Crisis y nuevos paradigmas mentales

Las crisis son tremendas ocasiones de sufrimiento humano. Las peores crisis han sido siempre las guerras y revoluciones. El ser humano puede aprender a cambiar sin destruir, pero hasta ahora no lo ha hecho.

Para sobrevivir en el mundo, en un mundo de energía disponible siempre escasa y demasiados competidores por la misma, los seres humanos aprenden una serie de estrategias, que se compendian en enseñanzas regladas, desde las normas de ortografía a las cuatro reglas aritméticas al modelo estándar de la física teórica.

Aprender es trabajoso. Exige repetición para cerrar los circuitos de memoria y un esfuerzo contra la evidencia de los sentidos. Una vez aprendido algo es muy difícil aprender lo contrario, pues los circuitos neuronales, una vez conectados no pueden desconectarse, aunque si añadir cualquier otro numero de conexiones adicionales. Es posible aprender una cosa y la contraria simultáneamente, pero su manejo exige un esfuerzo consciente que lleva siempre al cansancio mental.

El desarrollo de cualquier sistema en el tiempo es siempre un flujo, de energía, de conocimientos, de emociones. Los flujos están siempre controlados por las condiciones en sus contornos, por sus orillas. Los flujos mentales se mueven dentro de las fronteras que las sociedades imponen con sus enseñanzas entre los tres y los veintitantos años de edad. Luego el cerebro trata de responder a cualquier cuestión que se le presenta, a cualquier problema, con las ideas, métodos y estrategias asimilados dentro de esas fronteras.

Pero las fronteras, como las orillas de los ríos, cambian con la propia acción del cerebro, o del conjunto social de los cerebros.  Al actuar con lo que hemos aprendido cambiamos las reglas del juego. Pero seguimos jugando con las reglas antiguas.

Muchos jóvenes piden aprender las reglas viejas. Luego ven que con esas reglas sus conocimientos valen en el mercado nuevo lo que las de una persona que no ha recibido enseñanza.

Hoy estamos en un mundo muy distinto del mundo del siglo XX, en el que aprendimos nuestras estrategias.

Los modelos mentales que utilizamos tienen el filo romo como hachas que han golpeado la piedra en vez de la madera. Las sierras con las que queremos cortar los árboles tienen los dientes doblados.

Los modelos económicos no funcionan. Ni subidas/bajadas de impuestos, ni inyecciones de fondos, ni ….., dan el menor resultado. Las mejores mentes del siglo XX han creado modelos que son inútiles para el siglo XXI.

Llevamos 60 años de investigación en la fusión nuclear, habiéndose dedicado a ella los mejores científicos del siglo XX y habiendo dedicado a ello miles de millones de euros. Y estamos donde estábamos hace 60 años. Exactamente lo mismo pasa con los experimentos de física de altas energías. Incluso si en el LHC se descubre el bosón de Higgs, lo único que se habrá conseguido con ello es comprobar un modelo matemático que no añade nada a nuestro conocimiento del funcionamiento del mundo a escalas de influencia sobre las acciones  humanas que es lo que, finalmente, nos interesa.

Hay crisis en la física. En el maravilloso campo de la genética, con miles de millones invertidos, las células vegetales siguen capturando un 1% de la energía que reciben. En el campo de la catálisis, seguimos sin saber como hacer lo más sencillo del mundo: Romper una molécula de agua de forma eficiente y rápida.

Y lentamente, pero como una apisonadora, estamos agotando los recursos del planeta, y cambiando su clima.

Hablamos mucho de que hay que cambiar los paradigmas mentales dentro de los cuales nos movemos.  Constantemente. En congresos semanales. En los medios de comunicación.

Pero cuando buscamos algún otro paradigma, encontramos que los paradigmas ”nuevos” son los viejos habiéndoles dado la vuelta a su forro.

Hay, sin embargo paradigmas nuevos. Algunos los cuento, claro, muy por encima, en estos posts. Y, claro, son rechazados porque los que los leen se mueven dentro de las fronteras antiguas. Otros los discutimos en el Master de Clima, Energía y Riesgo Ambiental de la UAH, de donde los alumnos salen con ojos nuevos para un mundo nuevo.

