Archivo de marzo, 2011

JORNADA INTERHOSPITALARIA DE FISIOTERAPIA 2011 (III)

Un paso más en este proyecto. Poco a poco se han ido incorporando fisioterapeutas interesados en asistir a la jornada. Para ellos y para los demás, para animaros a la participación en un evento que nos aglutine, ya está disponible el programa, que podéis ver a continuación.

Ponencia: El prácticum y las competencias profesionales. Prof. Dr. Tomás Gallego Izquierdo. Director del Departamento de Fisioterapia de la Universidad de Alcalá de Henares

Ponencia: Posgrado en fisioterapia dentro del espacio europeo de educación superior. Prof. Jesús Sanz Villorejo. Director del Área de Fisioterapia y Podología. Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad Europea de Madrid

Ponencia: Practicum en grado de fisioterapia: una experiencia en el espacio europeo de educación superior. Noa Lola Martiáñez Ramirez. Profesora de Fisioterapia. Coordinadora del prácticum y estancias clínicas I. Coordinadora 4º Curso grado de fisioterapia. Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad Europea de Madrid

Ponencia: La Electrólisis Percutánea Intratisular (EPI®) en las tendinopatías crónicas: evidencia científica y clínica. Prof. Dr. Fermín Valera Garrido. Hospital FREMAP-Majadahonda. MVClinic. UPSA-Salus Infirmorum

Ponencia: Aplicación clínica en fisioterapia de la investigación básica en el síndrome del túnel del carpo. Dra. Ana Isabel de la Llave Rincón. Fisioterapeuta. Profesora Universidad Rey Juan Carlos

Ponencia: La ecografía musculoesquelética, una nueva herramienta para el fisioterapeuta. Prof. Francisco Minaya Muñoz. Hospital FREMAP-Majadahonda. MVClinic. UPSA-Salus Infirmorum

Ponencia: Entrenamiento del suelo pélvico: nuevas perspectivas para mejorar la función muscular. Dra. Carolina Walker Chão. Fisioterapeuta. Profesora Universidad Europea de Madrid

Ponencia: Gestión clínica en fisioterapia. José María Ubiera Fiestas. Licenciado en Medicina y Cirugía. Diplomado en Fisioterapia. Máster en Alta Dirección de Servicios de Salud. Experto Europeo en Gestión de Calidad de Servicios Sanitarios. Coordinador de Actividades de Rehabilitación del Instituto Provincial de Rehabilitación. HGU Gregorio Marañón.

Ponencia: El papel del fisioterapeuta en los nuevos modelos de gestión. José María Pérez Redondo. Fisioterapeuta. Supervisor Unidad de Fisioterapia y Terapia Ocupacional del Hospital Universitario de Fuenlabrada..

Tenéis la información en http://www.jornadasdefisioterapia.info/programa/

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FRUSTRACIÓN EN LA PRÁCTICA PROFESIONAL

Seguro que la frustración en el ámbito laboral ha sido  y es un tema habitual entre los abordados por la psicología  y las relaciones laborales. Parece lógico pensar que el profesional frustrado no es eficiente porque su estado anímico le lleva, casi seguro, a un menor rendimiento, una menor implicación y un mayor desapego por los proyectos de la empresa o, incluso, la desatención de sus obligaciones.

El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define frustración como la “acción y efecto de frustrar”, siendo frustrar “privar a alguien de lo que esperaba” y “dejar sin efecto un propósito contra la intención de quien procura realizarlo”. Implícitamente esas definiciones implican derivaciones reales o potenciales valorables como negativas para el conjunto del entorno del frustrado. Si el origen de la frustración está identificado en el ambiente de trabajo son de esperar consecuencias en el mismo, amén de las que se produzcan en el resto de facetas de la vida del afectado. En cualquier caso no parece saludable para el grupo la presencia de frustración entre sus miembros. El sentimiento negativo se extiende más allá del que lo padece e incumbe a los propósitos de la empresa.

Estas consideraciones genéricas vienen a cuento para lo que queremos expresar en esta entrada. En todas las profesiones aparece, seguramente, la frustración en algún o algunos momentos de su ejercicio. Sensible es, a nuestro juicio, el contexto de la práctica de las profesiones sanitarias, por cuanto actúan sobre la salud de las personas. Aquí, la frustración afecta directamente a la relación con el usuario, aunque sería deseable que no fuera así.

