‘Taxonomías y Clasificaciones’

Controversias Taxonómicas y Protección de la Diversidad: (Biodiversidad, Geodiversidad, Edafodiversidad…)

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Fuente: Colaje Imágenes Google

Hoy abordamos un tema muy interesante, basado en una noticia que en español-castellano, llevaría por título: “Los científicos se mueven para crear una lista única y completa de las especies vivientes de la Tierra”. Ya hemos abundado, seguramente más que nadie sobre este tema, por cuanto le he dedicado muchos años de investigación a lo largo de mi vida. En consecuencia, os hemos venido ofreciendo abundante material a base de post, como los ubicados en nuestras Categorías: Diversidad, Complejidad y fractales y Taxonomías y Clasificaciones. También podéis leer mis contribuciones científicas en researchgate (ver pestaña del lateral derecho de la pantalla), aunque muchas fueron escritas en la lengua del imperio, es decir el suajili. Adelantemos que ya el título de la nota de prensa en si mismo es una quimera. No se dispone de tal listado, en sentido estricto, ya que conllevaría que atesoramos un conocimiento pleno de la biodiversidad del planeta, objetivo muy lejano de alcanzar.

Las clasificaciones y taxonomías son uno de los pilares fundamentales sobre los que deben consolidarse casi todas las ciencias, y no solo las naturales. Los objetos, vivos o inertes deben ser catalogados y necesitan ser entendidos por  todos los expertos involucrados. De no ser así no dirigimos hacia una torre de Babel, en donde diferentes individuos no logran entenderse por hablar diferentes idiomas. Obviamente, conforme avanza la ciencia, se producen cambios en tales constructos taxonómicos, al igual que los lenguajes humanos cambian con el tiempo, además de diversificarse o extinguirse.

Sin embargo, existen diversas escuelas taxonómicas y numerosas controversias en lo concerniente a la clasificación de especies o su posición en la jerarquía taxonómica, como lo es el árbol de la vida, o en cualquier clasificación de recursos naturales. La ciencia en acción exige tal tipo de debates. Son los Códigos Internacionales de Nomenclatura los más estables, empero no implican gran parte de los problemas previamente designados, algunos de los cuales son explicados en la nota de prensa que os muestro abajo en suajili y castellano. No obstante tener en cuenta que tal ejemplo incluye, además, otro actor a tener en cuenta, que resulta ser el legislativo. Cuantos más aspectos se tienen presentes tanto más compleja será la solución.

La encrucijada resulta ser un camino de doble dirección, incluyendo la noticia de hoy, tan solo una de ellas: Los conservacionistas se quejan de los taxónomos, aunque estos últimos tienen multitud de razones para quejarse  tanto o más que ellos. Los primeros demandan de los taxónomos una lista de entes a conservar, mientras que los últimos reclaman una mayor atención y financiación por sus indagaciones, ya que la ciencia/arte clasificatorio, exige mayores inversiones y masa crítica, por encontrarse al borde de la extinción. Las revistas de taxonomía padecen de un bajo impacto, por lo que resulta difícil realizar en este terreno una carrera profesional. Tanto es así, que diversos filo apenas cuentan con un puñado de expertos en todo el mundo, cuando atesoran miles o cientos de miles de especies. ¿Quién las clasificará?. Actualmente realizo mi trabajo en un Museo de Ciencias Naturales y se de lo que me hablo. Por razones legislativas, a menudo preservar un espacio natural exige detectar allí ciertos taxones de interés o únicos a escala global, y no suele ser lo mismo según el rango jerárquico que ocupen. Empero las clasificaciones varían con el transcurso de los años (ver abajo en la noticia), ya que de no ser así la ciencia no avanzaría. En consecuencia, los conservacionistas demandan una lista “sin ambigüedades” que dé cuenta del número de especies del árbol de la vida. Empero no resultará posible.  Eso si, la iniciativa que proponen atesora la ventaja de ser más inclusiva, es decir que incumba a un mayor número de interesados  (como por ejemplo parataxónomos de todo el mundo, sociedades nacionales y regionales, etc., de tantos países como se pueda, sin ceñirse al estrecho corsé de la ciencia de las revistas especializadas. Por su parte, los taxónomos podrían alegar que necesitan mayor atención y financiación, así como que las nuevas indagaciones pueden, inevitablemente dar lugar a modificaciones que, no suelen ser caprichosas, sino frutos de nuevos conocimientos.

No se trata de un debate nuevo, ni mucho menos, sino que es de esa clase de discusiones que surgen recurrentemente, es decir cada cierto periodo de tiempo.  Francamente, no vislumbro una fácil solución y tanto más cuando los que protestan, se llevan el dinero y la fama, tratando a los taxónomos, de un modo u otro, como jornaleros.

A pesar de todo, el debate continuará, sin que vislumbre un final en el horizonte. No se pueden preservar las especies, tipos de suelos, rocas, minerales, etc., sin taxonomías y estas ineludiblemente cambian. Cuando lo propios expertos en biodiversidad, por ejemplo, reconocen que apenas atisbamos a conocer e inventariar un número ínfimo de la genuina riqueza del árbol de la vida, exigir listas más o menos estables se me antoja una quimera….