Podemos salir adelante. Pero tenemos que hacer dos cosas: Reconocer que nuestros modos mentales se han quedado obsoletos, y buscar nuevas formas de pensar.

¿Lo hacemos?

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Ciencia vieja

¿Ciencia?

¿Que ciencia enseñamos, no solo aquí, sino en todo el mundo? ¿Enseñamos ciencia o formamos zapateros, oficiales gremiales que saben hacer sin saber que hacen ni por qué lo hacen?

En un libro reciente sobre Mecánica Cuántica se puede leer lo siguiente:

Cuando encontré la mecánica cuántica en mi primer año en el MIT, escribí la ecuación de Schroedinger en la página de mi cuaderno de apuntes, entusiasmado al ver que la ecuación gobernaba todo lo que hay en el Universo.  Para mi Tesis doctoral hice un análisis cuántico de sistemas magnéticos. Manejaba con facilidad las técnicas de la teoría cuántica, pero no tenía tiempo para pensar sobre su significado. Estaba demasiado ocupado tratando de publicar artículos para conseguir el título de doctor“.

Jóvenes brillantes formados como especialistas, pero no como científicos.

¿Qué es la ciencia?

Cada lector escribirá su propia respuesta, pero la realidad  (como realidad incuestionable es que dos esferas del mismo diámetro, igualmente pulidas, una de acero y otra de ébano, con densidades de 7.8 y 1.0 g/cm3, caen ambas con exactamente la misma aceleración en el mismo punto del planeta) es que la ciencia no es aprender recetas muertas, sino preguntarse constantemente por aquello que no entendemos.

Ciencia es la ”Aventura del pensamiento“, como siempre dijo Einstein, es la exploración de lo desconocido, no el uso de lo conocido.

Para iniciar la aventura es claro que es necesario proporcionar las herramientas, pero esas herramientas son un medio, nunca un fin.

En la mayoría de las universidades del mundo hemos vuelto al sistema gremial; y el esquema de puesto de trabajo a cambio de número de publicaciones, aunque las publicaciones no aporten nada, ha convertido la ciencia en una formación artesanal.

Sin embargo lo que necesitamos no es eso. Haciendo lo mismo que hacemos siempre llegamos a donde siempre: A crisis recurrentes, que no nos permiten reaccionar contra los cambios de las  condiciones de contorno del sistema, cambios provocados por nuestra mera actividad, nuestro hacer lo que siempre hacemos.

Aunque el ejemplo es enormemente antiguo me tomo la licencia de ponerlo: El imperio romano colapsó porque, ante el desafío de su creciente burocratización, incrementó ésta.

Es difícil que España (y Europa, y un poco después el mundo entero) salga de la crisis económica, o deje de lado las crisis recurrentes si las soluciones son iguales a las causas que las originan.

Es difícil que avance la ciencia, de verdad, si se forma a los alumnos como perfectos artesanos, como magníficos burócratas, y no como creadores e innovadores.

La sociedad ha gastado unos nueve mil millones de euros para buscar el Bosón de Higgs, que, si se encuentra, lo único que hará será confirmar un modelo ya existente.

Pero la naturaleza tiene infinidad de misterios, que no se pueden resolver utilizando las reglas, las ecuaciones ya conocidas. Energía y materia obscura son entelequias como lo era el éter del siglo XIX. No podemos resolver las incógnitas nuevas del universo utilizando las ecuaciones de hace 96 años.

Tenemos que cambiar la forma de educar a nuestros científicos para que se planteen constantemente los misterios del universo, y no solo para que apliquen las reglas ya conocidas.

Es este esquema de viejos, de falta de la alegría, de falta de juventud que quiere explorar, lo que nos ha metido en una sociedad en estancamiento como esta en la que hoy vivimos, estancada a pesar de todos los juguetes tecnológicos que entretienen unos días y que se quedan viejos (otra vez esta palabra) en unos meses.

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El concepto de tribu y la sociedad global.

Miremos a nuestro alrededor y a la historia humana.

