Volante y Accidente. Ernestina de Champourcín.

Enlace a Volante y a Accidente de Ernestina de Champourcín en poesía y ciencia

Poesía y automóvil 

Hasta que el ordenador personal – al que han seguido después más dispositivos electrónicos –  llegó a nuestras vidas hace unos 35 años, posiblemente el artefacto tecnológico más popular en el siglo XX fue el automóvil que nació con el siglo.

La Ford Motor Company fue creada en 1903 y el paradigmático Ford T nació en 1908 con una gran cantidad de innovaciones: volante a la izquierda, el motor y transmisión cerrados, los cilindros encajados en un sólido bloque y suspensión con muelles. La industria automovilística fue creciendo hasta la situación actual en que la producción mundial en 2014 ascendió a unos 90 millones de vehículos fabricados en más de 30 países.

Ford T de 1908

El automóvil comienza a aparecer, desde esas fechas, en la literatura y, por tanto, también en la poesía. Sin embargo, en la época en que aparece el automóvil se habían producido dos cambios fundamentales. Por una parte, la sociedad era ya una sociedad tecnificada, acostumbrada a la aparición de nuevos descubrimientos científicos y de multitud de tecnologías innovadoras.

Por otra parte la poesía occidental había sufrido un cambio radical frente a la de la centuria anterior. La evolución del romanticismo con la puesta en primer término del “yo poético”, había evolucionado hacia la consideración básica de la poesía como catálisis de los sentimientos del poeta y en la que va desapareciendo la descripción literal de la realidad. Desaparece, por tanto, la poesía como “realidad rimada”, la poesía retórica y descriptiva atenta al ritmo y a la rima, que describía el mundo a golpe de estrofas canónicas y rimas consonantes.

Por ello, la aparición del automóvil en la poesía no da lugar, al contrario de lo que había ocurrido con el ferrocarril – protagonista central de centenares de poemas en el siglo XIX  - a muchos poemas con temática exclusiva o casi exclusiva del automóvil en sí. El automóvil aparecerá, generalmente, (con la excepción de un cierto papel central como objeto moderno, innovador y vanguardista en algunos  de los “ismos”, tales como el futurismo o el ultraísmo), no como protagonista sino en la forma de alusiones, apoyaturas, metáforas e imágenes o como un objeto más del mundo.

Está, en todo caso, por escribir una monografía sobre el automóvil en la poesía española del último siglo, al modo en que hizo Gerardo Diego en su artículo: El ferrocarril en la poesía. (Ver Nota 1). Ello nos ha animado a hacer algunas indagaciones a fin de poder añadir poemas automovilísticos a poesía y ciencia

El automóvil en las poetas de la generación del 27

Después de un repaso a la Antología de mujeres poetas de la generación del 27. Peces en la tierra editada por Pepa Merlo, (Nota 2), hemos hallado que algunas de ellas hacen aparecer los automóviles, (y lo que les rodea: tráfico, carreteras, velocidad, etc.), en varios de sus poemas.

Cristina de Arteaga y Lucía Sánchez Saornil, de orígenes y trayectorias vitales tan opuestas, ofrecen una visión negativa. “Carreteras, como reptiles / son largas / y amargas, / …./ ¡Tengo horror al camino trazado! / Prefiero / el sendero / modesto, olvidado / que trilla el ganado.”, nos dice la primera en 1925; y con los versos “¿Quién aprisionó el paisaje / entre rieles de cemento?”, inicia Lucía Sánchez Saornil su poema Paisaje de arrabal de 1920.

Concha Méndez escribe el breve y delicioso poema Automóvil:

Una cantata de bocina
Gusano de luz por la noche sombría
Los ojos relucientes bajo la noche fría
Reptil de la ciudad que raudo se desliza

También en su trepidante poema Paisaje urbano de 1926, aparece el automóvil junto con otras novedades técnicas como el alumbrado urbano, el metro o los rascacielos definidores de las modernas urbes .

“… Por el asfalto ruedan rehilanderas de acero
Con sonoros flautines de voces esmaltadas.”

