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Seroplevalencia, ELISAS y expansión asintomática

Dicen que un conocido presentador de programas de pseudociencia que intenta vender bulos, leyendas y mitos manipulando y editando la información sin escrúpulos para hacerla pasar por investigación –y lo digo con conocimiento de causa puesto que un día ya lejano, cuando no conocía la vorágine de dicho programa fui engañado, junto a otro compañero, para asistir a ese engaño- va criticándome en sus programas. La verdad es que un elemento como tal individuo hable mal de uno, es casi halagador. Lo contrario sería preocupante. Eso sí, critica un artículo escrito el 27 de febrero, más de una semana antes de que la OMS declarara la pandemia, con todas las incertidumbres sobre los mecanismos de transmisión y clínica de la infección por el SARS-CoV-2, titulado “más que un catarro, menos que una gripe” publicado en El Cultural. Admitiendo que el título es sensacionalista –como pretenden todos los Medios-, el artículo tiene más de 1000 palabras en las que, lejos de menospreciar la gravedad de la COVID-19, lo que pretendía era poner en valor la importancia que todavía tiene la gripe, esa ya casi amiga incómoda que, a pesar de que tenemos inmunidad de rebaño de más de un siglo de interacción, buenos antigripales y una vacuna efectiva para más del 60% de nuestros mayores, sigue matando cerca de medio millón de personas cada año en el mundo. El artículo –del que, estoy seguro, el susodicho presentador pseudocientífico solo se habrá fijado en el título- explica, con cifras y citas, los efectos año tras año del paso del virus gripal. Y hasta aquí la referencia a alguien que hace programas engañosos tratando de confundir a la audiencia con reportajes manipulados… Ahora, saludamos a nuestros héroes de primera línea de defensa contra la COVID-19 y reproducimos el artículo de la serie “Diario de una cuarentena” del 17 de mayo publicado en El Cultural:

Si algo distingue a la ciencia de la pseudociencia es que, la primera, evoluciona; es, por método, falsable, es decir, puede verificarse, contrastarse o corregirse cualquier resultado, cualquier hallazgo anterior, por muy válido que fuera en su contexto, por nuevos resultados mejor adaptados a las observaciones experimentales. Ahí tenemos, sin ir más lejos, la genialidad de un gigante, Isaac Newton y sus leyes de la gravedad siendo superado y actualizado por otro genio universal, Albert Einstein, y su legendaria teoría de la relatividad. La pseudociencia se basa, no obstante, en dogmas de fe, en elucubraciones y creaciones de iluminados que son inamovibles y perduran por los siglos de los siglos. Los principios de la homeopatía, por ejemplo, fueron creados en la mente del médico alemán Samuel Hahnemann a finales del siglo XVIII. Sus fantasías con aquello de que “lo semejante cura lo semejante” si lo diluimos más allá del número de Avogrado –cuando deja de haber moléculas de soluto en el solvente- y lo sometemos a un rocambolesco proceso de agitación-ritual sigue rigiendo un lucrativo negocio donde se ofrece, a buen precio, agua –con algo de azúcar- como medicamento.

Pues bien, mucho es lo que hemos aprendido en solo un par de meses sobre el virus que ha cambiado el paradigma existencial de la humanidad, el SARS-CoV-2. También es mucho, mucho más de hecho, lo que todavía nos queda por aprender. A lo largo de estos ya casi cinco meses desde que se detectara el primer infectado en Wuhan, China, el análisis de los datos experimentales que se han ido cosechando han obligado a cambiar paulatinamente muchas cosas: criterios de contagios, de protección, epidemiológicos, clínicos, terapéuticos. Sin embargo, en las últimas semanas están surgiendo muchos analistas que se animan a hacer predicciones… del pasado, un ejercicio subjetivo que puede tener importantes consecuencias sociales si se utiliza para lanzar mensajes y consignas en un entorno ya de por sí crispado. En cualquier caso, he aquí algunos ejemplos de rectificación científica a la luz de los resultados preliminares que ha arrojado el sondeo de seroprevalencia que está coordinando el ministerio de Sanidad y el Instituto de Salud Carlos III sobre unos 90.000 españoles, junto a los obtenidos del análisis de más de 1300 personas en Nueva York y alrededores en pacientes con infecciones confirmados o sospechosos.

