¿Por qué hablamos de agua y cooperación al desarrollo?

Hablar del acceso al agua potable en un país es hablar directamente de su nivel de desarrollo. Siendo un bien básico, la necesidad de agua potable origina problemas no sólo de salud sino también de género y desarrollo económico. Cómo afrontar un proyecto de cooperación que trate de mejorar el acceso al agua no es una tarea sencilla, y además del estudio técnico, no hay que olvidarse de que factores culturales y sociales pueden hacer que el proyecto sea un éxito o un fracaso.

[Marta Vivar García, Instituto IMDEA Agua]

En general, en un país desarrollado como el nuestro, la gran mayoría de las personas abrimos el grifo y tenemos agua, agua que podemos beber directamente, en la cantidad que queramos (Fig. 1a). Quizá en época de sequía haya alguna restricción, pero normalmente disponemos de agua potable a diario y a un precio razonable. Pero una parte de la población mundial no tiene acceso básico a agua potable, puede ser que tenga acceso a una fuente de agua, pero normalmente no es segura (Fig. 1b). Tampoco hay distribución, y en la mayoría de los casos el coste del agua potable es una parte muy importante en la economía familiar.

Fig. 1: a) Acceso al agua en un país desarrollado: segura directamente del grifo, precio asequible (Imagen cortesía de la UNESCO); b) Acceso al agua en un país en desarrollo: fuente no segura, distribución limitada, coste alto (Imagen cortesía de www.talkvietnam.com)

Si lo vemos en números, de los 7.000 millones de personas que hay en el mundo, existen alrededor de 800 millones que no disponen de agua potable. Es decir, aproximadamente una de cada ocho. Además en muchos casos donde sí hay acceso a agua potable, éste está limitado por horas o tiene estándares de calidad muy inferiores a los de otros países desarrollados.

¿Qué supone no tener acceso a agua? Una amplia variedad de problemas, desde salud a  desarrollo económico, igualdad de género…afecta a muchos ámbitos en la vida de las personas. En cuanto a problemas de salud, el agua puede contener microorganismos patógenos para el hombre que producen enfermedades, bien por ingesta del agua, ligadas a la escasez de agua, o relacionadas con aguas en las que crían mosquitos transmisores de enfermedades. Esta relación entre agua y salud es crítica, ya que un 80% de las enfermedades contraídas en países en desarrollo tienen su origen en la falta de agua potable y saneamiento.

Por otro lado, en la mayoría de los países en desarrollo son las mujeres las encargadas de buscar y suministrar el agua a las familias. El problema es que hoy en día la escasez de agua obliga a las mujeres a caminar distancias cada vez mayores para conseguir agua todos los días, a veces entre 6 y 8 horas, como ya se comentó en una entrada del blog anterior (Una rueda de agua cambia la vida a millones de personas). Estos viajes en búsqueda de agua suponen un problema de género ya que las mujeres no tienen tiempo ni para la educación ni para otras actividades que puedan contribuir al desarrollo económico de la comunidad (Fig. 2a). Además, durante los viajes están expuestas a peligros tales como robos y violaciones. El rol de las mujeres como encargadas de buscar el agua en estos países está tan establecido, que incluso en juguetes occidentales como los ‘Playmobil’, cuando representan a familias de otros países, representan a las mujeres con el jarro para ir a buscar el agua, frente a los hombres que están representados como los guerreros y cazadores (Fig. 2b).

Fig. 2: a) Grupo de mujeres en búsqueda de agua (Imagen cortesía de National Geographic); b) Muñecos de ‘Playmobil’ donde se refleja como el rol de las mujeres como encargadas del agua está completamente asumido en países en desarrollo (Imagen cortesía de www.luisfemar.wordpress.com)

Si vemos ahora qué significa cooperación para el desarrollo, una definición del término sería el conjunto de acciones orientadas a mejorar la vida de las personas en los países más desfavorecidos, tratando de eliminar la pobreza, usando los recursos locales disponibles y fomentando la igualdad de género. Estas acciones incluyen dar asistencia a las necesidades básicas de la población, entre ellas el acceso al agua. Como referente internacional en cooperación, las Naciones Unidas declararon el acceso a agua potable como un derecho humano en el año 2010.

Si hablamos de cooperación, tenemos que hablar de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas para el año 2015, que son ocho objetivos que abarcan desde la reducción a la mitad de la extrema pobreza, hasta la detención de la propagación del SIDA y la consecución de la enseñanza primaria universal para el 2015. Estos objetivos son seguidos por cualquier acción de ayuda al desarrollo. Actualmente se están revisando para establecer un plan que continúe a partir de 2015. En cuanto al agua se refiere, hay un objetivo específico, el número 7, en el que se trata de reducir a la mitad la proporción de personas sin acceso sostenible al agua potable y a servicios básicos de saneamiento. Por otro lado, hay otros tres objetivos relacionados también con el agua, como es el número 1, “erradicar la pobreza y el hambre”, ya que se necesita el agua tanto para cocinar como para la agricultura y ganadería; el número 4, “reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años”, ya que el agua es causante de la mayoría de las diarreas que causan mortalidad infantil en países en desarrollo; y el objetivo número 3, “promover la igualdad entre sexos y el empoderamiento de la mujer”, ya que las mujeres son las encargadas del agua como ya hemos visto. En general, todos los planes directores de cooperación de los distintos países, así como los proyectos de ONG´s y otras agencias e instituciones oficiales, están basados en estos objetivos.

