‘Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia’

El terror de la Neurociencias en el mundo de la Tecnociencia

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El 12 de febrero de 2020, Rafael Yuste, neurocientífico español y catedrático de la Universidad de Columbia (EE UU), ofreció una escalofriante exclusiva al Rotativo El País, digna de la mejor película de terror-ciencia ficción. Y como veréis, por la autoridad que atesora y el proyecto al que dio vida, nadie puede dudar del riesgo que corremos los ciudadanos en este mundo dominado por la Tecnociencia encabezada por los lobbies,  que caracterizan a la dictadura financiara que sufrimos. Prácticamente no necesito añadir o puntualizar nada, ya que el texto es meridiano y transparente.  La profecía de George Orwell en su obra maestra 1984 está ya entre nosotros, según Rafael Juste. El Gran Hermano de Orwell vive. Leí este libro de joven y me dejó impresionado, como también me ocurrió con su obra “Mi guerra Civil Española”, que le marco durante su intensa aunque breve vida.

Ya os comenté que la ciencia no tiene moral, mientras que su utilidad depende del uso que le dan los que atesoran el poder, y de los que aún confían en él. No se trata de vilipendiar uno de los mayores logros del ser humano, pero tampoco negar quelas dos caras de la ciencia jamás deben soslayarse. Y aquí está el problema. Como señala el título de un libro del filósofo de la tecnociencia Javier Echeverría, se puede hablar de “Ciencia del bien y el Mal”. Por lo tanto, si la balanza se inclina del lado de los poderosamente avariciosos, estamos perdidos. Ellos no desean ciudadanos libres. Primero nos convirtieron en consumidores y ahora se preparan para anular nuestras mentes, y la postre disfrutar manipulándonos como zombis. Y reitero no es la ciencia, sino la condición humana. El Gran Hermano de Orwell vive y ya habita entre nosotros. Y este discurso casi apocalíptico no es mío sino que lo comparte, y con mayor conocimiento de causa Rafael Yuste, como podréis leer más abajo.

Si retornamos a la sinopsis del mentado libro de Echeverría os muestro una frase de que ofrece la editorial:

“Hay bienes y males físicos, mentales, económicos, sociales, ecológicos, políticos, jurídicos, militares, religiosos y morales. La mayoría son específicamente humanos y otros son comunes a los diversos animales y seres vivos. Así, las ciencias, las tecnologías y las artes también generan sus propios bienes y males. Este libro afirma la posibilidad de una ciencia del bien y el mal que tenga en cuenta esta pluralidad y afronta cuestiones éticas yendo más allá de la ética. Los bienes y los males dependen de los valores, al igual que las virtudes y los vicios. La ciencia del bien y el mal es una axiología que se aplica a diversos tipos y sistemas de valores y puede ser investigada en los ámbitos privados y públicos, pero también en la biosfera, la literatura y la medicina. En este libro no se parte del bien ni mucho menos de la Idea del Bien, sino de los males. El mal es ubicuo, omnipresente y plural mientras que el bien es escaso………

De aquí que el Profesor Yuste nos hable de los neurólogos firmen un juramento tecnocrático, a modo de código deontológico, y se desarrolle en serio una Neuroética. También incide en la necesidad de tecnoderechos y neuroderechos ciudadanos que debieran incluirse en la Carta de los Derechos Humanos. La Neurotecnología, avanza rápidamente y en especial de la mano de las empresas tecnológicas y militares. Yuste no evade el duro tema que nos ocupa citando empresas que todos utilizamos diariamente en nuestros PC, portátiles y especialmente teléfonos móviles., ap., etc. Pero mejor que leáis el texto por  vosotros mismos. Nuestras libertades e incluso individualidades corren peligros y las amenazas ya están aquí, entre nosotros.  Si no movilizamos, como contra el cambio global, podemos decir que solo falta un empujoncito para que caigamos por el precipicio. Hay que tomar partido: ¿“Ciencia del bien o del Mal?. Os dejo en esta entradilla algunas frases si bien el texto completo y abiertamente sincero lo leeréis al final.

