Democracia y el derecho de voto de los emigrantes y sus descendientes – Una asimetría en la política española de ciudadanía

En una sociedad de inmigración, como la que se está configurando en los últimos años en España, resulta prioritario favorecer los mecanismos normativos y los recursos institucionales necesarios para lograr una sociedad integrada, en la que quepa y se sientan a gusto tanto los nacionales como los recién llegados. En este sentido, el status de ciudadanía puede desempeñar un papel relevante. Con todo, la ciudadanía como mecanismo de cohesión social constituye una cuestión abierta a debate, pues no siempre la concesión de la ciudadanía equivale realmente a integrar. Pero también es cierto que la puesta en marcha de políticas de inclusión cívica dirigidas a extender el estatuto de ciudadanía a los inmigrantes ya establecidos tiene una indudable ventaja en aras de su integración social y política: impide o al menos obstaculiza que se consolide una categoría social, perpetuada de padres a hijos, de residentes no ciudadanos, de metecos.

Con las salvedades que se quieran hacer, el Estado español ha mantenido desde hace tiempo una generosa política de reconocimiento de la nacionalidad para los descendientes de los emigrantes españoles. Recientemente el gobierno ha aprobado un proyecto legislativo que refuerza esta política. Esto corresponde, sin duda, a la tradicional percepción de España como un país de emigración y a las previsiones recogidas en la Constitución de 1978. Este fenómeno está ahí, pero también es cierto que desde hace unos años España se ha transmutado en un país de inmigración, con casi un 10% de su población residente de origen inmigrante. En este nuevo contexto social, el Estado español no se muestra tan abierto a la concesión de la ciudadanía a sus nuevos miembros. La excepción sería la política favorable a los emigrantes procedentes de las antiguas colonias americanas.

 

Para fomentar el debate, quería señalar la existencia de una asimetría sobre la que considero que es necesario pensar en público, pues tras ella podría ocultarse un injustificado trato no igualitario. ¿Cuál sería esa asimetría? El hecho de que, por un lado, residentes legales, que trabajan, que pagan sus impuestos, que gozan y padecen las de los gobernantes de este país, no tengan derechos políticos de ciudadanía y que, por otro lado, descendientes de españoles –y me refiero sólo a aquellos que nunca hayan residido en España- puedan no sólo tener acceso a la nacionalidad y puedan disponer de pasaporte, sino que además dispongan de derechos políticos de ciudadanía. De modo que pueden, por ejemplo, elegir a unos representantes políticos que pretenden subir los impuestos que esos electores nunca van a pagar porque no residen en España. Y quien dice impuestos, dice también medidas o leyes a las que los descendientes de emigrantes no residentes nunca tendrán que someterse. Pienso que esa asimetría hay que superarla, lo que no sé muy bien es por qué lado sería mejor hacerlo.

 

En todo caso, el sistema democrático tiene la enorme virtud de convertir a los destinatarios de las leyes en autores de las mismas mediante la participación directa o indirecta en el proceso legislativo. Quizás ahí estribe su grandeza. Por eso mismo, no sería democrático ni justo que quienes participan como autores de las leyes luego no estén sometidos a esas mismas. Esa no es la lógica democrática. No se trata tan sólo de que el elector deba estar enterado de las diferentes ofertas electorales y del perfil de las personas a la que se eligen (¡que también!), sino de que el elector esté en situación de ser receptor de las propias decisiones, esto es, de que pueda ‘disfrutar’ o ‘sufrir’ sus propias decisiones. ¿Con qué legitimidad alguien que vive de manera habitual bajo la jurisdicción de un determinado país puede participar en otro país en el que no vive en el proceso de configuración de leyes y decisiones a las que finalmente no va a someterse?

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Comentarios

Personalmente no permitiría el voto de los inmigrantes más alla de las municipales, y con muchas cautelas. Seamos realistas. En primer lugar existen un grupo determinado de inmigrantes que son capaces de unirse en cuadro electoral con el simple aliciente de un discurso en una mezquita, así empiezan en cualquier país y terminan pidiendo el Tribunal de la Sharia (Canadá, por ejemplo). Luego existe otro grupo que destaca por su gran clarividencia a la hora de elegir sus lideres: Kirchner, Evo Morales, Correa, Chavez, Alan Garcia… ejemplos al mundo, sin duda. Hombre, quizás podamos salvar al argentino, claro que antes tuvieron a Menem… Con esos antecedentes creo que es para pensárselo, basta que cualquiera les prometa el oro y el moro y le votan, no gracias, no quiero que este tipo de personas participe en la direccion de mi país. En otros países, como Alemania o Estados Unidos, el ser ciudadano y tener derecho a voto lleva consigo la realizacion de toda una formación sobre lo que consiste eso, ser ciudadano de pleno derecho, quizás si aplicamos lo mismo que otros países con mas experiencia en estas lides mejor nos va a ir.

En cuanto a lo de la ciudadania para nietos… ¿y porque no para bisnietos?, mejor aun, regalemos la ciudadanía a todo aquel que la desee, seamos buenos y con buen rollito… En otras naciones el adquirir el derecho a ser nacional lleva su tiempo, sus trámites y desde luego no es nada sencillo, años, muchos años para conseguirlo, aqui andamos regalando el derecho a ser español, y deberia de preocuparnos que tantos y tantos deseen obtener ese derecho ¿a que viene esa preocupación por parte de tanto nieto y tanto hijo? ¿así de repente? ¿porque que?… ah, claro, para venir de turismo cuando les plazca,. y si, mi hija de meses tambien se chupa el dedo…

En España, según el Instituto Nacional de Estadística, había en 2006 1.958.091 personas censadas como residentes legales, que pagan sus impuestos y sin embargo no tienen reconocido el derecho al voto.