Por un lado, la idea de que más del 80% de los infectados eran asintomáticos, idea apoyada por un estudio publicado desde el Imperial College de Londres, podría cambiar drásticamente si se confirman las primeras aproximaciones de las pruebas –test si prefiere el anglicismo- serológicas rápidas y por ELISA que se están llevando a cabo, como he señalado, en más de 36.000 hogares elegidos al azar. Según esos primeros resultados, menos del 30% de los sospechosos de haber pasado la COVID-19 lo habrían hecho asintomáticamente. Es decir, el virus parece haberse transmitido menos desde asintomáticos de lo que se suponía. Aún así, el número de infectados totales podría pasar holgadamente de los 2 millones, 10 veces más del cómputo oficial de confirmados por PCR, pero lejos del deseado 70% de inmunidad de rebaño o, incluso, del 30% que con una metodología de NO confinamiento opuesta al resto de Europa han alcanzado en Suecia. Una consecuencia directa de los resultados, además de que todavía nos quede mucha batalla y responsabilidad por delante contra la pandemia, es que la letalidad del virus desciende un orden de magnitud, situándola, de momento, en torno al 1%, más alta, no obstante, de lo que personalmente esperaba teniendo, como tenía, una estimación de la transmisión asintomática mayor. La mortalidad por cada 100.000 habitantes se mantiene, no obstante, de las más altas del mundo.

Otro de los puntos que ha causado cierta sorpresa ha sido la constatación de que las pruebas por ELISA –método semicuantitativo, más sofisticado, que lleva más tiempo realizarlo y que requiere una mayor muestra de sangre y aparatos de lectura específicos, pero que ofrece una alta sensibilidad para detectar IgG, IgM o, incluso, IgA- no difieren tanto como se pensaba de los test serológicos llamados rápidos, consistentes en un pinchazo en el dedo y una prueba de inmunocromatografía lateral que no requiere de aparatos sofisticados y cuyos resultados pueden ser interpretados por personal no necesariamente cualificado en unos 10 minutos. La horquilla de coincidencia entre los resultados por ELISA o inmunocromatografía van, según los sondeos realizados, desde el 90 al 97%, nada despreciable puesto que se calculaba una fiabilidad del segundo método inferior al 80%.

También se ha ido adaptando la ciencia, y con ella el mensaje lanzado a la sociedad, a la necesidad, o no, de las mascarillas. En un principio, sin apenas conocimiento de la transmisión del SARS-CoV-2 y con la única referencia del SARS-1 de 2002, la Organización Mundial de la Salud, OMS, no recomendaba el uso de mascarillas para personal que no tratara con pacientes ni fuera uno de ellos. El mal manejo de las mismas y la falsa sensación de seguridad, decía la OMS, podría ser contraproducente. Sin embargo, luego llego la constatación de que el virus podría difundirse entre asintomáticos –hasta el 80% de los infectados, nos decían desde Londres- y, por ello, cualquiera podría ser infectocontagioso sin saberlo; cualquiera podría diseminar el virus. Con esos nuevos mimbres, el uso de la mascarilla se hacía imprescindible, algo que no va a modificarse con el 25% de trasmisión asintomática sugerida actualmente. Sobre el uso de guantes, el criterio no ha cambiado; no se recomienda para un público general y sí una constante higiene y lavado de las manos con agua y jabón –o geles desinfectantes-.

En cuanto a la vital y eterna cuestión –desconocida de momento- de si tras el contacto con el virus desarrollamos inmunidad contra una posible reinfección, los datos de los que se dispone actualmente –recuerde que la ciencia no es estática- a través de varios estudios realizados, como el mencionado anteriormente llevado a cabo desde la Escuela de Medicina del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, permiten ser optimistas. Según dicho estudio, la inmensa mayoría de los casos analizados, el 99%, desarrolló anticuerpos neutralizantes contra el virus. La mayoría de los infectados cursaron, además, con síntomas leves. Lo que no dice, ni puede, el estudio es por cuánto tiempo tendríamos esa inmunidad, ¿años como con el SARS-1, o mucho menos, como contra algunos coronavirus catarrales? Esperemos que el “rebaño” que se vaya inmunizando tras contactar con el virus lo sea, dicho con respeto y cariño, durante mucho tiempo. De ello dependerá la posible futura eficacia de la ansiada vacuna y la vuelta a una nueva-nueva o nueva-vieja normalidad.

