¿Víctima o hipócrita?

Mientras Günter Grass vende miles de ejemplares de sus memorias, la polémica prosigue. Hay ciudad alemana que quiere despojar a Grass de su condición de ciudadano de honor; pero hay quienes lo defienden sobre la consideración de la calidad de su obra, entre ellos Vargas Llosa, que no es su amigo y  ha criticado sus actitudes políticas que sobre proclamar gozoso que Grass no es tan perfecto como algunos creían, dice que es esa calidad lo único que importa, contradiciendo anteriores afirmaciones suyas sobre la cuestión. Al opinar así, se postula una concepción abstracta de la literatura, la cual dista de ser una actividad neutral. La literatura no tiene que ser de partido, como quería Lenin, pero sí debe ser de compromiso con la realidad, sea cual sea el signo de ese compromiso: ecológico, moral, político, educativo… No viene la obra literaria a dormir al mundo, sino a ser utilizada por unos o por otros en pro o en contra, hasta la desligada, la más <<pura>>. Que dentro de varios siglos se reconozca como perenne y hermosa <<El tambor de hojalata>, como se reconoce perennidad a las consideraciones morales de Séneca, que fue un corrupto metido en grandes especulaciones inmobiliarias, no quiere decir nada. Nadie escribe para la eternidad, no puede escribir aunque lo quiera: la literatura es un discurso <<práctico>> y si Günter Grass ha ocultado hasta que obtuvo el Nobel su pasado nazi y lo ha proclamado en memorias millonarias, en todos los sentidos, ese es un acto inmoral, que debe ser reprobado y por el que el imputado ha de pagar la pena correspondiente, si es que está arrepentido; por ejemplo, la devolución de los beneficios de su obra a sus dueños morales, las asociaciones de víctimas del genocidio; por ejemplo, donar el dinero del Nobel a una fundacion contra el sida, etc., que el escritor va seguir teniendo de sobra para vivir; lo que no  resulta de recibo es esa flagelación pública y narcisista, que no va a ninguna parte sino a la mayor gloria y beneficios económicos de Günter Grass, el moralista de tiempo atrás, el que le reprochaba su impureza a la República Federal, el enemigo de la disolución de la RDA, etc.
 
MIGUEL GARCÍA-POSADA
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Comentarios

Un joven puede equivocarse de bando, sobre todo si todavía es inculto y manejable. Lo que no se entiende es el silencio a fin de no alinearse, como intelectual, en una posición clara y condenatoria de los años nazi en Alemania como hicieron otros muchos escritores.

El novelista y dramaturgo alemán Martin Walser, cofundador del “Grupo del 47” de gran influencia política y literaria ha comentado los siguiente: “El más responsable de nuestros contemporáneos no puede revelar después de 60 años que aterrizó en las Waffen-SS sin arte ni parte. Esto deja bajo una luz devastadora el clima actual de aceptar los modos normalizados de pensar y hablar. La declaración de Grass debería servir de lección sobre este clima moral tan flexible”.

Walser, como su grupo, se caracterizó por el compromiso y la crítica social así como por la fe en el poder de la resistencia individual. Para él, como para muchos, no todo vale. Quiera o no, ya Günter Grass no es el mismo. Su calidad literaria no estará bajo sospecha, pero sus ideas sí.

Me permito unas matizaciones a mis anteriores palabras: «Piense el lector que las palabras no tienen realidad en sí mismas, sino en el contexto en que se emplean y en las intenciones y carácter de quien las emplea. Si se interpretan parcialmente, sin perspectiva de fondo, no comunican sino que ocultan las ideas» (Fromm)

«Imperceptiblemente y paulatinamente se forma un clima que ve con malos ojos lo que sería más necesario: la autocrítica»(Adorno)

Grass se distinguió por su actitud crítica excepto por la que, a su tiempo, debió ejercer sobre él mismo. Si no lo hizo, ¿fue por miedo o porque en el fondo seguía estando de acuerdo con el que fue en su juventud? Sólo su conciencia podría explicarlo.

Lo que parece obvio es que, para él, tiene prioridad el tener al ser.

¿Y el perdón? ¿Existirá ahora para el Papa Hitleriano? Como Paulo de Tarso uno puede asesinar cristianos y ser apóstol de los gentiles.

No comprendo porque en esta sociedad no hay lugar a la redención ni al perdón.

Si GraSS hubiera sido GraSS en los 50/60 no hubiera podido publicar (o hipócrita Alemania que se entregó al tirano).

El problema lo tiene la Academia, que debe premiar incluso a los de derechas si alguna vez hubo alguno.

Me parece turbador que una postura moral condicione una vida entera, bien que hubiera GraSS podido hablar antes, ¿pero hubiera sonado el tambor de hojalata?

No está en nuestra mano el perdonar. Solamente opinamos libremente. Se trata de nuestro tiempo y estamos comprobando demasiadas irresponsabilidades, demasiados daños a inocentes. demasiados delitos borrados con el "nadie es perfecto". Esta sociedad está produciendo demasiadas víctimas abandonadas a su suerte. Si no se dice nada, nos hacemos cómplices.

En todo caso, especialmente en el de Alemania, no somos nosotros los que tendríamos que perdonar sino los muertos. Y uno ya hubiera sido demasiado.

(requerido)

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