¿Integración o retorno? Los inmigrantes del Este de Europa

Por Silvia Marcu

España, primavera del 2008. Con el telón de fondo de la ralentización económica que se empieza a vislumbrar en Europa, y por tanto, en España, miles de inmigrantes del Este europeo, en su mayor parte rumanos, viven la pesadilla del desempleo y de la falta de documentación que les facilite la integración en la sociedad española. Llegados por etapas en los últimos 18 años desde los Cárpatos, la estepa rusa, la conflictiva Transnistria, la desgarrada Ucrania o la Valaquia rumana, los inmigrantes surgidos del frío de la transición poscomunista tuvieron y tienen un único deseo: salvarse de la miseria a través del trabajo, a través de la lucha honesta con los días.

A grandes rasgos, el retrato de este inmigrante en España es el que combina el esfuerzo con el deseo de superación, pero también la marginación, la movilidad circulatoria y, a veces, la delincuencia. A lo largo de los últimos años, en su búsqueda rápida de recursos financieros, parte de los inmigrantes del “Este” vendieron chatarras, robaron, falsificaron tarjetas de crédito, se inventaron una minusvalía o pidieron limosna por los metros. Pero en su mayor parte, trabajaron. Trabajan. Con o sin “papeles”. Se trata de gente honrada, vulnerable, que no ha perdido el Norte, que mantiene los vínculos emocionales con sus países, pero que está situada más allá del muro de cristal de la integración, personas que viven entre dos mundos, dos culturas, dos idiomas, y que, precisamente por ello, tienen la sensibilidad a flor de piel, y por tanto, una mayor facilidad para sentirse fuera de lugar.

Desde 2007, los ciudadanos rumanos y búlgaros forman parte de la UE, pero en cumplimiento estricto de la ley comunitaria, los que no poseen un contrato de trabajo no tienen libertad para trabajar en España. Es la temida moratoria, cuyo final en diciembre de 2008 esperan impacientes los nacionales de estos dos países.

La situación creada en la actualidad es el resultado del caos de las transiciones hacia la democracia y la economía de mercado de los territorios de la Europa Oriental. Y nos referimos, sobre todo a Rumania, país en el cual reinó el desorden, la corrupción y la falta de estrategias de desarrollo que ayudaran a las personas a buscar oportunidades de trabajo en su propio país. Pueblos enteros de Valaquia o de la Moldavia rumana están desiertos. Se fueron para construir en otros países, ellos. O para limpiar, ellas. Muchos de los que lo hicieron, uno detrás de otro, una familia detrás de la otra, no tenían ni los más básicos conocimientos en el ámbito de la construcción, pero aprendieron a la fuerza el oficio. Para salir adelante. Sobrevivir.

            Hay dos cuestiones importantes implicadas en el asunto: por una parte, la desaceleración económica que en España se resiente en el sector de la construcción, y por la otra, la necesidad de mano de obra en países del Este, como el caso de Rumania. Y en el medio, el inmigrante. Está en la frontera y no sabe qué camino escoger.  Derrotado.

La integración es cuestión de idiosincrasia, de la arquitectura de las almas, de los resultados obtenidos en el intento,  - éxito o fracaso – de la trayectoria vital de cada persona. Por ello, a menudo, puede parecer una utopía, una incógnita fundamentada en la nostalgia de cada individuo. En el destino traducido por la “suerte” a la que aluden los protagonistas del proceso migratorio en sus discursos.

Pero antes que la metáfora, hay que lidiar con la realidad.

Desde España, se les invita irse a su país si no tienen trabajo. Frente a la crisis, son los primeros expulsados. Desde Rumania se les llama a casa, con ofertas laborales, pero con unos sueldos de 250-300 € al mes. Menos de 300 personas se han acogido a la intensa llamada. Volverán a la miseria, es lo que piensan. Al fracaso y a la inseguridad.

