Los cayucos y el lado oscuro de la globalización

                     

En el presente año la eficacia en el control de las fronteras en el Sur de España está siendo mayor, de modo que está disminuyendo la entrada de inmigrantes irregulares, al tiempo que se registra un significativo aumento del número de repatriaciones de irregulares a sus países de origen. No obstante, ya son muchos los miles de inmigrantes que han intentado llegar en cayucos a las costas de las Canarias durante los últimos años y que han perecido en el intento. Las constantes tragedias ponen de manifiesto los riesgos de la inmigración clandestina y el carácter criminal de las redes que trafican con los seres humanos. Con todo, la presión migratoria en el mundo seguirá mientras persistan las causas de fondo que la desencadenan: las desigualdades radicales entre unas zonas y otras del planeta.

La intensificación de las migraciones internacionales sería en gran parte efecto de la globalización, pese a que ésta, en su más reciente fase histórica, se caracteriza por la fluidez de las corrientes financieras y comerciales y simultáneamente – y de una forma enormemente paradójica – por las restricciones a la movilidad internacional de la mano de obra. La supresión de barreras y la liberalización de flujos que son consustanciales a la globalización no se han extendido a las migraciones internacionales. Dicho de otro modo: una libertad casi absoluta para los capitales coexiste con trabas continuas para la circulación de las personas. Sea como fuere, lo cierto es que esta flagrante contradicción de una globalización asimétrica, mutilada e imperfecta sirve de trasfondo a una serie de interrogantes e incertidumbres que afectan a los actuales flujos migratorios y que tienen su reflejo en las condiciones de irregularidad, discriminación y vulnerabilidad que en nuestros días padecen con harta frecuencia las personas migrantes.

Desde este lado oscuro de la globalización surgen los dramas y dramas no de carácter virtual, sino tremendamente reales. Es cierto que no todos son cayucos ni pateras, y que muchos inmigrantes entran de manera irregular por otras vías, pero ciertamente los que optan -aunque esta palabra en este contexto sea un sarcasmo- por la vía marítima toman el camino más arriesgado y es que, posiblemente, carezcan de alternativas reales.

A la hora de afrontar la llegada de lo cayucos, resulta muy curiosa ver la terminología que se utiliza, teniendo en cuenta además que el lenguaje escogido es siempre muy sintomático de las intenciones que uno alberga… Se habla de «ofensiva diplomática contra los cayucos», o de «parar la invasión», o «la avalancha». Y aunque es cierto que en los últimos meses el gobierno español ha cambiado de registro y de políticas, incidiendo más en el aspecto del codesarrollo, de hecho lo que primero se mandó a África desde Europa fueron patrulleras y militares, en lugar de mandar lanchas de salvamento que serían más necesarias. Este tipo de medidas, desde luego, son un error histórico porque no tiene en cuenta el verdadero origen de este asunto. Los problemas tienen unas causas y si, como en este caso, esas causas son el desequilibrio, la falta de expectativas de toda una generación, la miseria y el hambre, mientras no sea eso lo que se combata —por seguir con la terminología bélica—, el problema seguirá sin resolver; lo otro son sólo paliativos.

Lectura recomendada: entrevista a José Naranjo, autor de Cayucos

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Comentarios

A esto yo quisiera añadir un dato obtenido en un curso impartido por la UNED en Cantabria en colaboración con la Red Acoge este julio pasado (NUEVAS PERSPECTIVAS DE LA INMIGRACIÓN EN CANTABRIA Y EN ESPAÑA), y aportar el dato sobre el cual la propaganda de los medios estima en unos 35.000 inmigrantes arribados en cayucos y pateras. Pero nadie dice que unos 500.000 llegan por los aeropuertos, ya sea vía París, o vía Barajas. Esto no sale a la luz pública. Es sólo un dato fundamentado para reflexionar. franechano

Es cierto que la vía marítima como acceso a los países de la Europa Fortaleza es minoritaria. No todos son cayucos ni pateras, como ya lo señalé en un ‘post’ anterior de este blog:

http://weblogs.madrimasd.org/migraciones/archive/2006/06/06/28434.aspx

Lo que sí sigue siendo cierto, es que la vía marítima se encuentran entre las más arriesgadas y, de hecho, es la que más número de muertes causa.