Al libro de poemas La voz del viento de la poeta Ernestina de Champourcín pertenecen los dos poemas que hemos recogido para poesía y ciencia en esta entrega. Son una dupla en que se presentan dos facetas del automóvil: su cara y su cruz, que se siguen perpetuando después de sus más de 100 años de historia.

En Volante tenemos al automóvil moderno y liberador que nos atrae y nos hace soñar “esquivando a su antojo / las embestidas del viento”. En el poema está también el poder de la precisión y de la técnica:

Al impulso más leve
- fuerza plena, medida -
giraba cauteloso
el aro de madera.

Lo que llega a suponer un cierto estado de éxtasis:

¿Dame tus dedos, acres
de olor a gasolina.
Esos dedos cerrados
que precintan la oscura
mercancía del vértigo.

Con el deseo final de encontrar en el vértigo y la velocidad la propia vida.

En Accidente aparece el lado amargo de la automoción, con la descripción y reflexión de las consecuencias de los primeros accidentes de tráfico mortales.

Se habla de vientos de perdición, de juventud deshecha, de un nunca más de felices sensaciones de la conducción:

“…ni el susto delicioso
de la escondida curva.”

Acaba el poema en oscuridad y en hierros decrépitos, con los dos memorables versos finales:

“llora un claxon tu muerte,
sin alma, en la cuneta.”

Ernestina de Champourcín

Ernestina de Champourcín Morán de Loredo, nació en Vitoria el 10 de julio de 1905, de una familia católica y tradicionalista, que le ofreció una esmerada educación (en la que se refuerza el conocimiento y uso de diferentes lenguas) en un ambiente familiar, culto y aristocrático, junto a sus hermanos.

Fotografía de Ernestina de Champourcín

Alrededor de los 10 años, se trasladó, junto con el resto de la familia, a Madrid, donde fue matriculada en el Colegio del Sagrado Corazón, y recibió preparación por profesores particulares, examinándose como alumna libre de bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros. Su deseo de estudiar en la Universidad se vio truncado debido a la oposición familiar.

En Wikipedia se ofrece una completa biografía de la escritora a la que pueden acceder. De la misma, se reproducen a continuación los capítulos 2 y 5. (Ver Nota 3).

2. Reconocimiento

Para Emilio Lamo de Espinosa (catedrático de Sociología de la Universidad Complutense y sobrino de Ernestina de Champourcin) una de las razones del silencio sobre la obra de esta gran literata española es debido a su mística. Para este autor, el intimismo de su obra y el creciente peso de la poesía religiosa, hizo que no se le tuviera en cuenta, ni su gran labor social, ni su compromiso a la causa republicana, ni sus actividades en pro del reconocimiento de los derechos de las mujeres a ser tratadas al igual que sus compañeros hombres. Y así lo hizo constar en un homenaje que se le hizo a la poeta en la Residencia de Estudiantes en 2005, año del centenario del nacimiento de Ernestina.

Podría afirmarse que Ernestina ha padecido la mala suerte de las “terceras vías”, al no acabar de estar claramente ni en la derecha ni en la izquierda, un poco como le ocurre, salvando las distancias al propio Ortega y Gasset, rechazado por unos por ateo y por los otros porque era elitista, acusado al tiempo de ser de derechas y de ser de izquierdas.

También considera Emilio Lamo de Espinosa que la posición de Ernestina se debe fundamentalmente al carácter de la propia autora, de su independencia de criterio total y rotunda, salvaje, casi asocial, y al tiempo de su voluntad de no ser tipificada, categorizada, cosificada.

A pesar poder considerar a Ernestina de Champourcin como la única mujer que realmente estuvo, en una situación de igualdad con el resto de los poetas hoy llamados de 27, su reconocimiento en España no se produce hasta 1989, y a partir de ese año, se le concede el Premio Euskadi de Literatura en castellano en su modalidad de Poesía (1989), el Premio Mujer Progresista, la nominación al Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1992 y la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid en 1997.

