Archivo de noviembre, 2020

Canción del aeroplano. José María Romero.

Enlace a Canción del aeroplano de José María Romero en poesía y ciencia

En los primeros años del siglo XX se produce un punto de inflexión en la opinión literaria que incide en la necesidad de repudiar, de una vez, la quejumbrosa y decadente literatura decimonónica mayoritaria, postulando una apertura a las nuevas realidades contemporáneas provocadas, cobre todo, por el avasallador proceso de industrialización.

Juan Cano Ballesta menciona en “Literatura y tecnología. Las letras españolas ante la revolución industrial”, (Nota 1), alguna de las voces que preconizaban, muy a principios del siglo XX, una literatura nueva. Así, por ejemplo, R. Sánchez Díaz en el artículo “Las industrias españolas”, de la revista Electra en 1901, hablaba de “la poesía nueva de las fábricas… Tenemos que hacer libros, dramas, discursos en los que aparezca a cada momento el resplandor magnífico de una boca de horno y vibre como himno resplandeciente el gran poema de las máquinas redentoras”. O Antonio Zozaya en su artículo “Lirismos”, (Alma española, 1904) en que propugna que la literatura debe consagrar sus cantos  a “la investigación racional y a la propagación de los ideales contemporáneos”, resaltando que ahora  “los héroes modernos  llaman Pasteur, Eiffel, Marconi y Cajal”, confesando de este modo,  la fascinación del hombre de principios de siglo por el progreso científico.

Incluso Unamuno en 1905 denuncia el excesivo culto a la forma de simbolistas y parnasianos…: “prefiero todo estampido bravío y fresco de la vida que nos pone al descubierto todas las entrañas”. Es destacable, también la figura del poeta mallorquín Gabriel Alomar, que  en 1904, cuatro años antes que Marinetti, usó el término “futurismo”, alentando al “homo tehcnologicus”cuya gran gesta épica ha sido y será dominar la naturaleza (Gabriel Alomar. Verba. Madrid, Biblioteca Nueva 1917).

Todas estas tendencias que estaban presentes en los diferentes países europeos, incluidas como hemos visto también en España, cristalizan en el futurismo alumbrado por Roberto Marinetti en 1909, que tuvo una difusión increíblemente rápida en Europa. El manifiesto futurista apareció el 5 de febrero de 1909 en el diario Gazzetta dell’Emilia; 15 días más tarde a parece en francés, el 20 de febrero, en el diario Le Figaro. En España se publica la versión en español, (en traducción de Ramón Gómez de la Serna ), en el número VI de la revista Prometeo en abril de 1909. Un prodigio de “marketing cultural” si se me permite la expresión. Fue, desde luego, una bomba de efectos retardados que contribuyó a dinamizar y a modificar el panorama literario y, también de las artes plásticas en toda Europa.

En el punto 11 (y final) del manifiesto futurista, (ver Nota 2), quedan mencionados las grandes innovaciones tecnológicas que deben ser objeto protagonista de la nueva literatura: fábricas, puentes, locomotoras, electricidad… y el aeroplano.Debido a la lentitud del proceso de industrialización en España, las ideas del movimiento futurista necesitaron cierto tiempo para aparecer y cuajar en la creación poética española y es al final de la segunda década del siglo XX cuando comienzan a aparecer poemas que incluyen los elementos centrales de la modernidad tecnológica propugnados por el movimiento futurista y las vanguardias sucesivas.

Aparecía nombrado en el manifiesto futurista, por primera vez, el aeroplano como uno de los inventos que debían cambiar el mundo poético y dar carpetazo al simbolismo y al modernismo.El aviador y el avión – al que entonces se llamaba aeroplano – reunen en sumo grado las características esenciales de este manifiesto futurista que alcanzará a todas las artes.

Debemos mencionar, en lo que se refiere a aeroplanos y a aviones en la poesía, el carácter pionero del breve poema “Al aeroplano” escrito por Miguel de Unamuno en 1915 (Ver Nota 3).