A corto plazo, el peligro más inminente es la pérdida de privacidad mental”. “La privacidad máxima de una persona es lo que piensa, pero ahora ya empieza a ser posible descifrarlo”. “La neurotecnología, ya es capaz de ver y hacer en nuestras mentes”. “Se puede usar para crear soldados con supercapacidades (Darpa). ““Las compañías tecnológicas se están metiendo en esto de cabeza porque piensan, de manera acertada, que el nuevo iPhone va a ser una interfaz cerebro-computadora no invasiva”. “A corto plazo, el peligro más inminente es la pérdida de privacidad mental”..

Tan solo recordaros que WhatsApp ya es usado por más de 2.000 millones de personas, habiéndose demostrado su mala praxis. Y podría seguir citando firmas empresariales…..

Juan José Ibáñez

Por qué hay que prohibir que nos manipulen el cerebro antes de que sea posible

 Continúa…….

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Los Científicos no tienen abuela, las científicas sí (las miserias de la tecnociencia y las cuestiones de género)

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Foto: Colaje Imágenes Google

 Los Científicos no tienen abuela, las científicas sí

 ¿No entendéis la expresión?. Pinchar en el enlace y sabréis a lo que me refiero. Ya barrunto que algun@s estaréis cavilando si rezumo sexismo, pero no es así, aunque de la expresión pudiera desprenderse tal idea. Más bien todo lo contrario. Como varón, asumo y reconozco la discriminación de género, así como la necesidad de erradicarla, sin paliativos. Sin embargo, evito editar post sobre estos asuntos, dado que serían fácilmente malinterpretados por mentes retorcidas. Aborrezco los tópicos, y en lo concerniente a la discriminación sexista, da lugar a que proliferen como gérmenes en un sabroso caldo de cultivo. Todo viene a cuento por la curiosa noticia que os expongo abajo y que avala una idea que sostengo desde hace tiempo.  Desde un punto de vista intelectual no albergo la menor duda de que, “descontando algunas idiosincrasias cognitivas y fisiológicas”,  los hombres y mujeres somos igualmente competitivos en ciencia, como en casi todas las ramas del conocimiento y profesiones, dicho sea de paso. Sin embargo, cabe diferenciar entre  “ser competitivos y ser competidores”. Y es aquí en donde, en mi modesta opinión, estriba la diferencia. No entraré en las posibles razones, ya sean naturales y/o culturalmente sesgadas, ya que se trata de otro tema.

 A los varones nos gusta competir desde nuestra más tierna infancia, por lo que no debe extrañar la pasión que tenemos por los deportes. Empero hay competidores honestos y deshonestos, como todo el mundo sabe. La competitividad es más neutra, se mire por donde se mire.  Por tanto ya podéis ir intuyendo de que va la nota de prensa publicada por el noticiero SINC:  “Novedoso, único, sin precedentes”: los científicos ‘venden’ su trabajo mejor que las científicas”. Hagamos un poco de historia.

 Hace ya más de un decenio, leí una noticia norteamericana que señalaba como los científi@s que publicitaban los resultados de sus indagaciones en la prensa general, terminaban recibiendo más citaciones científicas en revistas especializadas que los que no lo hacían. En aquel momento, tal “revelación” me dejo estupefacto. Aproximadamente 10-12 años después ya resulta ser una práctica tan execrable como habitual. Muchos colegas buscan desesperadamente a los periodistas. Actualmente, estamos ya impelidos a publicitar nuestra gloriosa trayectoria científica en un buen número de páginas Web académicas e institucionales, y cuando se nos pregunta, efectivamente son muchos los científicos que dicen sentirse desorientados, alegres, asombrados, atónitos, etc., a cerca de los resultados de sus indagaciones y los inmensos logros que su “divina inteligentia” ha hecho posible descubrir. ¡Orgasmo total! En el 99,99% de las ocasiones, causa pena leer como sus autores publicitan mediocres aportaciones ensalzando sus implicaciones hasta límites delirantes. Se asemejan más a vendedores ambulantes que a genuinos profesionales. Peor aún, “no se les cae la cara de vergüenza. Y todo como producto de esa maldita transición de la ciencia a la tenebrosa tecnociencia. Siempre he considerado que la tarea de un científico es investigar, mientras que los méritos de sus publicaciones deben ser reconocidos por otros “pares”, es decir en el seno de la comunidad científica implicada. La arrogancia implica o estupidez o mediocridad. Y de ahí el palabro “competidor”, que no “competitivo.

