Posts etiquetados con ‘Sanidad pública’

CORONAVIRUS Y FISIOTERAPIA

Suponemos que a estas alturas, con una situación de alarma y excepcionalidad en todos los ámbitos de la vida de la mayor parte de la población, se han escrito, y se escribirán, miles de artículos en todo el mundo. Escribimos desde la inmediatez, en la etapa álgida de una situación que durará todavía unas semanas.

Domingo por la tarde. En una ciudad española a 18ºC, sol y nubes. No se ve un alma por la calle, no hay vehículos y se oye el trino de los pájaros. Está prohibido moverse por la vía pública si no es por situación de necesidad. Se apela a la responsabilidad individual y colectiva para aminorar el ascenso de nuevos contagios por el coronavirus que aumenten descontroladamente los casos de COVID-19. Debemos evitar el colapso del sistema sanitario. Un panorama apocalíptico, o casi, y la sensación de estar participando de un hecho histórico que esperamos contar a los nietos. No podemos evitar acordarnos de la película Contagio (2011). La aconsejamos, aunque mejor fuera de este contexto.

 

El lector puede estar, como nosotros, en la fase crítica. Ahora mismo podríamos transmitir muchas sensaciones personales y percibidas de otros, aunque el encierro limita nuestra visión del panorama. Por mencionar algunas cosas, sentimos emoción por atisbar desprendimiento, solidaridad, agradecimiento, compromiso. Incluso apertura de miras, comunión con el vecino de barrio, ciudad y país. Claro, la hipercomunicabilidad del móvil nos espeta la irresponsabilidad, el egoísmo que desprecia al otro, la irreverencia de muchos, que nos han conducido a contagios evitables. También nos recuerda que las disputas, los recelos, el afán de protagonismo de muchos políticos no encuentran freno, ni siquiera cuando es políticamente correcto mostrar acuerdo aunque sea fingido. Pero quedémonos con lo bueno, por ahora.

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YA SOY CONSULTOR

Tras la convocatoria extraordinaria y la reactivación de la carrera profesional en el Sistema Sanitario de la Comunidad de Madrid los profesionales que forman parte de las instituciones sanitarias públicas pudieron solicitar el acceso al nivel que por antigüedad y méritos les correspondiera. Pasados varios años al fin se abría la posibilidad de ver reconocida la labor desempeñada en distintos ámbitos de nuestra actividad laboral.

El acuerdo que dio origen a la carrera profesional (1) data de 2006 y fue aprobado por el Consejo de Gobierno en enero de 2007 (2). Nosotros expusimos nuestra opinión abiertamente en los albores de esta bitácora (3). Como se puede comprobar, no nos satisfacía por no ser la forma la adecuada para su propósito, es decir,  ”ser un elemento de motivación para los profesionales sanitarios, que muestre y valore el devenir de su vida profesional” (anexo II, 1).

Según la Ley 16/2003, de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud, la carrera profesional es “el derecho de los profesionales a progresar, de forma individualizada, como reconocimiento a su desarrollo profesional en cuanto a conocimientos, experiencia en las tareas asistenciales, investigación y cumplimiento de los objetivos de la organización en la cual prestan sus servicios” (artículo 41.1). Durante estos 10 años el reconocimiento de nivel inicial es el único que ha tenido efectos económicos, sin duda un elemento motivador básico para cualquier trabajador. La crisis hizo que los sucesivos reconocimientos fruto de convocatorias en los centros no tuvieran repercusión dineraria.

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CARTA ABIERTA A “EL CLÍNICO”

Espero que los lectores que siguen a este escribidor poco prolífico, los visitantes fortuitos de esta bitácora y los responsables de los blogs de Madrimasd me permitan unas cuantas palabras de carácter personal, alejadas de cualquier pretendido o pretencioso tono científico. Me gustaría dirigirme, hoy sí en primera persona, a unos cuantos profesionales que nos han hecho más llevadera la desdicha sobrevenida allá por el mes de mayo.