La preservación de la naturaleza es prioritaria, empero para ello se requieren taxonomías, so pena de que existan incongruencias colosales como la que acaece en los estudios de geodiversidad, por cuanto “los geodiversos”  o “geodispersos” pretenden preservar mucho con sus geoparques, cuando ni tan siquiera disponen de taxonomías universales de la mayor parte de los recursos de su incumbencia a proteger, ni pueden saber si realmente un espacio geográfico es más geodiverso que otro. Les falta el pilar de las taxonomías. A ellos si les vendría bien al menos tales listas, pero no parecen interesados, tan solo los geoparques y geoturismo, que llaman más la atención y son del gusto de los políticos.

Todos queremos más por menos, pero esa frase, en este contexto, resulta venenosa.

En materia de suelos, disponemos de un par de clasificaciones universales que cambian con el tiempo, empero sirven como marco de referencia. Ahora bien, mientras consideremos que las especies o taxa de cualquier clase son “entes reales”, cada cambio del constructo taxonómico puede dar lugar a que ciertos taxones se extingan “conceptualmente” y otros surjan “conceptualmente.

Juan José Ibáñez

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Los Suelos Negros (Tierras Negras)

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Suelos Negros: Colaje Imágenes Google

Los suelos antaño conocidos en muchas regiones del mundo, como “suelos negros”, a pesar de no cubrir más que el 7% de la Superficie terrestre libre de cubierta helada, son indispensables con vistas a mantener la soberanía alimentaria mundial. Se trata de suelos muy productivos, con buenas propiedades físicas y a menudo inmejorables condiciones de fertilidad. Obviamente y como podréis leer y consultar en el abundante material que os proporciono abajo, existen diferencias entre distintos tipos de suelos que pueden incluirse bajo tal denominación genérica. Este hecho, acarrea cierta ambigüedad, aunque no es inusual que se haga uso de “palabros” antiguos con vistas a agrupar con una terminología más amigable aquellos edafotaxa que actualmente pertenecen a diferentes categorías en los recientes constructos taxonómicos, como por ejemplo ocurre en el bioma mediterráneo  cuando se mentan a  los Suelos rojos mediterráneos y Terras Rossas Prácticamente todos los suelos negros fueron el fruto de las interrelaciones entre la biota y el medio abiótico que dieron lugar a las praderas, sabanas y estepas subhúmedas o húmedas. Nos referimos a las plantas herbáceas, el pastoreo, generalmente de rumiantes, así como a los pequeños ingenieros del suelo, como lo son las lombrices entre otros. Obviamente el vocablo “negro” se asocia a su color oscuro y este a un rico contenido en materia orgánica, aunque no siempre necesariamente sea así. Sin embargo, daremos el térmico por bueno.

Resulta curioso que se hablara hasta hace poco tiempo de que los suelos negros constituían el granero del mundo, mientras actualmente deseamos erradicar algunos de los factores formadores que dieron lugar a su génesis, es decir las estepas, sabanas y otros ecosistemas que primero mantuvieron gran parte de las inmensas manadas de herbívoros salvajes del planeta y a la postre terminaron en gran parte para mantener al doméstico, proporcionan carne no estabulada de  alta calidad. Hoy en día, deseamos paliar nuestros desmanes en materia de degradación ambiental y necesidades de la soberanía alimentaria impeliendo a la población a que mute su omnívora dieta hacia otra vegana o simplemente vegetariana.  Es decir, se desea transformar las antaño extensas praderas, sabanas, etc. en tierras de cultivo y así aprovechar los enormes rendimientos de los suelos negros.  Cabe mentar que la agricultura industrial los degradó en buena medida, al hacerles perder gran parte de su contenido en materia orgánica, elemento trivialmente vital incluso con vistas a clasificarlos como tales (en muchas de sus denominaciones por las taxonomías modernas). Posiblemente no existe otro remedio, empero, resulta un tanto triste y paradójico que la sustentabilidad nos encamine hacia la desaparición, no solo de estos suelos, sino de algunos de sus propios factores formadores.

No obstante y al mismo tiempo, deseamos que mantengan sus propiedades e incluso se enriquezcan más aun en materia orgánica, con vistas a maximizar su rendimiento, pero también a la hora de que secuestren carbono de la atmósfera, y no lo emitan a ella por degradación. Es decir, se trata de reconstruir todo lo que la agricultura industrial destruyó. Como corolario, retornamos la vista a los sistemas de manejo agropecuario de culturas indígenas que generaron suelos negros a partir de otros infértiles, como es el caso de las Terras Pretas do indio amazónicas. Y así, intentemos reproducir con dudoso éxito, las propiedades de esos antrosuelos indígenas bajo la denominación de biochar.

Este post consiste básicamente en una traducción del inglés al español-castellano, de tres textos de la FAO que versan sobre los suelos negros.  Tal material lo hemos enriquecido con los enlaces a los post previos que nos informan de la génesis, geografía, propiedades, usos y manejos, de aquellos tipos de suelos entre los cuales se han dividido estos genéricos suelos negros. Finalmente terminamos haciendo otro nuevo listado de los post previamente publicados relacionados  con las Terras Pretas y el biochar.

Espero que os resulte un material interesante para muchos de vosotros.

