Wallace y Darwin: el ceda el paso de un científico

autor: Miguel Vicente

Para la mayoría del público,  el autor de la teoría de la selección natural, que explicaría el origen de las especies, es Charles Darwin, de cuyo nacimiento se conmemora el segundo centenario el jueves 12. Pocas veces se menciona que posiblemente se le adelantó Alfred Russell Wallace, otro naturalista británico tan excéntrico como el propio Darwin, al menos se le pudo adelantar a la hora de pasar a limpio sus conclusiones. Los dos personajes representan dos formas diferentes de científico, influyente y bien relacionado Darwin, poco conocido y algo marginado Wallace.


En 1858 Wallace trabajaba en la jungla, y allí escribió, forzado por la fiebre a quedarse en casa, el trabajo que remitió a Down House, el hogar de Darwin.



Down House, en Kent,  el hogar de la familia Darwin, a donde un día de junio de 1858 llegó la carta de Wallace
.

Podemos imaginar la desazón que un día debió invadir a Darwin al leer las cuartillas que Wallace le había remitido desde el archipiélago malayo. Allí estaba, para su sorpresa, la síntesis de lo que Darwin llevaba gestando desde que regresó de su viaje alrededor del mundo, que la diversidad que hoy vemos entre los seres vivos es el resultado de la supervivencia de sus ancestros en un ambiente determinado, que esa supervivencia puede resultar de los rasgos que les diferencian si les ayudan no solo a sobrevivir sino también a dejar descendencia, en dos palabras: la selección natural. Darwin estaba recopilando minuciosamente todas sus observaciones que podían apoyar esa teoría, pero no se decidía a publicarlas. El artículo que traía el correo “Sobre la tendencia de las variedades a divergir indefinidamente del tipo original” describía precisamente la selección natural como causa de la diversidad de los seres vivos. Faltaban, en aquél año de 1858, muchas cosas por saber, ni tan siquiera Mendel había formulado las leyes de la herencia, ni Morgan definido la mutación, pero el esquema básico de cómo se originan las especies estaba, para los dos naturalistas británicos, claro.

Posiblemente nunca conoceremos exactamente la cronología de los hechos. Para empezar Wallace deambulaba frecuentemente por la selva de Indonesia en estado catatónico, aquejado de fiebres producidas por la malaria y sin saber muy bien qué día o a veces ni qué mes era, por lo que será difícil que sus cartas proporcionen algún día un registro temporal absolutamente fiable. Calculando lo que en 1858 tardaba en llegar el correo desde Indonesia a Inglaterra y las fechas de partida registradas para los barcos con escala en la isla de Ternate, donde Wallace la escribió, debió echar su carta el 9 de marzo. Bueno, echar la carta no la echó, se la debió entregar al capitán de un barco holandés que luego la transfirió en Singapur a una valija de correo con destino a Sothhampton en Inglaterra. Tres meses después, a primeros de junio, la carta debió llegar a su destino. El sobre, que alguna fecha fiable de su paso por Singapur o su llegada a Londres podía llevar, se ha perdido. Existe no obstante el sobre fechado de otra carta que Wallace envió a la vez y que llegó a su destino en Leicester el 3 de junio.

No fue hasta el 1 de julio, cuando Darwin presentó a la Sociedad Linneana dos extractos de sus notas sobre el origen de las especies, que también se divulgó el artículo que Wallace le había incluido en su carta. Lo que ocurrió en el mes de junio tan solo puede conjeturarse. Algunos sospechan que a Darwin se le iluminó la mente cuando leyó el conciso y riguroso artículo de Wallace, nunca lo sabremos. Pero el hecho cierto es que en la reunión del 1 de julio el orden en que se leyeron las contribuciones, sugerido por los amigos de Darwin, dio prioridad a sus extractos sobre el trabajo completo de Wallace, y que esto condujo a que la fama, y la controversia que suscitaron esas ideas, se asociase a Darwin. ¿Fue este “delicado acuerdo” un procedimiento correcto?

Desde luego que no ha sido el único caso en el que un autor poco conocido, más joven o menos influyente encuentra que uno de sus manuscritos no se publica hasta que no ha completado unos cuantos experimentos sugeridos por un evaluador. A veces curiosamente cuando se lo aceptan y se publica aparece a la par que otro trabajo escrito por un personaje influyente sobre el mismo tema. Al fin y al cabo la ciencia es una actividad humana, con todas sus servidumbres.

¿Y todo esto realmente tienen importancia? ¿No es lo más importante que avance el conocimiento? Creo que sí importa, Wallace era un socialista utópico influido por Robert Owen y a diferencia de Darwin y de sus partidarios entendía la evolución como cambio o variación y no como progreso. La evolución vista por Wallace quizás excluyese ya la intencionalidad, algo que ha adquirido relevancia ante alternativas acientíficas que imaginan un plan que dirige la aparición de las diversas especies y en particular de la especie humana.


REFERENCIAS
- A.C Brackman. 1980. A delicate arrangement: the strange case of Charles Darwin and Alfred Russel Wallace. Times Books, New York.

- J. Klein. 1981 An indelicate unveiling of a delicate arrangement. Immunogenetics. 14: 553-554.



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Comentarios

Me gusta mucho su blog, tiene una gran calidad.

En Público ha salido hace poco un artículo que opina que un militar español se adelantó a Darwin:

http://www.publico.es/ciencias/198658/militar/espanol/inspiro/darwin

¿cuál es su opinión? A lo mejor Darwin sólo sistematizó y publicitó un conjunto de ideas que ya habían surgido en la comunidad científica sin suficiente fuerza. En política no es raro este fenómeno, aunque desconozco si en ciencia ha ocurrido alguna vez.

Sobre Azara, no hay demasiada originalidad ni exclusividad en sus ideas. la realidad de la extinción ya fue planteada por George Cuvier de forma explícita y demostrada. La evolución, entendida como cambio de lea especies, ya estaba siendo planteada por otros autores, incluyendo al propio abuelo de Darwin, Erasmus, mucho antes de que Darwin publicara su obra.

Deberíamos recordar que las ideas son gratis, lo que cuesta es cimentarlas con evidencia para que las hipótesis pasen a ser aceptadas como teorías. Darwin y Wallace encontraron por separado un mecanismo que explicaba los cambios, cosa que no lograron Cuvier (que optó por negar el cambio) Azara (que no aventura un mecanismo) Erasmus (que creía que el cambio era degeneracion) ni Lamarc (que pensaba que el cambio se producía por herencia de caracteres adquiridos).

En cuanto a la selección natural (selección de caracteres heredados), hay al menos dos publicaciones anteriores al artículo inicial Darwin-Wallace que mencionan un posible mecanismo similar, pero se publicaron de forma marginal en medios muy limitados, ya que sus autores simplemente elucubraban sobre arboricultura, incluyendo esas referencias sin más, como comentarios sin explicación.

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