Archivo de octubre 5th, 2010

FISIOTERAPIA, ¿MERECE LA PENA?


La pregunta que se hace cualquier bachiller es qué es lo que le conviene o le gustaría estudiar a la hora de acceder a la universidad. Los criterios que rigen la elección son distintos y variados. Desde nuestra posición de profesionales veteranos nos planteamos cuál sería nuestra respuesta a la pregunta del título de esta entrada.

Nos ha picado la curiosidad al leer las diversas opiniones vertidas en sentidos muy diferentes en foros de la internet. No los tenemos como un método exhaustivo de conocer lo que piensan estudiantes y profesionales pero sí son un instrumento accesible para ver por dónde van los tiros.

Vaya por delante que, en lo personal, estudiar Fisioterapia fue una de las decisiones más trascendentales y acertadas de nuestra vida. Sin embargo, las condiciones del mundo laboral de la fisioterapia han cambiado mucho en los últimos veinte años. La carrera, en la década de los noventa, estaba en expansión apoyada en una demanda social creciente, en un aumento de las instalaciones sanitarias y sociosanitarias y en el advenimiento de las universidades privadas. La oferta de empleo público absorbió muchos de los nuevos profesionales y tampoco faltaba oferta en la sanidad privada.

Sin embargo, no hay que esquivar la realidad de la profesión en la actualidad. Desconocemos las cifras de desempleo, pero las multitud de universidades donde se imparte la carrera genera tal cantidad de titulados que seguro satura el mercado. La sanidad pública, en contexto restrictivo, no oferta nuevos puestos de trabajo. En el ámbito privado la disponibilidad masiva de profesionales no facilitará unas condiciones laborales acordes, a nuestro entender, con la titulación. Si esto se enfrenta a unas expectativas de empleo y sueldo elevadas las piezas no encajan, y generan la frustración  que se vuelca en los foros antes aludidos. Y, aunque para cualquier estudiante y familia el estudio de una carrera puede suponer un esfuerzo considerable, si se ha desembolsado un cantidad importante para sufragar los estudios, la frustración puede ser mayor.

Por otro lado, Fisioterapia es una de las carreras con una nota de acceso de las más altas de la universidad pública. A priori ello supone que los aspirantes a fisioterapeuta son de los mejor preparados y que, entre ellos, los habrá con potencial intelectual y de conocimiento suficiente para estudiar cualquier carrera con garantías  de éxito. En definitiva, pueden ser un capital humano que no parecería aconsejable desaprovechar. La reflexión es, para nosotros, si estos estudiantes son conscientes de su elección y de lo que ello conlleva, y si nuestro sistema educativo está empleando recursos para formar personas de elevado potencial que no van a ser rentables.

La situación actual de los profesionales, aquella que pueda servir de modelo para los que pretenden ser fisioterapeutas, es diversa, aunque en las opiniones de los foros destaquen las de los desencantados. Efectivamente muchos de los salarios parecen poco dignos (como seguramente pasará en otras disciplinas), las condiciones para otros son de seudoexplotación,  las posibilidades de promoción inexistentes y el intrusismo perjudica nuestro trabajo. En el sector público, y en el privado por cuenta ajena, se dan situaciones paradójicas como una jerarquización, y a veces sumisión, que impide el ejercicio de las habilidades y el despliegue de conocimientos que, curiosamente,  la sociedad ha procurado al profesional con una inversión considerable de recursos.

Pero, a pesar de lo dicho y de la realidad actual, con todas sus variantes y matices, los problemas de la Fisioterapia son seguramente los mismos, muy parecidos o incluso menores que en otras disciplinas. Frente a esto, preferimos pensar, no sin fundamento, que la Fisioterapia es una profesión dinámica y con un futuro prometedor. Quizás el exponente más inmediato de ese futuro es la nueva titulación de Grado, que equipara todos estudios universitarios, eliminando las diferencia entre diplomaturas y licenciaturas que podía establecer para muchos diferentes categorías profesionales. Con este cambio se hace posible el doctorado para cualquier fisioterapeuta, la más alta cota en la escala universitaria, y la opción de la investigación como forma de ejercer la fisioterapia. Estos avances son compartidos con otras disciplinas. En el terreno práctico, en el día a día, es de esperar que tengan consecuencias en la labor y la consideración del fisioterapeuta.

Pero, además, poco a poco se producen avances en el quehacer cotidiano del ejercicio de la fisioterapia. Se instauran nuevas técnicas y procedimientos en el marco del método científico, aparecen distintas formas de gestión que otorgan mayor autonomía al fisioterapeuta, se desarrolla cada vez más la investigación y se tiene acceso a los avances del exterior, como no podía ser menos en un mundo globalizado. Fruto de  la ósmosis propia de esa globalización podemos pensar en cambios de futuro, por los que habrá que trabajar, como el acceso directo de cualquier ciudadano al fisioterapeuta (ahora más y mejor preparado para el reto), también el la sanidad pública.

Ante la pregunta del principio podríamos responder simplemente que si gusta la Fisioterapia  sería suficiente motivo para estudiarla. Mucho más que las consideraciones salariales o de empleo. Siempre habrá condicionamientos en contra.

Desde nuestra humilde y algo experimentada opinión, la Fisioterapia es una profesión apasionante, en la que queda mucho por hacer. Si, sabiendo esto, se opta por ella finalmente, estaremos ante una segura aportación para el crecimiento de la misma.

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