Las clases sociales en la España del siglo XXI (V): El nuevo proletariado

Por Javier Segura del Pozo

Médico salubrista

Dentro de nuestra serie sobre “Clases sociales y Salud” ,  hoy analizamos como han surgido nuevas formas de explotación que incluyen a trabajadores no manuales (o de “cuello blanco”) y cualificados. Constituyen el precariado, en sus diferentes expresiones (jóvenes precarios, precarios de cuello blanco, precarias vulnerables, etc.). Junto con los excluidos del mercado laboral (parados de larga duración y mayores) y  con los trabadores inmigrantes (victimas de la precariedad y la discriminación), constituyen el nuevo proletariado español. A partir de estos cambios sociales, sacamos algunas lecciones para nuestros estudios de epidemiología social (replantear las agrupaciones manuales vs. no manuales, considerar la multidimensionalidad de la identidad ocupacional, captar los extremos y márgenes de la pirámide social, etc.)

  

Una parte importante del “nuevo proletariado” está entre las ocupaciones de rango inferior del sector Servicios, como los trabajadores del telemarketing y del comercio . A la derecha, dependienta en comercio (http://www.trabajoensi.com/2011/10/trabajo-de-dependiente-en-valencia.html); a la izquierda, operarias en un “Call Center”.  El telemarketing (y los servicios telefónicos al cliente), es uno de los sectores de los llamados nuevos “chainworkers” (trabajadores en cadenas) que realizan un trabajo  alienante,  precario y de bajo salario, en el sector servicios. Las empresas  utilizan la deslocalización y el “dumping” laboral para reducir costes y derechos de los trabajadores: Fuente: http://www.businessturkeytoday.com/700-news-jobs-at-new-call-centers-in-eastern-turkey/

 

El fin de la lucha de clases (?)

 Como dijimos en el pasado articulo (ver El declive de la vieja clase obrera), se han producido importantes cambios en la composición de las clases trabajadoras en España (menos trabajadores cualificados, menos trabajadores manuales o de cuello azul, más profesionales, etc.). Esta mayor presencia de las clases medias y de los trabajadores de cuello blanco, en una época de masificación de la enseñanza universitaria, de créditos baratos y consecuente aumento del consumo, trajo el espejismo de una sociedad de clase (media) única. Y llevó a que muchos reivindicaran a los autores que profetizaron el “fin de las clases sociales” y el  “fin de las ideologías”[1][2].

Según ellos, a diferencia de la sociedad industrial, identificada como sociedad de clases, en la sociedad postindustrial la pertenencia a una determinada clase social dejaría de ser el rasgo identitario más acusado, pasando a ser otros, por ejemplo, la identidad sexual o de género, la religión o la nacionalidad. En la sociedad postindustrial y del conocimiento, ya no tendría sentido hablar de clase sociales, de intereses de clases, de lucha de clases y de explotación (de unas clases sobre otras). Solo de diferentes grados de consumo, de conocimiento o de diferentes posiciones en el mercado laboral, que podían ser coyunturales, confiando en una potencial movilidad social y laboral ascendente y en la meritocracia.

 

Viñeta de El Roto en El Pais

 

Visibilizar las nuevas formas de explotación

La realidad es que la explotación y la opresión social y laboral han seguido existiendo, incrementándose aun más en la actual situación de crisis financiera, precarización y desempleo masivo. Solo que han cambiado la composición y características de las clases oprimidas. Estos nuevos grupos sociales suman varias características, frecuentemente entrelazadas (edad, género, situación migratoria, situación familiar, condiciones de empleo, clase social de origen baja, etc.), que les proporcionan mayor vulnerabilidad frente a la explotación laboral, la opresión social, la discriminación y el riesgo de mala salud.

Integran la legión del precariado, y por lo tanto del paro ocasional, en sus diferentes formas de expresión social:

Frecuentemente sobrepasan el umbral de la pobreza y la exclusión social, por lo que no aparecen siquiera en las estadísticas y las encuestas sociales y de salud.

El “precariado de cuello blanco” de los servicios (clase VII, en la clasificación aquí utilizada[3]) junto con los excluidos del mercado de trabajo y los parados de larga duración (clase X) forman para algunos[4] el nuevo proletariado, frente al viejo proletariado de los trabajadores manuales (cualificadas y no cualificados; clases VIII y IX). (Ver El declive de la vieja clase obrera)

A ellos debemos añadir a los trabajadores inmigrantes que comparten con los anteriores la precariedad y el riesgo de exclusión laboral y social, a lo que se suma para ellos la discriminación étnica. En este caso, la condición de “nuevo” (proletariado) no la proporcionan la relación laboral (propia de “la vieja” explotación en ocupaciones de baja cualificación y malas condiciones de empleo), sino su posición en el mercado laboral y en la pirámide social, tras su llegada, relativamente reciente e intensiva, a un país con bastante homogeneidad étnica.

