Publicar o perecer. Antonio Córdoba.

Enlace a Publicar o perecer en poesía y ciencia.

Con sus virtudes y defectos, las publicaciones en revistas de prestigio, con evaluación por pares de los artículos, se han convertido en el primer e indispensable resultado de la actividad científica. De las publicaciones podríamos hablar largo y tendido: el impacto de las revistas, las citas recibidas, la coautoría, las publicaciones en abierto…etc.

Nos vamos a quedar, sin embargo, con el acto y el proceso de investigación: las hipótesis, las ilusiones puestas, el esfuerzo realizado, la decepción – en ocasiones – de no lograr lo esperado y, al final, siempre las publicaciones. Lo que se describe con precisión, ágil verbo y cierta melancolía en el poema Publicar o perecer que hemos incluido en poesía y ciencia. Su autor es  Antonio Córdoba Barba, catedrático de Análisis Matemático de la Universidad Autónoma de Madrid; que además ha escrito para La alegría de las musas unas reflexiones sobre el poema, que se reproducen en cursiva a continuación.

 

Publicar o perecer.

Entrever la perfección y la belleza matemática es un auténtico triunfo de la inteligencia humana. Ansiar alcanzarla puede convertirse, sin embargo,  en una aventura tan fascinante como perturbadora: porque en matemáticas lo difícil es lo único que cuenta, y el creador auténtico se caracteriza por su decidido empeño en evitar las repeticiones, huyendo de los caminos más concurridos. Difícilmente logramos demostrar todo lo que nuestra intuición cree haber visto cuando miramos más allá de las fronteras de lo conocido y un genuino creador casi nunca está plenamente satisfecho con lo obtenido. A veces parece que solo importa verdadera mente lo que no se ha logrado probar. De manera que cuando miramos a la propia obra, siempre tendemos a destacar todo aquello que no hemos podido añadirle.

Una investigación que cuente, al menos en el ámbito académico, ha de ser publicable en una revista de buena reputación científica, que implemente la validación de los resultados por pares. Existen varios cientos de tales revistas matemáticas, entre las cuales hay algunas decenas que mantienen un prestigio muy alto, de manera que un artículo publicado en ellas representa que estamos ante un problema muy relevante que ha sido resuelto con métodos innovadores. Luego encontramos otras muchas donde el nivel va descendiendo ostensiblemente en cuanto a la enjundia del problema y lo novedosa de su demostración.

Quienes publican en estas revistas son aquellos que saben hacerlo de una manera correcta y consistente. Los buenos artistas se sienten atraídos por problemas importantes y difíciles, en torno a los que crean e introducen las técnicas apropiadas para resolverlos, aunque tarden años en el empeño. Los meros artesanos, por otro lado, se caracterizan por limitarse a usar las matemáticas que ya conocen, buscando solamente aquellos problemas que puedan ser resueltos con sus métodos. Esto implica, naturalmente, que gran parte de ese trabajo artesano, que también se publica en las revistas de todas maneras,  termine siendo algo forzado y no demasiado interesante. Y que no sean necesariamente quienes tienen un mayor número de publicaciones los que hacen avanzar realmente a las matemáticas. No obstante, en las Universidades y en los Institutos de Investigación se estima que la publicación de artículos es beneficiosa para mantener el status de la institución, y estos desempeñan un papel muy importante en el momento de las promociones o de las subidas de salario.

 Carl Fiedrich Gauss. Retrato por Jensen en Wikipedia.

La mayoría de los matemáticos logra solo un escaso número de ideas brillantes que merezcan ser publicadas en las revistas más distinguidas. Según el gran Gauss, cuyo lema era “Pauca sed matura”, eso debería ser todo. Estoy, no obstante, entre quienes opinan que es beneficioso para el progreso de la ciencia que se publiquen resultados parciales con hipótesis añadidas, así como variaciones y arreglos de los temas originales. Lo que ocurre es que hay casos en los que, como suele decirse, se les ha ido la mano o se han pasado varios pueblos, y al autor de estos comentarios no le faltan ejemplos concretos en los que inspirarse.

El poema que glosamos incide en ese momento un tanto agónico en el que, tras haber divisado unos teoremas de gran calado, no se es capaz de completar su demostración matemática,  a pesar de haber tenido algunas ideas brillantes que llevaron muy cerca de la prueba. En esa situación tenemos que contentarnos con una visión parcial de su belleza, vistiéndolos con unas hipótesis que juzgamos innecesarias, pero que nos permiten dar constancia de nuestra labor añadiendo a nuestro curriculum una nueva publicación científica.

Hasta aquí las reflexiones del profesor Córdoba que, junto con lo que el propio poema expresa, me hacen pensar en el paralelismo o semejanza entre la actividad investigadora y la actividad artística; entre hacer ciencia y hacer poesía. El fundamento del paralelismo o semejanza se llama creatividad. La misma aspiración a lo nuevo, a lo absoluto, a lo bello perfecto. Y también está el trabajo, el esfuerzo y la lucha. Después, lo logrado: la alegría o la decepción,… y siempre,  las publicaciones. Una de cada muchas  genial y el el resto, digno y necesario oficio.

 

Sobre Antonio Córdoba Barba

En una reciente del blog Ciencia al alioli, Francisco García Olmedo argumentaba en contra del prejuicio de la extendida visión de los científicos como seres aislados y ensimismados en la ciencia y sin más ocupaciones, poniendo como ejemplo al premio Nobel de Química de 1981, Roald Hoffmann que, además, tiene tras de sí una extensa y magnífica obra poética a la que habría que añadir tres interesantes obras teatrales.

Viene bien el ejemplo si hablamos de Antonio Córdoba, distinguido en 2011 con el Premio Nacional de Investigación “Julio Rey Pastor” en el área de Matemáticas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, que tras realizar el doctorado en la universidad de Chicago, (bajo la tutoría de  Charles Fefferman que fue medalla Fields en 1978), de ser contratado después por el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y, más adelante en España, ha desarrollado una importante carrera investigadora en diversos campos del Análisis Matemático: análisis armónico,(con la resolución para dimensión 2 de la conjetura de Zygmund – que en la actualidad no ha sido aún resuelta para dimensiones mayores), teoría de números y física matemática en mecánica de fluidos.

 

Pues bien, además de lo anterior, ha ejercido como ciudadano comprometido en diversos puestos y cometidos académicos y de gestión de la ciencia. También ha escrito numerosos ensayos, libros de divulgación y una corta, pero muy interesante, obra poética con dos vertientes. Por una parte, una poesía de contenido matemático, con bellas descripciones relativas a números, formas geométricas, etc. En la segunda vertiente predomina la vena satírica y el humor, a veces despiadado, en la descripción de algunos aspectos de la actividad investigadora y de diversos vicios y malas prácticas del mundillo académico. (Todo lo anterior, puede encontrarse en su página personal en la UAM).

Finalmente, para profundizar en la humanidad de Antonio Córdoba, les sugiero la lectura de la entrevista que le hicieron en julio del pasado año en Jot Down que desprende bonhomía, afabilidad y sabiduría. Un auténtico lujo de la ciencia española.

 

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