Archivo de julio, 2019

900 años. Pedro Casariego.

Enlace a 900 años de Pedro Casariego en poesía y ciencia

En julio de 1969, un mes como este de hace 50 años, llego el hombre a la Luna y parece obligado terminar la temporada de poesía y ciencia con un poema que trate de la aventura espacial. Ademas, independientemente de conmemoraciones, no hay nada como el espacio que produzca tanta fascinación: exploraciónes, viajes y naves espaciales, astronautas…

En ese año, Estados Unidos ganó la gran partida que se había entablado frente a la URSS. Puso al hombre en la Luna – en concreto a los astronautas Amstrong y Aldrin con el Apolo 11 -  y atrás quedaron, para siempre, los primeros y sonados triunfos de la URSS: Primer vuelo espacial no tripulado que orbitó la tierra,  (Sputnik 1, en octubre de 1957); primer animal puesto en órbita, (la perrita Laika, en el Sputnik 2 en noviembre de 1957); primeros vuelos espaciales tripulados por humanos, (Yuri Gagarin, a bordo de la cápsula Vostok 1 en abril de 1961 y la astronauta Valentina Tereshkova, a bordo del Vostok 6 en junio de 1963).

En julio de 1969 yo estaba en Barcelona con mi familia en un peculiar verano. A mi padre se le ocurrió la idea de que fuéramos – previa solicitud y selección – a una colonia de veraneo para familias de maestros nacionales en Barcelona. Y allí llegamos, tras más de 800 km en un 600 de la época, a un grupo escolar, cuyo nombre no recuerdo, al lado de la mismísima Plaza de España con la fuente y el parque de Montjuich a la vista.

Y allí, en una sala de TV comunitaria, todos juntos: padres, madres e hijos… vimos como, en unas deficientes imágenes en blanco y negro jaleadas por el entusiasmo de Jesús Hermida, Amstrong dio sus primeros pasos por la Luna. Lo que acogimos todos con vivas y aplausos; eso sí, en tono moderado teniendo en cuenta la época, el lugar y la hora.

Cincuenta años después se ha avanzado mucho o poco, según se vea. El último vuelo a la Luna se realizo en diciembre de 1972 con el Apolo 17, con lo que los vuelos espaciales tripulados de exploración hace tiempo que no existen y los planes sobre hacer llegar el hombre a Marte no se han cumplido. La Nasa derivó hacia la construcción de una estación espacial en la órbita terrestre, el desarrollo de una nave espacial reutilizable y la exploración robótica de los planetas del sistema solara. Han subsistido vuelos de entrenamiento, mantenimiento y pruebas a la Estación Espacial Internacional, gracias a la cual hay presencia humana permanente en el espacio, ya que al menos dos personas la han habitado desde el 2 de noviembre del año 2000 de forma continuada.

El momento actual parece de inflexión; ya que se están moviendo otra vez los proyectos de expediciones tripuladas que son de dos tipos. Por un lado, las oficiales de las oficinas espaciales de los diferentes paises con, por ejemplo, el recientemente lanzado por la NASA Programa Artemisa – que utilizará cohetes Orion - y que, (como pasos intermedios de cara a llegar a Marte), pretende volver a llevar hombres a la Luna en 2024. Veremos.

Por otra parte, están los proyectos de millonarios y de empresas locas que pretenden hacer vuelos comerciales al espacio. Lo que para quien esto escribe y para muchos expertos, no son más que chifladuras y verduras de las eras. Aunque sólo sea por el hecho de que si se aplicara la tasa de fallos mortales que ha habido hasta ahora en los viajes espaciales a la aviación comercial; es decir, que si se tolerara esa tasa de fallos en la aviación comercial, estaríamos aceptando que se estrellasen más de 500 aviones al día. (Ver Nota 1).

Según los especialistas “pata negra”; el espacio es duro, el tiempo se mide en décadas y cada gran fallo provoca, también, retrasos de años. Ya se conformaría uno con ver, si llegamos a ello, a 10 años vista otra vez al hombre de nuevo en la Luna. Y en el todavía muy lejano horizonte llegará el día en que se programe el primer viaje espacial sin retorno.

900 años. Pedro Casariego.

El poema 900 años de Pedro Casariego visualiza, de alguna forma, el inicio de un larguísimo viaje espacial sin retorno a un asteroide encantado. Sabemos que queman el cohete interplanetario; pero nada nos ilumina acerca de lo que, después, se podría hacer.

Pedro Casariego Córdoba (en escritores.org)

900 años es uno de los poemas contenidos en el libro La risa de Dios, publicado en 1978, cuando Pedro Casariego tenía 23 años. Como en todos sus poemarios publicados, los poemas están encadenados a través de una serie de hilos conductores y de tramas; con numerosos personajes que disimulan u ocultan la voz del poeta que, consideraba que la verdadera creación como algo interior.

“el verdadero artista no condesciende jamás a engendrar un libro, una musica o un cuadro.”

