Realimentación positiva: Necesitamos cambiar nuestro modelo mental


Una serie extensa de comentarios y artículos de opinión, basados en los recientes sucesos de violencia y crisis económica apuntan a un fallo notable, diríamos tremendo, en nuestro equipamiento mental para vivir en este mundo. Los dogmas heredados, y las teorías desarrolladas durante los últimos 400 años de construcción de un modelo del mundo son todos y todas estrictamente lineales. Los dogmas insisten en la idea de causa y efecto, y las teorías científicas en la idea de la predicción exacta a partir de condiciones iniciales perfectamente conocidas.

Pero el mundo es no lineal, las causas no producen siempre los mismos efectos, y las anomalías se amplifican. En la economía, cuando se entra en recesión la recesión se agrava: Al disminuir los ingresos se compra menos y al comprar menos disminuyen los ingresos, puesto que la que la economía, salvo por la inyección de energía, es un sistema circular en el cual el dinero que uno entrega vuelve a uno al cabo del tiempo. Si entregamos menos acabamos recibiendo menos y puesto que siempre hay disipación, el resultado es un deslizamiento rápido hacia la miseria, de unos, mientras los que empiezan la depresión con algo de capital, acaban haciéndose con los bienes de los demás, en el mismo problema de realimentación no lineal positiva.

Hay hoy un artículo en el New York Times sobre cómo la violencia genera cada vez más violencia, producto del miedo a la misma. En política, la división de las sociedades se amplifica, pues se destacan los agravios, en vez de los beneficios de la unión.

En los sistemas no lineales se amplifican las anomalías, cómo he dicho, y esa amplificación genera impredecibilidad  pues cualquier causa minúscula puede tener efectos enormes. En los sistemas no lineales debe utilizarse constantemente el principio de precaución, es decir, tener preparadas toda clase de alternativas plausibles ante la evolución impredecible de esos sistemas.

Frente a esta realidad del mundo, la ilusión mental nos hace aceptar los dogmas heredados, que son excesivamente simplistas, y las ideas lineales que son evidentemente falsas: Si trabajo el doble gano el doble, todo es predecible, no hay que preocuparse: Los jefes (desde el más inmediato hasta los dioses irresponsables) tienen todo previsto y cuidan de mi.  Estas ideas lineales han acabado permeando nuestros modelos mentales porque hemos construido máquinas que si las siguen, y pensamos, erróneamente, que la naturaleza, y nosotros, funcionamos como esas máquinas.

Necesitamos estudiar los sistemas no lineales, desde la escuela más temprana, para asumir su realidad como base de nuestro pensamiento, para asumir que no sabemos y que tenemos que aprender todos y cada uno de los días de nuestra vida, que tenemos que cambiar constantemente de premisas y ajustarnos minuto a minuto a la realidad cambiante, algo que ni el ciudadano de a pie ni el jefe de coche blindado son hoy capaces de hacer.

 

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La n-sima ley universitaria


Se va a pasar a todas las instancias burocráticas, en estos días, una n-sima ley de la ciencia, en vez de correcciones a defectos detectados en el funcionamiento de la educación universitaria.  La idea de -ley- es de origen bíblico, con connotaciones de cierre, de arreglarlo todo; y se estimula la idea gracias a la física determinista de los últimos 300 años, y su búsqueda de la -solución final-. Si la ley sirve para mejorar la universidad, hoy en estado de miseria, bien venida sea. Pero quizás las bases sobre las que se asienta la nueva ley no sean las mejores. Se mira a la universidad estadounidense (¿a cuales de ellas? El sistema universitario de los EEUU incluye todo tipo de instituciones) y se piensa que si las cosas funcionan allí, deben de funcionar aquí.

Pero los entes sociales no funcionan aislados, sino en un entramado que forma un sistema complejo no lineal de grandes interacciones de realimentación. Lo mismo que no basta derrocar dictadores en Egipto para que allí se implante una democracia similar a la establecida en Filadelfia (que incluyó la Guerra Civil americana) ,  ¿es una universidad americana la solución a los males universitarios dentro de un contexto social español?

¿Qué problemas tenía la universidad española cuando había dinero en el país? El único problema detectable era que no atraía masas de estudiantes asiáticos a sus aulas, y eso se debía más que nada a los problemas de inmigración de las autoridades españolas, no de las universitarias. Había otro problema, que se detecta hoy, y era que no generaba dinero propio. Eso se debía, y se debe, a que las donaciones, y creaciones de ‘cátedras’ con nombre no están desgravadas fiscalmente en España como lo están en los EEUU.  Y no solo eso: La falta de consecución de proyectos de tipo industrial por parte de los universitarios no es consecuencia de la falta de productividad universitaria, ni siquiera ahora, en medio de la pobreza: Innumerables veces nos hemos acercado a empresas para proponer proyectos de desarrollo e innovación, para encontrarnos con que las empresas españolas viven a base de subvenciones del estado: Ellas no ponen un duro de su capital para investigación. Asumen, como cosa natural, que la financiación sale de las arcas del estado, pero que los beneficios de esa investigación se quedan en la empresa que algo devuelve en forma de impuestos, y de la palabra mágica: ‘puestos de trabajo’.

Si la nueva ley, que se acatará, pero en buena tradición española, y como ocurre con ”Bolonia”, probablemente no se cumpla, o se cumpla a medias, si la nueva ley consigue que las grandes fortunas de este país donen fondos amplios para educación e investigación, como las cátedras ”Melissa y Bill Gates”, por ejemplo, o funden universidades como la Carnegie-Mellon University, y consigue que las empresas, desde sus propios fondos, con su propio capital, promuevan programas de investigación dentro de las universidades, sin subvenciones estatales, entonces será una muy buena ley universitaria.

