Archivo de junio, 2012

Una modesta propuesta para acabar con el déficit español

En 1729 un clerigo inglés escribía: ”Una propuesta modesta para impedir que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres y el país y para hacerlos beneficiosos para el público”, con un éxito arrollador.

Yo, aunque no soy clérigo, quiero presentar aqui tambien dos modestas propuestas para arreglar los problemas de España: Y además me gustaría que el Excmo. Sr. Rajoy las llevase a la reunión de la Unión Europea del Jueves 28/06/12.

La primera es eminentemente razonable ante la situación de agobio por la que pasan nuestras finanzas, y esos déficit que no se embridan. Es cerrar todas las universidades, institutos y colegios, sine die. Los profesores no cobraríamos, pero al menos gozaríamos de unas vacaciones indefinidas (buscando hierbas por el campo, eso si, para engañar el hambre). Los alumnos, a disfrutar de la vida sin la chorrada esa de los estudios y los exámenes; y los padres se ahorrarían matrículas, uniformes y libros de texto.  Bajaría el déficit en 0.0000001 puntos, al menos.

La segunda propuesta no es mía, es de una amiga, que la recibió de su hermano Antonio: Debemos dejarnos de paños calientes de una vez. Cada uno de los españoles (45 millones) cogemos lo que tengamos, digamos 1000 euros cada uno, los ingresamos en los bancos, no en nuestras cuentas, sino en las de los banqueros, y luego nos sentamos a morir de hambre en los estadios vacíos de las ciudades. Con la caló que cae, en un par de dias, deshidratados, desaparecemos y con nosotros, desaparece el problema. El Sr. Rajoy podrá llamar a la Excma. Sr. Merkel y decir: ”Problema resuelto. 45 millones menos de clientes para Alemania. Hemos cumplido”

El Autor de  ”A modest proposal …” era Jonathan Swift, y su propuesta, aún mas cruel que la de arriba, pero perfectamente racional, era que los niños de los pobres de Irlanda sirviesen de alimento en las mesas de los ricos de Inglaterra.

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El sentido común: El menos común de los sentidos.

Todos los análisis económicos indican que es difícil aumentar los ingresos del estado. La razón es bien sencilla. Si se aumentan los impuestos, por ejemplo, a la clase media, estas personas compran menos bienes y servicios, con lo cual se reducen los impuestos de gasolina, e IVA. Si se rebaja a la mitad, por ejemplo, el sueldo de los funcionarios, cae automáticamente de manera radical la actividad económica, y el Estado se arruina aún más.

La verdad económica por excelencia, que olvidan todos los políticos, empresarios y economistas es la verdad de Henry Ford: Para vender coches los obreros tienen que ganar suficiente para comprarlos. Para que el Estado tenga dinero los ciudadanos deben de ser ricos para pagar sus impuestos.

Mientras esta verdad tan tremendamente simple no vuelva a entrar en las cabezas de madera de aquellos, seguiremos deslizándonos por el camino de la miseria.

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Los modelos mentales

Hay una novela de ciencia ficción en la cual, un terrestre, teletransportado a otro mundo, es invisible para los habitantes del mismo: Lo ven, pero no lo registran.  Cuando dormimos no cerramos los oídos, pero descartamos todos los sonidos que no impliquen peligro.

El cerebro se hace modelos mentales de la realidad. El modelo actual es tal que las personas no entienden cuando se les dice que hay otra forma de vida. Ya he contado aquí que en mis clases sobre energía y arquitectura/urbanismo trato de conseguir que los alumnos piensen de manera distinta sobre la ciudad. Pues bien, mis palabras no entran en su modelo mental.  Oyen, escuchan atentamente, pero traducen lo que oyen a -su- modelo mental. Cuando tienen que realizar un trabajo de fin de asignatura, sus soluciones son tranvías, bicicletas, circumvalaciones, pero no cambian su modelo mental de la ciudad. No pueden pensar cual es la definición básica, subyacente, de ciudad; y cómo podría organizarse en el siglo XXI. Siguen con el modelo mental de ciudad de hace 3000 años.

De la misma manera ocurre con los economistas. Krugman sigue insistiendo en devaluaciones, cuyo efecto es el de una aspirina, o de un paracetamol, como decía el otro día Altafaj en Bruselas. Stiglitz, otro premio Nobel como Krugman, insiste en un modelo mental lineal y  determinista, en donde sirve subir o bajar unas décimas los exponentes del capital y el trabajo en las funciones de producción, que sin embargo mantiene fijas sin mentalizar la posibilidad de que en la realidad sean otras distintas de las clásicas.

Estoy leyendo un libro sobre el impacto del descubrimiento de América sobre el pensamiento europeo, de J.H. Elliott.  Hasta 1650 Europa no asimiló realmente lo que significaba América. América no encajaba en su modelo mental. Hubo un pensador que decía: ‘Si el esfuerzo hecho en América se hubiese hecho en Europa …’, sin darse cuenta de que sin la idea de América no habría habido esfuerzo en Europa. No podía cambiar su modelo mental, no se daba cuenta de que con el modelo mental tradicional, Europa no podía crecer. Solo la existencia de América forzó una nueva manera de ver las cosas.

