AMERICANOS, OS RECIBIMOS SIN ALEGRÍA


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Pasaron los tiempos de Bienvenido Míster Marshall en los que aquello que venía de fuera, de América o de Alemania, era lo mejor. Claro, lo foráneo no es siempre lo mejor. Evidente. En el ámbito de las profesiones y de sus regulaciones tampoco. La Fisioterapia es un ejemplo.

Como de otras muchas cosas nos enteramos a través de las redes sociales de un mandato emitido por una instancia judicial en el Estado de Washington (EEUU), en la que se prohíbe a los fisioterapeutas realizar punción seca si no se han formado en ella. Textualmente la noticia dice:
«Under Washington law, the physical therapy scope of practice does not authorize the insertion of any type of needle, including acupuncture needles, for the purpose of “dry needling”, and their practice of “dry needling” constitutes the unlicensed practice of medicine».
No nos aventuramos a una traducción literal. El espíritu de la sentencia es el que hemos manifestado. Conviene aclarar que la sentencia exigiría que los fisioterapeutas que practiquen la inserción de agujas de acupuntura hayan obtenido una certificación adicional. Entendemos, entonces, que la aplicación de la técnica per se no estaría vetada al fisioterapeuta.

Merece recalcar que la restricción impuesta por esta norma es fruto de la demanda de una asociación de acupuntores. Estos aluden a la protección de la salud de los pacientes cuando hablan de la prohibición de aplicar punción a los fisioterapeutas. Para pinchar se requieren en Washington 500 horas de formación.

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Es inevitable pensar en la situación de la punción y de la acupuntura en España. Aquí la acupuntura no tiene la consideración de profesión, no hay una formación oficial y en el acervo sanitario se la considera como una medicina alternativa, sin base científica sólida. La demanda de la que hablamos sería impensable. Además, la punción seca sólo comparte con la acupuntura el instrumento. Ni los fundamentos, ni los objetivos, ni la aplicación coinciden.

La punción seca es una herramienta que viene siendo usada, en España al menos, fundamentalmente por fisioterapeutas. Entre ellos se ha desarrollado, son los que la han investigado y los que se forman en ella en el pregrado y , sobre todo, en el posgrado. Ha llegado a asumirse como un procedimiento de fisioterapia. Suponemos que ocurre en otros países.

Vemos pues como hay diferencias fundamentales que hacen improbable que en España se produzca algo parecido. El vacío legal, la no regulación de las mal llamadas terapias alternativas o complementarias, nos ha permitido a las profesiones reguladas incursiones en ellas. Por ello se han suscitado debates sobre su uso, la eficacia o ineficacia de las mismas, la ética de su aplicación. No pretendemos abordar esto aquí y ahora.

Lo sustancial para nosotros es que la hipotética regulación que se pudiera producir en el futuro de acupuntura, osteopatía, quiropraxia, etc., podría promover movimientos como los de lo americanos. No olvidemos que los fisioterapeutas de allí tienen encontronazos con esas profesiones (en EE.UU. tienen reconocimiento como tales) y ven restringido lo que aquí usamos con naturalidad. De ahí la reflexión que hemos expresado en otras ocasiones. La formas de aplicación de terapia manual son esenciales en la Fisioterapia. La ampliación de nuestras competencias con nuevos procedimientos, con aval científico, aunque sea empírico, es lícita, lógica y deseable, siempre que respetemos las competencias de otros profesionales. El modelo americano, con redundancias, solapamientos entre profesiones, además de culturalmente diferente no aporta ventajas más allá de la implantación de un libre y muy complejo mercado.

Aparte de una visión científica de la Fisioterapia es necesaria una visión política. La defensa de los intereses profesionales exige buscar la influencia en cualquier decisión que nos afecte. Puede calificarse esto de corporativismo, pero ello no tiene nada de malo a priori. Por ello, incluir las terapias manuales en general, la osteopatía, la quiropraxia u otras terapias complementarias entre las competencias del fisioterapeuta fue un acierto con una innegable visión de futuro.Quizá ello provoque rechazo en algunos colegas en aras de una integridad esencial, pero nos garantiza, posiblemente, la aplicación de procedimientos, muchos de ellos esenciales para la fisioterapia. El debate interno es sano y deseable. La crítica abierta puede dejar resquicios que perjudiquen a la profesión.