Darfur en Sudan occidental, el norte y el sur de este mismo Sudan, las tribus de Somalia, los Hutus y Tutsis en Ruanda/Burundi, Oboni e Ijaw en Nigeria, Marroquíes y Saharauis, Israelitas y Palestinos, Turcos y Kurdos, Sunies y Chiies en Iraq, . . . .  ¿Tengo que seguir?

Nuestra historia europea

En Iberia, los numantinos se resistieron a los romanos, en una resistencia que se describe como ”heroica” en los libros,  para no conseguir nada. Bien vista fue una resistencia estúpida.  Los antiguos habitantes de la región de Sevilla aceptaron a los romanos y se hicieron ricos. En esta misma zona de Europa, a ambas orillas del Guadiana, dos fuertes con cañones se miran uno al otro. ¿Se consiguió algo que no fuera miseria en ese defenderse un hermano de otro? Un buen día se puso un puente sobre el río, entre los dos fuertes. No solo no pasó nada, sino que ambas poblaciones a cada lado del río se hicieron más ricas. ¿No podía haberse construido este puente hace 1000 años? ¿De que ha servido la desconfianza mútua entre Portugal y España? ¿O entre España y Francia, Inglaterra, Holanda? ¿No vivimos mejor unidos que en guerra unos con otros?

La cuestión es sencilla: La riqueza es esencialmente energía. Las guerras y las peleas disipan la energía disponible para no conseguir esencialmente nada.

La cooperación genera riqueza, la confrontación, miseria.

Hoy la energía disponible en el mundo se empieza a hacer escasa. Y el quemar carbono para conseguir energía está fastidiando el clima global, que no tiene fronteras.

El problema climático, el problema energético tienen solución.

Pero es difícil conseguir alcanzar esa solución mientras mantengamos el concepto de tribu: El yo y lo mío frente a los demás, porque ambos problemas son globales y no se pueden resolver localmente.  No es que no se quieran resolver localmente.

Es que no se pueden resolver de esa manera.

Ni mediante el fundamentalismo republicano de los EEUU, ni el persa de Iran, ni las ideas chinas ni las de nadie que quiera encerrarse en su propia tribu y excluir al resto de los seres humanos.

La historia nos muestra que en este esquema de grupos tribales buscando el beneficio propio solo hay perdedores, mientras que en el esquema cooperativo solo hay ganadores.

Es muy difícil cambiar el software  programado en nuestros cerebros. Pero el beneficio a obtener si podemos hacerlo es inmenso, inmenso.

Debemos intentarlo. Es la única posibilidad de supervivencia cultural que nos queda como especie humana. Si no lo hacemos, sobreviviremos, pocos, y habremos perdido unos miles de años hasta poder volver a nivel cultural actual.

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La pervivencia de la tribu, y el daño que causa

Una institución madrileña ha decidido, en estas navidades, pagar a SUS empleados con el dinero que debe a sus proveedores.  La idea es clara: Hay que defender a la tribu frente a los de fuera.

En la sabana, hace 30000 años, las tribus de homo sapiens defendían sus pozos hasta la muerte frente a otras tribus que los querían conseguir.

El pensamiento es muy dañino cuando es pensamiento implícito, cuando son ideas que se mueven en el trasfondo de la mente sin salir a la superficie, y sin, por ello, poder ser criticadas.

En otros lugares el dominio de la razón ha avanzado unos milímetros en la evolución humana, pero en España los pensamientos subyacentes siguen dominando a la razón a pesar de que vivimos en el siglo XXI: Las luchas tribales del ’36 se reproducen, ahora incruentamente, en el 2011. Lo ‘mío’ y los ‘otros’.

No somos los únicos. El lugar de máximo dominio tribal es el Levante, quizás porque es aún hoy lo más parecido a la sabana de hace 30000 años. El Levante es el reino de la tribu: Yo soy judío, yo soy palestino, iraquí, suní, shiita, sirio, libanés, turco, kurdo, persa, ……..

La idea de la tribu es una idea de dominio genético. Somos, en general, los hospederos de nuestros genes, que nos utilizan para sus intereses especiales, en particular, para su supervivencia, aun a pesar del daño que para cada uno de nosotros suponga esa supervivencia.

