Archivo de septiembre, 2011

OPINIÓN SOBRE LA FORMACIÓN POSGRADO (y II)

La formación posgrado supone una preocupación por la mejora en la calidad de los servicios asumida y demandada por los profesionales sanitarios. Los fisioterapeutas tienen una larga tradición en este aspecto de su profesión. Sin embargo, más alla de los comentarios de colegas, en la entrada previa hemos reflexionado sobre un replanteamiento que tenga en cuenta las necesidades y características del profesional en ejercicio.

En el terreno de lo concreto hemos comprobado muchas veces como se hacen exposiciones teóricas sobre materias básicas  (anatomía, biomecánica, fisiología) que engordan la duración de los cursos. No está de más un recordatorio de las mismas pero no ha de suponer un porcentaje significativo de las horas totales.  También ha de considerarse la aplicabilidad inmediata, el resultado práctico del esfuerzo formativo. De no ser así abandonaremos lo aprendido, constatando la futilidad de nuestra dedicación. El contenido tiene mucho que ver con esto, pues en demasiadas ocasiones nos formamos en técnicas terapéuticas y diagnósticas que no han demostrado ni siquiera validez empírica y carecen de fácil justificación científica.

El fisioterapeuta, como las demás personas, tienen otras ocupaciones que puede considerar prioritarias. La formación no ha de suponer un obstáculo insalvable para las mismas. Ya sabemos que sí supone un esfuerzo que se verá con buenos ojos si se observan resultados. Familia, más en una profesión muy feminizada, aficiones u otras dedicaciones requieren tiempo. Aunque no pueden argumentarse como excusa para la renuncia a la formación, los requerimientos del curso habrían de contemplarlo para, con ello, propiciar la adherencia al mismo.

En el contexto de determinadas enseñanzas como las de máster, doctorado o títulos propios de posgrado de las universidades los programas están ofertados y publicados y el estudiante sabe a lo que se compromete para la obtención del título. Es de esperar cierto grado de exigencia teórica, dedicación presencial, elaboración de trabajos, etc. Pero en otra coyuntura, como la de la multitud de cursos sobre determinadas terapias, escuelas o enfoques es donde han de primarse las características del adulto. No debe obviarse su bagaje, muy largo para muchos, la experiencia o la expectativa de aplicabilidad de los contenidos.

En estos casos no podemos perder de vista que son los profesionales los que demandan un tipo de formación. Es decir, son el cliente, el que dice lo que pretende, y el proveedor debería adoptar su visión de lo que ha de ser la acción formativa. Debe contemplar lo que se quiere aprender y cómo se quiere aprender, y no exponer sus condiciones ignorando los deseos, disponibilidad, prioridades, práctica o conocimientos de los alumnos. Estos muchas veces saben y tienen experiencia, no son el recién titulado vulnerable, impresionable  que se deja cautivar por las habilidades de un profesor erudito en la materia.

Por lo tanto,  se puede aspirar a cursos con mayoría de contenido práctico, cuyas enseñanzas se puedan aplicar al día siguiente, fundamentadas en la experiencia cualificada del docente y apoyadas en las ciencias básicas y en estudios científicos; que valoren la experiencia del alumno, sus expectativas y necesidades; y que sopesen la incidencia que su realización tiene en las vidas personales y profesionales de los asistentes.

En definitiva, encajar todas las piezas del complejo rompecabezas de la formación posgrado supone un esfuerzo del alumno, una implicación previa y concurrente con el curso, un compromiso, también de los centros e instituciones, públicos y privados. Pero además supone una postura crítica que evalúe los contenidos, los materiales docentes, la aplicabilidad o la accesibilidad, también económica. Con estos criterios y, aunque no exista una satisfacción total,  se propiciará que los fisioterapeutas y demás profesionales asuman la formación de  mayor agrado, serán más receptivos y, con ello, mejorarán la calidad de su trabajo y el reconocimiento del mismo.