Nuestra posición es clara, entonces. Nos parece más inteligente mantener y propiciar un entorno legal que permita el ejercicio de las formas de tratamiento que ya realizamos, de las que emanan de ellas y de otras que formen parte de las esfera del tratamiento y el diagnóstico físicos. Y, no lo olvidemos, continuar con la prevención ante los intentos de inmiscuirse en lo que consitudinaria y competencialmente es fisioterapia.

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OPOSICIONES


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Hace unos diás se celebró un proceso selectivo de personal para cubrir plazas de fisioterapeuta del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS). Las esperanzas y anhelos de más de 5000 colegas se ponían en juego. Nosotros acudimos, más como curioso observador que como postulante. Y nos dimos cuenta de algunas cosas.

Han pasado varias jornadas y no queremos perder la frescura de algunas cavilaciones que se nos suscitaron. La más obvia, la ratio entre aspirantes y plazas, más de la treintena. La siguiente, derivada de la anterior, es la deducible masiva búsqueda de un empleo como el que se oferta. De esta emana la deducción de que las condiciones laborales de muchos fisioterapeutas son mejorables con un puesto en el servicio de salud convocante.

En el imaginario colectivo, expresión manida pero que viene a cuento, está incrustada la idea de que un empleo en la Administración nos sitúa en una posición segura y relativamente cómoda como alternativa laboral. Probablemente eso era lo que buscaban muchos opositores. Aspecto nada desdeñable en la situación del mercado laboral en España. Pero además, por lo dicho anteriormente, pensamos en las condiciones específicas que se dan en la Fisioterapia.

La cantidad de fisioterapeutas excede, seguro, la demanda de los mismos. Es evidente en la Sanidad Pública, pero también en el ámbito privado se dan síntomas de ello. La degradación de las condiciones laborales, los salarios, las minutas que se pueden ver en la publicidad de servicios de fisioterapia indican que para hacerse un hueco en el mercado laboral hay que bajar el listón de las aspiraciones profesionales.

El origen está, suponemos, en la proliferación de centros de formación desde hace ya décadas. La consecuencia lógica era la saturación del mercado. La solución, como hemos dicho en muchas ocasiones, es el establecimiento de medidas de regulación de la oferta formativa. Algo que nos tememos no va a ocurrir. El númerus clausus se hace necesario para esta y para otras profesiones. No tiene justificación emplear fondos públicos en formar profesionales a sabiendas que no podrán devolver a la sociedad lo que esta les entregó. No tiene sentido “engañar” a las familias pudientes o que se esfuerzan hasta límites que comprometen su economía doméstica para convencerlas de una formación excelente obviando  lo que hay tras la graduación.

Precariedad, desempleo, inestabilidad, además de anhelo de un trabajo seguro y regularmente remunerado, son las motivaciones de los opositores. Queremos suponer que hay también algo de espíritu se servicio, de ambición por proporcionar una fisioterapia pública de calidad, de intención de contribuir al crecimiento profesional y de la profesión en unas aceptables condiciones laborales. Nos gustaría que el que lo desee pudiera elegir la sanidad privada o concertada porque le ofreciera un ejercicio profesional satisfactorio. Sería un buen equilibrio. Pero, creemos que por mucho tiempo, no podremos ser optimistas.

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MÁS DE LO MISMO (III)


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Como intuimos y advertimos en la entrada previa de esta saga, el tema del latente o manifiesto conflicto interprofesional ha sido, y será, recurrente. De nuevo otro episodio vivido por un fisioterapeuta nos ilustrará sobre una situación cotidiana en muchos servicios y unidades hospitalarias de la sanidad pública y privada del Estado español.

