‘Curso Básico sobre Filosofía de la Tecnociencia’

Sobre la Tecnociencia, la Filosofía del Conocimiento, el Constructivismo y La Teoría Actor-red

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¿Qué es la verdad Científica? Ya os he expuesto en varias ocasiones nuestra postura, que a la postre fue previamente avalada antaño por las últimas escuelas de la filosofía de la ciencia (como vimos en nuestro Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia, y más concretamente en varios post como este: La Verdad Científica Como Consenso) Si hay una verdad absoluta ahí fuera, se encuentra más allá de nuestro alcance. Eso sí, la ciencia intenta hacer retroceder, paso a paso, el muro de nuestra incalculable ignorancia. Empero muchos científicos profesan un amor incondicional a su objeto de estudio y no terminan de reconocerlo. ¡El amor es ciego! e ¡ignorante!, dicho sea de paso. A menudo, casi textualmente, he sido criticado en varias ocasiones por “ensañarme mucho con la ciencia, demasiado! ¡Se trata de una percepción rotundamente falsa! A título personal  tengo pasión por ella, lo que ocurre es que una cuestión es el interés/ pasión, y otra muy distinta pensar que “ella es perfecta”, como defienden muchos profesionales dedicados a la Filosofía del Conocimiento. Se trata de una escuela a la que denominamos constructivismo, muy importante desde hace tiempo y que sigue ganando adeptos, más aun desde que las ciencias cognitivas comenzarán a dinamitar desde el propio seno de la indagación científica cualquier atisbo de objetividad pura, tanto en nuestras mentes como en los productos que se derivan de ella. Nos estamos refiriendo pues a un constructo social. Abajo os dejo unos párrafos preliminares, extraídos de Wikipedia, acerca de estas ramas del saber. Fijaros que cuando os reproduzco unos escasos fragmentos del texto que expone la enciclopedia libre sobre filosofía del conociendo, lo hago desde su capítulo dedicado a la de la ciencia, para que no alberguéis la menor duda. 

Ruego al lector que se fije en el siguiente hecho: La tecnociencia incorpora parte de las humanidades y en especial las ciencias sociales al núcleo duro de su programa científico de Investigación, desde la perspectiva lakatosiana, sobre la que ya abundamos con varios post en nuestro “Curso Básico de Filosofía de la ciencia”. Se me antoja paradójico que un hecho deseable, lograra por fin entrar en el seno de las discusiones acerca de  la ciencia, usando un vehículo que considero intelectualmente muy obsceno como lo es la propia tecnociencia. Más aun, dado que esta última y los estudios sociales de la ciencia, al contrario que en la filosofía clásica sobre el tema, cambian de dirección al analizar cómo trabaja la ciencia, dejando en un segundo lugar su esencia de la indagación científica (como lo es por antonomasia el método científico en su mismo), la propia filosofía se “socializa” y “desacraliza” bajando también de su pedestal

Será a partir de ahora la praxis y los intereses que la condicionan los que aglutinarán los estudios acerca de que es la ciencia.  Y así el progreso de la ciencia no se cargará a “hombros de gigantes intelectuales”, sino que debatiremos acerca del poder, la avaricia, la codicia, la vanidad y otras cualidades lamentablemente muy humanas

Y estas líneas vienen a colación debido a la propia definición de Tecnociencia, ya que esta diluye lo natural de lo social, lo objetivo de lo subjetivo, etc. Extraje el siguiente fragmento de texto, que ya os comenté y sobre el que sigo abundando abajo, de un artículo, firmado por tres expertos, y entre ellos Xavier Echeverría: Todas las dicotomías (naturaleza/sociedad, sujeto/objeto, humano/no humano) son puestas en tela de juicio en un intento de superación de la ideología de la modernidad (…). Soslayando toda esa desiderata de modernidad, posmodernidad, etc., lo cierto es que las aludidas dicotomías son a menudo las peores de todas ellas, por lo menos cuando abordamos temas científicos:las antonimias”. En este sentido os recomiendo que leáis una interesante obra del pensador francés  de Jean-Marc Lévy-Leblond de la que hablamos en nuestro post: “El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios”. Y reitero por enésima vez, no podemos seguir pensando que es posible asirse a alguna verdad absoluta.  Debemos aprender a vivir con la incertidumbre de nuestros progresos, científicos o culturales en general, siempre mejorables (Los Conceptos Científicos y sus Limitaciones: Vivir en la Incertidumbre).  Y si la ciencia es un constructo social, la antaño considerada nítida frontera entre la  filosofía y la sociología, se diluye paulatinamente. De aquí que la Tecnociencia, incluso para aquellos que tienen fe ciega en la misma (que son los poderes fácticos que la sustentan) suelen aceptar tal constructivismo sin más miramientos y reparos, y menos aún ascos en sus discursos.

Y quizás sea este uno de los aspectos de la Tecnociencia que menos dañino se me antoja. Me refiero al reconocimiento  del interés de romper esa invisible pero pertinaz frontera que separa las humanidades de las ciencias. Ya en 1959 C. P. Snow habló del daño generado por tal línea roja, tanto a los estudios transdisciplinares como al conocimiento humano en general. Necesitamos la convergencia de las dos culturas, pero no en la dirección que apuntan los ayatolas de la tecnociencia. 

Por otro lado, y como veréis en los fragmentos de texto que os expongo abajo, las Tesis sobre las que Echeverría se basó para el desarrollo de su propuesta de tecnociencia,  en primera instancia, no parecerían encajar adecuadamente con las que usaron Latour y callón a la hora de exponer la denominada Teoría Actor-Red. Sin embargo a la postre este notable filósofo, junto a González y Casanova (2004), intentaron, más que conciliarlas, demostrar que juntas estimulan mutuamente su potencialidad heurística. Y es por esta razón por lo que hemos preferido escoger este artículo a otros de igual calidad. 

Así pues, en este post intentamos relacionar la Tecnociencia, con la Filosofía del Conocimiento y la denominada Etnometodología.

Juan José Ibáñez

Continúa…….

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Tecnociencia y Ciencia Disruptiva: La paradoja de los Grandes Equipos de Investigación