Pues bien, parece ser que a este escabroso auto-marketing, ajeno, muy alejado de la auténtica y genuina labor de la indagación científica ¡han entrado a saco más los varones que las mujeres!. ¿Qué opino yo? Obviamente prefiero la actitud de las féminas que la de los machotes que van vendiendo las bondades de su mercancía a todo aquel que les quiera escuchar/comprar. Resulta mucho más honrado, humilde y honesto. Del mismo modo, un buen investigador no tiene necesariamente que ser un excelente vendedor y viceversa. En consecuencia, animar a que ellas se comporten como ellos (y no al revés) se me antoja lamentable. Si alguien da ejemplo, en este caso son las féminas, pero al perecer hay que quitárselas de en medio u obligarlas a modificar su actitud. No hay cabida, en un mundo tan atrozmente competitivo. para lisonjas  como la honestidad, ya que la posverdad ha sustituido a la verdad, tanto a nivel social como científico. Si realmente el auto-marketing actual fuera cierto, habríamos curado el cancer, garantizado la soberanía alimantaria y bla, bla, bla.

 Los Científicos no tienen abuela, las científicas sí,

Peor para ellos, con lo tiernas que son nuestras entrañables abuelitas. ¿Verdad?

 Vendo mi último artículo que cambiará el mundo…. Oigan ustedes que soy el mejor…. nadie puede compararse a mi……. ¿me oyen?, Vendo mi último artículo que cambiará el mundo…. Oigan ustedes que soy el mejor,….. nadie puede compararse a mi……. ¿me oyen? Vendo mi último artículo que cambiará el mundo…. Oigan ustedes que soy el mejor,…único, sin igual, mejor que Einstein……..nadie puede compararse a mi……. ¿me oyen? ¿Me escuchan?. Por favor cítenme, cítenme, una citación, se lo pido por caridad. Se lo suplico…….

 Juan José Ibáñez

Continúa……….

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La Futura Revolución Industrial y la Supremacía Cuántica: Ciudadanos a Temblar

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Computación cuántica. Fuente: Imágenes Google.

¿Computación Cuántica? ¿No sabéis lo que es?, animaros aún quedan plazas en ¡algunos másters!, de cuatro meses, y por el insignificante precio de 4.000 Euros, a pesar de que se deberán esperar muchos años para que salgan al mercado los primeros prototipos.  ¿Y eso de la próxima revolución industrial?, ¿nos beneficiará a todos los ciudadanos?. ¡ahhhh!, ¡que pregunta tan banal!… ¿Pero… acaso importa?.

Cuando explico a amigos y conocidos algunos de los aspectos más básicos de la mecánica cuántica, tales como la dualidad honda partícula, el entrelazamiento cuántico, el más que incierto destino del Gato de Schrödinger, etc., a menudo me contemplan obnubilados, creyendo que me burlo de ellos. Se trata de uno de los aspectos más llamativos y atrayentes de la mecánica cuántica. Ya están preparados, a mi pesar, para que cuando se mente algo “cuántico”, acepten cualquier afirmación por buena, aunque no entiendan absolutamente nada.

