El rechazo de la realidad


El lunes publicaba Krugman, en el NYT, un artículo interesantísimo. Hablando de la evidencia total del cambio climático de origen antropogénico, es decir, causado por el ser humano, se preguntaba Krugman como es así que los escépticos siguen sin aceptarlo.

Y se lo preguntaba porque él ve que los políticos no asumen la realidad de la crisis, y ve que hay mucha gente que sigue creyendo que beber un litro de agua de Lourdes cura el cáncer.

La ciencia tiene mala acogida en las mentes humanas, pues estas mentes son perfectamente capaces de aceptar que a las 12 del mediodía es de noche, que lo blanco es negro y que 2+2=3.

¿Como se puede conseguir eso?

Son las personas que asumen que somos el sueño de un ente de fuera de la realidad, y que toda nuestra vida no es más que una imagen mental de otro.

Pero esta gente que asume ese sueño, en su devenir diario se pirran por los Rolls-Royces, los palacios y los yates de 150 metros de eslora.

¿Cómo lo consiguen?

No es difícil: Se trata de anular la realidad de los demás y aceptar solamente la propia.

Son las personas que conducen como si la carretera estuviese vacía, y si no lo está piensan, realmente, que un par de comandos de tipo juego de ordenador la vacía, son aquellas personas que suben a un avión y se maravillan de que haya gente en los asientos. Son la gente que vive sola en un mundo que no es para ellos mas que un juego virtual.

Esto se conseguía, en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX gracias al aislamiento social e incluso físico de una clase de personas (la clase noble). Inglaterra, tras Cromwell, dejó de tener guerras en su territorio, hasta 1940. Para aquella gente el mundo real había dejado de existir.

Lo mismo ocurrió en Francia antes de la Revolución. Y en los estados esclavistas en los EEUU antes de su guerra civil. Está ocurriendo en España, donde los ”ricos” viven en urbanizaciones rodeadas de alambre de espino, y trabajan al lado de las mismas sin siquiera tener que recorrer la ciudad. O que cuando tienen que viajar lo hacen en coches con cristales tintados o en helicóptero.

Son gentes que no han bebido el agua de Lourdes cuando el cáncer empieza a metastatizar y ese agua no sirve de nada.

La realidad no se ve: Se experimenta.

Aquí hay un inmenso fallo en la nueva (más bien talludita) física: Una física que renuncia al experimento, a la validación.

La ciencia ha sido, y si es ciencia, es, la experiencia de la realidad.

Necesitamos que todos los ciudadanos experimenten la realidad en sus propias carnes. La alternativa que produce la historia son las conquistas por pueblos extraños que sí la sienten todos los días, conquistas que no son avance, sino succión: Succión por vacío, por la irrealidad de los atacados. Otra alternativa han sido siempre las revoluciones sangrientas que han implicado siempre guerras civiles.

¿Es posible abrir a la realidad a los escépticos?

Lo llevo intentando 15 años, sin el menor éxito.

Quizás sea una ley de la naturaleza, que solo despierta el que siente el fuego en el colchón donde dormita.

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El conocimiento de la ciencia por la población.


¿Que es la ciencia?

Muchos piensan en “gadgets”,  cohetes, armas, la internet, las drogas que curan y matan, ADN, policía “científica”, la “nube”, ….

Todo esto es ciencia y nada de esto es ciencia.  Son los resultados de la ciencia, pero la ciencia es otra cosa.

La ciencia es una forma de mirar el mundo, radicalmente opuesta, completamente distinta de la mística, de la fé. Un giro de 180º que empezó Galileo en 1600 para estudiar el mundo que nos rodea, e incluso a nosotros mismos.

Su esencia es no creernos nada sin antes haberlo validado mediante el experimento o la observación repetida y controlada.

La mística, la fé, asumen que es cierto, es la realidad, lo que alguien afirma, comunicando que ha hablado, o tenido una visión con otro ente del universo.  ?Como puede nadie creer lo que otro diga sin validarlo de alguna manera?

Durante miles de años, en China, India, Mesopotamia, Egipto, Asia, África y Europa la mística no consiguió sacar a ninguna parte significativa de la población de la pobreza extrema (evidentemente desde siempre ha habido un o,1% de la población que ha robado a los pecheros): Como mucho conseguía un exiguo consuelo sugiriendo que si uno se portaba extremadamente bien toda su vida, ese uno quizás (y el solo, ¡sin su familia!) podría acceder a un cierto paraíso.

No parece mucho.

Esta mística estaba basada en la existencia de los dioses. El escritor de fama reciente, Michel Houellebecq, dijo en una entrevista hace poco: “Las personas no pueden vivir sin dioses. Si lo intentan la vida se convierte en insoportable”.

¿Qué dice este hombre? La vida se hace insoportable con los dioses.

Si son malos, evidentemente.

¿Y que pasa si los imaginamos buenos y todopoderosos?  Si son todopoderosos pueden, sin distraerse, ayudarnos. Pero, ¿nos ayudan? Y sin son buenos y todopoderosos, ¿como permiten el horror de nuestro mundo?

Los místicos hablan de la libertad que se supone dan los dioses a los hombres para hacer el bien o el mal.  Pero, ¿que libertad tiene un niño de 10 años que ve a sus padres quemados en una pira, por ejemplo, o degollados, vistos en la pantalla de un televisor?

¿Que libertad tiene un niño lleno de enfermedades y muriéndose de hambre?

No, la vida es realmente insoportable con la idea de que hay dioses.

La ciencia busca entender el mundo. Si lo consigue, quizás sea posible corregir lo que el mundo tiene de horror.

No sabemos si lo conseguirá totalmente pero sabemos que, al menos en los últimos 300 años ha contribuido al bienestar real, no virtual, de una parte creciente de la sociedad.

La maldad y la idea mística de: ”los dioses me protegen’ y puedo hacer lo que sea”, lo único que producido son muertes a millones y malestar para la inmensa mayoría de la sociedad.

Abrir los ojos a la realidad, saber cual es, como funciona la naturaleza, nos ha ido permitiendo una mejora de la calidad de vida inimaginable hace 300 años.

Siempre hay quien insiste en la mística. Los que la controlan es vidente que quieren hacerlo: Tienen con ello el poder.

Pero ¿por qué aceptan la mística aquellos que de ella no sacan mas que sufrimiento y muerte?

La ciencia es absolutamente abierta a todos, sin secretos ni arcanos, y cuando alguna de sus partes no lo es porque quiere utilizar un lenguaje que solo 100 iniciados dominan en todo el Globo, desaparece en unos años.

¿Tanto miedo causa en los maestros educar a las personas en la realidad?

Claro, la ciencia exige responsabilidad individual. Algunas personas prefieren ir desplazando esa responsabilidad hacia arriba, cada vez más lejos.

Es la pereza y la cobardía, quizás, la que lleva a rechazar la ciencia y pedir que la vida la resuelvan otros, y en definitiva unos dioses que de existir, ”pasan” olímpicamente, como los dioses del Olimpo, de los humanos.

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Cuántica indeterminista y física clásica no determinista.


Se insiste, una y otra vez, en los artículos de divulgación que la física a nivel atómico es algo esencialmente distinto de la física a nivel clásico.  Que la física (la naturaleza) a nivel cuántico es estrictamente indeterminista, mientras que la física a nivel clásico es determinista.  Se basan estas afirmaciones en la idea de que las ecuaciones de la mecánica clásica predicen la trayectoria de hasta dos partículas bajo un número pequeño de interacciones de forma sencilla de manera exacta.

Pero los movimientos de tres masas o cargas similares pero no iguales, bajo interacciones gravitatorias o eléctricas son impredecibles, de la misma manera que es impredecible la trayectoria de un péndulo acoplado a otro de masa distinta, o de varios péndulos de masas diferentes colgados de una misma cuerda elástica.

