2020


Hacer resúmenes, balances, valoraciones de final de año es tan habitual que no es nuestro estilo. O tal vez lo fue y hoy no nos sentimos impelidos a hacerlo. Precisamente un año en el que las consideraciones generales se pueden alargar o concretarse en un simple “el 2021 lo tiene fácil”. A pesar de ello, tenemos algunos apuntes.

A 2020 le quedan pocos días. Un año con número redondo, bonito, presuntamente olímpico. Y nos salió rana. Desde sus inicios, perdido en algún noticiario, se escucharon atisbos de lo que venía. No le hacíamos caso o le quitábamos importancia, ¡como para dar vueltas a un asunto que los expertos consideraban asuntillo! E, inopinadamente, algunos empezaron a alarmarse, que aquello no era un catarro ni una gripe pejiguera.

La tensión se acrecentaba, o eso creemos recordar de un relato que ahora nos resulta difícil de reconstruir, y seguro que completamos con creencias reconfiguradas o con aquello de “se veía venir”. Nosotros estábamos dedicando parte de nuestro trabajo como fisioterapeuta en la planta a la UCI, una UCI menor de 10  o 12 camas en un hospital mediano de una urbe media del sur de Madrid. Por eso creímos oportuno sumarnos a ella en los trabajos de posicionamiento de los pacientes, con otros compañeros, el ahora famoso “prono”. Hemos difundido es esta bitácora lo acaecido aquellos primeros meses en nuestro hospital, nuestra experiencia necesariamente sesgada por nuestros prejuicios y nuestra visión parcial y limitada. También en Twitter, donde no parábamos de escribir aquello de #hayquEstar, en alusión a la pertinencia de la presencia del fisioterapeuta en aquel momento, pero más a la necesidad de que el fisioterapeuta sea un miembro habitual del equipo de las UCI.


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PRÁCTICUM…¿Y AHORA QUÉ? (II)


En julio de este año, inmersos en el verano, tras unas merecidas vacaciones, tras meses de trabajo alterado por la pandemia, encontramos un rato para pensar en nuestra labor docente en el hospital, en su obligado cese en marzo y en el devenir de la misma en el curso en el que ahora estamos.

Con el criterio más asentado, tras la experiencia vivida y conocida, nos atrevemos a plasmar aquí una continuación de nuestras cavilaciones. Hemos de dejar claro que no pretendemos una crítica gratuita ni haremos referencia a ninguna universidad en concreto. El lector, clínico, docente, gestor, o mezcla de ello, debe entender que nuestra preocupación es sincera. No en nuestra condición de profesor asociado o profesional sanitario, sino como ciudadano que contribuye gustosamente con sus impuestos a la formación de los futuros enfermeros, médicos o fisioterapeutas, entre otros.

Hay que recordar  y entender que la pandemia supone cambios, adaptaciones, supresiones, innovaciones también en el ámbito de la asignatura de Prácticum, como en el resto de actividad docente, universitaria o no. Lo que atisbábamos en julio en la entrada (1) a la que hora damos continuidad era una falta de previsión para minimizar las repercusiones de la pandemia, dada la característica inherentemente presencial de las prácticas clínicas. No teníamos noticias de planes de contingencia. Seguramente estos estaban en mentes o informes, pero la consideración marginal (no es peyorativo) que la Academia tiene hacia la figura lejana de tutores o profesores asociados nos hacía ignorantes de esos programas.

Tras semanas de incertidumbre, los prácticums comenzaron ya con retraso. Comprensible cuando a la vuelta del verano se confirmaban incrementos en contagios e ingresos en los hospitales. Sea por esto, acompañado por imprevisión o relajación, o por razones que se nos escapan, la resultante es que la duración de la asignatura en su parte de presencialidad, de contacto con el entorno clínico y con el paciente se ha visto notablemente aminorada.  Quizá no en su caso, estimado lector. Pero no dude que ha ocurrido. Por eso nos vemos impelidos a repreguntar, quizá en el vacío, ¿ahora qué? En junio tendremos “en el mercado” a profesionales sin la vivencia experiencial que sólo se adquiere en el puesto asistencial, en el despacho, a la vera de una cama o en una sala de fisioterapia. Se podrá argumentar que se ha hecho lo posible, que han superado un mínimo de estancia en el hospital o centro de salud. Pero entonces, si eso les habilita para obtener su título (en el caso de los estudiantes de cuarto de Enfermería o Fisioterapia), ¿por qué no extender el modelo a futuros cursos? ¿Se va a reducir el importe de la matrícula que obedece a una carga docente mucho mayor?