Sería inmensamente útil que todos los científicos leyesen este libro de Elliott: ”The Old World and the New”, que se puede comprar para el Kindle. Es una ilustración clarísima del problema social actual.

Isabel la Católica, Felipe II, bañados diariamente en el mensaje de la religión, no concebían el gasto de riqueza mas que para esa misma religión. 1300 años de modelo mental basado en que la vida no es más que la oportunidad de alabar a un dios ignoto se notaba en todas sus acciones.

¿Qué modelo mental tenemos hoy?

Hace 400 años se aceptó que la Tierra era un grano de polvo en la inmensidad del universo, y se asumió que sin esfuerzo se podía crecer cuantitativamente por siempre, de manera porcentual o exponencial.  La física permeó las mentes de todos los ciudadanos del planeta, gracias a sus inmensos triunfos prácticos. Pero ¿qué física? 200 años después de Galileo, Laplace sistematizó, codificó y dogmatizó la física, cómo había hecho Agustín de Hipona 300 años después de la redacción de los evangelios cristianos.

El dogma de Laplace era la mecánica lineal, el determinismo a ultranza. Ese determinismo permeó y permea aun la física, la biología, la teoría de la evolución, y lo que es peor, la teoría económica, hecha a imagen de la teoría estática del equilibrio de Lagrange por Walras y Pareto. Tan profundo permea el dogma de Laplace que hasta la mecánica cuántica, que debería ser estadística por definición, e interactiva hasta el máximo, se restringe a modelos lineales y deterministas. La incertidumbre en tan anatema en la física moderna como el unitarianismo en el dogma trinitario cristiano, o el politeísmo en los dogmas judío y musulmán, y eso a pesar del principio de incertidumbre de Heisemberg, que se considera como certidumbre de lo que hacen los electrones, y no se lo deriva de razones tan simples como la interacción con los otros 10^(70) electrones del universo.

Necesitamos, como el agua las plantas del valle, un cambio de modelo mental, pues el fracaso de los dos anteriores (el dogma revelado y el dogma determinista encontrado con la razón)  y del clásico chino (que vuelve a las andadas) es evidente.

El modelo mental actual es el del crecimiento cuantitativo en un esquema determinista y sin incertidumbre.  Cualquier persona de la calle, y cualquier economista de las asesorías gloriosas de los gestores sociales lleva, imbuido hasta lo más profundo de su mente, la idea de que, sin esfuerzo alguno, cada año tenemos mas dinero que los años anteriores. La crisis actual ha salido de este pensamiento lineal: basta con vivir y automáticamente   y(t+1) = 1.03 x y(t),  donde y(t) es la riqueza en el año t. Puesto que esto –era– así, se podían pedir hipotecas a 40 años: Cada año se iba a ganar más dinero, por todos los miembros de la sociedad, y se podía acceder a la propiedad como un derecho concedido por esa misma sociedad por el mero hecho de nacer.

La realidad no es así: La vida es no lineal e incierta, y  la riqueza de mañana no es una función lineal de la riqueza de hoy.

La crisis se desató cuando se hizo evidente que no es posible extender la riqueza a todos los seres humanos sobre la Tierra sin más esfuerzo que desearlo así.

Hemos encontrado un mundo nuevo, pero no lo vemos con los ojos de un nuevo mundo, sino que tratamos de enfundar ese mundo de, digamos, 120 kilos de peso, en un corsé adecuado para una persona de 60 kilos.  Todos los mecanismos que se prueban desde hace 5 años fallan uno detrás de otro. Están dentro de otro modelo mental.  No pueden funcionar.

El nuevo mundo, el nuevo algoritmo es no lineal. Las funciones no lineales tienen realimentaciones positivas (el rico se hace mas rico y el pobre más pobre), puntos críticos antes de los cuales la función es suave y tras los cuales la función es caótica, y generan, de manera automática, incertidumbre intrínseca, debida a la interacción de trillones de agentes todos con todos de manera no lineal.

Lo mismo que Colón, y los que le siguieron, veían en la Española las Islas de las Hespérides, y los frailes, a los indios como inocentes, lo mismo que Europa no consiguió entender nada de América hasta 1650, hoy ni el pueblo, ni los sindicalistas, ni los catedráticos de economía ni los gestores sociales, ni los físicos entienden la nueva situación, el nuevo mundo, la nueva cuenca de atracción en la que hemos entrado al desarrollar en exceso los mecanismos de la cuenca anterior.