Juan José Ibáñez

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El Guano, una genuina piedra preciosa: ¿Gaia y Gea son una sola unidad indivisible

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¿La triazolita es el Guano?. Fuente Colega imágenes Google: Triazolita, descubierta en Chile, se cree que derivó del guano de cormoranes

 Ya os explique en otro post el hermoso, fructifero y heurístico  progreso científico del que goza actualmente la mineralogía. ¿Lo sabías?. Claro que la mayoría posiblemente no, ya que este tipo de estudios no interesan a los medios de comunicación de masas. Sin embargo, lo he venido explicando en post como el siguiente: “Diversidad de los minerales de La Tierra y sus relaciones con la vida”. Redactando esta entradilla, así como recopilando el material suplementario (que no menor ni en cantidad ni en calidad) que os expongo abajo, hoy si he disfrutado a lo grande. Espero que a vosotros os ocurra lo mismo.

Ciertamente este post podía haber dado lugar a tres o cuatro adicionales, sin embargo a fecha de su redacción (14 de noviembre de 2019) me he visto obligado a evitarlo, por cuanto una parte muy interesante del mismo, aunque no la mayoritaria, ha sido publicado bajo copyright en un fascinante artículo de National Geographic. Más concretamente hablo del siguiente: “Las rocas de la Tierra pueden absorber una cantidad de carbono impresionante”. Os recomiendo que lo leáis completo, sin perderos detalle. Personalmente editaré mi post reproduciendo unos pequeños fragmentos de este último exclusivamente. No se trata de hacer competencia ilegal (yo saldría perdiendo y además detesto tales actitudes) sino recordar a los amantes de las ciencias del suelo unos descubrimientos que me han fascinado, especialmente por su belleza. Esa es la razón por la que suelo dilatar un año, o más, muchos de mis post sobre las noticias originales. No intento aprovecharme de nadie, sino reflexionar sobre ciertos hechos científicos reemplazando la novedad del tema, por la reflexión e informaciones posteriores que pudieran contradecir a los cazadores de noticias de última hora. Espero que desde National Geographic se entienda mi posición. Tampoco hago uso de su maravilloso museo de fotografías. Eso si, gran parte del texto ,lo he obtenido de páginas Web y traducido por mi incompetente amigo Google Translate, retocado un poco. Pero a lo que vamos.

En un post previo ya hablé de la importancia de ese formidable fertilizante natural al que en España se denomina Nitrato de Chile (Las Aves y los Suelos (Suelos Ornitogénico): El valor del Guano). Por casualidad, repasando otras notas de prensa topé con una que mostraba un mineral precioso, de nombre estrambótico y el vocablo guano. Me despertó la curiosidad, indagué …. y esta vez (¡uno de esos casos excepcionales que me ocurren de vez en cuando!) causó mi regocijo.  Dado que tenéis material más que de sobra como para entender el valor de lo descubierto, me limitaré a elaborar unos breves comentarios.

Cuando este abono o suelo ornitogenético se deposita en los fondos marinos, cerca de las zonas de subducción de la tectónica de placas, se sumerge en el manto terrestre, sufriendo todo tipo de transformaciones hasta convertirse en un mineral hermoso. Se han descubierto otros muchos en ese ambiente, como podréis leer tanto abajo, como  en el post sobre diversidad mineral previamente enlazado y que redacté hace ya más de tres años. Curiosamente, uno de los interlocutores vuelve a ser el mismo. Reitero que me fascina este tipo llamado Robert Hazen, en su forma de capitanear la mineralogía por unos derroteros que los denominados expertos en geodiversidad debían seguir, aunque ni siquiera lo citan, como en el caso de la edafodiversidad. Si se quiere inventariar la geodiversidad, hay que seguir sus pasos y los míos, antes de acomodarse sobre unas plataformas teóricas enclenques que no conducen, se mire por donde se mire, al progreso de la ciencia. Pues sí, Gea convierte las heces del guano del cormorán en piedras preciosas y otras sustancias cerrando un círculo fascinante, si las conclusiones obtenidas hasta la fecha por el proyecto DCO (Deep carbón Observatory) son corroboradas.

Como veréis abajo,  los autores dicen constatar que existe mucha más vida y biomasa en las profundidades de la litosfera y el manto terrestre (debajo del suelo), que entre este los recursos edáficos y biosféricos conjuntamente. Del mismo modo, postulan la génesis abiótica de ingentes considerables cantidades de hidrocarburos como el metano, o que también en el seno de este planeta existe más agua acumulada que en su superficie.   Pues bien la génesis del mineral que procede del guano, se produce justamente en donde la ciencia cree que se genera la mayor concentración de diamantes.

La documentación que he leído da lugar a preguntase cuestiones muy relevantes que, en un futuro necesitarán respuesta por parte de la ciencia. Por ejemplo: (i) ¿la vida se originó y evolucionó en las profundidades del planeta?; (ii) ¿realmente podemos defender que el ecosistema más grande de la Tierra se encuentre a decenas y centenares de Km de profundidad?; (iii) puede ser este cosmos subterráneo el lugar donde pudo/puede originarse la vida en otros planetas?. Finalmente Robert Hazen afirma, quizás con cierta ligereza: “Ahora comprendemos que la biosfera y la geosfera terrestres son un sistema integrado y complejo, y que el carbono es la clave. Idea más que sugerente pero que habrá que plantearse con más datos y reflexión.

Os dejo con el material mentado, estando seguro que os fascinará.

