La incertidumbre a escalas atómicas y humanas.


Hoy he leído un párrafo de un libro de Kenneth Ford: ‘The world of elementary particles.´ :

La probabilidad en el mundo macroscópico (y en la física clásica) es una probabilidad de ignorancia; la probabilidad en el mundo microscópico en una probabilidad fundamental de la naturaleza.  La única razón por la cual el número en el que cae la bola de la ruleta no puede ser calculado de antemano es la ignorancia de lo que los físicos denominan ‘condiciones iniciales’. La diferencia con la ley de probabilidad de la mecánica cuántica es que uno no puede, ni en principio, ni de hecho, calcular el desarrollo exacto de un evento atómico, independientemente de con cual precisión puedan conocerse las condiciones iniciales

Kenneth Ford es un físico ya mayor, de 88 años, formado en la idea mística de que la mecánica cuántica es algo radicalmente diferente de la física de escala humana.

Ya no hay que decirle nada, pero, para quien lea esto, si alguien lo hace, si me gustaría plantear algunas preguntas.

A) Donde acaba la mecánica cuántica, con sus probabilidades intrínsecas y empieza la clásica, determinista ella?

B) ¿Cómo se produce el cambio de una a otra, cuales son las leyes de ese cambio?

C) Un átomo de Rydberg, ¿sabe que es un átomo y sigue probabilidades intrínsecas, o piensa que es una bola clásica y que su trayectoria probabilística es porque algún físico no ha fijado con exactitud infinita sus condiciones iniciales?

Esto es un problema mental de los físicos que se formaron en el siglo XX, y que adoraban como a un dogma las ideas de Bohr, que tampoco eran excepcionalmente finas.

¿Por qué las probabilidades de las escalas atómicas son intrínsecas? Si se hace referencia al ”Principio de Incertidumbre” de Heisenberg , ¿De donde sale este principio?  No sirve enunciarlo como un postulado, pues eso no explica nada.

El ejemplo de la ruleta, o el de una moneda tirada al aire no nos sirve, pues son máquinas o sistemas físicos inmensamente sencillos. Hoy es posible tirar una moneda al vacío de forma que caiga siempre del mismo  lado: Un profesor de California ha construido una máquina para ello. Ha eliminado la aleatorieidad eliminando la interacción de la moneda con el resto del mundo.

Pero en el mundo atómico no tenemos posibilidad de eliminar esas interacciones. De hecho, para manipular las partículas atómicas precisamos que interaccionen, y no tenemos energías de interacción mucho menores de las energías de las partículas que queremos manipular.  Y esas interacciones son muchas, del orden de al menos 10**20 (un 1 seguido de 20 ceros), y no son eliminables en ninguna situación.

En un sistema de escala humana, sometido a 10**20 interacciones de su misma energía, la aleatorieidad es exactamente igual de intrínseca que la cuántica, o si invertimos el razonamiento, si algún día pudiésemos (lo que es imposible) eliminar las interacciones de un sistema cuántico con otros 10**20 sistemas y que las pocas interacciones que queden tengan menos energía que el propio sistema, este sería tan determinista (poco) como un sistema de una moneda tirada al aire.

Se puede decir que ”las leyes de la física cuántica” no permitirían ésto, y es evidente, puesto que esas leyes se han derivado para la situación real de trillones de interacciones de energías comparables con la de los sistemas que se mueven, interacciones que esa mecánica cuántica no ha tenido en cuenta y como las interacciones clásicas no tenidas en cuenta, deviene en movimientos aleatorios e impredecibles.

La diferencia –real– del mundo atómico con el mundo de escala humana es que la naturaleza tiene límites, y que no hay energías menores de las de las partículas atómicas, de manera que cualquier interacción con ellas las mueve, algo que no pasa si mandamos fotones a la puerta de un coche para ver si está abierta o cerrada.

Reconozcamos la realidad, aceptemos el formalismo, pero no derivemos del formalismo ideas místicas de mundos separados y leyes mágicas y misteriosas.

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La ciencia que estamos olvidando


Tras dos mil años de disputas estériles, incluyendo el sexo de los ángeles y cuantos de éstos caben en la punta de un alfiler, y lindezas por el estilo, Galileo descubrió, no la ley de caída de los cuerpos ni el principio de inercia, ni la relatividad galileana, con descubrirlas, sino lo que de verdad fue la única revolución de verdad en la corta (¿100.000 años) historia de la humanidad:  En vez de discutir, midamos, y midamos una y otra vez y rechacemos lo que los experimentos rechazan.

Esa forma de pensar, de ver el mundo, terminó con esos miles de años de debates tan absurdos como los que condujeron al Concilio de Nicea: Homoousios, u Homoiousios.  ?Desciende una flecha por su naturaleza o por otras causas?  etc. etc.  No ha habido otra revolución como esa, que además, condujo a la libertad de cada persona: Ya no era necesario -creer- lo que se decía desde el estrado o desde el púlpito, sino que cada persona podía, si así lo decidía, probarlo en su propia casa: ¿Caen o no caen dos bolas pulidas del mismo diámetro, una de acero y otra de madera, exactamente igual en la superficie de la Tierra? ¿Es su aceleración 9.8 metros/segundo al cuadrado con un error de una centésima de segundo?  Esto se puede probar, lo que no es posible hacer en las cuestiones sobre los ángeles o sobre la vida futura: Nada es capaz de hacernos ver ángeles ni cuantos caben en los alfileres, ni jamás nadie ha tenido experiencia alguna de lo que pudiese ocurrir tras la muerte.  Las discusiones se terminan en cuanto decimos: ”Vamos al laboratorio a medirlo unas cuantas veces, y luego pediremos que lo midan otros independientemente de nosotros”.

Pero parece ser, tremenda desgracia, tremendo error, que estamos olvidando esa revolución. La parte genética del ser humano quiere siempre mandar: Que otros crean algo porque -el- o -ella- lo dicen.  Esto empezó con las ideas del modelo estándar, siguió con las supercuerdas y hoy deriva en los multiversos. Estas tres cosas están diseñadas a la manera de lo que ocurrió hace miles de años en el Sinaí: ”Creed lo que os digo, porque lo digo yo”.  Los quarks, ingrediente básico del modelo estándar son inmedibles, por concepción, por definición, lo mismo que las supercuerdas o que los multiversos. El Higgs es inmedible, y solo tenemos de esa entidad efímera consecuencias de consecuencias de consecuencias, nunca podremos, por definición tener una medida directa de esa entelequia.  Y claro, no digamos los multiversos. De estos, menor ni mencionarlos.