Dejando de un lado las desastrosas políticas económicas y de empleo del país de los Cárpatos, creemos que no puede haber ninguna diferencia entre trabajadores españoles y extranjeros. Si tienen documentación en regla, tienen derecho a cobrar el paro, a buscar nuevas oportunidades. Porque son ciudadanos. Pensamos que en un país como España, que ha fomentado siempre de un modo ejemplar la integración, el actual gobierno progresista no puede volverse hacia atrás. Se tienen que afrontar políticas de empleo, formación y recolocación, se tiene que negociar con empresarios y sindicatos un pacto por la igualdad real de oportunidades para los inmigrantes, porque no es posible abordar la inmigración unilateralmente, señalando que en tiempos de crisis se fomente el retorno de los inmigrantes. Sería  demasiado restrictivo para este siglo XXI que se supone que es integrador, favorable para toda la sociedad.

Algunas lecturas recomendadas para profundizar en el tema:

Revista Migraciones, nº 21 (2007) (Monográfico dedicado a la inmigración de rumanos en España)

Pajares, Miguel: Inmigrantes del Este. Procesos migratorios de los rumanos

Marcu, Silvia: Rumania territorio olvidado: procesos de transición e integración: 1989-2005

Viruela Martínez, Rafael: Inmigrantes rumanos en España: aspectos territoriales y procesos de sustitución laboral

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Comentarios

que yo sepa los rumanos son ciudadanos comunitarios.

Sí, los rumanos son "comunitarios" pero aún no disfrutan de la libre circulación de trabajadores en el espacio Schengen. Se les aplicó la moratoria de dos años de duración, (hasta finales de 2008) tanto a ellos, como a los ciudadanos búlgaros inmigrantes en España.

Por tanto, muchos de los inmigrantes de estos dos países se encuentran todavía en una situación de irregularidad, en cuanto al ámbito laboral.

Pero "la llamada" del Gobierno rumano (a las personas que se quedaron sin empleo, o que deséen volver a casa), se dirige a todos los inmigrantes de ese país, tanto regulares, como irregulares.

Es complicado, ya sé, comprender la maraña de legislaciones y de normativas que afecta a los inmigrantes de la Europa del Este.

Y también existen ucranianos, moldavos, rusos, bielorrusos que necesitan un visado para entrar en España… y una oferta laboral. Para ellos es aún más difícil…

Con un 10% de población extranjera, España es, por primera vez en su historia contemporánea, un país de inmigrantes. Y en ese flujo migratorio reciente e intenso, los europeos del Este y, en particular, los rumanos, tienen una presencia destacada sobre todo a partir de los años 2004 y 2005. Aún es pronto para determinar si esa población inmigrante posee vocación de permanencia o se trata de una experiencia vital transitoria. Ante ese dilema, difícil como digo de dilucidar, cabe plantearse varias cuestiones, aunque sólo me voy a fijar en dos:

a) ante el incremento de la población extranjera en España, las políticas migratorias se han formulado con carácter de urgencia, ampliando continuamente el marco de la legalidad y concediendo repetidas regularizaciones, y no es fácil quitarse la idea de que se ha estado divagando por un espacio complejo. Los rumanos y los búlgaros tienen que además que lidiar con un status especial que los sitúa entre los comunitarios y los extracomunitarios. ¿En qué medida inciden estos continuos cambios en la vida de los inmigrantes y, en particular, en la de quienes proceden del Este de Europa?

b) Los inmigrantes del Este de Europa no nacionalizados, ¿muestran voluntad de participar en la vida política de nuestro país o viven con la cabeza y el corazón puestos en sus países de origen? Muy posiblemente la respuesta sea que es muy difícil hablar en términos tan generales.

Sus comentarios son muy acertados y ayudan al lector a esclarecer sus ideas.

