COVID19, UCI, ENFERMERÍA, UNA SEMANA


Estos días están siendo de emociones intensas. Como en la entrada previa sobre el coronavirus, escribimos en momentos de vivacidad, con pensamientos impetuosos, cambiantes, buscando sin embargo una reflexión sosegada. Situación insólita, hasta para los más mayores que creyeron haberlo visto todo. Y, entre esas vivencias  y sensaciones,  compartidas unas y otras íntimas, están la del trabajo de equipo con otros compañeros de distintas profesiones. 

Llevamos ya una semana de confinamiento masivo. Para el que esté leyendo esto desde el futuro, será un recuerdo difícilmente neutro. No nos podemos imaginar esta situación sin esta aparente ambigüedad de semirreclusión hiperconectada a través de televisión a la carta, radio, dispositivos móviles y la menos moderna reunión terraceocrepuscular a las 20 horas para el aplauso colectivo.

Hace siete días estábamos en ciernes de un trance del que no sabemos cuánto durará. Como ciudadano “sólo” se espera disciplina en el mayor grado de aislamiento posible. Para muchos supone una jodienda considerable. Pero todo se relativiza cuando vemos el sacrificio personal, familiar y laboral de cientos de miles de personas que siguen en  sus puestos para apoyar, aliviar o resolver esta situación. Transportistas, trabajadores de distribución y comercio alimentario y de material sanitario, protección civil, seguridad y policía, limpieza, etc., etc., etc. Sin embargo, los que están presentes en nuestras mentes ahora son, sobre todo, los profesionales de la salud, incluidos todos los que trabajan en el sector (celadores, personal de servicios como lavandería, administrativos, operadores de telefonía, gestores,…).

Como fisioterapeuta veremos qué nos deparan las próximas semanas o meses, en las que las consecuencias de neumonías, ventilación mecánica, encamamiento, desacondicionamiento,…habrán de suponer una demanda nueva y una readaptación de magnitudes aún por determinar. Ahí estaremos. Pero, como profesionales sanitarios, en la etapa más intensa de la pandemia hemos tenido que reconfigurar nuestra aportación. En nuestro caso asistimos a la UCI, un entorno de trabajo cotidiano pero con labores diferentes a la específicas de la fisioterapia, participando en pronación y “despronación” de pacientes sedados y conectados a respirador.

Cada mañana subimos dos fisioterapeutas, cambio de uniforme y enfundamiento del equipo de protección individual (EPI). Allí está el grupo, hasta cinco componentes, médico, enfermero, auxiliar de enfermería (TCAE), celador,…En ocasiones proceden de otras unidades y especialidades, también se han reubicado allí donde su experiencia es más necesaria en estos momentos. La palabra EQUIPO adquiere aquí todo su significado. Todas las piezas del engranaje trabajan en su tiempo con precisión, en sinergia, con pequeños desacoples que se subsanan de inmediato, cada día mejor con la experiencia.


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CORONAVIRUS Y FISIOTERAPIA


Suponemos que a estas alturas, con una situación de alarma y excepcionalidad en todos los ámbitos de la vida de la mayor parte de la población, se han escrito, y se escribirán, miles de artículos en todo el mundo. Escribimos desde la inmediatez, en la etapa álgida de una situación que durará todavía unas semanas.

Domingo por la tarde. En una ciudad española a 18ºC, sol y nubes. No se ve un alma por la calle, no hay vehículos y se oye el trino de los pájaros. Está prohibido moverse por la vía pública si no es por situación de necesidad. Se apela a la responsabilidad individual y colectiva para aminorar el ascenso de nuevos contagios por el coronavirus que aumenten descontroladamente los casos de COVID-19. Debemos evitar el colapso del sistema sanitario. Un panorama apocalíptico, o casi, y la sensación de estar participando de un hecho histórico que esperamos contar a los nietos. No podemos evitar acordarnos de la película Contagio (2011). La aconsejamos, aunque mejor fuera de este contexto.