Dentro del mismo estudio llevado a cabo por investigadores del prestigioso hospital Monte Sinaí de Nueva York, un dato merece la pena una mención aparte. Al parecer, el punto álgido de mayor productividad de anticuerpos de alta avidez –IgG- se situaría un par de semanas después de que hayan desaparecido los síntomas o, estadísticamente, un mes después de empezar con ellos. La horquilla, no obstante, desde que se activa la respuesta inmune específica hasta que la presencia del virus se hace indetectable es muy amplia y depende de cada individuo. Esto explicaría toda la casuística que se está produciendo en aquellos pacientes a los que se les hace simultáneamente RT-PCR y serología: PCR+ IgM- IgG-, PCR+ IgM+ IgG- y así con casi todas las posibles combinaciones –PCR+ IgM- IgG+ se me antoja, no obstante, algo más raro, pero no imposible-. En cualquier caso, la recomendación sería extremar las precauciones durante un par de semanas después de dejar de tener síntomas. Unos resultados óptimos de PCR- IgM- e IgG alta sería el mejor indicador de una respuesta inmune efectiva.

Finalmente, comentar una curiosa noticia que nos llega desde la revista Antimicrobial Agents publicada por un grupo del ISERM francés. Tal y como afirman los autores, el virus ya habría estado circulando por Francia desde diciembre del año pasado. En una unidad de cuidados intensivos de un hospital al norte de París habrían tratado a un paciente con problemas serios respiratorios. Una RT-PCR realizada restrospectivamente con muestras congeladas han dado positivo para SARS-CoV-2. El paciente nunca estuvo en China. Quienes sí estuvieron en China, en Wuhan, en octubre del 2019, fueron los deportistas de la delegación francesa –y española- que participaron en los Juegos Mundiales Militares. Varios de esos deportistas, franceses y españoles, han asegurado que estuvieron enfermos con síntomas compatibles con la COVID. A la luz de estos datos, muchos de ellos meramente especulativos por la dificultad que entrañaría verificar un supuesto contagio seis meses atrás, cabría preguntarse… ¿desde cuándo está transmitiéndose, silente, este estratega de la guerrilla virológica con corona?

JAL (NeuroVirología UAM)

DIVULGACIÓN CIENTÍFICA DEL 22 DE MAYO DE 2020

ENTRE PROBETAS

Jueves 21:30 h en Radio 5

Bulos sobre el coronavirus y otras delicias – 17/05/20
Llevamos más de cuatro meses con una monstruosa pandemia viral producida por el virus SARS-CoV-2, virus de la COVID-19. Un virus que se disemina silenciosamente y pasa asintomático en la mayoría de infectados, aunque en un porcentaje nada despreciable puede ser muy virulento. Es mucho lo que ya se sabe sobre este patógeno. También es mucho lo que todavía se desconoce y, entre ambos extremos, existe un mundo de dispersión de bulos, leyendas y falacias. Sobre bulos e información falsa hablamos hoy con Elena Campos, investigadora del CBMSO y presidenta de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas. En nuestra sección de libros de contenido científico, hoy hablamos de ‘Embriología‘. Con más noticias y repitiendo la banda sonora de Contagion, por aclamación popular, terminamos el programa.

El LAB de JAL

Domingos 15:50 h en Radio 5

ENTRE PROBETAS (25 minutos de intensa y entretenida ciencia). Radio 5

EL LABORATORIO DE JAL (Píldoras científicas en 3 minutos). Radio 5

MARCA ESPAÑA (A CIENCIA CIERTA) Radio Exterior de España

A HOMBROS DE GIGANTES RNE

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Fases, memes, otras pandemias y menos inflamación

NO ME CANSARÉ DE DECIRLO: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 11 de mayo en El Cultural:

Hoy quisiera comenzar dando las gracias a todos aquellos que os habéis interesado por mi salud. Sigo con alguna cuestión gástrica sin resolver, pero, a todas luces, ajena al coronavirus. Hace menos de una semana, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, afirmaba que “no vamos a dejar a nadie con síntomas sin diagnosticar”. Al día siguiente llamé a mi seguro oficial, mutualista, y al de la Seguridad Social para recabar información y, dado el caso, solicitar un análisis. ¡No sabían, no les constaba! Por otra parte, también intenté, por mi cuenta y riesgo, solicitar una prueba serológica a una empresa privada de diagnóstico que me permitiera saber –asumiendo el porcentaje de fiabilidad y sensibilidad de estos test rápidos- si ya pasé la COVID-19 y pudiera estar inmunizado. Mi gozo en un pozo; están colapsados y la lista de espera se me antoja inviable. Me resultaría más que interesante, por mi familia y por mí, conocer nuestro estado inmunológico –no ya el vírico- contra el SARS-CoV-2 (SARS-2 en adelante).

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Desescalada, sí, pero con responsabilidad, vitamina D y Nicotina

SEGUIMOS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 3 de mayo en El Cultural:

A ver si me he aclarado; paso ya del medio siglo, vivo en un piso, en el Madrid peninsular con mi mujer, aunque no estoy empadronado en dicha dirección ni figura en mi DNI, mis hijos están pasando la cuarentena a más de un kilómetro, mi madre y mis suegros también están más allá de las millas asignadas “de seguridad”, tenemos un gato, pero creo que no cuenta como mascota “paseable”, no tenemos bici ni muchas ganas de correr por las avenidas –con rebufo o sin él-. Ah, y aunque ya creo poder descartar la infección por SARS-CoV-2, no así algún trastorno gastrointestinal que, dicen los amables clínicos que me han atendido telefónicamente, tendrán que mirarme cuando pase la “primera ola”, algo que no ayuda a mi tranquilidad. Veamos, con todos estos datos, ¿alguien puede indicarme en qué fase, prefase o posfase me hallo? ¿Cuándo bajar a tomar mis 30 minutos diarios de sol necesarios para sintetizar la suficiente vitamina D como para mantener mi sistema inmunológico robusto? No, no contesten. Son preguntas retóricas sobre la realidad que nos está tocando vivir –impensable si nos lo cuentan hace escasamente medio año-. En realidad, el proceso, aunque cueste al principio asimilarlo, está muy bien definido y, seguramente, detrás de esos esquemas a varios colorines que desde Sanidad se están difundiendo, hay múltiples e intensas reuniones entre asesores científicos y administradores de la “cosa pública”. Nada que objetar; sobre todo, teniendo en cuenta que, como ha ocurrido en otros países, el proceso puede revertirse en cualquier momento, máxime si no cumplimos con nuestra parte como ciudadanos responsables y damos al traste con las medidas de seguridad fundamentales para evitar la diseminación del mal bicho de la COVID-19 algo, incumplir las normas de seguridad, que se saltaron algunos representantes del gobierno de la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid durante el cierre del hospital de campaña de Ifema. Si los responsables de hacer cumplir las normas son los primeros que se las saltan… mal vamos, aunque la foto de unidad política haya, o no, quedado divina.

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Menos locuras, más ciencia y uso responsable de mascarillas

PERSEVERAMOS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 26 de abril en El Cultural:

¡Suma y sigue! Otra semana de locos. Empiezo a pensar que mi sintomatología va de lo somático a lo mental y viceversa. En cuestiones de salud, no hay nada peor, ni más cruel, que la incertidumbre. Sigo con molestias gástricas que quiero –no soy experto- localizarlas en la parte alta del estómago, con sensación de quemazón, de saciedad y alguna otra cosilla menor a la que, ahora, se le une un cansancio crónico sin explicación. ¡Suma y sigue! Tras 4 visitas a urgencias sigo sin algo parecido a un diagnóstico, sin algo parecido a una prescripción –de alguna prueba clínica, se entiende-. Me recetan, de oído, un protector gástrico. A las pocas horas de ingerir la primera pastilla se recrudecen los síntomas –náuseas, sudor…-. ¡Maldita incertidumbre! ¿COVID?, ¿úlcera?, ¿Helicobacter?, ¿locura transitoria, o perpetua? ¡Suma y sigue!