Juan José Ibáñez

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Suelos, Arqueología, Paleontología y Cartografía Predictiva

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Artefactos de valor cultural enterrados bajo el suelo. Fuente: Colaje Google Imágenes

Ya os informamos en algunos post previos (ver relación abajo) como, al preservar los suelos, también lo hacemos con el patrimonio biológico, geológico y cultural. Si bien el primero de ellos es ya motivo de interés por parte de la comunidad científica, no ocurre lo mismo con el segundo y tercero. El estudio de la preservación de los suelos, como parte indisociable del patrimonio geológico, resulta ser lamentable y especialmente, en este caso concreto, las responsabilidades deben recaer sobre la propia comunidad científica.  En años 2019 publiqué dos artículos en revistas importantes (detesto el vocablo “excelencia”) sobre el tema, por lo que actualmente debo ser un tanto odiado por los expertos en geodiversidad. Tan solo mentar que debía hacerlo y lo hice, por el bien de todos de ellos, como también de los edafólogos. Esperemos que alguno aprenda la lección y se recapacite sobre el tema.

Por lo que respecta al patrimonio cultural/arqueológico/paleontológico que se esconde en el suelo y regolito, el tema es más complejo, ya que previamente los arqueólogos deben interesarse por los conocimientos de los edafólogos e incorporarlos a su equipo. También pudiera ser que expertos en las ciencias del suelo avezados las materias mentadas, descubran en sus trabajos de campo algún resto del pasado en los suelos e informen oportunamente a los arqueólogos. Empero este último caso debe ocurrir en un menor número de ocasiones, ya que muchos de nosotros o (i) no tenemos estudios sobre arqueología y paleología y (ii) nos podemos topar con tales tesoros al excavar zanjas y calicatas, es decir justamente cuando estamos alterando/destruyendo ese antiguo y potencial preciado material en la secuencia. Hablamos de restos culturales y paleontológicos de toda índole, desde artefactos culturales hasta restos funerarios y orgánicos de la más variada naturaleza. Es de esperar que en un futuro todos los edafólogos de campo dispongan de sensores sobre el terreno que nos informan antes de excavar si podemos encontrarnos materiales inesperados, debiendo de realizar la tarea con sumo cuidado. Hoy por hoy su precio es prohibitivo para la mayoría de los colegas.

En lo concerniente al patrimonio cultural, personalmente si he sido testigo de campo de varios estudios interesantes (al margen de alguna que otra publicación teórica), si bien, hoy por hoy es prácticamente terra incognita. La razón estriba en la falta de formación de los edafólogos para participar en estudios transdisciplinares, así como por el desconocimiento de lo que podemos aportar a las materias mentadas. Sin embargo, hoy os presento un caso un tanto idiosincrático.   En esta ocasión no hablamos de nota de prensa sino de un artículo científico original realizado por colegas que yo conozco: “Predecir la preservación de artefactos culturales y materiales enterrados en el suelo. La aportación se encuentra redactada en inglés, permitiéndome traducir al español-castellano el resumen, así como los ¡¡reflejos!!. También cabe señalar que el documento original se encuentra en acceso abierto y podéis adquirirlo sin costo alguno. Por ejemplo, los autores mentan: ““Este estudio identifica las propiedades del material y del suelo que afectan a la preservación, relacionándolas con los tipos de suelo; evaluando sus capacidades de conservar huesos, dientes y conchas, materiales orgánicos, metales (Au, Ag, Cu, Fe, Pb y bronce), cerámica, vidrio y evidencias estratigráficas. La preservación de Au, Pb, así como la de cerámica, vidrio y fitolitos es buena en la mayoría de los suelos, pero las tasas de degradación de otros materiales (por ejemplo, Fe y materiales orgánicos) se encuentran fuertemente influenciadas por el tipo de suelo.

Conozco bien al primero de los autores, Mark Kibblewhite, y francamente no confraternizamos precisamente, sino que más bien guerreamos y mucho, pero hace años.  Todos los investigadores firmantes, o son edafólogos, o se encuentran más cerca de tal actividad que de las que conciernen a los restos del pasado. Pero Mark, en su momento, demostró ser muy astuto, aprovechando la ocasión de participar en el Buró Europeo de Suelos para poder “empoderarse” de la cartografía digital y bases de datos de suelos de toda Europa, aun no publicadas por aquél entonces. Por tal razón, puede entenderse el término “predictivo” de la frase que ya he reproducido. Debido a que diferentes los tipos de suelos preservan mejor o peor ciertos restos arqueológicos que otros, el mapa que habíamos hecho centenares de edafólogos le permitió realizar este ensayo metodológico. Más aun, como apenas existe bibliografía al respecto….. Hubiera sido deseable la participación de paleontólogos y arqueólogos pero, por la razón que fuera, no sucedió.

Con independencia de mis dudas sobre el poder predictivo de la metodología que relatan los autores, existen sentencias muy generales y de interés que pueden ser de interés para muchos de vosotros. Sería deseable que comenzáramos a formar expertos en el tema, para lo cual habría que contar con los de las otras disciplinas mentadas.