Estos problemas de cambio de modelo mental no se han resuelto antes de ahora sin revoluciones sangrientas y millones de muertos. Hoy quizás, ya que conocemos la historia, la dinámica de sistemas y las funciones no lineales en sistemas complejos, podríamos resolverlos con un sufrimiento reducido.

Quizás.

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La ciencia

Me escribe mucha gente, tras un video sobre la velocidad de la luz, preguntándome cosas místicas de cosmología.

Tras miles de años de mitos por consenso, y dogmas comunicados directamente al profeta correspondiente por su dios particular, hace 400 años conseguimos un método de análisis de la realidad que realmente funciona: es el experimento, que puede y debe realizar cada ser humano del planeta, huyendo de ‘‘crease eso pues hay un enorme consenso entre los científicos de que es así”.

Si subimos a la Torre de Pisa (o salimos al balcón de casa) con una bola de plomo de 2 centímetros de diámetro, y otra de madera de esos mismos dos centímetros y un buen cronómetro de laboratorio (6 euros) y las dejamos caer simultáneamente, llegan al suelo también de manera simultánea.  No queremos consenso: El que  la Tierra produce la misma aceleración de la gravedad -g- en cualquier cuerpo, independientemente de su masa, no es una afirmación de consenso. Es algo que todo el que quiera puede medir.

Solo esa posibilidad de medir y comprobar cualquier afirmación de cualquier científico por cualquier persona en la Tierra, solo eso es ciencia.

Lo demás es mística. Podemos hablar del Big-Bang. No se puede comprobar. Solo deducir, como se deducía que era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra cada día, con los datos astronómicos de Tycho Brahe.  El Big-Bang es una teoría preciosa, pero no se puede validar, ni comprobar contra otra teoría.

Me dice una de las personas que escribe que el consenso entre los científicos  es total, acerca del Big-Bang. Puede ser, pero no es ciencia, pues no es comprobable.

De la misma manera, el consenso sobre el cambio climático puede ser grande o pequeño. Pero basta con mirar las curvas de disminución de  hielo ártico, o coger un barco camino del Polo Norte en Agosto. Esto no precisa de consenso. Es algo que puede medir cualquier persona en la Tierra. Esto es ciencia, comprobable, validable, medible.

La ciencia tiene tendencia a desviarse de tiempo en tiempo de su camino. Debemos tener un cuidado extremo de que se mantenga en el mismo, o acabaremos contando los ángeles que caben en la cabeza de un alfiler.

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Educación

¿Que demandan los alumnos?

He terminado mi asignatura en un master de entre los mejores de España. En mi asignatura quería que los alumnos meditasen, pensasen, reflexionasen sobre la cuestión del gasto energético debido a la estructura geométrica de las ciudades.

Los alumnos han respondido como responden los gestores sociales: Instalación de tranvías, parquímetros, restricción del tráfico, autovías anulares, ….

Es decir: más de lo mismo.

Ninguno me ha planteado ninguna solución innovadora.  No las di en clase, porque buscaba la creación mental. Y no la ha habido.

Vivimos tremendamente satisfechos de unos esquemas que son un tremendo fracaso. Tras 60 años de buscar el control de la fusión nuclear, estamos donde estábamos, pero en ninguna publicación se reconoce ésto (y yo no puedo publicar ésto, pues me lo rechazan los editores de las revistas científicas de física). Es decir: Nuestro modelo físico es un fracaso evidente. En cosmología se está hablando, por primera vez en 400 años, en un lenguaje místico: Energía y materia obscuras, es decir, ángeles invisibles.

El fracaso de la ciencia económica es clamoroso, pero ningún economista habla de cambiar los modelos. Y el fracaso educativo aparece como LEDs parpadeantes en las calles de las ciudades: Los alumnos, ni tienen los conocimientos que se precisan en el siglo XXI, ni son personas más integradas ni más felices que sus abuelos.

¿Qué buscan los alumnos?

Por lo general,  recetas, modelos de trabajo, guías de actuación.  Buscan que el profesor les cuente lo que sabe, en vez de abrirles puertas a lo que no sabe.  Por poner un ejemplo, es como si Colón hubiese buscado que le contasen que la Tierra era cuadrada, y que no se podía ir de España a China hacia el occidente.

Estos alumnos habría aprendido un oficio, pero nunca hubieran descubierto un mundo nuevo.

Necesitamos oficiales ¿cómo no? Pero los oficiales nos hunden cada vez más en el abismo, porque utilizan ruedas viejas que se atascan en el cieno retestinado de situaciones obsoletas.

Lo que de verdad necesitamos es creadores: Proponentes de nuevos modelos de actuación, de ideas que no se pueden sacar de guías docentes ni de esquemas predeterminados sino que salen, solo, de la aventura de la mente, de abrir puertas cerradas y hacer siempre la pregunta: ”¿No sería de otra manera?”

Aun podemos salir adelante. Pero tienen que cambiar los que demandan, su demanda, los que ofrecen, su oferta.