Y mientras desespero, veo en televisión cosas que nadie más parece ver o, si lo hace, nadie comenta. Algo que, espero equivocarme, podría suponer un cierto repunte –ya veremos la magnitud- de nuevos casos en un par de semanas. A veces, lo obvio es lo que más desapercibido nos pasa por delante. ¿Se han fijado en la forma que tiene el personal de ofrecer las preceptivas mascarillas higiénicas a los trabajadores y clientes en algunas bocas de metro y farmacias? ¡Yo sí! Se sabe que nuestro personal sanitario es el más afectado por contagios con SARS-CoV-2 y que, al parecer, dentro de nuestras fuerzas de seguridad del estado, hasta un 25% del personal podría ser coronavirus positivo. Vaya por delante mi gratitud y sincero reconocimiento de la excelente, heroica y necesaria labor que están llevando a cabo. Esto no es óbice para que algunas cuestiones deban comentarse. En mitad del confinamiento, con el distanciamiento y obligatoriedad de NO contacto físico –al menos sin protección- decretado, todos pudimos observar cómo un oficial –no recuerdo, ni importa ahora, el cuerpo en cuestión- saludaba con un sincero y emotivo apretón de manos –y algún abrazo- a una veintena de compañeros. Todo muy emotivo, pero, si me permiten la incorrección, algo irresponsable. Algo irresponsable como la forma que están teniendo algunos funcionarios y farmacéuticos de ofrecer mascarillas a trabajadores y clientes -estoy utilizando, por comodidad narrativa, el masculino neutro-. Protegidos con guantes –falsa sensación de protección si se usa incorrectamente- he visto en innumerables reportajes en varios informativos cómo, agarrando las mascarillas como si fueran cromos por la parte de la tela –en realidad capas superpuestas de ciertos polímeros- se las ofrecían al personal, muchos también ataviados con guantes, a saber desde cuándo, quienes se llevaban la mascarilla directamente a la nariz y boca para protegerse, deben pensar; para infectarse en algunos casos, creo yo. Se dijo desde el principio de la pandemia que, si la mascarilla se usa incorrectamente, más que una protección podría constituir un vehículo de transmisión vírica. Si no la cogemos por las gomitas o con las manos o guantes limpios –el virus puede permanecer hasta 12 horas en ellos-, estamos, de todas todas, diseminando el patógeno. ¡Cuidado con estos “detalles”!

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Test, Test, Test… pero ¿cómo, dónde y cuándo?

UNA SEMANA MÁS (o una semana menos): Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 20 de abril en El Cultural:

Nada; tampoco ha podido ser esta vez. Sigo sin saber si tuve o tengo SARS-CoV-2. He pasado una semana bastante delicada con náuseas, sudor y cansancio, parecida a la primera que sufrí hace ya casi un mes. Posteriormente, cesaron los síntomas. ¡curado!, me dije. Una oveja más para el redil de los inmunoprotegidos. Estaba equivocado. Hace un par de días, preocupado y débil me fui a urgencias de uno de los hospitales de referencia para la COVID-19. Me aseguraron que no tenía ningún síntoma compatible con el “bicho”. Me hicieron una radiografía torácica; ¡límpia! Total, que volví a casa, igual de débil, sin serología y con un diagnóstico de “molestias gástricas inespecíficas”. Esta misma mañana, completamente desesperado, pido una ambulancia y de vuelta a urgencias. Analítica completa –pero no serología-, electrocardiograma, un protector gástrico y, de nuevo, ¡a casa! Seguramente no sea coronavirus, ¿o sí? Me consta que hay pacientes donde la infección cursa con síntomas de lo más difusos y variados, al fin y al cabo, receptores ACE-2 –la puerta de entrada del virus en la célula- están presentes, con distinta densidad, en múltiples tejidos: respiratorio, cardíaco, renal o digestivo, entre otros. De hecho, en el diagnóstico que tengo en mi poder reza “dolor abdominal inespecífico. Probable infección COVID-19”. Y mi primera reflexión: si en una sala de urgencias de un hospital no le pueden hacer un test, ya sea antigénico, genómico o serológico, a un paciente con síntomas difusos, ¿dónde se lo pueden hacer? Según he visto en algún programa de televisión parece ser más fácil conseguir un test contra el SARS-CoV-2 en una ferretería que en la sala de urgencias de un hospital. Se supone que el Ministerio de Sanidad iba a llevar a cabo una amplia campaña-sondeo sobre la situación serológica contra el coronavirus pandémico. Si hacerle la prueba a los “probables” infectados no es un buen comienzo, algo se está desvirtuando. Insisto, esta es la verdadera urgencia, el arma más efectiva para el principio de todo; de la contención definitiva de la expansión vírica, del inicio del desconfinamiento y de la vuelta al carro de la economía que ahora tenemos con un “palo vírico” entre las ruedas. Y no lo digo yo, que también. Lo ha dicho la OMS –esa organización chivo expiatorio de la ineptitud del presidente del país con el mayor número de casos actualmente-: Test, test, test. Por cierto, y antes de volver a la acusación sin fundamento de Donald Trump sobre el posible origen del virus en un laboratorio de Wuhan, mi segunda reflexión del día: cuando se dice que “un país no investiga porque sea rico, sino que es rico porque investiga” o que “sin ciencia no hay futuro”, no son eslóganes huecos propios de una campaña electoral. Es una triste pero contundente realidad. Ahora que estamos hablando de “trabajos esenciales”, que todos tenemos identificados, o de “trabajos NO esenciales”, aquellos que desde hace una semana vuelven a estar operativos… ¿dónde está la investigación? Al menos en mi universidad, la UAM, o en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, todo aquello que no tenga que ver directamente con investigación de la COVID, ¡está cerrado! ¿No hay necesidad, al parecer, de investigar otras patologías, otros campos, otras innovaciones punteras? Si la investigación de un país no es esencial, y tampoco parece ser NO esencial… ¿qué es?