Nos atrevemos a responder, con lástima y resignación (aunque estemos curtidos para que nos quite el sueño) que esta situación pasará, diremos que no quedaba otra; los alumnos, tras protestas más o menos airadas, se conformarán mientras tengan el papel en junio próximo; no se devolverá ningún euro. Así todos “satisfechos”. Ese capital experiencial que se asume en el trato con profesionales y estudiantes de la propia disciplina y otras, con la presencia en los centros, con el trato a pacientes y familiares, se irá construyendo, con suerte, en los próximos años, esquivando situaciones más o menos embarazosas. Se disimularán y encubrirán las fallas en la formación, esperando que no traigan consecuencias notables para los usuarios. ¿Alguien lo duda? Esperemos que ya el curso que viene la normalidad regrese. Y esperemos que si tenemos la mala suerte de precisar los servicios de los profesionales que ahora son estudiantes sepan camuflar esos déficits de conocimiento y práctica que seguro tendrán. Más nos vale a todos.

LEER MÁS FISIOTERAPIA.

Referencias:

1. González-García JA. PRÁCTICUM…¿Y AHORA QUÉ? En Fisioterapia https://www.madrimasd.org/blogs/fisioterapia/2020/07/24/practicum-y-ahora-que/. Acceso 15 de noviembre de 2020.

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RECETA DE FISIOTERAPEUTA (II)


Hace cerca de ocho años escribimos una entrada (1) sobre la posibilidad pretendida desde la profesión enfermera de prescripción de medicamentos. Aquello trajo conflictos, diatribas, idas y venidas lógicas y esperables entre los representantes de los colectivos implicados, médicos y enfermeros. 

Damos hoy continuación recordando que todo aquello culminó con el texto refundido de la ley de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios, publicado en forma de Real Decreto en julio de 2015 (2). En dicho texto se dice en el artículo 79: “los fisioterapeutas también podrán indicar, usar y autorizar, de forma autónoma, la dispensación de medicamentos no sujetos a prescripción médica y de productos sanitarios relacionados con el ejercicio de su profesión, mediante orden de dispensación”. Lo curioso es que esta disposición no parece ser conocida por un amplio sector de los fisioterapeutas.

En la entrada mencionada, de 2013, se incluyen algunas respuestas de lectores. Nuestra posición quedaba clara. La posibilidad de recomendar, pautar (o prescribir, ¿por qué no?) ciertos medicamentos nos parecía algo positivo para el usuario que no ponía en peligro la esencia de la fisioterapia ni suponía intrusión o asunción de competencias de otras disciplinas. La legislación apoya desde 2015 esta humilde opinión. Quizá más razonable aún sea que el fisioterapeuta recomiende “oficialmente” ortesis, medias de contención o ayudas técnicas. Lo hacíamos ya oficiosamente.

Se enarbolan banderas como las del respeto a las competencias propias y ajenas, de la fidelidad al carácter físico de la profesión o de la necesidad de una formación que no se tiene al efecto. En esta bitácora seguro que nosotros habremos esgrimido argumentos de esa índole. Estos cinco años de rodaje no parecen apoyar esas pegas. Y no es que nosotros hayamos dado un giro copernicano, sino que, como hemos dicho, el beneficio de que el fisioterapeuta pueda asumir responsabilidad (parcial y limitada) sobre la medicación es para el paciente.


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LA HISTORIA CLÍNICA Y EL ESTUDIANTE


La formación en las carreras sanitarias comprende un extenso número de competencias de carácter técnico-procedimental. Su adquisición se produce en prácticas simuladas o de laboratorio, generalmente en las universidades. Además, como elemento imprescindible para la preparación a un desempeño real, se desarrollan prácticas clínicas como asignatura que, en nuestro entorno, se denomina prácticum.

Volvemos sobre este asunto, en este caso a raíz de la dudas que nos surgen cuando el estudiante se asoma un año más al hospital y se ponen pegas para su acceso a los datos clínicos. El número de estudiantes de Ciencias de la Salud en el ámbito universitario rondan el cuarto de millón (1). Eso supone un esfuerzo considerable para propiciar y financiar su formación en centros sanitarios. Suponemos que la calidad de las prácticas es variable, pero preferimos asumir que se aspira a una consecución de las mismas que suponga un desempeño clínico-asistencial solvente y científico.