 

El precariado

Es una nueva clase social definida por su situación de empleo precario. Son los becarios o los trabajadores con contratos temporales, de corta duración y discontinuos, a veces sin contrato. Frecuentemente encadenan situaciones de paro con periodos cortos de trabajo. Otros están sometidos al chantaje continuo  de la no renovación del contrato y todos al miedo al paro. Las empresas les ofrecen bajos sueldos, nula formación y perspectivas de promoción profesional. La acción sindical se convierte en una heroicidad. Esta situación les convierte en víctimas de la explotación laboral, el acoso laboral y a la exposición a mayores riesgos de salud. Afrontan la dificultad de construir un proyecto estable de vida que incluye la autonomía personal y financiera mínima, el acceso a la vivienda o a la maternidad/paternidad. También la frustración de no poder rentabilizar en el mercado laboral el nivel de educación y cualificación laboral alcanzado.

La combinación de ciertas características como la edad (ser joven o mayor de 40 años), el género (mujer), el nivel educativo y de cualificación laboral (bajos), el sector de ocupación (los servicios, el comercio, hostelería, construcción, etc.) y la situación migratoria (ser inmigrante de países más pobres), favorecen formar parte del precariado

Antes de que estallara la crisis, la tasa de temporalidad en España alcanzaba al 32% de los trabajadores. A finales de 2010, apesar de que el mercado laboral se ajustó en primer lugar a base de desprenderse de empleados temporales, la tasa seguía situada en el 25%. En el primer trimestre del año 2012, la contratación indefinida se redujo en un 19 % en comparación con 2011, y ya es prácticamente marginal, porque sólo 8 de cada 100 contratos son indefinidos[5]

Según un reciente estudio[6], España es el país analizado con más diferencias en el sueldo entre temporales (un 15% menos los temporales) e indefinidos. No solo eso. Los indefinidos reciben más formación, se les ofrece la oportunidad de expresar su opinión en el seno de la compañía de forma más frecuente que a los temporales y están más protegidos frente a las situaciones de acoso, entre otras diferencias, según concluye el estudio.

Pero la precariedad va más allá de la simple temporalidad y no debe enfocarse desde el punto vista exclusivamente laboral o salarial. Como dice el colectivo “Precarias a la deriva” en su interesante trabajo de 2003 [7], a la precariedad se la puede definir como “al conjunto de condiciones, materiales y simbólicas, que determinan una incertidumbre acerca del acceso sostenido a los recursos esenciales para el pleno desarrollo de la vida de un sujeto”.  El precario o la precaria sufre un proceso multidimensional determinado por:

 – las nuevas formas de empleo (relacionadas con la externalización y la deslocalización, con la extensión del trabajo autónomo y de los contratos por obra o servicio, a la estructura empresarial descentralizada y miniaturizada o a la multiplicación incesante de las variaciones en los tipos de contrato);

– la dislocación de los tiempos y los espacios del trabajo (en los horarios flexibles, a tiempo parcial, en el teletrabajo y en los talleres domésticos), cuyos efectos sobre las unidades de convivencia y las redes de cuidados están todavía por estimarse;

– la intensificación del proceso de producción (resultado del just in time con horas extras que han perdido ya esta consideración);

– la incorporación de cualidades imperceptibles inherentes a la fuerza de trabajo, difícilmente estimables/retribuibles (la atención personalizada, las capacidades comunicativas, la empatía, la buena presencia, etc);

– el recorte de los salarios y la pérdida de los derechos (derechos que van desde los permisos de maternidad hasta la regulación de las pagas, las vacaciones o las bajas por enfermedad).

 

Representación de las nuevas formas de precariedad. “Maternitá” de Angelo Rindone. Poster de la campaña italiana Chainworkers que promociona el culto a San Precario. Fuente: www.mute.org

 

Los jóvenes: empleo precario y paro juvenil

Ser joven se ha convertido en una factor de riesgo para ser explotado, aunque la clase social de los padres, e indirectamente, el nivel de estudios, marca la mayor o menor protección frente a este riesgo. La realidad es que, como nos recuerdan diariamente los medios y las estadísticas, los jóvenes constituyen un colectivo muy castigado por el desempleo (más del 55% en estos momentos) y por condiciones de trabajo peores al resto de los empleados de más edad.