Ahora aparece, en El Mundo del lunes 23/03/14, el análisis de unas minúsculas señales que pueden ser cualquier cosa, de algo que se supone pasó una única vez en el universo, y ocurrió, si lo hizo, de una forma radicalmente desconocida para nosotros, en unos intervalos de tiempo carentes de cualquier significación.

A las señales identificadas en el BICEP2 de la Antártida no se las puede someter a la prueba del laboratorio, como no podemos someter al evento que se sugiere las causó a una comprobación experimental, o al menos, como con el clima, a una observación de eventos repetidos una y otra vez.

Hoy día parece que un único análisis de unos datos que indican, en medio de un ruido fenomenal, unas posibles ondas, posiblemente procedentes de algo sobre lo que no hemos experimentado y que nadie mas que un grupo de científicos ha analizado son la ”detección de onda gravitatorias generadas instantes después del origen del universo”.  ¿Como se puede afirmar eso? Esto se parece demasiado a ”He detectado que en la punta de mi alfiler caben 6 ángeles”, y además han estado en esa punta un 0, coma seguido de 36 ceros  y un uno segundos”.  Hemos superado, menos mal, con la inversión que hemos hecho, ampliamente a las Salamanca, Bolonia y París del siglo XIII.

Tenemos una única imagen, formada con miles de millones de ondas electromagnéticas de tamaño centimétrico.  Y de esa única imagen sacamos toda la estructura del universo.  Como en la Salamanca del siglo XIII tenemos de nuevo el Génesis: Todo sale de una única palabra, que además duró una trillonésima de trillonésima de segundo (Por cierto, ¿cómo podemos asignar ese intervalo de tiempo a algo que se supone pasó hace 13600 millones de años millón mas o menos? En aquellos intervalos efímeros de tiempo no había relojes atómicos, ni nada para medir el tiempo.) Los procesos de aquella época -generan-, (hoy, no entonces,, en las palabras de un comentarista)  fluctuaciones estiradas.  Puede ser, pero me gustaría medirlo yo mismo. Si no es así, ¿Como aceptarlo? ¿Por la voz del Sinaí?

El fondo de ondas gravitacionales predicho y finalmente detectado por BICEP2, afianza la teoría inflacionaria y abre las puertas al conocimiento de la dinámica responsable de esa expansión acelerada que es la inflación. Yo pienso que lo haría si pudiésemos controlar la inflación, ver como se comporta en condiciones distintas, experimentar sobre ella,  repetir los experimentos.   Si no es así, ¿qué nos dicen esas ondas descubiertas entre una barbaridad de ruido aleatorio?

Este descubrimiento será seguido pronto por detecciones de otros experimentos.  Los científicos deberíamos ser maestros en el manejo del lenguaje. Esto que han filtrado los investigadores del BICEP2 no es un experimento.  Es la extracción de una señal observada y posible, oculta dentro de montañas de ruido. Pero no es un experimento.  Si yo veo morir un roble centenario, puedo deducir que hay una epidemia que ataca a los robles de más de 200 años.  Pero mientras no experimente, con robles en otras condiciones, con robles inmunizados, con otros tipos de árboles, no podré deducir nada concreto de esa única muerte.  Si una pastilla cura un cáncer, ¿Deduzco que esa pastilla cura todos los cánceres? Tendré que experimentar una y otra vez.

Los eventos únicos no son ciencia.  Y las observaciones no son experimentos.

No es que yo quiera limitar la ciencia a algo trasnochado. Es que podemos emitir cientos de teorías que expliquen un evento único, que mientras no se validen, y sobre todo, invaliden, mediante experimentos, son tan interesantes como las doctísimas y bien fundadas ideas sobre los ángeles de los sabios salmantinos del siglo XIII.

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El rechazo de la realidad de los cambios: Climático y económico.


Las ideas preconcebidas o las visiones implícitas del mundo.

Entre 1900 y 1914 los dominios de los Habsburgo  deseaban liberarse del control de Viena. Unos hablaban magiar, otros, eslavo, cada uno tenía sus deseos particulares. Lo razonable hubiese sido llegar a acuerdos de cooperación entre todos.  No pudo ser, porque en Viena no entendían ésto. En las mentes de los administradores vieneses estos deseos no eran malintencionados. Eran, sencillamente, incomprensibles. Si a un matemático del Renacimiento le hubiésemos dicho que podíamos operar con las raíces cuadradas de -1, con los números imaginarios, no hubiese entendido nada, como no habrían entendido lo físicos de principios del siglo XIX la noción de un tiempo relativo, de átomos y del campo electromagnético.

Las ideas, para ser inteligibles en cualquier momento del tiempo, deben integrarse en el esquema general de pensamiento, en la matriz mental, en las visiones implícitas del mundo que los humanos llevamos en nuestras mentes.

Es evidente que una onda de radio la longitud de la radio pesquera, 300 metros, no puede entenderse como flujo de fotones: Serían fotones de 300 metros de ancho. Un día, mencioné esto delante de una muchacha de no mas de treinta años, recién salida del horno de una carrera de física, y me miró con absoluta incomprensión en su cara: Para ella, las radiaciones electromagnéticas son flujos de fotones.

Estamos metidos, en la sociedad actual, aquí, en América, en Asia, en Oceanía, en África incluso, en un buen lío. Tenemos poca energía de alto rendimiento, y sobre eso tenemos la capacidad de producir millones de bienes, y servicios, con muy poca necesidad de trabajadores.  Si solo pagamos, y poco, a las personas que trabajan, no podemos vender lo que producimos, pues hay pocos (relativamente) que tengan la riqueza necesaria para comprarlo.  Las fábricas las trabajan robots. Evidentemente hay que hacer los robots, pero como con los chips de ordenadores, para los cuales dos fábricas en todo el mundo sobran para producir todos los que se necesitan, para producir robots basta con Alemania. ¿Qué hacemos los demás países?

En el siglo XX la visión implícita del mundo resolvía este problema como lo quieren resolver las autoridades venezolanas: Regalando riqueza por no hacer nada. Pero esto, como también se ve en Venezuela, no funciona.

?Qué podemos hacer?

Durante 200 años los prusianos, y tras ellos todos los alemanes terminaron por tener una ”Visión del Mundo” tal que les hacía pensar que eran los mejores, los más preparados, los más disciplinados, los más listos.  Cuando lanzaron la primera guerra mundial lo único que hacían, dentro de esa ”Visión del Mundo”,  era coger sus ”derechos”. Cuando perdieron la guerra no lo podían entender, y lanzaron otra, con genocidio judío incluido, dentro de ese ”derecho natural” que les proporcionaba su ”Visión del Mundo”.  Solo una derrota absoluta, sin paliativos, una destrucción completa del país consiguió eliminar esa errónea ”Visión del Mundo”.  Tras la segunda guerra mundial, los alemanes ya no se consideran los mejores, aunque, evidentemente, se siguen considerando como muy capaces en términos tecnológicos e industriales.