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Vuelta al trabajo, ¿necesario o arriesgado?

UNA SEMANA MÁS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 14 de abril en El Cultural:

No lo voy a negar. Tengo ya casi más curiosidad científica que necesidad vital por conocer mi estado inmunológico frente al posible SARS-CoV-2. Más de dos semanas después de los primeros síntomas leves –que afortunadamente no parecen haber evolucionado inadecuadamente- de algo compatible con el coronavirus, ya sin síntomas, sigo sin saber dos aspectos vitales para poder volver al seno familiar y abandonar este confinamiento voluntario dentro del confinamiento nacional impuesto por el estado de alerta sanitaria: ¿he tenido la COVID-19? En caso afirmativo, ¿sigo siendo portador? Y, finalmente, ¿soy seroconverso, es decir, he generado anticuerpos potencialmente protectores contra el virus? Cada uno de estos aspectos habría que abordarlos con pruebas distintas, pruebas que el Gobierno tendrá que implementar en todo el territorio nacional si queremos realmente tener la radiografía del estado de la cuestión de la pandemia en España. A mis primeras preguntas, sobre si he tenido el virus y sigo siendo portador, las respuestas las encontramos en las pruebas genéticas de RT-PCR –lentas pero precisas-, y antigénicas, que comprueban la presencia de proteínas del virus y son rápidas, pero menos fiables: eres o no eres infectocontagioso. Ambas pruebas se realizan sobre exudados naso u orofaríngeos. En cuanto a las pruebas serológicas, a través de una muestra de sangre, destinadas a saber si ya has entrado en contacto con el virus, si tienes anticuerpos contra él y, plausiblemente, estás inmunizado, el Ministerio de Sanidad, a día de hoy (12 de abril), sigue sin aclarar cómo, a quién y cuándo van a iniciar sus denominados “sondeos”; algo que se me antoja vital para las medidas de “desescalonamiento” del confinamiento. Llegados a este punto, quiero presentar una anécdota que puede que le aclare –o le confunda aún más- sobre los posibles escenarios de interacción con el SARS-CoV-2: Tengo una amiga, personal sanitario, con anosmia desde hace 15 días, que decidió salir de dudas y acudir a una de las empresas privadas que por un módico precio que ronda los 200 euros, le realizó un análisis RT-PCR y serología. Cinco días más tarde, los resultados fueron sorprendentes. Positivo para coronavirus –sin indicar cuántas unidades genómicas, algo parecido a cuánta carga viral, había en la muestra-, negativo para anticuerpos IgM pero altamente positivo para IgG. ¿Buenas o malas noticias? ¡Depende! Los datos señalaban que, en el momento de la prueba, ya con 10 días con ligeros síntomas, mi amiga seguía siendo potencialmente infectocontagiosa –y digo “potencialmente” puesto que sin saber el dato cuantitativo de la PCR no se podría asegurar-, pero había dejado atrás la respuesta inmune primaria, la primera que se genera y que se caracteriza por la producción de anticuerpos del tipo IgM, presentando una clara respuesta, más efectiva, secundaria con la producción de inmunoglobulinas IgG. Seguramente, mi amiga sea resistente a una nueva infección, pero, entonces, ¿cómo explicar el dato de la PCR positiva junto a la alta producción de IgG? Malamente, pero no es extraño. A partir de los 7-10 días de la infección –no de los síntomas-, la respuesta inmune específica empieza a hacer acto de presencia con la generación de anticuerpos. Al principio, IgM, poco después, IgG –los que producirán memoria inmunológia, aunque sin saber todavía durante cuánto tiempo…-. Con la presencia de estas moléculas inmunoprotectoras, la carga viral empieza a descender, pero la horquilla hasta que la detección de viriones –partículas virales- deja de producirse puede ir desde una a varias semanas. No sé qué carga viral tenía mi amiga cuando se hizo la doble prueba, pero, seguramente, si se volviera a repetir la RT-PCR hoy daría negativa. Mi amiga se habría convertido, a todas luces, en una “ovejita” más en el rebaño de los inmunoprotegidos. Pasemos ahora a analizar este concepto de “inmunorebaño” y de horquilla donde podemos generar anticuerpos, pero seguir siendo potenciales transmisores del coronavirus, de cara a la vuelta al trabajo que el Gobierno les ha propuesto a algunos colectivos previamente clasificados como “no esenciales” –si es que este concepto existe entre los trabajadores de un país-.