 

El lector puede estar, como nosotros, en la fase crítica. Ahora mismo podríamos transmitir muchas sensaciones personales y percibidas de otros, aunque el encierro limita nuestra visión del panorama. Por mencionar algunas cosas, sentimos emoción por atisbar desprendimiento, solidaridad, agradecimiento, compromiso. Incluso apertura de miras, comunión con el vecino de barrio, ciudad y país. Claro, la hipercomunicabilidad del móvil nos espeta la irresponsabilidad, el egoísmo que desprecia al otro, la irreverencia de muchos, que nos han conducido a contagios evitables. También nos recuerda que las disputas, los recelos, el afán de protagonismo de muchos políticos no encuentran freno, ni siquiera cuando es políticamente correcto mostrar acuerdo aunque sea fingido. Pero quedémonos con lo bueno, por ahora.


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MOTIVACIÓN


La motivación es un proceso psicológico básico, como lo son  la memoria, el aprendizaje, la atención o la percepción. Junto con la emoción, está considerado un proceso activador. Nos activa y mueve a realizar conductas y explica nuestro comportamiento. 

Como profesionales sanitarios hablamos mucho de motivación. Hablamos de motivar a nuestro paciente, también de provocar cambios en sus hábitos, promoverlos o impulsarles a abandonarlos; decimos que estamos o no motivados para formarnos o trabajar en un área de nuestra disciplina. En general, la motivación está presente en todas las parcelas de actuación del fisioterapeuta. En la clínica, con el usuario o con el estudiante, en la investigación y en la gestión a la hora de motivar a nuestros compañeros o empleados y motivarnos a nosotros mismos. Es, en nuestra opinión, una cuestión significativa, con un desarrollo que deberíamos conocer para introducirla como elemento participante en nuestras actuaciones, más allá del mero conocimiento intuitivo o experiencial.

Cuando pretendemos promover, modificar o interrumpir una conducta tenemos que motivar para que el comportamiento vaya en una dirección. Esto se puede hacer con los principios del condicionamiento operante mediante un reforzador que motiva la conducta deseada. La clave será, ante un paciente, conocer qué es lo que puede actuar como reforzador. Y para eso debemos saber que un estímulo motiva en la medida en la que crea unas expectativas sobre la consecución de unas metas u objetivos, en la medida en que anticipa unas consecuencias deseables o anticipa la ausencia de algo desagradable.

Entonces, lo que el paciente atisba para adherirse a una propuesta terapéutica o preventiva no es el valor intrínseco de lo que le ofrecemos como reforzador sino las expectativas que le genera en un tiempo y espacio concreto, del valor del incentivo.  Y para eso debemos conocer su historia y sus necesidades biológicas y/o psicológicas. De nuevo se reitera la necesidad de una historia clínica pertinente, con recogida de datos que van mucho más allá de conocer qué le pasa al paciente  como causa de consulta. Una lesión simple puede desencadenar mecanismos motivacionales diferentes en un paciente con necesidad perentoria de continuar su actividad laboral que en el que no la tiene, por ejemplo.
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PAPEL O NO PAPEL


Las formas de comunicación se han transformado radicalmente desde el advenimiento de Internet. Revistas, periódicos, libros, enciclopedias, las maneras de transmitir información y conocimientos en los siglos precedentes han ido adaptándose a la era digital, abandonando en muchos casos el tradicional formato en papel.

En fechas recientes se nos pidió desde el Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid una pequeña reflexión sobre el uso del papel para la publicación del su revista mensual “30 Días de Fisioterapia”. Esta sirve para informar de aspectos relevantes de la vida colegial, actuaciones, ofertas, gestiones del Colegio, informaciones sobre aspectos sanitarios, profesionales u oferta formativa y de la biblioteca. Una vez publicada nuestra opinión en la revista la reproducimos, con alguna variación, en esta bitácora.

En los albores de este siglo unos cuantos estuvimos en el germen del “30 Días”. Algunos lo calificaban de “pasquín parroquial”, obviando el esfuerzo desinteresado de sus colegas. Con este bagaje, nos atrevemos a opinar sobre la adaptación del mensual.

Se cuestiona su edición en papel, y su envío a los miles de colegiados por correo “ordinario”. Esto supone un gasto abultado para nuestras arcas y lo hace poco o nada “sostenible”, en su doble acepción económica y ambiental. Es muy razonable, ecológico y políticamente correcto, pero…

La implicación del colectivo en los asuntos profesionales y en la vida colegial es más bien baja, siendo benévolos. No parece que estemos intrínsecamente muy motivados a participar ni ser partícipes. El interés parte, para muchos, del aprovechamiento de los servicios colegiales como el seguro de responsabilidad o el “cheque bebé”. Otros servicios muy importantes, como las asesorías o la biblioteca, son de uso minoritario. Las comisiones, con un papel muchas veces trascendental, son cosa de unos cuantos. Los vectores de acción profesional más actuales (ejercicio terapéutico, oncología o intrusismo) son compartidos también por una minoría, a pesar de que pueda estar muy presente en redes sociales y en mentideros políticos y de gestión.


