, inmersos de nuevo en un curso, recobramos alguna reflexión y aportamos nuevas.

En los últimos años, aunque nos parezca que hace más tiempo, han irrumpido nuevas formas de enseñanza en el ámbito de la educación formal que se han extendido a otros entornos educativos. La educación a distancia tiene ya una larga vida, pero nos referimos a la incorporacón de las tecnologías de información y comunicación (TIC) para facilitar el acceso a todo tipo de acciones formativas. Así, surgieron cursos con envío de temarios y evaluación a través de la red, campus, foros, recursos audiovisuales. Con esto estamos la mayoría, al menos de oídas, familiarizados. La incorporación de los cursos en línea masivos abiertos (COMA en su acrónimo castellano o MOOC, de Massive Open Online Courses, en inglés) ha supuesto un avance en la formación en general y en la formación a distancia en particular. La cuestión es para nosotros si no es hora de incorporar estos avances de manera determinante a la formación en la Fisioterapia.

Un comentario recurrente es que, a priori, la enseñanza de fisioterapia, dado su elevado componente práctico, no puede incluir formación a distancia. Pero parece obvio que hay una cantidad ingente y creciente de materia teórica susceptible de ser adquirida y/o recordada con los medios clásicos (libros, revistas, vídeos, audio) o a través de la red con sus múltiples recursos. Esto puede enriquecer y contribuir decididamente a una mejor formación práctica. Un curso al que estamos asistiendo nos ha hecho plantearnos cómo incorporar las TIC en el ámbito, también, de la formación en competencias no teóricas.

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MATICES SOBRE LA FORMACIÓN A DISTANCIA EN LAS PROFESIONES SANITARIAS

 

Los recientes artículos publicados  por Luis Bernal Ruiz en su página web sobre la formación on line dirigida a fisioterapeutas y artículo publicado por nosotros, El “engaño” de la formación a distancia, nos han llevado a algunas creemos que  necesarias  matizaciones.

Los tres artículos antedichos (1-3) que componen la serie van desmenuzando las carencias de la formación en red así como las propuestas para que esta formación alcance una naturaleza de solvencia y garantía de adquisición de conocimientos. Recomendamos encarecidamente su lectura, continuada o no, para entender lo que queremos decir en este artículo. De la misma manera que el otro artículo aludido (4), en el que se hacía una crítica la la modalidad de formación a distancia que carezca del mínimo rigor cualitativo y evaluativo.

Huelga decir que cualquier propuesta formativa puede tener su público objetivo y que no se trata de menospreciar a priori ninguna oferta. La formación a distancia, en red, en tiempo real o diferido, con material en cualquier soporte puede ser, es de hecho, una manera asequible de adquirir conocimientos. Las claves están, como en toda formación, en la calidad de los contenidos, el control sobre los mismos, la evaluación de los conocimientos y/o habilidades adquiridos por el discente, y en la evaluación externa de un hipotético agente acreditador. Todo esto habrá de tenerse en cuenta a la hora de valorar la idoneidad particular de los cursos y la trascendencia que realizarlos puede tener, si va más allá de lo personal para ser tenido en cuenta por esas agencias acreditadoras, y en qué medida.

Para que cualquier acción formativa tenga como correlato una acreditación debe haber unos contenidos mínimos de calidad objetivamente valorables y una evaluación fiable de lo aprendido. Desgraciadamente en Fisioterapia y otras disciplinas afines esta no parece ser la norma, aunque en apariencia sí se cumplan esos criterios. Libres somos de acudir a cualquier charla, curso, jornada, en modalidad presencial o a distancia, si pensamos que nos puede ser útil. Libres somos de aceptar la repetición de contenidos supuestamente asimilados en otros sitios y pagar además por ello. Sin embargo, si lo que se pretende es que se nos acredite una formación con un título que ambicione ser tenido en cuenta, que tenga un valor intrínseco elevado y reconocido por una agencia oficial o una profesión, debemos aceptar una evaluación que garantice que el alumno sabe lo que acredita su diploma.

Los mecanismos evaluativos propuestos por Luis Bernal o el que suscribe parecen válidos, dado que exigen presencialidad del evaluado. Pero, además de la evaluación directa, añadida o no a otras evaluaciones telemáticas, se requiere que esta sea rigurosa y no un mero trámite sin control, como desgraciadamente llega a ser en muchas ocasiones.

Así pues, si aspiramos a una formación de calidad, respetada, reconocida, diferenciada, hemos de promover contenido pertinente y extenso, y evaluación seria, objetiva y comprobable de los conocimientos y destrezas derivadas de su adquisición. De la insistencia en estos aspectos se habrá de derivar un reconocimiento general del que se pueda hacer gala. Ese es, quizás, uno de los retos a los que ha de enfrentarse la  formación en Fisioterapia y otras profesiones sanitarias.