 El empleo juvenil se concentra principalmente en el sector servicios, con el 70,4% de los ocupados. Es un mercado de trabajo caracterizado por la temporalidad en el empleo.  Las actividades de construcción y hostelería se distinguen por tener un alto grado de precariedad y porque además, trabajan un porcentaje muy alto de jóvenes. Lo mismo sucede en la rama de comercio, donde hay un 25,5% de empleados menores de 20 años y un 21,4% de los de 20 a25 años. Y un 52% de los asalariados entre 18 y 25 años no llega ni a cobrar entero el Salario Mínimo Interprofesional (SMI)[8].

 Esta situación de precariedad es responsable en gran parte de que, según un estudio reciente, el 67,4% de los jóvenes españoles de entre 20 y 29 años vivan con sus padres[9].  La falta de una perspectiva de futuro profesional aboca a que este colectivo se sienta excluido de la pirámide social o formando parte de “lo más bajo de lo mas bajo”. Tienen que abordar la frustración de conocer el nivel de consumo de las clases medias (la de sus padres), pero considerar inalcanzables el salario y las condiciones de empleo propios de la “vieja clase proletaria”.

 Dejar de ser un parado, un becario o un perceptor ocasional del SMI (menos de 700€ al mes) y alcanzar el status de contratado “mileurista” (ganar 1.000 € mensuales), especialmente si el contrato es anual o indefinido, se llega a considerar un sueño difícil de cumplir. La situación actual de crisis y la reciente reforma laboral han extremado tanto la escasez y la precariedad de la oferta laboral que ha acabado por empujar a este colectivo, especialmente a los más cualificados, a la emigración fuera de España, tal como lo vivió la clase trabajadora de la generación de sus abuelos en los años 60.

  

Viñeta de Forges

 

 Precariedad y riesgos para la salud laboral

 Temporalidad, siniestralidad y precariedad forman un triángulo maldito especialmente presente en la juventud: los jóvenes, de entre 16 y 25 años, con contratos de trabajo eventuales, concretamente los inferiores a seis meses, con baja cualificación y que trabajan en empresas de menos de 50 trabajadores, son los que tienen más probabilidades de padecer un accidente laboral o enfermedad profesional.

 Además, cuanto más precaria es la relación del trabajador con su empresa más riesgos hay para la salud de los empleados. Como dice el informe de UGT anteriormente referenciado[10], los trabajadores de una subcontrata o de una ETT, o los que tienen contratos inferiores a los tres meses tienen bastantes más probabilidades de sufrir un accidente laboral que un trabajador fijo, porque los trabajadores eventuales carecen de información sobre los riesgos de su puesto. La subcontratación está cada vez más generalizada y este fenómeno se está produciendo cada vez en mayor medida, independientemente del tamaño de la empresa.

Además del mayor riesgo de accidentes y enfermedades profesionales, un aspecto particular al que están expuestos los trabajadores precarios es el del riesgo psíquico. Diferentes estudios muestran cómo las personas con un empleo inestable padecen problemas psíquicos hasta ocho veces más que las que disfrutan de estabilidad en su trabajo[11].

 

Los precarios de cuello blanco

Como veremos más detalladamente en un artículo dedicado al sector servicios, la mayor parte (casi 5,8 millones) de los 8 millones de nuevos empleos creados de 1996 a2008 en España, se ofertaron en los servicios (74,3% del crecimiento). El resto en la construcción (1,5 millones) e industria.[12]. El sector servicios, sin embargo, ha visto una creciente feminización y precarización, especialmente en algunas actividades, que se encuentran entre las que mas han crecido en este periodo 1996-2008:

Como hemos dicho en otros artículos, esta expansión del sector servicios ha supuesto un mayor peso de la clase de trabajadores “de cuello blanco” de nivel inferior (clase VII) y de trabajadores no cualificados (clase IX) (ver La Clasificación Socioeconómica Europea (ESeC) . En estos últimos la demanda de servicios ha sido en el sector de la limpieza y el servicio domestico, cubierto mayoritariamente por mujeres. En los hombres, ha habido demanda en ocupaciones como porteros, vigilantes, ordenanzas y peones de la industria, la construcción, el transporte y la agricultura. Todos ellos han atraído gran número de inmigrantes[13].

Entre los precarios de cuello blanco, algunas[14] incluyen a los llamados chainworkers y brainworkers. “(…) Los chainworkers (trabajadores de la cadena) son todos los trabajadores atípicos que trabajan en los servicios y en las cadenas fordistas del terciario comercial privado y público; y los brainworkers (trabajadores del cerebro) son todos aquellos que, con salarios ínfimos y horarios de trabajo cada vez más largos, prestan sus saberes y conocimientos en las empresas del trabajo inmaterial [15](comunicación, internet, producción semiótica, actividades relacionales, logística, etc.) (…) “. Entre los Brainworkers precarios están los precarios postdoc. Es decir, los jóvenes y no tan jóvenes que tienen que aceptar la precariedad crónica como precio para dedicarse a la investigación.