Si lo único que cambia es el nombre del Rector, o que los doctorandos deban intercambiarse como cromos entre universidades, pero no cambia los esquemas sociales de financiación, ni el contexto social en el que se mueve la universidad, será la n-sima ley que cogerá polvo en los estantes de las bibliotecas legales españolas.

 

 

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Reforma Universitaria y la Resiliencia de la Universidad


Es este un artículo que desarrolla un post de mi blog Clima en El Mundo.

Viene esto a cuento de otro artículo publicado por el suplemento ‘Campus’ del 30 de Enero de 2013, de El Mundo, en el cual se asumen las ideas de un profesor español en los EEUU que parece desconocer tanto el funcionamiento de la universidad española como el de la estadounidense.

El problema de la universidad española, cómo el de muchas otras instituciones de nuestro país estriba en el olvido de sus definiciones. Si queremos saber si algo funciona o no, debemos preguntarnos qué es, cual es su definición.

La universidad -no- es una oficina de formación para el empleo. Es lógico que los profesionales bien capacitados dirijan empresas e institutos, y algo de esta capacitación la proporciona la universidad, pero la universidad no es eso. La universidad es una institución que crea, conserva e imparte ciencia. Crea la ciencia mediante el estudio y la investigación, de sus profesores. La conserva para la posteridad en sus bibliotecas, y la imparte en sus clases. Estas tres cosas, indefectiblemente unidas e inseparables, se pueden conseguir de multitud de maneras posibles, sin existir un corsé rígido, anglosajón, teutónico, galo o ibérico que sea -el mejor- para ello.

Analicemos someramente los puntos del artículo de ‘Campus’ mencionado arriba. En él, comentando sobre la selección de profesorado,  se cita a ese profesor español radicado en los EEUU: ”todo el sistema de baremos para la selección de aspirantes es una ridiculez que no existe en el mundo civilizado”. Suponemos que el mundo ”civilizado” se refiere a las universidades americanas, y que las universidades francesas, por ejemplo, no forman parte del ”mundo civilizado”.  Empecemos diciendo que la idea de ”las universidades americanas” es, cuando poco, engañosa. Hay miles de esas universidades, desde las más pijas, como Harvard, a las que producen ciencia como Stanford y Caltech, a universidades privadas con 200 alumnos. ¿Cuales son las ”civilizadas”? ¿Son ”civilzadas” las universidades francesas, prestigiosas, que utilizan un sistema de baremos para la selección de sus aspirantes?

En los EEUU se evalúa, en realidad, a los candidatos, mediante sistemas tan cuantitativos como en España, quizás distintos en distintos estados, como son distintos en Francia, Inglaterra y España, pero los baremos existen, vaya si existen. Y es tradicional en las universidades estadounidenses que si alguna de ellas quiere potenciar una línea de investigación, contrata a un profesor y a los ‘amiguetes’ de éste, es decir a quien éste seleccione para desarrollar de la mejor manera la investigación deseada. ‘Amiguetes’, que en realidad son los mejores investigadores para el desarrollo de una tarea, los hay en todo el mundo. Porque es claro que si un profesor quiere seguir una línea de investigación que él dirija, debe poder ser él quien seleccione a los que la desarrollen, es decir, a sus ‘amiguetes’.  ¿Quien los va a elegir? ¿Un comité de ‘sabios’ que del tema no saben nada?

Una diferencia importante, no solo entre la universidad ibérica y la gala, sino entre nuestras universidades, digamos sureñas, y las teutónicas y anglosajonas, es la libertad de salarios en éstas últimas, salarios que se negocian entre universidades y profesores, libremente. Esto sí sería interesante implantar en España. Pero para ello también debería ser libre el coste de la matrícula de cada universidad. Ahora bien, ¿Es pensable este sistema en España, no en la universidad española, sino en el estado que se llama España? Si fuera posible, se podrian contratar también funcionarios de Hacienda con salarios negociados, jueces y fiscales que negociarian sus salarios con el ministerio de Justicia, etc. etc.  El sistema funciona como un todo, no solo es la universidad la que funciona de una manera, sino que la universidad esta dentro de España.

Una de las diferencias reales entre las universidades estadounidenses y las españolas es la financiación, pero ésta no es peculiar de la universidad, como digo, sino de la sociedad en la que la universidad está inmersa. Si queremos cambiar ésto, tenemos que cambiar las reglas sociales. En los EEUU una parte substancial de la financiación universitaria fué, durante décadas, el ejercito americano. Hoy sigue siendo el estado federal a través de proyectos de investigación la institución que financia en buena medida la investigación en la universidad. Otra parte, muy importante de la financiación es la matrícula de los estudiantes, que pagan de verdad su enseñanza, tanto en universidades públicas como privadas. Estas dos cosas no son ‘la universidad’ sino la sociedad en la que está inmersa. ¿Queremos en España cobrar 20000 euros anuales a los estudiantes universitarios?

La movilidad de los estudiantes es también esencial, pero …. en los EEUU jóvenes de 16 años se mudan a esa edad de Nevada o Wisconsin a California para optar por una plaza en alguna de sus prestigiosísimas universidades públicas. Hay movilidad, en los EEUU, pero menos. Y ¿cómo elegimos a los estudiantes en cada universidad? ¿Cómo atraemos a ”los mejores ” (suponiendo que sepamos lo que son ”los mejores”)?

Hay universidades de los EEUU que tienen premios Nobel entre su personal. Lo tienen por el procedimiento de pagar a un premio Nobel un salario por figurar en el cuadro docente, aunque solo imparten una conferencia anual, y es claro, no dan ‘clase’. Estos premios Nobel sirven de gancho para atraer alumnos. La universidad de Villapampanos de Abajo podría atraer a los ‘mejores’ alumnos de Medicina si pagase a 3 premios Nobel de medicina para que figurasen en su cuadro docente. ¿Estamos dispuestos a hacer ésto?