Hay otra forma de actuar, que no defiende la supervivencia de cada gen individual, sino el desarrollo de la cultura  y de la sociedad. Esa forma se llama -razón- y su método es la ciencia -racional-.

Es un esquema que ve que compartiendo el pozo del desierto se puede conseguir excavar otros tres de manera que en vez de 1 pozo para cada tribu logramos tener 4 para dos tribus, es decir, dos para cada una de ellas. Esto no lo pueden ver los genes, que se aferran a la supervivencia individual, de cada uno de ellos, sin tomar en cuanta la supervivencia de los demás. Pero lo puede ver la razón.

Si en el Levante todos colaborasen con todos, se harían ricos todos, en vez de vivir unos como ricos (con pobres en su sociedad) muriendo por no compartir sus recursos, otros en la extrema pobreza sin aceptar a los demás como seres humanos semejantes a ellos.

Y en esta España nuestra, arrebatando unas migajas para 4  privilegiados, en vez de compartir riquezas para todos.

Hay mentiras, grandes mentiras y teorías económicas. La realidad no es que haya que repartir la miseria, como dicen los textos de economía. La realidad es que podemos generar riqueza suficiente para todos. Pero para eso hay que rechazar el esquema tribal enunciado por Smith y mantenido desde entonces por sus escuelas.

NO se trata de repartir recursos escasos. Se trata de, mediante la cooperación, hacer que los recursos escasos dejen de serlo.  El recurso esencial para la vida es la energía. Tras 200 años de abundancia no trabajada, sino encontrada gratis, se empieza a hacer escasa de nuevo. Pero tenemos toda la energía que queramos, si queremos compartir los esfuerzos para conseguirla. O tendremos toda la escasez que deseemos siempre que lo que decidamos sea repartir un recurso que mantenemos escaso.

La única solución que tenemos en este momento de nuestra historia es abrir las fronteras, rechazar de plano el concepto de tribu (español, peruano, paraguayo, subsahariano, …..)  y colaborar todos en hacer de la energía un recurso abundante.

Gastamos, anualmente, 140 billones (españoles) de kilowatios hora (kwh) de energía.  La potencia útil que recibimos del sol es de 0.1 kw/m2. Esto equivale a 105800 billones de kwh, es decir,  755 veces lo que hoy gastamos, mucho de ello en disipación absolutamente superflua.

La única forma de acceder a toda esa energía es eliminando las fronteras, reliquias tribales de ideas de hace 30000 años, de los conceptos de oasis en medio de las sabanas desérticas. Hoy tenemos recursos no escasos, sino extraordinariamente abundantes.

Podemos cambiar la definición de economía como la ciencia que permite la distribución óptima de recursos abundantes a lo largo de miles de años.

Es la única solución cuando nos jugamos nuestra supervivencia, no como individuos, sino como sociedad.

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Contaminación en Madrid

Llevamos casi un mes de anticiclón. No es raro que ocurra alrededor del soslticio de invierno, cuando el chorro polar ya no se desplaza más hacia el sur. Es de esperar, pues, que en todos los inviernos tengamos una o varias situaciones de ausencia de lluvias y de vientos en España, y sobre todo, en Madrid.

¡Normal!

Las noches de anticiclón son frías pues no hay nubes que limiten la salida de radiación infrarroja hacia la atmósfera, aunque en esta etapa de cambio climático las temperaturas no suelen bajar de 3, 4º bajo cero, mientras que cuando yo era niño y adolescente era habitual tener temperaturas nocturnas de -10/-12ºC.

Pues bien: al bajar las temperaturas aumentan las horas de funcionamiento de las calderas, y los madrileños cogemos más el coche, que nos ahorra las esperas del autobús en un ambiente gélido. Ahora bien, calderas significa combustión, y eso significa altas temperaturas en las llamas. Mas coches significa más combustión en los motores, y puesto que muchos coches, camiones y autobuses son de gasóleo, temperaturas más altas dentro de esos motores. Cuando el nitrógeno, que es el 70% del aire, se encuentra con el oxigeno (un 25% del mismo aire) a altas temperaturas, se oxida. Los óxidos nitrosos son corrosivos (son los precursores del ácido nítrico) y atacan los bronquios, que producen un exceso de mucosidad para proteger sus epitelios.