Conviene recordar que, de acuerdo a las clasificaciones socioeconómicas que utilizamos en nuestros estudios de epidemiologia social, una parte importante de estos “brainworkers” (y algunos “Chainworkers” precarios), por el hecho de ser diplomados o licenciados universitarios, pertenecerían a las clase sociales altas (clases I y II) y no compartirian condiciones socioeconómicas con las clases sociales bajas de los trabajadores manuales no cualificados.

 En el campo de la investigación se encuentra un importante número de “Brainworkers” precarios. Fuente imagen: desconocida

 

Las precarias vulnerables

Ser mujer puede ser otro factor de riesgo para la precariedad y la explotación laboral, La precariedad femenina se da en todo tipo de ocupaciones (las “de toda la vida” y las más “modernas”) y con diferentes exigencias de cualificación: el trabajo doméstico, el telemarketing, las traducciones y enseñanza de idiomas, la hostelería y la llamada “enfermería social”, además de becarias, comunicadoras, prostitutas, publicistas, mediadoras, etc. La mejor forma de describir este mundo multidimensional es que os leáis los relatos de “las derivas” personales de algunas “precarias a la deriva” en la obra referenciada[16].

 Como dice el informe de la Comisión Nacional para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España [17], la incorporación de la mujer al mercado laboral en España ha ido asociado a una segregación vertical, por la cual los puestos de trabajo de categoría superior están ocupados por hombres y a unos valores de temporalidad laboral que aunque afectan sobre todo a la población más joven de ambos sexos (alcanzando el 80% de población de16 a 19 años y el 60% de20 a 24 años), superan a los de los hombres en las  trabajadoras mayores de 40 años (ver figura siguiente)”.  

 

Contratación temporal según edad en hombres y mujeres actualmente ocupados. España 2007- Fuente.Avanzando hacia la Equidad. Propuesta de Políticas e Intervenciones para reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España” . Informe de la Comisión Nacional para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España Ministerio de Sanidad. 2010.

 

Los cambios en el mercado laboral  ha comportado importantes transformaciones sociales que incluyen los roles en la vida familiar y en el cuidado a los dependientes. La irrupción de la mujer en el mercado laboral no ha ido acompañada de una redistribución equitativa del trabajo doméstico. Como demuestran algunas encuestas de salud[18], los hombres dedican más tiempo al trabajo remunerado y mucho menos tiempo al trabajo doméstico, notándose además como ellos dedican más tiempo a actividades lúdicas como el deporte y las aficiones. Así pues, en el caso de algunas mujeres, a la carga sobre la salud que supone el empleo precario se añade la carga de la doble jornada laboral (en el ámbito laboral y el doméstico) y de las tareas domesticas y de cuidado de los hijos y padres mayores.

Entre los grupos sociales en situación de especial desventaja laboral, económica, social y emocional se encuentran las familias monomarentales (En el 86% de las familias monoparentales, la persona de referencia es una mujer). Son una consecuencia de  los nuevos modelos de familia, los divorcios y separaciones.  Las mujeres responsables de estos núcleos familiares suelen tener empleos caracterizados por salarios bajos, con escasas posibilidades de promoción y gran inestabilidad laboral. Su riesgo de desempleo es mayor, ya que deben compatibilizar el cuidado de las y los menores y las responsabilidades domésticas con la vida laboral. Estas dos circunstancias unidas, empleo precario y monoparentalidad, colocan, claramente, a las mujeres y a todas las personas de su familia en riesgo de exclusión[19].

 

Los parados mayores y/o de larga duración

Dentro de los parados, los dos colectivos con mayor vulnerabilidad social y de salud son los parados de larga duración y los mayores de 45 años. En ellos, la situación de desempleo pasa de ser algo coyuntural a convertirse en una identidad social que determina la posición de clase[20].

Las espeluznantes cifras de este colectivo dan idea del volumen creciente del mismo. Con la crisis, los parados de largo duración no dejan de aumentar su peso (se ha quintuplicado en España desde el inicio de la crisis en 2008). El número de parados que dejó su empleo tres años antes o más aumentó un 43% en 2011, hasta alcanzar los 704.900, de tal forma que el peso de este colectivo sobre el total de desempleados alcanzó el 15,4%, porcentaje 3,9 puntos superior al de 2010)[21].

Por otra parte, más de un millón de personas mayores de 45 años se han ido al paro en el último lustro[22]. Así, y por primera vez en la historia, los desempleados mayores de 45 años rozan los 2 millones y suponen el 37,8% del total de parados en España, según un informe de la Fundación Adecco[23].