La emigracion obedece principalmente a razones econónicas. España debido a su desarrollo economico se ha transformado de un pais que exportaba mano de obra a un país que recibe mano de obra del exterior. Creo que España ahora tiene mayor responsabilidad y debe ayudar al desarrollo del Tercer Mundo. Ayudando a formar e invirtiendo. No se arregla este problema poniendo vigilancia en el Estrecho. Más práctico es controlar a los empleadores de "sin papeles", para lo cual es básico incrementar los medios de la inspección laboral.

Pero más importante aún es ayudar al Tercer Mundo a salir a flote, y ésta es una deuda pendiente de todo el Primer Mundo. Por ello, considero acertado lo que ahora ha empezado a hacer el gobierno al abrir escuelas-taller para formar a los immigrantes en sus países de origen. O bien ayudará a que así vengan con formación (mayor productividad) y con contrato (mayor seguridad), o bien, y esto es más relevante, ayudará al desarrollo de su país. Deberían haber más en esa línea y también en Latinoamérica.

Coincido, en parte, con Antonio del Pozo en que es preciso adoptar medidas para que aflore en España la economía sumergida, una economía que demanda mano de obra en condiciones prácticamente de semiesclavitud, y a la que acuden los trabajadores que han entrado irregularmente en este país.

Por eso considero que la inspección laboral efectivamente debería ser reforzada, tanto en medios humanos y materiales como en el apoyo y las instrucciones que recibe desde las instancias políticas. Es preciso romper el círculo vicioso al que conduce el hecho de que los empleadores en condiciones de ilegalidad voten, y por tanto sean tenidos en cuenta a la hora de adoptar decisiones políticas, mientras que los empleados por ellos queden completamente desamparados. No ya privados de los derechos que corresponden a cualquier trabajador, sino inexistentes como sujetos jurídicos e invisibles como personas.

Es muy importante cuidar el lenguaje. Los inmigrantes no "invaden", tan solo llegan. Para invadir hay que tener espíritu bélico, poder, armas, afán de dominio, y los inmigrantes no traen nada de eso; son portadores de deseos de un futuro mejor, integración, trabajo, desesperación por salir de la miseria y voluntad de progreso.

En este momento hay una generación de jóvenes africanos, entre los 15 y los 30 años, que está absolutamente fascinada con la posibilidad de llegar a Europa. Eso es fruto, entre otras muchas cosas, del desequilibrio económico que existe entre ambos continentes. En África son conscientes, a través de los medios de comunicación, de las ventajas que hay en Europa respecto de las condiciones de vida que tienen ellos. A eso hay que sumarle el efecto del éxito de los inmigrantes, de aquellos que han conseguido llegar a Europa.

La multitud de comentarios y opiniones que se dan a lo largo de cada año entorno al fenómeno inmigratorio, para justificar su vertiente irregular, es sin duda un "plus" al intento de encontrar soluciones sostenibles al problema.

Sin embargo, mucho más resultaría, no es el caso, encontrar soluciones al fenómeno, convertido a problema en la mayor parte de países de la Unión Europea, si se analizara la situacion en los países de destino. Tampoco resultan consistentes las posiciones de quienes apoyan las visitas relámpagos a los países de origen para tratar de edificar pilares para la políticas de lucha contra la inmigración irregular.

Desde ciertas experiencias, por otras razones, que sí obligan a estar, observar, intercambiar y escuchar, se constata que tanto las razones enumeradas como las acciones emprendidas van a contrasentido de la realidad. Como consecuencia de ello, cuanto más se trata de dar soluciones al fenómeno inmigratorio irregular, más dimensión se le da.

Se sugiere entrar a comprender que inmigración e inmigración irregular son conceptos diametralmente opuestos. Tanto es así que el primero forma parte de la vida misma, mientras que el segundo es una indigna invención de las últimas dos décadas, y por lo tanto combatible. El gran problema es ¿cómo emprender el combate? Allí es donde se ve el derrumbe de todas las metodologías científicas: tanto las observaciones, como las hipótesis y los desarrollos subsecuentes obedecen a otra realidad, otra metodología.

Ahora, y a modo de consejo, se quisiera sugerir la comprensión y la refutación del dicho africano: "solo el veneno puede combatir al veneno", entonces el protocolo de esta otra metodología aparecerá solo.

Me gusta el debate que está generando este post. Permitidme que participe aportando algo que escribí hace algún tiempo en mi blog: http://www.laotraagenda.com/2006/11/avalancha-es-otra-cosa.html

Por cierto, enlazo en mi resumen mensual con lo "mejorcito" de la blogosfera.

Saludos

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