No solo esto, ya que en estos casos podría argumentarse que su aleatorieidad depende de la imperfecta precisión de las condiciones iniciales (la precisión perfecta es perfectamente imposible). Hay dos casos tremendamente comunes en los cuales la naturaleza carece de ecuaciones (y por tanto de posibilidad) para fijar las trayectorias de no más de un par de partículas: En los choques elásticos de dos bolas de billar, de dos bolas de acero de rodamientos, a pesar  de que se pudiese especificar de forma infinitamente exacta las condiciones iniciales de velocidad y masa de cada una de las dos partículas, si chocan en dos dimensiones (una mesa de billar) o en el espacio, no hay ligaduras suficientes en la naturaleza para determinar sus trayectorias tras el choque.  Solo tenemos una ecuación para la conservación de la energía y tres ecuaciones para la conservación de la cantidad de movimiento en cada una de las tres direcciones del espacio, 4 ecuaciones en total, y tenemos 6 incógnitas: las tres componentes de la velocidad tras el choque de cada una de las dos partículas.  La dinámica de choques elásticos en el espacio tridimensional en la mecánica clásica es tan indeterminista como en la cuántica.

Podemos construir una red elástica a escala humana (centímetros, metros) de tal forma que cuando la atraviesen por una rendija una bola tras otra,  siempre de las mismas dimensiones, tras la red solo se concentren las bolas en ciertas zonas de una pantalla y dejen libres otras: Sería el caso de la interferencia de las ondas electrónicas pero a nivel humano (o macroscópico).

Y la combinación de gato vivo+mas+muerto, el entanglement,  se hace sin ningún problema con dos bolas, una negra y otra blanca introducidas en dos cajas idénticas, barajadas mediante una máquina sin intervención humana y dejada una de las cajas en Madrid y la otra enviada a Nueva York. Cada caja idéntica es un sistema combinación (teórica) de bola negra y bola blanca y se escribe, en Mecánica Cuántica,  como S=|b>+|n>.

Una vez pasados un par de meses, estamos seguros de que una de las cajas está en Nueva York, mientras que la otra está en Madrid, a 6000 km de distancia, o 0.02 segundos de diferencia en el tiempo que tarda una señal de radio en comunicar entre ambas ciudades.  Utilizamos un par de relojes atómicos, y abrimos ambas cajas en el mismo nanosegundo. Si la bola de Madrid es blanca, antes de que una señal electromagnética nos llegue de Nueva York, o llegue de Madrid a Nueva York, sabemos que el sistema de la caja de Nueva York, que era una mezcla de negra y blanca, está forzada a ser negra.  A nivel macroscópico ¡ se ha transmitido información mas rápidamente que la velocidad de la luz !

¿Se ha hecho? La información ya estaba en Madrid, de que si se veía una bola blanca, se sabía, antes de que llegase ninguna señal de Nueva York, que la bola de Nueva York era negra.  El  ”entanglement” funciona perfectamente a nivel clásico, y de hecho viene funcionando desde hace miles de años y las personas lo saben.  Tenemos la información de la mezcla en Madrid y Nueva York meses antes de realizar el experimento.

Si en vez de construir parejas de cajas con bolas negras y blancas ponemos también bolas de distintos grados de gris, mezclamos y mandamos a Nueva York un par de millones de cajas, podemos buscar la probabilidad de tener bolas casi negras si vemos en Madrid bolas blancas. Se suele indicar que en la probabilidad clásica se suman probabilidades, mientas que en la cuántica, cuadrados de amplitudes, de manera que los resultados son distintos. Evidentemente, pero si en clásica utilizamos el criterio de las desviaciones estándar,  y empleamos la suma de los cuadrados de las desviaciones, normalizadas adecuadamente para que sean probabilidades, obtenemos el mismo resultado que en la cuántica.

La derivación de Schroedinger de su ecuación para las órbitas de los electrones del átomo de hidrógeno es radicalmente clásica. La única conexión con algo atómico es la identificación de una constante de acción con la constante de Planck, pero esta identificación es arbitraria, y puede mantenerse la constante de acción en cualquier valor que convenga al análisis del sistema en estudio.  Por lo tanto la ecuación de Schroedinger que da las probabilidades de encontrar una partícula en una cierta trayectoria, es válida para electrones y planetas, y nada distingue, salvo una constante, que sean unos u otros.

La naturaleza es maravillosa, pero no es ”misteriosa”, ni siquiera a nivel atómico.

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Una nueva Utopia – 1


Va a hacer 500 años, en el 2016, que Thomas More escribió el relato de Utopia, una isla ideal donde los seres humanos eran felices.

Necesitamos hoy una nueva Utopia.  Hemos agotado los recursos en los que hemos basado una sociedad de rapiña, y tenemos que cambiar de mente, de forma profunda de ver las cosas si queremos seguir viviendo en el planeta.

Para More todo lo que pasaba en el mundo era consecuencia de la acción de algún dios.  Esto coloreaba todo su pensamiento aunque el no era consciente de ello.

Miremos a nuestro alrededor hoy, y miremos hacia atrás: La historia y la actualidad son consecuencia de una matriz mental que deforma todo lo que vemos, oímos, leemos, sentimos en una cierta dirección: la tribu y la rapiña.

Los seres humanos empezamos como monos pequeños, e incluso cuando nos hicimos grandes carecíamos de garras y colmillos. Salimos de los bosques tropicales para tratar de explotar otros ambientes donde no tuviésemos que competir con nuestros parientes cercanos. Pero en la sabana, sin garras ni dientes solo podíamos sobrevivir mediante el robo, la rapiña y en tribus organizadas.

Miles de años (¿100.000?) tribales de supervivencia mediante el saqueo colorearon nuestras mentes: Creemos, sin saber que lo hacemos, sin explicitarlo, sin cuestionarlo, en los juegos de suma cero, hasta en las relaciones familiares. Para  prosperar se trata de quitar algo a los demás, aunque sea coger mas pipas de una bolsa que se ha comprado para dos.

Hay quien dice que puesto ”que somos así”, así debemos ser, sin darse cuenta que esto no es mas que la consecuencia de un cierto desarrollo, y que hoy esa postura mental ya no es necesaria, y de hecho, es tremendamente dañina: Palestinos contra israelitas estos contra los primeros, suníes contra chiitas y al revés, islámicos contra hindúes y a la inversa. Sin que llegue la sangre al río, catalanes contra el resto de los españoles. La cofradía del Perdón contra la cofradía del Rosario, el Real Madrid contra el Atlético de Madrid, etc. etc.

Nada de eso sirve de nada hoy, aunque quizás (es dudoso) pudo servir para la supervivencia en los milenios de vida en las sabanas.

Gana el Madrid, para que el año siguiente gane el Atlético para que gane el ….. Una repetición clónica esencialmente de aburrimiento mortal, salvo para los que nunca se han planteado por qué necesitan pertenecer a una cierta tribu.

Ganan los chiitas para que ganen los suníes para que ganen los chiitas para que ganen los suníes, y así, dilapidando la poca riqueza de aquellas tierras en un camino como el de las hormigas: Millones de años naciendo, pariendo, muriendo, sin cambiar jamás.

Desde los tiempos históricos que conocemos (los anteriores solo los sospechamos) la vida individual ha proporcionado avances, la tribal, destrucciones masivas.

Los logros, primero tecnológicos, luego científicos, son obra de seres humanos individuales, a pesar de la tribalización.  La agricultura, aunque no lo sabemos a ciencia cierta, así debió ser.  Pero en cuanto unos seres humanos conseguían un surplus de energía a base de labrar la tierra, plantar, cosechar, trillar y moler, llegaban las tribus marginales a desvalijar a los trabajadores.