En cuanto a los precios de las universidades ‘publicas’ se reclama en el artículo en cuestión libertad para fijar precios. Aqui tenemos dos problemas. A) Las universidades privadas españolas ya tienen ese sistema de libre fijación de precios, y ni atraen a los ‘mejores’ estudiantes, ni tienen los ‘mejores’ cuadros docentes. B) Las universidades pueden poner precios muy elevados, y perder casi todo el alumnado, o proponer precios bajos y conseguir 100.000 estudiantes. El sistema de mercado es algo tremendamente ineficiente, cómo vemos hoy en día en España: Las empresas de coches no venden coches. ¿Bajan los precios las empresas de coches? ¿Donde esta la ley de la oferta y la demanda? Fiemos algo a las ¿leyes? de mercado. pero tomémoslas con un poquito de sal y pimienta.

En cuanto a la foto del artículo, las procesiones de Doctores vestidos con la toga, la muceta y el birrete no son muy distintas de las ceremonias de graduación de los estudiantes americanos vestidos de la misma manera, o las lecturas de tésis en las universidades holandesas. Se puede mantener una tradición y ser punteros en, digamos recombinación de ADN.

La ‘Reforma Universitaria’ no va por esos caminos. Los profesores universitarios se matan, casi todos, por hacer investigación y docencia, trabajando 7 dias a la semana 8 horas reales de trabajo diario. Para una gran calidad universitaria no hace falta una nueva ley. Basta con apoyar sinceramente a quienes en la universidad trabajan por la misma, basta, realmente, con aceptar lo que es una universidad: Una institucion para crear, conservar y enseñar la ciencia. Si, con la ley existente, se hace eso, la universidad española llegará a los puestos altos de los ‘rankings’. Si se desprecia la creación de ciencia, y su enseñanza, en la ley actual, o en cualesquiera leyes futuras, seguiremos en la universidad que corresponde al país en el que está.

 

 

 

 

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¿Una ciencia nueva?


Es perfectamente sabido que las épocas de crisis son las épocas en las cuales se puede innovar. Durante las épocas de bonanza los ‘bosses’ mantienen sus doctrinas, haciendo asumir a los alumnos (y a la población en general) que así son las cosas, que así se hacen. Es el mismo argumento que el de las picaduras de serpiente causadas por las fases de la luna: El aumento de picaduras puede ser -concomitante- con esas fases, sobre todo por la ausencia o presencia de luz, pero la posición de la Luna no -causa- las picaduras de serpiente.

En un mundo que no acaba de quitarse de encima la genética, es decir, las ganas de mandar, de imponer los criterios, el que alguien domine una técnica, una doctrina, le hace querer rechazar las demás para mantener la suya, no porque existan pruebas en el laboratorio de que sea cierta, sino porque es la que ella o él domina.

Es una ilusión, como la de los Reyes Magos, pero quizás en esta época de crisis (que se va a prolongar muchísimo, pues la energía que podemos recuperar hoy no es la que necesitamos para que 7000 millones de personas vivan como hemos vivido los occidentales durante 30 años) podamos superar los impulsos genéticos tribales y sobreponer a ellos la razón, la cultura, frente al impulso animal de ‘quítate tú para que me ponga yo’.

En el dominio de la ciencia, ¿Cómo podría ser una ciencia nueva??

En primer lugar, la nueva ciencia debería ser, ante todo, evolutiva: Es decir, los científicos deberían renunciar a las teorías del todo, a las teorías finales, al equivalente de los dogmas revelados. No hay ciencia final, y siempre descubrimos fenómenos nuevos. Las teorías del todo que propone gente cómo Hawking, son engañifas mentales que debemos rechazar.  La historia de la ciencia enseña, para los que quieren aprender, que no hay teorías finales.

Una de las preguntas que me hago yo siempre es por qué una cierta revelación, obtenida en secreto en Arabia en el siglo VI, o en Nueva York en 1820, es la verdad final. ¿Que argumentos hay para ello? Que distingue al año 1820 de 1821?  En la ciencia, Tycho Brahe ‘sabía’ que su teoría era la correcta, hasta que llegó Kepler. La ciencia de Newton y Laplace era la correcta, hasta que llegó Einstein. La teoría de Maxwell de la radación electromagnética era la correcta, hasta que Planck y Einstein descubrieron que las cargas aceleradas no radian.

Si ésto es así, ¿Por qué ha de ser la mecánica cuántica de Schroedinger y Dirac, de Feynman y Schwinger, de Gell-Mann y colegas la teoría correcta, y no una proximacion más a la realidad?

De la misma manera, la teoría de los genes es correcta, pero no la última palabra, y la teoría de Darwin es seguro que se mejorará. Lo mismo ocurre con todas las teorías estáticas que describen al sistema complejo que es la sociedad, con todas las teorías ecoómicas lineales que aun nos gobiernan hoy.

La nueva ciencia debe poder ir cambiando sus postulados, sus leyes, según van apareciendo nuevos datos.

Por otro lado, la nueva ciencia debería resolver todas sus cuestiones. Pongamos tres ejemplos, del campo de la física. El problema de la turbulencia se planteó hace ya 150 años. No conseguimos resolverlo con el paradigma científico que tenemos, con el bagaje intelectual de que nos hemos dotado. En la mecánica cuántica, Schroedinger se propuso resolver el problema de las órbitas del átomo de hidrógeno. No lo resolvió, pero los científicos se declararon satisfechos con el reconocimiento de su incapacidad para hacerlo. ¿Qué ciencia es aquella que rechaza las preguntas?