Referencias

  1. Bernal Ruiz, L Cursos online para fisioterapeutas ¿buenos, bonitos y baratos? Parte 1. En  https://www.fisioeducacion.es/fisios/docencia/427-cursosonline1. Acceso 10 de abril de 2020.
  2. Bernal Ruiz, L Cursos online para fisioterapeutas ¿buenos, bonitos y baratos? Parte 2. En   https://www.fisioeducacion.es/fisios/docencia/428-cursosonline2. Acceso 10 de abril de 2020.
  3. Bernal Ruiz, L Cursos online para fisioterapeutas ¿buenos, bonitos y baratos? Parte 3. En  https://www.fisioeducacion.es/fisios/docencia/429-cursosonline23. Acceso 10 de abril de 2020.
  4. González García, JA. El “engaño” de la formación a distancia. En Fisioterapia. http://www.madrimasd.org/blogs/fisioterapia/2007/11/02/el-engano-de-la-formacion-a-distancia/. Acceso 24 de mayo de 2013.
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OPINIÓN SOBRE LA FORMACIÓN POSGRADO (y II)

La formación posgrado supone una preocupación por la mejora en la calidad de los servicios asumida y demandada por los profesionales sanitarios. Los fisioterapeutas tienen una larga tradición en este aspecto de su profesión. Sin embargo, más alla de los comentarios de colegas, en la entrada previa hemos reflexionado sobre un replanteamiento que tenga en cuenta las necesidades y características del profesional en ejercicio.

En el terreno de lo concreto hemos comprobado muchas veces como se hacen exposiciones teóricas sobre materias básicas  (anatomía, biomecánica, fisiología) que engordan la duración de los cursos. No está de más un recordatorio de las mismas pero no ha de suponer un porcentaje significativo de las horas totales.  También ha de considerarse la aplicabilidad inmediata, el resultado práctico del esfuerzo formativo. De no ser así abandonaremos lo aprendido, constatando la futilidad de nuestra dedicación. El contenido tiene mucho que ver con esto, pues en demasiadas ocasiones nos formamos en técnicas terapéuticas y diagnósticas que no han demostrado ni siquiera validez empírica y carecen de fácil justificación científica.

El fisioterapeuta, como las demás personas, tienen otras ocupaciones que puede considerar prioritarias. La formación no ha de suponer un obstáculo insalvable para las mismas. Ya sabemos que sí supone un esfuerzo que se verá con buenos ojos si se observan resultados. Familia, más en una profesión muy feminizada, aficiones u otras dedicaciones requieren tiempo. Aunque no pueden argumentarse como excusa para la renuncia a la formación, los requerimientos del curso habrían de contemplarlo para, con ello, propiciar la adherencia al mismo.

En el contexto de determinadas enseñanzas como las de máster, doctorado o títulos propios de posgrado de las universidades los programas están ofertados y publicados y el estudiante sabe a lo que se compromete para la obtención del título. Es de esperar cierto grado de exigencia teórica, dedicación presencial, elaboración de trabajos, etc. Pero en otra coyuntura, como la de la multitud de cursos sobre determinadas terapias, escuelas o enfoques es donde han de primarse las características del adulto. No debe obviarse su bagaje, muy largo para muchos, la experiencia o la expectativa de aplicabilidad de los contenidos.

En estos casos no podemos perder de vista que son los profesionales los que demandan un tipo de formación. Es decir, son el cliente, el que dice lo que pretende, y el proveedor debería adoptar su visión de lo que ha de ser la acción formativa. Debe contemplar lo que se quiere aprender y cómo se quiere aprender, y no exponer sus condiciones ignorando los deseos, disponibilidad, prioridades, práctica o conocimientos de los alumnos. Estos muchas veces saben y tienen experiencia, no son el recién titulado vulnerable, impresionable  que se deja cautivar por las habilidades de un profesor erudito en la materia.

Por lo tanto,  se puede aspirar a cursos con mayoría de contenido práctico, cuyas enseñanzas se puedan aplicar al día siguiente, fundamentadas en la experiencia cualificada del docente y apoyadas en las ciencias básicas y en estudios científicos; que valoren la experiencia del alumno, sus expectativas y necesidades; y que sopesen la incidencia que su realización tiene en las vidas personales y profesionales de los asistentes.

En definitiva, encajar todas las piezas del complejo rompecabezas de la formación posgrado supone un esfuerzo del alumno, una implicación previa y concurrente con el curso, un compromiso, también de los centros e instituciones, públicos y privados. Pero además supone una postura crítica que evalúe los contenidos, los materiales docentes, la aplicabilidad o la accesibilidad, también económica. Con estos criterios y, aunque no exista una satisfacción total,  se propiciará que los fisioterapeutas y demás profesionales asuman la formación de  mayor agrado, serán más receptivos y, con ello, mejorarán la calidad de su trabajo y el reconocimiento del mismo.