Se veían las nieves, resistentes aún a este condenado cambio climático, en las cumbres de la Sierra de Madrid. Sin esperarlo, con la mente puesta ya en unas próximas y comprometidas vacaciones, una desgraciada fractura abierta de pierna, de consecuencias que estaba muy lejos de atisbar, irrumpió en la vida de quien me dió la vida. Diligentes, competentes, los profesionales del SUMMA prestaron su atención, su alivio y, nada esperado en esas circunstancias, su comprensión. Nos propusieron el Hospital Clínico para el traslado, aceptamos tras algún titubeo. Al fin y al cabo era el hospital de referencia de toda la vida. Un poco más tranquilos, Servicio de Urgencias, personal de enfermería y aparecen esos médicos jóvenes y piensas que serán los MIR del turno de sábado por la tarde, de cuya competencia no quieres dudar, pero esperando que tras esas puertas haya algún adjunto avezado. Son momentos de sufrimiento, llamadas, llanto escondido, algún reproche y mucha, mucha incertidumbre. Por fin, “la operamos esta misma tarde”. Alivio. Incertidumbre de nuevo.

Tras unas horas la operación sale bien, pero hay que atender a las circunstancias propias de un hueso añoso y fragmentado. Pasa a la Unidad de Reanimación, o URPA , como allí la llaman. Le das la mano, muchos besos, “todo va a salir bien”, y tratas de que no aparezca la lágrima que la inquiete. Pasa a planta, y te quedas con la enferma, no se debe quedar sola cuando siente, y siento, otra dosis de incertidumbre. Comienza esa primera etapa de ingreso, heridas frescas, rutina hospitalaria: comidas, curas, cuñas. Aparecen visitas, distintos médicos, con pijamas de distintos colores, con informaciones varias, a veces muy parcas. Otras, pausadas, detalladas, concretas, como las del geriatra, Mora. Llega la lucha por la aceptación de la independencia perdida, la aceptación de la ayuda para lo más simple e íntimo. Y aparece la reflexión de un profesional que, como este fisioterapeuta escribidor, ha pasado al otro lado. Escudriñas en tus actos y en los de “tus compañeros”, los cuidados cotidianos toman otra dimensión, las palabras de ánimo y de cariño hacia tu ser querido las ves a 72 puntos. Y aparece un enfermero, pongamos que se llama Sergio. Mirada limpia, cuidado sereno, te cuenta, te explica, y está muy predispuesto a ayudar.

Alta, dependencia, soledad, cuidados ajenos, espera, y más, más incertidumbre. Semanas, varias consultas, “vamos a esperar un poco más para apoyar”, “esa herida hay que vigilarla”. Seis semanas,  y apoya, anda, nos lo dice Antonio, se apellida Urda. Se ha levantado, te ha dado la mano, y te enseña la radiografía con explicaciones de cómo va ese hueso añoso.  Te das cuenta de la importancia de esos gestos. Pero la herida sigue regulín. Debes ver al que sabe de eso, otro médico, el cirujano plástico. Te recibe pronto, se llama Rubén. Y cuando ya no estás busca un momento para telefonearte, que vayas en dos días que quiere adelantar las pruebas porque, otra vez, la tienen que operar. Es mayor, su tejidos, sus arterias aguantan menos una cirugía de colgajo. Te lo explica, lo dibuja, sabe que soy fisioterapeuta porque se lo dijo el traumatólogo, y algo entenderé. Otra vez a quirófano, otra vez la maldita incertidumbre. (más…)

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SOBRE LOS MEDIOS PARA NUESTRO TRABAJO Y LA DISTRIBUCIÓN DE RECURSOS EN SANIDAD

En un entorno de recesión económica y de contención y de reajuste del gasto público, al que no será ajeno el sector sanitario, la puesta en marcha de nuevas dotaciones asistenciales puede condicionar la modernización y el funcionamiento de las ya existentes, afectando también a la gestión de personal.