Si yo pregunto ¿cómo es el movimiento del electrón en la órbita fundamental en torno al protón en el átomo de hidrógeno? se me responde: El electrón no se mueve, es una ????? que está por ahí. ¡Calla niño, esas preguntas no se hacen! Pero yo hago la pregunta y ¡no la encuentro en ningún texto, en nigún artículo! ¿es eso ciencia?

En cosmología, las órbitas de tres cuerpos de masas similares pero no iguales, sometidos a la interacción gravitatoria mútua, es un problema sin resolver: La ciencia se siente satisfecha reconociendo su incapacidad. Incluso en el caso inmensamente sencillo de 2 (¡dos!) péndulos de longitudes y masas diferentes, pero acoplados (uno cuelga del otro), no tenemos solución para las ecuaciones. Y la ciencia deja este problema para buscar otros. En los libros de texto son escasísimos los problemas realmente difíciles que, no se resuelven, sino que ni siquiera se exponen.

La ciencia, orgullosa de sus capacidades, corre un tupido velo sobre sus ignorancias.

La ciencia nueva debería ser capaz de resolver todos los problemas que se propusiera, sin dejar cuestiones sin resolver en su camino.

La ciencia nueva debería aceptar la realidad de la incertidumbre, no cómo resultado de un esquema místico en la naturaleza, sino como resultado natural y explicable de la interacción de números muy grandes de agentes interaccionando todos con todos entre sí. Como mejor ejemplo, reconociendo que no existe ”el átomo de hidrógeno” sino quintillones de átomos de todos los elementos, y que el estudio de lo que ocurre en el interior de un protón es indiferente para entender lo que ocurre cuando un zillón de protones interacciona entre sí.

Esto en la física. En la ciencia económica hoy se está, por fín, analizando el caso de interacciones de millones de agentes entre sí, pero los modelos son aun escasos. Los modelos más habituales siguen aún con la ficción de que lo que interaccionan son dos agentes, ¡racionales! que disponen de toda la información necesaria y que no cambia en el tiempo.

Necesitamos en la ciencia,  como necesitamos en la política, por poner un ejemplo de hoy, abrir las cortinas y enseñar lo que hay en la casa. Solo así podremos avanzar de verdad.

 

 

 

 

 

 

 

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El deseo de miseria


 

En una etapa social, la de la sociedad medieval, no solo se aceptaba la miseria, sino que se estimulaba, pues los pobres daban a dios la posibilidad de mostrar su compasión, y a los ricos, la posibilidad de ganar indulgencias mediante la limosna.

La destrucción de la educación y de la investigación, dos objetivos claros del actual gobierno (por sus hechos los conocereis) llevan a la miseria de la población.

La población no ha conseguido salir, en España, yen 2013, de una cultura pueblerina, porque la educación no se estableció para conseguir una visión cosmopolita del mundo y hoy, con la destrucción del sistema educativo, mucho menos aún. La visión que tiene el español de la vida, de la sociedad, de los objetivos vitales, es la de las autonomías de España: La reconstrucción de pueblos minúsculos, encerrados entre sus paredes, hablando una lengua de 4 millones de personas y sin querer saber nada del sistema global, de la sociedad general del planeta. La visión mísera, en vez de la visón global.

No es posible interesar a la gran mayoría (digamos un 99.99%) de la población española en los problemas del mundo, y se queda, esta mayoría, en los problemas de su familia, de su patio de vecinos, de su barrio, de su -pueblo- y pare usted de contar. Si se interesa por el fútbol, se interesa por su equipo, o como mucho, por algún equipo tribal (Madrid, Barça). Se interesa por su cofradía, por sus ferias.

Hablar a esta población de cambio climático, de economía, del desarrollo de la China y de la India es como hablar en chino (y nunca mejor dicho).  La furia es inmensa si muere alguien de su tribu particular, la indiferencia es total si la muerte es de otros.

La educación que se proporcionó a lo largo de 34 años se basaba, en su aspecto más profundo, que ha coloreado toda ella durante estos 34 años, en el -desarrollo de la persona-, pero nunca en la -responsabilidad- de la misma frente a las ingentes cuestiones a las que se enfrenta esa misma persona como miembro de una sociedad global. Desarrollo significaba aprender a bailar, a tocar algun instrumento musical, a viajar, e incluso cuando la educación era técnica, en la universidad, a desarrollar habilidades individuales.

Este desarrollo personal, que es una responsabilidad -personal- y no del estado, ha substituido al desarrollo de la responsabilidad social, y al conocimiento profundo del mundo en el que esas -personas- viven.

El resultado es ideal para el ejercicio de la -democracia- entendida ésta como una justificación mediante el voto de ignorantes de los deseos y caprichos de los gobernantes ( a todos los niveles) votados por ellos, por unas personas que solo se interesan en esa -democracia- para satisfacer, no su responsabilidad social, sino -su derecho personal- a ese voto.

Nos va de miedo. Solo somos 6 millones de parados, o mejor dicho, x millones de parados e y millones de trabajadores en negro, que satisfacen -sus- necesidades olvidando las de los demás: El fruto de 30 años de educación.

¡Nos va de miedo!

 

 

 

 

 

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2012-La Ciencia en España


En 1570 España eligió la vía de la Inquisición, el Índice de libros prohibidos y la persecución a los humanistas. Tras la condena de Galileo por la Inquisición, en 1633 se dictó la orden de que en España no se enseñase el heliocentrismo. Poco a poco, y pesar de las investigaciones geográficas y de ‘Historia Natural’, España fue quedando apartada de las corrientes científicas del mundo, lo que se exageró de manera tremenda en el siglo XIX, llegando en 1906 a la frase lapidaria de Unamuno ‘¡Que inventen ellos!’, pidiendo para España el desarrollo de la mística nebulosa y una literatura basada no en la vida sino en la muerte.