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 Los defensores de las tecnociencias, la política científica de los gobiernos con sus planes nacionales de investigación, y los medios de comunicación de masas, suelen vendernos que los equipos numerosos e interdisciplinares, junto con sus grandes y onerosas instalaciones instrumentales se encuentran mucho más preparados para el progreso de la ciencia, perdón ¡tecnociencia!. que los demás Las noticia que os voy a traducir hoy publicada originalmente en Inglés (Nature Letters)  viene a desmontar la mentada falacia. Tal concepción, entra en la categoría que en un post editado hace ya 11 años denominamos Verdades y Falsas Verdades en Ciencia: “Los Tópicos Impregnantes”. Al final damos como cierto muchos de ellos, de tanto leer tal aserto, sin percatamos que tiene el mismo valor de las fake news. No es que estén equivocados, sino que son mentirosos. Hemos venido defendiendo desde hace 15 años que son las mentes creativas en momentos de “iluminación las que cambian el mundo”. Por lo tanto, yerran nuestras autoridades cuando ponen todas sus esperanzas en este tipo de “gran ciencia”, en lo que respecta al tamaño, aunque este tema sea relativamente independiente de la dudosa grandeza la tecnociencia. Y ellos lo saben, ya que muchas de las empresas actualmente más cotizadas del mundo se iniciaron por una mente maravillosa o por un grupo de ellas. Y la carta a la revista Nature así lo constata con contumacia, ya que los autores que en este caso si debieron hacer uso de las(os) denominadas big data, datamining y meta-análisis. Lo intuyo por la cantidad de escritos que dicen haber revisado.  Más concretamente, como veréis abajo, señalan que “Aquí analizamos más de 65 millones de documentos, patentes y productos de software que abarcan el período 1954-2014, y demostrar que a lo largo de este período, los equipos más pequeños han tendido a alterar la ciencia y la tecnología con nuevas ideas y oportunidades, mientras que los equipos más grandes han tendido a desarrollar los existentes”. La ciencia, la gran ciencia, pero también ocurre en tecnología, es coto casi privado de ideas disruptivas. Abajo os dejo algunas noticias sobre la acepción del término actualmente, ya que con anterioridad, o en otros ámbitos del conocimiento, el palabro “disruptivo” alberga muy variopintos significados. Resumiendo, los grandes equipos e instalaciones “en general” (hay investigaciones que efectivamente sí requieren este tipo de enormes entramados por necesidad) suelen tender a llevar a cabo hacen lo que Kuhn denominaría ciencia normal, mientas que los pequeños generarían algo más cercano a los cambios de paradigma. Se trata de cambios bruscos, rompedores que crean un punto de inflexión, es decir un antes y un después. Por el contrario, la tecnociencia tiende a promover, con sus urgencias y cortoplacismos, productos que tengan una gran aceptación en el mercado inmediatamente. Así pues, los primeros y actualmente despreciados grupos de investigación con tamaño reducido son en realidad el sustento casi indispensable de los segundos. Empero mientras la mayoría de ellos son ignorados (sin negar  que una minúscula élite de estos investigadores han entrado en el ranking de los personajes más ricos del mundo”) los últimos son promocionados y altamente incentivados por los dichosos planes nacionales de I+D+i.  Es decir, que un falso tópico impregnante revolotea en la cabeza de nuestros sesudos gestores, dando lugar a que la financiación y programas estratégicos sean menos eficientes que lo que debieran.

 Cierto es que existen las denominadas starups  e incubadoras de empresas, entre otras herramientas de las tecnociencias que ayudan a que jóvenes emprendedores den los primeros pasos en sus iniciativas pre-tecnológicas o tecnológicas. Algunas de ellas pueden y tienen éxito, mientras que la mayoría no. Es algo lógico, cuando hablamos de ciencia creativa y tecnología disruptiva. Este ha sido el caso de España, por poner el ejemplo que mejor conozco. Sin embargo, una vez patentado un diseño/tecnología/ procedimiento/etc. ingenioso, la mayoría de ellos (sus patentes) son adquiridos por grandes empresas, que pagan por adueñarse de ese valioso botín. Tal hecho significa que los brillantes emprendedores logran una buena ganancia, pero también que la mayor parte del beneficio del producto lo recibirán las grandes empresas multinacionales, en la mayoría de los casos. Y así se llega a la paradoja que los creativos pasan a ser meros suministradores de ideas innovadoras para el gran capital que vende mercancías. Este problema resulta tanto más grave cuando más rácano, conservador y miope sea el empresariado de un país, como ocurre en España. De todos modos, los empresarios latinos de ambos lados del atlántico, no se caracterizan por invertir en innovación y menos aún de capital riesgo, también denominado emprendedor. Finalmente, las ideas y sus beneficios terminarán en manos de los Estados más poderosos y su tejidos empresariales, con independencia de donde nacieron. ¿No salen ganando siempre los mismos?.

 Las autoridades Europeas llevan varias décadas muy preocupadas por el hecho de que sus esfuerzos y recursos en materia de investigación y desarrollo, terminan generando menos beneficios financiaros comparativamente que en EE.EE. Es decir somos menos “tecno-competitivos Este hecho es conocido como la “paradoja europea”. Y en tal contexto, por ejemplo, España sería la paradoja de la paradoja Europea, ya que todo termina siendo más histriónico y decepcionante. Obviamente si la Unión Europea no logra alcanzar los beneficios que en EE.UU. se debe a un problema de la propia “in”-cultura empresarial, que no de la ciencia y la tecnología que atesora. Por lo tanto, cabría devolver la pelota a los empresarios y directivos que exigen que las universidades y centros de investigación que presten atención a las necesidades de sus empresas. Desean que desde el sector público se les haga casi todo el trabajo y financie la mayor parte del mismo, con vistas a que ellos vayan engrosando sus cuentas bancarias. ¿No sajen ganando siempre los mismos? ¡Así sale vencedor cualquiera!. Los dados se encuentran fuertemente cargados.

 Visto lo visto, nada de lo que pretende la tecnociencia parece razonable, sino meramente colonizador y mezquino, al menos en la mayoría de los Estados. Y así la Ley de San Mateo se torna en una Ley bajo el imperio de la economía globalizada que sufrimos.  ¿Qué ocurre en Latinoamérica? ¿Qué piensan por allí los filósofos de la tecnociencia?. No os preocupéis será  también un tema capital de este curso de Filosofía de la tecnociencia.

Juan José Ibáñez

Continuemos y sorprenderos………..

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Bruno Latour se interesa por los suelos y la zona crítica terrestre

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Daniel D. Richter y Bruno Latour Mayo 2019: The Education of Bruno Latour: From the Critical Zone to the Anthropocene” Feature-Length Documentary. Franklin humanities Institute

Resulta ya raro que alguna noticia me sorprenda e incluso estremezca. Y la que os voy a mostrar hoy os extrañará. Ya sabéis, que al margen de mi disciplina científica, me encuentro muy interesado por la filosofía y sociología de la ciencia, y más recientemente por la el nacimiento de filosofía de la tecnociencia. En mi más que modesta opinión, los grandes pensadores sobre la filosofía de la ciencia terminaron con la teoría anarquista del conocimiento propuesta por el irreverente y brillante  Paul Feyerabend, en la década de los años 70 del siglo XX. Para este autor, ya en la segunda mitad de aquel siglo, políticos y científicos querían desplazar las religiones, con vistas a que ocupara su lugar la ciencia, que recordemos que no tiene más moral y ética que la que las sociedades les dignan otorgar en un momento dado de la historia. En la décadas de los años 80 y 90 del siglo pasado, surgen los denominados estudios sociales de la ciencia o simplemente estudios de la ciencia, tecnología y sociedad. Entre sus fundadores y posiblemente como alma mater, emerge la figura de Bruno Latour, del que tanto os he ido hablando con el transcurso de los años (ver relación de post abajo). Para Bruno Latour hemos alcanzado un punto de no retorno, apostando por un nuevo contrato social cuyas raíces se hunden en el ecologismo y la demolición del modelo sociopolítico, económico y cultural actual, como explica en una reciente entrevista. Él fue quien mostro también el devenir de la ciencia y como sus nobles ideales han sucumbido a los tenebrosos fundamentos de la tecnociencia. No existe un pensador actual digno de llevar tal calificativo que no conozca a Bruno Latour.

Pues bien, hace muy pocos días recibí una alerta de la red que conformamos la CZCN, es decir de un nuevo tipo de edafología expandida, sobre la que también hemos abundado, incluyendo los post redactados en la categoría ‘Zona Crítica Terrestre y El Futuro de la Edafología’. También os comenté la emoción que sentí al leer una obra maestra del pensamiento actual denominadaLa Esperanza de Pandora”, y cuyo autor, como no, resulta ser Bruno. El libro comenzaba describiendo los entresijos del conocimiento científico en un viaje a Brasil, en el cual edafólogos y botánicos discutían sobre la frontera entre selva y sabana de aquél maravilloso país.  Tras años de lectura he podido constatar  como los grandes pensadores del pasado y del presente se han interedado por ciencias más prestigiosas en la actualidad. Esta, ha sido la única ocasión en la que he uno de ellos abordaba el tema de la edafología sin remilgos, y lo tomaba como ejemplo para discutir después sobre lo divino y lo humano de nuestra cultura. El capítulo adolece de algunos errores conceptuales, empero el contenido sigue siendo palmario, meridiano y brillante.