La ”Visión del Mundo”  de economistas y gestores sociales actuales, en casi todo el planeta, pero también y especialmente en España, es una cierta creada como la prusiana a lo largo de 200 años, esta vez de 1800 a 2000 mientras que aquella se creo a lo largo de los años de 1700 a 1900.  Es la ”Visión del Mundo”  de un sistema social en compartimentos casi estancos, con países intercambiando bienes y servicios, en situaciones de equilibrio, con respuestas a la inversión que suponen la generación de trabajo.

Esta ”Visión del Mundo” la tienen tanto los economistas liberales, los ecológicos, los marxistas, los neoliberales, de cualquier denominación, pues la economía que aún se enseña y se practica se creó entre 1800 y 2000, y aunque el mundo ha cambiado, esa ”Visión del Mundo” no lo ha hecho, cómo no lo había hecho la austriaca en 1914.

Cuando yo trato de comunicar a estos economistas, a estos gestores sociales que hoy los países ya no existen como compartimentos estancos,  que los bienes y servicios fluyen como lo hace el chorro polar, alrededor del mundo, con rozamiento, pero sin paredes, que la situación es dinámica, fuera del equilibrio, con realimentaciones positivas y puntos críticos, y que hoy la inversión, el capital, no tiene mucha relación con el trabajo, me miran como me podía mirar Leonardo de Pisa si le decía que era posible multiplicar por la raíz cuadrada de -1, o sumar al numero 3 esa raíz cuadrada. O los berlineses en 1900 si les hubiese dicho que como país, Alemania era igual que cualquier otro, incluidos los africanos, y en esto tristemente participaban Inglaterra, Francia, Bélgica, España y otros muchos, que se consideraban, evidentemente, superiores a esos países de, digamos, el sur de África.

En España se nos dice todos los días, varias veces al día, que los  inversores (se suele decir que internacionales, pero eso implica, por ejemplo, al Banco de Santander, cuyo negocio esta en un 80% fuera de España) están poniendo capital en el país. En la ”Visión del Mundo” al uso eso querría decir: puestos de trabajo. Pero estamos viendo que no es así, y no puede serlo. ¿Que vamos a producir con ese capital a y a quien se lo vamos a vender?

Necesitamos, en Economía, y en Gestión de las Sociedades, una revolución en la ”Visión del Mundo” económica y gerencial, similar a las revoluciones de Einstein, cuando anuló el concepto de tiempo absoluto, y de Planck y el mismo Einstein cuando cambiaron de una visión continua a una discreta del mundo físico, una revolución como la de Galileo, un cambio radical a la hora de analizar el mundo en que vivimos.

Exactamente lo mismo me ocurre cuando hablo del cambio climático. La ”Visión del Mundo” de los lectores les impide ver la realidad, como esa ”Visión del Mundo” de 1500 impedía a Tycho Brahe ver que era la Tierra la que se movía y no el Sol.

Para frenar el cambio climático, y para volver a la riqueza necesitamos hacer una revolución mental y no la estamos haciendo. Mi propuesta es clara: Abandonar las ideas de equilibrio en la teoría económica y substituirlas por un desequilibrio constante y dinámico. Abandonar las matrices que suponen un mundo lineal, y utilizar ecuaciones diferenciales no lineales y con retardo. Desarrollar una teoría económica global, no encerrada entre fronteras, y abandonar el incomprensible esquema de subasta entre agentes y su racionalidad, y como consecuencia de esto, los esquemas de oferta y demanda, que no funcionaron nunca en los siglos XIX y XX y es claro que hoy no hay nada mas lejos de ellos que la economía real

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¿Es el universo una simulación?


En un artículo en el NYT, Edward Frenkel, un profesor de matemáticas en Berkeley, se plantea esta pregunta.

Es claro que este Sr. es profesor de matemáticas y no es físico, aunque cita a tres supuestamente físicos, que ignoran la realidad de la naturaleza (física quiere decir naturaleza en griego).

Habla el Dr. Frenkel del teorema de Pitágoras, que es cierto existan o no los seres humanos.  Pero el teorema de Pitágoras es la sencillez misma, casi se puede decir que define la sencillez, los sistemas sencillos, no complejos, define lo contrario de los sistemas reales.

Se pregunta el Dr. Frenkel sobre qué clase de realidades pueden ser los teoremas matemáticos, y si existen en algún punto del universo.  Esencialmente los teoremas son resúmenes y extrapolaciones de las realidades físicas que existen aquí, allí y en todo este universo. Podemos construir triángulos rectángulos con altísima precisión.  En ellos, midiendo, se cumple, con la precisión de la construcción, que la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. No cuesta nada asumir que esto es así sea cual sea la precisión que podamos proporcionar. De esta manera el teorema de Pitágoras es una realidad construible.

El pasar de esta realidad construible a otras imaginaciones es como imaginar pegasos, centauros o dioses. Podemos hacerlo, pero es irrelevante preguntarse que en que parte del universo (el universo es todo, incluidos muchos mundos si de estos hubiese) están o si los podemos ver: Los vemos en las páginas de los libros, o en las pantallas de los cines, pero viendo imágenes bidimensionales  o esculturas de los mismos, no podemos verlos, tocarlos, sentirlos, olerlos, gustarlos.

¿Existen los centauros, las sirenas, los pegasos, los ángeles, los dioses?  Es decir, existen como existe una piedra?

La ciencia diseñó un método, el método galileano, para separar ángeles de los que caben zillones en la punta de un alfiler, de la realidad. Solo si podemos medir, de manera repetida, por personas independientes los sistemas, y solo si las medidas coinciden dentro de un margen de error, podemos decir que lo medido existe.

Todo lo demás son los cantos de las sirenas que atraían a Ulises.  O los centauros que educaron a Aquiles.

Sugiere este Dr. Frenkel que pudiéramos ser simulaciones de un extraterrestre del futuro. ¿Y?  Si podemos medir ahora, lo que medimos es real, el extraterrestre es un ángel, u otro centauro Quirón: Algo que no podemos medir, y por lo tanto que carece de existencia.

Sugiere este Dr. Frenkel que algunos matemáticos han simulado en los ordenadores sistemas minúsculos de rango nuclear. Estos sistemas son inmensamente sencillos, similares a construir con tres varillas de madera un triángulo aproximadamente rectángulo.