Volando cantan hélices de acero;
ya viene el tiempo de robusto encanto,
graznan los cisnes al morirse o callan,
se baña en nubes rígido aeroplano.

Canción del aeroplano

Con la anterior salvedad, será en 1919 cuando el poeta sevillano  José María Romero Martínez, desde la revista Grecia – la más antigua revista del ultraísmo – (Ver Nota 4), marca un hito en lo que se refiere a la aparición del aeroplano en la poesía, con la publicación de su Canción del aeroplano.

El aeroplano es, en el poema, águila blanca en ruta triunfal hacia la paz azul del infinito; se eleva entre los torbellinos del viento y opone al furor del huracán su corazón de mil caballos“.

El poema está compuesto por 6 estrofas con un total de 62 versos libres. Es uno de los primeros poemas del ultraísmo, movimiento en el que se mezclan las influencias del cubismo, del futurismo y del dadaísmo y abundan las imágenes y metáforas chocantes e ilógicas con alabanzas al adelanto técnico. La rima se elimina y en el léxico priman los neologismos, tecnicismos y las palabras esdrújulas.

Presenta el poema gran variedad de métricas, predominando heptasílabos, eneasílabos, endecasílabos y alejandrinos de 13 o 14 sílabas. Esta repleto de verbos y expresiones que resaltan la ascensión hacia los cielos del aeroplano: “elévate” (5 veces), “sube”, asciende”, “anbandona la tierra”, “dirígete al cielo”, “sigue tu ruta hacia el azul”, “deja la tierra” o “remonta tu vuelo más alto” son algunas de las que podemos encontrar.

Tras la estrofa inicial en que se insta al aeroplano – “águila blanca” – a abandonar la tierra y a dirigirse al cielo, en la segunda asistimos a una comparativa del aeroplano con otros de los nuevos medios de transporte del momento:

“Tú, que no tienes que seguir
un camino inmutable de carriles de hierro
ni una ruta trazada por corrientes marinas; tú, que no necesitas carreteras,
ni la energía dócil de los cables eléctricos
y tienes un motor por corazón,  
gasta el caudal de tu sangre inflamable…”

Tras el poderoso verso anterior que se nombra al combustible del avión “sangre inflamable”, exhorta al aeroplano a elevarse en el aire para trazar “rutas nunca surcadas” y descubrir “horizontes nunca vistos”.

En la siguiente estrofa el poeta se detiene en la variedad de paisajes que desde el aeroplano se podrán divisar “… los valles verdes / y las blancas montañas de la Tierra, / y la llanura azul del océano, / y la ciudad brumosa de enormes chimeneas, / donde tiembla el burgués y el bolchevista ruge…”. Curioso el neologismo “bolchevista” del verso, que aún el idioma no lo ha convertido en bolchevique.

En la penúltima estrecha vemos al aeroplano frente a truenos y huracanes; iniciándose con “Sube en la tempestad, nauta del Infinito;…”; y finalizando con ese lema-insignia del poema que es el “corazón de mil caballos”.

corta con tu timón
el vientre de las trombas
y opón al furor del huracán
tu corazón de mil caballos.

El poema finaliza con cuatro versos memorables en los que se reunen los términos “Muerte”, “Vida” e “Infinito”, asociados a la belleza utilitaria y moderna de los aeroplanos.

“Responde a la Muerte trazando en el aire
la curva sin fin de la Vida
y hacia la paz azul del Infinito
prosigue tu ruta triunfal.”

Magníficos versos que aún no son poesía del siglo XX, pero que ya sí tratan de las nuevas realidades tecnológicas del siglo XX.

 

José María Romero Martínez

Resulta muy complicado escribir acerca de José María Romero Martínez. Es el poeta un personaje – por mi desconocido hasta hace unas semanas y que he descubierto en esta ocupación para poesía y ciencia - que me asombra por la riqueza de su corta biografía y me entristece por su trágico final, cuando aún no había cumplido los 42 años, al comienzo de la guerra civil en Sevilla.