La atención sanitaria conlleva el manejo de conocimiento teórico-práctico e información adecuados a cada caso, en un entorno dinámico, cambiante como es la propia biología de la salud. Además, el abordaje suele ser, sobre todo en el ámbito hospitalario, multidisciplinar. Manejamos datos objetivos, impresiones, experiencias, habilidades propias y coordinadas con otros profesionales. Todo eso posee un extraordinario e imprescindible instrumento de compartición que vehicula el flujo de información, la historia clínica electrónica. Hemos escrito previamente del tema en esta bitácora, siempre otorgándole ese papel esencial. Naturalmente, habrá sitios o entornos en los que la historia clínica sea en papel o no estará en red. Incluso habrá sitios donde tenga un desarrollo “testimonial” o ni siquiera exista una parcela en ella  para algunos profesionales. Pero asumimos que eso no es lo correcto, por no decir que no es es lo legal.


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SEDACIÓN, ANALGESIA Y ANESTESIA


En el ámbito sanitario el alivio de dolor es una demanda archipresente. Quizá por ello estamos muy familiarizados con el concepto de analgesia. Es menor la presencia de sedación fuera de prácticas quirúrgicas o de cuidados críticos por lo que no todos tenemos claro los matices de este término, máxime cuando se usa el compuesto sedoanalgesia en esos entornos.

Recurrimos primeramente al diccionario de la RAE para aclararnos.  Analgesia es “falta o disminución de las sensaciones dolorosas, que no afecta a los demás sentidos”. Es decir, cuando se pretende eliminar, aminorar o mitigar el dolor se pueden usar fármacos o procedimientos analgésicos.  Además, no se actúa sobre otros sentidos ni se pierde el nivel de conciencia. La sedación es el efecto de sedar, o sea, apaciguar, sosegar o calmar. No se establece una relación directa con el dolor. Y el Diccionario de términos médicos de la Real Academia Nacional de Medicina da cuenta de la confusión en el uso del término “sedante“, por su uso coloquial que lo equipara a “analgésico”.

La sedación no implica en ningún caso la pérdida de conciencia del paciente, lo que sí ocurre con la anestesia general que se provoca en algunas intervenciones diagnósticas y/o terapéuticas. El término anestesia hace referencia a la pérdida de todas las sensibilidades, inducida farmacológicamente o por enfermedad, de forma local o general.

Vemos que no es raro cierto grado de confusión si no atendemos a los términos con precisión. De hecho, se usan de manera incorrecta cuando se habla de sedación profunda en lugar de anestesia general. El manejo y las consecuencias de la sedación y de la anestesia no son los mismos, como expone A. Gironés Muriel en este enlace. Por ejemplo, con la anestesia general se precisa mantener la vía aérea y ventilación mecánica, mientras que con la sedación no.


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VUELVE PRONTO, HIJO


La nueva normalidad, esa forma de existir contaminada por el virus de la Covid-19, supone cambios más o menos relevantes en nuestras vidas. Para muchos de manera radical en algunos o muchos aspectos, para otros la afectación es menor o fluctuará con el devenir de la situación epidemiológica en los próximos meses.

Nos preocupamos de manera alternante o continuada por la emergencia sanitaria, social y económica. Dudamos, a veces es un zigzagueante y veleidoso actuar y opinar. Lo cierto es que la guía de los próceres patrios, que no hacen honor a tal dignidad, no es un modelo a considerar. Pero no nos quejemos de esas cosas, a pesar de su enorme importancia en lo individual y colectivo. Hoy, quizá en un tono más personal, queremos resaltar una de las derivadas que afecta a los más intensos padecientes de las consecuencias de la pandemia.

Los primeros que se nos presentan son los habitantes de centros residenciales, mayores o discapacitados, que han sido afectados en masa, y muchísimos nos han dejado cuando no tocaba, en condiciones de penuria, aislamiento, descuido, que nos resultan difícil imaginar. Hemos trabajado en nuestra vida profesional con personas mayores afectadas por problemas que requerían hospitalización temporal, alejadas de los suyos pero, afortunadamente, con  visitas a veces diarias. Hemos conocido las residencias por dentro, en las que las visitas familiares eran más irregulares, pero al menos el residente tenía espacios de esparcimiento y contacto con profesionales y cohabitantes.