Si contamos con aquellos inmigrantes que han obtenido la ciudadanía, el voto inmigrante sólo representará entre el 2% y el 3% del total del censo. Entonces, ¿porqué hay tanto interés en el inmigrante ciudadano? La explicación la da el hecho de que la inmigración se concentra en cinco municipios, y por tanto en ellos su voto puede representar un peso significativo: Madrid, Cataluña, Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía y Canarias.

Creo que es un error condicionar el acceso del inmigrante a la ciudadanía democrática – y el consiguiente derecho de voto – a la reciprocidad internacional (esto es, al hecho de que su país de origen conceda el mismo trato a los españoles), como se ha hecho en nuestro ordenamiento constitucional. Ello llevaría a excluir de la posibilidad de acceso a quienes proceden de países no democráticos.

Nuestra política en esta materia no debería estar condicionada por la práctica de los países de origen, sea ésta cual sea, precisamente porque responde a exigencias inherentes a nuestro propio sistema, no al suyo.

El señor Luis en su discriminatorio y xenofóbico comentario deja muy en claro su oposición al derecho al voto de los ciudadanos inmigrantes, no hay dudas al respecto. A dicho comentario le cabe también el calificativo ignoto ya que expresa: " no quiero que este tipo de personas participe en la direccion de mi país " , su ignorancia no le deja ver que España no solo es su país sino el país de todos sus ciudadanos, y el conjunto de los habitantes de un país están regidos por un mismo gobierno por lo tanto los inmigrantes tienen igual derecho a elegir a sus gobernantes, porque son tan ciudadanos españoles como los nacidos en España, porque habitan ese suelo, porque trabajan en ese país, porque pagan sus impuestos al estado español, etc.

En cuanto a su ácido análisis sobre la desición electoral en latinoamerica en el que refiere: "Luego existe otro grupo que destaca por su gran clarividencia a la hora de elegir sus lideres: Kirchner, Evo Morales, Correa, Chavez, Alan Garcia… ejemplos al mundo, sin duda. Hombre, quizás podamos salvar al argentino, claro que antes tuvieron a Menem…" se podría decir que es la misma clarividencia que tuvo el pueblo español al elegir como primer mandatario a Aznar que llevó a involucrar a España en una guerra sin sentido para el pueblo, como todas las guerras. Se puede culpar a los votantes españoles por las muertes de sus soldados??? se los puede culpar por el atentado de Atocha??? Yo creo que no, todo pueblo es sincero, vota con ilusión y creyendo que elige lo mejor para su país y para el futuro de sus hijos, el pueblo no se equivoca los que se equivocan son los gobernantes que defraudan al pueblo.

No hay que temer al muerto, hay que temerle al vivo, y solo quedan vivos los que tienen el poder porque el pueblo está muerto de tanto trabajar.

Sepa señor Luis que España no regala el derecho a ser español a nietos sino que le devuelve el derecho que nunca se tendría que haber negado, sepa usted que español no es solo un derecho legal sino un sentimiento, lamento mucho que usted no disfrute de sentir el orgullo que sentimos los descendientes, nada sabe usted de la satisfacción de sentirse verdaderamente español sin necesitar un papel que lo acredite, porque el amor no precisa sellos y firmas. Y porqué no bisnietos???? si….porque no??? también llegará para ellos muy a su pesar y aunque su hija se chupe el dedo.

A los emigrantes se les deben exigir que voten en los consulados españoles. Así es como regulan las mayoría de los países el derecho del voto de sus ciudadanos en el extranjero.

Las leyendas urbanas sobre sacas de votos fraudulentos o el voto de los muertos no pueden seguir subsistiendo. No pueden ser legítimos votos que no se realizan ante una urna y con la garantía de que quién lo hace es el que consta en el censo. Eso es lo mínimo que se puede exigir.

En particular, en Galicia, el voto de los emigrantes está adquiriendo ya la dimensión de un escándalo antidemocrático. No es de recibo que el futuro político de un país esté muchas veces condicionado por la decisión del mal llamado voto emigrante, un voto muy manipulable por la falta de regulación exterior y formado por personas que no tienen ningún vínculo real con el país. Muchas han nacido ya fuera de Galicia, no han residido nunca aquí y han conseguido la nacionalidad sólo por ser descendientes de gallegos. Debemos limitarnos a un censo escrupuloso de residentes ausentes.

El sistema que regula la participación electoral de los emigrantes españoles es uno de los más generosos del mundo, pues permite que los residentes en el extranjero, que son algo más de 1,2 millones, puedan participar en todo tipo de procesos, ya sea para elegir a los alcaldes, parlamentos autonómicos, el Congreso y el Senado o los diputados de la Eurocámara. En España, además, se da la paradoja de que el hijo o el nieto de un emigrante, que haya recuperado la nacionalidad, puede elegir a un alcalde en un pequeño municipio aunque nunca haya pisado España.

La mayor parte de los países de la Unión Europea disponen de modelos más restrictivos con sus emigrantes que el español, que pasa por ser el más generoso y disoluto del entorno. Alemania, por ejemplo, solo conserva durante un plazo de cinco año el derecho al voto para sus nacionales que se marchan a vivir al extranjero, mientras Francia restringe la participación electoral de los emigrantes a las presidenciales. Italia dispone de una circunscripción propia para sus residentes en el extranjero, que eligen a un cupo de senadores, modelo muy parecido al portugués. En todos estos países, como en muchos de América y África, los emigrantes votan en urna.

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