Archivo de julio, 2020

Tres poemas botánicos. Emily Dickinson.

Enlace a Tres poemas botánicos de Emily Dickinson en poesía y ciencia

En enero de 2014 comencé a ejercer como responsable de poesía y ciencia en madrimasd, seleccionando y editando poemas con contenidos de ciencia y tecnología para la sección y, también, realizando comentarios sobre los poemas elegidos en el blog La alegría de las musas 2. El día 21 de ese mes se incluyó, como primer poema de la nueva etapa, El cerebro de la gran poetisa norteamericana Emily Dickinson, realizando, asimismo, la primera entrada en el blog. (Nota 1).

Retrato de Emily Dickinson. (De Wikipedia)

Seis años más tarde, Emily Dickinson se nos hace de nuevo actualidad, por la publicación, en la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker, de ha una antología bilingüe de poemas en que la botánica es temática central – poesía botánica de Emily Dickinson - junto con ilustraciones botánicas procedentes del asombroso Herbario que realizó a sus diecisiete años. Lo cual constituye, sin duda, uno de los mayores acontecimientos en edición y publicación de poesía científica en España en 2020.

Emily Dickinson y la botánica

Emily Dickinson entró en la Amherst Academy en 1840, (que sólo 2 años antes había comenzado a admitir niñas). En este centro de su ciudad natal recibió una educación sólida y completa. Allí aprendió literatura, religión , historia, matemáticas, geología y biología; además de latín y griego. Todo esto estimuló su interés por las ciencias naturales y se dedicó con entusiasmo a la botánica. En 1847, con 16 años, se trasladó a la localidad de South Hadley, también de Massachusetts, para estudiar en el Seminario para señoritas  Mary Lyon de Mount Holyoke a fin de completar su formación religiosa y su educación superior; siendo en este centro donde empezó a interesarse por la botánica como una ciencia.

En dicha escuela se animaba a todas las niñas a recoger, estudiar y coleccionar flores y plantas locales preservándolas en un herbario. Dickinson recogió 424 flores de la región, formando un herbario de gran sensibilidad y con un delicado sentido de la composición, acompañando cada planta con una etiqueta con su nombre.

Herbario de Emily Dickinson (sec.19)

Ese herbario realizado en el curso 1847-1848 (entre 1939 y 1846) se ha conservado en la universidad de Harvard hasta nuestros días. En 2006 se editó el Herbario en facsímil y, hace unos cinco años, el original fue digitalizado y fue sido colgado en internet. Gracias a la digitalización, el herbario de Emily Dickinson es accesible a todo el público (Ver nota 2).

Tres poemas botánicos

Como hemos indicado en párrafos anteriores, la publicación de Herbario & Antología botánica por la editorial Ya lo dijo Casimiro Parker , creemos que es posiblemente el mayor acontecimiento en materia de publicación de poesía científica en 2020.

Hemos seleccionado tres breves poemas; los numerados: 1098, 1650 y 1779. (Ver nota 3). Son modestas muestras de botánica y otros seres vivos que muestran vida mágica y comportamientos sorprendentes.

Son las hojas que intercambian confidencias y disfrutan de secretos compactos e inviolables; el modesto trébol que puede llegar a ser aristocracia para la abeja y las instrucciones precisas para hacer una pradera: “… es necesario un trébol y una abeja / un trébol y una abeja. / y un ensueño…”.

Primordial el ensueño si abejas hay pocas.

Lo que nos parece un broche final magnífico para esta temporada de poesía y ciencia.

Emily Dickinson se nos hace, también, actualidad en estos momentos, en que hemos estado confinados varios meses ya que ella se confinó en su casa de Amherst, voluntariamente, los últimos años de su vida. Sin radios ni TVs ni internet. Sólo alguna carta – y sus poemas – vestida de blanco. (Ver nota 4).