Juan José Ibáñez

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WRB Clasificación de Suelos de la FAO: Fundamentos, Descripción, Uso y Más (vídeo Ilustrativo)

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Se puede visionar el video, pinchando con vuestro ratón en este pie de figura

Ya hemos hablado en diversas ocasiones sobre la WRB o Base Referencial Mundial de Suelos,  oficialmente avalada por la FAO y la IUSS, sobre la que también podéis informaros en Wikipedia. Pues bien, el Presidente del Grupo de trabajo de la WRB acaba de anunciarnos en un correo electrónico que puede visionarse un extenso vídeo en español castellano, sobre su racionalidad, uso y aplicación (ver abajo). Hay que dar ejemplo, y esta vez lo han hecho, tardando tan solo unos pocos días más que en su versión anglosajona. Para todos aquellos interesados en tener conocimiento sobre tal esquema o base de referencia, que de hecho funciona como la taxonomía de suelos más utilizada en el mundo, junto a la USDA Soil Taxonomy Norteamericana. No voy a entrar en más detalles, alabanzas ni reparos. Sea como sea, el video explica muchos de los temas que interesarán a bastantes de vosotros. Os he añadido algunos post previos (que no todos) ya escritos en nuestra bitácora, así como la página Web matriz en done podéis encontrar mucho más material didáctico a fecha de finales de 2020. Espero que os sea útil.

Juan José Ibáñez

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La Importancia de las Clasificaciones en Ciencia. El dramático caso de la psiquiatría

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Taxonomías y psiquiatras Fuente: Colaje imágenes Google

Ya hemos hablado de la capital importancia de las clasificaciones y taxonomías en cualquier ámbito de la ciencia. Y hemos insistido mucho debido tanto a su importancia en la edafología y otras ciencias de los recursos naturales, como para tener que elaborar una “categoría específica” en nuestra bitácora (un constructo de esta naturaleza) denominada simplemente Taxonomía y Clasificaciones. También escribimos varios artículos científicos sobre el tema, siendo este libro una síntesis de mis indagaciones (y posiblemente el mejor estudio que haya realizado en mi vida profesional).  Eso sí, hasta la fecha ha sido acogido con bastante indiferencia, si lo comparo con mis investigaciones sobre edafodiversidad.  Pero a lo que vamos (….).

Las taxonomías pueden entenderse como un lenguaje rigurosamente formalizado que permite la comunicación, lo más inequívocamente posible, entre los profesionales involucrados en un objeto de estudio concreto. ¿Se imaginan como se podría cuantificar la biodiversidad y su pérdida sin una taxonomía universalmente aceptada entre los estudiosos?. ¡Imposible!. Una clasificación también refleja el estado de los conocimientos en el periodo en el cual se aplica. Del mismo modo los taxónomos aceptan que ninguno de estos constructos es perfecto, ya que de ser así, implicaría que nuestro conocimiento sobre el tema de estudio también lo es, por lo que no haría falta continuar indagando. ¡No existen clasificaciones o taxonomías perfectas!. El objetivo de los científicos deviene en seguir mejorándolas y/o hacerlas más coherentes y amigables.  

Sin embargo, y por razones dignas de ser analizadas por los psiquiatras, la comunidad científica suele considerar estos estudios de escasa importancia y a los propios taxónomos como actores secundarios en el contexto de la corriente principal de la ciencia.  Expondré dos ejemplos, que me han sucedido personalmente al intentar publicar dos artículos sobre taxonomías/clasificaciones (sus estructuras matemáticas subyacentes, así como los sesgos cognitivos y utilitaristas que padecen), aunque finalmente fueron aceptados por otras revistas sin excesivos problemas. Todo este material lo podréis encontrar en mi Researchgate. El primer intento fue en Ecology Letters. Menos de un día tardó el editor (que curiosamente era de mi propia institución) en rechazarlo, obviamente sin la denominada revisión por pares (es decir subjetivamente), para lo cual alegó que eran productos obsoletos y que actualmente lo que “vendía” era investigar en materia de “redes”. Cabe mentar aquí que el estudio de las redes ecológicas era su principal tema de investigación ¿¿??. Seguidamente, lo envié a otra importante editorial. Esta vez tardaron unas 48 horas más. De nuevo su editor en jefe, sin revisión por pares, para variar, lo rechazó esgrimiendo el razonamiento de que aunque el documento parecía correcto, recibiría pocas descargas (poca pasta y menos posibilidad con vistas a elevar la audiencia de la revista y su factor de impacto). Como veis los argumentos científicos brillan por su ausencia, en esta era de la tecnociencia. ¡El negocio por delante y el contenido……. según la audiencia! que pudiera interesase por el mismo. ¿Y la calidad?. También cuenta, empero actualmente es una variable más a tener en cuenta, que no la principal.