Entrada relacionada: Opinión sobre la formación posgrado (I), en http://www.madrimasd.org/blogs/fisioterapia/2011/09/26/opinion-sobre-la-formacion-posgrado-i/

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OPINIÓN SOBRE LA FORMACIÓN POSGRADO (I)

La formación posgrado es por definición formación de adultos. Este grupo de edad es inherentemente heterogéneo pero, en lo que respecta a la formación o educación de adultos, presenta unas claras diferencias con el estudiante más joven. Los pedagogos conocen bien esas diferencias pero muchos formadores de las más variadas disciplinas no tienen en cuenta las características del educando posgraduado.

La formación para el titulado universitario pretende complementar los estudios de licenciatura, diplomatura o, en el más cercano futuro, del graduado. Se trata de abordar con mayor profundidad aspectos que en los estudios previos ya fueron tratados pero no con la dedicación que requerirían para afrontar determinados ámbitos de la práctica profesional. También se enmarcan en el proceso de formación continuada para remozar los conocimientos o  incorporar nuevos avances o descubrimientos del acervo de una disciplina. En el caso de las profesiones sanitarias como la Fisioterapia, con innovaciones permanentes, cobra una especial relevancia y se le exige al profesional una constante renovación de sus conocimientos y habilidades. Es precisamente esa condición de compromiso con la formación y su necesidad lo que debiera hacernos reflexionar sobre cómo se está haciendo.

Los que llevan muchos años en la Fisioterapia saben de las carencias que en su día tuvo su formación y de la pertinencia de profundizar en campos de la misma poco acometidos, de indagar en nuevas propuestas de tratamiento y diagnóstico y de actualizarse en línea con el progreso de la profesión. En este camino habrán sido partícipes de cursos que les han proporcionado  una mejora en sus conocimientos y prácticas pero también habrán padecido cursos de dudoso aprovechamiento. Las causas de este último mal, no exclusivo de la Fisioterapia, serán diversas. Pero, a nuestro entender y en nuestra experiencia, una de las claves está en el enfoque que los formadores dieron y dan a sus cursos, prescindiendo de los saberes que aportan las reglas básicas de la pedagogía y su aplicación específica a la enseñanza de adultos.

Hay algunas claves que han de tenerse en cuenta en el aprendizaje de este grupo de edad y, entre ellos, los posgraduados universitarios. El proyecto ASSET del Programa de Aprendizaje Permanente (PAP) de la Unión Europea apunta esas características que recogemos aquí (1):

  • Los adultos tienen experiencias y conocimientos previos y tienden a favorecer el aprendizaje práctico en el que los pueden aprovechar. No son un terreno baldío para crear conocimiento nuevo.
  • Los adultos tienen  opiniones, valores y creencias establecidos que impregnan el resto de sus actividades.
  • Los estudiantes se esfuerzan si están motivados por una necesidad, un interés o un deseo de aprender.
  • Los adultos tienen diferencias en el ritmo y formas de aprendizaje.
  • Los adultos aprenden mejor en un ambiente democrático, participativo y cooperativo. Necesitan involucrarse activamente en determinar cómo y qué aprenderán.
  • Los estudiantes adultos son personas maduras y prefieren ser tratados como tales, no ser sermoneados o amonestados.
  • Los adultos se orientan por un objetivo y por la relevancia de lo aprendido. Tienen necesidades concretas e inmediatas. Se impacientan con largas discusiones teóricas y necesitan que se apliquen a problemas prácticos.
  • Los adultos suelen tener otras ocupaciones (trabajo, familia). Además hay que considerar durante la formación otras cuestiones como horarios, transporte, obligaciones sociales o profesiones.
  • Las diferencias de edad con estudiantes más jóvenes puede preocupar a los más mayores. Por eso precisan un ambiente en que se valore su contribución.

Seguro que todos estos rasgos del adulto son reconocidos por muchos fisioterapeutas y encuentran extrapolación a las enseñanzas recibidas como posgraduados. Como hemos dicho se trata de un grupo heterogéneo en multitud de aspectos (inquietudes, prioridades, ámbito de trabajo, experiencia, edad, etc.). Pero tendrán la mayoría de las características señaladas. Si no se tienen en cuenta a la hora de diseñar una acción formativa probablemente se  esté provocando la insatisfacción del educando, cuando no un fracaso.

La asistencia a cursos supone una obligación y un derecho, una necesidad que proporciona satisfacciones y de lo que se benefician nuestros pacientes, centros de trabajo o alumnos. Pero también es un sacrificio personal, familiar y económico en diversa medida. Por ello se ha de promover y exigir calidad y adecuación de los cursos teniendo en consideración las características antedichas.

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Referencias:

1. Wynne R. Characteristics of Adult Learners. En Wynne R. Learner centred methodologies. Acceso el 26 de septiembre de 2011. Disponible en http://www.assetproject.info/learner_methodologies/before/characteristics.htm

 

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