Notas y enlaces

1 Ver Emily Dickinson. El cerebro. En La alegría de las musas 2. 21 de enero de 2014.
(http://www.madrimasd.org/blogs/CienciayPoesia/2014/01/21/84824)

2 El enlace al Herbario de Emily Dickinson es: https://iiif.lib.harvard.edu/manifests/view/drs:4184689$1i. Es muy interesante el artículo Poesía y botánica, el herbario de Emily Dickinson de Ana Ribera en el blog mujeresconciencia.com

3 Los textos originales de los poemas en inglés son los siguientes:

1098
THE LEAVES, like women, interchange
Sagacious confidence;
Somewhat of nods, and somewhat of
Portentous inference,

The parties in both cases
Enjoining secrecy, –
Inviolable compact
To notoriety

1650
THE PEDIGREE of honey
Does not concern the bee;
A clover, any time, to him
Is aristocracy.

1779
TO make a prairie it takes a clover and one
bee,–
One clover, and a bee,
And revery.
The revery alone will do
If bees are few.

4. Enlazamos al interesante artículo escrito por Bruno Pardo Soto en ABC: Emily Dickinson, la poeta que eligió el confinamiento.

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Tempus ex machina. Andrés Neuman.

Enlace a  Tempus ex machina de Andrés Neuman en poesía y ciencia

Creo que en poesía y ciencia, a lo largo de sus casi 18 años de andadura, no se ha se ha incluido ningún poema específicamente dedicado a los relojes. Si es así, de remediarlo es tiempo, teniendo a mano este gran poema: Tempus ex machina del que presentamos unos fragmentos que recogen tres momentos en la historia de los relojes: sus inicios con la clepsidra a lo que sigue el reloj de péndulo – te amamos Galileo – y la actualidad con los relojes de cuarzo o la utilización de la vibración de un isótopo del Cesio en la definición del segundo, (que es la unidad en que se mide el tiempo). El poema es de voz y lenguaje muy actuales y sumamente elegante. Como toda la poesía de su autor; el narrador, columnista y poeta, con ciudadanía argentina y española Andrés NeumanHijo de músicos argentinos exiliados, en España; a los catorce años se trasladó con sus padres y hermano a Granada, dónde reside en la actualidad.  (Ver Nota 1).

El tiempo y su unidad de medida.

El tiempo tiene una definición sutil, casi filosófica. “Es una es una magnitud física creada” – nos dice Wikipedia – “para medir el intervalo en el que suceden una serie ordenada de acontecimientos”. Además de su función principal de medir los intervalos en los que suceden determinados acontecimientos deberían destacarse dos cuestiones. La primera es que el tiempo es una creación del hombre; diríamos que es más creación del hombre que otras magnitudes que parecería tener una existencia más objetiva.

La segunda cuestión es que es una magnitud física; esto es: una cantidad medible de un sistema físico, es decir, a la que se le pueden asignar distintos valores como resultado de una medición o una relación de medidas. Las magnitudes físicas se miden usando un patrón que tenga bien definida esa magnitud, y tomando como unidad la cantidad de esa propiedad que posea el objeto patrón.

 Unidades de medida principales
del Sistema Internacional de Unidades

El segundo es la unidad de tiempo en el Sistema Internacional de Unidades, el Sistema Cegesimal de Unidades y el Sistema Técnico de Unidades. Un minuto equivale a 60 segundos y una hora equivale a 3600 segundos. Hasta 1967 se definía como la 86 400ava parte de la duración que tuvo el día solar medio entre los años 1750 y 1890 y, a partir de esa fecha, su medición se hace tomando como base el tiempo atómico.

Según la definición actual del Sistema Internacional de Unidades, un segundo es igual a 9 192 631 770 períodos de radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo 133 del átomo de cesio (133Cs), medidos a 0 K. Esto tiene por consecuencia que se produzcan desfases entre el segundo como unidad de tiempo astronómico y el segundo medido a partir del tiempo atómico, más estable que la rotación de la Tierra, lo que obliga a ajustes destinados a mantener concordancia entre el tiempo atómico y el tiempo solar medio.

Tempus ex machina

El poema  de Andrés Neuman plantea , en sus dos primeros versos,  cómo se ha medido el tiempo desde muy antiguo; siendo, por tanto, los relojes algo intrínseco a la civilización humana desde sus inicios.

“En el compás del mundo siempre ha habido
un reloj conmoviéndose.”

Recorre el poema las diferentes máquinas, relojes, con los que históricamente se ha medido el tiempo; el cómo han sido los relojes.