En 2012 el gobierno español de mayoría absoluta del Excmo. Sr. D. Mariano Rajoy, y con la excusa de una crisis económica de efectos reales pero de causa ficticia, ha decidido, como hace 400 años,  dar un tremendo hachazo a la ciencia y a la educación en nuestro país. La ciencia crea seres humanos libres, aventureros, dispuestos y entusiasmados por encontrar cosas nuevas, nuevas tecnologías, pero tambien nuevas formas de organizar la sociedad, de la misma manera que en 1630 había españoles que pensaban que otra forma de vida era posible, libre, sin imposiciones, sin dogmas y sin las obscuridades del ‘misticismo’.

La ciencia en España ya sufría antes de 2012: En vez de una ciencia que buscase ideas nuevas era una ciencia que perdía miles de preciosas horas en tratar de conseguir una financiación que se había convertido en un complemento salarial más. Solo se concedía esa financiación para investigaciones ya hechas y para completar ideas gastadas, nunca para abrir caminos nuevos a la ciencia. Los rechazos a las propuestas de investigación incluían siempre la frase: ”Los resultados no estan garantizados”, invalidando con la misma toda la realidad de la investigación, que es una aventura intelectual en la cual los resultados NO están garantizados y de hecho ni siquiera se sabe cuales pueden ser.

La mejor imagen de la ciencia es el viaje de Colón, en el cual los resultados no estaban garantizados y además no fueron los que se buscaban, pero si fueron los que se necesitaban para la sociedad humana. España hizo entonces investigación de verdad, y la hizo desde 1492 hasta 1570: 78 años. España, con el paréntesis de la guerra civil y los años que la siguieron, ha hecho investigación durante 70 años. De la misma manera que se cerró la investigación en 1570 y se forzó una educación para formar eruditos que frenaban de cualquier manera la innovación, hoy se está repitiendo el proceso. Entoces fue la Inquisición. Hoy es la mordaza económica estatal la que cierra laboratorios y fuerza a los científicos a emigrar sin vuelta. Un familiar lee su tesis en física de partículas el 1 de Febreo de 2013. El 2 de Febrero está en Alemania trabajando para un instituto de allí. Todos nuestros alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Alcalá emigran al acceder al título. La formación que España ha pagado se rentabiliza en Alemania.

La mordaza económica es real como mordaza, pero una tomadura de pelo como excusa para el cierre. La ciencia y la educación son tremendamente rentables, lo que no es el caso de los sueldos y prebendas parlamentarias, el dinero disipado en sistemas de oligopolio, en empresas privadas que no compiten pues están protegidas por el sistema estatal, las televisiones que solo son gasto y nunca producción etc., etc.

Las universidades españolas no solo no apoyan a sus alumnos. Los profesores con ideas que quieren montar start-ups para traer dinero a las mismas, y generar empleo de los alumnos egresados se encuentran con tales reticencias políticas que el número de start-ups es infinitesimal.

La ciencia es la aventura del pensamineto, la innovación, la vida, la creación de riqueza.  Y en los gobiernos españoles la idea es destrozarla.

Las conscuencias, como las de la decisión de 1570: 360 años de miseria. Lo veremos.

 

 

 

 

 

 

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Necesitamos investigación, innovación, y para ello, enseñanza.


Estamos estos días asistiendo a dos procesos que nos distraen de los problemas reales de nuestras vidas y nuestro futuro. Mientras se desarrolla la pelea de machos dominantes en los montículos del paisaje español como lo hace en las sabanas africanas entre los papiones y monos semejantes, y mientras se retira el dinero productivo para convertirlo en deuda que solo genera intereses para los financieros, el esquema productivo interno cae sin cesar, en la más pura tradición española, la tradición que llevó a la destrucción sistemática del conocimiento en una estructura sin fisuras que se extiende desde 1560 hasta digamos, 1930.

La economía de un país puede ser extractiva o productiva, como bien dice Acemoglu, citando a otros muchos. En la economía extractiva, unos pocos viven bien extrayendo los recursos de una mayoría de pecheros que trabajan para ellos.  Las economías extractivas acaban agotándose, como se agotó la mina del Potosí en Bolivia.

En una economía productiva la riqueza se reparte, no equitativamente, pero si de manera dinámica, entre toda la población, y esa riqueza se recrea constantemente. La diferencia es la misma que entre el petróleo (extracción) y la energía solar (reparto y reproducibilidad). El petróleo da riqueza extrema a unos pocos y acaba agotándose como las minas de Rio Tinto, mientras que la energía solar puede permitir el acceso de muchos a la riqueza, a una riqueza esencialmente eterna, aunque nunca ofrecerá la opulencia concentrada del oro negro.

La economía productiva exige producir, claro, y exige, sobre todo, innovar. Los suelos se agotan y hay que cambiar el sistema de rotación de cultivos. Las minas se agotan y es preciso descubrir nuevos procesos. Los trabajos acaban haciéndose mucho más baratos en tierras lejanas y hay que inventar telares y barcos rápidos para mover los productos, ……

La economía extractiva está siempre satisfecha con el ”que inventen ellos”, obteniendo de los que inventan el producto acabado y, según Unamuno, devolviendo algo mucho mejor: la idea de la vida, la mística.

La idea, como idea, esta bien, pero el problema es que las ideas son gratis, las ideas las regalamos, y los productos los pagamos, aunque sean productos de software.  Los turistas se lo pasan en grande, con nuestro sol, nuestro arte, nuestras fiestas, pero no los compran.  Dejan algo de dinero, pero la diferencia es que para vivir -tenemos- que comprar las máquinas alemanas, o el software americano, pero nadie -necesita- unas vacaciones en España, que además solo dejan riqueza a una parte pequeña de nuestra población.