Por esos motivos, creo que el “30 Días” puede ser el único elemento de comunicación con su profesión para muchos y que, en un contexto de abundancia de fuentes de entretenimiento y de información, recibirlo cada mes puede servir para mantener un hilo con lo que se dice y se hace desde el Colegio, además de otras muchas cosas. Por otro lado, no hay que olvidar que hay fisioterapeutas “no digitalizados” que pueden reclamar en caso de la desaparición del formato actual.

Con el tiempo, de manera progresiva, es comprensible, no obstante, que caminemos hacia otras posibilidades, como las propuestas por otros colegas. Se podrá simultanear el envío en papel a los que lo deseen con el envío a nuestros buzones de correo electrónico para todos los colegiados, y finalmente el papel podría desaparecer. En nuestras manos, si queremos participar y opinar, está andar ese camino.

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ENERGÍA


Energía, proveniente del griego, significa acción, fuerza, y  en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua se equipara a eficacia, poder en su acepción común. Es, en Física, la capacidad para realizar un trabajo. En Biología, lo que posibilita la vida. La energía es utilizada por los organismos para producir movimiento, electricidad, luz o sintetizar compuestos necesarios para su funcionamiento.

Toda la energía proviene en último término del sol. Es capturada por los organismos fotosintéticos y almacenada en forma de energía química en los enlaces de los glúcidos y otras moléculas. Esa energía se intercambia, fluye, se transforma en un conglomerado de reacciones. Lo que ahora nos interesa es recordar cómo nuestro cuerpo consigue extraerla para el movimiento y, con él, el ejercicio como herramienta terapéutica.

Se dice que los glúcidos son como el “dinero de una cuenta corriente”. En el caso de los humanos, la glucosa es el glúcido más habitual. La oxidación de la glucosa (principal fuente de energía de todas las células) sirve para recargar las moléculas de ADP (adenosin difosfato) en ATP (adenosín trifosfato). Como tal vez recordará el lector, allá por el bachillerato nos explicaban que el ATP es es una fuente universal de energía, la que activa otras reacciones. Sería nuestro “dinero de bolsillo”, que además permite que se mantenga nuestra temperatura corporal.

     Oxidación de la Glucosa:   Glucosa+O2  →  CO2+H2O+Energía

    Formación de ATP:   ADP+P+Energía  →  ATP

Tal y como vemos en las anteriores reacciones, se necesita oxígeno en el proceso, el proveniente de nuestra respiración. Como decimos más abajo hay otra forma de obtener energía en ausencia del oxígeno, la fermentación.

En las células, los glúcidos se almacenan en forma de glucógeno, sobre todo en el músculo esquelético y en el hígado. Cuando se precisa glucosa, el glucógeno se hidroliza y forma moléculas de la misma. Recordemos que como reserva energética son mucho más importantes las grasas. Continuando con la analogía bancaria, se dice que el glucógeno y las grasas son como un “fondo de inversión o plazo fijo”, ya que no son tan inmediatamente accesibles como fuentes de energía.

Volvamos a la reacción de arriba. Antes de la entrada en juego del oxígeno, en el citosol de la célula la molécula de glucosa da lugar a dos moléculas de ácido pirúvico (glucólisis); en este proceso “anaeróbico” ya se genera una pequeña parte de la energía total de la reacción. Pero el proceso continúa si hay oxígeno en el ambiente celular, ahora ya en la mitocondria, en la que se producen las  dos fases sucesivas de la respiración celular,  el ciclo de Krebs (o ciclo del ácido cítrico) y el transporte terminal de electrones (sí, nos trajeron de cabeza en nuestra adolescencia estudiantil). El ácido pirúvico (2 por cada molécula de glucosa) precisa de oxígeno (se oxida) para que entrar el ciclo de Krebs. Para iniciar el transporte de electrones es también necesario el oxígeno. Durante el movimiento de los electrones en la membrana mitocondrial interna se genera la parte de la energía restante que en origen estaba en los enlaces químicos de la glucosa.