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El ser humano y el caos

El ser humano no entiende el caos. Llevamos en medio del caos unos años, y en vez de organizarnos y avanzar con él, estamos absolutamente perdidos.

Los esquemas mentales han sido siempre deterministas: Los mitos de la creación han tratado de engañar la mente con historias lineales, y la física entre 1600 y 1980 ha sido (e intenta seguir siendo) lineal y determinista. Los modeladores económicos rechazan de plano, y casi violentamente, la idea de la no linealidad y se esfuerzan, inutilmente, hay que reconocerlo, en meter a la realidad en el corsé de varillas de acero de una linealidad determinista que vemos claramente que no existe.

¿Podremos vivir en el caos que es la realidad?

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La Tierra al servicio del petróleo

Una noticia del NYT:

…….a move hailed as a victory for Texas elected officials and oil and gas executives who fought the proposal and asserted that the protected status was unwarranted and threatened jobs and oil and gas production.

Los petroleros celebran que se desprotejan extesiones de terreno para que sigan abiertas a su expolio.

Las razones que da casi todo el mundo es que la gasolina es ”necesaria” (los humos del diesel han sido declarados concerígenos por la OMS) para el bienestar humano. Y es -casi- cierto. El petróleo y el gas son energía y el ser humano necesita energía para vivir. Pero la energía puede salir de otroas muchas fuentes sin necesidar de exprimir en 20 años la caja fuerte de abuelo: Los pozos y pizarras que los contienen.

Es imposible hablar de la limitacion del número de seres humanos sobre la Tierra. Pero no por razones morales. la razón por la cual se necesitan 7000 millones es que por poco que consuman esos 7000 millones pagan centavos por los litros de petróleo, y esos centavos engrosan las arcas de las petroleras y gasistas.

Podemos organizar nuestras vidas de formas que exijan consumir la mitad del petróleo y del gas que consumimos ahora. Son formas inteligentes y que generan riqueza, pero riqueza distribuida para todos, y no concentrada en muy pocos bolsillos.

Y eso es el mayor pecado, no del capitalismo, sino del nuevo feudalismo medieval revivido que nos está invadiendo desde hace unas décadas.

Somos tontos del ….. Ante la corrupción abierta y galopante, votamos para que sigan los mismos que se embolsaron los euros. Ante la inutilidad manifiesta de otros para arreglar la situación económica, les seguimos votando. En los EEUU han entrado en una espiral descendente en el reparto de al riqueza, pero la campaña electoral se juega no en términos de riqueza o pobreza, sino en términos de aborto o no aborto, la religión de cada candidato y el color de su piel. Tontos del …..

En Birmania, en China, aún pueden decir que no pueden hacer mas que lo que les manden. Aquí, y en Los Ángeles, en Dallas y en Nueva York, en Sevilla y en Madrid, en Valencia y en Barceloa elegimos libremente, aquí a quienes cobran por sestear, allí a quienes legislan pagados por los nuevos señores feudales.

Tontos del …..

 

 

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La chapuza de los gobernantes

Parece ser que en el mundo hay dinero. Dinero de surplus acumulado por ahorradores alrededor del globo. Billones de euros.

Pero nadie sabe que hacer con él. En vez de ponerlo a producir, como el viento sobre los molinos, se mueve de un lado a otro de las grandes llanuras, energía sin generación de trabajo, en un motor de eficiencia nula.  Nula incluso para ese mismo dinero, que no genera beneficios.

Los alemanes quieren vender sus máquinas. Por ejemplo, el mercado de rotativas de periódicos es exclusivamente suyo. Pero si los periódicos cierran, no compran rotativas.

Los japoneses querrían vender electrónica, coches. Si Europa no tiene dinero se tienen que comer sus coches. ¿En donde van a invertir los chinos los cientos de miles de millones de euros acumulados?  Si Europa no compra, ellos no venden.

La economía parece que ha perdido el norte, el sur, el este y el oeste. Sumida en un caos de rescates, prestamos, deudas soberanas, bancarrotas bancarias, ha dejado de saber que quiere.

En la tormenta es cuando más necesario es que el capitán y los oficiales del barco sepan a donde quieren llegar.

Hemos perdido el cargamento. Es malo, pero no hemos muerto. Podemos volver a generarlo, a cargarlo y a llevarlo a puerto. Pero tenemos que saber que queremos. Dar vueltas como derviches turcos solo por dar vueltas nos lleva a lo que lleva a esos derviches: A reconcentrarnos en nosotros mismos para no producir absolutamente nada. Un molino de viento sin engranar con el alternador no sirve para absolutamente nada.

Puesto que los políticos no nos sirven, no por corruptos, no por concentrados en ellos mismos, sino por absolutamente inútiles, tendremos que salir nosotros solos del pozo en el que nosotros mismos nos metimos.  Las carreteras están llenas de coches y camiones, al menos en Madrid. La gente esta trabajando aun cuando los políticos no se enteren. Debemos canalizar estos trabajos, proponer cada uno de nosotros hacer lo que sabemos hacer, aunque no sea más que fundar nuevas Academias en el bosque al lado de la tumba de Akademos, o en el gimnasio cerca del templo de Apolo Licio.