En los hospitales de agudos, el entorno en el que nos movemos profesionalmente como fisioterapeuta,  los usuarios sufren una situación novedosa, desconcertante, de incertidumbre, traumática, en grado variable. Su autoestima, su intimidad, sus relaciones, sus roles profesionales y familiares se pueden ver trastocados de la misma forma. El apoyo, la compañía, el simple “estar ahí” de una cara amiga, que converse, ayude, interceda o dialogue con los profesionales sanitarios, resultan trascendentales.


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DE VUELTA


Tras el veraneo nos hemos incorporado a nuestro puesto de trabajo en el hospital. Si el lector conoce las entradas previas sabe de algunos detalles de nuestro periplo profesional en los últimos meses. Así, desde la distancia, escudriñamos en los recuerdos. Pensábamos, a la par que se iban relajando las medidas impuestas para impedir la propagación del bicho,  que todo se iría normalizando y que nos quedaríamos con lo bueno que había emergido o se había acelerado por la desgraciada pandemia.

Así, aquella sensación de comunión con los compañeros salvando barreras intraprofesionales; la revalorización de la sanidad pública; el reconocimiento de su valía para todos sin distinción de clases; la necesidad de promover la investigación y la diversificación de nuestra economía; las nuevas formas de reunión, comunicación, formación y difusión del conocimiento; la colaboración trasnacional; el olvido de rencillas intranacionales, etcétera, etcétera.

Sin embargo, nos topamos con un virus resistente al calor, con el descuido intencionado de las medidas de prevención, el desprecio a las recomendaciones científicas, la distinción caótica entre territorios, las contradicciones secuenciales de muchos (ir)responsables políticos, el negacionismo y el resurgimiento de conspiranoias. Los propios profesionales hemos sido aquiescentes, tolerantes o participes de comportamientos poco cautelosos, acaso cansados por tantas minuciosas precauciones de forma tan dilatada.


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ENTREVISTA MOTIVACIONAL


Hace unos meses hablamos sobre el concepto de motivación. Es un constructo psicológico complejo que nos incita a realizar o evitar conductas, explica por qué hacemos o no las cosas. Es un motor de acción presente en cualquier faceta de nuestra vida. Y es también un factor claramente influyente en nuestro comportamiento profesional y en el de los pacientes que atendemos.

Como creadora y modificadora de conductas, la motivación es una herramienta terapéutica. Es por eso que nos interesa saber de ella. En nuestra labor diaria nos planteamos de manera reiterada cómo motivar y, también, cómo motivarnos. Hay pacientes que acuden a fisioterapia sin una motivación concreta, simplemente porque “me han mandado”, afortunadamente los menos. Otros ven en la asistencia a fisioterapia una meta en sí misma, un espacio en el que compartir tiempo, relatos, compañía. No son pocos, hablando desde una perspectiva de sanidad pública y privada de derivación por un médico. Otros tienen una motivación mediada por objetivos muy relevantes, como poder incorporarse a su actividad laboral o deportiva lo antes posible. En muchas ocasiones la motivación debe abarcar a la familia, como padres o hijos, que han de ver qué aporta la fisioterapia a sus deudos, muchas veces por problemas muy discapacitantes. Algunos no están motivados, pueden incluso estar desesperanzados ante un proceso al que no ven solución, al que nadie encuentra cura o alivio. Estos serán los más difíciles de motivar.


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PRÁCTICUM…¿Y AHORA QUÉ?


Verano, vacaciones, viajes, pandemia, resaca,…¿nueva ola? Varias palabras que se conectan en un estado de cosas desconocido. Continuamos expectantes ante el futuro inmediato y el mediato. No salimos todavía de la incertidumbre provocada por el coronavirus del 2019 que transformó el 2020.

Vamos, avanzamos con tiento y recelo, reculamos. El bicho nos trae de cabeza, muchas veces por falta precisamente de cabeza. Se habla de “nueva normalidad” aunque lo inestable de la situación no parece que sea nada normal. Seguimos participando de la historia que, con cierta incredulidad, no pensábamos allá por marzo que sería la que está siendo. Todo se ha trastocado, y lo que nos queda.