Imagen de su última entrevista por E. Checa, en 1996 

5. Poesía de Ernestina y sus obras

La poesía de Ernestina de Champourcín es profunda y ligera, suave y contundente: melodiosa. Los versos de Ernestina, son de fácil y agradable lectura, y en ellos supo expresar certeramente la intensa hondura de su alma. Esto hace que su temática sea muy distinta a la de algunos de sus contemporáneos.

En parte de su obra se rememora la poesía de los grandes místicos españoles: Santa Teresa y San Juan de la Cruz; así como la obra de Juan Ramón Jiménez. De hecho, en Presencia a oscuras (1952) utiliza sonetos, décimas, romances y otras estrofas tradicionales de la poesía barroca.

Es muy habitual al hablar de Ernestina de Champourcin como poeta de la Generación del 27, hacer recaer la atención sobre todo en su obra anterior a la guerra. Lo cual lleva inmediatamente a comentar, la radicalidad del cambio, que se produjo en la autora durante el exilio, que la lleva hacia la poesía religiosa.

Pero, en cambio, pocas veces se habla de su última poesía, de la que escribió al regresar a España en la que, para algunos autores está lo mejor de su obra, ya que se trata de una poesía en la que se conjuga la contemplación retrospectiva, la memoria, sin dejar de tener una mirada hacia el futuro afrontado con la lucidez y la valentía de quien se acerca a la muerte.

Es por ello por lo que los expertos consideran que en la obra de Ernestina se pueden ver tres etapas, dos de ellas muy claras. Una primera etapa, la de la poesía del amor humano (1905-1936), que abarca los cuatro libros publicados con anterioridad a la guerra civil (… ) en los que la autora evoluciona pasando de unos orígenes que podrían calificarse de tardorrománticos y modernistas a una “poesía pura” muy próxima a la de Juan Ramón Jiménez.

La segunda etapa, que se separaría de la anterior por un período de nula producción poética, en los primeros momentos del exilio en México, debidos a la necesidad de mantener una actividad remunerada económicamente; que podría denominarse la de la poesía del amor divino (1936-1974), se inicia con Presencia a oscuras (1952) obra que supone un nuevo tiempo en su poesía. La temática pasa a centrarse del amor humano al amor divino ( … )

Una tercera etapa, la de la poesía del amor sentido (1974-1991), es la que se inicia con la vuelta del exilio, momento en el que surgen nuevas inquietudes en Ernestina: ser capaz de volver a adaptarse a su nueva situación, reencontrarse con lugares al tiempo conocidos e irreconocibles, lo que le hace iniciar una nueva etapa en su poesía, que se caracteriza por la evocación de tiempos y lugares. Los libros finales son una recapitulación y un epílogo, de una poesía que es a la vez intimista y trascendente.

Notas y enlaces

1. El ferrocarril en la poesía.  Incluido en las Obras Completas de Gerardo Diego. Prosa, tomo VIII, pgs. 1052-1087 de la Editorial Alfaguara.

2. Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas de la generación del 27. Edición Pepa Merlo. Fundación José Manuel Lara. Sevilla. 2010.

3. En 2005 la Universidad de Navarra realizó la exposición “Ernestina de Champourcin: palabra en el tiempo” enmarcada en los actos conmemorativos del centenario de la poetisa, nacida en Vitoria en 1905. En este enlace se puede visualizar el interesante contenido virtual de la misma. La poesía de Ernestina de Champourcín: tradición y modernidad de Leonor Fernández Guillermo de la UNAM y Los exilios de Ernestina de Champourcín de la Universidad de Granada, son dos magníficos artículos que nos acercan a la vida y la obra de la poeta alavesa.

 

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

[...] una reciente entrada de  este blog: Volante y Accidente de Ernestina de Champourcin,  reflexionábamos acerca de que el automóvil en la poesía no había [...]

[...] de La Unión y sus poemas incluidos en el bellísimo libro  Cristales míos  de 1935; también a Ernestina de Champourcin de la que incluimos  dos poemas: Volante y Accidente que ilustraban los inicios de la nueva era [...]

(requerido)

(requerido)


*