Pues bien, hoy os hablamos de una nota de prensa cuyo contenido, de ser cierto, sería como para llevarse las manos a la cabeza hacernos “enloquecer”. ¡La psiquiatría  al paredón!. El título de la nota de prensa habla por sí solo: Un estudio descalifica el DSM, la biblia de los psiquiatras“”. Para a renglón seguido puntualizar: “Según esta nueva investigación, los diagnósticos psiquiátricos estandarizados no tienen valor científico para identificar y tratar trastornos de salud mental”. Como podréis leer abajo un DSM es una especie de clasificación que usan los psiquiatras al objeto de ordenar e identificar las enfermedades de los pacientes. Ahora resulta o resultaría, que estamos muchos, o la mayoría, mal diagnosticados, y como corolario, paupérrimamente tratados clínicamente. Debo suponer, espero y deseo, que no sea para tanto. Ahora bien, el asunto resulta ser francamente serio. Y todo por no atender debidamente a elaborar una buena taxonomía o clasificación.  ¿Nos vamos dando cuenta de los derroteros por los que camina la ciencia?. Una clasificación es un lenguaje común entre los expertos. Pero también una herramienta imprescindible para categorizar los objetos de estudio. Y sin ellas…. ¿Qué haríamos?. Algún listillo diría que apelar a la IA.  Empero si alguien defiende algo así es que desconoce absolutamente como se construye y alimenta una IA para que sea eficiente, al menos hasta la fecha.  Y aquí me paro. Abajo os dejo con la definición de DSM y esta, tan desquiciante, como sorprendente noticia. ¿Me voy a un psiquiatra o a un chamán?.  

Juan José Ibáñez

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Inventario, Clasificación y Cartografía de los Suelos Submarinos en EE.UU.

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Suelos Submarinos USDA: Fuente: Colaje Imágenes Google

En los primeros meses de 2019 recibí  una nota de prensa en la que un edafólogo norteamericano hablaba sobre la importancia de los suelos submarinos, su falta de consideración en la cartografía de los recursos edáficos etc. Se trata de un tema sobre el que llevo insistiendo desde hace 12-14 años. Tiempo después la clasificación aceptada por la IUSS (la WRB, FAO) aceptó la inclusión de los más someros (generalmente bajo cuerpos de agua continentales a menos de dos o tres metros de profundidad) y finalmente la USDA-ST se adentró para estudiar los sedimentos oceánicos y los aceptó en su constructo taxonómico. Eso sí mojándose tan solo los pies. Abajo os muestro una relación no exhaustiva de los post que ya hemos escrito sobre el tema.  Esperaba vanamente que la nota de prensa nos informara de que por fin íbamos a considerar como suelos también los fondos oceánicos. ¡Mi gozo en un pozo!. Todo sigue igual, lo cual no deja de ser una omisión imperdonable. Seguimos “en la orillita del mar, no sea que nos ahoguemos”. 

Sin embargo, he considerado importante exponer la visión que los taxónomos de suelos norteamericanos atesoran diez años después de comenzar a estudiarlos con rigor. Abajo os muestro la entrevista en inglés y español (Google). Reitero que todo sigue igual, a pesar del título en español-castellano de la nota de prensa: Llegando al núcleo del suelo submarino”. ¡Falso!: arañar la superficie es justamente todo lo contrario que alcanzar sus “interioridades”. Lamento que el edafólogo hable de suelos submarinos como si más allá del litoral existirá un agujero negro que se lo traga todo y nos impide vislumbrar un “horizonte de sucesos más allá. Empero algo es algo. Ahí va la entrevista y la relación de post que aclarará la postura de los que no tenemos miedo de bucear hasta los fondos abisales.

Juan José Ibáñez

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¿Un Superreino bajo el suelo? (¿dominios o imperios?)

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Fuente: Colaje Google imágenes

En noviembre de 2018 apareció la asombrosa noticia que os comentamos hoy en la prensa general, tras la publicación de un artículo en la revista Nature. Los resultados parecen, más que asombrosos, ¡increíbles!. Se trata de una extraordinaria forma de vida que fue identificada en una muestra de suelo, forestal bajo ambientes fríos. De hecho, sus primeras descripciones fueron ya realizadas en el siglo XIX.  Sin embargo, a pesar de reconocerse su rareza, su  adscripción al árbol de la vida no quedó aclarada. Ahora con un enorme arsenal tecnológico, ciertos investigadores han verificado que no se trataba de microrganismos que encajaran en alguna de las ramas del árbol de la vida hasta ahora aceptadas en la jerarquía taxonómica, por cuanto ni tan siquiera pueden ser adjudicados en ninguno los tres reinos actualmente reconocidos de los eucariotas, es decir, hongos, animales y plantas, (a pesar de atesorar núcleo, etc.) Los autores piensan que tal clase de organismos pueden tener más de 1.000 millones de años de existencia. Y ahí estaban, esperando a que algún biólogo bajara la cabeza hacia el suelo y los detectara, aunque fuera por serendipia. Eso sí, habrá que esperar a que la comunidad de taxónomos les asigne un hueco, posiblemente, en la cúspide del mentado árbol de la vida. De momento, tras el hallazgo, comenzará el debate. Los autores reclaman su ubicación por las nubes. Estaría bien, pero ¡tiempo al tiempo!.   

Sin embargo, este hallazgo vuelve a poner encima de la mesa la cuestión de la escasa atención que las ciencias de la vida otorgan al estudio de la biología en los suelos y su bioprospección. Del mismo modo se constata que no conocemos casi nada de las entrañas de los suelos y de los habitantes que allí moran, y menos aún por tanto, del árbol de la vida en nuestro ¡planeta!, antaño azul y hoy virando hacía el marrón, gracias a nuestros destrozos biosféricos.  Sigamos mirando a Marte y despilfarrando ingentes cantidades de dinero. No dudo del valor de analizar si existe, o existió, vida en el regolito marciano. Ahora bien, no alcanzo a vislumbrar racionalidad científica que pueda avalar tal asimetría de intereses. Marte vende en los medios de comunicación y en las agendas científicas, mientras que el estudio de los suelos terrestres no, a pesar que nuestra supervivencia, hoy por hoy, depende de que los usemos y preservamos con cautela.  ¡Así nos va!. Os muestro una noticia en inglés, su aproximada traducción al castellano parecida en el rotativo español ABC, así como el resumen del artículo original. Por favor leerlos, ya que no tiene desperdicio.