Entrada relacionada: Opinión sobre la formación posgrado (I), en http://www.madrimasd.org/blogs/fisioterapia/2011/09/26/opinion-sobre-la-formacion-posgrado-i/

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OPINIÓN SOBRE LA FORMACIÓN POSGRADO (I)

La formación posgrado es por definición formación de adultos. Este grupo de edad es inherentemente heterogéneo pero, en lo que respecta a la formación o educación de adultos, presenta unas claras diferencias con el estudiante más joven. Los pedagogos conocen bien esas diferencias pero muchos formadores de las más variadas disciplinas no tienen en cuenta las características del educando posgraduado.

La formación para el titulado universitario pretende complementar los estudios de licenciatura, diplomatura o, en el más cercano futuro, del graduado. Se trata de abordar con mayor profundidad aspectos que en los estudios previos ya fueron tratados pero no con la dedicación que requerirían para afrontar determinados ámbitos de la práctica profesional. También se enmarcan en el proceso de formación continuada para remozar los conocimientos o  incorporar nuevos avances o descubrimientos del acervo de una disciplina. En el caso de las profesiones sanitarias como la Fisioterapia, con innovaciones permanentes, cobra una especial relevancia y se le exige al profesional una constante renovación de sus conocimientos y habilidades. Es precisamente esa condición de compromiso con la formación y su necesidad lo que debiera hacernos reflexionar sobre cómo se está haciendo.

Los que llevan muchos años en la Fisioterapia saben de las carencias que en su día tuvo su formación y de la pertinencia de profundizar en campos de la misma poco acometidos, de indagar en nuevas propuestas de tratamiento y diagnóstico y de actualizarse en línea con el progreso de la profesión. En este camino habrán sido partícipes de cursos que les han proporcionado  una mejora en sus conocimientos y prácticas pero también habrán padecido cursos de dudoso aprovechamiento. Las causas de este último mal, no exclusivo de la Fisioterapia, serán diversas. Pero, a nuestro entender y en nuestra experiencia, una de las claves está en el enfoque que los formadores dieron y dan a sus cursos, prescindiendo de los saberes que aportan las reglas básicas de la pedagogía y su aplicación específica a la enseñanza de adultos.

Hay algunas claves que han de tenerse en cuenta en el aprendizaje de este grupo de edad y, entre ellos, los posgraduados universitarios. El proyecto ASSET del Programa de Aprendizaje Permanente (PAP) de la Unión Europea apunta esas características que recogemos aquí (1):

  • Los adultos tienen experiencias y conocimientos previos y tienden a favorecer el aprendizaje práctico en el que los pueden aprovechar. No son un terreno baldío para crear conocimiento nuevo.
  • Los adultos tienen  opiniones, valores y creencias establecidos que impregnan el resto de sus actividades.
  • Los estudiantes se esfuerzan si están motivados por una necesidad, un interés o un deseo de aprender.
  • Los adultos tienen diferencias en el ritmo y formas de aprendizaje.
  • Los adultos aprenden mejor en un ambiente democrático, participativo y cooperativo. Necesitan involucrarse activamente en determinar cómo y qué aprenderán.
  • Los estudiantes adultos son personas maduras y prefieren ser tratados como tales, no ser sermoneados o amonestados.
  • Los adultos se orientan por un objetivo y por la relevancia de lo aprendido. Tienen necesidades concretas e inmediatas. Se impacientan con largas discusiones teóricas y necesitan que se apliquen a problemas prácticos.
  • Los adultos suelen tener otras ocupaciones (trabajo, familia). Además hay que considerar durante la formación otras cuestiones como horarios, transporte, obligaciones sociales o profesiones.
  • Las diferencias de edad con estudiantes más jóvenes puede preocupar a los más mayores. Por eso precisan un ambiente en que se valore su contribución.

Seguro que todos estos rasgos del adulto son reconocidos por muchos fisioterapeutas y encuentran extrapolación a las enseñanzas recibidas como posgraduados. Como hemos dicho se trata de un grupo heterogéneo en multitud de aspectos (inquietudes, prioridades, ámbito de trabajo, experiencia, edad, etc.). Pero tendrán la mayoría de las características señaladas. Si no se tienen en cuenta a la hora de diseñar una acción formativa probablemente se  esté provocando la insatisfacción del educando, cuando no un fracaso.