Las fuerzas de la naturaleza son no lineales, y amplifican cualquier fluctuación hasta escalas intergalácticas. Simular el universo es esencialmente imposible, pues exige proporcionar al simulador las condiciones iniciales correctas, pero estas varían constantemente, de manera que el programa de simulación no puede empezar nunca.

El problema de los matemáticos, y de los matemáticos metidos a físicos  es que han olvidado la realidad, que sabiendo lo que son las ecuaciones olvidan que esas no sirven de nada sin condiciones iniciales y de contorno, que están determinadas por otras ecuaciones que no sirven de nada  sin condiciones iniciales y de contorno que ……

Que han olvidado que el mundo real no son los sueños de la razón, que el mundo real es un sistema complejo, y que debido a la no linealidad de las interacciones naturales, los sistemas complejos no pueden estudiarse con las ecuaciones de los sistemas simples.

Los matemáticos puros, como los matemáticos que dicen hacer física, son similares a los teólogos, en tanto en cuanto olvidan o rechazan el método científico.

Estas elucubraciones deberían dejarse de lado, salvo si queremos volver a la Salamanca del siglo XV y las discusiones sobre el sexo y tamaño de los ángeles.

Ya sabemos el camino que recorrió España al mantener ese tipo de discusiones y cerrar, bajo el control de la Inquisición, el método galileano de la ciencia  a los desgraciados españoles. Un  cierre uno de cuyos efectos fue la miseria española que duró 300 años y que puede volver si reanudamos aquí o en los EEUU, la teología en vez de la ciencia.

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Medio Ambiente: Un pequeño obstáculo a un expolio que no cesa.


Ayer venia una muy buena noticia en El Mundo:

Desde hace mucho tiempo, desde que los castellanos encontraron que un buen golpe a las haciendas al sur del sistema central, o los aragoneses/catalanes sobre el Ebro producía mucha más riqueza que la labor de labrar una tierra dura y áspera con pocas lluvias, desde aquel momento la cultura española es tratar de hacer dinero no mediante el trabajo o la inteligencia, sino mediante -la suerte-.

La suerte de encontrar una granja desprotegida, la suerte de encontrar un yacimiento, un placer, oro en unas islas, de acuchillar a una población para robar su riquezas, o de capturar a unas personas de piel negra para hacerlas morir en el interior de una mina.

Hay formas distintas de construir riqueza: Cultivar la tierra o trabajar la materia inanimada. La primera forma proporciona energía, la segunda permite distribuir esa energía entre muchos cuando la primera produce en exceso y hay mas personas de las necesarias para la captura energética.

Estas dos formas generan riqueza para todos, no estrictamente por igual, pero de una forma nivelada, con pequeños valles y colinas.

La otra es la buscada en una cultura del expolio.

El Algarrobico, el complejo Maria Isla de Valdecañas, lo que se quiere hacer en la Almoraima: Perlas encontradas en el camino, pepitas de oro que la tierra ha escupido y alguien encuentra, -la suerte-.

La captura de energía con el trabajo de todos, su reparto a todos, para que todos puedan crear y construir riqueza, eso esta fuera del substrato mental español (y de otros muchos sitios, quizás del substrato mental humano, tras milenios de robos descarados de unos sobre otros).

La cultura del expolio deriva (al menos en las tres religiones del Libro) de las ideas de un pueblo primitivo que maldijo el trabajo.  Trabajar, es, como dicen los Biblia de la cultura judía, una maldición divina. Ese texto que ha formado parte de la educación de media humanidad durante al menos 2000 años, es una de las horribles razones de esta inmensamente desagradable cultura del pelotazo. Si las primeras palabras que escucha un niño o una niña son los primeros versículos del Génesis, le queda desde entonces un horror al trabajo que se propaga, implícito, a lo largo de toda su vida.

Solo mediante una educación que hoy borre de raíz esa y otras muchas estupideces escritas por y para una cultura de hace 3000 años, y que desde la infancia muestre a los niños la realidad, la realidad de que trabajar es lo racional en el ser humano, solo así podremos pensar en acceder a otro sistema de vida, una vida en la cual esa realidad, que el trabajo es la verdadera dignidad de las personas, que en vez de ser un castigo es la posibilidad que tenemos cada uno de realizarnos como seres racionales, solo mediante ese cambio de educación podremos esperar otra vida algo mas digna de esta en la cual los pobres pagamos a los ricos, en un sistema de Robin Hood a la inversa.

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Renace el misticismo, o en términos modernos, la locura de Matrix


En las películas de Matrix, el mundo es irreal: Uno puede morir y morir y morir y renacer y renacer y renacer sin límite. Las personas pueden volar sin mas que levantar los brazos, y un niño de teta puede levantar con una mano un elefante.

Y hay gente que piensa que esto es real.

En el siglo XVI, Teresa de Jesús, utilizando técnicas de concentración mental de los gnósticos de Oriente Medio, similares a las que utilizan los lamas budistas, decía que podía escapar de su cuerpo y hablar con dios.  Lo mismo contaba Mahoma. La conciencia es la conexión entre los sentidos, los mensajes de la musculatura humana y las corrientes nerviosas que circulan constantemente en el cerebro. Mediante ejercicios perfectamente sistematizados y conocidos es posible eliminar esas conexiones y dejar funcionar solo al cerebro: Los que las emplean describen esos esquemas mentales como si fueran la realidad. Se puede hacer de manera controlada, o se puede hacer mediante alucinógenos: El resultado es el mismo, la confusión de la realidad con las imágenes construidas por las corrientes  iónicas cerebrales.

La física, la ciencia, fué un esquema de análisis de la realidad siguiendo otro método distinto del de los místicos: Un método basado en el experimento repetido y la observación controlada, con resultados medidos e iguales para todas las personas que realicen las medidas, y  en las normas de William of  Ockham, Roger Bacon y Galileo Galilei.

Las locuras de los místicos, entre los cuales podemos incluir a Agustín de Hipona, una de las personas que mas daño han causado a los seres humanos, jamás han sido capaces de hacer avanzar a estos seres humanos por el camino del bienestar, ni a la sociedad en la vía hacia la riqueza social. La mística, de los frailes y monjas españoles, de los lamas tibetanos, de los iluminados newyorkinos, se queda en ellos mismos. Ellos vuelan por el universo, pero nadie ha sido capaz de volar en la Tierra utilizando las técnicas de la meditación, del aislamiento de los sentidos.  Millones de personas lo hacen todos los días utilizando algo tan prosaico como la ciencia, las teorías y experimentos de la física, la termodinámica que hace funcionar los motores y la mecánica de fluidos que describe como se mueven las turbinas y porque levantan las alas al avión.

