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Principios Universales de los microbiomas animales y rizosferas vegetales: Salud, Alimentación y Sistema Inmune

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Superficie rizosférica (imagen superior) y superficie intestinal (imagen inferior). Fuente Google imágenes

 Salud, alimentación y sistema inmune se encuentran relacionados, tanto en los animales como en los vegetales. Y aunque ustedes no se lo terminen de creer, existen demasiadas semejanzas como para pasarlas por alto. Parte de las defensas contra los microorganismos patógenos se encuentran en el seno de los organismos pluricelulares, mientras que la otra en su exterior. ¡Mejor dos barreras defensivas que una! ¿verdad?. Tal aserto lo dicta hasta la estrategia militar.

 Empero mientras en las plantas todo apunta a que su microbioma se encuentra mayoritariamente en la barrera exterior, es decir en contacto con su entorno, al que denominamos rizosferas (comunidad de seres vivos que rodean a las raíces), en los animales superiores aumenta considerablemente en el interior (principalmente en el  sistema bucal-digestivo y defensas de otras cavidades que nos conectan con el universo externo).

 Lo mismo ocurre con la alimentación y la absorción de los nutrientes que con nuestro sistema inmune. En las plantas se demanda una superficie exploratoria del suelo enorme con vistas a buscar los nutrientes y oligoelementos esenciales, por lo que las raíces exploran enormes extensiones del medio poroso heterogéneo en donde habitan, es decir el suelo. Por el contrario, en los animales supriores, como los seres humanos, ingerimos el alimento hacia nuestro aparato digestivo, es decir, extraemos los “nutrimentos” en el interior. Debido a que nuestros cuerpos no son elásticos, incrementar  la superficie de contacto demanda empaquetar mejor las superficies, por lo que tanto nuestros intestinos, aunque también cerebros, etc., se pliegan para mantener tal espacio en el menor volumen posible. Y así nuestros intestinos se encuentran repletos de rugosidades para aumentar su  superficie efectiva, como las plantas.

 De cualquier modo, en ambos casos, son los microrganismos que albergamos ya sea fuera (rizosferas) como en el seno de los cuerpos (microbiomas intestinales), resultan ser  los ingenieros imprescindibles para llevar a cabo toda la tarea, ya hablemos de vegetales o animales. Si tal ecosistema funciona mal, tanto unos como otros enfermarán, de uno u otro modo. Sin tales pequeños bichitos, los seres superiores moriríamos.   Por lo tanto, podemos considerarnos como Individuos y Ecosistemas o Individuos-Ecosistemas, aunque desde otros puntos de vista también convenga a veces conceptualizar a los ecosistemas como organismos individuales. Pues bien, como “individuos-ecosistemas”, si las otras especies del ecosistema se ven perturbadas, se suele perjudicar al conjunto. En consecuencia, no os extrañe la noticia que os mostramos hoy abajo y que no deja de ser más que un botón de muestra, ya que como se ha demostrado, ¡somos lo que comemos!: Los microbios de tu estómago afectan a tu salud mental. El problema estriba en que la sociedad industrial produce e menudo alimentos de mala calidad, y con harta frecuencia contaminados, lo cual daña el microbioma intestinal. Empero lo mismo ocurre a las plantas, por el exceso de fertilización, plaguicidas, pesticidas, la impenitente manía de los biotecnólogos de tocarles los genes, etc. Como ya os comente en otra ocasión sobre el debate de los transgénicos, han sido ya dos los expertos/as que, sin pronunciarse a favor ni en contra de estos productos me comentaron personalmente  que podían atestiguar que las rizosferas de las especies vegetales modificadas genéticamente cambiaban radicalmente la composición de las especies que conforman sus microbiomas rizosféricos respecto a las no transgénicas de las que partieron. ¡Mal asunto!. No sabemos mucho del metabolismo humano. Ahora bien, día a día aumentan los es estudios y evidencias acerca de que muchas enfermedades humanas se encuentran asociadas, a modificaciones de los microbios de los intestinos (o a la pérdida de la capacidad de absorción de las paredes de nuestros aparatos digestivos). Y en este punto considero que es una gran noticia que comencemos a reconocer que nuestra salud depende no solo de nuestro mortal cuerpo humano, sino también, de los ¡socios ecosistémicos! que colaboran en su salubridad. Lo mismo ocurre a las plantas cuando no se las nutre adecuadamente, como demuestra esa disciplina a la que denominamos nutrición vegetal. Personalmente considero que existen al menos algunos principios universales en lo que respecta a la salud y nutrición de plantas y animales que debían ser identificados, estudiados y catalogados.