Y es que José María Romero fue una personalidad de extraordinaria relevancia en tres aspectos. (Ver Nota 5). En primer lugar, en su profesión médica. Licenciado en Medicina por la Universidad de Sevilla con premio extraordinario en 1917. Leo que, una vez terminada su carrera se instala como médico en la popular calle Pureza de Sevilla, dónde muchas veces no sólo no cobraba por sus consultas sino que pagaba de su bolsillo las medicinas a quién lo necesitaba. Siguiendo en esta faceta sanitaria, desde mediados de los años veinte, una vez concluido el doctorado desplegó una amplia y fecunda labor profesional como médico de la beneficiencia provincial, como subdirector del Manicomio y como profesor auxiliar de la Cátedra de Histología, además de ser pionero y miembro de la Comisión Científica de la Liga Española contra el Cáncer.

En segundo lugar está su actividad literaria y poética y, también, como animador cultural a través del Ateneo de Sevilla. Fue una de las principales figuras literarias sevillanas entre los jóvenes escritores de su época,  publicando numerosos artículos periodísticos y composiciones poéticas en el rotativo El Liberal y participando activamente en todos los movimientos estéticos que, alrededor de 1920, se desarrrollaban en  la capital andaluza. En este sentido, José María Romero fue uno de los integrantes del grupo Ultra, una especie de avanzadilla del ultraísmo en tierras hispanas, formado por jóvenes poetas andaluces congregados en torno a las revistas hispalenses Gran Guignol y Grecia. En esta última revista, dio a conocer algunos de sus mejores poemas, como los titulados “Carta a Rogelio Buendía”, “Sueños”, “Elegías”,  y “Canción del aeroplano”. Tanto por su forma como por su contenido, esta última composición constituye uno de los mejores paradigmas de la estética ultraísta aplicada a la poesía española de aquellos años.

En su faceta de animador cultural; como vocal de la sección de literatura del Ateneo, participó en la organización del encuentro de jóvenes poetas españoles que reivindican a Góngora en el tercer centenario de su muerte, que se celebró el 16 de diciembre de 1927. Acto en el que participaron los principales poetas de la generación del 27. Aparece en la mítica foto – es el quinto por la izquierda – que inmortalizó dicho acto y que se incluye a continuación.

Homenaje del Ateneo de Sevilla a Góngora. 16 de diciembre de 1927

De izquierda a derecha: Alberti, García Lorca, Chavás, Bacarisse, José María Romero Martínez,

Manuel Blasco Garzón, Jorge Guillén, Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego.

Finalmente, como personaje público – tal y como se refiere en la página web www.poetasandaluces.com – (sic) “sus inquietudes políticas, por convencimiento y amistad, se iban acercando a las tesis del cambio político que habría de verificarse en 1931, siendo elegido en 1936 secretario provincial de Unión Republicana, el partido de Martínez Barrio, y ocupando, sólo unos días, durante el Frente Popular, el cargo de gobernador civil de Sevilla.con el advenimiento de la República.” 

Y en un absurdo y trágico final, recién iniciada la guerra incivil, José María Romero fue fusilado el 19 de septiembre de 1936.

Notas y enlaces

1 Cano Ballesta, Juan“Literatura y tecnología. Las letras españolas ante la revolución industrial”, Valencia: Editorial Pre-Textos, 1999.

2 El punto 11 del manifiesto futurista reza como sigue: “11 Cantaremos a las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, el placer o la rebeldía, las resacas multicolores y polífonas de las revoluciones en las capitales modernas: la vibración nocturna de los arsenales y de los almacenes bajo sus violentas lunas eléctricas, las estaciones ahítas, pobladas de serpientes atezadas y humosas, las fábricas suspendidas de las nubes por el bramante de sus chimeneas; los puentes parecidos al salto de un gigante sobre la cuchillería diabólica y mortal de los ríos, los barcos aventureros olfateando siempre el horizonte, las locomotoras en su gran chiquero, que piafan sobre los raíles, bridadas por largos tubos fatalizados, y el vuelo alto de los aeroplanos, en los que la hélice tiene chasquidos de banderolas y de salvas de aplausos, salvas calurosas de cien muchedumbres.”