En un contexto de derivación con prescripción, emanado de un modelo presente y heredado del pasado, que se resiste a ser modificado por la inercia propia de los grandes sistemas sanitarios, los fisioterapeutas aplican sus tratamientos con criterios ajenos. No recuperaremos nuestros argumentos lapidarios, razonados, sobre esta situación. La Fisioterapia es una parte tan insignificante en los mastodónticos servicios de salud que recordarlos será, probablemente, clamar en el desierto. Esperemos que otros gestores descubran esta nimia representación de la ineficiente administración de la sanidad española.

Sin embargo, relataremos de nuevo un ejemplo concreto de las situaciones a las que esta forma de funcionar nos lleva y de las connotaciones éticas que de él se puedan extraer. Vamos pues. Un médico especialista en Rehabilitación, el cliente, nos pide aplicar unos determinados tratamientos a un paciente. Lo de pedir es un eufemismo, pues sea la relación cordial, amistosa o distante, en realidad la derivación lleva implícita o explícitamente una dirección, tutela o imposición. De otra manera el sentido de la derivación no tendría sentido. El fisioterapeuta decide que alguna de las peticiones no está de acuerdo con sus conocimientos basados en su experiencia pero también, menos mal, en lo publicado sobre situaciones similares. Obra en consecuencia, según lo que le exige el código deontológico y su lógica responsabilidad.  Lamentablemente, creemos, esto desata comentarios airados por el médico derivante, que reclama la supremacía de su criterio y el restablecimiento del tratamiento pautado. Como ya sabemos, esto no es otra cosa que negar al fisioterapeuta el desarrollo de su trabajo acorde a sus competencias legalmente reconocidas.

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EL ANIVERSARIO…OSCURECIDO


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Acabó el verano y nos incorporamos a nuestros puestos de trabajo. En nuestro caso al Hospital Universitario de Fuenlabrada, de cuya plantilla formamos parte desde su apertura. Como en años anteriores este comienzo posestival va acompañado de cambios y proyectos de cara a la actividad asistencial, docente y a la preparación de nuestras jornadas de Fisioterapia. Sin embargo, septiembre también ha venido con otras novedades que ha hecho visible a nuestro hospital por motivos poco deseables.

En pleno agosto, alejados de física y mentalmente de nuestra tarea cotidiana, nos enterábamos por las redes sociales, e incluso por la televisión, de la noticia. Nuestro hospital estaba siendo investigado por supuesta filtración de datos  a centros privados. Los que sabían de dónde nos ganamos el pan nos informaban también de ello.

Los acontecimientos siguieron su curso y en este septiembre de nuevo hemos tenido notoriedad en los medios. Desgraciadamente no por la calidad de nuestra atención, por la profesionalidad de los trabajadores, por algún proyecto de investigación o por el inicio del la actividad docente pre y posgrado. De todo eso hay, pero de nuevo las irregularidades y la dimisión de nuestro gerente nos llevaron a la palestra. Precisamente este año, nuestro décimo aniversario, al que dedicamos una entrada hace unos meses. En ella loábamos al centro, su trayectoria, nos mostrábamos orgullosos de estar en él. Esto no ha cambiado, pero resulta inevitable sentirse contrariado. No se trata de culpar, no es nuestro cometido. Pero como ciudadano y empleado nos preocupa el funcionamiento de lo público, defendemos su carácter, como también hemos hecho en esta plataforma, más cuando se trata de la protección de datos personales en materia de salud. Además, nos sentimos si cabe más agraviados cuando el veleidoso devenir de nuestros pensamientos nos lleva al malpensar.  Resulta inevitable relacionar la situación de las listas de espera, como decíamos en otra ocasión relacionadas con la Fisioterapia pública, con un supuesto interés en buscar soluciones en la iniciativa privada. Táchesenos de suspicaces, pero cuando se derivan pacientes a un centro privado eludiendo mecanismos establecidos para ello y no se buscan alternativas con los medios propios, es eso, inevitable pensar en algún interés espurio.