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Mascarilla, más carilla, más que nunca

Y NO ME CANSO: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 6 de abril en El Cultural:

Llevo, se supone, 9 días con síntomas de la COVID-19. Digo “se supone” puesto que, al parecer, hoy día, todo lo que no sea un esguince o accidente doméstico podría entrar dentro de esa nebulosa de “posible caso COVID”. No me han hecho ninguna prueba y, si todo termina felizmente, seguramente solo accederé, en su momento, a la comprobación serológica de haber entrado en contacto con el virus. Llevo, por otra parte, 48 horas sin fiebre, pero de momento no las tengo todas conmigo. Según algunos casos clínicos, hacia los 7-9 días desde que se tienen síntomas, cuando se empieza a producir la denominada “seroconversión”, es decir, la aparición de anticuerpos específicos contra el patógeno, en ocasiones, aparece una terrible complicación: la respuesta inmune se desregula hacia una activación inapropiada de los macrófagos pulmonares, técnicamente denominados como M1, que conducen a un estado pro-infamatorio que puede agravar, y mucho, el pronóstico. Por ello, en algunos casos, tras una inicial mejoría que conlleva un optimismo legítimo, se produce una recaída que, bueno, no me anima a considerarme aún como inmunoprotegido, inmunizado y curado. Veremos en un próximo informe.

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Con síntomas y alcanzando el pico

UNA VEZ MÁS: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 31 en El Cultural:

Sin tos ni disnea, con malestar general, algo de fiebre intermitente, náuseas y, de vez en cuando, algo parecido a un pequeño y molesto escozor en el pecho. Son síntomas difusos, compatibles con muchos patógenos, víricos o no, pero, en la vorágine de la actual pandemia, cuando llamas a tu centro de emergencias próximo, como he hecho yo, pasas a engrosar esa indeterminada lista de “posibles o compatibles” infectados con el nuevo coronavirus. A partir de ese momento entras en un proceso de seguimiento médico, telefónico, para evaluar la evolución de dichos síntomas. Quizás, y si tras varios días –o semanas- estos remitiesen, serás considerado como curado; pero, ¿curado de qué? Seguramente no lo sabrás hasta la llegada a España de esos millones de test rápidos serológicos que el Gobierno está gestionando y que permitirán perfilar la radiografía real de la pandemia en nuestro territorio. Con esos test sí sabremos quién ha entrado en contacto con el virus –especialmente importante entre el personal sanitario-, quién ha podido ser un transmisor asintomático y, sobre todo, qué porcentaje de españoles podría estar ya protegido ante el virus –inmunidad de rebaño- y, ya puestos, qué mortalidad real tiene el SARS-CoV-2, vital para planificar la más que probable segunda oleada a partir del próximo otoño. El test serológico no tiene que ser confundido con otro test rápido encaminado a la detección de antígenos (proteínas) del virus –el mismo que originó la polémica sobre un lote defectuoso vendido por una empresa china-. Este último mide la presencia física, a tiempo real, del virus en las muestras analizadas; algo complementario, pero más rápido y barato, que las pruebas definitivas de RT-PCR.