Las regiones ricas, las zonas que han repartido riqueza entre sus pobladores, pero sobre todo, que han incrementado el número de personas que acceden a niveles de una riqueza relativa,  han sido, desde el comienzo de los tiempos, aquellas que han desarrollado productos vendibles cada vez en mayor medida, en calidad y también, en algunos casos, en cantidad. Y para aumentar la calidad de los productos ampliando el espectro de los usuarios es -indispensable- la innovación.

Es una cuestión de definición: Lo tradicional, lo de siempre, lo de antes, es que X personas, y no más de X, disfruten y sigan disfrutando de un cierto nivel de riqueza. Lo -nuevo- es que haya cada vez más personas que accedan a ese nivel. Los que apoyan lo -tradicional-, lo -místico-, son aquellos que ya disfrutan de un cierto nivel de riqueza, y no tienen el mínimo interés en que ese nivel crezca hacia otras personas: En una palabra, los egoístas.

Pues bien, si para aumentar el nivel de riqueza se necesita innovar, para encontrar cosas nuevas se necesita investigar y para poder investigar con rendimiento, se necesita enseñar y estudiar.

Un país que decide desmontar la educación, deshacer la investigación, es un país que opta por la -no- innovación, por dejar las cosas cómo están. Es decir, que opta por mantener el nivel de pobreza, el número de parados, y los recortes en vez de la producción, el empleo y la creación de riqueza.

A los pocos que extraen, les es indiferente que los pecheros tengan más o menos.

Solo en las sociedades productivas el interés de los que más tiene es que también tengan más los que tienen menos, pues así estos les compran. Pero este interés no está presente en las sociedades extractivas. Este interés parece que no está presente hoy entre los ricos de España: Venden sus productos en el extranjero (las exportaciones son lo único que crece) y no hay en menor interés en que los españoles accedan algo de riqueza para comprar productos aqui dentro. Es claro que estamos marchando a ritmo acelerado de nuevo hacia una sociedad española extractiva: Impuestos a los pecheros, ventas hacia el exterior.

En España, basta con leer historias como las de Rosa Tristán sobre los buenos investigadores que tienen que emigrar a otras tierras, a sociedades productivas, para darse cuenta de en que sociedad estamos. Es una sociedad que solo quiere extraer para impulsar los gastos superfluos, los coches oficiales, los sueldos de parlamentarios, la basura televisiva, …. No quiere realmente producir para generar riqueza para todos.

El cerrar la investigación es cosa de extractores, no solo aquí, sino en los EEUU. El equipo de Romney quería recortar en ciencia y en investigación sobre energía. El mayor financiador de la campaña de Romney era un señor en quiebra que nos está engañando con el señuelo de querer  montar un casino en Madrid, algo que aquí se aplaude: Montar casinos está bien, mantener y aumentar la innovación, la ciencia no lo está, para muchos, en Madrid.

En un casino, el ejemplo perfecto de sociedad extractiva, el único que gana es el dueño, por definición. Un casino en España es mover el dinero sin aumentar la riqueza, y la parte de ganancias, enviarla hacia Las Vegas, Nevada, EEUU;  una forma de coger la riqueza de los españoles y llevarla hacia afuera.

En una sociedad innovadora, productiva, ganamos todos.

¿Que sociedad queremos, extractiva, productiva? ¿Queremos la investigación?

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La ciencia. La ciencia de hoy.


La naturaleza siempre ha sido un desafío intelectual para el ser humano. Nos empezamos preguntando que eran los astros, cómo se movían los objetos, cómo pensábamos, por qué podían volar las aves y vivir los peces en el agua, ….. Miles y miles de preguntas.

La ciencia es un método, descubierto y desarrollado por Galileo, para responder a esas preguntas, y necesita un ingrediente esencial, que es la regla denominada de la ‘cuchilla de Occam’: La explicación debe ser sencilla, la más sencilla posible, y siempre más sencilla que lo que tratamos de explicar. Si nuestras explicaciones son más ininteligibles que el fenómeno que queremos conocer, o la explicación solo la entienden 4 personas en la Tierra, debemos rechazar esas explicaciones pues, evidentemente, no son tales, no son ciencia, sino misticismo y esoterismo.

Cómo he descrito en un post anterior, (”El misterio llega hasta la ciencia”) la descripción topológica de Ruelle de la turbulencia es más difícil de entender que la propia turbulencia, que es lo que quiere explicar. En física teórica (o más bien, matemáticas aplicadas a la física) se desarrolla, con un lenguaje de absoluta seguridad sin la duda permanente  que forma parte de la ciencia, la idea de que las fuerzas se podrían unificar en universos de 10-11 dimensiones y un número más que astronómico de parámetros, en unos desarrollos esencialmente, es decir, en su misma esencia, no falsables, ni verificables experimentalmente. Entender la teoría de supercuerdas o de las membranas M es mucho más difícil que entender el propio universo, sencillamente porque la teoría no tiene nada que ver con la realidad del laboratorio.

Adicionalmente, en un ansia levantina, cristiana, existe un empeño en que haya una sola fuerza que englobe a las demás, una a modo de trinidad, un solo dios y tres personas distintas, una sola fuerza y cuatro realizaciones: Gravedad, electricidad, fuerza fuerte y fuerza débil.

