¿Será el agua la cusa del próximo conflicto mundial? Parte II

La escasez de agua surge en los inicios del siglo XXI como uno de los problemas más acuciantes que afectan a la generalidad del globo terráqueo y posible causa del mayor conflicto geopolítico hasta ahora conocido.

 

 

[Grupo de Fisicoquímica de Procesos Industriales y Medioambientales, FQPIMA. Universidad Complutense de Madrid.]

 

Como se comento en el primero de esta serie de escritos, la escasez de agua dulce es uno de los siete problemas ambientales fundamentales y para buena parte de la comunidad científica es, junto al cambio climático, el principal problema del nuevo siglo. A las perspectivas nada favorables, se une el interés cada vez más real por parte de los estados y de otros intereses por apropiarse de los recursos que, en buena lógica deberían compartirse. De esta manera este recurso a pasado a ser objeto claro de peleas políticas relacionadas con el reparto y el uso…..el agua es de todos pero la que pasa por el territorio propio no; presas, canales de riego, tecnologías de purificación y de desalinización, sistemas de alcantarillado y tratamientos de aguas residuales son motivo de luchas políticas más que soluciones. A esto se une el envasado y comercialización del agua, negocio que mueve más ganancias que la industria farmacéutica.

 

Esta última parte es grave porque existe un serio peligro que puede suponer la apropiación de territorios ricos en reservas de agua o, de forma directa, la privatización del agua. Los gobiernos de buena parte del globo (que en su mayoría no forman parte del primer mundo) están cediendo de responsabilidad y de sus obligaciones con los recursos naturales a favor de las empresas privadas. Esto no significa una mejoría clara en  la gestión del agua, y si supone un aumento de costes que repercute en el consumidor final. En los últimos años, las grandes corporaciones (Global Fortune, RWE, American Water Works, Thames Water, Vivendi y Suez entre otras), que en muchos casos son de naturaleza multinacional, han pasado a controlar el agua de una buena parte del planeta, y se teme que en los próximos años, unas pocas empresas privadas poseerán el control del monopolio de casi el 75% de este recurso vital para la vida en el planeta.

 

Los problemas se agravan aun más cuando añadimos el problema de la contaminación de los escasos recursos con los que se puede contar, en especial en áreas deprimidas. Los acuíferos que corren bajo Beijing, Delhi, Bangkok, y docenas de otros ubicados en zonas urbanas de rápido crecimiento  se están secando. Los ríos Ganges,  Jordan, Nilo y Yangtze, durante gran parte del año reducen su caudal a la mínima expresión. En la antigua Unión Soviética, el Mar de Aral se ha reducido a una cuarta parte de su tamaño, dejando tras de sí una corteza de salitre como residuo.

 

El déficit local y regional de agua es debido, sobre todo, al aumento de las necesidades surgidas del desarrollo económico y de la explosión demográfica. El hombre ha utilizado el agua para fines cada vez más numerosos, y su dependencia de este elemento no ha hecho más que crecer, en especial en el pasado siglo; debido a esto el volumen de aguas residuales ha crecido exponencialmente. El agua dulce es el recurso renovable más importante, pero la humanidad está utilizándolo y contaminándolo más rápidamente de lo que necesita para reponerse. Además hay que añadir que el ciclo hidrológico es cada vez menos previsible ya que el cambio climático altera los patrones de temperatura y precipitaciones establecidos y previstos en todo el mundo.

 

 

 

 

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