Nos pasamos el día tosiendo.

¿Solución?

Substituir las calderas de combustión por calderas eléctricas, con la electricidad proveniente de los embalses y los molinos de viento, y conseguir eliminar el transporte privado a favor del transporte público.

Para lo primero basta un decreto de substitución a realizarse en el plazo de 4 años. Para lo segundo, se trata de construir un sistema de transporte público atractivo.

Los esquemas coercitivos no sirven para nada. En los EEUU tienen uno de los sistemas penales más estrictos del mundo,  sus cárceles tienen hoy unos dos millones y medio de presos, y eso no disuade a otros a seguir delinquiendo.

Sistemas de bicicletas no sirven en Madrid, que es una ciudad de colinas con pendientes muy fuertes. Solo personas muy en forma pueden montar en bicicleta en Madrid.

Los sistemas de peajes y de matrículas pares e impares no funcionan en ningun lugar donde se han implantado.

Los sistemas coercitivos no funcionan. En este mundo solo funcionan los sistemas positivos: Ofrecer al ciudadano algo mejor que el transporte privado.

La idea es hacer el transporte público tan atractivo para los ciudadanos que éstos lo elijan en preferencia al coche.

Para hacer un sistema de transporte público atractivo se precisa cambiar el concepto de eficiencia: La idea es que el sistema es muy eficiente si atrae a muchos ciudadanos, independientemente de la amortización de cada unidad del mismo. La amortización del sistema se consigue con el ahorro de no utilizar coche privados y la mejora de la salud y la movilidad ciudadana.

Y se precisa cambiar el concepto de transporte público: Hasta ahora el transporte público se piensa para los pobres. Pues bien, se necesita desarrollar un sistema de transporte que quieran utilizar ricos y pobres.

En un sistema eficiente de transporte público se precisa:

1) Un sistema de autobuses con horarios garantizados al minuto. Esto se puede conseguir con localizadores GPS y un sistema de redes controlado milisegundo a milisegundo mediante ordenador.

2) Un sistema de cabinas de espera calientes y con televisión.

3) Un sistema de líneas de conexión directa: No líneas que pasen laberínticamente por todas las calles de un barrio, sino líneas en las que prime la rapidez de conexión frente a la recogida de un alto numero de viajeros: Muchos autobuses pequeños pero de trayectos directos entre puntos.

4) Autobuses dotados de amortiguadores, con asientos iguales a los de los coches y pantallas de televisión/video/música de selección personal en cada asiento.

5) Un sistema de metro en el que los cambios de línea se puedan realizar en 1 minuto, no como ahora, que cada línea es rápida, pero se pierden cuartos de hora en pasar de una línea a otra.

6) Un sistema de trenes racional. Un ejemplo. Existe ya una línea de tren directa entre la estación de Chamartín y Alcalá de Henares. Mediante esa línea se puede llegar de Chamartín a Alcalá en 10 minutos, con trenes normales de cercanías.

Pues bien: El trayecto Chamartín – Alcalá de Henares  actual dura una hora. La razón es sindical. Los conductores cobran un plus por kilómetro recorrido, de manera que se niegan a utilizar la línea directa Chamartín-Alcalá, obligando a los viajeros a dar una vuelta con 50 minutos inútiles que no sirven mas que para gastar tiempo. Un sistema de salarios en el que se pague no por kilómetro, sino por rapidez (lo cual es perfectamente posible) resolvería el problema.

En definitiva: Desafío al Ayuntamiento de Madrid a establecer un sistema de movilidad en el cual los ciudadanos digan: ¿Para que coger el coche? Es mejor, más rápido, cómodo y barato coger el transporte público.

¿Se acepta el desafío?

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Realidad – Ilusión

Estamos viviendo unos días de ilusiones, esto de la Navidad (que esencialmente es la celebración de un rito de ilusión).