Como resultado de la glucólisis y la respiración, mucho más complejas de lo que aquí hemos descrito, se producen 38 moléculas de ATP. En ausencia de oxígeno, como cuando hacemos un ejercicio muy intenso, el ácido pirúvico se transforma en ácido láctico. El aumento de nuestra frecuencia respiratoria no es suficiente para cubrir las necesidades de las fibras musculares y el ácido láctico se acumula. Este se reutiliza de nuevo, con el reposo o la disminución de actividad, para formar glucosa y glucógeno.
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EL EJERCICIO COMO PARTE SUSTANCIAL DE LA FISIOTERAPIA


En el mes de septiembre pasado publicamos un artículo editorial en la revista Fisioglía. En él hablábamos de la importancia que el ejercicio como tratamiento de la enfermedad y sus secuelas,  como prevención de las mismas en sus distintos tipos, y como promoción de la salud en el ámbito de la Fisioterapia.

Lo hicimos con mucha premeditación, ante la posibilidad de que una parte tan nuclear de la profesión se vea cuestionada como tal y se pretenda que otros profesionales no sanitarios la asuman como propia. Quizá el ruido mediático nos alerte más de lo que realmente sea este asunto. O quizá no. En todo caso reivindicar este vector de acción como propio y tomar medidas “preventivas” desde los órganos representativos y académicos de la profesión para evitar su menoscabo nos parece muy pertinente.

Pasados tres meses de su publicación lo reproducimos aquí como púlpito en el que dar difusión a una idea que consideramos trascendente, esperando lo llegar así a una mayor audiencia.

Fuente: https://www.ecoledudos.org/concept/

Publicado en fisioGlía 2019, 6(3): 38
En los últimos tiempos percibimos un renovado interés en el ejercicio terapéutico como forma de tratamiento de pacientes y usuarios de la fisioterapia. Esa percepción se acrecienta, creemos, por el debate surgido en redes sociales en relación con el uso de esta herramienta. No es nuestro objetivo usar esta tribuna para repetir argumentos y contrargumentos. Simplemente nos parece pertinente incidir en que el tratamiento de enfermedades es competencia de profesionales sanitarios. También promoción y prevención forman parte de la labor cotidiana de los mismos. Como además se ha dicho, las herramientas terapéuticas pueden ser usadas en conjunción por varias profesiones, teniendo en cuenta que cada disciplina tiene sus competencias y fronteras. El ejercicio es un ejemplo de ello. Los graduados en ciencias de la actividad física y del deporte (CAFYDE) recomiendan, pautan, dosifican, enseñan ejercicio. El médico o el enfermero, profesionales sanitarios, también. Entonces, ¿qué papel juegan los fisioterapeutas?
Para los que suscriben, el ejercicio, como parte de la fisioterapia, está intrínsecamente unido a su actividad. En la universidad de los años 90 del pasado siglo, al menos en la nuestra, se enseñaba que el ejercicio está en la génesis y devenir de la profesión y ha sido una práctica consuetudinaria a lo largo de su historia. Entre nuestros profesores estuvo José López Chicharro, que nos deleitaba con su Fisiología del Ejercicio. Además, no sólo en teoría, también disfrutábamos haciendo preparación física como asignatura propia en primero y segundo de carrera.
Se oyen y leen manifestaciones sobre la competencia de los fisioterapeutas para prescribir y aplicar ejercicio a sus pacientes, presuponiendo quizá que no poseen conocimientos necesarios. No nos parece que esa suposición se pueda sostener. Además, parece lógico que la presencia de enfermedad aconseje que los que la aborden sean profesionales sanitarios, integrados generalmente en estructuras pluridisciplinares. Por tanto, por competencia, por historia, por costumbre y por adecuación a las formas habituales de trabajo y estructura de los servicios sanitarios, el ejercicio como tratamiento se realiza habitualmente en unidades de fisioterapia. A partir de aquí, se hace imperativo, como en cualquier campo, prepararse, actualizarse en la prescripción de ejercicio en poblaciones específicas, de forma sistemática y estructurada, con bases científicas.
En este contexto de debate interdisciplinar, a veces disputa, el ejercicio terapéutico se ha convertido en una línea prioritaria, estratégica de la Fisioterapia a nivel institucional. Algún día debimos de dejarlo apartado, quizá dimos prioridad a terapias pasivas o abordajes más espectaculares y novedosos. Se han organizado cursos de posgrado con premura que invaliden argumentaciones en contra de nuestra capacitación para promover y prescribir ejercicio. Es una apuesta acertada, en nuestra opinión. Además, sería conveniente que todas las universidades profundicen, si no lo han hecho ya, en el ejercicio terapéutico. El Grado de cuatro años permite eso y mucho más.