La asistencia a cursos supone una obligación y un derecho, una necesidad que proporciona satisfacciones y de lo que se benefician nuestros pacientes, centros de trabajo o alumnos. Pero también es un sacrificio personal, familiar y económico en diversa medida. Por ello se ha de promover y exigir calidad y adecuación de los cursos teniendo en consideración las características antedichas.

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Referencias:

1. Wynne R. Characteristics of Adult Learners. En Wynne R. Learner centred methodologies. Acceso el 26 de septiembre de 2011. Disponible en http://www.assetproject.info/learner_methodologies/before/characteristics.htm

 

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BUEN DÍA

Hoy, y ya va siendo tradición, se celebra el Día Mundial de la Fisioterapia. Felicitar desde aquí a todos los que un día decidieron dedicarse a esta hermosa profesión que tantas satisfacciones y a veces sinsabores nos aporta.

Se merece un comentario este día en el que nuestra profesión adquiere algún protagonismo. Los que nos sentimos identificados y comprometidos de alguna forma con la Fisioterapia seguro que pensamos en algún momento lo que nos llevó a elegirla como profesión y el camino, largo o corto, que llevamos en ella. Encontraremos razones para dudar de aquella elección, recordaremos desencuentros y desilusiones, nos disgustaremos ante las barreras que se levantan en ocasiones para nuestro desarrollo  y el de la profesión. Pero también descubriremos lo que hemos logrado con muchos pacientes, lo que hemos aprendido y hemos crecido en los profesional y lo personal, el avance lento pero seguro de la Fisioterapia hacia una aportación mayor a la sociedad o el potencial que tiene por delante. Sin duda no corren buenos tiempos para muchos profesionales que ejercen en condiciones lamentables o ni siquiera tienen oportunidad de ello. Otros emigran para poder hacerlo. Pero, creemos, los obstáculos pueden superarse y con la participación de muchos la profesión continuará aumentando sus fronteras en los muchos ámbitos en los que se desarrolla.

Dejamos aquí un vídeo que habla de lo que hacemos. Para todos, buen día.


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¿ABRIMOS TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO?

En el artículo que publicábamos hace pocas fechas nos preguntábamos sobre la utilidad y la oportunidad de la fisioterapia durante los domingos y demás días festivos. Apuntábamos hacia la respuesta afirmativa en esta cuestión.

Muchos fisioterapeutas negarían la necesidad de nuestra intervención en esos días. Y efectivamente, si hay que interrumpir un tratamiento o aplicarlo sin continuidad diaria lo lógico es hacerlo cuando convencionalmente y socialmente parece lo más adecuado, fiestas y fines de semana. Sin embargo, existen pruebas, como dijimos, del beneficio de la fisioterapia dominical. En las unidades de vigilancia intensiva la fisioterapia ha demostrado sus beneficios, también en términos de coste-efectividad. Pero concordaremos en que en estos contextos, cambiantes, la fisioterapia ha de tener continuidad. Un ejemplo es la atención prestada por los fisioterapeutas del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Madrid, que trabajan los 365 días del año. Así lo hemos constatado en la 1ª Jornada de Actualización Clínica en Fisioterapia Cardiorrespiratoria celebradas en dicho hospital. De otro modo, los potenciales beneficios de la fisioterapia no se alcanzarán, generarán desencanto entre los profesionales y propiciarán la falta de solicitación del fisioterapeuta. La profesión y, sobre todo, el paciente se ven así perjudicados. Esto supone también una llamada de atención sobre la variabilidad de las actuaciones en nuestra disciplina. Para cambiar esta situación se requieren una mirada hacia las pruebas científicas publicadas, una divulgación de las mismas entre neumólogos, cardiólogos o intensivistas y una actitud positiva a los cambios en la gestión de las jornadas laborales, sin que ello suponga un perjuicio en las condiciones y derechos del profesional.