Lo que es claro que no podemos hacer es seguir en el laberinto dando vueltas hoy para allá mañana para acá, sin objetivo ni fin alguno.

Me parece muy mal el contenido, pero muy bien la afirmación de la Ilma Sra. Secretaria de Estado de Investigación de que sobran investigadores. Me parece muy bien porque me permite preguntarle: Y ¿en que piensa usted que deben trabajar esos investigadores que sobran? Porque suponemos es que esta Ilustrísima  Sra. tendrá un plan y un objetivo para, eliminando la investigación, generar riqueza en España.  Y como ella, el resto de sus compañeros de gobierno.

¿Cual es su plan?

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LA SITUACIÓN DE LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA

La situación de la Universidad española

Este es el relato de un profesor de física que lleva 62 años dentro de la universidad, pues ya nació en una familia universitaria (de letras) y está rodeado de universitarios por todos los costados. No es una descripción con miles de datos. En la física sabemos, desde Tycho Brahe, que los datos a priori justifican elegir una hipótesis y su contraria. Hay datos, pero los datos deben analizarse para que adquieran utilidad.

La sociedad precisa de conocimientos de muchos tipos, pero si queremos avanzar, por ejemplo, de letrinas comunales a baños individuales, de curas de sanadores a medicina nuclear, necesitamos buscar los recovecos de la naturaleza.  Para esta búsqueda es para lo que se establecieron las universidades.

De la historia del conocimiento se aprende que el descubrimiento de nuevas soluciones no depende del número de estudiantes que las buscan. Casi al revés: Cuando el número es alto, se suelen encontrar desarrollos de soluciones antiguas,  y se suele aplastar cualquier iniciativa innovadora. Cuando el empleo depende del número de artículos publicados, es aconsejable elegir como tema de investigación algo ya casi hecho, mejor que embarcarse en la aventura sin garantías de buscar lo ignoto.

Si se mide el resultado perseguido no por los descubrimientos nuevos que realicen los estudiantes universitarios, sino por el diploma de unos conocimientos estándar y unos avances incrementales y no radicales en lo que sabemos de la naturaleza (y una parte de ella, la sociedad), entonces es quizás útil  medir el rendimiento de la inversión por el cociente número de diplomas/dinero invertido o número de diplomas/profesores: La ratio.

En este sentido podemos considerar otras universidades en el mundo, para comparar con las españolas. En Europa, dos universidades, o escuelas de muy alta cualificación tienen una ratio de alrededor de 4: La Ecole Polytechnique y la Ecole Normale de Paris. En los EEUU, las universidades que marcan la pauta tienen rationes de 4 a 8: Caltech, Stanford, MIT, Yale, con tamaños de alrededor de 6000 alumnos.  Otras universidades elegidas por muchos estudiantes, de tamaños medios, tienen rationes de alrededor de 12. Las universidades americanas más grandes, de tamaños de entre 20.000 y 30.000 alumnos tienen rationes de alrededor de 18.

Las 70 universidades españolas tienen rationes en el entorno de 11.  Pero hay una diferencia: En las universidades americanas de ratio 4, el porcentaje de admisión es de un 15%. En las de ratio 12, el porcentaje de admisiones es del 40% y sube al 60% en las de ratio 18. En España el porcentaje de admisiones es del 80%. Allí entran a estudiar los ‘mejores’, aquí el esfuerzo del profesor se diluye sin remedio.

En la época de Cisneros, cuando las universidades preparaban a los gestores de los estados para su profesión, el lenguaje común era el latín.  Hoy día el lenguaje común es el inglés. En España los alumnos de entre 10 y 18 años han dado, cuando acceden a la universidad, 8 años de idioma inglés. Pues bien: En las ofertas de impartición de clases en inglés, en los años pasados, de 100 alumnos, 4 solicitaban esas clases.

Entre los profesores, y sin la menor pretensión de exhaustividad, ni de representatividad (mi caso puede ser una fluctuación excepcional en un conjunto completamente distinto) podemos decir que la proporción de aquellos que pueden impartir un curso completo en inglés puede ser de un 10%. De hecho hay muchos de nuestros políticos que, siendo catedráticos de universidad, no pueden interaccionar con sus colegas europeos o norteamericanos, o asiáticos, por sus problemas con la lengua común.

Hasta tal punto es esto así que desde los negociados de planes de estudio se sugiere que no se califiquen asignaturas como ‘impartidas exclusivamente en inglés’ si se quiere conseguir una matrícula razonable (para la administración universitaria).