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LA HISTORIA CLÍNICA EN FISIOTERAPIA (y IV)


En 2008 elaboramos una serie de tres entradas sobre la obligatoriedad de todo profesional sanitario de participar en la historia clínica y propusimos un modelo para la misma en el ámbito de la fisioterapia. Tras más de diez años queríamos terminar con otra entrada en la que detallamos algunos aspectos de los distintos epígrafes.

El último apartado que describimos por entonces fue el de síntomas durante el último año. Se incluía aquí lo que ahora muchos llaman “banderas rojas”. Comprende, entre otras cosas,  aquello que induzca a sospecha de algún problema sistémico o grave que requiere una evaluación más exhaustiva o derivación a otro profesional.

Dentro de la Anamnesis hay otros ítems como intervenciones quirúrgicas, embarazo en caso de mujeres fértiles, tratamientos previos y su resultado, profesionales consultados y expectativas. Aspectos importantes que no requieren mucha aclaración. En nuestra experiencia, el grueso de la anamnesis es la Descripción del proceso actual, en el que se refleja todo lo que el paciente relata y que no es recogido en demás apartados. Comienzo del problema, desencadenantes, mitigantes, evolución, comportamiento del dolor, impresiones personales, etc. Con todos estos datos, tenemos un dibujo de la situación del paciente bastante detallado.

El módulo de Hábitos de salud se completa también con la información obtenida de la anamnesis y/o de los datos de la historia aportados por otros profesionales. Sin embargo, preferimos separarlo, considerando la relevancia de consumo de alcohol o tabaco o la práctica de ejercicio pueden tener.

El módulo Exploración tiene también su peso específico. Deliberadamente está tras los módulos precedentes, fruto de la anamnesis, y recopila todos los datos de la exploración física u objetiva y la información aportada por pruebas complementarias (radiología, analíticas, electrofisiología, pruebas de función pulmonar,…).

En cuanto al Tratamiento farmacológico no es preciso insistir en su importancia. Remitimos al lector a algunas de las entradas de las que hemos hablado de ello. Lo mismo se puede decir de la trascendencia de la Situación social y del Nivel de funcionalidad. Simplemente recordar que hay escalas para objetivar con mayor detalle estas dimensiones, que además nos pueden servir para un análisis descriptivo y para contextos de investigación.

El módulo de Diagnóstico de Fisioterapia nos resulta difícil de completar. El diagnóstico guiará nuestra acción ante el paciente o problema. Es algo que debemos saber hacer según las competencias del Grado de Fisioterapia. Sin embargo, no hay un catálogo estructurado, reconocido, normalizado y oficial. Hay distintos enfoques, como el anatomopatológico o el de funcionamiento. Pero no hay un modo de describirlo generalizado. Nosotros decimos que debe, al que lo lee, mostrarle un retrato de la situación del paciente, no sólo en una dimensión física, sino funcional, social, laboral y de ocio. Nada sencillo.

Llegamos al apartado de Plan de tratamiento. Descrito más o menos detalladamente, comprende lo que se hace, enseña, aconseja y los objetivos. Además debe contemplar otras actuaciones paralelas a lo anterior, como la docencia, la búsqueda documental o la propia factura de la historia clínica. Todo eso es importante y muchas veces lleva mucho más tiempo que la propia acción terapéutica sobre el usuario.

Lo anterior se completa con apartados sobre las expectativas del fisioterapeuta y también se puede explicitar, en determinados casos, el consentimiento informado (suelo pélvico, punción,…). Finalmente, en nuestra propuesta aparecen recomendaciones y observaciones que no se enmarcan en algunos de los anteriores apartados.

Terminamos recordando lo más sustancial. La historia clínica, sea esta u otra, es necesaria como instrumento de registro, asegura la continuidad asistencial, la comunicación entre los distintos profesionales que la informan y evita duplicidades. Es una obligación profesional y legal. Pero más allá de todo eso facilita la atención de calidad. Como fisioterapeutas debemos tenerlo claro, consultar la historia clínica de nuestros compañeros y escribir,escribir y escribir.