Para esta población que no tiene acceso a agua potable, las tecnologías de tratamiento de agua suponen una oportunidad para usar sus recursos locales y acceder a un agua más segura. Pero antes de seleccionar un determinado tratamiento, hay que realizar un estudio detallado y ver en qué nos basamos para utilizar un tipo de tecnología u otra en un proyecto de cooperación. Esta tarea no es fácil, de hecho es una de las partes más difíciles de cualquier proyecto, y hay que tener en cuenta distintos factores: el tipo de proyecto, los recursos disponibles, los factores culturales, etc.

Por ejemplo, hay que distinguir entre si los proyectos son de carácter urbano o rurales, principalmente en cuanto a densidad de población  se refiere. No es lo mismo trabajar en una ciudad, donde quizá podamos acceder a otras infraestructuras, a hacerlo en zonas más aisladas, normalmente rurales, donde los recursos pueden ser más limitados (Fig. 3 a y b). También es cierto que si trabajamos en la ciudad existen grandes diferencias entre barrios, por lo que habría que distinguir entre tratamientos de carácter comunitario y tratamientos domiciliarios.

Otro factor importante es ver si el proyecto es de desarrollo a largo plazo o si consiste en ayuda humanitaria a corto plazo. En un proyecto a largo plazo en una comunidad, los criterios para seleccionar tecnologías serán fundamentalmente que sean métodos sencillos, eficientes, de bajo coste, fáciles de usar, con bajo mantenimiento, que no consuman muchos recursos energéticos, y que no necesiten una provisión continua de materiales (por ejemplo químicos).

Por el contrario, cuando hablamos de proyectos de ayuda humanitaria nos referimos a situaciones de emergencia, normalmente debido a conflictos o a catástrofes naturales, como el tifón de Filipinas del año pasado (Fig. 3c). En estos casos la actuación debe ser rápida, y normalmente se prima la cantidad de agua frente a la calidad, es decir, se asegura una calidad mínima, pero se intenta producir mucha cantidad de agua potable en poco tiempo. De esta forma, las tecnologías deben ser eficientes y rápidas, y pueden permitirse un coste más alto y la utilización de químicos. En cuanto a la energía, se pueden utilizar sistemas que la utilicen, pero siempre teniendo en cuenta que en situaciones de desastre el acceso a los combustibles puede ser muy caro y muy difícil.

Fig. 3: Distintos escenarios de cooperación en temas de agua según las necesidades y densidad de población: a) Ciudad en un país en desarrollo – Chennai, India; b) Comunidad más pequeña en Bolivia (Imagen cortesía de www.helvetas.org), c) Situación de emergencias – Filipinas 2013, tifón Yolanda (Imagen cortesía de Cruz Roja Española).

Hay que tener en cuenta los recursos locales disponibles de agua y energía: cantidad, calidad y distancia a la que está el agua;  y si hay acceso a energía o no, incluyendo el coste asociado; así como qué materiales y qué tecnologías están disponibles localmente, de cara a la fabricación y mantenimiento de los sistemas. Finalmente, uno de los puntos más importantes en cualquier proyecto de desarrollo son los factores culturales, es decir, las costumbres de la población y la educación en agua y saneamiento que tengan. Es muy fácil que la población rechace un agua tratada porque no le guste el sabor o el color – aunque sea agua segura-; o que deje de utilizar una tecnología. Un ejemplo de un proyecto con rechazo social, para ver lo importante que es tener en cuenta las costumbres y la educación de la población local, es el caso del proyecto de UNICEF en la provincia de Gai Lai en Vietnam en 2011. En este proyecto, UNICEF construyó pozos en una zona donde el agua del río estaba muy contaminada, que era el punto de abastecimiento de la población local. Con el tiempo, se ha comprobado que  en algunas zonas la población utiliza el agua de los pozos solamente para lavar pero no para beber. Para beber, siguen utilizando el sistema tradicional de cavar agujeros cerca del río y coger el agua de ahí, filtrada por la arena del río. Pero incluso de esta forma, el agua sigue contaminada, y la filtración no es suficiente.

Fig. 4: Ejemplo de un proyecto de cooperación con rechazo social: a) Pozos construidos por UNICEF en 2011 en la provincia de Gai Lai debido a la alta contamicación de los ríos, de los que el agua extraída se utiliza actualmente para lavar; b) Sistema de excavación en el río – filtración natural; c) Niña recogiendo agua filtrada del río, utilizada para beber aun estando contaminada (Imágenes cortesía de www.talkvietnam.com)

¿Por qué lo hacen? Porque el sabor del agua de los pozos no les gusta, no están acostumbrados, y porque su tradición es otra y lo siguen haciendo así. Probablemente sea un problema de educación en agua, si el agua que he bebido siempre del río de esta forma estaba bien, ¿por qué va a haber cambiado? El agua sigue siendo clara, no ha cambiado el color, ni el sabor…pero los contaminantes no se ven, ¿por qué va a creérselo la población?

En resumen, la necesidad de agua potable en países en desarrollo es una realidad, donde el agua produce problemas de salud, género y desarrollo. Las tecnologías de tratamiento de agua pueden mejorar el acceso a agua potable pero hay que realizar un estudio previo detallado en cada caso y seleccionar la solución que mejor se adapte a la población local, sin olvidar la importancia de la educación en agua y saneamiento para que los proyectos tengan continuidad una vez terminados oficialmente.

 

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