Se habla de ‘endogamia’ en las universidades españolas, queriendo decir que los alumnos que han empezado en una de ellas acceden a un puesto fijo en la misma, y esto se considera mal, sin dar razones de la cualificación moral. Se dice que los tribunales de acceso a plazas fijas en las universidades los nombra la propia universidad para garantizar que la plaza se ocupe por el candidato de aquella.

Siendo ésto así, y siendo éste el sistema internacional, ¿cual es la razón de que ocurra y la razón por la cual se ve mal?

Crear un equipo de investigación es una labor penosa. Exige muchísimo tiempo, y la creación de confianza de unos con otros. Esto no es un problema si el equipo se disgrega pero puede seguir trabajando en universidades distintas. Ahora bien: En España los proyectos de investigación se conceden, en cierta medida, a las universidades, representadas por profesores, de manera que si los equipos se disgregan, es difícil conseguir  que los proyectos sigan funcionando.

Adicionalmente existe el siguiente problema, que me ocurrió a mi personalmente: En un cierto momento se me ofreció, por el ministerio, montar un instituto de investigación lejos de Madrid. Dije que estaba dispuesto, pero que me  tenía que llevar a mi equipo, pues lo que no podía era deshacer un trabajo de años. Ahí murió la propuesta. De manera que endogamia y la vida entera en Alcalá. El asunto es que el trabajo de unos años no se puede romper en unos días.

Los laboratorios en distintas universidades no son compatibles,  y pocas universidades ofrecen incentivos para atraer profesores de fuera. Incentivos, laboratorios, equipos: Todo ésto exige dinero, una inversión rentable, pero que las universidades no saben, quieren o pueden cuantificar.  Si los que pagan, que son los alumnos, no prefieren unas universidades u otras por la clase y calidad de la investigación, sino por la proximidad a su domicilio, y las agencias de financiación de la investigación no financian a equipos independientes de las universidades, el palo y la zanahoria fuerzan a que los profesores se queden en sus lugares de origen.

A ésto se añade la estructura social española. En nuestro país es muy difícil vender una casa, y los salarios son adecuados si trabajan los dos miembros de una pareja. Mudarse de universidad significa mudar a dos personas. Si mudar una es difícil, mudar a dos es imposible. La universidad se adapta a los esquemas sociales en donde esta integrada.

Nos queda el problema de la actividad docente e investigadora del profesorado universitario.  Voy a poner mi caso, como típico (o quizás atípico, los lectores dirán). Tengo que impartir 240 horas de clase anuales, con 240 horas de tutoría: Eso son 3 horas diarias de atención a los alumnos mas las horas necesarias para preparar las clases. Tengo 5 asignaturas diferentes, y la asistencia a algunos laboratorios de prácticas.

En la universidad se insiste para que realicemos investigación. Pero solo se insiste. Si no se quiere investigar, no pasa nada. Por 6 años de investigación, y si lo tiene a bien un comité anónimo, con criterios muy distintos de si se juzga la investigación en física o en derecho, se pagan, tras esos 6 años, 150 euros brutos adicionales al mes. De los proyectos de investigación conseguidos en concursos altamente competitivos, ya sean convocados por la Secretaría d Estado de Investigación, o la Unión Europea, el investigador puede cobrar 2000 euros anuales brutos,  166,66 euros mensuales brutos, por dirigir un proyecto que puede implicar coordinar equipos de 40 investigadores y presupuestos de 400.000 euros. Parte importante del tiempo de un investigador se dedica a preparar proyectos para las distintas convocatorias anuales, pues es la única manera de que los jóvenes científicos consigan algo de dinero para trabajar en la Universidad. El 70% del dinero de los proyectos es para contratos de trabajo de estos jóvenes científicos, contratos que hay que valorar, por ley, en al menos 25.000 euros anuales.  En buscar proyectos se puede ir una hora al día.

Al menos una hora al día hay que realizar burocracia: Asistencia a reuniones de coordinación, rellenar encuestas, programas ‘Verifica’ con los que el ministerio quiere conocer que competencias, actitudes y aptitudes se mantienen en clase, aunque casi nunca que conocimientos se imparten. Puesto que hay muy poco personal de administración (Un administrativo para 36 profesores) una parte considerable de la administración necesaria (poner notas, escribir los ejercicios de clase, hacer cuentas de los proyectos, resolver situaciones personales de los miembros del equipo, …) las hace el profesor. En esto digamos que se emplea otra hora al día y ya llevamos unas seis horas.

Nos quedan 2 horas de unas ocho horas legales de trabajo. Puesto que suponemos que en algún momento se ha conseguido alguno de los proyectos de investigación a que he hecho referencia más arriba, hay que producir resultados, y la investigación no es una producción automática de tipo fabril. Puesto que por lo general los resultados ‘no salen’, hay que echar más horas.

Yo trabajo en temas universitarios unas 72 horas semanales. Para estar al día en lo que se publica en mi campo suelo leer en la cama o al levantarme de madrugada.

