Archivo de octubre, 2010

PASIÓN POR LA PROFESIÓN

Inmersos como estamos en una época de convulsión económica, de ajustes pretendidamente justos, de petición de sacrificios laborales y salariales, de aparente desprestigio sindical, si además se loa la pasión por la profesión, se corre  el riesgo de que denosten al que lo hace o que, desde otro lado, se aproveche para aumentar aún más la solicitud de generosa contribución a la superación  de la crisis.

Pero no son los problemas laborales achacables a la actual situación lo que nos lleva a esta reflexión. En estos días hemos tenido oportunidad de escuchar palabras de entusiasmo por ser y ejercer como fisioterapeuta. La que las pronunciaba era Ana María Pérez Gorricho, presidenta de la Asociación Española de Vojta, con ocasión de un curso sobre terapia Vojta celebrado en nuestro hospital. Podemos decir poco sobre la biografía profesional de esta fisioterapeuta pero nos atrevemos a deducir que es un ejemplo de emigración desde un país lejano, con ansias de superación, de aprendizaje, que le llevó a profundizar en aquella terapia y a difundirla. Atisbamos en su actitud una apertura de miras, de reconocimiento hacia otros enfoques terapéuticos, de predisposición hacia la formación continuada y de exquisito trato con el paciente. Son cualidades envidiables y deseables, a pesar de que son, quizás ingenuamente, presupuestas en cualquier profesional sanitario.

En la actualidad, pensamos, sentir pasión por la profesión que uno eligió y tiene la suerte de ejercer, no está de moda. Puede parecer algo trasnochado o utópico. Pesarían más planteamientos pecuniarios, individualistas, pragmáticos. La vocación que nos llevó a elegir unos estudios, o la surgida en la práctica de una profesión, parecen formar parte del pasado. Muchas veces el entorno, las condiciones laborales, sirven de excusa para tomar unas actitudes más cómodas o menos implicadas. Y no nos parece extraño. Cualquier esfuerzo, cualquier trabajo, cualquier pasión, han de ser alimentados. Los fisioterapeutas comparten ploblemas y tiene algunos propios que desvitalizan no ya la vocación sino un ejercicio comprometido en  sentido amplio. Y eso a expensas de no ceñirse a los principios y valores deontológicos de la profesión. Por eso, encontrarse con colegas como Ana María Pérez Gorricho supone un aldabonazo y un acicate. No podemos exigir ni exigirnos una respuesta inmediata e íntegra. Pero tampoco perder de vista que buscar la excelencia es una obligación del profesional sanitario. Si se conserva algo de pasión el camino será menos sinuoso.

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LESIÓN DEL NERVIO FEMORAL Y DÉFICIT DE DORSIFLEXIÓN

Traemos un nuevo caso clínico que nos ha llamado la atención por la curiosidad en su presentación. Se trata de un paciente con lesión traumática del nervio femoral derecho y con ausencia de dorsiflexión del pie homolateral.

El paciente sufrió tres meses antes de acudir a fisioterapia una sección traumática de vena, arteria y nervio femorales. Las lesiones vasculares se repararon de inmediato pero la cirugía de la lesión nerviosa fue desestimada por la pérdida de los cabos. Cuando acude a nosotros lo hace con una muleta y es capaz de subir y bajar escaleras. Presenta imposibilidad de extensión de rodilla contra gravedad y relata inestabilidad ocasional en la marcha, lo que le hace temer una caída. Pero, además, llama la atención la imposibilidad de extensión del pie homolateral. En la historia clínica del hospital de origen se describe que se intervino al paciente en una segunda ocasión por aparición de síndrome compartimental en la pierna, con la herida aún abierta y vendada en el momento que referimos.

En un primer momento, ante falta de datos del médico derivante, especulamos con una posible lesión concomitante a la inicial en el nervio ciático o en su ramificación como nervio peroneo profundo. Sin embargo, es el neurólogo el que apunta a una etiología más loable: se trataría de una consecuencia del síndrome compartimental posterior a la primera cirugía, quedando por saber si hay lesión del nervio, del músculo o de ambos.

Aunque no es nuestro cometido como fisioterapeutas hacer un diagnóstico etiológico, nuestros conocimientos deben hacernos sospechar la causa de la lesión. La consecuencia de este conocimiento, sin injerencias en el campo propio del médico, propiciará una mejor atención al paciente, no insistiendo en tratamientos ineficaces o acelerando la derivación para otros procedimientos diagnósticos o terapéuticos.

En este caso, tres meses después de la lesión, sin recuperación aparente de la actividad nerviosa, quedaría por proponernos un plan de fisioterapia. ¿Qué sugerís? En particular, ¿estaría indicada la electroterapia?

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FISIOTERAPIA, ¿MERECE LA PENA?


La pregunta que se hace cualquier bachiller es qué es lo que le conviene o le gustaría estudiar a la hora de acceder a la universidad. Los criterios que rigen la elección son distintos y variados. Desde nuestra posición de profesionales veteranos nos planteamos cuál sería nuestra respuesta a la pregunta del título de esta entrada.

