El Estado y las migraciones

La labor del Estado, por acción o por omisión, representa un factor sumamente relevante en las diversas fases por las que transcurren los desplazamientos transfronterizos de personas. Su papel no se reduce a ordenar los flujos de personas, bien sea para alentarlos bien para intentar obstaculizarlos, sino que también resulta crucial a la hora de producir y reproducir situaciones de irregularidad, al encontrarse entre sus competencias privativas la de crear la peculiar figura de los sin papeles o inmigrantes indocumentados. Con todo, y pese a esa evidencia, a medida que más y más cuestiones demandan cada vez más soluciones de alcance global, cabe preguntarse por la adecuación y capacitación real de los Estados nacionales para afrontar los diversos retos del presente y, en particular, el representado por los movimientos internacionales de personas.

En primer lugar, las dudas acerca del papel del Estado ante las migraciones atañen al plano de los principios y fines de la política. Por su propia estructura, el Estado nacional está prácticamente obligado a dar preferencia absoluta a los intereses de sus naturales. En política migratoria y, en particular, en el ámbito de la política de ciudadanía, esto resulta evidente. Pero no por evidente deja de ser menos paradójico que justo cuando la globalización económica desnacionaliza la economía nacional, el fenómeno migratorio renacionalice la agenda política (cf. Sassen 2001, 73). Esta tendencia es perceptible en las normativas de acceso al territorio estatal y, de modo paradigmático, en las de acceso a la nacionalidad/ciudadanía.

La naturalización de los extranjeros es una de las últimas atribuciones específicas a las que se aferran los Estados contemporáneos, que la siguen considerando ingrediente medular de aquello que en jerga diplomática se denomina domain reservé y, en consecuencia, se niegan a reconocerla como un derecho subjetivo de quienes legalmente residen en su territorio. Se trata de una competencia no menor, pues faculta al Estado para determinar “quién es y quién no es un ciudadano”, lo que “constituye obviamente un elemento esencial de la vida política” (Carens 2004, 401), un dispositivo fundamental en manos de la comunidad política para definir sus propios límites internos. Y desde la perspectiva de las personas que arriban, la forma en que se regule el acceso a la ciudadanía resulta asimismo de crucial importancia, porque les proporciona una estabilidad razonable para planificar sus propias vidas

En segundo lugar, las dudas acerca de la capacidad del Estado para gestionar las migraciones afectan también al plano de la eficacia. El interrogante adquiere relevancia a la vista del estrepitoso fracaso que con frecuencia acompaña a las políticas diseñadas por los diversos Estados para controlar los procesos migratorios. La persistencia de una inmigración irregular es la expresión más elocuente del desajuste entre los objetivos y los resultados de esas políticas. Estos reiterados fiascos se deben, en gran medida, al desconocimiento de la lógica interna de las migraciones, en general, y de las nuevas migraciones, en particular.

Por un lado, el fracaso de muchas políticas migratorias obedece al “hecho de que la naturaleza de los procesos migratorios es a largo plazo”, y eso siempre ha sido así, “mientras que los ciclos de las políticas son esencialmente de corto plazo y con frecuencia se determinan por la duración de los mandatos electorales” (Castles 2006, 53). Por otro lado, las nuevas migraciones presentan nuevos rasgos que se pasan olímpicamente por alto, ya que “los esfuerzos estatales por controlar la migración siguen todavía una lógica nacional, mientras que muchas de las fuerzas que determinan la migración siguen la lógica transnacional” (Castles 2006, 45-46).

El resultado de este desacoplamiento es bastante previsible, pues en la medida en que el control migratorio esté basado en una lógica nacional estrecha siempre será grande la probabilidad de que su grado de eficacia se vea sustancialmente disminuido por el influjo de redes migratorias basadas en dinámicas transnacionales

Extraído del artículo de Juan Carlos Velasco “Transnacionalismo migratorio y ciudadanía en mutación”, publicado en Claves de razón práctica, nº 197 (noviembre de 2009), págs. 32-41.

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

(requerido)

(requerido)


*