 Hoy nos venden hermosos y enormes frutos (por ejemplo) con tamaños descomunales respecto a los que utilizábamos para alimentarnos décadas atrás. No dejemos que nos estafen: “las apariencias engañan”. Ni saben igual, ni contienen los mismos nutrientes y oligoelementos, e incluso pueden estar contaminados con hormonas y otras “delicatesen”, para que nos “entren por los ojos” y los adquiramos. De aquí de nuevo que abundemos en nuestro blog  a cerca de las bondades de los alimentos “genuinamente ecológicos”.  Pero vayamos al otro lado del espectro.

 Sabemos que la obesidad comienza a ser un gran peligro para la humanidad,  que en parte oscila entre el sobrepeso y la desnutrición famélica. Sin embargo se ha demostrado que las dietas hipocalóricas hacen menos daño que el exceso de calorías. Son muchos los ciudadanos que prueban dietas de adelgazamiento tremendamente dráconianas, pasando de unas a otras, rápidamente, si no funcionan como esperan. Pero si una es rica en hidratos, otra en grasas y otra en verduras, lo que puede ocurrir es que el microbioma intestinal  ”se vuelva loco”, es decir se resienta o dañe seriamente, aspecto sobre el que no he visto demasiados estudios. Una cuestión es entender que adelgazar muy rápidamente no suele ser positivo y otra bien distinta comprender como los cambios bruscos de dieta pueden afectar al susodicho microbioma y como corolario a nuestro organismo. Más aún, se nos venden ciertas prácticas quirúrgicas gastrointestinales al objeto de reducir la absorción de nutrientes, como la denominada  cirugía de acortamiento intestinal, entre otras, que ineludiblemente son desaconsejables, a no ser que la obesidad sea producida por otra enfermedad aun peor. Se trataría de una práctica equivalente a la de cortar parte de las raíces (y sus rizosferas) al objeto de que vegetal “engorde menos”. Sin embargo ni las rizosferas ni nuestros biomas son homogéneos a lo largo de toda su extensión superficial, estando repletos de micro-hábitats con sus respectivos micro-ecosistemas asociados, especializados en realizar diferentes funciones que aun conocemos mal o desconocemos por completo. Actuar sin entender los efectos resultantes de nuestras acciones resulta ser una actividad muy peligrosa.

 Terminaremos señalando que con nuestros sistemas inmunes ocurre lo mismo, siendo estos microbiomas y rizosferas parte de los mismos. ¿Hasta qué punto la mentada “perturbación transgénica” de las plantas las hace más susceptibles o vulnerables a ciertas enfermedades que con anterioridad apenas les afectaban?. ¿Hasta qué punto las afectan en la eficiencia de la asimilación de nutrientes?.

Se trata de temas no excesivamente abordados por la ciencia contemporánea, pero que, en mi opinión, necesita que se les preste una mayor atención. Os muestro abajo ciertos post relacionados con el tema, la noticia aludida y el párrafo de una tesis doctoral que nos hace ver la importancia de la superficie de nuestros apartados digestivos a la hora de absorber nutrientes, que no deja de ser exactamente el mismo que la ampliación de la superficie que pueden explorar las plantas asociándose con esa parte de la rizosfera a la que denominamos micorrizas.

Lo dicho, existen principios posiblemente universales que nos ayudarían a comprender mejor o a modificar el marco conceptual del que partimos hoy en día.

Juan José Ibáñez

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