3 Miguel de Unamuno: (1915) “Al aeroplano”, en Obras completas, XV., Madrid: Aguilar, pág. 382.

4 José María Romero: “Canción del aeroplano”, en Grecia número 14. Sevilla: 1919, págs. 10-11.

5 Datos biográficos sobre José María Romero Martínezestán disponibles en las páginas web: 
https://www.poetasandaluces.com/profile/318/
http://mcnbiografias.es/app-bio/do/show?key=romero-martinez-jose-maria
https://www.diariodesevilla.es/sevilla/saga-Romero-ateneistas_0_237876920.html
http://radiaciontransparente.blogspot.com/2012/08/cancion-del-aeroplano-por-jose-maria.html

 

 

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Descartes. Alfonso Brezmes.

Enlace a Descartes de Alfonso Brezmes en poesía y ciencia

Descartes

Los caminos por los que se eligen los poemas de poesía y ciencia son muy variados, aunque podrían resumirse en tres: los buscas, los encuentras o alguien te lo pone en bandeja. Este último es el caso del poema Descartes de Alfonso Brezmes, (Madrid, 1966), que nos llegó, a principios de julio, a través del aviso de un buen amigo que lo descubrió.

Después se trata de acercarse al poema con cuidado y tratar de entenderlo. Debo decir que tal como me llegó el título del poema Descartes – con mayúsculas – me fui de forma automática a la figura del gran filósofo francés del siglo XVII. Pero no era  eso. El poema lleva por título Descartes  porque, en su mayor parte, identifica y menciona un proceso de descartes; esto es, temas que se apartan, evitan o excluyen. El poema va desgranando descartes de cuestiones importantes en la comprensión científica del funcionamiento del mundo que nos rodea y en la comprensión de otras cuestiones existenciales.

 


 

Con el no por delante, (descartando), el poeta menciona con valor y admiración diferentes logros indudables de la ciencia; “… el álgebra exacta/ y su árbol de verdad irrefutable”; “….el cosmos infinito/ y su secreta arquitectura” o “…las leyes de los cuerpos /que gobiernan su atracción y su repulsa”…

El poeta continúa descartando otras importantes cuestiones ya no propiamente científicas, sino, más bien existenciales, o del terreno del alma, como como el silencio, la música, el amor – con el memorable verso: “…no el amor, ese desorden necesario;” - , y por último, nada menos, que la razón de la existencia.

Después de la enumeración cadenciosa que suponen los 10 versos iniciales, el poema finaliza con un quiebro final de 2 versos dodecasílabos, en que el poeta, quizá deslumbrado o abrumado por la complejidad o inaprensibilidad del mundo, aspira solamente a comprender su lugar o su papel en la maravilla que es el mundo.

“Si al menos lo supiera antes de morirme:
qué pinto yo aquí, en esta maravilla.

Descartes está incluido en “Sed” - último libro publicado por Alfonso Brezmes - y, tomando nota de una conjetura que se me sugiere, bien pudiera considerarse el titulo del poema como un juego de palabras con el nombre del filósofo francés; ya que las referencias científicas lo son a la física y a las matemáticas que rigen el orden del cosmos; orden que tan caro le era a Descartes: filósofo y científico.

El poema, que resulta moderno y bastante elegante, tiene esa redondez de ciertos poemas en los que se siente que están todas las palabras necesarias; ni una más ni una menos y en su orden, no en otro. Nos trae un aliento de lo mejor de la denominada en nuestro país en los últimos años como “poesía de la experiencia”; muy en la línea de la editorial Renacimiento en la que Alfredo Brezmes ha publicado toda su obra poética: “La noche tatuada” (2013), “Don de lenguas” (2015),  “Ultramor” (2017) y “Sed” (2020).