Coexisten, ahora,  varios probables orígenes de frustración para el profesional sanitario, distintos o comunes en la sanidad pública y privada. El fisioterapeuta no está, ni mucho menos, excluido es esta situación. Sobre él  acechan problemas compartidos y propios. Así, la falta de expectativas laborales, la falta de tiempo, la presión asistencial, las trabas a las facetas no asistenciales como la formación, la docencia o la investigación, las restricciones a la autonomía profesional, el estancamiento de la carrera profesional o las retribuciones inmovilizadas o aminoradas. Estas y otras cuestiones han derivado en decepciones vertidas en muchos foros y que nos han hecho cuestionarnos si Fisioterapia, como opción laboral, merece la pena (1).

Como un ejemplo puede ser ilustrativo de alguna de las realidades cotidianas a las que se ve sometido el profesional de la fisioterapia vamos a hacernos eco de un caso con el que este puede toparse cotidianamente en entornos, públicos o privados, en los que se tratan paciente derivados por otros profesionales. Un paciente que, habiendo sido intervenido en un hombro diez meses atrás, ha recibido fisioterapia por mediación de su mutua laboral durante sesenta sesiones. Tras cesar el tratamiento acude a la sanidad pública y se le prescriben nuevas sesiones de fisioterapia durante un mes. Como es de esperar tras diez meses poscirugía, fisioterapia e incorporación progresiva a actividades cotidianas, las posibilidades de progresión dimanadas de la intervención del fisioterapeuta son nulas. Sin embargo esta situación se repite en muchas ocasiones, en la que es difícil justificar la repetición de tratamiento. Si esta estuviera acreditada muchas intervenciones serían sine die o recurrentes, como de hecho ocurre, propiciando la frustración del profesional. No puede ser de otra manera cuando, fruto de una prescripción, aplicamos tratamientos fútiles de antemano, alejados de la evidencia científica y de criterios de control eficiente de los recursos. Ahondando además en la sobredemanda del sistema sanitario y alejándonos de la implicación del paciente en su salud y el reconocimento de las posibles secuelas, como si hubiera de esperarse una recuperación ad integrum.

La solución  a estos problemas no es fácil, pero ya hay intentos tendentes a otorgar más autonomía al profesional que conoce la situación de primera mano y que debe ser capaz de discernir cuando las posibilidades terapéuticas se han agotado, introducir criterios de gestión, manejar las pruebas científicas procedentes de estudios sobre fisioterapia, informar al paciente sobre el pronóstico y los objetivos, educar en la asimilación y adaptación de las secuelas, etc. De otra manera se perpetuará la frustración ante tratamientos sin resultados, pacientes perennes o recurrentes y desaprovechamiento de las potencialidades de un profesional competente.

Referencias

1. González García, JA. Fisioterapia, ¿merece la pena? . En Fisioterapia. http://www.madrimasd.org/blogs/fisioterapia/2010/10/05/fisioterapia-%C2%BFmerece-la-pena/

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DE NUEVO, EL TIEMPO DEL FISIOTERAPEUTA

Parece una obviedad. El profesional sanitario tiene una serie de tareas encomendadas, dependiendo de su ámbito de actuación y de las responsabilidades que se le asignen. Además, estan recogidas en una ley, la Ley 44/2003, en la que se regulan las funciones de los profesionales sanitarios. Aún así,  parecería que con criterios de gerencia se quiere coartar el derecho del profesional a cumplir con sus obligaciones legales.

El fisioterapeuta, y cualquier otro profesional sanitario (médico, enfermero, odontólogo, terapeuta  ocupacional,  podólogo, etc.) ha de distribuir su tiempo entre distintas funciones. Dejamos clara esta situación en una entrada previa (1). Estas funciones han de ser compatibles por “imperativo legal”, aunque la ponderación de cada una de ellas dependerá del contexto de trabajo. De igual modo que se le puede exigir al profesional docencia, investigación, formación (y autoformación), y asistencia a sus pacientes, este puede y debe exigir tiempo para su ejercicio. Y, en cualquier caso, tiempo para cumplir con sus obligaciones. Lo demás sería un contrasentido, por no hablar de ilegalidad.