Juan José Ibáñez

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Cartografías a diferentes escalas, autosimilares y anidadas (Fractales y Mundos Pequeños)

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Representaciones cartográficas anidadas hiperbólicas según Juan José Ibáñez para taxonomías de suelos y de la nota de prensa analizada para análisis de redes.

La iniciativa de crear mapas autosimilares anidados a diferentes escalas, se nos antoja de lo más interesante, por cuanto ayudaría a generar bases de datos georreferenciadas anidadas de cada recurso natural (o combinación de algunos de ellos) en donde se contenga su información de una forma más manipulable y eficiente, siendo fácilmente actualizables y no sometidas a la perdida de los detalles/diversidad que surgen en el proceso de generalización cartográfica.

Cuando los autores del estudio que mostramos hoy hablan de; “redes complejas con características similares (…) a diferentes escalas, sencillamente nos informan de estructuras fractales”. Y más adelante al hablar de redes mentan: “(…) sistemas son redes multiescalares, es decir, su estructura, o los procesos asociados, son el resultado de mezclas de estructuras y de procesos a escalas diferentes”. Seguidamente continúan afirmando que: estos sistemas se pueden definir como redes complejas porque tienen la propiedad conocida con el nombre de ‘mundo pequeño’, es decir, muchos nodos están conectados entre sí mediante unos pocos pasos. Ya os comentamos que son los mundos pequeños en post precedentes, como también de sus características, relacionadas con lo que hemos venido a denominar “curvas de Willis”, que dan cuenta de las características elementales de sus estructuras. Y por lo tanto: Esta técnica “permite explorar un sistema a diferentes resoluciones espaciales, como una especie de microscopio inverso que nos posibilita hacer un zoom hacia fuera y aumentar la escala a la que lo observamos”.

Dos cuestiones se nos antojan de sumo interés. En primer lugar aunque los autores del estudio, en la nota de prensa, nos informan de que las técnicas de re-normalización que ellos usan fueron desarrolladas para otros fines: ¿Qué nos impide que también sean aplicadas para la representación de información cartográfica? Francamente no veo ninguna aunque hubiera que realizar algunas modificaciones en sus procedimientos matemáticos e informáticos, lo cual desconozco.

¿Se trata de una novedad?. Desde un punto de vista informático sí. Ahora bien, como describimos en post precedentes (almacenados en la categorías: ‘Redes Complejas, Ecológicas, Sociales y el Mundo de Internet’), los cartógrafos de suelos, y posiblemente de otros recursos, tienden a llevar a cabo tales menesteres mediante unos estándares que, “curiosamente”, fueron aceptados por la comunidad científica, sin percatarse de que, al hacerlo, se encontraban ya generando una manera de llevar a cabo planes nacionales de mapeo  a diferentes escalas de una forma similar a la que los investigadores pretenden automatizar ahora. Y por ello, hablamos de la “mente fractal” “de los cartógrafos” en otros posts. Pero aquí no paran las coincidencias entre lo que se venía haciendo intuitivamente y lo que ahora se nos muestra como una forma racional y eficiente y estudiar la información espacial de un sistema.

También vimos que las taxonomías de suelos, en general, atesoran unas estructuras que tienden a ser fractales, aunque por ciertos sesgos humanos (cognitivos y de otra índole) terminan siendo multifractales. También os explicamos que las clasificaciones de suelos no dejan de ser redes que por su estructura, atesoran unas propiedades muy concretas y que dan lugar a que podamos considerarlas al menos semejantes a los denominados mundos pequeños, que los investigadores del estudio que analizamos hoy explican en la nota que os reproducimos al final del post.

Como sabéis, en una taxonomía jerárquica, las categorías superiores son agrupaciones o “clusters”  de los taxones del rango inmediatamente inferior. Del mismo modo, los estándares cartográficos proponen el uso de leyendas en las cuales cada escala, desde la más detallada a la más grosera, se vinculan con las categorías taxonómicas de rango ascendente, por ejemplo, de series a familias, de estas a subgrupos, grandes grupos, subórdenes y finalmente órdenes, si seguimos la nomenclatura de la USDA ST.   

 Resulta un tanto sorprendente que este tipo de estructuras que utilizamos en edafología clásica emulen: “Es la primera vez que se ha definido un grupo de renormalización verdaderamente geométrico en redes complejas”. ¿Resulta ser la primera vez?. Pues va a ser que en líneas generales no, aunque fuera de una forma más prosaica”. Lo que parece ocurrir deviene en que los autores de la investigación han logrado racionalizar, demostrar, modelizar y operacionalizar matemáticamente, lo que de forma más intuitiva se lleva a cabo en las representaciones cartográficas y taxonómicas tradicionales. Se trata pues de un estudio muy interesante.