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MIELOMA MÚLTIPLE Y FISIOTERAPIA


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Un paciente nuevo solicita consulta. Nos cuenta que tiene dolores en columna y costal, lo que le lleva a pensar que la fisioterapia le puede ayudar. Tiene además síntomas propios de afectación del nervio mediano en el túnel del carpo. Otro paciente llega a una unidad hospitalaria de fisioterapia con debilidad generalizada para recuperar fuerza. Ambos comparten una enfermedad de la sangre, el Mieloma Múltiple (MM). El segundo acude con un diagnóstico. El primero aún no lo sabe.

Como en otras ocasiones el conocimiento de la patología, de los síntomas y signos que estudiamos en la universidad y que quizás olvidamos, de las señales de alarma, puede ser trascendental para el paciente que acude en primera instancia al fisioterapeuta. También el profesional que sabe el diagnóstico debe conocer los aspectos que rodean a la enfermedad. Nos damos cuenta de ello al ahondar en el problema del paciente.

El MM es una enfermedad de la sangre que provoca la proliferación de células plasmáticas anormales en la médula ósea. Con ello se compromete la función inmunitaria (en la que participan las células plasmáticas normales produciendo inmoglobulinas funcionales) y aparecen infecciones, se altera la producción de otras células como los eritrocitos (aparece anemia, con fatiga y palidez) o las plaquetas (aparecen hematomas o sangrado de encías, nariz). Las células anormales producen anticuerpos también anormales que pueden alterar la función renal (insuficiencia renal), como lo puede hacer la eliminación de calcio procedente de la destrucción causada por la infiltración de la médula ósea por las células plasmáticas. Esta destrucción también origina dolor óseo, más en columna, pelvis y tórax,  asociado al movimiento, que sólo aparece por la noche con el cambio de posición. La destrucción de hueso puede causar compresión medular en el caso de la columna vertebral (dolor severo, debilidad o parestesias en extremidades inferiores, incontinencia o alteración de función vesical o intestinal), aunque esta se debe más a un plasmacitoma (tumor localizado en el hueso). El calcio procedente del hueso puede provocar otros síntomas como anorexia, vómitos, estreñimiento, confusión, fatiga o debilidad muscular. La acumulación de anticuerpos anormales puede provocar amiloidosis, que puede afectar a los nervios, como el mediano provocando un síndrome del túnel carpiano, o parestesias.

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¿ESCLEROSIS MÚLTIPLE O LATERAL AMITRÓFICA?


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A veces los clínicos de la Fisioterapia nos vemos concernidos por asuntos que nos hacen cuestionarnos nuestros conocimientos, nuestra experiencia, o la ausencia de ambos. No es raro que nos sorprendamos por no recordar la anatomía de una región, por no saber para qué sirve un medicamento o por haber olvidado las características de una enfermedad. Este es el caso ahora. Ante un paciente con esclerosis múltiple o esclerosis lateral amiotrófica podemos confundirnos y necesitar un recuerdo de qué es cada cual.

La esclerosis lateral amitrófica (ELA) es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, progresiva, sin causa conocida, de pronóstico muy desfavorable en 3-5 años y sin tratamiento curativo en la actualidad. Suele comenzar entre los 50 y 70 años y se da más en  hombres que en mujeres. Afecta a la  primera y segunda motoneuronas, lo que la hace presentar sus manifestaciones clínicas: debilidad con torpeza de movimiento, hiperreflexia y espasticidad por la motoneurona superior; debilidad, amiotrofia y fasciculaciones por la motoneurona inferior. El comienzo puede ser anodino, con afectación de la marcha, de la capacidad prensil, de la deglución o del habla, hasta que la enfermedad progresa y se hace más evidente. El 80% debuta con debilidad asimétrica de un miembro. Generalmente se mantiene el control de los músculos de los ojos.

Un hecho importante es que no hay afectación sensitiva. Y tampoco, en la mayoría de los casos, alteración de la funciones superiores, lo que hace que el paciente sea plenamente consciente de lo que le está pasando.

El tratamiento disponible, el riluzol, enlentece la progresión.