Hoy hay una nueva corriente idealista, o mejor, mística, entre algunos que profesionalmente ocupan puestos supuestamente de científicos en ciertas universidades del mundo.  Estas personas describen en sus publicaciones que la realidad del universo se ve desde fuera del mismo, y que la ven ellos.

Teresa de Jesús y sus ”Moradas”.

¿Cual puede ser la razón de este nuevo despertar del idealismo, del misticismo, y sobre todo en donde debería reinar el realismo mas estricto, en la disciplina de la física?

El ser humano ha querido siempre ser el dios que imagina.  En vez de aceptar humildemente la limitación de sus capacidades, y de su mente, quiere volar por los espacios siderales.  Esto se puede llegar a hacer, y estamos en camino,  es una labor -social- de siglos y milenios. Pero hay quienes quieren volar ya.  Y volar solos.

La filosofía, y las matemáticas, permiten dar rienda suelta a la imaginación. Esto hacían también los teólogos de Salamanca, de Bolonia, de París. Eran la crema de la crema de la sociedad, y los ”mecánicos” como Galileo no les llegaban a la suela de los zapatos, según ellos mismos. Estos  teólogos eran capaces de emplear cien años en debatir el sexo, tamaño y apariencia de los ángeles, entidades reales para ellos, pero que jamás ha visto, sentido, o experimentado nadie.  Cuando se rechaza la realidad, se crean , como en la mente de Goya, los sueños, no de la razón, sino de la imaginación.

El misticismo da, a quienes lo siguen, la sensación de ser ángeles, casi dioses. Pocos pueden resistir buscar esa sensación y muchos han muerto buscándola en la heroína y otros alucinógenos.

La física fué, y aún hoy sigue siendo en la gran mayoría de sus practicantes, una disciplina basada en la realidad. Pero como todas las actividades humanas,  la física es una actividad no lineal, con realimentaciones positivas. Si empezamos buscando los electrones en el átomo, acabamos viendo partículas que supuestamente tienen vidas de 10-28 segundos. Terminamos viendo ángeles en nuestros aparatos: Esto da sensación de poder a los que los ven. ¡Han encontrado algo que otros no han visto nunca!  ¡Han conseguido el grial!

Por si alguien que lee esto no lo sabe, salvo el electrón, y el protón que es mucho mas grande, nadie ha visto nunca el resto de las partículas de las que están hechos los sueños de la física moderna, solo se ven rastros en placas fotográficas, rastros como los que dejan tras sí las olas que destruyen un barco en alta mar, cuadernas, trozos de velas, restos de mástiles.  En particular, del Bosón de Higgs solo se han visto rastros de rastros de rastros.  Pero encontrar el Bosón de Higgs lleva al Premio Nobel, por ejemplo.

Si se aceptan estas partículas, se pueden aceptar otras muchas, y la construcción de relaciones entre ellas:  Es posible diseñar un modelo estándar de la vida en las ciudades de los ángeles, cuantos hay, como se unen entre sí, si se llevan bien o no lo hacen, y además construir ángeles de ángeles, es decir, pensar en que los ángeles saben que existen otros universos donde hay otros ángeles que saben que existen otros universos . . .

Lo que nos sugirieron Ockham, Bacon, Galileo esencialmente, es dejar este camino, primero inútil, y segundo, animal, animal en el sentido de que rechaza la razón que es la única característica realmente humana.

La mística nunca ha conseguido avanzar en la explicación del mundo. Decir que la realidad son infinitos multiversos, de órdenes 1,2,3, … en número infinito dentro de cada uno de esos órdenes, es no decir nada. En particular nadie ha conseguido nunca definir el infinito. Por lo tanto esa afirmación de mas arriba carece de significado.

Puedo perfectamente decir: ”Digo la verdad cuando digo que miento”, o mas breve: ”Miento”.

La manipulación de los símbolos es como la manipulación de los trozos de madera en una carpintería: Puede hacerse, pero la mayoría de las veces no dice nada.

Tras la creación de la física por Galileo,  Fermat, en el siglo XVII enunció el principio de que la luz ”elige”, de todos los caminos posibles el de longitud mínima.  Esto es un resultado de otra cosa: Si una bola baja por una colina llena de curvas, de cambios de nivel, de obstáculos, la bola sigue en cada posición y en cada instante la dirección de máximo gradiente –LOCAL–. La bola no explora cien mil caminos para elegir el mas corto en el espacio o en el tiempo, sigue, bajo la fuerza de la gravedad, el máximo empujón en  cada punto.

Si sumamos todos los intervalos, obtenemos el camino que lleva a la bola a tardar el mínimo tiempo posible. Esto es un resultado a posteriori, y no debe nunca elevarse a causa de la trayectoria. Sin embargo científicos de la supuesta talla de Feynman contaron a sus alumnos que la luz ( y las partículas elementales) prueban una infinidad de caminos y eligen el que hace máxima o mínima globalmente una cierta función.  Es un error de lógica, pero que muy pocos científicos son capaces de detectar.

Es el mismo error que cuando una carreta está tirada por dos bueyes lleva a algunos, locos, a decir que la carreta empuja a los bueyes para que avancen en el camino.

La imaginación humana, que es la recombinación arbitraria, y aleatoria de circuitos eléctricos neuronales produce un numero considerablemente alto de imágenes, como minotauros, sirenas, pegasos, centauros, y las figuras que pueblan los cuadros de El Bosco.

Galileo nos dió una fórmula para separar esas imágenes mentales de la realidad del universo: Medir una y otra vez por personas absolutamente desconectadas entre sí. Si 7.000 millones de personas ven volar a los aviones, y cero personas han visto nuca volar a un pegaso, tenemos un argumento para aceptar a los aviones y rechazar la existencia de los pegasos.

Si 7000 millones de personas ven caer una bola de acero pulida desde lo alto de una escalera hasta el suelo, y ninguna ha visto nunca una bola dejada en el suelo subir hasta la ventana desde donde la observa, tenemos un buen argumento para aceptar la teoría de la gravitación universal.

Si solo dos equipos de personas, que no han podido comunicar lo que hacen durante tres años,  que pertenecen a un instituto que si no descubre nada se cierra y despide a ambos equipos, nos dicen que han visto una partícula que desaparece en un tiempo de 10-30 segundos y nosotros no podemos repetir el experimento, tenemos toda clase de argumentos para pensar en que ese experimento es el equivalente del pegaso o del minotauro que nunca vio nadie.