Escriben Manuel Mandianes (http://quiosco.elmundo.orbyt.es/epaper/epaper.asp?tpu=El%20Mundo&pub=24_12_2011&edi=Madrid ) y Paul Krugman (http://www.nytimes.com/2011/12/23/opinion/krugman-the-post-truth-campaign.html?_r=1&src=me&ref=general ) sobre la eliminación de la realidad (ellos escriben ‘verdad’ pero no quiero meterme en líos lingüísticos) en la vida actual.

Recordaba, cuando los leía, un cuento corto de Saki, en el cual el protagonista, que lleva un rato escuchando a una teósofa hablar de la irrealidad de dolor, le mete una avispa furiosa por la espalda. Ya pueden imaginar ustedes la reacción de esa señora a un dolor irreal.

Es claro que nuestro mundo cultural se ha basado en una cierta medida en la ilusión, empezando (desde la China hasta Gibraltar) por la ilusión de un mundo de muertos vivos.

Se confunde con mucha frecuencia la ilusión con la esperanza basada en una realidad que permite cambios y en una capacidad de trabajo que permite llevarlos a cabo. Ilusión es poder volar batiendo los brazos, realidad es poder volar con ayuda de máquinas.

Ilusión es que nuestros ‘derechos’ ‘sociales’ los paguen otros, realidad es que al final los pagamos nosotros. Ilusión es que las burbujas duran siempre, y que la energía barata también. Realidad es que las burbujas se pinchan, y que la energía barata se acaba.

La ciencia se ha basado hasta ahora en paradigmas simplísticos: La física de una partícula, el campo de otra, condiciones iniciales y de contorno inmutables, la acción de los genes como entes aislados, las interacciones entre dos seres racionales para fijar precios en el equilibrio.

La ciencia simple se ha terminado, de hecho, terminó allá por 1980.

No sabemos bien como hacer la ciencia compleja. De hecho, la ciencia compleja va en contra del paradigma de la ciencia simple, que era rechazar los detalles para concentrarse en el esqueleto.

Pero ese no saber es el desafío que estimula el descubrimiento. Si uno se fija en los ‘logros científicos’ de entre 2000 y 2011 lo único que ve son esfuerzos para completar las ideas del siglo XX, ninguno para tratar de resolver los problemas del siglo XXI.

Se busca el bosón de Higgs, para cerrar una teoría sobre las excitaciones subnucleares. Se pretende encontrar el ‘origen’ de la masa sin tener en cuenta un universo de 10^(70) (al menos) partículas todas ellas en interacción unas con otras.

Se analizan paradojas en las cuales el ser humano ‘mide’, olvidando que todas las partículas del universo miden constantemente lo que hacen las otras.

Se busca ‘el gen’ del SIDA, ‘el gen’ de la inteligencia. Se escribe que los seres humanos compartimos casi todos los genes con otros homínidos, existentes o desaparecidos, olvidando que los ‘genes’ carecen de significado sin sus interacciones entre ellos mismos y con el resto de la química que les rodea.

Entramos hace 12 meses en la segunda década del siglo XXI. Es hora de, construyendo sobre lo que conocemos, dejar de lado las barreras que nos impiden ver a lo lejos. De la misma manera que Faraday y Maxwell nos abrieron la puerta al universo electromagnético, y Planck, Einstein y Schroedinger a los problemas de partículas casi sin masa (los electrones) en interacción con el resto de las partículas del universo, tenemos que abrir una puerta, no a otros mundos del universo que supuestamente conectan con el nuestro en distancias inimaginablemente pequeñas, sino a los problemas reales e inexplicados aun de este mundo nuestro que es el que de verdad habitamos.

Teorías de espacios de 14 dimensiones en intervalos de longitud menores que los de los quarks y con un número de parámetros del orden de 10^(10^(10^10…..))) son entretenidas para el juego matemático, pero quedan muy lejos de la realidad palpable e inexplicable. Ideas de pasos entre mundos distintos del universo a escalas inferiores a los quarks son entretenidas también. Son la esencia de una cierta literatura del siglo XX.