Pues bien, la alerta de la CZCN, con regocijo, nos informaba que Bruno Latour había visitado uno de sus observatorios dependientes de la Universidad de Duke en EE.UU., con vistas a entender como  la Zona Crítica Terrestre’ nos informa acerca de la transformación profunda de la superficie terrestre y del mal conceptualizado y definido Antropoceno.

A Bruno le gustas los suelos, ya lo demostró y lo ha vuelto a hacer. Y si el habla de los recursos edáficos, tener por seguro, que con el tiempo su importancia será reconocida por todos aquellos que hoy no se encuentran interesados, e incluso la denostan. Como veréis, acaba de aterrizar allí e impartido una conferencia.  Entre la información que incorporo abajo existe un video colgado en Youtube en donde habla de los suelos, la zona crítica terrestre y el Antropoceno. No dudéis que tarde y temprano las ciencias del suelo serán mucho más reconocidas entre los intelectuales de todo el mundo occidental que ignoran hasta el significado de edafología o pedología. ¡Gracias Maestro!.

Os dejo pues con la información y especialmente con la ofrecida por los enlaces. Eso sí, lamentablemente se encuentra en inglés. No obstante, mientras tanto, podéis consolaros con lo ya publicado en “La Esperanza de Pandora”, cuyo texto ha sido pirateado y se encuentra ya en castellano, “para todos” en Internet (buscarlo, por favor). Estoy convencido que pronto saldrá a la palestra, en sus libros y artículos la relevancia de la zona crítica terrestre, el Antropoceno y la edafología. Tendrán una enorme audiencia, llegando a personas que hoy ignoran su importancia. ¡Garantizado!.

Juan José Ibáñez

Continua…….

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Las Dos Caras de la Ciencia

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Ya hemos comentado que la ciencia no tiene moral, por lo que necesita ser guiada, tanto por la sociedad como por sus practicantes en base a unos códigos ajenos a ella. Todos los días somos inundados por un aluvión de grandes descubrimientos que afirman que cambiarán el mundo y nuestras vidas ¡para gozo y disfrute de la humanidad entera!. Pero la cruda realidad refuta tales afirmaciones. La palabrería engañosa de la tecnociencia.

Vivimos en un mundo plagado de injusticias, guerras, desigualdades, hambre, desnutrición, epidemias, y a todas luces insustentable bajo esa apisonadora a la que llaman economía liberal. He recibido quejas  por ser crítico contra diversos tipos de indagaciones científicas, ya que redacto en algunos post mis profundas preocupaciones por su estado actual e inquietante devenir, incluso cuando nos aseguran que será esplendoroso. No entiendo,  por ejemplo, que el Transhumanismo les gustará a algunos, mientras que personalmente se me antoja una locura desquiciante. Interesan controversias como la de si el denominado Antropoceno debe considerarse como un nuevo periodo geológico (sensu lato) cundo en realidad es materia de definición y gustos, que no de hechos, como demostramos ya en otros diversos post. Y así podríamos seguir “ad nausean”.

Detesto los corporativismos y más aun de los que dicen ser valedores de la “verdad”, cuando vivimos malos tiempos para la lírica, estando la literatura científica y sus entresijos, atiborrada de plagios, denunciándose constantemente en nuestro ámbito del conocimiento, la mala praxis y la corrupción. En el curso impartido en esta bitácora acerca de las ‘Filosofía, Historia y Sociología de la Edafología’ llevamos a cabo un recorrido conceptual e histórico sobre que es la ciencia y el método científico, según las diversas escuelas de pensamiento. Y al hacerlo mostramos que ambos conceptos son lascivamente escurridizos. La última gran escuela que merece tal calificativo resulta ser el anarquismo epistemológico desarrollado por Paul Feyerabend. Esta autor alemán defendía que la sociedad intentaba reemplazar las antiguas religiones por otra nueva llamada ciencia, mientras que en la práctica sus profesionales se comportaban como clientes ebrios en un prostíbulo. Y como corolario, topamos de nuevo con la moral y con la ética. Empero si antaño podíamos desarrollar filosofías de la ciencia ajenas a otros aspectos de nuestra sociedad (centradas en la ciencia exclusivamente) y  ya no es así. Al convertir la sociedad en una aldea global, y ser la tecnología el motor de los cambios que en ella se producen nos encontramos con un sistema, bastante complejo, inestable e incontrolable, como lo son todos los “no lineales.  Y tal tipo de sistema nos trae de cabeza. Y entre unas razones y otras la democracia se muere, siento reemplazada por la retrodemocracia. Y por ello comenzamos un curso de filosofía de la tecnociencia.

Cuando emergió al mundo la globalización comandada por el neoliberalismo económico de los “Chicago Boys”, abundabas los ¿expertos? Que intentaban calmar las angustias ciudadanas señalando ante las crisis cíclicas que se producían: “No hay que preocuparse, el sistema financiero se autorregula” ¿¿??. Pues bien, si un conjunto de elementos y agentes no se autoregulan su interacción, también por definición, no es un sistema. Rebuznancia cargada de  aparente erudición para ocultar la verdad: pura ignorancia e incapacidad de predecir lo que se nos avecina. Como sistema complejo nuestra economía resulta ser muy inestable, sensible a las condiciones iniciales y a las del entorno. Cambios pequeños pueden impeler a que sus trayectorias diverjan brutalmente con el tiempo, siendo impredecibles. ¡Y así lo constatamos!. En la teoría del caos, vinculada con la de los sistemas complejos y la de los no lineales, se popularizo la frase “el aleteo de una mariposa en Pekín puede producir un tornado en Texas” (el consabido efecto mariposa). Hoy podríamos parafrasear su contenido y exclamar “la tos de un agente de bolsa en Pekín, puede generar un drama/desplome en la de Wall Street” y afectar a cientos de millones de personas. Nuestro sistema económico progresa, al parecer, hacia lo inesperado, lo sorprendente, etc. Es decir todo lo que no permite ser predicho por ningún modelo salvo la destrucción del mismo. A quien la gusten las sorpresas, buenas y malas, no tiene más que sentarse en un sillón y esperar.

Reiteremos, la ciencia y sus hallazgos no son ni buenos ni malos, todo depende del fin con que se utilicen. Y es aquí en donde nos topamos con el meollo de la tragedia humana que padecemos.

Los investigadores necesitamos financiación con vistas a seguir deshilachando esa casi indescifrable madeja a la que denominamos complejidad del mundo. La financiación no surge por generación espontánea, sino que la libran los gobiernos e industrias (en su mayor parte multinacionales) con sus respectivos intereses. Empero por mucho que manifiesten lo contrario, los gobiernos desean que sea la industria subvencione ¡casi todo!,  y como corolario convertirnos en esclavos de ellas. Son las grandes compañías, sus intereses, lobbies, publicidad maniquea, etc. las que dictan pues, en que se debe invertir científicamente y en que materias no. La esencia de una empresa estriba en vender productos, que no cuidar de los ciudadanos, y la prensa nos lo recuerda todos los días, lo mismo que la corrupción política, casi siempre en contubernio con las primeras.  Si un científico no se encuentra de acuerdo con lo que ve y escucha, será desterrado (no hay dinero para sus estúpidas ideas), a no ser que lo haga cuando ya sea famoso, lo que indicaría que, con anterioridad, también fue lacayo de este perverso entramado. Eso sí, soslayemos a los más mayores, que lograron realizar sus indagaciones en un mundillo científico sin tanto conchabeo, amoral y corrupto como el del presente.