Sin duda alguna, la computación cuántica significará un gran éxito en lo que concierne al progreso de la ciencia y con indudables aplicaciones inmediatas en materia de tecnología. Este post no versará sobre los grandes beneficios que reportará este tipo de computación. Empero me pongo a temblar cuando se menta una nueva revolución industrial. La Primera Revolución Industrial en el Siglo XIX, efectivamente transformó buena parte la sociedad, pero a costa también de un enorme sufrimiento de la clase trabajadora. Eso, si, la burguesía y sus industrias florecieron, haciéndose de oro. Sin embargo, su nacimiento, dio paso a un enorme crecimiento demográfico, interminables horarios laborales, incluyendo a mujeres y criaturas (esclavismo), sueldos que tan solo permitían subalimentare, precariedad, falta de higiene, enfermedades, y un largo etc. ¡Qué se lo pregunten a los británicos! Al final del post podéis cercióranos por vosotros mismos con la lectura de unos breves fragmentos de un texto que os reproduzco, escrito por André Vela Bosqued. El vocablo revolución (la del siglo XIX) en manos de los más poderosos, es sorprendentemente semejante al que padece la mayoría de la población en estos momentos, es decir entrado el siglo XXI. Hay que cambiar todo para que unos pocos sigan acumulando poder y dinero. ¿Nosotros?: ¡a comprar y a callar!. Más aun, ¿No se pregona que el cambio climático surgoó a causa de la aquella revolución Industrial?.

Podemos hablar o no de una segunda revolución industrial, hacia finales del siglo XX, con los acuerdos del libre comercio que dieron paso a la Globalización Económica, junto con la entrada en escena de Internet, TICS, etc. No cabe duda que han cambiado la vida de los ciudadanos.  Y de paso, hemos devastado el planeta, y aumentado la depredación de los países ricos sobre los pobres, que ha venido ahora aderezada a la postre por la precariedad, empobrecimiento y sufrimiento de la población de los primeros, tras el crack económico iniciado a finales de la primera década del Siglo XXI. ¡Si1, se trata de eso que viene denominándose  crecientes desigualdades sociales. Permitirme que os narre una historia muy ilustrativa. En los albores de todo este entramado globalizante, que de eso se trata, de un globo que cuando se pinche “Dios nos coja confesados”, visioné la portada de uno de los numero de la Revista “investigación y Ciencia” (versión en español-castellano de la norteamericana “Scientific American”) una imagen idílica. Un joven se encontraba, a las orillas de una maravillosa playa caribeña en bañador, sentado sobre su toalla y bajo una sombrilla, con un ordenador portátil entre sus piernas y bebiendo un brebaje del tipo de los “Coco Loco”. Aquél artículo prometía que la globalización nos conduciría a una vida más placentera, sin horarios fijos, trabajando desde cualquier parte del mundo, y bla, bla, bla. La realidad ha constatado que efectivamente, tal delicia ocurre entre los más poderosos, una ínfima parte de la población. Sin embargo, el resto de los mortales, seguimos siendo un cero a la izquierda, como podréis ver al final de este post en el aludido texto de André Vela Bosqued.

Sin embargo, ahora las grandes compañías, nos vuelven a prometer otra fascinante segunda revolución industrial vía cúbits. A pesar de todo, ya sabemos que, tanto en materia de ciencia, como de investigación, pero también de márquetin, hay que seguir “innovando” “disruptivamente” a través de “emprendedores”, aconsejados por “”mentores”. Y con tal motivo se comienza a utilizar el tenebroso palabro de supremacía, no lo dudo, ya que barrunto que se refieren a la del KKK. Y como a muchos científicos les gusta ir de pitonisos por la vida, calculan que en un decenio o dos tal revolución cambiará el mundo. Los científicos no suelen ser buenos pitonisos, pero como veis las revoluciones industriales cambian la sociedad (“de algún modo”), pero  en lo concerniente al  bienestar de los seres humanos, miedo me dan. La tendencia obliga a reconsiderar si ¡todo tiempo pasado fue mejor!, aunque tampoco es exactamente cierto.