La vuelta a este tema, a riesgo de ser cargante, es el reclamo ante posibles tentaciones y pretensiones a las que el profesional sanitario puede verse sometido en aras de una gestión más “eficiente”.  Concretamente nos preocupa la idea de que el profesional debe colmar su tiempo de trabajo, traducido en una ocupación asistencial completa, visible, “eficiente”. Lo demás, lo que no se refleje en una estadística asistencial, objetiva, sería un tiempo vacío, improductivo. Sin querer generalizar, esta actitud ante la labor del profesional sanitario podría parecer plausible en tiempo de crisis y de contención. El usuario quiere ser atendido a la mayor brevedad posible y la demagogia tendría fácil acogida en situaciones de largas demoras en la atención, como las que se dan en muchos casos en  la sanidad pública. Sin embargo, la calidad, pretendida explícita y públicamente por los gestores, y articulada en las disposiciones legales como la referida Ley 44/2003 o la la Ley 41/2002 no sólo se consigue con una asistencia a pie de cama o de camilla impecable sino que, hoy día, se asume la imprescindibilidad de la investigación, la formación y la actualización permanentes para proporcionar cuidados fiables. Eso sin contar otras tareas no menos necesarias  y obligadas como las sesiones clínicas o las tareas de gestión y administrativas (control de asistencia, cumplimentación de la historia clínica, reuniones, etc.). Todas esas funciones  forman parte (o deberían legal y deontológicamente) cotidiana del trabajo de fisioterapeuta. E indefectiblemente han de ser encajadas en el horario de la jornada laboral. Esta fue una de la motivaciones que llevó a la formación de la plataforma “10 minutos”. En su reunión que tuvo lugar el 16 de diciembre de 2000 (2) se marcó como objetivo inmediato  “conseguir una agenda limitada de trabajo asistencial, de tal forma que en una jornada de 7 horas, dediquemos como máximo 5 horas de asistencia directa al paciente, incluyendo aquí la consulta de demanda, programada y avisos, dejando el resto de la jornada para labores no directamente asistenciales como formación, docencia , investigación , reuniones organizativas, etc.”. Parece razonable, teniendo en cuenta que el objetivo último es una asistencia santaria de calidad.

Para finalizar con la entrada presentamos someramente el modelo que se sigue en la Unidad de Fisioterapia y Terapia Ocupacional  del Hospital Universitario de Fuenlabrada y que, siendo mejorable, creemos que tiene en cuenta los requerimientos para alcanzar una cota de calidad asistencial reconocida. En la jornada de siete horas existe un tiempo limitado, protegido de treinta minutos por paciente individual. Siguiendo el hilo de lo argumentado, y aparte de otros treinta minutos de labores administrativas (destinado entre otras cosas a gestión de agendas) hay que considerar que la media hora por paciente debe incorporar la asistencia directa al paciente, la obtención de datos para la confección de la historia clínica (revisión de las aportaciones de otros profesionales, pruebas diagnósticas, elaboración de encuestas o autoinformes, etc.) y traspaso de los mismos al soporte disponible (papel o historia clínica electrónica), adquisición de conocimientos necesarios para el abordaje del paciente, contemplación de posibles avances en la patología  o problema a tratar, información a la familia, adiestramiento a la misma y/o al paciente, etc. Y sin considerar la tarea docente,  presente en muchos centros. Todo  en función de cada caso.

Parece poco discutible que en el contexto de una atención fisioterapéutica de calidad pensar en reducción del tiempo asignado, al menos treinta minutos, con una lógica flexibilidad, sería propiciar una presión sobre el profesional que menoscabe algún o algunos de los quehaceres exigibles al mismo. En definitiva,  propiciar un deterioro, visible o no, de sus funciones.

Referencias

1. González García, JA. El control del tiempo en fisioterapia. Fisioterapia. http://www.madrimasd.org/blogs/fisioterapia/2009/01/27/el-control-del-tiempo-en-fisioterapia/. Acceso 25 de febrero de 2011.

2. Grupo de trabajo profesional. Asociación Española de Pediatría en Atención Primaria. http://www.aepap.org/profesional/10minutos.htm. Acceso 1 de marzo de 2011.

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