Archivo de agosto, 2012

Necesitamos aprender una nueva asignatura

Como profesor con más 35 años de experiencia, mi diagnóstico es claro: hemos introducido una nueva asignatura en el curriculum de la sociedad humana, y estamos suspendiendo sin parar.

De repente nos hemos metido en una geometría de corte exponencial (ni siquiera reglada, como son las euclídea, hiperbólica, elíptica y parabólica, ni tampoco en la esférica) y los métodos de navegación que tenemos no nos sirven.

Estoy unos días en la Bretaña francesa, en un intercambio de casas, un sistema barato de veranear, en vez de tirar el dinero en hoteles y apartamentos. Y dando vueltas por la región, me hago tres reflexiones: Una, no hemos cambiado el paradigma económico social que se ve en la historia de esta parte de Francia y de la Francia entera: Guerras por un palmo más de tierra que va y viene de unas manos a otras sin acabar rindiendo lo que podría haber rendido si esa tierra se hubiese repartido amicablemente. Dos: El sistema de dogmas finales, y contrapuestos entre grupos humanos: Calvinistas, que habían llegado a ”la verdad” final, y católicos, que ya tenían ”la verdad” final, que resultó, con el paso del tiempo, que ni eran verdades, ni eran, muchísimo menos, finales. Tres: Viajando entre campos hasta arriba de trigo, patatas, maíz, árboles, entre los que sobresalen las inmensas aspas de los modernos molinos de viento,  me reafirmo en que la realidad humana es la captura de la energía, de manera extra abundante, tan abundante que hasta 2007 el 90% de la población podía vivir de lo capturado por el 10% de la misma, aunque hoy es preciso cambiar ese sistema.

Este cambio debe hacerse contra la tradición de los otros dos paradigmas. Hoy en vez de católicos y calvinistas, tenemos por toda Europa y en sus extensiones culturales, los EEUU, Canadá, Nueva Zelanda y Australia, el sistema de grupos enfrentados que han llegado a ‘la verdad‘ final, la de los neo-liberales (PP, por ejemplo) frente a los PSOEeros-IU, que recibieron ‘la verdad‘ final de manos del profeta Karl Marx. Hemos cambiado poco desde las guerras de religión francesas entre católicos y hugonotes. Hoy, de nuevo, cada uno defiende ”su” verdad final, que, es claro, ni es verdad ni es final.

Y seguimos despreciando hoy, como entonces, la realidad (fíjense que no digo -verdad-) de la energía como única fuente de riqueza tanto para pobres como para los grandes señores que se matan por ridículas doctrinas, queriendo la riqueza obtenida mediante el robo en vez de mediante el reparto y la cooperación.

Estuve ayer en Josselin, un pueblo a orillas del río Oust, donde los señores de estas tierra edificaron sobre la misma roca de esquistos que cae a plomo sobre el río, un castillo tras otro. Como la economía española, que en 2007 era inexpugnable, los castillos fueron atacados y tomados siglo tras siglo. Primero los ingleses (realmente vikingos normandos con sede en Inglaterra) cuyos jefes deseaban la explotación de la fuerza de trabajo y sus mesnadas el botín que el robo producía, la misma riqueza momentánea que buscaban los españoles en Mexico y en el Perú. Luego los hugonotes que deseaban -servir- ¿? a un dios que les dejaba tirados, frente a los católicos que sencillamente deseaban el poder monolítico de uno sobre los demás.

Necesitamos cambiar esos paradigmas euclidianos, lineales.  El nuevo paradigma debe reconocer que ni hay ‘verdades‘ ni mucho menos son ‘finales‘. Que la realidad ni es lineal, ni es determinista. Esa realidad es un fluido que cambia constantemente, al que hay que adaptarse de manera constante, cambiando las ideas, rechazado los dogmas y las leyes finales.

Hace años un colega, catedrático de física él en la E.T.S. de Ingenieros Aeronáuticos, se escandalizó porque dije públicamente que el Big Bang tenía toda la pinta de una traducción a la física de las ideas del Génesis. Para él las ideas de la física eran ‘verdades finales‘. Pero las ideas de la física han cambiado tanto como las de la astronomía cuando pasó del geo- al heliocentrismo. De la afirmación arrogante de Laplace de ‘dadme unas condiciones iniciales y predeciré la evolución del universo hasta el fin de los tiempos’ al reconocimiento por Poincaré de que no se necesitan miles o millones de cuerpos para destrozar esa arrogancia: Tres cuerpos de masas similares tienen trayectorias impredectibles en sus detalles. De las creencias firmes sobre el éter, que impidieron al mismo Poincaré descubrir la relatividad, a su desprecio por parte de Einstein, de la insistencia de Max Planck sobre la naturaleza contínua de la interacción entre el campo electromagnético y la materia a su reconocimiento a regañadientes del esquema cuántico.