La clepsidra o reloj de agua, el primero, en que

“, el hallazgo fundador
donde un cuerpo paciente pierde líquido
resume el espectáculo
del ciclo de la vida
misterioso, evidente como es:
quiere partir el tiempo gota a gota.”

Tras el reloj de sol se glosa el péndulo, con el que la mecánica inicia su reinado en el mundo de los relojes y que aún continúa en la actualidad. El poeta señala al péndulo como cebo “para pescar el tiempo mientras flota” y remarca la igualdad de los movimientos del péndulo

“El vaivén vive atento a su tarea,
disminuye su arco, disminuye
pero no lo que tarda en trasladarse
de un extremo hasta el otro del camino.”

El recuerdo al gran científico italiano finaliza la estrofa: “Te amamos, Galileo.”

La última estrofa repasa los relojes actuales

“Los ingenios actuales (¿actual que pase el tiempo?)
desearían fundirse con su objeto inasible,
aspiran a la indivisibilidad.”

Mencionándose los relojes de cuarzo y el Cesio, fuente de la máxima precisión que se conoce en la medida del tiempo. Andrés Neuman es hijo de su tiempo y finaliza el magnífico poema con una expresión de simpatía a los relojes más actuales cuyas tecnologías se han desarrollado en los últimos setenta años.

“Así son los relojes de mi tiempo.
Con pilas que alimentan como un grano de arroz.
Y con el mismo amor, el mismo pulso,
eternos como nunca lo seremos.”


Como se indica en el primer párrafo de esta entrada, lo incluido en esta entrega de poesía y ciencia son unos fragmentos del poema completo. Han quedado fuera de la selección realizada las estrofas correspondientes a: los relojes de sol y los de muelle espiral, entre otros. Pueden leer el poema completo, en este enlace, tal y como apareció en el número 11 de 2008 de la revista Pasaje a la ciencia realizada en el I. E. S. Antonio de Mendoza de Alcalá la Real. (Ver Nota 2).

El poeta Andrés Neuman y la ciencia.

Creemos que no hay mejor final para este post, que la transcripción de las palabras escritas por Andrés Neuman para presentar sus poemas de temática científica, en el número 11 de la revista Pasaje a la ciencia; palabras que  muestran de modo magistral la perfecta y necesaria complementariedad entre la poesía y la ciencia.

“(sic) En mi sentir, la ciencia y la literatura jamás se han opuesto. Sino que, al contrario, resultan admirablemente paralelas en su objetivo (el conocimiento del mundo) y complementarias en sus métodos (la emoción de la regla en el pensamiento científico, las reglas de las emociones en el pensamiento literario). Cualquiera que haya hojeado un manual de física contemporánea, por ejemplo, no habrá dejado de admirarse por el espesor de metáforas, imágenes y neologismos que contienen sus textos. Igual que hace la poesía, la ciencia y sus diferentes ramas se valen del asombro para obtener un sentido y poner algún orden en el caos cotidiano. La ley de la gravedad, por si sola, encierra la evidencia simple y misteriosa que vive persiguiendo la poesía con su mirada: una roja manzana cae, alguien acierta a describir su vuelo instantáneo y así recomienza la historia de la eterna curiosidad humana, la emoción de ver y sentir que no entendemos del todo qué vemos.”

 

Notas y enlaces

1 La página web del escritor es www.andresneuman.com. En ella pueden encontrar su biografía y entrevistas; así como libros y artículos  y críticas y enlaces referidos a su obra.

2 La revista Pasaje a la ciencia realizada en el I. E. S. Antonio de Mendoza de Alcalá la Real es una excelente y extraordinaria iniciativa que se realizó en el citado instituto entre los años 1997 y 2013. Primeramente fue suplemento de la revista del I.E.S. y luego como revista independiente. Fue en sus primeros años editada en papel y desde 2005 su edición fue electrónica. El enlace siguiente lleva a la página de inicio de Pasaje a la Ciencia, dónde podrán comprobar el amplio espectro de las colaboraciones y apreciar la calidad de la misma: una obra ejemplar, muestra de la excelencia que puede llegarse a alcanzar en divulgación científica.

 

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