 Imagen de previsualización de YouTube

Video de la entrevista a miembros de la Asociación de Parados Mayores Activos en el programa de la Sexta “Salvados”

 

Clase social y riesgo de desempleo

¿Todo el mundo tiene el mismo riesgo de quedarse en paro? Los siguientes datos nos muestran la estrecha relación entre clase social y riesgo de paro. Uno es el estudio mencionado de Miguel Requena, donde los datos sobre desempleo según clase social nos confirman las mayores desigualdades de clase en España en términos de oportunidades en el mercado laboral, en comparación con otros países europeos. Mientras la tasa de desempleo en 2009 de los trabajadores no cualificados (clase IX) en España era 6,5 veces superior a la de los directivos y profesionales de nivel alto (clase I), esta misma razón se situaba en 5,0 en Austria, 3,8 en Reino Unido y tan solo 3,5 en Dinamarca[24].

Por otra parte las estadísticas de tasas de paro por barrios de Madrid, nos vuelven a situar en una ciudad segmentada socialmente entre un noroeste mas rico y un sureste más pobre, tal como hemos expuesto en otros artículos de este blog (Dentro de la serie sobre DSS en la Comunidad de Madrid, ver los tres artículos: La línea de la pobreza , La desigual distribución de la renta y Un viaje en tren por las desigualdades en mortalidad). Como se puede apreciar en el mapa siguiente, el paro no se ha distribuido aleatoriamente en Madrid y los barrios con mayor tasa de paro (más del 15% o más del 20%) en 2012 son aquellos en que el vecindario pertenece a clases sociales más bajas (Puente Vallecas, Villaverde, Carabanchel, Usera, etc.). Y viceversa, los barrios más acomodados (Moncloa, Chamartin, Retiro,  Salamanca, etc.) tienen unas tasas de paro bajas (por debajo del 10%).

 

Tasa de paro por barrios en la ciudad de Madrid. Paro registrado (en %) en mayo 2012. Fuente: Elaborado por El País, a partir de datos del Ministerio de Empleo y Seguridad social. En: Bruno García Gallo. “Un abismo entre barrios”. Madrid Domingo, pag 3.El Pais, 19 de agosto de 2012.

 

Los inmigrantes “ponen cara” a la clase trabajadora

La situación migratoria es otro factor que determina el riesgo de explotación laboral y opresión social. Existe la llamada penalización étnica[25] como castigo socioeconómico asociado a la condición migratoria que los sitúa en clara desventaja frente a los nativos.

En España hubo una  importante llegada de inmigrantes en un periodo relativamente corto de tiempo (especialmente, entre los años 1999 y 2003), para cubrir necesidades de empleo en ocupaciones de baja consideración social. 

Como se puede ver en el grafico siguiente los inmigrantes de los países de origen mas numerosos en España (Ecuador, Marruecos y Rumania) tienen una estructura de clases muy diferente a las personas nacidas en España. Mayoritariamente son trabajadores manuales. Especialmente, trabajadores manuales no cualificados: 60% de los rumanos, 58,1% de los ecuatorianos y 54,6% de los marroquíes (en el caso de las mujeres inmigrantes estos porcentajes subían a: 78,1% de las rumanas, 67,1% de las ecuatorianas y 70,5% de las marroquíes) . La razón frente a los españoles era de3 a1.

 

Estructura de clases de la población ocupada residente en España por país de nacimiento. En porcentaje, 2010 Fuente: Miguel Requena “Estratificación y clases sociales”. Capitulo V. “Informe España 2011” Fundación Encuentro. Pag 346. EPA segundo trimestre 2010.

Pero también superaban a los españoles en el peso de los trabajadores manuales (a costa de su peso en el caso de los hombres) en la composición total de clases sociales (razón de 2 a1). En la clase de los trabajadores de cuello blanco de nivel inferior, solo los ecuatorianos tenían un peso similar al de los españoles, por su presencia en el sector del comercio. Solo una minoría de los inmigrantes ha conseguido empleos de tipo profesional[26].

Los característicos rasgos étnicos de estos trabajadores (especialmente, los de origen africano o latinoamericano; en el caso de los rumanos los rasgos son mas parecidos a los de los españoles), los hacia fácilmente identificables entre la población española.  Ello suponía que en el contexto de esta sociedad de consumo en el que hay una cierta uniformidad en el vestir y el aspecto externo por encima del origen social, los rasgos étnicos de los inmigrantes, sin embargo, “ponían cara” a la clase trabajadora.

Cuando visitas una ciudad o un barrio puedes saber la composición social o el nivel de precariedad laboral, dependiendo de la cantidad de inmigrantes  que ves. Los barrios de Madrid tradicionalmente más obreros (Villaverde, Tetuan, Vallecas, Lavapies, etc) son los que mayor presencia tienen de magrebíes, ecuatorianos o subsaharianos. Lo mismo podía decirse de los trabajos más precarios o peor pagados que pueden fácilmente identificarse por la presencia de los inmigrantes.