Si nos dicen que la realidad son infinitos multiversos, podemos poner delante del que eso afirma algunos o muchos de los maravillosos cuadros de El Bosco: Esos si son multiversos de verdad.

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Necesitamos una nueva teoría económica – 3.


El robo es la adquisición casi instantánea de lo que ha costado años, décadas, siglos, o millones de años (carbón y petróleo) producir.  Es una cuestión de escalas de tiempo: Si el campesino necesita 20 años para tener el surplus suficiente para hacerse una casa y dejar la choza, y al cabo de 20 años llega el ladrón y se lleva ese surplus en una hora, la riqueza del ladrón son 20 años de trabajo del campesino.

Los modelos económicos al uso (todos) se basan en lo que se explicita como la teoría del equilibrio: El campesino invierte una cierta cantidad de energía , en forma de su trabajo, la energía almacenada en las semillas, la energía almacenada en los fertilizantes, la energía del sol, y obtiene energía nueva, ésta última mayor que la invertida en la cantidad exacta de la energía que las plantas de su campo, de su huerto, han asimilado de la energía solar recibida. Esa energía de sobra, el surplus, le serviría para añadir algo distinto a la mera supervivencia, para ir aumentando su riqueza, la energía almacenada (en granos, en animales, por ejemplo) e incorporada (en edificios, máquinas, infraestructuras). Esta sería una situación fuera del equilibrio, en la cual la energía capturada supera a la energía disipada.

En la situación contemplada en los modelos económicos al uso, el gasto, la disipación se equilibra con la captura de energía, y se alcanza una situación de equilibrio. En estos modelos no existe la posibilidad de amplificación de las ganancias, ni de estados críticos en los cuales se pierde en un instante todo el surplus acumulado a lo largo del tiempo.  De hecho, en los modelos de equilibrio el tiempo no existe, como no existe dentro de una bobina superconductora en la cual la corriente no varía a lo largo de los años.

Propongo aquí crear, dentro de la academia, dentro de los institutos de investigación, en los bancos centrales, en los bancos privados, en las empresas,  otro esquema de modelos económicos, un esquema dinámico, no estático, un esquema evolutivo, que incluye crecimiento, decrecimiento, amplificaciones y reducciones y puntos críticos, un esquema de realimentaciones positivas y negativas, un esquema, en suma que describa la realidad y no un mundo de Matrix, un mundo virtual.

El modelo deberá estar basado en la dinámica de fluidos, pues es una disciplina no lineal, evolutiva, que incluye realimentaciones positivas, amplificaciones y puntos críticos.  Solo basado en, pero evidentemente deberá ser un modelo económico, cuyos actores son los seres humanos que carecen de información,  que no son muy inteligentes, ni nunca buscan solo lo mejor, que nunca comparan precios y que no subastan oportunidades.

En un modelo tipo fluido se pueden identificar los lugares de estancamiento, es decir, las zonas de paro, y como cualquier persona que ha jugado con una corriente de agua, cambiar las fronteras del fluido, las orillas y el fondo para conseguir, de manera explícita, que el agua vuelva a circular convirtiendo las zonas de decaimiento en zonas de movimiento vibrante, de generación de empleo y por lo tanto, de riqueza social.

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Un andamiaje matemático que quiere representar el mundo: 1.


Desde hace unos 250 años los matemáticos han analizado las leyes físicas, pero muchas veces sin darse cuenta de lo que estas leyes decían o significaban. Para un matemático el signo ”=” identifica formalmente los dos miembros de una ecuación unidos por él.  Así

ax2+bx+c = 0

nos dice que, estrictamente la combinación de letras a la izquierda del signo = es realmente 0.

Sin embargo las ecuaciones de la física no identifican los dos miembros de las ecuaciones. En la física las ecuaciones son meras herramientas, no identidades sin cualificar. La segunda ley de Newton dice que

a=F/m

que la aceleración adquirida por un cuerpo de masa -m- bajo la acción de una fuerza -F-  es el cociente numérico del valor de la fuerza dividido por la masa del cuerpo -m-.

Las fuerzas producen aceleraciones. Pero la aceleración de un cuerpo de masa -m- en interacción con la masa de la Tierra no produce la fuerza gravitatoria que lo acelera:

F no está producida por -ma-.  La Tierra no está creada por la aceleración de un cuerpo que cae hacia su superficie.

En la ecuación, cada miembro es distinto del otro, aunque su valor numérico coincide (este es el significado de ”ecuación”).

Los matemáticos, o los físicos desconectados del laboratorio que hoy publican a mansalva en un escenario en el cual el numero de publicaciones es determinante para el ascenso en la profesión, son indiferentes a las medidas del laboratorio o las observaciones controladas en la naturaleza. Si una exposición es consistente, es publicable, indiferentemente de que represente o deje de representar la realidad.  Así podemos leer de universos de 1,2,3,4,5, . . . , n , . . .  dimensiones. En cada uno de ellos el numero de publicaciones es proporcional al factorial de la dimensión, y por tanto una maravilla para la creación de curricula.

Es en este escenario en el que se enmarcan ideas ”geniales” tales como las de el universo matemático, una resurrección del idealismo de Platón, que uno creería suficientemente degradado como para seguir sacando la cabeza del hoyo, pero que sigue a lo largo de la historia del pensamiento saliendo de vez en cuando a la superficie.  Según las diversas exposiciones del matemático Tegmark, la realidad es ilusión (¡que nuevo!) y no es más que una estructura matemática abstracta.  Otro idealista más a sumarse a la espantosa doctrina de Agustín de Hipona, que fué una de las causas de la falta de evolución intelectual en Europa durante 1000 años, y cuya sugerencia de un plan de vida para las personas era desesperante para el ser humano.

Las ideas del andamiaje matemático que algunos iluminados suponen -es- la realidad son, si se consideran con algún detenimiento, meras boutades destinadas a llamar la atención.  Una de las hipótesis de Tegmark es evidente, y no necesita discutirse, ni siquiera plantearse como tal. Es la realidad de que el universo existe independientemente de los seres humanos. Pero existencia no es lo mismo que descubrimiento: América existió desde hace millones de años, desde que el macro-continente Pangea se separó de África y Europa, y en ella vivían personas desde hace decenas de miles de años, pero no se ”descubrió” por los europeos hasta Colón, utilizando el concepto de descubrimiento como conocimiento de la existencia -y- comunicación a un conjunto muy amplio de la sociedad humana.