Y todo esto, porque quiero. Obligatorio en la universidad es dar las clases, bien, mal o regular. Si no se quiere implantar asignaturas nuevas, modernas, se libera uno de los ‘Verifica’. Si no se quiere investigar, se pierden unos euros al mes,  pero se disfruta de la vida. Si no se quiere hacer burocracia, se dejan pasar los días.

Es quizás este el peor aspecto de la universidad española. La falta absoluta de estímulo positivo (zanahoria) o negativo (palo).  Se han hecho intentos de mejorar ésto, pero han sido fallidos, pues no parten de los axiomas correctos.

El primer axioma es el objetivo de la universidad. Si el objetivo es enseñar algo estándar y obsoleto, con dar unas clases rutinarias se sale del asunto. Si no hay estímulo para buscar proyectos de investigación, o una vez conseguidos, para que la investigación sea innovadora, que busque nuevos paradigmas en vez  de rellenar detalles, pocos profesores se dedicarán a ello.

Si los alumnos no demandan clases en inglés, ¿Para que esforzarse en hablar un inglés perfecto?

Si los alumnos no demandan los últimos conocimientos de la ciencia, ¿Para que esforzarse en producirlos?

Si la universidad trata por igual al que investiga y al que no lo hace, si el premio por 6  años de trabajo son 150 euros brutos al mes o quitar una o dos horas semanales de clase, ¿Para qué molestarse?

Y la solución no puede ser negativa. A un mecánico se puede exigir un número de motores finalizados al día. Es imposible exigir a un investigador que descubra la fusión fría de aquí a seis meses, y si no a la calle. Se va a la calle sin esforzarse en ello. Al menos se ahorra seis meses de trabajo.

La solución es otra. La solución es crear un ambiente de estímulo social y de rechazo ante el que no se esfuerza. La solución es la oferta de dinero de verdad por los logros, y más importante, sentir que la empresa en la que se trabaja, la universidad, aprecia el esfuerzo realizado: Que es la universidad la que busca contratos y proyectos, que es la universidad la que acoge con entusiasmo las propuestas del investigador, que la respuesta las propuestas presentadas es ‘Me parece interesante, vamos a intentarlo’, en vez de ‘Esto ya esta decidido, siga usted las normas generales que le hemos enviado’.  Aquello ocurre en cierta medida en la Universidad de Alcalá y es muy de agradecer.

La frustración entre los profesores alcanza cotas muy elevadas en la universidad española. En un curso de 240 horas de tutorías, he tenido unas 10 horas de consultas. Mi impresión es que a mis alumnos lo que les enseño les interesa un pimiento.  En vez de venir a las horas de tutoría, los alumnos, que no pagan la matrícula, pagan academias que les dan reglas mecánicas para resolver los problemas propuestos. En las tutorías les exijo que piensen, en las academias, les dan la chuleta para el examen. Deprimente. Sin exigencia del cliente no hay estimulo del profesor.

Cuando tras el esfuerzo que representa conseguir un proyecto y realizarlo, uno ve que su situación es la misma que el compañero que no se ha esforzado en ello, decaen las ganas de hacerlo de nuevo.

Conseguir una universidad ‘puntera’ , en la que quieran matricularse alumnos chinos, indios y brasileños, ucranianos, alemanes y estadounidenses, en disciplinas de Lengua Española y  de Mecánica de Fluidos, por ejemplo, porque les vale la pena el esfuerzo económico que tienen que realizar, pasa por aceptar estos tres axiomas, radicalmente nuevos:

A) La universidad española existe para generar e impartir los conocimientos más nuevos y radicales en cada momento de su vida

B) El ambiente de trabajo es uno de exigencia total por parte de los alumnos de materias de ultimo momento, de entrega total al estudio por parte de esos alumnos, de asistencia a clase y a las tutorias, en idioma ingles obligatorio.

C) La universidad estimula, aprecia, pide y apoya, las ideas de los profesores en cuanto a proyectos y contratos de investigación, de manera que todo sea ‘Le apoyo, qué necesita que se lo proporcionamos, le buscamos contratos, y claro le exigimos resultados’

Si no se hace esto, se opta por una universidad que se quiere, axiomáticamente, mediocre. Los profesores, y los alumnos, que asimilan prestamente el mensaje, se ajustan a ello y crean, unos y otros, una universidad mediocre, como son algunas de las que tenemos.

Cambiar rationes, agrupar universidades, castigar sin premiar, reducir sueldos y competencias,  dar becas sin exigir el óptimo, etc. etc. etc. , sin cambiar los axiomas, es seguir tirando el dinero de los ciudadanos españoles.

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La Universidad

La universidad

La locura que se extiende sobre España ha permeado hace algún tiempo hasta la enseñanza superior, en donde, de manera cobarde, se aceptan unas tesis que, siendo absurdas, van además en contra de todo lo que supone la universidad.