 

Alfonso Brezmes y la fotografía

Al contrario que la gran mayoría poetas españoles actuales,  Alfonso Brezmes no proviene del mundo académico de las letras, sino que es un artista que se ha desenvuelto, de forma autodidacta, con gran éxito en el campo de la fotografía. (Nota 1).

 

 ‘El pozo de los deseos’. (C) Alfonso Brezmes. (Exposición en Blanca Berlín)

Ha participado en diversas exposiciones individuales en las galerías Caprice Horn (Berlín), Stieglitz 19 (Amberes) y en las galerías madrileñas Cámara Oscura y Blanca Berlín. Ha estado representada en ferias como ARCO, ESTAMPA, ARTESANTANDER, y su obra forma parte de la Colección de Arte Contemporáneo de la Comunidad de Madrid (Centro de Arte Dos de Mayo) y del Archivo Fotográfico de la Comunidad de Madrid.

Con el uso de técnicas mixtas en apoyo de la cámara fotográfica, y sirviéndose de todos los materiales a su alcance: el papel y las tijeras, pasando por el escáner, los collages manuales y las animaciones pobres hasta el uso de las palabras crea fantásticos mundos, fronterizos territorios entre la realidad y el sueño. (Nota 2).

 

El poeta Alfonso Brezmes 

En la entrevista Alfonso Brezmes: «Siempre lo más bello lo vi en los demás»realizada en 2014 en la web lasoga.org, el autor de la misma, Nestor Villazón, define al poeta como un “hombre calmado y atento que es, seguro de sí mismo y sin miedo a rebatir cualquier argumento, pero siempre con mesura y cordialidad”.

En esta entrevista podemos conocer mejor la personalidad del poeta y las cualidades de su obra poética. En ella Alfonso Brezmes se califica a si mismo como poeta tardío:

” Si algo he aprendido con el paso de los años es a esperar. Y esperar es lo que he hecho: a que viniesen a mí las imágenes cuando las soñaba; a que venga a mí la palabra cuando la llamo. Este proceso tarda mucho, a veces toda una vida, depende de cada uno. Yo soy un poeta tardío y, qué le voy a hacer, mis frutos han nacido maduros, listos para comerse; otra cosa es que puedan o no gustar, o que no sean aptos para todos los paladares: nada hay más absurdo que intentar complacer a todo el mundo. Ahora bien, mentiría si dijera que esto ha surgido de la nada: he sido un voraz lector desde muy pequeño y un poeta en la sombra. Solo cuando he sentido que tenía algo que decir, me he atrevido a hacerlo.”

Por nuestra parte sólo tenemos que añadir que nos alegramos enormemente de que Alfonso Brezmes haya sentido que tenía algo que decir y lo haya dicho; es decir que haya dejado  que su obra poética haya visto la luz y la tengamos disponible para nuestra felicidad y disfrute. Y un último poema, muestra de su enorme calidad y humanidad.

Los puntos invisibles

Desconfío de las rectas:
van a donde quiero ir,
no por donde quiero ir.

La sucesión de los recodos
que conducen a un lugar
¿no son acaso parte del lugar?

¿No dibujan las flechas
dirigidas a un solo corazón
el mapa mismo del deseo?

Una vez estuve a punto de perderme
por querer salir del ahora
para llegar antes al después.

Solamente cuando tardo
porque entro en el paisaje
logro ver los puntos que lo unen.

Sólo cuando me demoro
en el camino que me lleva
logro saber a dónde voy.

A ciertas alturas de la vida,
el por dónde es importante:
Ítaca —ya lo sabíamos—
se desvanece al llegar.

 

Notas y enlaces

1. En la web de la galería Blanca Berlín se puede acceder a una buena muestra de la obra fotográfica de Alfonso Brezmes; y, también, en su propia Web: https://alfonsobrezmes.wordpress.com/ .
2. Para conocer con más detalle a la obra fotográfica de Alfonso Brezmes enlazamos a las reseñas de sus exposiciones “Espacios privados” en la galería Cámara Oscura de 2011 y “Alguna vez en ninguna parte” en la galería Blanca Berlín en 2014.

 

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