Estamos en el siglo XXI. Hoy no se trata de sobrevivir en un mundo de predadores. Somos seres humanos. La riqueza no es un juego de suma cero, sino que es un juego de aumento constante si se quiere, claro está.

La única ventaja de las tribus está en la fuerza bruta. Un único ser humano no puede tumbar a un bisonte. Quizás diez lo pudieran conseguir. Si el ser humano no se forma como tal, sino que se deja llevar y se mantiene a nivel animal, es posible que la tribu sea una cierta solución limitada en el espacio y en el tiempo.

Estudiemos la historia: La primera invasión tribal sobre Europa (de la que tenemos noticia, debió haber más) fué la de los persas. Duró 200 años. Cuando terminó recibió la invasión tribal macedónica que terminó para ser substituida por la de los romanos que fueron eliminados por los godos que sufrieron bajo los hunos, y después bajo los bereberes. Los francos fueron invadidos por los noruegos, y cuando se estabilizó la situación se pelearon entre francos, galos, sajones germanos, etc. etc. Ninguna de las peleas de las diferentes tribus europeas tuvo resultados definitivos ni mejoró la situación ni aumentó la riqueza de los miembros de las mismas. Solo, a veces, la de los jefes a cambio vivían una vida de miedo constante a ser desplazados de sus puestos como ocurría en Francia desde Carlomagno hasta la Revolución.

En el momento en que se levantaron las barreras en Europa, y en vez de tribus encerradas en si mismas se abrieron los recursos para el uso de todos, se puso en marcha una agricultura de alta eficiencia, se desarrolló la industria y aumentó vertiginosamente la riqueza.

La historia de China es la misma: Reyes tribales que se hacen con el poder, a base de que sus tribus exploten a las demás, imperios que no duran mas de doscientos años, miseria para los ciudadanos durante miles de años, hasta hoy cuando si hay 400 millones de chinos (es una exageración pero vale como ejemplo) de clase “media”, hay 900 millones de pobres miserables.  En la India, tres cuartos de lo mismo,

¿Y en Oriente Medio?  Dejando las luchas intestinas de los diferentes califatos y sultanatos, lo que ocurre hoy es “Yo soy gris tirando a negro, tu eres gris tirando a blanco: No podemos vivir juntos solo porque nos consideramos de tribus distintas”.

Iraníes y saudíes tienen petróleo. Unos son muchos mas que otros, en número, pero los saudíes están creciendo en número muy deprisa.  Al fin y al cabo ambos tienen riqueza: Si comparten recursos, intercambian científicos e intelectuales, lo único que les diferenciaría sería la inmensa estupidez de dos interpretaciones distintas de unos dogmas que bien mirados no son mas que cuentos para niños.

En Israel mismo hay gentes de religión musulmana que se sientan a comer con gentes de religión judía y con cristianos. Y no pasa nada, nada en absoluto.

En la nueva isla de Utopia, que es todo el globo, cada ciudadano es igual que cualquier otro. No es distinto por ser de una tribu o ser de otra, es igual a los demás si es  de antepasados chinos, indios, japoneses o coreanos, africanos o europeos.

Cada persona es persona. Puede vivir gracias a lo que sabe, a lo que conoce, a lo que es capaz de hacer, de construir sin destruir, de cooperar con los demás.  No necesita quitar nada a nadie. Si hoy vivimos 7000 millones en la Tierra es que hay comida para 7000 millones. En principio podríamos crecer en número: Recursos hay para unos 50.000 millones, pero, ¿Para que? El número no es lo mismo que la calidad de vida.

Solo quieren aumentar los números los tribales convencidos: Piensan que la fuerza bruta del número les puede hacer capaces de eliminar a otros. Dejando aparte que eso sería crear una enorme pobreza intelectual y social, pues cada uno, los “míos” y los “otros” tiene  muchísimo que aportar al total, la realidad es que no se puede hacer, y el intento de hacerlo lo que crea es muerte, destrucción y miseria para “los míos” y  “los otros”.

En la Tierra no hay soluciones “finales”, como querían Hitler, Stalin y Mao, y bien que lo intentaron.  Vivimos unos con otros, y viviremos unos con otros mientras exista especie humana.  Podemos vivir en guerra, en la miseria, o vivir todos con todos, aumentando cada vez más la riqueza.

No hay “naturaleza” humana (la infantil doctrina de que en la concepción entra un “alma” humana en el cuerpo). Si la matriz mental tribal se mantiene en los cerebros, es porque culturalmente, desde hace miles de años, y aceptándola como “lo natural”, se enseña a los críos casi desde el momento, no de la concepción, sino desde el momento de nacer.

No es algo innato. Es una educación, inconsciente, pero educación al fin y al cabo. Como toda educación, se puede cambiar por otra, si se quiere.

Un ejemplo muy próximo en el espacio y en tiempo, en España: En vez de separar a los niños catalanes del resto de los españoles, lo razonable es educarlos en la igualdad de unos y otros: Que hablen ambas lenguas, e inglés y francés y si se tercia, alemán, o malayo y chino. No hay ningún problema, se pueden hablar muchas lenguas como se conocen las matemáticas, la historia, la biología, la física, la literatura, la química, la filosofía. Al revés de lo que se dice, como al revés de la loca idea de juegos de suma cero, cuanto mas se conoce, mas fácil es conocer otras cosas.  El cerebro no es finito, y aunque el número de neuronas es limitado, el numero de conexiones neuronales, que es lo que almacena el conocimiento, crece durante toda la vida, si se estimula ese crecimiento. No hay más límite que la muerte, y si se escribe, o se filma, las ideas de unos quedan para los demás incluso despues de esa desaparición..

Es una pura cuestión de educación: Es preciso, primero, reconocer la realidad de la matriz mental tribal y de rapiña. Necesitamos reconocer que nos hemos educado en ella, y  por ejemplo, a mí me educaron en el colegio diciéndome que la tribu católica debía rapiñar a la protestante y  a la musulmana, y tratar de conseguir que desaparecieran. O que ser español era mejor que ser francés. Y me ponían el ejemplo de Numancia: ¡Vaya ejemplo de estupidez humana! Muchas personas educadas así aceptan esa educación, que no lleva, se ha visto, absolutamente a nada. Una vez que reconocemos que nos hemos educado en ella y que la única consecuencia de la misma es la pobreza, intelectual y material, debemos anular esa matriz: Ya que las tribus, primero, no son unas mejores que otras y, segundo, no hay forma de que una de las tribus anule a las demás, podemos empezar a crear otra matriz: ¿Cómo podemos vivir con el resto de los seres humanos de manera que cada uno consigamos ser cada vez mas ricos mental y materialmente?

Si yo aprendo de los demás, si comercio con ellos en vez de robarles, si les doy, ellos aumentan lo que les he dado y me devuelven más de lo que yo les dí, en un proceso cuya evidencia la tenemos en Europa tras la segunda guerra mundial: Si los alemanes no son demonios para los franceses ni estos para los alemanes, si los italianos cooperan con los austriacos, y los españoles con los holandeses, entramos en una absolutamente desconocida etapa de riqueza, desconocida en una Europa que desde Carlomagno hasta 1945 solo vivió del ataque constante de unas tribus sobre otras, en una miseria inmensa comparada con la riqueza actual, actual a pesar de una crisis que no “ha caído” del cielo, sino que ha sido causada por un incremento de la tribalidad que creíamos haber erradicado.