Tegmark introduce sus ideas citando a Galileo, cuya expresión: ”El universo es un libro grande escrito en el lenguaje de las matemáticas”  lo que quiere decir es que podemos utilizar ese lenguaje para avanzar en el conocimiento de la naturaleza, pero Galileo no confundió nunca -lenguaje- (la descripción) con -realidad- (lo descrito). Puedo perfectamente describir un león o un pitt-bull, pero esas descripciones no me muerden la pierna, por ejemplo.

Luego sigue exponiendo un árbol en el cual hay líneas que conectan entre sí distintos aspectos y escalas de la realidad, de la naturaleza, y establece el ”dictum” de que ”en principio” todo podría derivarse de una única teoría fundamental. Esto no es mas que un deseo de algunos místicos, la herencia del pensamiento de Akhenaton y de los judíos tras el exilio de Babilonia, pero un deseo que carece tanto de significado como de interés. No tiene significado pues en los sistemas complejos aparecen leyes nuevas y formas de comportamiento que no derivan de las de sus componentes. Los protones se comportan de forma radicalmente distinta cada uno de los tres quarks que se supone los forman y solo es -protón- cuando los tres quarks que supuestamente lo forman interaccionan entre sí. La nueva escala -protónica- deriva de la interacción , y no de las características de esos supuestos quarks. El comportamiento de los fluidos no es derivable de las leyes de las moléculas que los forman. Si en el mundo solo rigiese la matemática del movimiento de partículas ideales, no habría ni entropía, ni esta crecería a lo largo del tiempo.  El mundo real no deriva del mundo de las partículas ideales.

La razón es también evidente, pero se pierde en un mundo ideal en el cual hay esquemas de equilibrio, y comportamientos a partir de las variaciones de esos equilibrios, pero no interacciones entre sistemas, aunque son esas interacciones -nuevas- las que controlan el funcionamiento de aquellos. Las interacciones surgen en cada nueva escala, y aunque todas pueden escribirse en lenguaje matemático, no todas derivan unas de otras.

Pone Tegmark el ejemplo de la mitología nórdica, en la cual la Tierra esta soportada por un árbol: Yggdrasil. Sugiere que -un arbol- se reduce a describir el sistema -árbol- mediante una  distribución particular de átomos, y reducir éstos a un estado particular de ciertos campos cuánticos. Pero un -árbol- NO es UN conjunto de átomos, sino un sistema complejo en el que la interacción entre diversos conjuntos de átomos, o realmente de moléculas en las cuales las interacciones atómicas no intervienen en las interacciones intermoleculares, no describen la entidad. Entre otras cosas un árbol es un sistema histórico, y a nivel atómico los átomos carecen de memoria. Esta aparece solo en otras escalas y es algo radicalmente distinto de la dinámica atómica, algo que ésta no puede explicar.

Posteriormente, Tegmark se adentra en el caso de lo que -es- la realidad, volviéndonos a las discusiones medievales sobre la -esencia- de dios, algo que pensábamos la sociedad humana, el sistema complejo e histórico de seres humanos había superado en su interés en comprender el mundo.

Se pregunta Tegmark si sería posible dar una descripción de la realidad exclusivamente abstracta. Olvida añadir  ”para todas las escalas de esa realidad”.  Añade fantasías sobre multiversos, olvidando que si existen mundos paralelos todos ellos son el universo, puesto que esto es lo que significa esta última palabra.

La razón básica que lleva a Tegmark a asumir  que la realidad no es más que relaciones matemáticas es que la investigación en física descubre regularidades matemáticas en la naturaleza.  Según ésto, puesto que un péndulo matemático oscila (cuando oscila poco) según una función matemática sinusoidal, un péndulo acoplado a otro no existe pues su oscilación no sigue ninguna función matemática conocida o por conocer.

Aparte de otras muchas cosas que comentaré en posts posteriores, la propuesta de Tegmark es triste, muy triste, porque el mundo de las matemáticas es tan tremendamente limitado como el cielo de los teólogos medievales:  la descripción de ese cielo era, sencillamente , ”la felicidad”, sin añadir un solo detalle. Por el contrario, los detalles del infierno eran en número casi ilimitado. Un universo matemático, si realmente existiese, sería inmensamente aburrido. El mundo real no lo es, y las matemáticas que utilizamos para su descripción son solo uno más de los lenguajes que empleamos para ello.

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Necesitamos una nueva teoría económica – 2.


La idea del expolio como parte esencial de la conquista de riqueza deriva de la evidencia tanto de la historia como de la evolución económica mundial a partir de 1800. En Egipto los Faraones se hicieron ricos concentrando en si mismos (y su aparato de control) el surplus de los campesinos del Nilo, y adicionalmente, en cuanto hubieron dedicado una parte de ese surplus a montar un ejército, mediante robo directo de sus fronteras sur (Nubia) y Este (Palestina, Libano, Siria).

En Sumer se puso en marcha la agricultura. En cuanto se hubo acumulado surplus suficiente, los que rodeaban Sumer empezaron a robar: Akkad, Babilonia, Asiria, los persas, Alejandro Magno, aunque este, cosa rara, y por eso es ‘Magno’, mas que robar, extendió la civilización, la democracia, al menos la de los ciudadanos como la de Atenas,  y la cultura.

Lo de los romanos fue, sin embargo, un expolio querido y buscado, un robo sistemático para tener al mundo como esclavo.

La misma idea de robo, conquista, expolio, esclavos, se extendió por el mundo a partir de Mahoma, que escribe en su libro que todos los que no sean islámicos pueden ser esclavizados, no son personas.  Las tribus de Siberia aceptaron el islamismo y se lanzaron al robo descarado de todo lo que les rodeaba.

En Europa, los castellanos y aragoneses hacían sus fortunas robando a los reinos bereberes de la Península, y fue la continuación de este esquema de latrocinio lo que marcó que cuando llegaron a América decidieran hacerse ricos robando a los pueblos amerindios. Los ingleses no les fueron a la zaga y decidieron robar a los españoles y a los indígenas del continente americano en lo que hoy son los EEUU, al mismo tiempo que robaban personas negras para que les cultivaran el azúcar, luego el tabaco y el algodón.

Llevamos imbuido en el cerebro, llevamos como background mental, como estructura ignota de nuestro pensamiento la idea del robo, la idea de que para hacerse rico la única posibilidad es robar. Y se sistematiza y se racionaliza, como entre los ”lobos” de Wall Street, que consideran ”comme il faut”, lo normal, ganar un millón de euros al mes por traspasar dinero de unos bancos a otros.  O por personas en España que consideran que ”trabajar” es cobrar decenas de miles de euros al mes por tirar de agenda telefónica.

