SEMBRAR LLUVIA PARA AFRONTAR LA SEQUIA EN LOS ANDES

En Perú, la recarga hídrica retoma relevancia por el proceso de degradación ambiental acelerado en cuencas andinas y amazónicas, por efectos socioambientales y por la gran variabilidad climática producto del cambio climático.
La técnica de la siembra de agua busca un suministro de agua más sostenible a largo plazo que la de la creación de lagunas impermeabilizadas para distribuir su contenido mediante canales o tuberías. Este último método, además de ser más costoso, desaprovecha una parte del agua por la evaporación en la temporada de sequía, donde las temperaturas son muy altas en las cimas andinas.
En el PACC (El Programa de Adaptación al Cambio Climático) están recuperando estas técnicas gracias a sus buenos resultados. Consisten en almacenar agua en lagunas naturales de las zonas altas, de forma que sirvan de abrevadero; indirectamente ese agua se está infiltrando al suelo y aportando caudal a los manantiales.

Grupo de Ingeniería Química y Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

El cambio climático está provocando grandes variaciones de temperatura y precipitaciones en los Andes, generando desequilibrios en la ecología; impactando en las actividades agropecuarias, en la seguridad alimentaria y en las condiciones de vida.
El Programa de Adaptación al Cambio Climático PACC PERÚ, surge como respuesta a esta problemática.  Es un proyecto de cooperación bilateral peruano – suizo del Ministerio del Ambiente y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación – COSUDE, que intenta lograr un desarrollo sostenible y disminuir la vulnerabilidad al cambio climático de las poblaciones rurales como un paso directo en la lucha contra la pobreza.

En uno de los proyectos de cooperación, el Programa de Adaptación al Cambio Climático (PACC), ha puesto en marcha una propuesta basada en la siembra del agua de la lluvia para alimentar los acuíferos. Esta propuesta nace a raíz de la necesidad que una región andina de Cuzco (Huacapunco) tenia de represar una laguna. El objetivo era poder canalizar el agua, cada vez más escasa por la falta de regularidad de las precipitaciones en la época de lluvias y el sobrepastoreo, hacia sus zonas de pastos y de cultivos.

La siembra y cosecha de agua se practica en varias partes del mundo, particularmente en países del Mediterráneo y Medio Oriente, desde tiempos milenarios. Independientemente de los conceptos técnicos internacionalmente usados (water harvesting, rain water harvesting, cloud seeding, artificial recharge, etc.). En Perú se ha ido acuñando el término de siembra y cosecha de agua para referirse a las intervenciones intencionales en el ciclo hidrológico terrestre para retener, infiltrar, almacenar y regular aguas provenientes directamente de la lluvia, para su aprovechamiento en un determinado lugar y tiempo. Más en particular, el concepto siembra de agua se centra en la recarga hídrica del suelo, subsuelo y/o acuíferos. Se relaciona con medidas que estimulen la incorporación del agua de lluvia (mediante la interceptación e infiltración de la escorrentía superficial que es provocada por dicha precipitación) en el suelo, subsuelo y/o acuífero, sea a nivel de la capa arable, zona radicular, perfiles de subsuelo o alimentando los acuíferos. La capacidad de sembrar agua depende de la intensidad de precipitación, el grado de escorrentía, la capacidad de retención del sistema suelo– planta y de la capacidad de infiltración del suelo y geología del territorio. Por otra parte, el concepto de cosecha de agua se relaciona con el almacenamiento local del agua, previamente interceptada o captada en cuerpos superficiales o subterráneos, así como la regulación de sus momentos y caudales de descarga, de tal forma que puedan ser utilizados para diferentes fines como consumo humano, crianza de peces, agricultura o ganado [1].

Desde tiempos inmemorables se conocen en los Andes y en otras partes del mundo, prácticas de recarga hídrica del suelo, subsuelo y acuíferos así como de cosecha de agua a través de medidas de captación y almacenamiento de agua de lluvia. Alguna de estas prácticas, fueron desarrolladas por las sociedades precolombinas en los Andes, pero fueron abandonadas. Sin embargo, el tema de la recarga hídrica en este país retoma relevancia al evidenciarse un proceso de degradación ambiental, acelerado en las cuencas andinas y amazónicas, por efectos socioambientales y por la gran variabilidad climática producto del cambio climático.

 

Figura 1. El director de Estudios y Proyectos Ambientales del Instituto del Manejo de Agua (IMA) del Gobierno regional Cuzco, junto a la laguna de Quescya. Pablo Pérez

En los últimos años no se había continuado con este almacenaje y además mucha gente había drenado estas lagunas para sacar agua y regar más abajo, de manera que están hoy en día secos. Sin lagunas, el agua de lluvia se va monte abajo rápidamente y se desperdicia. Estas lagunas situadas en lo alto de la montaña, actúan como reguladores del agua y los campesinos tienen suministro todo el año. Esta manera de regular el agua es importante en los Andes, debido a que por los efectos del cambio climático; la temporada de lluvia ha pasado de comenzar en Septiembre a comenzar en Enero; además de que en lugar de ser precipitaciones suaves, ahora son torrenciales por lo que el agua no se infiltra, y es muy complicado de retener.  Además, en promedio, en Perú sólo alrededor del 1% de las aguas precipitadas son destinadas al uso consuntivo en actividades económicas (particularmente, riego) y para uso poblacional. El resto drena hacia el Océano Pacífico o Atlántico, o evapora nuevamente hacia la atmósfera.

 

Figura 2. Un vecino de Chocopia, muestra el huerto que ha hecho crecer en el patio de su casa gracias al abastecimiento de agua por el represamiento de la laguna de Quescay. Pablo Pérez

El PACC se encarga de identificar los puntos idóneos para hacer los depósitos de agua, por aquellos por donde habría mayor infiltración (fundamentalmente en función del tipo de roca). Para estos depósitos de agua se utilizan depresiones naturales de la tierra al extremo de las cuales simplemente hay que construir un dique, en el que no se utiliza cemento o hierro, sino materiales de la zona (arcilla y tierra compactada).

En términos de beneficios y pensando en la agricultura familiar, la finalidad de estas prácticas es mejorar la seguridad hídrica de las familias dedicadas a la agricultura familiar, e indirectamente, contribuir a mejorar la regulación y aprovisionamiento de agua a otros usuarios. El mejoramiento de la disponibilidad y reservas de agua para la agricultura familiar a través de medidas de recarga hídrica y de cosecha de agua no puede ser concebido sólo como un esfuerzo individual o familiar a nivel de parcelas agrícolas dispersas, si no que requiere de un enfoque territorial que involucre acciones integrales, tanto a nivel de familias individuales como a nivel de grupos, organizaciones e instituciones [1].

REFERENCIAS:

[1] Rumbo a un Aportes y reflexiones desde la práctica Programa Nacional de Siembra y Cosecha de Agua. http://www.paccperu.org.pe/publicaciones/pdf/258.pdf

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