Podríamos hablar de cualquier cosa, casi todo nos daría pie a especulaciones, lamentaciones, esperanzas o elucubraciones. Pero el título de la entrada nos delata. El prácticum es, para el lector ajeno a estas lides, una asignatura de multitud de titulaciones universitarias que supone la inmersión del alumnado en un entorno laboral y profesional. En el caso de las titulaciones sanitarias como Enfermería o Fisioterapia abarca alrededor de la cuarta parte de las mismas, es decir, como un curso académico de los cuatro que tienen las carreras. Su vocación es la integración de los contenidos teórico-prácticos adquiridos en la universidad con el trabajo de campo, en un entorno real de interacción con compañeros y profesionales que dé sentido totalizador a las habilidades, conocimientos, aptitudes y actitudes que se van imbricando, trabando y conectando en el currículo académico. Claro está, todo relacionado con la práctica asistencial, es decir, con la ineludible relación con los usuarios y pacientes. Esa relación es inmanente en la práctica sanitaria.

La excepcionalidad de la pandemia obligó a soluciones insólitas en el último tercio del curso 2019-20. Miles de estudiantes tuvieron que prescindir parcial o totalmente de la asignatura que, por su naturaleza, podemos considerar la más importante de la carrera. No hace falta discurrir mucho (casi mejor no hacerlo) para atisbar las implicaciones en la formación de muchos estudiantes que hoy ya son profesionales. Habrá enormes huecos en sus capacitaciones que con cierto empeño voluntarista podrán cubrir con los años. Otros aprendizajes netamente experienciales nunca podrán ser adquiridos.


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¿ESTAMOS EN FLUJO?


En las últimas semanas el sistema sanitario y los distintos elementos constitutivos de nuestra sociedad en su conjunto, y los individuos que la formamos, nos hemos visto sometidos a un nivel de tensión con pocos precedentes cercanos, al menos en su intensidad.  La reacción ante la crisis sanitaria, laboral o económica por la Covid-19 ha sido dispar, con luces y sombras, con comportamientos admirables, criticables o reprensibles.

Todo eso tendrá un análisis pormenorizado y aparecerá en los libros de Historia. En lo personal, cada uno tendrá que sacar sus propias conclusiones y aprendizajes. Y nos planteamos qué ha supuesto en la vida de los profesionales sanitarios. Muchos han estado en primera línea, al borde de la cama del paciente, otros respaldando la labor de aquellos, en logística, laboratorio, farmacia y transporte, entre otras tareas.

En entradas previas hemos hablado de la implicación de la pandemia en la labor de los fisioterapeutas y en la nuestra personal. Está por ver si eso supondrá cambios en nuestro trabajo cotidiano en las UCI y en otras plantas de hospital, en los tratamientos de los pacientes ambulatorios, en las residencias o en las clínicas de fisioterapia privada.

Lo que sí tenemos claro es que estos más de 50 días desde el inicio de la alteración en nuestra actividad hospitalaria han supuesto un cúmulo de aprendizajes implícitos y explícitos que esperamos sean de provecho para el futuro. Las situaciones novedosas han espoleado ganas de aprender individualmente y como colectivo con multitud de actividades formativas y divulgadoras en línea y a través de las redes sociales. Esas ganas responden a la necesidad adaptativa a un entorno cambiante, pero también a la motivación intrínseca.


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FISIOTERAPIA EN LA UCI COVID-19: NUESTRA EXPERIENCIA


El pasado 17 de abril de 2020 tuvimos la oportunidad de concurrir a una mesa para exponer nuestra experiencia de estas últimas semanas como fisioterapeuta en la Unidad de Fisioterapia del Hospital Universitario de Fuenlabrada. 

Desde justo un mes antes, el 17 de marzo, continuamos subiendo a la UCI. Es nuestra práctica habitual, a diario, en un tramo horario de nuestra jornada laboral. Pero ahora lo hacíamos para colaborar con el personal para los cambios de posición protocolizados en paciente con síndrome de dificultad respiratoria fruto de la Covid19. Era un momento de incertidumbre, desubicación, adaptación de roles,…un esfuerzo insólito y titánico de muchos hospitales para responder a la llegada indigerible de pacientes con necesidad de atención indiferible. Nuestra función en esta primera etapa fue de ayuda en las tareas en las que nos demandaban, no complejas, pero que tampoco eran parte de nuestra labor como tales fisioterapeutas. En la UCI y en otros departamentos. Después hemos ido basculando al ejercicio de nuestras competencias en pacientes hospitalizados, a la par que realizábamos otras tareas como el contacto telefónico con nuestros pacientes ambulatorios de antes de la pandemia.