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UTILIDAD DE LAS PRUEBAS DIAGNÓSTICAS EN FISIOTERAPIA (y II)


Hicimos en meses pasados una serie de varios artículos sobre pruebas diagnósticas. Además de aprender, recopilar, interpretar y exponer temas que consideramos de gran importancia para la valoración clínica, con un enfoque fisioterápico, pretendemos que sirva para introducir en la práctica cotidiana un modo sistemático de apoyo en la literatura científica para la toma de decisiones.

También escribimos un precedente a esta entrada, con ejemplos de pruebas comunes que la mayoría de los fisioterapeutas conocen, utilizando datos de publicaciones sobre las mismas para su integración en la evaluación de pacientes. Ahora retomamos el tema con alguna que otra prueba que nos sirva para apuntalar el conocimiento de esta cuestión.

Imaginemos que una fisioterapeuta que desarrolla su labor como parte del equipo de dirección de un hospital debe decidir sobre la adquisición de un equipo de ultrasonidos para la práctica de fisioterapia respiratoria. Se piensa en  las posibles bondades de su uso para evaluar la eficacia de las técnicas en los usuarios del centro y se apoya en una revisión narrativa publicada en 2016 (1). Tradicionalmente los fisioterapeutas utilizan la auscultación y la radiografía para monitorizar sus intervenciones, aunque los datos de fiabilidad y validez no son muy favorables. Sin embargo, la ecografía muestra valores de sensibilidad y especificidad elevados, además de permitir evaluar los movimientos diafragmáticos. Por ejemplo, en el caso de atelectasia, la sensibilidad y la especifidad son 93% y 100%, respectivamente, comparado con la radiografía. Con esos datos puedo obtener  valor predictivo positivo (VPP) de 100, valor predictivo negativo (VPN) de 93´5, cociente de probabilidades positivo (CP+) de infinito , y cociente de probabilidades negativo (CP-) de 0.07. Por lo tanto, el rendimiento de la prueba como tal es óptimo y, tal vez, habría que hacer el esfuerzo por adquirir el equipo y formar a los fisioterapeutas en su uso.


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LA EXPERTA


Suena como el título de una película. La palabra “experta” implica que se poseen habilidades especiales y experiencia acumulada que nos hacen diferentes, con unas facultades distintas y distintivas de los demás en un ámbito o materia. 

Sin embargo, podemos poseer muchos conocimientos y no ser expertas en el sentido que aquí apuntamos. El conocimiento teórico o la experiencia no suponen marchamo de experto por sí mismos. En nuestro caso hemos hecho una estimación al vuelo del número de tratamientos que hemos realizado en nuestros veintiséis años de carrera. Pueden superar los 30.000 y, sin embargo, no suponer más que el desempeño convencional de un fisioterapeuta del montón. Por otro lado, se puede tener el “título de experto” otorgado por una universidad y ser apenas un novato con los medios económicos para abonar el correspondiente curso de experto (tiene cierta gracia).

Cada paciente, cada encuentro terapéutico,  es una oportunidad de aprender, de reaprender y de desaprender. Somos conscientes de que no utilizamos ese potencial. Estaríamos en un grado de excelencia profesional al que probablemente no llegaremos. Pero sabemos que la experiencia acompañada del conocimiento, del cuestionamiento y de la curiosidad son ingredientes para acercarnos a ese grado de pericia, habilidad, maña que nos hace afrontar los casos con confianza y generando confianza en el usuario y en los demás profesionales.

He aquí la gran diferencia entre el experto y el experimentado. Esa experiencia aprovechada, exprimida, pensada y no simplemente vivida. La experta atesora habilidad y conocimiento implícitos, fruto de su experiencia, de la acumulación de casos y vivencias,  mediadas por procesos voluntarios, involuntarios o automáticos de manejo de la información.