Es preciso, es urgente sacar ese pensamiento, ese marco mental, de su estructura implícita, desconocida, a una visión explícita. Es preciso que los modelos matemáticos de la teoría económica se rehagan explicitando esta idea de robo como robo, y no que este robo quede diluido dentro de hipótesis y razonamientos especiosos que los disimulan hasta hacerlo desaparecer de la vista.

Si explicitamos el robo (por ejemplo, describiendo las ganancias del imperio inglés en la India como las de un sistema de narcotraficantes protegidos por la armada inglesa, las ganancias del imperio español en Perú y México como el expolio de millones de amerindios y esclavos negros para extraer la plata de las minas de Potosí y Zacatecas, y así uno por uno todos los sistemas organizados de latrocinio) podemos clarificar hasta hacerlos útiles los modelos económicos actuales.

Por ejemplo, cogiendo una página al azar en la Web, ”The Creation of Wealth”, de www.digitaleconomist.org/wth_4020.html, aparece que el crecimiento económico es la suma del ritmo de crecimiento de la tecnología sumado con un promedio del ritmo de crecimiento de la población y el ritmo al cual se acumula el capital. Adicionalmente se considera la creación de riqueza como producción de bienes, y quizás su reparto.

Sin embargo, si observamos cuidadosamente la historia de las naciones, y la acumulación de riqueza actual, vemos que esto del párrafo anterior se debe referir a Marte, o Alfa-Centauri, porque en la Tierra la riqueza no se ha conseguido produciendo, sino robando lo que otros han producido, o el suelo, o extrayendo hasta el agotamiento los minerales de las minas del planeta.  Incluso hoy, las mayores fortunas no tienen nada que ver con la producción, sino con la acumulación de capital, entrando el trabajo y los recursos materiales con coeficientes cero en las ecuaciones expuestas en los manuales.

Lo que se cuenta, por ejemplo en la referencia citada arriba, no es la creación de riqueza, sino la supervivencia de empresas y personas. Pero esto se cuenta explícitamente, mientras que la riqueza real que ven todos los ciudadanos es el esquema implícito del robo de recursos existentes independientemente de su producción.  Las ideas de equilibrio, ajuste de precios, oferta y demanda, competitividad, productividad, tecnología, etc. no tienen cabida en la economía del mundo real, aunque son lo único que se estudia y debate en el mundo académico y lo que configura los modelos matemáticos que se utilizan para regular la economía de los países, con un fracaso claro y evidente para todos salvo para los que los enseñan y utilizan.

Necesitamos hacer explícita en los manuales de economía, en los textos universitarios, esta forma real de absorción de riqueza y concentración de la misma en pocas manos.  La alternativa es una teoría económica ajena a la realidad del planeta Tierra.  Necesitamos modelos de la evolución natural de cualquier economía hacia el monopolio excluyente. Estos modelos no existen en la actualidad, y al no existir, ni se enseñan, ni se manejan por la clase política. Puesto que oficialmente no existen, no pueden deshacerse, y las demanadas de los ciudadanos se oyen por los gestores sociales como  locuras de aquellos que desconocen la realidad, aunque es claro que quienes  dicen conocer la realidad son los que esgrimen los modelos matemáticos erróneos que controlan nuestras vidas.

 

 

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Frio y calor: El cambio climático.


Hoy se publica en El Mundo un articulo sobre las olas de frío que una tras otra están sufriendo los Estados Unidos, y las compara con el invierno muy suave de los países del norte de Europa. Y aunque cita las opiniones de Holdren, también cita las de algunos funcionarios  e investigadores españoles, que siguiendo el dogma de nuestro país,  rechazan la realidad, apoyándose en efemérides y en los resultados de los modelos.

El que la ola frío del día de Reyes en los EEUU no era un ‘vórtice polar’ sino la llegada de un meandro del chorro que arrastraba aire de las tundras siberiana y canadiense sobre el Medio Oeste americano lo publique yo en El Mundo dos días antes de que la explicación de Holdren se hiciese pública, como llevo publicando desde hace diez años la realidad de que es el chorro polar lo que controla el tiempo en las zonas templadas del Hemisferio Norte.

Ante la realidad, las efemérides no tienen significado alguno. Si la curva de probabilidad, que es lo que es realmente el clima, cambia de forma, de una gaussiana de colas cortas a una función de Weibull de colas largas y su mediana o centroide se desplaza hacia temperaturas más altas, como así ha sucedido ya, y esto es el cambio climático, lo que digan los modelos es indiferente, pues los modelos matemáticos no son mas que la integración de las ecuaciones de la mecánica de fluidos. Las ecuaciones son correctas, pero las soluciones dependen fundamentalmente de las condiciones iniciales y de contorno que se les impongan y estas tienen incertidumbres de hasta el 20%.

Hay un problema en la comunidad física y matemática, que llega hasta las alturas enrarecidas de la física de supercuerdas, y es que se hace la física mediante ecuaciones diferenciales, y se olvida en el esquema el hecho básico de que las ecuaciones diferenciales no tienen significado alguno sin sus condiciones iniciales y de contorno, y para éstas ni la física ni las matemáticas proporcionan ecuaciones, ni esquemas sistemáticos de determinación.

El cambio climático es una realidad, medida hasta el aburrimiento, y su efecto más claro es la ralentización de la intensidad del chorro polar, lo que produce meandros mas profundos, y su desplazamiento hacia el norte en unos 5 grados de latitud.

Esto es una vinculación directa de las olas de frío con el calentamiento del Polo Norte, a pesar de que los modelos matemáticos del clima, como dice unas de las fuentes del artículo de El Mundo, no lo marquen. Si no lo hacen, habrá que corregir los modelos. La física no son los modelos, como la economía real no son los modelos económicos.  Es una perversión metodológica asimilar la realidad con las ecuaciones diferenciales, olvidando las condiciones de contorno, y otra perversión, en el otro campo de los sistemas complejos, la economía, asimilar la realidad a los modelos de ecuaciones lineales algebraicas.

La física, y la economía, deben volver a considerar las ecuaciones como lo que son, meras herramientas descriptivas al servicio de la mente humana.  En una parte de la física, la mecánica cuántica, se han elevado las ecuaciones, que no son más que una aproximación instrumental a la realidad, al rango de realidad de la Naturaleza, como en el caso, propuesto irónicamente por Schroedinger, de su gato, que está vivo o muerto en la realidad, pero esta vivo y muerto en las ecuaciones de esa mecánica cuántica.

Tenemos que volver a la racionalidad, en el clima, en la economía, en la física.

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