 

 

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El resurgimiento de la superstición y la superchería en la edad de la ciencia


 

Cuando finalmente el desarrollo de la comunicación global  se ha abaratado tanto que podíamos pensar que la razón se iba a extender a todas las personas del mundo, la resistencia numantina ( y todos sabemos como terminó Numancia) de la sinrazón parece que va ganando poco a poco el debate.

Parte importante de la culpa la tienen algunos físicos que llegan a decir que la ciencia se puede hacer también dentro de la mente, rechazando de plano la validación experimental.  Si esto lo dicen personas que tienen doctorados en ciencias físicas, ¿cómo no van a decir otras personas que reciben mensajes del universo no. 321985678 paralelo al nuestro? Cuando a la mística se le da patente científica, la mística se toma la mano, y el codo también, con avaricia.

La ciencia es el ejercicio de la razón, pero el ser humano no es esencialmente racional, a pesar de las definiciones al uso en las enciclopedias, y en los textos de economía, por ejemplo. Somos animales, primero, comidos por el miedo, que actuamos por impulsos grabados en la memoria, y utilizamos la razón solo a veces, en último lugar y a regañadientes.

Mi experiencia es, para mi, significativa: Cuando trato de explicar algo de una manera sencilla, por ejemplo, la realidad de como vuelan las aves y los aviones, la respuesta es, en una mayoría de los casos la siguiente: ”Eso no lo veo, prefiero pensar que ese vuelo es magia”.  Cuando escribo que para explicar el movimiento anómalo de las estrellas que forman una galaxia es mejor volver a considerar las ecuaciones que manejamos, la respuesta es ”Prefiero pensar en algo oculto, algo que no puedo ver ni medir”.

Para ésto si hay explicación racional: es la pereza innata de una mayoría de personas, la misma pereza que les lleva a entregar su destino en manos de los embaucadores que solicitan sus votos (¿el Tea Party?) en vez de ponerse a trabajar. La ciencia es sencilla, pero exige esfuerzo, y sobre todo, exige asumir la responsabilidad de los propios actos.

Una inmensa mayoría de personas prefiere que esa responsabilidad recaiga sobre otros: Sobre las cartas del tarot, sobre los astros, las voces misteriosas, los ángeles y los dioses.

Richard Dawkins, Michael Shermer, y algunos otros se han esforzado en demostrar la falsedad de esas supercherías, pero el camino que han tomado es evidentemente erróneo, pues tras años de esfuerzos la superchería no hace más que crecer.

Un ejemplo es la autorización por el Tribunal Supremo de los EEUU a la corporación municipal de la ciudad de Greece en el estado de Nueva York para comenzar sus reuniones con una oración a su dios. ¿Por qué quieren hacer ésto las autoridades municipales de Greece? Dejando de lado los argumentos legales, que suelen ser casi siempre escapatorias por rincones ocultos de las normas que las sociedades se dan a sí mismas,  lo quieren hacer por el deseo de esa corporación municipal de sacudirse cualquier responsabilidad por sus fallos (conservándola por sus aciertos) achacando sus decisiones a la inspiración divina.

El argumento básico contra la superchería, y a favor de la razón es que aquella, al eliminar la responsabilidad individual, convierte a las personas en esclavos de las circunstancias (astros, cartas, el hígado de los animales sacrificados) y de los estafadores que de éstas se aprovechan.

La superchería copia de la doctrina de Calvino, eliminando la libertad del ser humano. Es muy posible que una cierta mayoría de los seres humanos tenga miedo a la libertad: ”No se que hacer, ¡dígame usted que hago!”. Pero al ponerse en manos de otra persona, uno se entrega a la esclavitud, a actuar siempre dirigido, y finalmente controlado hasta las últimas acciones y pensamientos por los controladores.

El problema se complica cuando nos hacemos la reflexión de que en la mayoría de los casos la otra persona en manos de quien se pone esa mayoría de seres humanos no es realmente una controladora óptima: No sabe lo que hacer mejor que la persona que le pide que la dirija, pues su campo de pericia es el convencer a otros, no el resolver problemas.

Tenemos así la peor combinación posible: La pérdida de libertad, de nuestra propia capacidad de acción substituida por las órdenes de otra persona cuya capacidad de acción es en la mayoría de los casos aproximadamente nula.  Muchos gobiernos, en España, por ejemplo, han sido capaces de convencer a los ciudadanos a que éstos se pongan en sus manos, para mostrar, una vez ganada su confianza, que carecen de cualquier habilidad para resolver los problemas de los mismos.

La solución, si la queremos aceptar, pasa, como con la economía, el clima, el medio ambiente y otros muchos problemas con los que nos enfrentamos,  esencialmente por reconocer la realidad y querer aceptarla. Se precisa un sistema de educación real mediante un esquema sencillo, que llegue a todos y que muestre que, a) la ciencia es fácil de asimilar, b) no es difícil, y c) lleva a la libertad.

En contra de esto está la tendencia gremial de los eruditos de la Salamanca medieval, hablando un lenguaje obscuro, y retirando el conocimiento del alcance de los ciudadanos para convertirse ellos en grandes popes ininteligibles, orgullosos en sus cátedras  y dedicados, evidentemente, a una mística similar a la de las supercuerdas de hoy.

Podemos volver al mundo claro y libre de una sociedad científica, o podemos retornar a los esquemas inquisitoriales de una sociedad acientífica cerrada y obscura, la sociedad del ”Vivan las caenas” de la España del siglo XIX. Somos nosotros los que decidimos. ¿Qué elegimos?

 

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Electrones simples y vida compleja: Entropía.


La ciencia vuelve a estar de moda.  Y es la ciencia la que lo hace, no los ”gadgets” que la ciencia utiliza: Los positrones, genes, cohetes, satélites y los telescopios que llenan las llanuras americanas, por ejemplo.   En estas etapas de crisis económica se desarrolla como consecuencia una crisis política y social, y de aquí surgen las preguntas básicas que se hace el ser humano cuando, en vez de correr desaforadamente para sumar un piso mas a su patrimonio, o saltar de vacación en vacación, se para y piensa en lo que pueda ser él,  y lo que pueda ser lo que le rodea. Kant, una figura de la filosofía reconocida por muchos, no salió nunca de Koenisberg, en las heladas tierras de Prusia.  Quizás sea bueno pararse de vez en cuando y mirar  a nuestro alrededor.

 

Hoy se manejan conceptos como materia obscura, es decir, indetectable con los instrumentos de que disponemos, energía obscura, que es algo que no se sostiene, y multiversos, que es un palabro tan auto-contradictorio como la sentencia ”Es verdad que estoy mintiendo”.  Pegar sílabas siempre podemos hacerlo, pero que ese bodrio signifique algo es otra cuestión.

 

Los seres humanos, como sistemas complejos, tendemos a las realimentaciones positivas: A exagerar nuestros comportamientos habituales. El drogadicto cada vez quiere más estímulo, y el jugador financiero necesita jugarse en las bolsas, mediante los esquemas de troceo del riesgo, la vida de millones de personas.  En el pensamiento pasa lo mismo. Tras el esquema socrático, Platón complica las cosas hasta lo indecible. Tras Occam y Bacon, Galileo desarrolla la ciencia bajo el principio de que la realidad -es- sencilla ( y lo es, solo necesitamos dos derivadas para explicar los movimientos en el Universo) pero hoy estamos, como Platón, y por exageración, por realimentación positiva, buscando soluciones cada vez más complicadas para los problemas de la naturaleza. Si la explicación es más enrevesada que lo que quiere explicar, no sirve como explicación.

 

El movimiento de las estrellas en el Universo está controlado por la teoría de la relatividad general, que dice como se curva el espacio y consecuentemente, cuales son los caminos por donde pueden circular esas estrellas.  Y la teoría tiene un parámetro que no hemos sido capaces de determinar con fiabilidad. Tampoco tenemos para ella una garantía similar a la de la caída de los graves en la superficie de la Tierra, o a la de la relatividad especial. Y sin embargo, se asume que es correcta y se derivan de la misma toda clase de conclusiones.