La existencia de ese nuevo dios con cuatro personas es la existencia de un dios estático, como el de los sufíes, o el de Spninoza, un dios que no actúa. Son teorías para tratar de entender la estática de las partículas, pero no se preguntan el resultado de la interacción de 10^60 de esas partículas, qué hacen, cómo explican el mundo que nos rodea,  ese mundo que la física no es capaz de explicar (los resultados para sistemas reales son tan escasos que se cuentan con los dedos de dos manos, las soluciones exhibidas lo son siempre de sistemas ideales).

Un ejemplo, de tan escasa importancia práctica como la teoría de las supercuerdas, pero de tan escasa solución como ellas: Según Galileo, dos esferas, del mismo radio, con el mismo pulido superficial, una de plomo, otra de madera de roble, caen exactamente igual, con la misma aceleración desde una torre hasta el suelo. Y asi es en cualquier experimento.  Según Galileo un plumón debería caer exáctamente con la misma aceleración que las bolas. Sin embargo muchas veces sube, y su trayectoria no es predecible por la física de hoy.

Por otro lado, al contrario que las supercuerdas, la caída de la pluma es susceptible de experimento, mientras que no lo es la teoría de aquellas.

Coger hoy día un artículo de economía es meterse en un berenjenal, en un campo de zarzas en el que avanzar significa destrozarse la piel. Y cuando uno ha conseguido entender lo que quieren decir los autores, lee con desesperación que los resultados obtenidos no son verificables en la realidad, ni la teoría es falsable; se hace evidente qué, como la caverna de Platón, los resultados son la sombra de la realidad, dependiente del lugar en que se pone el foco luminoso (ésto me lo contó un amigo economista, F. Pablo).

La naturaleza es compleja, pero no complicada. La turbulencia no tiene deltas de Dirac, es un fenómeno intermitente pero continuo, la economía no precisa de formalismos ‘a la Bourbaki’, la ciencia debe de ser más sencilla en su descripción que la naturaleza que quiere describir. Necesitamos un lenguaje, evolutivo, radicalmente nuevo.  En buscarlo estamos unos cuantos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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La desconfianza


En una seccion del libro Alicia en el País de las Maravillas, el Unicornio dice a Alicia: ‘Yo creeré en ti si tu crees en mí’. Estoy rellenando estos días cuestionarios informáticos muy mal diseñados por personas que quizás (solo quizás) sepan programar pero que seguro no han dado clase en su vida. Y todos esos cuestionarios, como los que es preciso rellenar para solicitar apoyo económico para la investigación, rezuman una absoluta desconfianza.

Yo supondría que si he ganado una plaza de catedrático tras una serie exhaustiva de pruebas, y llevo 30 años dando clase y realizando investigación, sé lo que tengo que hacer, o al menos lo sé mejor que aquellos que van a juzgar si he rellenado bien los formularios.

La idea del control debe ser, si existe, recíproca. Es esta una de las muy malas prácticas de la actual aceptación de artículos científicos para publicar basados en la falacia del ‘peer review’, en el cual no hay reciprocidad. Si a mí me evalúan un cuestionario ciertos ‘expertos’ sobre másteres, yo tengo el derecho de evaluarlos a ellos sobre lo que han evaluado. Si no es así la evaluación se convierte meramente en un acto de imposición arbitrario. Y si el argumento es que los evaluadores son personas de reconocido prestigio y honradez, exactamente eso mismo ocurre con aquellos que son evaluados: Son personas de reconocido prestigio y honradez, lo mismo que sus evaluadores.

Cuando yo superé las pruebas oficiales para la adjuntía y la cátedra, las pruebas eran públicas y los tribunales tenian caras y apellidos. Hoy las acreditadiones son inquisitoriales, es decir, secretas, y por lo tanto, arbitrarias. Exactamente lo mismo ocurre con los peer review de las revistas científicas, que al ser secretos, adquieren la misma calidad que tenían los tribunales de la ‘Santa Inquisición’.

En aras de una buena educación y una ciencia de calidad debemos volver a sistemas públicos, abiertos, de evaluadores conocidos, y evaluaciones recíprocas. La sociedad tiende, de manera natural, a la arbitrariedad. Es por esto por lo que en países más ricos que el nuestro se establecieron los sistemas de controles recíprocos y continuos entre todo tipo de instituciones. En España, los recuerdos de los secretos inquisitoriales flotan en las mentes de todos.

 

 

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¿ Ha sido la ciencia oficial un lujo del siglo XX derivado de una energía de muy alto ERoEI?


¿ Ha sido la ciencia oficial un lujo del siglo XX derivado de una energía de muy alto ERoEI?

(ERoEI: Energía recobrada dividida por la energía invertida para obtenerla)

Alrededor de 3000 años antes de la Era Común Egipto empezó a vivir una era de muy alta abundancia, es decir, a disfrutar de energía de ERoEI alto (en términos relativos al ERoEI de la mera caza y recolección) muy probablemente al desarrollar un sistema de irrigación que permitia capturar eficientementede manera controlada la energía solar.  Esta energía de alto ERoEI se fué incorporando al sistema de forma  que en la cuarta dinastía, y antes de un exceso de población, permitió desarrollar las grandes infraestructuras de las piramides. Algo similar sucedió en Mesopotamia, y en Atenas cuando descubrieron las minas de plata de Laurion. Cuando se agotaron, se terminaron las obras públicas. España mantuvo el lujo de guerras interminables gracias a la mina de plata del cerro rico del Potosí. Una vez agotado, España entró en bancarrota.

La energía de Egipto y Mesopotamia era de alto ERoEI (relativo) pues se obtenía una gran abundancia de energía capturada en forma de grano con una inversión mínima ya que tres de los ingredientes naturales, el sol, el agua y el barro fértil, llegaban a las riberas del Nilo sin esfuerzo alguno por parte de los cultivadores.  Las energías (equivalentes a la plata) de Laurión y Potosí se obtenían con una inversión mínima mediante sistemas de esclavos, que morían como chinches pero que suponían una inversión baja.