La risa de Dios consta de 103 poemas. Comienza con el poema (N.0.)

Nuestras palabras
nos impedían hablar.
Parecía imposible.
Nuestras propias palabras.

Y finaliza con el poema N.102.

Mi angustia
es el eco
de la risa de Dios.

900 años hace el N.53. de  poemario y, aislado, es como lo encontré en el número 253 de la revista Litoral, monográfico sobre  “Ciencia y poesía, vasos comunicantes”. Aislado, creo que puede representar – en abstracto – esa idea del larguísimo viaje espacial de no retorno que nos encoge tanto el corazón.

En La risa de Dios es el segundo de un bloque de poemas en el que se describe una “sui generis” excursión planetaria. Se inicia en el poema N.52. en el que el cohete interplanetario surge de ¡la transformación de un catalejo transparente!

A partir del poema N.54. aparecen ogros y brujas. Ogros que persiguen a los astronautas arrojándoles aerolitos, que comen triángulos (sic) ¡de tres lados! y que poseen paraguas de agua (poemas N.55., N.56. y N.57)…. y, así, con sucesivas aventuras de ogros y brujas hasta que desde el poema N.67. desaparecen asteroide, astronautas, ogros y brujas.

Pedro Casariego Córdoba fue un poeta raro, fascinante y fugaz. Estrella perseida de enero, en lucha con un mundo que le era extraño y que abandonó pronto. Su padre, el arquitecto Pedro Casariego H.-Vaquero escribió un Epílogo en la recopilación de su obra poética: Poemas encadenados (1977-1987), que finaliza con las frases.

“… Estaba entre las nubes y veía las cosas desde lo virtual. Sus metáforas llevaban directamente al punto de destino. Su espacio no coincidió con el de los demás, lo que le hizo sufrir extraordinariamente, y decidió cambiarlo por otro más sereno. Su ausencia es inabordable.”

Notas y enlaces

1. De entre los numerosos reportajes conmemorativos aparecidos en estos días; recomiendo el artículo ¡Despegue! El futuro de Sam Howe Verhovek en National Geographic de julio de 2019.

2. Para información sobre la vida y obra de Pedro Casariego les remito a la página web dedicada al  poeta, www.pedrocasariego.com, mantenida con cariño infinito por la familia del poeta. En ella van a encontrar, además de información sobre su obra poética y su obra pictórica, el Manifiesto. Un bello artículo sobre el poeta es Pedro Casariego, el poeta raro en el Diario Sur escrito por Albert Gómez el 18 de enero de 2019.

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El geólogo. William Ospina.

Enlace a El geólogo de William Ospina en poesía y ciencia

Ante la biografía de William Ospina,  uno siente que estamos ante un escritor grande y total. Una rara avis en los tiempos actuales de especialización intensa. Escritor colombiano de éxito, es novelista, poeta y ensayista; y, también, periodista inmerso en la actualidad política y social de su país.

 

William Ospina 
(Iustración de SETANTA en El País)

En este sentido, su figura me recuerda, por ejemplo, a las de Manuel Vázquez Montalbán, o Francisco Umbral en España. Siempre con el periodismo como actividad inicial son escritores totales, brillantísimos y de gran éxito. Con una influencia extraordinaria en su época y su país y conocedores sabios de la cultura: tanto de la cultura popular como de la gran cultura. Con el añadido de que la poesía está en el punto central de su obra y que consideran, creo, lo más valioso de su actividad literaria.

William Ospina

Con motivo de su reciente participación en 22 Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, en la República Dominicana celebrada del  22 de abril al 5 de mayo de este año, en el artículo Crónica de autor: William Ospina de José Rafael Sosa, publicado en Acento, el 26 de marzo, se indica en el primer párrafo:

Si un colombiano  ha de subir al  sobrio escenario del Palacio de Conciertos de Estocolmo, en Suecia, a recibir  el Premio Nobel de Literatura, nadie dude que ha se ser un hombre nacido en Cali, Colombia, (…), uno que entró a la literatura por el advertido  más de una vez camino del periodismo con unas crónicas  y reportajes en el diario La Prensa, de Bogotá, que (….) todavía hoy se disfrutan como lectura testimonial de la paradójica y mágica realidad colombiana, que nadie dude: quien será protagonista de ese galardón, aspirado por todos los escritores del mundo, será William Ospina.

Además de su continua dedicación periodística que, en la actualidad, pueden seguir en el diario colombiano El Espectador,  por resumir su dilatada obra, deberíamos mencionar en el terreno narrativo su magna trilogía de la conquista, formada por las novelas: Ursúa de 2005 en que aborda la historia del conquistador español Pedro de Ursúa, que fue señalada, en su día,  por Gabriel García Márquez como la mejor novela del año 2005; El país de la canela de 2008, que narra el descubrimiento del río Amazonas por parte de Francisco de Orellana con la que recibió el Premio Rómulo Gallegos, otorgado por Venezuela y La serpiente sin ojos de 2012, que cuenta el viaje de Pedro de Ursúa repitiendo el descenso por el río Amazonas de Francisco de Orellana, y que termina con el recuento de los crímenes del controvertido conquistador español Lope de Aguirre.