Nuestro sociedad vive en un mundo de recursos finitos, en la mayoría de los casos no abundantes, por cuanto los que lo fueran antaño han sido dilapidados o degradados.  Y por tal camino hemos degradado la salud del planeta, pero como formamos parte de él (….), también la nuestra propia, en casi todos los aspectos. No existe nada parecido, con mayúsculas, es decir ¡nada importante!, como la denominada ciencia para la ciudadanía. Se trata de actividades que, en el mejor de los casos, ayudan a algunos, de vez en cuando.

La sobrepoblación se enfrenta a esa escasez de recursos, con las paupérrimas armas que nos ofrece un neoliberalismo económico carente de otra imaginación que no se limite a desear más millones, y más billones, ¡más, más!. Se me antoja tan nefasto este “sistema” como para dudar de las bondades de su pseudo-autorregulación. Pero además del crecimiento de la población, que pretende enfrentarse a los recursos finitos de que disponemos, este “sistema” se encuentra deplorablemente estructurado. En unas partes del mundo viven los privilegiados, actualmente asustados por el envejecimiento de sus poblaciones y todos los males endémicos que tal hecho acarrea. Por ejemplo, ancianos cuyos sistemas de pensiones se encuentran al borde de la quiebra, mientras los que debieran alimentarles, son presas del desempleo y desánimo. Mientras tanto, en otros infernos de la Tierra, las criaturas son aniquiladas, viven desnutridas, enfermas, etc., en lugar de rejuvenecer las plantillas de los ricos ancianitos. ¡Unos aquí sin remplazo, y otros allí sin esperanza!. Resumiendo, conforme el neoliberalismo aprieta de manos del Banco Mundial, el FMI, y otra turba de entidades filantrópico/caritativas, ya nadie duda que las desigualdades entre ricos y pobres aumentan hasta límites insoportables. Un sistema eficiente resulta ser todo lo contrario. ¿O no?. No se trata ya de caridad o solidaridad, sino que hablamos de requisitos indispensables para la autorregulación de cualquier sistema, no solo el económico.

Pongamos tan solo un par de ejemplo, como el de la Inteligencia Artificial o IA, y el de la robótica/microrobótica

Hace pocos años leí un informe en el que se cifraba la procedencia de las principales inversiones en materia de IA. Pues bien, el grueso de la financiación  era realizada para propósitos militares y videojuegos: “Juegos y Guerra en lugar de Juegos de Guerra”. Actualmente las inversiones en IA crecen a ritmos acelerados en estos y otros muchos campos, empero el panorama es igualmente inquietante. Y si hablamos de las aplicaciones de esta rama del conocimiento, personalmente se me ponen los pelos de punta, aunque también a  otros científicos.

Reiteramos que, como en otros dominios de la ciencia y la tecnología, la IA puede aportar grandes beneficios para la humanidad. Yo no lo dudo, lo afirmo. Ahora bien, todo depende de los fines para los que se utilicen. Y aquí entra el factor humano. En un mundo en donde la ética y la moral brillan por su ausencia, serán los más fuertes los que encarrilen su destino. Y ya sabemos: multinacionales, militares, guerras, vender y vender a toda costa, sin importar los objetivos….

Vayamos ahora con la robótica y microrobótica, sin olvidar su hibridación, es decir la inteligencia artificial robótica. Existe un gran debate sobre la pérdida de empleos, y como corolario el aumento la cantidad de gente que puede seguir aumentando las ya gruesas filas del paro laboral. Nadie duda excepto los vendemotos de fantasías ilusorias con intereses ocultos que, un desempleo creciente acrecentará los problemas de una sociedad envejecida a no ser que estos juguetes mecánicos tributen a los heraldos públicos, como los ciudadanos de carne y hueso. ¿Se los imaginan ustedes haciendo huelgas para conseguir una subida salarial?.  Pero en manos de los militares, admito mis prejuicios,  el tema puede devenir en tragedia. Efectivamente, el futuro podría traernos guerras entre robots en lugar de humanos. Algunos pensaran que hasta podrían ¿disfrutar?, viéndolos en la televisión como si de un partido de futbol se tratara. Eso sí, la mayoría de los telespectadores no tendrían trabajo, y meno aun permitirse alimentar a sus familias dignamente.  ¡Robótica!. Siempre puede encontrarse uno a los que tan solo pretenden llamar la atención, aunque exista la posibilidad de que termine siendo cierta ¿ incluso asesinos en serie?. Sin ser tan melodramáticos, si cabe alegar que se producen serios debates a la hora de contestar la siguiente pregunta: ¿Son los robots tan seguros?. Pero aún resta dar respuesta al siguiente interrogante:  ¿aunque lo serán, el dilema es para qué?. ¿Con que propósitos?. No les extrañe pues que científicos de todo el mundo consideren a: ¡La Inteligencia artificial y robótica, entre los Riesgos Globales de 2017. Como pueden observar, no soy un paranoico.

Centrémonos en la microrobótica. Llueven las noticias médicas, agronómicas, ecológicas, etc., etc., que proclaman el advenimiento de los microrobots y como estos cambiarán nuestras vidas.  La microrobótica  y la inteligencia artificial nos pueden traer todo tipo de maravillas/pesadillas. Por poner algún ejemplo, se defiende que los microrobots podrían ayudarnos a salvar muchas vidas tras los desastres naturales, o como nos cuenta el encabezado de esta noticia: “Abejas robot polinizarán los campos de cultivo de Monsanto – Ecoosfera. ¡Vaya por Dios!, Monsanto Vende la piel del oso antes de cazarlo, es decir “como siempre”. ¿No son ellos con sus pesticidas las que las están exterminando?. ¡vaya forma de abrirse un nicho de mercado!. Pero ahora les bosquejo la otra cara de la moneda.

Estos migro-ingenios se irán abaratando conforme incrementen sus producciones y aplicaciones. Me siento en mi casa a leer un libro, visionar un video o jugar con mi pareja a los naipes, hablar de política con algún amigo, o algo parecido. Llegará un momento en que sean muy asequibles para el gran público, ¡no lo duden!. Pero hay un problema, por no decir muchos. Podremos tener por cualquier lugar de la casa un microrobot foráneo disfrazado de mosca u otro tipo de insecto, espiándonos. Según sea la actividad y el enemigo que nos ha enviado ese caramelo envenenado, la privacidad de nuestras vidas se esfumaría por completo.  Un caso entre otros sería que viviéramos bajo una dictadura, algún contertulio blasfemara y de pronto apareciera la policía nazi, lo arrestan, encarcelan y ¿por qué no?, ¡lo fusilan!.  Y todo por ese maldito nano-espionaje. Es fácil dar rienda suelta a la imaginación y, de nuevo, se me ponen los pelos de punta. Si es lícito fantasear, pero no tanto como para intoxicar con los “pros” ocultando los gravísimos “contras”.

En resumidas cuentas, bien utilizadas estas tecnologías pueden ayudar a todos los ciudadanos. El problema, ¡el gran problema!, estriba en que nosotros no tenemos nada que decir, ya que los poderes fácticos tendrían su control. Ya sabemos los estragos que puede generar entre la población un marketing engañoso y fraudulento. De hecho ya lo padecemos con la privacidad que nos proporcionan internet (se barrunta una cibercrisis global, además de las ciberguerras: ¡Guau!) y las aplicaciones de los Smartphones. Veamos algunos ejemplos de las propias “apps”: (i)Las ‘app’ de salud ponen en riesgo millones de datos personales”; (ii)El 50% niños desde los 8 años se expone a ciberamenazas” y (iii)Siete de cada 10 aplicaciones para móviles comparten sus datos con otros proveedores”. Creo que ya es suficiente.

Abajo os dejo tres noticias relacionadas con el tema. Se trata de meros ejemplos sobre los que los lectores interesados deberían leer y reflexionar con vistas a extraer sus propias conclusiones. En ellas el grano se mezcla con la paja, mientras que el marketing mentiroso lo hace con las explicaciones honestas.