El carbón español se encuentra a gran profundidad. El ERoEI de este carbón, sobre todo en el siglo XIX era muy bajo, mientras que el carbón inglés se extraia en 1800 casi sin esfuerzo en minas de poca profundidad. El petróleo de Ohio y Pennsylvania, origen de la fortuna de Rockefeller, y su heredera, Exxon, y posteriormente el de Texas, estaba a unos metros de profundidad, como ocurre hoy exclusivamente en el yacimiento de Ghawar de Arabia Saudita.  El ERoEI de estos yacimientos estaba y está hoy alrededor de 70: 70 unidades extraidas por cada unidad invertida.

Derivado de este valor enorme del ERoEI de la energía empleada durante unos 200 años en el planeta, y sobre todo, por los grupos humanos de Europa, EEUU/Canada, Australia y Nueva Zelanda, con una población relativamente baja en número, se han desarrollado estructuras inorgánicas (energía incorporada) o estructuras orgánicas (seres humanos que gastan sin producir) similares a las de las pirámides, templos de Babilonia, o la Acrópolis, o las guerras españolas, es decir sistemas de disipación de energía necesarios para mantener el flujo en situaciones de ignorancia sobre la eficiencia de sistemas.

A España la energái de alto ERoEI le llegó a través de un sistema de software: Dentro de la Unión Europea, era útil mantener la disipación energética de la energía de alto ERoEI de manera que se produjese un entretenimiento de la población laboral europea: El desarrollo del turismo. Simultáneamente, puesto que de momento (hasta 2007) los sueldos  eran relativamente bajos (¿India, China, hoy?), se impulsó cierta industria (automóviles, textiles, agricultura) y se desmantelaron las que se hacían mucho más baratas en otras regiones (metalurgia y construcción naval).

Dentro de las estructuras piramidales desarrolladas en Europa (y en los EEUU, por ejemplo) encontramos los desarrollos olímpicos, y en España, particularmente, puesto que se diseñó su función como la válvula de escape del resto de Europa, la casta parásita, y los centros culturales y deportivos de los cuales debía haber al menos uno de cada en cada pueblo de España, y si podia ser, construidos por Calatrava o Foster a precios 10 veces los reales, puesto que se trataba de disipar energía de sobra: En la máquina termodinámica que es la sociedad (europea) España era el sumidero:

es, decir, aquella parte de la máquina que disipa energía, sin la cual no puede establecerse el flujo de energía en forma de calor y no se puede generar trabajo útil. España también participaba, ¿cómo no? de la generación de riqueza, pero en medida muy pequeña.

El mundo, (y Europa, que depende del resto del mundo con capacidad de generación de energía) dispone hoy de energía de ERoEI de alrededor de 15, con una enorme población, estimulada en la época de la energía de ERoEI de 70. Para mantener la máquina de aqui arriba en funcionamiento, se precisa aumentar mucho su rendimiento, y eso implica, forzosamente, reducir mucho la disipación, es decir, la energía que se entrega al sumidero, en este caso, a España, que ve cómo la energía que llega no da para mantener centros Niemeyer, centros científicos culturales (Valencia), copas América, circuitos de Fórmula 1, embajadas, y 3 millones de personas sin labor productiva definida.

¿Y la ciencia, título de este post?

La ciencia es la búsqueda de soluciones al problema de misterio que nos ofrece la naturaleza.  Pero esa búsqueda precisa de la libertad absoluta para la crítica constante de las nociones absorbidas en el seno de culturas formadas mediante la codificación formal de lo que científicos anteriores han descubierto. En castellano, los científicos de hoy deben someter a crítica constante lo que los científicos de ayer establecieron: Kepler, las ideas de Brahe, Galileo, el tomismo encorsetante, la Royal Society, las visiones de tipo monte Hira de los puritanos; Einstein rechazó la relatividad galileana y Planck la continuidad en las interacciones energéticas.

Cuando la energía de alto ERoEI comenzó a fluir de verdad a grifo abierto, tras la segunda guerra mundial, se substituyó la búsqueda de la solución de los misterios, y la crítica constante de los descubrimientos ya realizados, por la idea de las grandes pirámides egipcias, en forma de grandes aceleradores de partículas, monstruosos telescopios y cavernas contenedoras de plasma de hidrógeno. Unas inversiones tan gigantescas no podían soportar la crítica constante de su propia utilidad. Y la ciencia, en cierta medida, se convirtió en erudición, al estilo medieval, al estilo Brahe y Belarmino, al estilo Lorentz y Poincaré, estos dos últimos los mejores científicos del siglo XIX, atrapados en el corsé del éter que no podían eliminar.

La ciencia funciona, cómo funciona la mente humana. A pesar de todos los esfuerzos de encorsetarla, siempre hay jóvenes Einsteins que se salen de los carriles y producen avances significativos que son -ideas- radicalmente nuevas (no desarrollo de visiones antiguas) sobre el universo en que vivimos. Estas ideas no son meros -avances-. Son cambios mentales  radicales, como los de Galileo, Kepler, Newton, Maxwell, Boltzmann y Einstein.  Y no precisan grandes laboratorios, ni mucho menos equipos de personas. Los cambios radicales solo son posibles en mentes aisladas.

Y la crisis económica actual nos da esperanzas de que se produzcan cambios realmente innnovadores. Los grandes laboratorios y las inversiones en ciencia van a desaparecer, como dejaron de construirse pirámides en Egipto al disminuir el ERoEI de los campos marginales necesarios para alimentar una población en exceso.

La creatividad individual volverá a ser el estímulo del desarrollo humano, algo que no ha sido la inversión masiva en las pirámides del siglo XX.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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