Proliferación del caracol manzana en el Delta del Ebro. Otro caso de especie invasora

El caracol manzana es una nueva especie para el catálogo de especies invasoras de los ecosistemas acuáticos españoles. La especie fue identificada por primera vez en agosto de 2009 en el Delta del Ebro y su expansión preocupa por el impacto que provoca sobre los cultivos de arroz. La plaga se debe posiblemente a especímenes liberados o escapados como resultado de su empleo en acuariofilia. Se considera una de las 100 peores especies invasoras que ya ha manifestado efectos graves sobre los cultivos de arroz en diferentes países y ha puesto de manifiesto su resistencia a los métodos de control.

[Grupo de Procesos y Sistemas de Ingeniería Ambiental, Universidad Autónoma de Madrid]

En los últimos años hemos asistido a diferentes casos de proliferación de especies invasoras debido a los intercambios comerciales, el tráfico marítimo y la importación de vegetales y animales. Algunas plagas como la del mejillón cebra o de diversas algas son algunos de los casos que han recibido más atención mediática. Recientemente en el Delta del Ebro ha saltado la alarma y las llamadas a vigilar la extensión del caracol manzana, que afecta ya de modo considerable a algunas zonas del margen izquierdo del Delta del Ebro en Cataluña. El caracol manzana se considera entre las 100 peores especies invasoras del mundo por el ISSG/IUCN y puede tener graves efectos sobre los cultivos del Delta del Ebro, ya que se alimenta de brotes de arroz. Además de la alerta en la zona por la presencia en la zona del Delta del Ebro, existe preocupación por la posibilidad de que pueda trasladarse a la Albufera de Valencia o a otras zonas sensibles a su presencia.

El caracol manzana es un caracol acuático (Pomacea canaliculata)  originario de Sudamérica, que puede llegar a los 15 centímetros de diámetro y pesar cerca de 600 gramos de peso. Se le conoce principalmente por gran resistencia y su rápida capacidad de reproducción. Se reproduce a partir de los 60 días de vida y puede realizar hasta tres puestas de entre 1.000 y 1.200 huevos. Se desarrolla en zonas de corrientes de agua y temperaturas altas y puede pasar un largo tiempo enterrado bajo el fango sin necesidad de oxígeno. Salen fuera del agua, sin embargo, a incubar en diferentes tipos de malas hierbas y, sobre todo, en estructuras duras como puentes, compuertas o piedras.

Su presencia en el Delta del Ebro puede estar relacionada con su uso en acuariofilia. En España su presencia fue descrita en agosto de 2009 en la zona de Delta del Ebro, entre los municipios de l’Aldea, y Camarles. En esta zona se puede encontrar en los márgenes del propio río y en diferentes canales de riego. No obstante la acuariofilia no es la única actividad que ha dado lugar a la introducción de la especie en otras partes del mundo. Su cría para uso alimenticio ha sido la principal vía de entrada del caracol manzana en muchos países. A esto se añaden las introducciones accidentales, aprovechando el vacío legal que existe en muchos países. Una vez introducido el caracol manzana, es dispersado por el hombre (sueltas, escapes por negligencias, etc.) teniendo además la capacidad de ampliar su área de distribución a través de las corrientes de agua.

La plaga se ha producido también en otras regiones productoras de arroz en el mundo, fundamentalmente en  Vietnam, Japón, Filipinas, Tailandia, China y Estados Unidos. En todos estos países se ha constatado la dificultad para su control. La especie fue introducida en 1979 en Taiwán y poco después en Japón para criarla para uso alimenticio. En 1983 de Japón contaba con alrededor de 500 criaderos. Sucesivamente frente al prometedor beneficio económico del “caracol dorado milagroso” la especie fue introducida en Filipinas (1982-1984), China, Corea del Sur, Malasia, Tailandia, Indonesia, Vietnam, Laos, Papua-Nueva Guinea y en las islas Hawai. Sin embargo el negocio fracasó rápidamente ya que la especie no alcanzó una buena aceptación por parte de los consumidores. Los caracoles liberados o escapados de los criaderos encontraron rápidamente un hábitat idóneo en el medio natural y en los cultivos de arroz. Su impacto sobre los cultivos de arroz del sureste asiático ha sido devastador. En la actualidad, en Filipinas, esta plaga, ya conocida desde los años 50 en Surinam, es considerada por los cultivadores de arroz el enemigo número uno, habiendo provocado en un solo año (1990) pérdidas estimadas entre 28 y 45 millones de dólares americanos. Actualmente la especie está presente en 1,2-1,6 millones de Ha de los 3 millones destinados al cultivo del arroz. La especie ha sido introducida también en Estados Unidos donde afecta a los arrozales de Texas y California y a los cultivos de taro en las islas Hawai.

Estudios de modelos climáticos han evidenciado que la especie puede seguir expandiéndose donde ya está presente, y que puede alcanzar también India y Australia.

Desde la perspectiva medioambiental el caracol manzana compite con las especies autóctonas y destruye la vegetación acuática nativa, llegando a modificar profundamente las funciones de los ecosistemas en los cuales se encuentra, con alteración del ciclo de nutrientes que favorece las proliferaciones de algas.
El caracol manzana es además huésped intermedio del nematodo Angiostrongylus catonensis un agente capaz de causar meningitis en los humanos. La transmisión de este parasito se produce únicamente al consumir caracoles cocinados durante un tiempo insuficiente. Correctamente tratado su consumo no es perjudicial para la salud..

La prevención es prácticamente la única estrategia de gestión segura, ya que una vez que la especie está presente en el medio natural es muy difícil erradicarla. Se han probado numerosos métodos de control en diferentes partes del mundo. Los métodos de control mecánico (recolección manual de ejemplares adultos con ayuda de trampas y cebos y retirada de las puestas) han dado buenos resultados en los cultivos, reduciendo considerablemente el número de efectivos poblacionales. Sin embargo este método no sirve para erradicar a la especie y tiene además la desventaja de tenerse que llevar a cabo constantemente y por un elevado número de recolectores. La eficacia de este método puede mejorarse mediante la excavación de zanjas poco profundas en las cuales la especie tiende a congregarse y eliminando la vegetación de los alrededores de los bancales de los cultivos para dificultar al máximo la puesta de la especie, obligándola a poner sobre el suelo donde los huevos son más vulnerables.
El uso de barreras mecánicas en los canales de riego puede retrasar la entrada de la especie en los cultivos.

El control químico, mediante el uso de molusquicidas u otras sustancias no es aconsejable ya que su eficacia es muy variable. Los productos utilizados no son específicos y afectan al resto de fauna además de tener un peligro potencial para los humanos. El control biológico parece descartado, pues no se conocen enemigos naturales capaces de reducir significativamente sus poblaciones; además, no es aconsejable puesto que la introducción de una nueva especie alóctona puede provocar daños aun mayores e inesperados. El uso de especies nativas para controlar las poblaciones del caracol invasor puede ser una opción a explorar: las anátidas nativas parecen haber dado buenos resultados en Asia y en Hawai, si bien no han servido para erradicar a la especie. 

 

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