La sanidad pública de la Comunidad de Madrid está de enhorabuena. La puesta en marcha de los nuevos centros de atención especializada (Hospital Infanta Sofía, Hospital del Henares, Hospital Infanta Leonor, Hospital del Suroeste, Hospital Infanta Cristina, Hospital del Tajo, Hospital Puerta de Hierro, Hospital Infanta Elena) ha de procurar una atención más cercana, un aumento de medios materiales y humanos, y con el mantenimiento de altos niveles de calidad y de suficiencia cientificotécnica. Al menos eso es lo que se debe esperar de los administradores. Parece este un mensaje irónico en un escenario de huelga en la Atención Primaria y de amotinamientos en algún servicio de urgencia y denuncias de déficit de personal. Más bien tendrían razón, al menos en algo, los más agoreros.

Lo cierto, a nuestro entender, es que el proceso de inicio de cualquier hospital es complejo, lleno de avatares, desajustes imprevistos e inconvenientes nunca oportunos. Esto se multiplica cuando se coordina el mismo proceso coetáneamente en un número de centros como en el caso de Madrid. Por ello, más allá de cualquier juicio apriorístico, no sobra la licencia a los encargados de proceso tan complejo, y cierto grado de permisividad y comprensión ante los errores poco difíciles de cometer.

Sin embargo, los administrados, usuarios del sistema, potencialmente todo ciudadano, y los trabajadores que componen las plantillas de los centros asistenciales, no deberíamos permanecer impasibles ante los cambios y riesgos que puede suponer esta renovación de la sanidad madrileña. Como usuarios, de forma individual o en agrupaciones, debemos velar porque los servicios prestados estén a la altura que la legislación reconoce. El acceso a la información de los derechos que nos asisten, cada vez mayor, no debería ser una amenaza para los prestadores de servicios, verbigracia los fisioterapeutas, sino un garante de la traducción real de esos derechos.

Como integrantes de la nómina de trabajadores del Sistema Público de Salud nos interesa conocer la trascendencia que el preciso crecimiento del mismo puede tener. Y es esto lo que, como miembros de plantilla, alejados de los manejos de altura, de las grandes cuentas, de las diatribas políticas, nos hace reflexionar sobre este asunto. En esta situación nos damos cuenta de algunos detalles que nos alertan, nos despiertan sana preocupación como defensores de una prestación eficiente de servicios. Desde nuestro puesto de trabajo, a pie de paciente, en una unidad de fisioterapia cualquiera, nos damos cuenta de la falta de un plan de necesidades renovado, como los pudo haber en años anteriores. Además, esto se hace extensivo al resto de servicios y unidades (por ejemplo, en una UCI no disponen de las hamacas necesarias para las grúas elevadoras de pacientes). Así, cualquier renovación y la adquisición de nuevos medios materiales se demoran sine díe. Nosotros llevamos años reclamando un simple pulsioxímetro para fisioterapia respiratoria sin respuesta. Mientras, llegan noticias de compras caprichosas, injustificadas, como la de seis aparatos de laserterapia en alguno de los nuevos hospitales, mientras no se dispone de camillas de tratamiento adecuadas (¡en unidades de fisioterapia!).

Nosotros sólo podemos opinar, con cierto conocimiento, de lo que pasa en nuestro entorno más cercano y de lo que nos puedan comunicar algunos colegas. Pero escama pensar en otros entornos hospitalarios. Como dijimos, son comprensibles errores. Aún así debe primarse una adecuada gestión de recursos, máxime si son escasos. Lo que nos espanta es comprobar restricción y despilfarro a la vez, poniendo pegas a peticiones interesadas en una mejor atención, hechas por profesionales comprometidos.

Esperamos que nuestros gestores sepan digerir este proceso traumático y nos demuestren su intención de potenciar una sanidad accesible, eficaz y eficiente.

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