ROTURA DE LIGAMENTOPLASTIA

Tras una intervención quirúrgica para reparar o reconstruir un tejido lesionado cabe, como en cualquier intervención terapéutica, el fracaso. Las consecuencias pueden ser de poca importancia o requerir una nueva intervención. Presentamos aquí un caso de esto último por las implicaciones que puede tener para el fisioterapeuta que trabaja en hospitales, mutuas o centros deportivos. Se trata de un reintervención tras “rerotura” de la plastia de ligamento cruzado anterior.

La fotografía que presentamos corresponde a una rodilla intervenida para reparación del ligamento cruzado anterior. El vendaje neuromuscular (kinesiotaping o kinesiotape en terminología inglesa) delata de qué rodilla se trata. La cicatriz de deja ver tras las tiras dispuestas a modo de “pulpo” doble o enrejado. Sin embargo, vemos una cicatriz “gemela” en la pierna derecha.

Ligamentoplastia tras rotura de ligamentoplastia

Para los que no estén familiarizados con este tipo de cirugía diremos que se trata de la cicatriz habitual para la extracción de tejido donante procedente de los músculos semitendinoso y recto interno y la tunelización para la colocación de los mismos como sustitutos del ligamento cruzado anterior lesionado. En este caso el ligamento lesionado era ya una reconstrucción con tejido autólogo, propio del paciente. Para su restitución se pudo optar por un tejido homólogo (de cadáver), pero el traumatólogo eligió una plastia usando los tendones de la rodilla sana.

Aunque no se trata, en nuestra experiencia, de algo habitual, el fracaso de la ligamentoplastia puede ocurrir con una frecuencia variable. Esto puede aconsejar el recambio o reposición de un nuevo injerto. La fisioterapia  posterior puede no verse condicionada por este hecho, pero si será, si cabe, más importante la prudencia en la misma. Máxime si el tejido donante procede del mismo paciente, con lo que ya no existe la indemnidad de una de las rodillas. Pero no debemos entender la prudencia como una actitud conservadora en extremo. Los protocolos llamados “acelerados” (quizás este no es hoy el modo más adecuado de denominarlos) son de elección por sus ventajas. Y no sería la primera ocasión en que el cirujano explicita una serie de restricciones en los partes de derivación a fisioterapia que no se adaptan al estado de lo ensayado en esta materia. Cuestiones como el uso de ortesis, el inicio de la carga, la utilización de ejercicios desestabilizantes, los saltos  o la carrera, se ven restringidos sin razón aparente. Es un ejemplo de variabilidad en las prácticas que puede alargar la recuperación funcional y que toca de lleno la aceptación de las competencias del fisioterapeuta y el desarrollo de un trabajo en equipo en beneficio del paciente, de la equidad en lasprestación sanitaria o  de la gestión de recursos.

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