Trabajadoras inmigrantes dedicadas al cuidado de ancianos. Fuente imagen: desconocida

Por otra parte, en los registros administrativos (incluidos, los de interés para los estudios de salud), tan remisos a incorporar las variables sociales, la situación migratoria (“ser inmigrante”, “país de origen”), frecuentemente presente, nos permitía hacer una fotografía indirecta de la clase social de origen o posición socioeconómica.

Esta “visible” clase trabajadora tiene otro color, habla con otros acentos y tiene otras referencias culturales. Se enfrenta además a otro riesgo para la salud, además del inherente a la explotación laboral: la discriminación étnica. No solo en el ámbito del trabajo, sino también en el vecindario. Algunos cultivan esta discriminación entre los trabajadores manuales “nativos” para que estos no vean los evidentes intereses de clase comunes con los inmigrantes.

 

Lecciones y consecuencias para la Epidemiología social

Tal vez no estemos aprehendiendo suficientemente en nuestros estudios estos cambios que ha sufrido la estructura de las clases sociales españolas del siglo XXI, resultando en importantes sesgos al explorar el impacto de la brecha social en la salud.

1. Repensar la agrupación de clases manuales versus no manuales

El hecho de que la clase social de los trabajadores de cuello blanco de nivel inferior (clase VII ) esté tomando esta relevancia en nuestra estructura de clases y que tengan similares condiciones de precariedad que la clase de los trabajadores manuales no cualificados (clase IX), nos tiene que hacer repensar nuestras agrupaciones de clase en los estudios de salud. Como es sabido, solemos agrupar todas las clases sociales en dos: clase social de trabajadores manuales (o “de cuello azul”) y clase social de trabajadores no manuales (o “de cuello blanco”), con la idea subyacente de que al agrupar las clases que comparten posición socioeconómica en dos extremos, tendremos estudios con un gran potencial discriminatorio en cuanto al impacto de los determinantes sociales en la salud (ver grafica siguiente) .

 

Prevalencia de cuatro problemas crónicos de salud (obesidad, colesterol elevado, hipertensión y diabetes), según clase social manual o no manual. Porcentaje del total de personas mayores de 65 años de la Comunidad de Madrid. 2001. Fuente: Elaboración propia (de Javier Segura del Pozo)  a partir del análisis de los datos de la Encuesta de Salud de la Comunidad de Madrid de 2001.

Los madrileños mayores de 65 años pertenecientes a clases sociales manuales (“de cuello azul”) tenían en 2001 una prevalencia de obesidad, colesterol elevado, hipertensión y diabetes mucho mayor (mas  del doble en obesidad y colesterol elevado) que las de clases sociales no manuales (“de cuello blanco”).

 

Sin embargo, como hemos visto esta situación esta cambiando. Las malas condiciones de vida ya no están tan asociadas al trabajo manual. Hay trabajadores manuales (“de cuello azul”) cualificados, como los fontaneros o los electricistas, con un buen estatus económico, y hay trabajadores no manuales (“de cuello blanco”) de los los servicios (ejemplo, dependientes de comercio, trabajadores de Call Centers, becarios, brainworkers, etc.) con unos altos niveles de precariedad, largas jornadas laborales, trabajo rutinario y mal clima laboral, que determinan unos riesgos de salud apreciables.

2. Considerar la multidimensionalidad de la identidad ocupacional. Cada vez es mas frecuente los itinerarios personales en que se simultanean o se transita por diferentes ocupaciones a lo largo de una vida. Esto se está dando más frecuentemente en las nuevas generaciones que entran y salen del mercado laboral, ejerciendo diferentes ocupaciones en cada momento. Además, la calificación profesional no se corresponde frecuentemente con las ocupaciones ejercidas, ni el ser profesional implica pertenecer a clases sociales medio-altas o altas.

3. Considerar las condiciones de empleo como un determinante muy “corriente arriba” (“upstream”) de las desigualdades sociales en la salud, que determina no solamente las condiciones de trabajo (los clásicos riesgos laborales) y los llamados “factores intermedios” de la desigualdad en salud (bienes materiales, riesgos residenciales y ambientales, riesgos psicosociales, hábitos de salud, etc.), sino la propia posición socioeconómica  (de forma bidireccional, ya que, como vimos, el riesgo de ser precario o parado está a su vez determinado por la clase social de origen).