 

El buen trabajo en ciencia sería hacer lo contrario: Asumir que es incorrecta y ver hacia donde nos lleva esa suposición. Galileo asumió que los cuerpos celestes podían ser imperfectos, y certificó el fracaso de la hipótesis contraria, el geocentrismo. Kepler resolvió todo el problema del sistema solar y abrió el  camino para Newton al rechazar la hipótesis de que las órbitas planetarias tenían obligatoriamente que ser circulares.  Planck rechazo la suposición de continuidad en los intercambios de energía y Einstein la hipótesis del éter.

 

No hay verdades eternas, ni válidas en todo tiempo y lugar. Las leyes de la física solo son válidas cada día si cada día las comprobamos en los laboratorios o mediante la observación una y otra vez.  Lo contrario son los dogmas acientíficos:  ”Esto es así, y si lo rechazas te quemo en la plaza pública”. ¿Por qué las leyes de 1900 y 1915 han de ser más válidas que las de 1800, por ejemplo?

Ante las dudas que nos asaltan sobre el movimiento de las estrellas, sobre las cuestiones de los valores de los parámetros (masas de protones y electrones, por ejemplo) podemos tomar dos caminos: Asumir como dogma las ecuaciones de que disponemos, y crear entelequias, o aceptar que, lo mismo que las hipótesis que Planck y Einstein destruyeron eran frágiles,  las suyas también pueden necesitar correcciones. ¿Por qué no?

 

Nunca descubrimos ”la verdad”. Siempre tenemos que ir corrigiendo lo que sabemos. Asumir lo contrario es una soberbia dogmática que se ha visto constantemente invalidada por lo que descubrimos en cada momento.  Incluso con el cambio climático pasa así. Es claro que estamos metidos en un cambio intenso y rápido, pero es posible que alguno de estos días aparezca una evidencia que corrija esta aseveración.  Puesto que existe la posibilidad de cambio, podemos utilizar el principio de precaución y tomar medidas preventivas, que adicionalmente son buenas, pero no hay ningún dogma sobre ello, sencillamente, como la diaria constatación de que la aceleración de la gravedad es 9.8/s2, es algo que verificamos también cada día.

 

La mecánica cuántica está hecha para sistemas simples. Tan simples cómo -el- átomo de hidrógeno alejado infinitamente de cualquier interacción con otros átomos de hidrógeno o de cualquier otro elemento, y recibiendo, solamente, energía en forma de radiación electromagnética, o choques con -otra- (una sola) partícula sobre la que ese átomo no actúa.  No hay interacción, sino intra-acción.  Otro sistema cuántico es -el- oscilador armónico. ¿Qué pasa si tratamos de estudiar tres o más de tres átomos de hidrógeno en interacción? ¿Qué pasa si tratamos de estudiar un oscilador armónico a nivel cuántico similar al péndulo doble? Las leyes de la mecánica cuántica se hacen tan ”complicadas” que hay que dejarlas de lado, dicen los libros de texto, y tratar de utilizar toda clase de aproximaciones, incluidas aproximaciones  ¡de la mecánica clásica!

 

Cuando hablan de la mecánica cuántica, físicos tan premiados como Gell-mann, el que asignó la palabra -quark- a los posibles componentes (que nadie ha visto nunca en ningún laboratorio) de los protones, y otros muchos científicos suelen mencionar la rareza de que una partícula material esté en dos lugares al mismo tiempo. Este experimento no se ha hecho jamás. Durante décadas fué un experimento imaginado. Hasta tal punto lo fué, que en el libro de texto de Feynman, de1963 (y nunca corregido en este aspecto)  se dice explícitamente que no se ha realizado el experimento, pero que si se realizase, sus resultados serían los predichos por la teoría. Esto es muy mala ciencia, esto es dogma, y quizás de aquí, dado el carisma de Feynman, deriva mucho del misticismo actual de la física.

 

El único experimento de interferencias realizado con electrones individuales es el del bi-prisma. Y en este experimento lo que está cuantizado son las posibles trayectorias de los electrones que atraviesan el aparato. Si yo fabrico pasillos para las personas que salen de un estadio de futbol, muchas acabarán al final del pasillo central, algunas menos al final de los dos pasillos contiguos al central, y así indefinidamente.  Ninguna persona habrá en las zonas entre esos tres (o  más) pasillos de salida.  Tendremos una imagen de interferencia.  ¿Interfieren los electrones como ondas o circulan por corredores discretos en el bi-prisma?  Es una pregunta que, -al menos-, podemos hacer.  Por otro lado, ¿cómo se convierten los electrones en ondas? ¿Cual es el procedimiento? La física tradicional no lo sabe decir. De la misma manera, una onda de la radio pesquera de muy baja intensidad, que cubre 1000 metros, ¿es un fotón de tamaño un kilómetro?  No lo sabemos.

 

En cuanto tenemos conjuntos de partículas moviéndose en interacción unas con otras las cosas dejan de ser deterministas. Los físicos llevamos 60 años tratando de entender como se mueve un plasma de protones dentro de un anillo magnético, para tratar de controlar la fusión nuclear. Los resultados de las ecuaciones que describen ese movimiento son lo menos sencillo que imaginarse pueda. Los movimientos individuales de las partículas son esencialmente aleatorios, y aleatorio es el movimiento del fluido como un todo.

 

Los sistemas sencillos, partículas, canicas, bolas de billar -individuales-, se comportan de manera predecible.  No tenemos ecuaciones suficientes ni siquiera para el movimiento de ¡tres! bolas de billar sobre una mesa, ni para ¡dos! bolas de billar en el espacio.  En cuanto hay varios sistemas sencillos en interacción los movimientos son ya impredecibles. La evolución en el tiempo de los sistemas se hace probabilística. Si ponemos un quadrillón de moléculas de oxígeno y nitrógeno en una botella de buzo, en una habitación donde hayamos hecho el vacío y abrimos la espita de la botella, las moléculas saldrán de ésta para no volver nunca de forma natural a estar todas ellas de nuevo dentro de la misma, dejando la habitación vacía. Podemos volver a meterlas casi todas en la botella pero solo mediante el gasto de una considerable cantidad de energía, y nunca conseguiremos que -todas- ellas vuelvan a la botella.

 

Los sistemas complejos evolucionan en el tiempo en una única dirección. Si en vez de las moléculas dentro de la bombona pensamos en una habitación con un tabique aislante, de manera que media habitación este a 40ºC y la otra media a 0ºC, y cambiamos el tabique quitando la lana de vidrio, y dejando solo una pared de cobre que conduce bien el calor, la temperatura de ambas partes de la habitación  pasará a ser 20ºC, y por más que esperemos, nunca volveremos a tener dos medias habitaciones con 0ºC y 40ºC.  Para aumentar la temperatura de la mitad fría, la mitad caliente ha cedido una cantidad X de energía, la misma que ha absorbido la mitad fría. Pero el cociente X/20 es mayor que el cociente X/40, y la suma de ambos, con sus signos de ceder y recibir, es mayor que cero. Siempre. Llamamos entropía a ese cociente, y en el universo, en las interacciones libres, la entropía crece siempre. Solo la podemos hacer decrecer mediante máquinas que hacen aumentar la entropía fuera de donde estamos más de lo que la reducimos en la habitación, por ejemplo. Cuando reducimos la entropía en nuestro cuarto en verano bajando la temperatura del recinto, aumentamos mucho más de eso la entropía de la calle. La suma de ambas, con sus signos, es siempre mayor que cero.