La fisioterapia juega un papel relevante en esta enfermedad. Las alteraciones musculares con repercusión funcional clara (marcha, prensión, deglución, respiración) y las complicaciones respiratorias son ejemplo de ello.

La esclerosis múltiple (EM) es la más común de las enfermedades desmielinizantes. Se supone que se desencadena por una reacción autoinmne, aunque la herencia,  infecciones o factores ambientales podrían tener también un papel. Suele afectar a personas con edad entre 20 y 40 años. Afecta más  a mujeres, con mayor incidencia en la edad fértil. Su curso en imprevisible, evolucionando en la mayoría con  recaídas (“brotes”) y remisiones, con recuperación parcial o total. Aunque puede afectar a la supervivencia los pacientes pueden vivir hasta edades avanzadas.

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PROPUESTA DE MODIFICACIÓN EN LOS GRADOS, ¿OTRA VEZ?


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Leemos hoy una noticia sobre las intenciones del Ministerio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de proponer una modificación en la duración de los estudios que conducen a la obtención de los títulos de Grado en el Estado español. No es otra modificación más y nos ha provocado a escribir sobre algo que tiene tintes de trascendental.

Hace muy pocos cursos asistimos a la adaptación de los títulos universitarios al nuevo marco emanado de Bolonia. Hemos hablado en esta bitácora en varias ocasiones de las implicaciones de aquel nuevo paradigma. Antes de ello nosotros creíamos  que la duración de la carrera de Fisioterapia, por entonces tres cursos, era evidentemente insuficiente. La experiencia clínica, la participación en multitud de actividades de formación de posgrado, algunas también como docente, el descubrimiento de nuevos campos de actuación, la constatación de la pobre formación en investigación, el conocimiento de planes formativos foráneos, y otras cosas, nos mostraban con claridad que se necesitaba más tiempo para convertirse en un fisioterapeuta “competente”. Efectivamente, los que salimos de las antiguas escuelas de Fisioterapia realizamos dignamente nuestro trabajo. Pero también, como acabamos de decir, descubrimos muchas lagunas, echamos de menos más horas para adquirir conocimientos y destrezas. Quizás otras generaciones de diplomados vieron mejorada la formación, pero creemos que aún no era suficiente.

La ampliación a cuatro años de manera general pudo ser un tanto complaciente y seguro que evitó a los gestores del momento más de un dolor de cabeza. Nosotros no vamos a discernir sobre cuáles  titulaciones requerían, o no, más duración.  Pero Fisioterapia precisa, al menos, de esos cuatro años para procurar las competencias recogidas en la orden que las regula, y de la que también hemos hablado aquí. Otra opción sería “embutir” todo el contenido actual, y del cuál también tenemos quejas, en menos tiempo. O reducir las competencias de los futuros fisioterapeutas. Sospecho que esas soluciones no nos satisfacen a muchos, ni por supuesto a la profesión.

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EL ENFOQUE BIOPSICOSOCIAL HACIA EL CLÍNICO


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Desde hace años venimos hablando y escuchando mucho sobre el modelo biopsicosocial como marco más adecuado a la hora de afrontar la atención de los pacientes de las distintas disciplinas sanitarias. Aunque dependiendo del entorno se incide más o menos en cada una de las facetas que componen el modelo, parece incuestionable la necesidad de contemplar los aspectos biológicos, psicológicos y sociales de manera integrada.

Cuando hablamos este enfoque holístico, total, nos solemos referir a indagar sobre las implicaciones que el problema puede ocasionar en esas tres dimensiones que completan la visión del paciente. Superamos así las limitaciones impuestas por una observación parcial, localizada, que pueda despistarnos sobre las conexiones que las diferentes vertientes de la persona tienen. Cada profesional abordará el aspecto para el que está preparado y considerará la posibilidad de derivar aquello que supere sus competencias.

En la Fisioterapia parece que tenemos clara la necesidad de este enfoque. Hay compañeros que tratan estas cuestiones de manera específica, como José Miguel Aguililla (@jmaguililla) en su bitácora Enfoque biopsicosocial Fisioterapia. Nos encontramos con colegas que incluso sobrevaloran su capacidad de acción sobre el enfoque psicológico o inciden en la parcela psicológica como participante en el proceso, aún más que en la biológica, más naturalmente relacionada con nuestra profesión.