4. Captar los extremos (y los márgenes) de la pirámide social.  Como hemos dicho en otra ocasión (ver Los ricos no se retratan en las encuestas), corremos el riesgo de retratar solo a la clase media (con sus diferentes matices y grados) en nuestros estudios de salud. Debemos esforzarnos en captar en nuestros estudios y clasificaciones de clase social (muy basadas en la ocupación, y mas concretamente en la ocupación estable y única a lo largo de la vida) a los excluidos del mercado de trabajo. Debemos intentar captar las múltiples caras del precariado y a las nuevas formas de opresión. Tampoco debemos renunciar a retratar a “la clase alta de la clase alta”, por las razones que ya dijimos

5. Estudiar el efecto acumulativo y sinérgico de los factores de la multivulnerabilidad social frente a la salud. ¿Qué pasa cuando se entrelazan factores como ser mujer, ser joven, ser inmigrante, pertenecer a familia monoparental, tener la vivienda pagada o hipotecada, tener un tipo de contrato o no tenerlo, tener uno, dos o ningún sueldo en la familia? ¿Cómo integramos estos factores en nuestros estudios? ¿Como factores independientes? ¿Qué agrupaciones hacemos para el análisis?

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 En la próxima entrega, hablaremos del auge de los profesionales

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Este artículo forma parte de la serie “Clases sociales y Salud”   , escrita por Javier Segura del Pozo, que se completa con:

A) Dos artículos-lecciones del Curso de Desigualdades Sociales en Salud:

 B) De la serie “Desigualdades sociales en salud de la Comunidad de Madrid”:

C) La serie “Las clases sociales en la España del siglo XXI”, que tiene el siguiente índice (los artículos publicados hasta la fecha tiene el vínculo de acceso incluido):

  1. La Clasificación Socioeconómica Europea (ESeC)

2. La distribución de clases en España

3. Los ricos no se retratan en las encuestas

4. El declive de la vieja clase obrera

5. El nuevo proletariado

6. El auge de los profesionales

7. El auge de los servicios y el comercio

8. Los empleados del Estado de Bienestar social

9. Los inmigrantes nos hicieron más ricos a los españoles

 

D) Se complementó con estos dos artículos escritos por Javier Ugarte Perez:

  1. Observaciones sobre los criterios de división en clases sociales que aparecen en el Informe España 2011 (Fundación Encuentro)

2. Clases sociales e identidades (homo)sexuales

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Como hemos dicho, esta serie, forma a su vez parte del Curso de Desigualdades Sociales en Salud, escrito por Javier Segura del Pozo, que hasta ahora ha editado las siguientes entregas o lecciones (si queréis acceder a ellas, pinchad en cada titulo):

  1. De Hipocrates a Koch pasando por Virchow y Engels (Lección 2)

2. La caja negra y  los epidemiologos sociales del siglo XX (Lección 3)

3. El informe Black-The Black report (Lección 4)

4. El estudio Whitehall o el mito del infarto del ejecutivo (Lección 5)

5. El sueño epidemiológico de las ciudades laboratorio y el estudio del condado de Alameda (Lección 6)

6. El informe Black español o informe Navarro-Benach (Lección 7)

7. El informe Acheson (1998) (Lección

8. El informe de la Comisión de Determinantes Sociales de Salud de la OMS de 2008. (pendiente) (Lección 9-1ª parte)

9. Informe de la Comisión Nacional para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España (“Informe Borrell”) (lección 9-2ª parte)

  1.  La clase social (Lección 10),

2. Ocupación (Lección 11),

3. Educación ((Lección 12),

4. Ingresos (Lección 13)

5. Privación social en areas geográficas (Lección 14)

6. Estudios de desigualdades en áreas pequeñas. Estudios ecológicos. (Lección 15)

7. La perspectiva de la trayectoria vital (Lección 16).

  1. La estartegia inglesa de lucha contra las DSS (1998-2010) (Lección 21)

2. “Healthy living centres” o centros de vida saludable, Gran Bretaña (1999-2010) (Lección 22)

3. Los estudios e intervenciones en Escandinavia y los Paises Bajos (lección 23)

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[1] Daniel Bell, El fin de las ideologías. Editorial Tecnos. 1964; Daniel Bell El advenimiento de la sociedad post-industrial. Alianza Editorial. 2006. http://es.wikipedia.org/wiki/Daniel_Bell

[2]  Francis Fukuyama El fin de la Historia y el último hombre  1992.

[3] Ver La Clasificación Socioeconómica Europea (ESeC)

[4] Miguel Requena “Estratificación y clases sociales”. Capitulo V. “Informe España2011” Fundación Encuentro.