 

La entropía, que no es ”desorden”, sino una expresión matemática, crece siempre. Una imagen es la siguiente: Si tenemos un cubo de 4 x 4 x 4 bolas inmóviles, cada una en una posición determinada, si una de ellas empieza a moverse, se nota mucho.  La entropía crece mucho si una única bola se mueve de entre muchas inmóviles.

 

Ahora, si las 64 bolas se están ya moviendo, el que una de ellas se mueva un poco más deprisa es de muy difícil distinción: La entropía crece poco si una bola aumenta su movimiento entre otras que ya se están moviendo.

 

Los sistemas de muchas partículas ( dos en el caso de un péndulo doble, mas de tres en el caso de bolas de billar) en interacción, son sistemas complejos, impredecibles, caóticos, aleatorios: Son los sistemas de la naturaleza, y nosotros, los animales, y dentro de éstos, los humanos, así somos: Impredecibles, caóticos, aleatorios. Como las nubes en el cielo.

 

Los relojes, los péndulos simples, -el- átomo de hidrógeno, -el oscilador armónico, -un- electrón aislado, son entidades artificiales, construidas o seleccionadas por los seres humanos, que ansían regularidad, simetría, precisión, predecibilidad. Solo estos sistemas, tremendamente simples, tienen estas características. El resto, es decir, todos menos un conjunto de medida nula de los sistemas, somos entidades naturales, que no hemos sido seleccionadas por los humanos (al menos si no triunfa ”1984”), sin regularidad, asimétricos (incluso modelos de pasarela de elite, artistas de fama) , imprecisos, impredecibles.

¡ Y menos mal ! Lo contrario es la doctrina de Calvino y de Knox: Seres humanos destinados, desde toda la eternidad,  al infierno en vida y tras la muerte. No, la naturaleza es impredecible. Existe la libertad.

 

 

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La incertidumbre a escalas atómicas y humanas.


Hoy he leído un párrafo de un libro de Kenneth Ford: ‘The world of elementary particles.´ :

La probabilidad en el mundo macroscópico (y en la física clásica) es una probabilidad de ignorancia; la probabilidad en el mundo microscópico en una probabilidad fundamental de la naturaleza.  La única razón por la cual el número en el que cae la bola de la ruleta no puede ser calculado de antemano es la ignorancia de lo que los físicos denominan ‘condiciones iniciales’. La diferencia con la ley de probabilidad de la mecánica cuántica es que uno no puede, ni en principio, ni de hecho, calcular el desarrollo exacto de un evento atómico, independientemente de con cual precisión puedan conocerse las condiciones iniciales

Kenneth Ford es un físico ya mayor, de 88 años, formado en la idea mística de que la mecánica cuántica es algo radicalmente diferente de la física de escala humana.

Ya no hay que decirle nada, pero, para quien lea esto, si alguien lo hace, si me gustaría plantear algunas preguntas.

A) Donde acaba la mecánica cuántica, con sus probabilidades intrínsecas y empieza la clásica, determinista ella?

B) ¿Cómo se produce el cambio de una a otra, cuales son las leyes de ese cambio?

C) Un átomo de Rydberg, ¿sabe que es un átomo y sigue probabilidades intrínsecas, o piensa que es una bola clásica y que su trayectoria probabilística es porque algún físico no ha fijado con exactitud infinita sus condiciones iniciales?

Esto es un problema mental de los físicos que se formaron en el siglo XX, y que adoraban como a un dogma las ideas de Bohr, que tampoco eran excepcionalmente finas.

¿Por qué las probabilidades de las escalas atómicas son intrínsecas? Si se hace referencia al ”Principio de Incertidumbre” de Heisenberg , ¿De donde sale este principio?  No sirve enunciarlo como un postulado, pues eso no explica nada.

El ejemplo de la ruleta, o el de una moneda tirada al aire no nos sirve, pues son máquinas o sistemas físicos inmensamente sencillos. Hoy es posible tirar una moneda al vacío de forma que caiga siempre del mismo  lado: Un profesor de California ha construido una máquina para ello. Ha eliminado la aleatorieidad eliminando la interacción de la moneda con el resto del mundo.

Pero en el mundo atómico no tenemos posibilidad de eliminar esas interacciones. De hecho, para manipular las partículas atómicas precisamos que interaccionen, y no tenemos energías de interacción mucho menores de las energías de las partículas que queremos manipular.  Y esas interacciones son muchas, del orden de al menos 10**20 (un 1 seguido de 20 ceros), y no son eliminables en ninguna situación.

En un sistema de escala humana, sometido a 10**20 interacciones de su misma energía, la aleatorieidad es exactamente igual de intrínseca que la cuántica, o si invertimos el razonamiento, si algún día pudiésemos (lo que es imposible) eliminar las interacciones de un sistema cuántico con otros 10**20 sistemas y que las pocas interacciones que queden tengan menos energía que el propio sistema, este sería tan determinista (poco) como un sistema de una moneda tirada al aire.

Se puede decir que ”las leyes de la física cuántica” no permitirían ésto, y es evidente, puesto que esas leyes se han derivado para la situación real de trillones de interacciones de energías comparables con la de los sistemas que se mueven, interacciones que esa mecánica cuántica no ha tenido en cuenta y como las interacciones clásicas no tenidas en cuenta, deviene en movimientos aleatorios e impredecibles.

La diferencia –real– del mundo atómico con el mundo de escala humana es que la naturaleza tiene límites, y que no hay energías menores de las de las partículas atómicas, de manera que cualquier interacción con ellas las mueve, algo que no pasa si mandamos fotones a la puerta de un coche para ver si está abierta o cerrada.

Reconozcamos la realidad, aceptemos el formalismo, pero no derivemos del formalismo ideas místicas de mundos separados y leyes mágicas y misteriosas.

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La ciencia que estamos olvidando


Tras dos mil años de disputas estériles, incluyendo el sexo de los ángeles y cuantos de éstos caben en la punta de un alfiler, y lindezas por el estilo, Galileo descubrió, no la ley de caída de los cuerpos ni el principio de inercia, ni la relatividad galileana, con descubrirlas, sino lo que de verdad fue la única revolución de verdad en la corta (¿100.000 años) historia de la humanidad:  En vez de discutir, midamos, y midamos una y otra vez y rechacemos lo que los experimentos rechazan.

Esa forma de pensar, de ver el mundo, terminó con esos miles de años de debates tan absurdos como los que condujeron al Concilio de Nicea: Homoousios, u Homoiousios.  ?Desciende una flecha por su naturaleza o por otras causas?  etc. etc.  No ha habido otra revolución como esa, que además, condujo a la libertad de cada persona: Ya no era necesario -creer- lo que se decía desde el estrado o desde el púlpito, sino que cada persona podía, si así lo decidía, probarlo en su propia casa: ¿Caen o no caen dos bolas pulidas del mismo diámetro, una de acero y otra de madera, exactamente igual en la superficie de la Tierra? ¿Es su aceleración 9.8 metros/segundo al cuadrado con un error de una centésima de segundo?  Esto se puede probar, lo que no es posible hacer en las cuestiones sobre los ángeles o sobre la vida futura: Nada es capaz de hacernos ver ángeles ni cuantos caben en los alfileres, ni jamás nadie ha tenido experiencia alguna de lo que pudiese ocurrir tras la muerte.  Las discusiones se terminan en cuanto decimos: ”Vamos al laboratorio a medirlo unas cuantas veces, y luego pediremos que lo midan otros independientemente de nosotros”.