Pero sobre lo que queremos insistir ahora es en este enfoque observando al terapeuta. Los aspectos psicológicos (y sociales) del mismo también influyen en el tratamiento. Para nosotros es así intuitivamente pero, además, otros se han molestado en estudiarlo. Las emociones, procesos psicológicos de orden superior, que influyen e inundan el resto de procesos, afectan a la solución de problemas y la toma de decisiones, presentes ambos en el abordaje de nuestros pacientes. El ánimo positivo hace a nuestro razonamiento más flexible, más dúctil, menos fijo, facilita la conexión entre conceptos, facilita soluciones novedosas, integra ideas, acelera y simplifica el proceso de deliberación , “sin detrimento de un procesamiento esmerado de las alternativas de elección” (1).

Por tanto, nuestros pensamientos y emociones, como los de nuestros pacientes, influyen en el proceso de valoración y tratamiento. Si nos encontramos con un estado de ánimo atribulado, pesarosos, preocupados, irascibles, tristes, podemos condicionar nuestros resultados directamente e influir en las creencias que el paciente pueda forjarse cuando nos observa, dentro de esa comunicación bidireccional. Igualmente sucede cuando nos encontramos y nos encuentran alegres, optimistas, felices, empáticos o afectuosos. Cuando nos enfrentamos a nuestros pacientes hemos, al menos, recordarlo, tratar de que no afecte negativamente a la interacción y retirarnos si pensamos que es así, temporal o definitivamente. De la misma forma que un estado de ánimo positivo puede mejorar nuestro rendimiento y hacernos más eficaces.  Ya lo sabíamos, ¿verdad?

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Referencias:

1. Domínguez Sánchez FJ, García Rodríguez B. Emoción y procesamiento cognitivo. En Fernández Abascal E, García Rodríguez B, Jiménez Sánchez MP, Martín Díaz MD, Domínguez Sánchez FJ. Psicología de la Emoción. Ed. Centro de Estudios Ramón Areces. Madrid 2011.

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CAMINO DE LA CUARTA


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Como en los años precedentes, y ya van cuatro, participamos en la organización de las Jornadas Interhospitalarias de Fisioterapia del Hospital Universitario de Fuenlabrada. Lo hacemos a título personal y como parte de fisioEducación, copatrocinadora oficial. Nuestra tribuna en Madrimasd, como sistema de divulgación científica, nos sirve para dar pábulo al evento.

En 2014 la fecha elegida ya desde la finalización de las terceras jornadas es el 14 de noviembre, viernes como en las ediciones anteriores. La organización, como algunos lectores sabrán de primera mano, es compleja, trabajosa, llena de recovecos y detalles que hay que ir puliendo poco a poco. El proceso, a pesar de todo, se hace más llevadero con la experiencia acumulada. Y sobre todo, se hace más fluido gracias a las mejoras incorporadas al sitio web por su creador, Luis Bernal Ruiz. Podemos ser hasta cansinos, pero nos parece ineludible hacer alusión a su trabajo de trastienda, que facilita todo el procedimiento de inscripción, envío de mensajes, recepción de trabajos o difusión de información.

Creemos haber acertado en el plantel de ponentes. Hemos mantenido la estructura en tres mesas con cuatro áreas temáticas (Docencia, Clínica, Investigación/innovación y Gestión) y, como el año pasado, la exposición de un taller. La fisioterapia neurológica y en cuidados críticos tendrán presencia por primera vez de manera específica. Abordaremos la aportación de la imagen a nuestro trabajo o la incorporación de la cultura científica a las publicaciones de Fisioterapia. Contaremos con figuras dentro de la Fisioterapia española. Sin duda, todo un privilegio que no sería posible sin la participación desinteresada de todos los ponentes. Para más detalle podéis ver el borrador del programa en este enlace.