El piloto Chesley Burnett «Sully» Sullenberger decidió amerizar en el el río Hudson en 2009 cuando su avión se quedó sin motores. Lo hizo  en un contexto de toma de decisiones complejo, vital y apresurado. Cuatro décadas de experiencia se resumían en treinta y cinco segundos  que decidieron la suerte del pasaje. Un procesamiento mental ultrarrápido que aunaba habilidad, conocimiento y práctica acumulada en situaciones muy diversas. Este proceso se da también en la práctica clínica, con situaciones complicadas, en las que el conocimiento es imprescindible, pero que precisa de experiencia para el éxito.
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PERSPECTIVA DE GÉNERO


Los días prestivales suelen ser ajetreados. Fin de curso, examen por nuestra faceta de estudiante eterno, preparación de proyectos, intentando pulir algunos flecos. Todo antes de que  la galbana veraniega fulmine cualquier atisbo de iniciativa. Y si vemos oferta formativa la aprovechamos, en un intento de aprender relajadamente, sin presiones evaluadoras. Así, este junio vimos la oportunidad de ahondar un poco en un tema que nos llamó la atención hace unos meses, la violencia de género.

No es que fuera un tema ajeno a nuestro interés. La diferencia es que ahora lo hacíamos como profesional sanitario. En el temario de la reciente convocatoria de plazas de fisioterapia para la Comunidad de Madrid, se incluían dos capítulos llamativos. Se trataba de la ley contra la violencia de género y de la ley de igualdad. Nuestra reflexión fue que lo que se dice en esas leyes dista de la realidad vivida como profesional en cuanto a la concienciación de su relevancia y a la formación ante posibles casos en nuestra práctica. Preguntas como qué es la perspectiva de género, cómo podemos hacer para evitar sesgos de género o fomentar la igualdad o qué hacer ante la sospecha o constatación de violencia hacia una mujer no encontraban respuesta en nuestro limitado conocimiento.

Por eso aprovechamos la oferta formativa de la Consejería de Sanidad de Madrid para sus profesionales en este asunto, que no es poca. Nos acogió el Hospital Universitario Infanta Sofía, con un grupo de diez profesionales que tenían mucho que aportar. Incluía judicatura, policía, psicología, trabajo social, medicina, enfermería y docencia universitaria. Aprovechamos para dejar alguna que otra reflexión sobre esta cuestión.

Antes, en relación con la legislación, cabe aclarar que cuando hablamos de violencia de género la ley orgánica 1/2004 (1), en su exposición de motivos, dice que se trata de “violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión. Además se ejerce  por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia“. El ámbito sanitario se aborda en el artículo 15 diciendo que “se desarrollarán programas de sensibilización y formación continuada del personal sanitario con el fin de mejorar e impulsar el diagnóstico precoz, la asistencia y la rehabilitación”. Y en relación con la formación  universitaria “las Administraciones educativas competentes asegurarán que en los ámbitos curriculares de las licenciaturas y diplomaturas, y en los programas de especialización de las profesiones sociosanitarias, se incorporen contenidos dirigidos a la capacitación para la prevención, la detección precoz, intervención y apoyo a las víctimas de esta forma de violencia”.

La ley orgánica 3/2007, de igualdad efectiva (2) dice que los servicios de salud desarrollarán  “la integración del principio de igualdad en la formación del personal al servicio de las organizaciones sanitarias, garantizando en especial su capacidad para detectar y atender las situaciones de violencia de género”. Además “la presencia equilibrada de mujeres y hombres en los puestos directivos y de responsabilidad profesional del conjunto del Sistema Nacional de Salud”.

A tenor de lo expuesto, los profesionales debemos estar preparados para situaciones tan delicadas como agresiones, físicas o psicológicas, a mujeres en el ámbito de la violencia de género. Por otro lado, debemos integrar la igualdad como condición en los ámbitos asistencial, docente y de gestión. Intentemos responder a algunas cuestiones, esperando el retorno o la corrección del lector que lo considere oportuno por medio de comentario.
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ME HA TOCADO UNA BECA, ¡LÁSTIMA!


Cualquiera en sus sanos cabales se alegraría de que le concedieran una beca. Es el caso, aunque con un poco de pesar. El pasado 25 de abril se celebró la asamblea general de los fisioterapeutas colegiados en la Comunidad de Madrid. Y en ella es costumbre el sorteo de becas de formación entre los asistentes. Nunca nos ha tocado la lotería, al menos en una cantidad notable, pero sí hemos sido agraciados tres veces con este premio a la asistencia.