Pero parece ser, tremenda desgracia, tremendo error, que estamos olvidando esa revolución. La parte genética del ser humano quiere siempre mandar: Que otros crean algo porque -el- o -ella- lo dicen.  Esto empezó con las ideas del modelo estándar, siguió con las supercuerdas y hoy deriva en los multiversos. Estas tres cosas están diseñadas a la manera de lo que ocurrió hace miles de años en el Sinaí: ”Creed lo que os digo, porque lo digo yo”.  Los quarks, ingrediente básico del modelo estándar son inmedibles, por concepción, por definición, lo mismo que las supercuerdas o que los multiversos. El Higgs es inmedible, y solo tenemos de esa entidad efímera consecuencias de consecuencias de consecuencias, nunca podremos, por definición tener una medida directa de esa entelequia.  Y claro, no digamos los multiversos. De estos, menor ni mencionarlos.

Ahora aparece, en El Mundo del lunes 23/03/14, el análisis de unas minúsculas señales que pueden ser cualquier cosa, de algo que se supone pasó una única vez en el universo, y ocurrió, si lo hizo, de una forma radicalmente desconocida para nosotros, en unos intervalos de tiempo carentes de cualquier significación.

A las señales identificadas en el BICEP2 de la Antártida no se las puede someter a la prueba del laboratorio, como no podemos someter al evento que se sugiere las causó a una comprobación experimental, o al menos, como con el clima, a una observación de eventos repetidos una y otra vez.

Hoy día parece que un único análisis de unos datos que indican, en medio de un ruido fenomenal, unas posibles ondas, posiblemente procedentes de algo sobre lo que no hemos experimentado y que nadie mas que un grupo de científicos ha analizado son la ”detección de onda gravitatorias generadas instantes después del origen del universo”.  ¿Como se puede afirmar eso? Esto se parece demasiado a ”He detectado que en la punta de mi alfiler caben 6 ángeles”, y además han estado en esa punta un 0, coma seguido de 36 ceros  y un uno segundos”.  Hemos superado, menos mal, con la inversión que hemos hecho, ampliamente a las Salamanca, Bolonia y París del siglo XIII.

Tenemos una única imagen, formada con miles de millones de ondas electromagnéticas de tamaño centimétrico.  Y de esa única imagen sacamos toda la estructura del universo.  Como en la Salamanca del siglo XIII tenemos de nuevo el Génesis: Todo sale de una única palabra, que además duró una trillonésima de trillonésima de segundo (Por cierto, ¿cómo podemos asignar ese intervalo de tiempo a algo que se supone pasó hace 13600 millones de años millón mas o menos? En aquellos intervalos efímeros de tiempo no había relojes atómicos, ni nada para medir el tiempo.) Los procesos de aquella época -generan-, (hoy, no entonces,, en las palabras de un comentarista)  fluctuaciones estiradas.  Puede ser, pero me gustaría medirlo yo mismo. Si no es así, ¿Como aceptarlo? ¿Por la voz del Sinaí?

El fondo de ondas gravitacionales predicho y finalmente detectado por BICEP2, afianza la teoría inflacionaria y abre las puertas al conocimiento de la dinámica responsable de esa expansión acelerada que es la inflación. Yo pienso que lo haría si pudiésemos controlar la inflación, ver como se comporta en condiciones distintas, experimentar sobre ella,  repetir los experimentos.   Si no es así, ¿qué nos dicen esas ondas descubiertas entre una barbaridad de ruido aleatorio?

Este descubrimiento será seguido pronto por detecciones de otros experimentos.  Los científicos deberíamos ser maestros en el manejo del lenguaje. Esto que han filtrado los investigadores del BICEP2 no es un experimento.  Es la extracción de una señal observada y posible, oculta dentro de montañas de ruido. Pero no es un experimento.  Si yo veo morir un roble centenario, puedo deducir que hay una epidemia que ataca a los robles de más de 200 años.  Pero mientras no experimente, con robles en otras condiciones, con robles inmunizados, con otros tipos de árboles, no podré deducir nada concreto de esa única muerte.  Si una pastilla cura un cáncer, ¿Deduzco que esa pastilla cura todos los cánceres? Tendré que experimentar una y otra vez.

Los eventos únicos no son ciencia.  Y las observaciones no son experimentos.

No es que yo quiera limitar la ciencia a algo trasnochado. Es que podemos emitir cientos de teorías que expliquen un evento único, que mientras no se validen, y sobre todo, invaliden, mediante experimentos, son tan interesantes como las doctísimas y bien fundadas ideas sobre los ángeles de los sabios salmantinos del siglo XIII.

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El rechazo de la realidad de los cambios: Climático y económico.


Las ideas preconcebidas o las visiones implícitas del mundo.

Entre 1900 y 1914 los dominios de los Habsburgo  deseaban liberarse del control de Viena. Unos hablaban magiar, otros, eslavo, cada uno tenía sus deseos particulares. Lo razonable hubiese sido llegar a acuerdos de cooperación entre todos.  No pudo ser, porque en Viena no entendían ésto. En las mentes de los administradores vieneses estos deseos no eran malintencionados. Eran, sencillamente, incomprensibles. Si a un matemático del Renacimiento le hubiésemos dicho que podíamos operar con las raíces cuadradas de -1, con los números imaginarios, no hubiese entendido nada, como no habrían entendido lo físicos de principios del siglo XIX la noción de un tiempo relativo, de átomos y del campo electromagnético.

Las ideas, para ser inteligibles en cualquier momento del tiempo, deben integrarse en el esquema general de pensamiento, en la matriz mental, en las visiones implícitas del mundo que los humanos llevamos en nuestras mentes.

Es evidente que una onda de radio la longitud de la radio pesquera, 300 metros, no puede entenderse como flujo de fotones: Serían fotones de 300 metros de ancho. Un día, mencioné esto delante de una muchacha de no mas de treinta años, recién salida del horno de una carrera de física, y me miró con absoluta incomprensión en su cara: Para ella, las radiaciones electromagnéticas son flujos de fotones.

Estamos metidos, en la sociedad actual, aquí, en América, en Asia, en Oceanía, en África incluso, en un buen lío. Tenemos poca energía de alto rendimiento, y sobre eso tenemos la capacidad de producir millones de bienes, y servicios, con muy poca necesidad de trabajadores.  Si solo pagamos, y poco, a las personas que trabajan, no podemos vender lo que producimos, pues hay pocos (relativamente) que tengan la riqueza necesaria para comprarlo.  Las fábricas las trabajan robots. Evidentemente hay que hacer los robots, pero como con los chips de ordenadores, para los cuales dos fábricas en todo el mundo sobran para producir todos los que se necesitan, para producir robots basta con Alemania. ¿Qué hacemos los demás países?

En el siglo XX la visión implícita del mundo resolvía este problema como lo quieren resolver las autoridades venezolanas: Regalando riqueza por no hacer nada. Pero esto, como también se ve en Venezuela, no funciona.

?Qué podemos hacer?

Durante 200 años los prusianos, y tras ellos todos los alemanes terminaron por tener una ”Visión del Mundo” tal que les hacía pensar que eran los mejores, los más preparados, los más disciplinados, los más listos.  Cuando lanzaron la primera guerra mundial lo único que hacían, dentro de esa ”Visión del Mundo”,  era coger sus ”derechos”. Cuando perdieron la guerra no lo podían entender, y lanzaron otra, con genocidio judío incluido, dentro de ese ”derecho natural” que les proporcionaba su ”Visión del Mundo”.  Solo una derrota absoluta, sin paliativos, una destrucción completa del país consiguió eliminar esa errónea ”Visión del Mundo”.  Tras la segunda guerra mundial, los alemanes ya no se consideran los mejores, aunque, evidentemente, se siguen considerando como muy capaces en términos tecnológicos e industriales.