Queda mucho por hacer. Necesitamos la aportación de muchos otros. Simplemente asistiendo o proponiendo comunicaciones y/o carteles. Al final ese es el éxito o fracaso de una jornadas, que cuenten con vuestra presencia como foro para compartir, debatir, aprender, y con ello promover y fomentar la Fisioterapia. Seguimos apostando por un encuentro para y por fisioterapeutas. ¿Nos vemos en otoño?

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OTRA JORNADA


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Hoy hemos asistido a otra jornada de Fisioterapia. En esta ocasión, por segunda vez tras la Jornada de Valencia en 2012, se trataba de otra organizada por la asociación Fisioterapia Sin Red. En Alcorcón estuvimos en la #5AFSR.

La jornada no era para fisioterapeutas específicamente. Los ponentes ejercen también otras disciplinas (Psicología, Terapia Ocupacional y Medicina). Pero la audiencia era casi en su totalidad de la profesión a la que se dedican los organizadores. Fisioterapia Sin Red ha sido el argumento de alguna de nuestras entradas. Comulgamos plenamente con sus valores y objetivos. De hecho son los mismos, más o menos, que los de fen, asociación de la que somos cofundadores. Profesamos admiración a los “valientes” que iniciaron aquella aventura, partiendo de las redes sociales. Han ido in crescendo, con nuevas y novedosas actividades, llegando a muchos fisioterapeutas e instigando a la unidad y el avance de la profesión.

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LO INJUSTO DE LOS NÚMEROS


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Los números son algo a lo que aspiramos en ciencia. Sin entrar en disquisiciones filosóficas la representación numérica, la asignación de números a constructos teóricos, a interpretaciones, a creencias o a sentimientos parece ser un aspiración que nos hace más creíbles a la vez que objetivos.

Sin embargo los números fríamente expresados, sin invitar a un análisis más sosegado, nos pueden jugar malas pasadas, ser usados de manera interesada, evadiendo explicaciones de los hechos que supuestamente reflejan. Los estadísticos son los que, a priori, conocen el poder de la manipulación de los datos y poseen el conocimiento necesario para sopesar la realidad de los mismos. Los que como profesionales o ciudadanos no tenemos ese saber nos vemos inermes y vulnerables ante los números adornados, enrevesados, oscuros o inaccesibles que se nos presentan.

En el ámbito sanitario, a poco que escarbemos, descubriremos ejemplos de cómo, con un estrategia bien diseñada, se puede orientar las conclusiones de un estudio según nuestras preferencias. De ahí la importancia de conocer esto y la estadística en general en las disciplinas sanitarias, al menos a un nivel interpretativo. En una perspectiva más amplia, se hace imprescindible fomentar un espíritu crítico, de sano escepticismo tanto en los estudios sobre intervenciones como  en los observacionales.

Como ciudadanos también deberíamos conocer las triquiñuelas de la manipulación informativa, que muchas veces, por desconocimiento o interés, nos hacen llegar noticias sobre encuestas, productos o hechos que el tiempo demuestra inexactas, incorrectas o tendenciosas. Ese “estar alerta”, esa duda razonable, el sometimiento a un reflexión o un saber esperar debería ser parte de una inteligencia social enseñada en las escuelas y en los hogares.

Hace unos días saltó a la prensa una noticia que implicaba a varios hospitales públicos de Madrid. Se hablaba de listas de espera, de reclamaciones, de satisfacción. Los autores recogían las deficiencias de los datos aportados por la Administración que complicaban una justa interpretación de los mismos. Sin embargo, el lector recordará inevitablemente la frialdad de los números que condicionará su opinión, y seguro que también la de los implicados (los gestores, trabajadores y población que asiste a esos centros). Así, en el Hospital Universitario de Fuenlabrada se habla de 55 quejas por cada 10.000 actos, o de que se tardan 37 días en ser recibido por un médico especialista. No se contempla el perfil de la población, el número de profesionales y la ratio en relación a esa población, la calidad de la atención (también medida, cómo no, por números), la distribución de las quejas, su pertinencia o circunstancias puntuales que las pudieran alimentar, etc.