En cuanto a las dos "dudas" que plantea, y de hecho contesta, no me puedo erigir en la "voz" de mis compatriotas, o de los ciudadanos de los demás países del Este de Europa. Tal vez, lo hagan ellos mismos…

Me atrevo, no obstante, a opinar en este foro que, tan amablemente, nos permite hacerlo…

a) Por cuanto a la primera pregunta:

Por ahora, los ciudadanos rumanos y búlgaros viven en una especie de "naufragio" europeo. Están a la deriva. De manera muy clara. Y con cierto temor, después de las últimas noticias. Su vida profesional, ya de por sí frágil, está estrechamente vinculada a la situación jurídica que tienen. Y como casi todo en la vida de un inmigrante, tiene fecha de caducidad…

Lo que desean es ser "comunitarios". Por ahora, se les "concede" sólo un documento en la (Oficina de "Comunitarios") que viene a ser una hoja de DN A4, y que provoca mayor descontento, puesto que sustituye la antigua tarjeta que tenía más valor. Sus contratos son volatiles, y con una hoja en el bolsillo poco planes pueden hacer. Por ello, muchos de ellos ya ni siguen las continuas noticias o "llamadas". Esperan ansiosos el fin de la "moratoria". Tampoco va a ser el "paraiso" pero puede ser un comienzo. Hay que tener en cuenta que se trata de personas que se educaron con la idea de una cierta "seguridad" en el futuro, que el sistema capitalista es todavía nuevo para ellos y les desconcierta.

Hay que mantener la esperanza.

b) En primer lugar, hay muy, muy pocos inmigrantes del Este nacionalizados. Para que un inmigrante de estos países se nacionalice necesita demostrar que tiene 10 años de residencia ininterrumpida en España. Y como sabemos, el "boom" se produjo a partir de 2002…

Además, no hay firmados convenios entre España y la mayor parte de sus países, y por tanto, al nacionalizarse pierden su nacionalidad. Las personas se lo piensan mucho antes de decidir. Esto no significa que no los haya… pero bien pocos, al menos por ahora.

"La cabeza y el corazón" los tienen más bien en sus países, si bien, los que están aquí con toda la familia, asentados, con hijos ya integrados en el sistema de enseñanza español, por supuesto que están interesados en la política española. Porque les incumbe.

Depende del proyecto migratorio de cada persona, o de cada familia.

Encontré, reciéntemente, personas de Rumania, de Bulgaria y de Moldavia que conocían muy nítidamente la política española actual. Creo que, en términos generales, depende de muchos factores… El interés, el deseo de "estar" aquí, y allí confiando en la riqueza que ello supone, la formación…

De cualquier manera, las "dudas" planteadas son muy interesantes. El debate no hace más que comenzar…

INTEGRACIÓN O REPATRIACIÓN??..LA EMIGRACIÓN ES UN DERECHO DE CUALQUIER PERSONA EN CUALQUIER PARTE DEL MUNDO…NO SE DEBE TRATAR INDIGNAMENTE A PERSONAS QUE QUIEREN BUSCAR MEJORES OPORTUNIDADES EN OTROS PAÍSES, ES VERGONZOZO EL TRATO INHUMANO QUE SE LES BRINDA…TODO ESTO ESTÁ ASOCIADO AL PREJUICIO Y DISCRIMINACIÓN LO CUAL ES CONTRADICTORIO CON UNA SOCIEDAD MÁS PLURALISTA Y DESARROLLADA QUE SE SUPONE QUE DEBIERA CARACTERIZAR A LOS PAISES MÁS DESARROLLADOS…

Si entre los fines explícitamente declarados de la Unión Europea se encuentra el de ofrecer "a sus ciudadanos un espacio de libertad, seguridad y justicia sin fronteras internas", no se entiende muy bien por qué esto no se aplica ya de una vez a los rumanos y bulgaros. El período transitorio (o moratoria) tiene perversos efectos negativos para la educación política en Europa y extiende la idea de que existen ciudadanos de primera y de segunda clase.

Estoy totalmente de acuerdo con usted. Supongo que el fin de la moratoria se acabará a finales de este año, tal como se prometió… Pero por ahora, es difícil que se levante, por el "miedo a la avalancha". Sobre todo, si pensamos en la situación actual en Europa, en la idea del retorno y en el "pacto Europeo" que se espera aprobar estos días por la UE.

No obstante, estamos en España, un país con enfoque integrador, más allá de todo, y esto es un alivio. España es un país que mira al futuro, con menos miedo que Italia o que Francia… País fronterizo pero acogedor…

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