Y finalmente reiterar mi mensaje. Como científico soy una persona a favor del progreso, pero del de la humanidad entera, no de quienes juegan con nosotros y nuestros futuros. Ellos tan solo nos exigen el ¡silencio de los corderos! Necesitamos urgentemente una gobernanza mundial basada en la ética y la moral, que nos defienda de quien ostenta el poder, no de estos artilugios en si mismos. ¡Todo depende del uso que se les dé!. No nos engañemos, hay también muchos conciudadanos perversos.

Ante tal panorama, desalentador, por ser moderado, pensé en que tan solo cabía,  colaborar con una ONG. Ojeé la prensa y pensé: ¡mejor ya a ser que no!, tampoco me puedo fiar.  Ya, a la desesperada, barrunté ir buscándome mi retiro espiritual en un monasterio. ¡Pero que va….!. Ni por esas.  

Juan José Ibáñez

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De la Bigscience a la Tecnociencia (La Macrociencia Tardía)

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Fuente: Colaje Imágenes Google

Como comentamos en el post anterior, la ciencia cede parte de su hegemonía tradicional ante la macrociencia, debido tanto a la  II Guerra Mundial, como a la subsiguiente Guerra Fría de las dos grandes superpotencias que luchaban enconadamente desde la década de 1950 por imponer sus intereses al resto de los mortales. Ahora bien, entre la bigscience militar y la tecnociencia actual existe un hiato difuso y ambiguo que queda por rellenar y denominar. Y es aquí en donde muchos expertos discrepan.  Yo personalmente echo en falta varios elementos en las diferentes ecuaciones o interpretaciones a las que he podido acceder. Por esta razón he acuñado sin más pretensiones la “macrociencia tardía”. La cuestión reside en entender cuales, quiénes y cómo fueron las fuerzas impulsoras  que dieron el salto del consorcio ciencia-política-tecnología militar (o al menos con intereses para la defensa nacional) a una tecnociencia casi totalmente gobernada por  la gran industria y de palmarios finales económicos. Los fragmentos de texto que recojo hoy  explican, en cierta medida el paisaje, aunque dista mucho de ser nítidamente transparente. 

Cierto es que los éxitos que alcanzó la ciencia durante en periodos de guerra (frías o calientes) de mediados del siglo XX, ofrecieron a los ciudadanos una imagen del poder y valor de la ciencia en beneficio de la sociedad. Ahora bien, si la tecnociencia comienza su andadura durante la década de los años 80, es decir hará aproximadamente 40 años, existen esencias que permanecen por descifrar y coincidencias dignas de mentarPermitirme que os avance dos andanadas para saber si estáis de acuerdo conmigo: (i)La tecnociencia nace más o menos cuando emerge la globalización económica comandada por la dictadura financiera y (ii), la actividad comercial e industrial globalizada da lugar al mismo tiempo al denominado cambio global,  y la degradación ambiental que ahora padece el planeta y enferma tanto a la biosfera como a la población mundial.  Y es que una actividad antaño vigilada por los gobiernos (el denominado proteccionismo) dio paso a la endiablada tesis monetarista ultraliberal de ese inmerecido Premio Nobel llamado Milton, ideólogo de la Globalización económica o léase La globalización de Milton Friedman, que reemplaza al keynesianismo, es decir los postulados económicos previos de John Maynard Keynes. Podéis a este respecto leer el contenido de los siguientes documentos: Milton Friedman: Friedman fue asesor para los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, Tratado de Libre Comercio UE-EEUU: un sueño neoliberal, una pesadilla democrática,La alianza Thatcher-Reagan definió el final del siglo XX. Para más detalles tan solo saber que, al parecer, todo se inició con los Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, liderados por la Organización Mundial del Comercio, así como sus actuales garantes institucionales que resultan ser Banco Mundial y el Fondo Monetario InternacionalDigamos que, para Milton, un Estado debía dejar de intervenir en casi todo, ya que la economía se autorregula sola, solita, sola. Efectivamente, pero para su propio beneficio, que no el de los consumidores. De este modo, van saliendo a la palestra problemas y más problemas que acucian a parte o toda la ciudadanía del planeta, tales como los siguientes entre otros muchos: deslocalización empresarial, fuga de capitales, desigualdad, precarización en el empleo, maltrato a los trabajadores de las empresas deslocalizadas, riesgos para la salud incluyendo morbilidad y mortalidad causadas por las nuevas tecnologías y modos de trabajo, migraciones descomunales y en parte forzadas, pobreza, contaminación, explotación, cambio global, paraísos fiscales. No se trata de conjeturas, las fechas y los hechos están ahí. Y todo desde el nacimiento o como consecuencia de la denominada tecnociencia. A la hora de rapiñar y destruir, el emprendimiento empresarial ¡si! es formidable.

En cualquier caso ya expresé mi opinión hace años, y cuanto más tiempo transcurre y más leo acerca de este transcendental tema más me ratifico en los postulados que presenté en, por ejemplo estos post: Ciencia y Neoliberalismo Económico, ¿Hacia una Nueva Gobernanza Mundial?: La Globalización Cuestionada por el Capitalismo, Las Miserias del Capitalismo: La Obsolescencia Programada (o el porqué vivimos en una Sociedad Anti-sustentable”), Envejecimiento, Futuro de la Humanidad y Obsolescencia Programada en un Mundo Superpoblado, La Creatividad Científica y El Futuro de la Ciencia ,El Imperio de la Dictadura Financiera, los Populismos y el Papa Francisco, Ciencia y Neoliberalismo EconómicoRetrodemocracia ,Comercialización de la Ciencia: Riesgos y ContradiccionesCiencia e Incultura Política: Investigación Traslacional., Tecnologías de Primera y Segunda Generación (Un Riesgo Social en Ciernes) ,Sobre Organizaciones Empresariales y Empleados Públicos , El Colapso del Medio Ambiente: La primavera silenciosa ya está aquí,Las Reservas Extractivas: Una Promesa ecológica al borde del desastre por la economía globalizada ,Los mártires del medio ambiente y la posverdad (el hostigamiento de la dictadura financiera),Cambio Climático: ¿Una Guerra Ecológica o Económica?,  La Gran falacia de los Pesticidas y el Agronegocio de las Multinacionales: La humanidad enferma y la biosfera desolada (Informe de la ONU),Las “Trump”etas del Apocalipsis (Donald Trump, Medio Ambiente y Espacios Protegidos)Sellado del Suelo, Infraestructuras, Ladrillazo, Destruir el Litoral, Empleo y Enriquecimiento de las Empresas Constructoras,Desastres Ecológicos Causados por la Agroenergética y Biocombustibles de Primera Generación: El Gran Incendio de los Histosoles de Indonesia, La Singularidad Tecnológica y su futuro: Cerca o Lejos, África Olvidada: Deforestación, Desertificación, Pobreza y Corrupción, si bien he editado bastantes más post en la categorías sobre Fraude y Mala Praxis Científica, como también y Prensa y Política científica. Este es el sibilinamente denominado resultado del confundente concepto del contrato social de la ciencia.

Y digo yo: Poco o Nada tiene que ver este contrato social por la ciencia con los ideales expresados  por muchos científicos como en este manifuesto denominado “Ciencia y valores humanos” en el que se concretan las obligaciones de los investigadores, como profesionales.  ¿No pensáis lo mismo?: El Colapso del Medio Ambiente: La primavera silenciosa ya está aquí.

Os dejo ya con algunos contenidos de otras páginas Web. En unos os informan sobre ese tal  Milton, en otros del final de la Big Science temprana y como se despliega en Europa o Japón la mentada fase tardía,  inicio de todos los males, por cuanto durante la primera nos encontrábamos bajo el protectorado imperial de EE.EE, con su Big Science temprana. Tenéis pues material para leer sobre los orígenes y rasgos de la Macrociencia tardía y su transición a la tecnociencia.