En definitiva, los números pueden tener explicaciones alternativas o pueden estar condicionados por interpretaciones interesadas. Cuidado.

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8 POR HORA


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No, no es la velocidad de marcha de una persona, animal o vehículo.  Ocho son los pacientes atendidos por un fisioterapeuta en una hora en algún establecimiento sanitario de este país.

Esa era la denuncia de un colega en Twitter en estos días:

Los que lean y conozcan la realidad de la práctica de la Fisioterapia en España no se asombrarán. A muchos incluso les parecerán pocos pacientes. Al profesional sanitario de otras disciplinas tampoco le tiene que sorprender, pues probablemente esta situación se dé en su trabajo cotidiano. Para el que lo vea con la distancia del desconocimiento puede hacerle pensar que es poco tiempo, desde una visión de atención personalizada de la Fisioterapia. En todo caso, ese número, en sí mismo, no dice gran cosa. El mucho o el poco lo determinarán las condiciones concretas en que se ejerza el tratamiento o su finalidad (puede ser grupal, educacional, de aprendizaje).

Pero intuimos que el tuit denuncia una situación, la asigna una valoración negativa. Es lícito pensar que el dedicar siete minutos y medio a un paciente tal vez no sea adecuado para abordar un tratamiento individualizado. Al inicio del mismo, si somos serios, y diríamos que éticos,  se supone una evaluación subjetiva y objetiva del paciente, idealmente teniendo en cuenta las dimensiones psicológica y social. Es más, cualquiera preferiría que esto fuera así siempre como paciente. La aplicación terapéutica, y sus resultados, vendrán determinados por esta etapa previa. Cada sesión posterior, si las hubiera, podrán durar más o menos.

Hemos dicho en otras ocasiones que la conveniencia de la fisioterapia aplicada no tiene una relación concreta con la duración de la misma. Tan eficaz puede ser un tratamiento de cinco minutos como inútil otro de cuarenta y cinco. Tampoco todos los pacientes requieren una atención igual en tiempo. Sin embargo, la consideración de lo anteriormente dicho hace que creamos altamente improbable una fisioterapia de calidad en esos aproximadamente siete minutos y medio.

Cuestiones de gestión hacen que en la mayoría de los centros asistenciales se deba prever cuánto dura un tratamiento y el número de pacientes por profesional. En la sanidad privada además se hace inevitable la cuestión crematística, que invita a aprovechar los medios humanos disponibles. Pero esto no debe superponerse a los deberes y derechos de pacientes, y de profesionales. Ya dejamos claro nuestra postura en cuanto al tiempo del fisioterapeuta (1). No repetiremos los argumentos en detalle, pero deben aunarse los aspectos de administración con los clínicos, considerando las obligaciones en materia de documentación clínica, en formación permanente y en docencia, donde esta se lleve a cabo.

Para hablar de un caso concreto, en el Hospital Universitario de Fuenlabrada se asignan pacientes para tratamientos individuales en tramos de media hora. Se podrá decir que es poco o mucho. Pero, para los que trabajamos sobre el terreno, conocemos la realidad asistencial, es muy importante disponer de un tiempo “protegido” que permita abarcar la complejidad de los casos, en sus distintas dimensiones. Esto es compatible además con una razonable flexibilidad y responsabilidad para manejar los casos con solvencia y calidad. No daremos recetas, pero creemos que, hasta ahora, al menos en este aspecto, se hacen las cosas bien. Finalizando, partiendo del tuit que aparece más arriba, en lo que cualquiera podría estar de acuerdo es en que los tiempos de fisioterapia son descaradamente insuficientes en muchos sitios. La solución no es fácil y requeriría el concurso de profesionales, colegios y gestores. ¿Empezamos?

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Referencias

1. González García, JA. De nuevo, el tiempo del fisioterapeuta. En Fisioterapia. Acceso 31 de marzo de 2014. Disponible http://www.madrimasd.org/blogs/fisioterapia/2011/03/01/de-nuevo-el-tiempo-del-fisioterapeuta/

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