La ”Visión del Mundo”  de economistas y gestores sociales actuales, en casi todo el planeta, pero también y especialmente en España, es una cierta creada como la prusiana a lo largo de 200 años, esta vez de 1800 a 2000 mientras que aquella se creo a lo largo de los años de 1700 a 1900.  Es la ”Visión del Mundo”  de un sistema social en compartimentos casi estancos, con países intercambiando bienes y servicios, en situaciones de equilibrio, con respuestas a la inversión que suponen la generación de trabajo.

Esta ”Visión del Mundo” la tienen tanto los economistas liberales, los ecológicos, los marxistas, los neoliberales, de cualquier denominación, pues la economía que aún se enseña y se practica se creó entre 1800 y 2000, y aunque el mundo ha cambiado, esa ”Visión del Mundo” no lo ha hecho, cómo no lo había hecho la austriaca en 1914.

Cuando yo trato de comunicar a estos economistas, a estos gestores sociales que hoy los países ya no existen como compartimentos estancos,  que los bienes y servicios fluyen como lo hace el chorro polar, alrededor del mundo, con rozamiento, pero sin paredes, que la situación es dinámica, fuera del equilibrio, con realimentaciones positivas y puntos críticos, y que hoy la inversión, el capital, no tiene mucha relación con el trabajo, me miran como me podía mirar Leonardo de Pisa si le decía que era posible multiplicar por la raíz cuadrada de -1, o sumar al numero 3 esa raíz cuadrada. O los berlineses en 1900 si les hubiese dicho que como país, Alemania era igual que cualquier otro, incluidos los africanos, y en esto tristemente participaban Inglaterra, Francia, Bélgica, España y otros muchos, que se consideraban, evidentemente, superiores a esos países de, digamos, el sur de África.

En España se nos dice todos los días, varias veces al día, que los  inversores (se suele decir que internacionales, pero eso implica, por ejemplo, al Banco de Santander, cuyo negocio esta en un 80% fuera de España) están poniendo capital en el país. En la ”Visión del Mundo” al uso eso querría decir: puestos de trabajo. Pero estamos viendo que no es así, y no puede serlo. ¿Que vamos a producir con ese capital a y a quien se lo vamos a vender?

Necesitamos, en Economía, y en Gestión de las Sociedades, una revolución en la ”Visión del Mundo” económica y gerencial, similar a las revoluciones de Einstein, cuando anuló el concepto de tiempo absoluto, y de Planck y el mismo Einstein cuando cambiaron de una visión continua a una discreta del mundo físico, una revolución como la de Galileo, un cambio radical a la hora de analizar el mundo en que vivimos.

Exactamente lo mismo me ocurre cuando hablo del cambio climático. La ”Visión del Mundo” de los lectores les impide ver la realidad, como esa ”Visión del Mundo” de 1500 impedía a Tycho Brahe ver que era la Tierra la que se movía y no el Sol.

Para frenar el cambio climático, y para volver a la riqueza necesitamos hacer una revolución mental y no la estamos haciendo. Mi propuesta es clara: Abandonar las ideas de equilibrio en la teoría económica y substituirlas por un desequilibrio constante y dinámico. Abandonar las matrices que suponen un mundo lineal, y utilizar ecuaciones diferenciales no lineales y con retardo. Desarrollar una teoría económica global, no encerrada entre fronteras, y abandonar el incomprensible esquema de subasta entre agentes y su racionalidad, y como consecuencia de esto, los esquemas de oferta y demanda, que no funcionaron nunca en los siglos XIX y XX y es claro que hoy no hay nada mas lejos de ellos que la economía real

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¿Es el universo una simulación?


En un artículo en el NYT, Edward Frenkel, un profesor de matemáticas en Berkeley, se plantea esta pregunta.

Es claro que este Sr. es profesor de matemáticas y no es físico, aunque cita a tres supuestamente físicos, que ignoran la realidad de la naturaleza (física quiere decir naturaleza en griego).

Habla el Dr. Frenkel del teorema de Pitágoras, que es cierto existan o no los seres humanos.  Pero el teorema de Pitágoras es la sencillez misma, casi se puede decir que define la sencillez, los sistemas sencillos, no complejos, define lo contrario de los sistemas reales.

Se pregunta el Dr. Frenkel sobre qué clase de realidades pueden ser los teoremas matemáticos, y si existen en algún punto del universo.  Esencialmente los teoremas son resúmenes y extrapolaciones de las realidades físicas que existen aquí, allí y en todo este universo. Podemos construir triángulos rectángulos con altísima precisión.  En ellos, midiendo, se cumple, con la precisión de la construcción, que la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. No cuesta nada asumir que esto es así sea cual sea la precisión que podamos proporcionar. De esta manera el teorema de Pitágoras es una realidad construible.

El pasar de esta realidad construible a otras imaginaciones es como imaginar pegasos, centauros o dioses. Podemos hacerlo, pero es irrelevante preguntarse que en que parte del universo (el universo es todo, incluidos muchos mundos si de estos hubiese) están o si los podemos ver: Los vemos en las páginas de los libros, o en las pantallas de los cines, pero viendo imágenes bidimensionales  o esculturas de los mismos, no podemos verlos, tocarlos, sentirlos, olerlos, gustarlos.

¿Existen los centauros, las sirenas, los pegasos, los ángeles, los dioses?  Es decir, existen como existe una piedra?

La ciencia diseñó un método, el método galileano, para separar ángeles de los que caben zillones en la punta de un alfiler, de la realidad. Solo si podemos medir, de manera repetida, por personas independientes los sistemas, y solo si las medidas coinciden dentro de un margen de error, podemos decir que lo medido existe.

Todo lo demás son los cantos de las sirenas que atraían a Ulises.  O los centauros que educaron a Aquiles.

Sugiere este Dr. Frenkel que pudiéramos ser simulaciones de un extraterrestre del futuro. ¿Y?  Si podemos medir ahora, lo que medimos es real, el extraterrestre es un ángel, u otro centauro Quirón: Algo que no podemos medir, y por lo tanto que carece de existencia.

Sugiere este Dr. Frenkel que algunos matemáticos han simulado en los ordenadores sistemas minúsculos de rango nuclear. Estos sistemas son inmensamente sencillos, similares a construir con tres varillas de madera un triángulo aproximadamente rectángulo.

Las fuerzas de la naturaleza son no lineales, y amplifican cualquier fluctuación hasta escalas intergalácticas. Simular el universo es esencialmente imposible, pues exige proporcionar al simulador las condiciones iniciales correctas, pero estas varían constantemente, de manera que el programa de simulación no puede empezar nunca.

El problema de los matemáticos, y de los matemáticos metidos a físicos  es que han olvidado la realidad, que sabiendo lo que son las ecuaciones olvidan que esas no sirven de nada sin condiciones iniciales y de contorno, que están determinadas por otras ecuaciones que no sirven de nada  sin condiciones iniciales y de contorno que ……

Que han olvidado que el mundo real no son los sueños de la razón, que el mundo real es un sistema complejo, y que debido a la no linealidad de las interacciones naturales, los sistemas complejos no pueden estudiarse con las ecuaciones de los sistemas simples.

Los matemáticos puros, como los matemáticos que dicen hacer física, son similares a los teólogos, en tanto en cuanto olvidan o rechazan el método científico.

Estas elucubraciones deberían dejarse de lado, salvo si queremos volver a la Salamanca del siglo XV y las discusiones sobre el sexo y tamaño de los ángeles.

Ya sabemos el camino que recorrió España al mantener ese tipo de discusiones y cerrar, bajo el control de la Inquisición, el método galileano de la ciencia  a los desgraciados españoles. Un  cierre uno de cuyos efectos fue la miseria española que duró 300 años y que puede volver si reanudamos aquí o en los EEUU, la teología en vez de la ciencia.

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