Guerra al agua embotellada

En la lista de los objetos y prácticas cotidianas de consumo que no gustan a los ecologistas se ha incorporado recientemente el uso de agua embotellada. Según un estudio del Instituto Worldwatch, el impacto ambiental asociado a esta industria es considerable; comenzando por su origen, sobre-explotación de acuíferos, y siguiendo por  toda la energía necesaria para producir, embotellar, empaquetar, almacenar y distribuir el agua embotellada. Y la puntilla que supone los resultantes millones de toneladas de plástico, derivado del petróleo.

 

[Grupo de Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá]

A tenor de los cálculos facilitados por el Worldwatch Institute, el coste de una botella de agua es de 240 a 10.000 veces superior al del agua corriente. Esto supone que un metro cúbico de agua embotellada en países industrializados cuesta entre 370 a 740 euros frente a los céntimos que cuesta un metro cúbico de agua corriente. Con la ironía de que en países industrializados, aquellos que más consumen agua embotellada, la calidad del suministro público suele ser bastante buena, mientras que simultáneamente mil millones de personas en el Tercer Mundo no tienen cubiertas sus necesidades básicas.

 

            Estas cifras, facilitadas con anterioridad por el Earth Policy Institute, estiman que para fabricar todas las botellas de agua que se consumen al año en Estados Unidos se necesita el equivalente a 1,5 millones de barriles de petróleo diarios. Suficiente para satisfacer las necesidades anuales de 100.000 vehículos con motor de combustión interna. España, gran consumidora Entre 1997 y el 2005, el consumo global de agua embotellada se ha duplicado, generando una industria que mueve 100.000 millones de dólares al año y con una tasa de crecimiento bastante envidiable. La mayoría de las botellas están hechas de polietilen tereftalato (PET), un plástico derivado del petróleo. Asimismo, este tipo de plásticos acaba con el paso del tiempo desprendiendo determinadas sustancias perjudiciales para la salud, de ahí que se recomienda evitar rellenarlas o guardarlas de manera prolongada. El siguiente paso es desprenderse de la botella tras haber consumido el valioso líquido de su interior. Gran parte de estos envases acaba en la basura sin que llegue a reciclarse más de un 20%. Y éste es otro de sus grandes problemas: Una botella de este plástico abandonada en un entorno natural puede tardar hasta 1.000 años en biodegradarse. Por su parte, los envases que llegan a las incineradoras aumentan los riesgos de emisiones tóxicas, ya que pueden generar subproductos nocivos

 

Por ello, la concienciación de los consumidores es fundamental, y en este caso, si se decide consumir agua embotellada, al igual que con el resto de envases, asumir la política de las tres erres (reducir, reutilizar y reciclar), es una buena recomendación. La reutilización es otra forma de alargar el ciclo útil de las botellas. Las políticas públicas de reciclaje llevan a países como Alemania o Austria a preferir el agua envasada en botellas de cristal retornable.

 

Las empresas envasadoras han sabido crear y explotar sus productos en plena era de la preocupación por una mejor calidad de vida. Sin embargo, el agua del grifo de los países desarrollados no tiene nada que envidiar a las aguas embotelladas.  Por una parte, la propia legislación española advierte de que las diversas clases de aguas envasadas no tienen ventajas específicas y demostradas para la salud. Por otra parte, el suministro público de agua posee garantías y controles suficientes de calidad.  Dentro del redoblado pulso por reducir el impacto ambiental de nuestra incesante búsqueda por aumentar nuestra calidad de vida, un consejo para encontrar un remedio a este problema medioambiental no puede ser más simple: agua del grifo. Y si no le gusta el sabor o no se fía de su calidad, entonces recurra a un filtro.

 

            La moda del agua embotellada comenzó en el pequeño pueblo francés de Evián, que dio nombre a la famosa marca. El mayor mercado nacional es el estadounidense, aunque el crecimiento más acelerado se está dando en mercados emergentes como Sudamérica y Asia. Su gran desarrollo se debe a una mezcla de comodidad, seguridad, gusto, cachet social, pero también falta de sensibilidad ecológica. Por su parte, los expertos indican que la tendencia en los países más desarrollados es la venta de agua cada vez más sofisticada. Para ello, las posibilidades son diversas: añadiéndole vitaminas, aromas, sabores e incluso oxígeno extra. La moda, extendida en países como Estados Unidos, Alemania  y que se acerca a España, llega a unos extremos insospechados en algunos restaurantes de lujo: diseños sorprendentes de botellas, semejantes a los mas famosos perfumes, aguas “exóticas” provenientes de países como Fiji, o envases que encierran 9.750 gotas de agua pura de lluvia de Tasmania, aterciopelada en boca y de sabor algo almendrado y que se puede adquirir por 10 euros la botella.

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Comentarios

Vivo en una ciudad del norte y el agua del grifoque suministra el ayuntamiento tiene un tratamiento con sales de aluminio para el tratamiento primario que se somete al agua de abastecimiento. Esta tiene una calidad de A1 con algunos valles A2. ¿Merece la pena tratar tanto el agua? ¿es el aluminio disuelto en agua el causante del avance de la enfermedad de Alhezeimer como ya apararecen en algunos estudios?

algunos días el agua tiene sabor y me planteo beber agua embotellada pero creo que lo mejor es hacer lo que se venía haciendo hace tiempo:

los domingos cuando iba al monte podía comprobar cómo mucha gente paraba los coches, en las fuentes y se llevaba para su consumo agua de manantial o de fuentes que tenían gran fama de manar un agua excelente

creo que ésa lógica de los años 70-80-90 se está perdiendo porque nos volvemos más comodones

Totalmente de acuerdo. Esas practicas parece que son consideradas de pobretones y es mejor gastar aunque sea por algo que puedes conseguir a menos de una decima parte del dinero que cuesta. No hay nada peor que a una sociedad llegue antes el dinero que la cultura.

Impulsado sobre todo por la indiscutible mejor caliad y garantía sanitaria del agua de Madrid, hace unos meses consulté con la Comunidad sobre el consumo de agua embotellada en los restaurantes. Me contestaron que ninguna empresa turística está obligada a dar agua del grifo. Prometieron considerar un cambio en la normativa en el momento oportuno (?). Este frente me parece importante en esta guerra.

Impulsado sobre todo por la indiscutible mejor calidad y garantía sanitaria del agua de Madrid, hace unos meses consulté con la Comunidad sobre el consumo de agua embotellada en los restaurantes. Me contestaron que ninguna empresa turística está obligada a dar agua del grifo. Prometieron considerar un cambio en la normativa en el momento oportuno (?). Este frente me parece importante en esta guerra.

vivo en Dallas,tx. usa.

El impusar el no consumo de agua embotellada, mas que todo deveria se r una nomativa lejislativa de los gobiernos para con sus connacionales. O la busqueda de nuevos materiales para su embotellamiento. Promover mas el uso de filtros de H20. Crear una conciencia sobre todo en los paises donde se utiliza este sistema en cantides exhorvitantes.

La guerra del agua pura embotellada, lamentablemente la estamos perdiendo los consumidores, ya que de igual manera, todo beneficio tiene su consecuencia lamentable, en este caso el uso del PET o PETE, que ciertamente podemos ver los basureros llenos de estos envases los cuales generan muchos problemas al medio ambiente, el uso racional de estos, y su reciclaje deberia ser una campaña de parte de las industrias involucradas, como parte de la Responsabilidad Social que deberian propiciar.

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