El nuevo paradigma, el nuevo esquema geométrico, es fluido, no reglado, no final, evolutivo, histórico, no markoviano, variable, incierto y dinámico. Necesitamos nuevas reglas de medir, nuevos compases para describir la naturaleza real, unas reglas y compases que habrá que ir cambiando con el tiempo y el aumento de nuestra comprensión.

Necesitamos enseñar a los niños (y a los mayores) métodos de estudio y no materias cerradas, pues deberan cambiar de ciencia y de profesión varias veces en su vida, y deberan aceptar ese cambio como lo normal. Ya no hay mineros, torneros, profesores de literatura o de física, abogados o médicos del riñon derecho. Necesitamos formar a los niños y a los jóvenes para que sean un día mineros y otro mecánicos, para que puedan enseñar literatura y física, para que puedan curar riñones y piernas, para que puedan defender casos en los tribunales o arbitrar acuerdos fuera de ellos. Necesitamos que la comunista se haga capitalista y evolucione a liberal, y que el ultra-católico-integrista pase por socialista y ecologista, sin resistencia y sin solución de continuidad, adaptándose de manera suave a las condiciones cambiantes que ellos mismos producen a lo largo de sus vidas.

Y consecuentemente, necesitamos una economía que se adapte de manera constante a un mundo cambiante, en el cual lo único fijo es la necesidad diaria de energía para todo lo que hacemos y pensamos.  No sabemos como hacerlo, porque las tres tradiciones que tenemos, las culturas de origen mediterráneo basadas en el dinero, las tribales basadas en el intercambio, y las orientales, basadas en la copia eterna de la tradición, han fallado y debemos aprender nuevas maneras fluidas de actuar.  Lo haremos, pero el proceso será, como todos los preocesos revolucionarios, muy doloroso.

 

 

 

 

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Cambio de Paradigma en las mentes humanas

Los seres humanos somos animales que vivimos en grupos y ese vivir social genera una dialéctica hegeliana entre las órdenes genéticas de supremacía individual, y el reconocimiento memético-cultural de la supervivencia de los grupos fuera de los cuales es imposible la reproducción de los genes que nos usan de vehículos.

Durante 200 años hemos exagerado, en unas sociedades, los rasgos genéticos, en otras los meméticos, pero incluso en las sociedades más individualistas se demanda el consenso como una garantía de corrección.

La historia nos dice que el ‘consenso’ es la garantía del error, mantenido durante siglos y milenios. El ‘consenso’ entre los calvinistas llevo a la muerte a Servet, el ‘consenso’ entre los católicos a la de Bruno. El ‘consenso’ mantuvo la teoría geocéntrica durante siglos y rechazó, durante décadas, la teoría atómica cuántica de Boltzmann. Hoy el ‘consenso’ entre científicos busca místicas materia y energía obscuras en vez de replantearse las ideas sobre el universo.

La gran revolución de Galileo fue la eliminación del ‘consenso’, y su substitución por la medida. Un ejemplo de que su esquema mental (que debería de ser el de la ciencia) no se termina de aceptar lo acabamos de ver en el Congreso de los Diputados la semana pasada, cuando a pesar de la medida del desastre económico en que está sumida España, el ‘consenso’ entre socialistas y pp-eros sigue manteniendo que todo se hizo perfectamente. Es mantener que la piedra dejada caer desde el mástil del barco llega al puente lejos el pie de ese mástil, porque el ‘consenso’ social es claro: La piedra cae y mientras tanto el barco avanza.

La revolución de Galileo elimina el ‘consenso’ social entre científicos, lo mismo que elimina ese ‘consenso’  entre las personas del resto de la sociedad, y lo substituye por la medida que puede realizar cada persona individual. Ante el ‘consenso’ de la sociedad como un todo, basta con dejar caer una bola pesada y pulida desde el mástil para comprobar que llega al puente exactamente a la misma distancia del mástil desde donde se dejó caer.

De la misma manera ocurre con el cambio climático: Basta con medir, cada persona individualmente, las temperaturas en su región, o analizar, también individualmente, los registros de temperaturas que están disponibles en todos los centros meteorológicos del mundo: Basta con entrar en ellos y bajar los datos al ordenador personal.

Un científico, que durante años ha rechazado la idea del calentamiento global, Richard A. Muller, ha desarrollado un análisis exhaustivo de los datos de la temperatura superficial del planeta, solo para verse atacado porque no ha publicado sus resultados tras el filtro del ‘peer review’ es decir, del ‘consenso’ con otros científicos.