Créanos el lector que no hay arreglo para favorecernos. Hemos participado en el Colegio de Fisioterapeutas de Madrid activamente en la elaboración de su revista mensual hace casi veinte años, hemos redactado multitud de artículos para la misma en años posteriores; y hemos disfrutado de la participación y apoyo de la entidad colegial en eventos organizados para la profesión como las cinco Jornadas Interhospitalarias de Fisioterapia y la más reciente Jornada de Prácticum. Pero no, no nos han favorecido en el sorteo. Ha sido una pura cuestión de azar. Desgraciadamente.

Sin ponernos trágicos, decimos desgraciadamente porque ese azar era de probabilidad fácil.  En las distintas asambleas a las que hemos acudido no recordamos haber llegado nunca a la centena de presentes. En esta ocasión dudamos si llegaban a cuarenta. Así cualquiera. Recordamos haber usado la bitácora al menos en otras dos ocasiones para quejarnos de la poca implicación del colectivo en el Colegio. Lo hicimos en una entrada en 2010 y de nuevo al año siguiente. A riesgo de parecer pesados, reiterativos y gruñones no nos hemos querido escapar a la crítica de la “asamblea vaciada”,  haciendo uso de ese adjetivo que se oye últimamente en otros planos reivindicativos. Esa crítica pretende ser constructiva. Si en 2011 parecía haber 7200 razones para no asistir este año debió haber más de 11000.

Entrada del CPFM. La mayoría de sus propietarios no saben ni dónde está.

En el pasado año hubo elecciones para elegir al equipo que gobierna el colegio. La participación fue destacada por muchos, aún sin llegar a 1000 votos, si no recordamos mal. Es decir, ni el 10% de los colegiados. Los números nos delatan. Eso es incuestionable. Tiraremos de expresión hecha: mal de muchos, consuelo de tontos. No creemos que haya mucha diferencia con otros colectivos, sanitarios o no.
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UTILIDAD DE LAS PRUEBAS DIAGNÓSTICAS EN FISIOTERAPIA (I)


Si el lector espera una entrada doctrinal que resuelva de manera concluyente sus dudas sobre las pruebas diagnósticas que como fisioterapeuta usa o podría usar en el futuro, dese con un canto en los dientes si consigue, al final,  reducir el margen de su incertidumbre. En todo caso, suponemos que ha leído las cinco entradas previas y su “para saber más”, que algo ayudará a entender esto.

Pretendemos usar lo aprendido en esas entradas anteriores o en otras lecturas, clases o vídeos para guiarnos en el angosto proceso de acercarnos a la respuesta de qué le puede pasar a nuestro paciente. Proponemos conocer mejor algunas de las pruebas que posiblemente tengamos que usar en nuestras consultas.

Comencemos con todo un clásico. La prueba del cajón anterior  es una de las pruebas más utilizadas en el diagnóstico de la lesión del ligamento cruzado anterior de rodilla (LCA), junto con las pruebas de Lachman y la de pivot shift. Su precisión se aminora en casos de lesión aguda, presencia de lesiones concomitantes o cuando se trata de una lesión parcial. Pero, para situarnos en un contexto real, pensemos en el paciente que ha tenido un movimiento forzado, que pudo ser trauma directo o indirecto, con un ruido, edema, hematoma y dolor incapacitante. Por el mecanismo podemos conjeturar que hay una lesión del LCA, bien in situ o un tiempo después de la misma, con remisión de aquellos síntomas y signos. Todo eso, extraído de la anamnesis, aporta una probabilidad preexamen o preprueba y, en sí mismo, tiene sus propios coeficientes de probabilidades (que sabremos por posibles estudios previos). Con esa posibilidad preprueba (que también podría provenir de la prevalencia de la lesión en la población a la que pertenece nuestro paciente, con sus características demográficas) y con los coeficientes de probabilidad aportados por la literatura obtendré la probabilidad posprueba ante un resultado de la misma. Con datos, el artículo de Benjaminse (1) relata una sensibilidad de 92% (95% CI, 88–95) y una especifidad de 91% (95% CI, 87–94) para lesiones crónicas del LCA. Con la calculadora en línea  de la que hablamos en otra entrada obtengo los coeficientes de probabilidades positivo (CP+) de 10, y negativo (CP-) de 0,09. Si nuestra estimación de probabilidad preprueba ha sido de 60% llegamos a una probabilidad posprueba en caso de resultado positivo de 94%, y del 12% en caso de resultado negativo. Veo que con un resultado de la prueba positivo he aumentado considerablemente la posibilidad de que el paciente esté lesionado.


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