[5] Silvia Parga y Manuel Lago. “Un primer balance laboral de cien días de Gobierno Rajoy. Los recortes y la reforma laboral, letales para el empleo”. Informe 48 de la Fundación 1º de Mayo. http://www.1mayo.ccoo.es/nova/files/1018/Informe48.pdf

 [6] José María Peiró. El contrato psicológico a través de distintas situaciones de empleo Instituto de Investigación en Psicología de los Recursos Humanos http://elpais.com/diario/2011/04/18/cvalenciana/1303154289_850215.html

 [7] “La deriva por los circuitos de la precariedad femenina”. Precarias a la deriva. Editorial Traficantes de sueño, 2003. Se puede descargar libremente en:  http://traficantes.net/index.php/editorial/catalogo/utiles/a_la_deriva_por_los_circuitos_de_la_precariedad_femenina

 [8] “Lo que no sabías: precariedad laboral”. UGT juventud

 [9] Fundación “la Caixa. “Transición jóvenes vida adulta. Crisis y emancipación tardía”. Estudio Social 34:

 [10] Datos del Observatorio joven de Empleo. Consejo de la Juventud de España. (OBJOVEM.), mencionados en “Lo que no sabías: precariedad laboral”. UGt juventud

 [11] “Precariedad y salud”.  ISTAS  http://www.istas.net/web/index.asp?idpagina=137

 [12] Miguel Requena “Estratificación y clases sociales”. Capitulo V. “Informe España2011” Fundación Encuentro.

[13] Ibidem. PP 319

 [14] “La deriva por los circuitos de la precariedad femenina”. Precarias a la deriva. Editorial Traficantes de sueño, 2004. PP. 28

 [15] Bajo la denominación de  “trabajo inmaterial”  se agrupa al trabajo afectivo, comunicativo, creativo, de manipulación de códigos, tec.  que tienen que ver con procesos cognitivos, de producción de saberes, lenguajes y vínculos. El concepto se habría acuñado a partir de elaboraciones de A. Negri, M Lazzariato y M Hardt  Mencionado en “La deriva por los circuitos de la precariedad femenina”. Precarias a la deriva. Editorial Traficantes de sueño, 2004. PP. 22

 [16] “La deriva por los circuitos de la precariedad femenina”. Precarias a la deriva. Editorial Traficantes de sueño, 2004. Se puede descargar libremente en:  http://traficantes.net/index.php/editorial/catalogo/utiles/a_la_deriva_por_los_circuitos_de_la_precariedad_femenina

 [17]  “Avanzando hacia la Equidad. Propuesta de Políticas e Intervenciones para reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España” . Informe de la Comisión Nacional para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España Ministerio de Sanidad. 2010.

[18] Ibidem. Capítulo 2 del Informe “Los Determinantes Sociales de las Desigualdades en Salud en España”. Maica Rodríguez Sanz y Carme Borrell

 [19]  Instituto de La Mujer . “Mujeres en situación de vulnerabilidad”. http://www.inmujer.gob.es/ss/Satellite?c=Page&cid=1264005600637&language=ca_ES&pagename=InstitutoMujer%2FPage%2FIMUJ_Generico

 [20] El aumento del paro de larga duración se traduce en un incremento de la pobreza y la exclusión social. En 2010, el 25,5% de la población española se encontraba en riesgo de pobreza (2 puntos más que el año anterior), y entre los niños el porcentaje asciende al 30% (4 puntos más). La tasa de personas que viven en hogares donde nadie trabaja se ha duplicado entre 2007 y 2010: para adultos del 6,2% al 12% y para niños del 5,3% al 10,8%. Fuente:

http://www.expansion.com/2012/01/10/economia/1326202451.html?a=59b477b41a298c548e55d6c8f388dfd3&t=1345120219

  [21]  Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) extraídos de la Encuesta de Población Activa (EPA) y recogidos en  http://www.europapress.es/economia/laboral-00346/noticia-economia-laboral-parados-muy-larga-duracion-dispararon-43-2011-ine-20120528113802.html

[22] En concreto, 443.785 mujeres y 595.734 hombres desde mayo de 2007 hasta el mismo mes de 2012.

[23] http://www.abc.es/20120627/economia/abci-parados-adecco-201206261656.html

 [24] Miguel Requena “Estratificación y clases sociales”. Capitulo V. “Informe España2011” Fundación Encuentro.Ibidem. PP 365

[25] Mencionada en  Miguel Requena “Estratificación y clases sociales” . PP 345.  Como origen del termino “penalización étnica” se cita a Heath, A. y Cheung, S-Y (2007): Unequal Chances: Ethnic Minorities in Western Labour markets. Oxford University Press.

 [26] Ibidem PP. 346-347

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Comentarios

[...] Pública y algo más – Las clases sociales en la España del siglo XXI Twittear !function(d,s,id){var [...]

Qué parecido la primera foto con esos corrales de gallinas ponederas encerradas y aisladas cada una en su currículo…
Acabará siendo lo mismo, esclavitud a cambio de un poco de pienso !

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