Nos ha picado la curiosidad al leer las diversas opiniones vertidas en sentidos muy diferentes en foros de la internet. No los tenemos como un método exhaustivo de conocer lo que piensan estudiantes y profesionales pero sí son un instrumento accesible para ver por dónde van los tiros.

Vaya por delante que, en lo personal, estudiar Fisioterapia fue una de las decisiones más trascendentales y acertadas de nuestra vida. Sin embargo, las condiciones del mundo laboral de la fisioterapia han cambiado mucho en los últimos veinte años. La carrera, en la década de los noventa, estaba en expansión apoyada en una demanda social creciente, en un aumento de las instalaciones sanitarias y sociosanitarias y en el advenimiento de las universidades privadas. La oferta de empleo público absorbió muchos de los nuevos profesionales y tampoco faltaba oferta en la sanidad privada.

Sin embargo, no hay que esquivar la realidad de la profesión en la actualidad. Desconocemos las cifras de desempleo, pero las multitud de universidades donde se imparte la carrera genera tal cantidad de titulados que seguro satura el mercado. La sanidad pública, en contexto restrictivo, no oferta nuevos puestos de trabajo. En el ámbito privado la disponibilidad masiva de profesionales no facilitará unas condiciones laborales acordes, a nuestro entender, con la titulación. Si esto se enfrenta a unas expectativas de empleo y sueldo elevadas las piezas no encajan, y generan la frustración  que se vuelca en los foros antes aludidos. Y, aunque para cualquier estudiante y familia el estudio de una carrera puede suponer un esfuerzo considerable, si se ha desembolsado un cantidad importante para sufragar los estudios, la frustración puede ser mayor.

Por otro lado, Fisioterapia es una de las carreras con una nota de acceso de las más altas de la universidad pública. A priori ello supone que los aspirantes a fisioterapeuta son de los mejor preparados y que, entre ellos, los habrá con potencial intelectual y de conocimiento suficiente para estudiar cualquier carrera con garantías  de éxito. En definitiva, pueden ser un capital humano que no parecería aconsejable desaprovechar. La reflexión es, para nosotros, si estos estudiantes son conscientes de su elección y de lo que ello conlleva, y si nuestro sistema educativo está empleando recursos para formar personas de elevado potencial que no van a ser rentables.

La situación actual de los profesionales, aquella que pueda servir de modelo para los que pretenden ser fisioterapeutas, es diversa, aunque en las opiniones de los foros destaquen las de los desencantados. Efectivamente muchos de los salarios parecen poco dignos (como seguramente pasará en otras disciplinas), las condiciones para otros son de seudoexplotación,  las posibilidades de promoción inexistentes y el intrusismo perjudica nuestro trabajo. En el sector público, y en el privado por cuenta ajena, se dan situaciones paradójicas como una jerarquización, y a veces sumisión, que impide el ejercicio de las habilidades y el despliegue de conocimientos que, curiosamente,  la sociedad ha procurado al profesional con una inversión considerable de recursos.

Pero, a pesar de lo dicho y de la realidad actual, con todas sus variantes y matices, los problemas de la Fisioterapia son seguramente los mismos, muy parecidos o incluso menores que en otras disciplinas. Frente a esto, preferimos pensar, no sin fundamento, que la Fisioterapia es una profesión dinámica y con un futuro prometedor. Quizás el exponente más inmediato de ese futuro es la nueva titulación de Grado, que equipara todos estudios universitarios, eliminando las diferencia entre diplomaturas y licenciaturas que podía establecer para muchos diferentes categorías profesionales. Con este cambio se hace posible el doctorado para cualquier fisioterapeuta, la más alta cota en la escala universitaria, y la opción de la investigación como forma de ejercer la fisioterapia. Estos avances son compartidos con otras disciplinas. En el terreno práctico, en el día a día, es de esperar que tengan consecuencias en la labor y la consideración del fisioterapeuta.

Pero, además, poco a poco se producen avances en el quehacer cotidiano del ejercicio de la fisioterapia. Se instauran nuevas técnicas y procedimientos en el marco del método científico, aparecen distintas formas de gestión que otorgan mayor autonomía al fisioterapeuta, se desarrolla cada vez más la investigación y se tiene acceso a los avances del exterior, como no podía ser menos en un mundo globalizado. Fruto de  la ósmosis propia de esa globalización podemos pensar en cambios de futuro, por los que habrá que trabajar, como el acceso directo de cualquier ciudadano al fisioterapeuta (ahora más y mejor preparado para el reto), también el la sanidad pública.

Ante la pregunta del principio podríamos responder simplemente que si gusta la Fisioterapia  sería suficiente motivo para estudiarla. Mucho más que las consideraciones salariales o de empleo. Siempre habrá condicionamientos en contra.

Desde nuestra humilde y algo experimentada opinión, la Fisioterapia es una profesión apasionante, en la que queda mucho por hacer. Si, sabiendo esto, se opta por ella finalmente, estaremos ante una segura aportación para el crecimiento de la misma.

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