El ”peer review” es una de las tomaduras de pelo del siglo XX y del comienzo del siglo XXI. Es exactamente el mismo análisis entre científicos que se realizó por los científicos jesuitas de la Roma del siglo XVII, ‘peers’ de Galileo y que rechazaron sus descubrimientos, para defender la ciencia oficial.

Aun así, estos científicos de hoy son un tanto bordes. Cuando Nansen decidió tratar de llegar al Polo Norte, la cubierta de hielo del Océano Ártico era gruesa e impasable. Hoy los barcos llegan a ese Polo Norte todos los Agostos. Hoy el deshielo del Ártico es un hecho, como lo es el deshielo de los glaciares americanos, alpinos y asiáticos. Es algo que cualquier persona individual puede ver, e incluso en España, sin más que desplazarse al Pirineo.  Pues bien: He preguntado a Muller sobre este deshielo y me ha contestado: ”No he hecho los análisis”, lo mismo que el Cardenal Bellarmino dice a Galileo: ”Lo que sé del universo me dice que es el Sol el que da vueltas en torno a la Tierra”. El  ‘peer review’ decidió rechazar la publicación del libro de Galileo. ¡¡Bien por los ‘peer reviews’!!

Las personas individuales, sin embargo, midieron, y cada una, sin ‘consenso’, llego a la conclusión de que lo que decía Galileo era correcto.

De la misma manera ocurre con otro sistema complejo: La economía, en la cual los émulos de Bellarmino, ante la evidencia de su deterioro, que cualquier persona individual puede constatar, insisten en afirmar que sus teorías, de equilibrio, de interacción entre dos agentes perfectamente informados, y demás axiomas, son correctas.

De la misma manera, hoy un Sr. de Valencia dice que no hay rescate para su región, y los políticos españoles siguen pidiendo a los pecheros que paguen la fiesta, aunque la evidencia dice que es esa fiesta la que esta arruinando a los ciudadanos.

Y no solo a los españoles: Los EEUU no levanta cabeza, los bancos alemanes empiezan a tambalearse, la Peugeot de Francia esta casi en bancarrota, China en realidad ha dejado de crecer (a pesar de las cifras oficiales).

Lo que falla, en la economía, como en la ciencia de hoy, es el paradigma que ambas utilizan.  En la  ciencia física, es el paradigma del determinismo, de las ecuaciones lineales, la consideración del caos como algo entretenido y marginal, y el rechazo de los sistemas complejos, que se consideran curiosidades ingenieriles sin cabida en una ciencia que predice un par de cosas con enorme precisión, pero que necesita un sinfín de aproximaciones para reconciliarse con la realidad.

En la economía, ante un sistema evidentemente fuera del equilibrio, no lineal e incierto, se sigue manteniendo el dogma neo-liberal y la idea del crecimiento cuantitativo, que ha fallado, y está fallando en todos los lugares del globo.

Estos paradigmas derivan, todos, del esquema de dogmas que se impuso en el exilio de Babilonia entre los judíos, y que se transfirió sin cambios al cristianismo y al islam, y que paralelamente se impuso en el budismo oriental y en la cultura de los antepasados de China: La idea de que hay verdades reveladas que son inmutables, y que se alcanzan en ciertos momentos de la historia. Esto ocurrió con el Excmo. Sr. Presidente, Sr. Rodríguez Zapatero, que creyó firmemente que se había alcanzado el paraíso socialista y es la idea fija de los Sres. Adelson (cuyo negocio es la mentira del juego) y  Romney, que cree, firmemente, en el paraíso neo-liberal.

La realidad es muy otra: No existen verdades reveladas, ni verdades fijas, ni siquiera en la física, en donde todas las mañanas es conveniente volver a comprobar que las leyes de Newton siguen siendo válidas. Entre muchos, casi el 99.9999…..% de los físicos, se considera que la relatividad y la mecánica cuántica, la expansión del universo y el BigBang, son dogmas inmutables. Pero también Planck mantenía como dogma inmutable la naturaleza contínua de la interacción ondas electromagnéticas-materia, y solo, cómo Muller, aceptó (a regañadientes) la realidad cuántica de la interacción forzado por -sus- propias medidas.

La realidad es la incertidumbre, la revisión constante de nuestras ideas, de nuestros axiomas y postulados, la mecánica estadística, la idea de que los sistemas físicos y sociales son fluidos cambiantes,  cuyo flujo está determinado por unas condiciones de contorno que ellos mismos cambian con su propia evolución.

Podemos vivir en la incertidumbre, porque vivimos en ella, y tenemos herramientas poderosas para su análisis y control, pero lo que no podemos, nunca, es negarla y ajustar nuestra vida a mentiras inmutables que fracasan constantemente en la historia del Universo.

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