Post Previos de Nuestro Curso Básico de la Tecnociencia hasta marzo de 2019

Bibliografía de libre Acceso en la Red Para el Curso Básico de Tecnociencias

De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

Tecnociencia Definiciones y Objetivos

Historia de la Tecnociencia: De la Ciencia a La Macrociencia Temprana

Juan José Ibáñez

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Historia de la Tecnociencia: De la Ciencia a La Macrociencia Temprana

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Fuente: Colaje Imágenes Google.

Antes de comenzar, me gustaría que entendierais que los conceptos y definiciones que proponen diferentes autores sobre la tecnociencia y la denominada “gran ciencia o Big Science”, no dejan de ser más cajones que intentan capturar, sintetizar y categorizar la realidad en pocas palabras. Empero, como en casi todos los ámbitos del saber humano, las fronteras conceptuales de esta guisa resultan ser difusas y discutibles. Simplemente, algunos carpinteros elaboran mejores cajones que otros. En este post nos centraremos fundamentalmente en las primeras décadas de la macrociencia y como ésta se fraguó desde el campo de la ciencia con la intervención de los Estados, y poderes militares. En otra entradilla que seguirá a esta abordaremos el tránsito de la Big Science a la tecnociencia, si bien ya anticipamos aquí algunos rasgos de la última.  A la primera la denominaremos Big Science temprana y a la última Big Science tardía, sin ánimo alguno de generar escuela. Se trata pues de puro pragmatismo al objeto de facilitar la redacción y edición de los contenidos de este Curso Básico sobre Filosofía de la Tecnociencia

Casi todos los autores que estudian la transición de la ciencia a la macrociencia suelen coincidir en la existencia de un paso intermedio, al que denominamos macrociencia o “Big Science”. Sus diferencias estriban en incluir la primera en los orígenes de la segunda o bien, defender que existirían tres estadios más o menos, temporalmente secuenciados, es decir, de la ciencia a la macrociencia y de ésta finalmente a la tecnociencia. La macrociencia se originaría por la cantidad ingente de inversiones estatales, o principalmente estatales, hacia la consecución de objetivos que demandarían financiaciones imposibles de asumir por otros agentes económicos de la época. Estas no podían ser, dada su cuantía, sufragadas por el capital empresarial. Los eventos que citan los expertos suelen, en su inmensa mayoría, coincidir que tal salto se produjo en EE.UU., con el proyecto Manhatan, por el cual se lanzaron las primeras bombas atómicas sobre Japón durante la II guerra mundial. Dicho de otro modo, la puesta en escena de la macrociencia fue debida a intereses militares avalados por las políticas de Estado. Seguidamente, la lucha de poder por la hegemonía, entre el mundo capitalista y el comunista, en sus intentos por alcanzar la supremacía tecnológica y militar daría lugar a ese denominada guerra fría, en la que se fraguó una escalada armamentística que enfrentaba a ambos bloques geopolíticos, y así poniendo de paso a toda la humanidad y el planeta  que mora en riesgo de devastación y extinción total. No se me ocurre un esfuerzo técnico y económico más deplorable o desafortunado. Seguidamente, ambos bloques, enfrascados en una guerra mediática propagandística por demostrar que eran superiores a su rival, se volcaron también en onerosísimas investigaciones aeroespaciales con vistas a poner el primer hombre en la Luna, etc.  No se trataba pues de un tema económica y prioritariamente estratégico, sino de puras batallas para demostrar quién era  “the best one”. Obviamente, no puede negarse que, con el tiempo, tal investigación aeroespacial ha ofrecido importantes frutos a la sociedad civil. Empero tampoco se puede soslayar que esos programas no se encontraban destinados a tales propósitos.

Resulta palmario que este tipo de macrociencia, dio lugar a estructuras complejas orientadas a objetivos muy concretos en la cual la ciencia y los científicos se convertían en trabajadores del poder gubernamental y militar, cuyos intereses a menudo son distintos. Del mismo modo, con harta frecuencia, al tratarse de  investigaciones que por su naturaleza debían imperiosamente ser secretas, los resultados obtenidos tampoco, en primera instancia, eran mostrados al publico ¿gratuitamente? y menos aun diseminados con los cánones de la ciencia clásica, es decir, la publicación de los resultados obtenidos en revistas, libros y congresos especializados.  

Por lo tanto, los investigadores dejaron de ser “mentes maravillosas” y se transformaron en meros currantes/laborantes bajo las manos de personas y objetivos, a menudo nada nobles, subordinados a los deseos de políticos y militares. Con el tiempo, las empresas, asaltaron tales enormes capitales gubernamentales, se privatizaron subprogramas de los grandes proyectos macrocientíficos, entrando la industria privada a ingerir más y más porciones de la tarta que estaba sobre la mesa. Y así, terminaría por emerger lo que hoy denominamos tecnociencia. Sin embargo, también casi todos los autores consultados parecen coincidir que tal cambio surgió a principios de los años 80 del siglo XX en EE.UU

No os preguntáis aun: ¿Dónde fueron quedando paulatinamente tan nobles propósitos como el avance del conocimiento sin más o la búsqueda de esa  mal denominada  verdad científica? Pero sigamos…

Como habréis podido observar, a partir de las descripciones previas, y sobre las que abundaremos abajo (apelando a fragmentos, más o menos extensos de expertos en la materia), tan solo las dos superpotencias militares de la época podían permitirse tan brutales gastos a la hora de conseguir tales generosos objetivos, como sembrar de bombas atómicas todo el planeta y alardear de sus portentosas tecnologías “en la Luna”.  Más tarde entraron en Juego Japón (cuya investigación militar se encontraba secuestrada/vigilada/supervisada, tras la II Guerra Mundial, por EE.UU) y Europa. El viejo continente tuvo que esperar hasta fraguar, en un campo repleto de minas nacionalistas, un espacio y objetivo común al que hoy denominamos la Unión Europea (UE). Habían pasado varias décadas desde la II guerra mundial, las prioridades ya no eran examante las mismas, por lo que la presión de la industria militar menguó, en aras de otros objetivos estratégicos, como conseguir avances tecnológicos que no retrasaran a la UE, aún más, de las grandes superpotencias. Podemos hablar pues de dos tipos de la Big Science, uno  temprano y otro tardío. Abajo se ofrece una mayor información al respecto, si bien en otro post abordaremos esta “Big Science” a la que denominaremos tardía y que resulta más difícil de ubicar conceptualmente que la temprana.

Seguidamente, recogemos unos cuantos fragmentos de un artículo en el que figura como coautor Javier Echeverría, uno de los principales pensadores en habla española-castellana sobre la filosofía y sociología de la tecnociencia. Nos referimos concretamente a la publicación que lleva por título “.La teoría del actor-red y la tesis de la tecnociencia”. Incluimos también parte del material de Wikipedia.

Debemos hacer énfasis en que las aportaciones de Javier Echeverría y colaboradores son de lectura obligada para todos aquellos que estéis interesados por estos temas.

Juan José Ibáñez

Continuemos pues……

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Tecnociencia Definiciones y Objetivos

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Análisis Crítico de la Tecnociencia. Fuente: Colaje imágenes Google

Tras nuestros dos post previos del Curso Básico de Filosofía de la Tecnociencia, ha llegado ya la hora de entrar en materia. Por lo tanto, en esta entrada he escogido algún material del que ya os hable en el post anterior al objeto de explicaros que entienden diversos expertos sobre el concepto y la esencia de les tecnociencias.  Comenzaremos con el fragmento de texto de Javier Echeverría, siguiendo después con la proporcionada por la Wikipedia española. Debido a que esta última resulta ser extremadamente parca, hemos traducido también  algunos párrafos de la inglesa, mucho más prolífica en su descripción. Finalmente también capturamos algunos párrafos de otros autores. Cabe recordaros que toda la bibliografía que abajo leeréis fue puesta a vuestra disposición en la entrega precedente).