La idea de que la humanidad alcanza el equilibrio vía interacciones entre cada dos ciudadanos perfectamente informados y racionales ha generado millones de páginas de álgebra lineal, con escaso contenido sobre la realidad del mundo económico.

Expondré aquí, en este blog, a lo largo de 2012, las líneas prometedoras para el comienzo del esfuerzo sobre los sistemas reales. No tenemos teorías ni leyes, solo descripciones (se que algunos lectores escribirán indignados pero, ¡qué le vamos a hacer!,  esa es la realidad) de estos sistemas. Pero de la misma manera que construimos la ciencia lineal de los sistemas simples a lo largo de 400 años, y aunque el problema es inmensamente más difícil, estoy seguro de que en los próximos 400 años podremos construir la ciencia no lineal de los sistemas complejos.

El primer principio de la ciencia es la humildad: “Solo sé, que no sé nada”. Poco a poco, trabajando mucho, con ideas rompedoras, la iremos construyendo de nuevo.

No hay nada tan pernicioso para la ciencia como la postura de los que condenaron a Galileo, que lo sabían todo.

Lo nuevo no es correcto solo por nuevo. Las teorías sacrosantas de la ciencia actual, el principio de superposición (lineal) de la mecánica cuántica, la teoría de la relatividad general, la idea de los genes, la teoría de del equilibrio económico y de los agentes racionales, son hoy tan antiguas como lo era la teoría de éter en 1905, o el lamarckismo o la teoría fisiocrata en 1900. Pueden ser tan superables como lo fueron ellas, ¿por qué no?

Hoy sabemos mucho, pero nos falta mucho más por saber. Si a ustedes les dicen, si ustedes leen: “No es verdad, sabemos ya todo del universo”, miren ustedes con un pellizco de incredulidad a su interlocutor, relean varias veces lo que han leído, deséchenlo, y con humildad planteen siempre el principio básico de toda la ciencia:

La duda sistemática.

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De nuevo en el tajo

Tal como van las cosas de clima, de medio ambiente, de ciencia, he pensado que quizas seria bueno volver a escribir en Madrid+d. Hoy en el vino (una copita, sin tapa, estamos en crisis) de Navidad de la UAH me decian que era un poco distinto, un bicho raro que cuenta la realidad en vez de la virtualidad edulcorada que se estila hoy. Respondi que a mis amigos alemanes les cuento que soy un ‘perro verde’. ‘Un perro verde? Que es eso?’ Les respondo ‘Habeis visto vosotros alguna vez un perro verde?’

La realidad es dura, pero tan bella como el desierto, como el Atlántico en el cabo San Vicente. Es bella porque nos hace ver la maravilla que es la naturaleza, y nosotros que somos parte de ella.

Asi que volveré a escribir aqui de nuevo sobre la realidad.

Espero controversia, porque reconocer la realidad es muy dificil. Empieza por reconocerse a uno mismo y luego por aceptar nuestros problemas, nuestras enfermedades, que nos morimos. Luego sigue con la realidad de los otros, y la realidad del mundo: Por ejemplo, que se ha acabado la energia barata, y que aunque es posible que haya petroleo en cosas como las arenas asfalticas, la produccion no puede ir al ritmo de la demanda de miles de millones de personas.

Si reconocemos esto, podremos empezar a poner remedio. Si mantenemos que todo esta bien, que no hay problemas, nos hundiremos cada vez mas en el pozo de arena movediza.

Asi hemos llegado a esta crisis de empleo de la que disfrutamos hoy: Rechazando la realidad.

Seguiremos

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Las crisis actuales, los políticos y el sistema feudal

Estamos en medio de dos crisis grandes: Una real, la crisis del medio ambiente y de la energía, otra de cuento, de robo descarado, la financiera.

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Gallardón, los impuestos y la locura humana actual

El Sr. Alcade de Madrid va a subir los impuestos a los madrileños. En una etapa de crisis económica, este señor no se puede contener y quiere seguir derrochando un dinero que -impone- a los que le han elegido.

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Hablan los sabios: Aznar y Klaus.

Hoy se ha presentado un libro sobre cambio climático, escrito por uno de los mayores expertos en el tema: Vaclav Klaus.

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