Llevo años investigando en este tema, aunque de forma empírica, las relaciones entre la “realidad de campo”, representaciones cartográficas y taxonomías de suelos, habiendo llegado a conclusiones similares. Resumiendo, aunque no atendemos a estos asuntos, las taxonomías y mapas de los recursos naturales tienen a adoptar estructuras eficientes, debido a que nuestros sistemas cognitivos llevan a cabo tal ordenación de la información “inconscientemente.

Finalmente, merece la pena mentar, que esos mapitas de la figura, en principio, un tanto extraños,  resultan ser lo que se denominan representaciones hiperbólicas, y que nosotros sugerimos ya en 2008, como un sistema muy eficiente de manejar/usar las taxonomías de suelos que es posible y recomendable, con las tecnologías actuales de computación, siendo bastante sencillos de elaborar.  

Atando cabos vemos que lo que parece tan especial no lo es cuando llevamos a cabo un metaanálisis de la información.

Juan José Ibáñez

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Suelos, rocas, sequías y resiliencia de la vegetación

agua-rocas-sequia

Fuente del Grafico del Perfil. Gobierno de  Aragón. Fotos Google imágenes

La Humedad de la Roca oculta podría ser clave para entender la respuesta de los bosques a la sequía. Así más o menos comienza la nota de prensa que os mostramos abajo, traducida al español y que analizamos hoy. Pero sigamos: “Investigaciones realizadas por la Universidad de Austin en Tejas y la Universidad Berkeley en California descubrieron que una capa de roca subterránea poco estudiada puede contener cantidades importantes de agua que puede considerarse como un reservorio vital para los árboles, especialmente en tiempos de sequía. El estudio, publicado en la revista PNAS, analizó el agua almacenada dentro de la capa de roca alterada que comúnmente se encuentra debajo de los suelos en ambientes montañosos”.

La noticia me pareció muy interesante y de hecho lo es. ¿Pueden almacenar las rocas que subyacen a los suelos mucha agua? ¿Puede este líquido ser utilizado por la vegetación y ayudar a paliar los efectos del estrés hídrico ocasionados por sequías persistentes?.  De ser así, se trata de un hallazgo muy interesante. Ahora bien maticemos. En primer lugar, al seguir leyendo la noticia que os he traducido abajo,  la novedad se esfuma y en su lugar surge la lógica. No se trata de la roca en sí misma, sino, del material de la misma que se va alterando hasta formar el regolito que subyace al suelo en la zona vadosa y más allá. Las capacidades de almacenamiento dependerán pues de la razón entre la cantidad de granos/partículas ya dispersados, del grado de alteración de los bloques, y piedras, así como de la textura de la tierra fina resultante. Muchas de estas propiedades dependerán, de la naturaleza del material litológico, clima, fisiografía, así como de las repercusiones de las raíces y vida subterránea, etc. Es decir no resulta posible extrapolar los resultados obtenidos a otros ambientes de los  aquí analizados.

Y así, lo que llaman rocas, son en realidad los materiales que conforman el regolito del que tanto os hemos hablado en nuestra categoríaZona Crítica Terrestre: el Futuro de la edafología”.  Al final del presente post os muestro muchas de las entregas previas en las que podréis comprobar, por ejemplo que: (i) hemos defendidos que los regolitos deben ser considerados como parte del suelo; (ii) que debiera clasificarse el conjunto del sistema suelo regolito y el porqué; (iii) que este administrador realizó tales proposiciones años antes de que surgiera la iniciativa de la zona crítica terrestre, etc.

Debe tenerse encuentra que durante más de un siglo, no se disponía de medios logísticos para sondear hasta varios metros de profundidad en el continuum suelo-regolito. Tampoco habían sido ideadas las instrumentaciones pertinentes para conseguir tal fin. De hecho la denominada zona vadosa y la hidropedología abordan el tema desde hace bastantes décadas, sin llegar a tenerla ambición de la zona critica terrestre.

Cuando se viaja por carretera y se observan cortes/trincheras, etc., en donde afloran los regolitos y las rocas sin alterar, podréis observar en muchos casos, depósitos deleznables de sedimentos (a veces alternando con otros impermeables) que también almacenan agua, no siendo estrictamente regolitos, sino litologías sedimentarias o litologías duras sometidas antaño, por ejemplo, a alteraciones hidrotermales.

En consecuencia, cuando una sequía prolongada afecta a un espacio geográfico, no es extraño observar islas en donde los ecosistemas vegetales permanecen vigorosamente verdes en una matriz repleta de árboles muertos o seriamente afectados por el estrés hídrico. En la mayor parte de los casos se debe a las razones aludidas, empero a cortas distancias, también se constata que las profundidades a las que afloran regolitos y sedimentos son enormemente variables, tomando como línea basa la superficie.

Resumiendo, no se trata de ninguna sorpresa, excepto para mentes cortas de vista. El trabajo resulta interesante, justamente porque por fin se reconoce y constata experimentalmente lo que cabía inferir conforme a nuestros conocimientos actuales.

Os dejo con la noticia y la relación de post previos un donde se da fe, de que en esta bitácora se defienden perspectivas racionales. El tiempo da y quita razones. Ahora bien, en muchas de estas entregas nos adelantamos a lo que actualmente se consideran novedades en la literatura científica. Fue justamente al inicio de la andadura de este blog, en donde aclaramos nuestros puntos de vista, hará ya casi quince años.

Juan José Ibáñez

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