Una sociedad puede generar sus reglas de juego, sus memes culturales , vía una sabiduría popular basada en la ignorancia: Milagros, brujas, dogmas, errores de bulto, consejas de vieja.

O puede analizar la realidad mediante la razón y derivar reglas que funcionen. Salvo el efecto placebo, las peregrinaciones a los templos de Ammon, a Epidauro o a Lourdes (y estos días a la ermita del Prado en El Escorial) solo funcionan para sacar perras a los crédulos, y esto lo hacen muy bien. Pero no curan.

Si lo hacen, aunque aun mal, las medicinas y las terapias físicas. (Aun lo hacen mal porque aun hay errores de bulto en la comprensión de la enfermedad y el funcionamiento del cuerpo humano, por ejemplo, en la cuestión de las dietas alimenticias). Pero si curan.

El conocimiento de la realidad es el objetivo de la sociedad humana. No hay otro. Todo lo demás es consecuencia de lo primero y no es, no puede ser, diana directa. La felicidad, la igualdad, la dignidad, el progreso, solo se obtienen como consecuencia del conocimiento y nunca como objetivos específicos, y sin aquel no son posibles.

La universidad es la institución que promueve el conocimiento. Pero no puede ser considerada como una -fábrica- de conocimiento. No es que no deba serlo. Esta es una cuestión irrelevante. Es que no puede serlo: No existen fábricas de conocimiento ni método distinto de la universidad tradicional que lo proporcione.

Ni Stalin, con todo su inmenso poder de tortura, ni los EEUU con su inmenso poder financiero han podido encontrar el camino de la fusión nuclear controlada, ni mucho menos de la fusión fría, el Santo Grial de las consejas de vieja que resolvería los problemas económicos de la sociedad.

No es posible decirle a un científico: ‘Descubra la fusión fría’, ni a un médico ‘Deme una cura para el cáncer’, ni a un físico ‘Dígame con un 100% de seguridad si hay o no cambio climático’.

El conocimiento se estimula, pero no se fabrica.

Este es un error en el que, no se sabe por qué, ha caído la sociedad española. O quizás si se sabe, y la razón es el predominio de la ignorancia que accede al poder. El sueño de la imaginación que construye un mundo irreal y lo quiere superponer al mundo real.

La universidad no es (aunque se quisiera que fuese) una fábrica de conocimiento, ni la enseñanza es una técnica metódica (aunque se ha vendido que así es). No hay máquinas que produzcan ciencia ni métodos que garanticen la asimilación del conocimiento impartido. Si nos dicen lo contrario nos están vendiendo una moto que solo hace ruido.

Es inmensamente más rentable pagar a 30 profesores que enseñen a un único alumno inteligente que a 10 profesores que impartan docencia a 100 alumnos mediocres.

Las cuentas inversión/rendimiento no se pueden hacer en la universidad. Los beneficios de una educación de elites intelectuales no se pueden medir con ningún parámetro. Son evidentes, pero no medibles. De la misma manera que no se puede cuantificar el beneficio social de un aire limpio, de un país con árboles, no se puede cuantificar el beneficio de un grupo de científicos de elite en un país.

El ansia de cuantificar deriva de la física determinista, que es falsa en tanto que determinista, y de la absorción de esas falsas ideas deterministas en el seno de la comunidad de profesionales de la economía.

NO se puede cuantificar por dos razones básicas: No se puede medir con ningún conjunto pequeño de parámetros y el fenómeno es complejo y no lineal de manera que la variación de uno del número inmensamente elevado de esos parámetros cambia instantáneamente todos los demás.

El ansia de seguridad en la sociedad humana de los siglos XIX y XX ha establecido falsos trasfondos mentales que, desconocidos, no son fáciles de erradicar.

Ante fenómenos complejos no lineales, como el movimiento de los fluidos, solo caben leyes estadísticas, nunca deterministas. El sistema más habitual de análisis estadístico se ha denominado siempre -intuición-, pero la intuición puede complementarse con las técnicas de la mecánica estadística, una de las disciplinas de la física.

La intuición nos dice que los países que han potenciado a los estudiantes más brillantes, les han apoyado y  han aceptado sus ideas, han surgido siempre hacia adelante. Nos dice también que los países que, como la China del mandarinato, han anulado a estos estudiantes optando por una uniformidad anodina, han quedado en situaciones sociales correspondientes al pasado.

Si establecemos normas fabriles en la universidad, si medimos los rendimientos en número de alumnos por profesor, numero de publicaciones por investigador, número de tesis leídas por euro invertido, estamos fracasando de manera miserable. Tan miserable cómo cuando queremos subir una piedra de dos toneladas por la ladera de una cuesta de pendiente 30% utilizando la fuerza sin palancas ni poleas de un único ser humano.

Los números no sirven, en este caso. Solo sirve la calidad, la cantidad es irrelevante.

Si reconocemos esta realidad, podemos conseguir el éxito. Si no, ya vemos donde estamos.

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