Quizá por la difusión que hemos hecho en Twitter de lo que iba aconteciéndonos, Beatriz Simón, en nombre del Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid, nos pidió participar en un seminario compartiendo mesa con el intensivista Federico Gordo Vidal y con el fisioterapeuta ucista Ricardo Rodrigues Gomes. No podíamos negarnos, por el compromiso histórico que tenemos con el Colegio, por el compromiso con la Fisioterapia, y por ver en nuestra comunicación una oportunidad de difundir lo que se hace, lo que se puede hacer y lo que deberíamos hacer en las UCI.

Sin más rollo dejamos la parte que expusimos y también el enlace al seminario completo. No deje el lector interesado en estas lides de escuchar a Federico y Ricardo, lo merecen más que nosotros.

Adenda: el 16 de junio de 2020 la Universidad Privada San Juan Bautista de Perú nos invitó a contar nuestra experiencia en el marco de una conferencia internacional.  Aunque el grueso de lo que expusimos está en el vídeo previo, presentamos para el lector interesado nuestra ponencia en este evento. Se incluyen datos adicionales de las consecuencias de la pandemia y las posibles propuestas para la fisioterapia del futuro.

Adenda 2:

Unas semanas después de la anterior presentación el programa Hoy por hoy, de la Cadena Ser Madrid Sur, emitió una entrevista con nosotros en la que hablamos de la fisioterapia durante las etapas iniciales de la pandemia.

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ESTOY SATURADO, NECESITO OXIGENARME


No, lector usual o azaroso, no es una entrada para quejarnos de nada. Ciertamente en los días que corren hay motivos de demanda, fatiga y necesidad de descanso. Con aportación desigual, un numeroso grupo de profesionales, sanitarios o no, están redoblando esfuerzos, más cuando hay compañeros que el coronavirus ha derrotado temporalmente.

La lectura en redes sociales, útil pero a veces demasiado adictiva, nos lleva a escribir sobre el concepto de saturación de oxígeno. En estos días, en nuestro trabajo en la UCI, participando en los cambios de posición de los pacientes de Covid-19 y en nuestra labor más habitual de fisioterapia, miramos los valores que marca el monitor para orientarnos en la estabilidad clínica y en la repercusión de los procedimientos que realizamos. También leemos y nos cuentan que hay pacientes con saturaciones anormales y que, sin embargo, no dan muestras de sufrimiento respiratorio alguno. Oímos que puede ser una falta de percepción causada por la infección, alteraciones de la hemoglobina u otros cambios metabólicos. Todo esto se irá aclarando, suponemos, con el tiempo y el estudio de una enfermedad nueva.

Ante ello, nos hemos preguntado si la relación que, al menos nosotros, establecemos entre el valor de saturación de oxígeno y la aportación del mismo al organismo están correlacionadas. Recordamos la curva de disociación de la hemoglobina y nos proponemos reaprender y aprender algo que nos lo aclare.

La hemoglobina (Hb) es una proteína que se forma y transporta en lo glóbulos rojos o eritrocitos. Está formada por cuatro cadenas polipeptídicas, cada una de las cuales contiene un grupo hemo no proteico. Este grupo hemo, que contiene un átomo de hierro en su interior, se une a una molécula de oxígeno (O2) en los pulmones y lo libera en los tejidos. Por tanto, cada molécula de hemoglobina (Hb) transporta cuatro moléculas de O2. El uso de la Hb como transportador multiplica por 65 el O2 trasportado disuelto en el plasma. Un eritrocito maduro contiene unos 265 millones de moléculas de Hb.

La combinación Hb-O2  o su separación depende de la presión parcial de O2 en el plasma circundante. Si el O2 en los alrededores baja, la Hb cede con más facilidad su O2. De eso se trata precisamente, de llevar el comburente a las células que lo están consumiendo. En cambio, en el alveolo hay una presión de O2 alta y la Hb lo capta para repartirlo por el cuerpo. De ahí sale la curva de disociación de la hemoglobina:


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