Seamos claros, siempre se había defendido, y la filosofía de la ciencia también lo avala, que la actividad tecnocientífica resultaba ser la búsqueda del hombre por acercarse a comprender mejor el mundo. Ahora resulta que la tecnociencia “da la vuelta a la tortilla” ofreciendo una imagen estrictamente utilitarista del saber científico. Empero el panorama se enturbia más, al soterrar bajo el suelo la actividad investigadora, tal “pilares invisibles”, sobre los que sustenta la tecnociencia. Somos peones al servicio del poder económico, empresarial, militar y político, entre otros muchos. La ciencia ya no es un fin, sino un medio de dominación por la dictadura financiera, las multinacionales y los poderes fácticos en general que, como todos sabéis, son esencial y apasionadamente altruistas. ¿¿??.

Déjenos de mentiras y monsergas. El propósito de una empresa es vender sus productos (cuanto más mejor), mientras que el financiero deviene en amasar dinero (Cuanto más mejor). Por último los políticos, también comienzan a asemejarse a torpes marionetas en las manos de los dos precedentes.   Queda por añadir a la ecuación la investigación militar, pero no entraré en detalles, por el momento,  acerca de este asunto.

Tan solo finalizar con un ejemplo. Una empresa farmacéutica busca vender sus fármacos y obtener pingues beneficios. Si uno de estos últimos curara al 100%, es decir nos hiciera sanar definitivamente, ellos  dejarían de obtener tantas ganancias económicas. Empero ese no es su fin, sino devendría en su final, o al menos en enormes pérdidas de dividendos, afectando gravemente a su rentabilidad.

¿En dónde queda la ciencia como exponente de ese idolatrado conocimiento humano cuyo propósito básico resulta ser la búsqueda de la “verdad” para ponerla al servicio de todos los humanos, que no de los poderes que los oprimen, la mayoría de las veces?. Iremos intentando arrancar la máscara de la tecnociencia en post sucesivos ese imagen beatificadora que nos intentan vender: la solución a todos nuestros problemas.

Abajo podréis leer versiones menos críticas y otras más furibundas sobre el advenimiento de las tecnociencias que, no deja de ser anteponer la carreta antes que el animal de tiro, y cuyos objetivos finales culminar en una oligarquía propia de los ansiados deseos de la dictadura financiera de someter nuestros cuerpos y mentes a sus mezquinos intereses. Omitiré más comentarios. Tiempo habrá para ello. Por favor leer detenidamente y desmitifiquemos al delincuente (la tecnociencia) del acusado por incompetentemente ineficaz (la ciencia). Por lo tanto comenzaremos con  Javier Echeverría, aunque luego el documento llega a ser bastante extenso. Eso sí, termino recordándoos que, por ejemplo, “El Papa Francisco criticó duramente los efectos de la “tecnociencia” y la “idolatría del dinero“.

Post Previos de Nuestro Curso Básico de la Tecnociencia hasta marzo de 2019

Bibliografía de libre Acceso en la Red Para el Curso Básico de Tecnociencias

De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

 Juan José Ibáñez

Continúa…… ¿Qué es la tecnociencia)…….

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Bibliografía de libre Acceso en la Red Para el Curso Básico de Tecnociencias

tecnociencia-critica 

Visiones Críticas de la tecnociencia. Foto: Colaje Google imágenes

Ya os hemos hablado en un post anterior acerca de los objetivos de este nuevo curso Básico de Tecnociencias. Como os comentamos, la ciencia tradicional ha dado paso al surgimiento de las denominadas Tecnociencias.  Y tal cambio de paradigma, porque este sí lo es, afecta a casi toda la actividad científica, pero también al conjunto de la sociedad en que vivimos. Personalmente considero que tal rama del conocimiento humano, que nos intentan vender como progreso para el bien público resulta no ser tan positiva como predican. Ya, al rascar ya en su superficie, da motivos para sentirse profundamente preocupados tanto por el futuro de la ciencia, su racional e impactos sociales.  Si en aquella primera entrega, os ofrecimos una relación de post previos redactados en nuestra bitácora que eran de lectura recomendada, en esta, la documentación que os presentamos resulta ser de otra índole.

No hemos aun abordado a día de hoy (19 de febrero de 2019) el tema sobre el que versa este cursillo, por lo que resulta recomendable mostraros publicaciones y documentos que versen sobre tecnociencias. En consecuencia, os ofrecemos abajo una relación de documentos que podéis bajaros libremente de la Web para su consulta. Al margen de mis lecturas en formato papel, intentaré basar las futuras entregas del curso en la documentación que hoy os ofrezco. Toda ella se encuentra en español.  Dado que muchos de estos artículos aparecen en revistas, pero también en los repositorios institucionales del tipo “Researchgate y Academia”, he dejado los títulos de los artículos con sus respectivos hipervínculos, al objeto de que pinchéis y accedáis inmediatamente a los mismos. Del mismo modo, he intentado que los autores seleccionados sean españoles o Latinoamericanos. En este sentido, cabe mencionar que con mis conocimientos y lecturas, aunque, no soy un experto, creo estar “moderadamente” preparado a la hora seleccionar (separar) el grano de la paja. Empero, como todos, a veces puedo patinar sobre el hielo y estrellarme contra el suelo. Sinceramente pienso que para un curso iniciático de esta naturaleza, el material bibliográfico proporcionado que veréis abajo es más que suficiente, tanto en calidad como en cantidad. Espero pues que sea de vuestro interés. Finalmente recalcar que para redactar la relación de títulos, no he usado los criterios estándar de las revistas científicas, sino mi libre albedrío, cambiante como la vida misma. Escusas a los más ortodoxos de vosotros.

Juan José Ibáñez

Abajo podéis pues podéis acceder y leer los documentos que deseéis, aunque por supuesto en Internet hay mucho más.  

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De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

tecnociencia-introduccion 

Fuente: Colaje de imágenes Google

Entre 2007 y 2012, aproximadamente, abrimos e implementamos los principales contenidos de nuestra categoría “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”. Jamás pensé que fuera a tener el éxito que ha alcanzado. Poco después disfruté como profesor de estos temas en un master de posgrado y excelencia de la UPM (ver por ejemplo  la siguiente entradilla “La Convergencia entre Disciplinas Científicas e Ingenierías”). El curso, a pesar de ir dirigido a ingenieros, es decir jóvenes con una mentalidad práctica, gustó a la mayoría de los alumnos. Obviamente, entre la filosofía y sociología “clásicas” de la ciencia y la praxis actual de la actividad investigadora existía un hiato profundo que tan solo en parte era cubierto apelando a la filosofía, por lo que acudí, no a la clásica escuela “sociológica  mertoniama” de la ciencia, insípida y poco adecuada  a la hora de explicar el mundo de la indagación en el que estamos inmersos. En consecuencia, iba inclinándome, sin dudarlo hacia los denominados estudios de la ciencia, o estudios sociales de la ciencia, que pueden considerarse aquí como sinónimos. Estos atesoran una fuerte inspiración en las propuestas que Bruno Latour y Michael Callon desarrollaron esencialmente a finales de la década de los 80 y principios de la de los 90 del siglo pasado. A pesar de todo, presentía que algo/bastante fallaba/faltaba, por cuanto no detectaba bibliografía reciente (novedosa) sobre la filosofía de la ciencia. Practicante no se habían publicado propuestas que marcaran hito alguno desde Feyerabend. Y Arañé la superficie sin lograr profundizar. No me equivocaba, o al menos descarriaba en demasía. Son justamente  Latour y Callon, entre otros, los que ahora han sido  considerados pioneros destacados de la denominada filosofía de la tecnociencia, como nos explica por ejemplo el filósofo Javier Echevarría, uno de sus principales exponentes en habla castellana. La filosofía e incluso la sociología de la ciencia siguen siendo válidas, si bien se nos quedan corta con vistas a explicar el quehacer reciente de la ciencia y su relación con la tecnología y la sociedad. Actualmente, aunque se hable de ciencia, realmente la mayoría de los políticos y medios de comunicación nos informan sobre el “lado bueno” de la denominada tecnociencia. Empero gran parte de los males actuales que hoy nos acechan, procede de la mentada tecnociencia. ¡Si! también esconde un lado oscuro, pero que muy oscuro.