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SIENTO, LUEGO SOY BUEN TERAPEUTA

Desde hace tiempo que, fruto de una visión más crítica y desprendidos de ciertos complejos, nos atrevemos a pensar que muchos de nuestros maestros son objeto de un trato excesivamente reverencial. Nos referimos a la obcecación en creer y sentir sin ningún tipo de vacilación lo que se nos contaba en multitud de cursos a los que, los que tenemos algunos años, hemos asistido.

No solemos, como verán los que siguen esta bitácora, comentar lo manifestado por otros colegas a través de instrumentos como este. Pero, como en otras ocasiones, la entrada de Rubén Tovar en su blog Fisioterapia …y demás nos ha parecido lúcida y acertada. Efectivamente también nos hemos sentido en muchas ocasiones frustrados y presos de nuestra torpeza palpatoria por no sentir lo que se nos decían que habíamos de sentir.  Se nos ocultaban los mútiples estudios, como muestra el colega Tovar,  que constatan la falta de rigor en muchas de estas técnicas por no ser reproducibles. Y no olvidemos que la reproducibilidad es uno de los pilares del método científico.  Claro está,  hay que pensar que este método es el menos malo para acercarnos a la verdad. La perspectiva científica no niega la veracidad de la posible existencia de esos movimientos o de la efectividad de las técnicas que los usan, simplemente manifiesta la dificultad para integrar su  utilización en una práctica fiable, a tenor de la falta de coincidencia en las evaluaciones de distintos terapeutas.  Sería  como pensar que son válidas las valoraciones de la misma radiografía hechas por dos o más personas que no ven lo mismo.  Aconsejamos la lectura del artículo antedicho en http://rubentovar.blogspot.com/2011/09/el-que-busca-halla.html

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LA PRUEBA DEL CAJÓN ANTERIOR TRAS CIRUGÍA

La prueba del cajón anterior es una de las más clásicas y comúnmente utilizadas por los profesionales que abordan problemas traumatológicos. Es rápida y no reviste especial dificultad. Por otro lado, es útil en determinar la posibilidad de afectación del ligamento cruzado anterior, una de las lesiones más presentes en el mundo del deporte.

Recordamos que la prueba consiste en aplicar una tracción posteroanterior sobre la parte proximal de la tibia con el sujeto tumbado en decúbito supino, cadera flexiona y rodilla tambien en flexión de 90º.  El profesional se sienta ligeramente sobre el pie del paciente para estabilizar la pierna. Se valora la integridad del ligamento cruzado anterior (LCA) y oblicuo posterior, el complejo arqueado poplíteo y la capsula articular. La afección de una o varias de esas estructuras se traduce en un desplazamiento anormal y mayor que el lado sano, por lo que se aconseja la realización de la prueba en la rodilla contralateral. Hay otras pruebas que evalúan el LCA, como la de Lachman, Slocum o “pivot shift”. Sin embargo, nos referiomos al cajón anterior por su asequibilidad. Parece, no obstante, que la prueba de Lachman junto con una buena historia y exploración son superiores para sospechar acertadamente de una lesión del LCA.

Lo que nos motiva este comentario es la observación muy habitual de la presencia de laxitud, de una mayor movilidad posteroanterior en muchas de las rodillas que tratamos posteriormente a la cirugía. Para un fisioterapeuta novel o no habituado podría parecer que la intervención no ha sido exitosa en su afán de proporcionar estabilidad a la rodilla. Podemos ver un video en el que se realiza la prueba a un paciente operado.


Sin embargo, la experiencia nos indica que la rodilla ha recuperado clínicamente su estabilidad, al menos en esta fase del periodo postoperatorio. Cabe pensar que los elementos activos serán suficientes, junto con la corrección quirúrgica y una recuperación propioceptiva y funcional, para permitir al paciente recobrar su estabilidad.
Por tanto, ante un cajón anterior mayor que la rodilla sana tras ligamentoplastia del LCA, no pensemos en un fracaso o pérdida de expectativas. Atendamos a las sensaciones del paciente y a las posibilidades de actividad funcional real.

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