También, en el terreno narrativo, de 2015 data El año del verano que nunca llegó, novela que interroga los grandes problemas éticos, culturales y estéticos del Romanticismo, al tiempo que le rinde tributo a sus más destacados autores. En ella explora el origen de dos de los más grandes monstruos de Occidente, Frankenstein y el El Vampiro; en un tono que conjuga la novela, el ensayo y el diario de viajes-

Su labor en el campo del ensayo es también muy destacada; con cerca de una veintena de títulos publicados. Entre los últimos se encuentran Parar en seco de 2016, en que advierte de las graves consecuencias del cambio climático que, sin lugar a dudas, ya están teniendo lugar; y El taller el templo y el hogar del pasado 2018, en que cuestiona la economía mundial actual globalizada.

La poesía de William Ospina

El primer poema que lei de William Ospina fue la Oración de Albert Einstein que, verdaderamente, me impactó con sus versos finales.

Algo mayor que el mal rige estos mundos.
Cada mañana pido a mi silencio
que el corazón gobierne al pensamiento,
y cada noche pido perdón a las estrellas.
Pero después olvido
y sé, mientras la luna danza en el pozo,
que Dios será sutil, pero no es malicioso.

Estaba incluido en el número 253 de la revista Litoral, monográfico sobre  “Ciencia y poesía, vasos comunicantes”, publicado en junio de 2012. Pensé para mi: ¡que bien! ya tengo un nuevo poema para poesía y ciencia. Pero no fue así porque se me ocurrió ir al histórico de poesía y ciencia y resultaba que ya se había publicado en junio de 2008.

Había también otros dos poemas de Ospina: Alexander von Humboldt y El astronáuta prepara el descenso que habían aparecido, respectivamente, en noviembre de 2008 y marzo de 2011. (Pueden acceder a los poemas indicados a través del siguiente enlace).

Con posterioridad tuve acceso y conocí comás profundidad su obra a  través de la recopilación Poesía 1974-2004 de la editorial La otra orilla, pùblicada en 2008. 

Creo que estamos ante una obra poética poderosa, muy solvente tanto desde el punto de vista de su factura técnica – con un gran dominio de la métrica y el ritmo  con textos construidos a base de cuidadosas combinaciones métricas, así como de una enunciación pulcra y elegante.  - como por su potencia intelectual en la que hay un dominio de diversos enfoques de la forma poética donde nos encontramos que  mezcla con fortuna los géneros, poematiza historias, narra poemas y versifica ensayos. Emplea diversos procedimientos expositivos:  en ocasiones la voz enunciante pertenece a algún personaje histórico (visible o recóndito), quien en un instante de lucidez clarifica y pondera momentos clave de su biografía, hablando desde más allá de su vida, redondeándola.

En la reseña de Poesía 1974-2004 realizada por Luis Jorge Boone en Letras Libres, (febrero de 2009), y en el artículo La poesía de William Ospina de Hector Abad Faciolince se analiza y describe con detalle, cariño y admiración la poesía del autor colombiano.

Se ha publicado recientemente, enero de 2019, por la editorial Lumen la Poesía Completa de William Ospina  que reúne toda su obra poética. Desde sus poemas tempranos hasta los libros de poemas Hilo de arena, La luna del dragón, El país del viento, ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua? África.

El geólogo

He seleccionado este poema, originalmente publicado en el libro El país del viento de 1992. Es un poema breve dedicado a la geología que es, sin duda, una de las ciencias con mayor capacidad de inspiración para los poetas. La geología conduce a nuestros inciertos orígenes y evolución, a unos periodos temporales – que son eras – de millones de años que se escapan de la escala de nuestras cortas vidas y a unos rastros de vida petrificados, inquietantes y extraños: ¿hay algo más raro y perturbador que un trilobites?

En bellos endecasílabos y heptasílabos, junto con algún pausado alejandrino, y sólo 11 versos, aparecen los tópicos más queridos e inquietantes de la geología: la enormidad temporal y los grandísimos cambios de la corteza terrestre, que surgen con expresión lapidaria en los 2 primeros versos: Aquí hubo un mar hace un millón de años. / El hombre no lo sabe, mas la piedra se acuerda.

Piensa en el fosil- cangrejo  (todo de piedra) que hay en esas entrañas minerales y nos recuerda, también,  que tuvieron vida y que fueron “… seres dolorosos, / sangre y pulmones palpitantes.”

En los tres versos finales se cierne la presencia metafísica del tiempo que, en geología, puede y conforma todo.

Entre la ciega roca
y el trémolo extasiado de la salamandra
tan sólo hay tiempo.

 

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