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Guerra microbiológica, temperatura y adaptación

Insisto: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso un nuevo artículo publicado el pasado 24 en El Cultural:

Un picoteo tonto con los amigos en una terracita soleada; unas aceitunillas y taquitos de queso en plato único; compartir unas palomitas con tu pareja –de las de combo medio con refresco, que el exceso de sal te perjudica- durante el estreno de tu película favorita; abarrotar los centros comerciales en busca de cualquier ganga que los comerciantes anuncian con términos en inglés, que siempre suena más creíble, como justificación de nuevas “rebajas”… ¿Le suena todo esto? ¿no le parece, como a mí, ecos de un pasado ya casi irreal? Listillos o caraduras que se piensan con más derechos que los demás aparte, este nuevo jinete apocalíptico llamado SARS-CoV-2 –COVID-19 en los medios- supondrá, a todas luces, un cambio de paradigma científico, sociocultural, ambiental y económico: coordinación y colaboración en investigación internacional sin precedentes –si exceptuamos la lucha por la “pica de Flandes” vacunal entre EE.UU. y China-, valorar más nuestra libertad individual y sensación de colectividad, comprobar que el clima terrestre tiene todavía una oportunidad –un mes de confinamiento mundial parece bastar para hacer retroceder la polución de las grandes ciudades a épocas ya lejanas-, constatar lo frágil que es nuestro denominado “Estado del Bienestar” y la seguridad económica de los también denominados países del Primer Mundo… ¡Ah!, y por supuesto, el reconocimiento a todos aquellos profesionales que con su esfuerzo están permitiendo llevar a cabo –con sus trancas y sus barrancas- la excepcionalidad social más grande tras la segunda guerra mundial. En especial, a nuestros sanitarios, desbordados con escasos medios que no han dudado desde el principio en asumir un riesgo incierto para estar en primerísima línea de guerra microbiológica teniendo que tomar dramáticas y dolorosas decisiones como a quién asisten con un simple respirador y a quién “posponen” a su suerte. Vaya para todos ellos mi admiración más profunda. Y en cuanto al virus, ¿qué hay de nuevo? Mucho, pero no lo suficiente…

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Diario de una cuarentena: Bulos, mitos, hitos y chascarrillos…

Quiero empezar por lo importante: Un fuerte y virtual aplauso a médicos/as, enfermeros/as, personal sanitario, en general, fuerzas de seguridad del estado y todos, TODOS, los profesionales que siguen a pie de calle, a pie del cañón, para que nosotros dejemos de hacer el indio y nos quedemos en casa con responsabilidad… Os paso el artículo publicado hace unos días en El Cultural:

¿Puedo bajar a mi hijo al parque? ¿Puedo dar un paseíto cerca de mi casa? ¿Puedo salir, al menos, a hacer algo de deporte? Como director del grupo de NeuroVirología de la UAM, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Virología y divulgador científico, estas han sido, durante toda la semana, algunas de las preguntas más recurrentes que los oyentes, en radio, o espectadores, en programas de televisión, me han formulado. Ahora, desde esta mismísima mañana -15 de marzo del ya históricamente inolvidable 2020- la declaración desde el Gobierno de alerta sanitaria nacional, preguntas como estas dejan de tener sentido. Al margen de consideraciones sobre virulencia vírica en infecciones a una persona puntual, estamos ante una emergencia sanitaria con el único objetivo de escalonar los picos de afluencia a los hospitales de personas con graves síntomas por el coronavirus, por el ya temido y familiar SARS-CoV-2, HCoV o, si lo prefiere, aunque no sería correcto, COVID-19.

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