Nunca existió, en mi modesta opinión, una filosofía de la tecnología digna de ser comentada. Sin embargo, ya sabemos que frasecitas billones de veces repetidas y aparentemente inocuas, como las de “ciencia, tecnología e innovación” o ciencia y desarrollo tecnológico, esconden un lado oscuro, pero que muy oscuro para la mayoría de los mortales.  No defiendo que toda tecnología sea perversa, y menos aún inútil, sino que se aplica a fines procelosos, estando en manos no de los científicos, sino de esos lobbies políticos, financieros, militares, empresariales multinacionales, etc., a los que no les importa el verdadero conocimiento, sino los pingues beneficios que, de un modo u otro, puedan acarrearles y arrebatarnos

Menguan rápidamente los investigadores que nos plantemos la ciencia en términos de hacer retroceder el muro de la ignorancia humana sin más; de entender mejor el mundo que nos rodea y a nosotros mismos, sin más propósitos. El objetivo de la tecnociencia no es precisamente ese, sino el control del poder desde todas sus aristas por parte de la oligarquía global.  Algunas tecnologías, como las TICS, las usamos masivamente, siendo útiles para el ciudadano, muchos de los cuales son ya hiper-dependientes, por no decir adictos, a las mismas. Los propios blogs son un ejemplo, como la telefonía móvil y esos smartphones que llevan los más jóvenes, adheridos a sus cuerpos, abstrayéndose del resto del mundo.  Empero volvemos a reiterar que dejar el control en las manos de los que engañan y expolian a los ciudadanos, sin el menos control, nos ha conducido a esta sociedad sórdida insolidaria y a todas luces insustentable. Y así, por ejemplo, el medio  ambiente interesa como modelo de negocio, lo mismo que la salud y el bienestar general de los ciudadanos. El control en manos privadas de casi todo, deviene en un cáncer que ha invadido nuestro cuerpo social casi en su totalidad. Y entre ellas cabría destacar también la precarización del empleo, el paro y la salud laboral, etc., etc.  

Por definición, el propósito de las industrias es vender, vender mucho, cuanto más mejor (ver como botón de muestra nuestro antiguo post Las miserias del capitalismo: La obsolescencia programada, o por qué vivimos en una sociedad anti-sustentable”). ¡Si!. Para vender sus productos estos deben durar poco ya que se trata de comprar, usar, tirar y comprar, usar, tirar y comprar, usar, tirar y comprar “ad nausean”. Luego nos lamentamos, por ejemplo, de la contaminación con microplásticos, o del cambio climático, frutos en gran parte del uso de la tecnociencia, como iremos demostrando ¿Dónde queda pues el conocimiento científico? Sigue siendo la piedra angular de la tecnociencia, no lo dudo, empero empleado para otros fines, generalmente, menos nobles que los de antaño, con salvedades, tanto antes y después. Actualmente la libertad para hacer ciencia, ha ido dando paso a que los investigadores sean un nodo más en la cadena de montaje tecnocientífica. La ciencia, tal como existía hasta mediados del siglo XX, sufrió un golpe mortal bajo la denominada “big Science” primero, y después con la ya asentada tecnociencia.  Tan solo en las ciencias menos sexy, y aun así por la obstinación de algunos de nosotros, se la intenta hacer frente con precariedad y sufriendo todo tipo de críticas y descalificaciones por los ciudadanos (generalmente tendenciosamente informados por los medios de comunicación), políticos y empresarios. No somos libres, sino exclavos.

Entiendo que todo esto os sonará a (i) Juanjo se ha quedado obsoleto y, como viejo en ciernes, defiende que” todo tiempo pasado fue mejor”; o (ii) Juanjo ha vuelto a apretar las tuercas de sus neuronas radicalizándose hasta límites insospechados. ¡Pues va a ser que no!. Lo que os voy a ir narrando no se de cosecha propia, sino de los filósofos y sociólogos actuales. Yo actuaré como correa de transmisión. Eso sí, intentaré añadir algunos granitos de arena que intenten clarificar la situación.  

Reitero que bastante arto del rumbo de la ciencia actual, durante un par de décadas, soslayé lecturas de lo que creí que eran disquisiciones en boga, sin sustancia, puramente retóricas, cuando se mentaba la tecnociencia, innovación, emprendimiento, etc.  Craso error. ¡Enorme!, ¡descomunal!. Fue justamente en el verano de 2016, cuando leía un libro por placer sobre ese hilarante intento de evadir el envejecimiento y alcanzar la inmortalidad (ver el post: Jugando a Ser Inmortales: Transhumanismo y Singularidad Tecnológica; el día en que dejemos de ser humanos), cuando se cayó la venda de mis ojos y topé abruptamente con la filosofía de la Tecnociencia. Ahora entiendo bastante mejor muchas de mis críticas, quejas y lamentos en entregas precedentes a cerca de la estructura, dinámica y evolución de la ciencia actual. Abajo os hago una relación relativamente prolífica, aunque ni mucho menos exhaustiva, de tal material ya editado.

Repito una vez más, para ser lo más transparente posible, que resulta curioso como muchos de mis post previos almacenados durante 14 años en varias de las categorías de nuestra bitácora  (ver el margen derecho de vuestro monitor): “Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia”; “Curso breve sobre Periodismo Científico ”; “Curso Básico de Ciencia para Jóvenes Universitarios y Tecnólogos”; “Filosofía, Historia y Sociología de la Edafología”; “Fraude y Mala Praxis Científica”; “La Crisis de la Edafología”; “Prensa y Política Científica”; “Redes Complejas, Ecológicas, Sociales y el Mundo de Internet”; “Curso breve sobre Periodismo Científico”; “La Convergencia entre Disciplinas Científicas e Ingenierías” adquieren una nueva dimensión ante mis ojos y cortas entendederas. 

A diferencia del curso sobre filosofía y sociología de la ciencia, para el cual había leído bastante y durante muchos años, deberé redactar los post de este nuevo “cursillo acelerado” conforme vaya leyendo libros y material de Internet.  No se trata de improvisar, sino de informaros conforme vaya asimilando lo que encuentro de interés en este mundillo.

En cualquier caso, estoy completamente convencido de que con este material y sus enlaces asociados, no sólo entenderéis mejor como trabaja en gran medida la ciencia actual y con qué propósitos, sino también los sinsentidos del mundo en el que nos ha tocado vivir. ¿Lo dudáis? ¿Sí? Pues os aseguro que quien siga el este nuevo curso terminará por entender lo que no desean que entendamos o lo que no queremos ver. Por las razones aludidas, iré editando post pausadamente, no esperéis un manantial continuo o incesante.

La ciencia comparada con la tecnociencia es puro romanticismo.

Juan José Ibáñez

Abajo os dejo el material de partida ya publicado. Iré ofreciendo el nuevo en sucesivos post ya vinculados a esta nueva categoría denominada Filosofía de la Tecnociencia

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