En las dos notas de prensa que os muestro abajo, se espetan muchas vaguedades, se habla de negocios, competencias,  apelando a tópicos de moda como eficiencia energética, cambio climático, ciberseguridad, posibles aplicaciones en biomedicina, principios éticos (¿para nosotros o para las partículas elementales?). No era necesario, ya que se sobreentiende que una computación tan veloz debería ayudar a resolver muchos problemas que, hoy por hoy, se encuentran fuera de nuestro alcance. Tres párrafos me llaman soberanamente la atención. Empecemos por la que más nos concierne, dado el tema de la bitácora: (i) (…) Un ejemplo: para fabricar fertilizantes se utiliza un proceso de fijación de Nitrógeno, que consume el 2 % de la energía mundial y que actualmente se hace mediante ensayo y error. “Creemos que esto se puede hacer de una forma más eficiente con computación cuántica, pero aún no hemos sido capaces”, afirma Boixo en conversación telefónica con EFE. El día que se logre el ahorro de energía será brutal”. Pues si no estais seguros de ser “capaces mejor callaros”, porque aquí la frase no afirma nada de nada; (ii) Pero también existen otros debates mucho más asequibles y a corto plazo en los la filosofía está presente, como en las implicaciones éticas de la revolución cuántica. En la era del Big Data y de la Inteligencia Artificial, en la que empresas privadas como Google mueven miles de millones de datos, tal poder de procesamiento ¿podría suponer un peligro en malas manos? «Hoy por hoy es una tecnología experimental que no tiene mucho que ver con el Big Data» (…) Hoy no pero: ¿y cuando entren en funcionamiento de la mano de las compañías privadas, que son las que están “partiendo el bacalao”?. Las noticias ya nos informan de que se trata de experimentos teóricos, ensayos, tecnología experimental, etc. Sin embargo cuando se comercialice…. ¡mama mía!; (iii) De momento, el equipo de Google está muy orgulloso no solo del logro, sino de su acogida en la sociedad. «Nos ha sorprendido que la gente ha entendido realmente cuál es el valor de este experimento. En los últimos dos o tres años yo tenía la duda de si se iba a comprender, pero creo que sí y de ahí su repercusión». A partir de aquí, solo queda mirar hacia delante. Creo que nos toman por idiotas. Reitero, una vez más, que es fácil de comprender que un ordenador que supere cientos o miles de veces la capacidad de cálculo de la supercomputación con hardware más sofisticado que disponemos hoy, puede revolucionar muchos aspectos de la ciencia, la tecnología y la sociedad. Empero, los seres humanos que no lo entiendan, con tal prodigiosa y futurista propaganda, quedarán fascinados; les parecerá maravilloso. No mezclemos el interés real, con el márquetin y la competencia empresarial. Pura Tecnociencia.

Fue pues un reciente experimento sobre la viabilidad de la supercomputación cuántica, la que ha constatado que no estamos tan lejos de alcanzar un objetivo perseguido durante mucho tiempo. Ahora bien, el lector avezado observará que los competidores en liza resultan ser algunas de las compañías tecnológicas más fuertes del mundo con poderosísimos medios a su alcance.  Resulta muy preocupante la falta de actores  públicos en materias que pueden “transformar nuestras vidas y sociedad? Los últimos ejemplos de varias de estas multinacionales constatan su perseverancia en materia de mala. ¿Quién controlará a los controladores?. Un estudio advierte del poder de las grandes empresas tecnológicas por su control de la comunicación y la cultura.

Resumiendo: las Revoluciones anteriores, fueron un paso de gigante para los poderes, a costa del resto de la humanidad (los trabajadores). ¿No pasará otra vez lo mismo? Probablemente sí, ya que el objetivo de las empresas es lucrarse y la de los políticos aprovecharse. Luego nos dirán que se ahorrarán millones de puestos de trabajo, que la sociedad envejece más etc., etc., por lo que nosotros seguiremos apretándonos el cinturón en una carrera diabólica para exprimirnos hasta dejarnos sin aliento. Hoy compiten entre grandes compañías intentando hacernos creer que al final el único objetivo es nuestro propio bienestar. Empero para que tal logro fuera cierto, mucho debería cambiar la gobernanza mundial. Y mientras la empresa privada sigue haciéndose con el control del mundo. Muy mal asunto. Os dejo ya con las notas de prensa/propaganda empresarial.

Juan José Ibáñez

Desde Quantico, Virginia, USA y Chamberí, Madrid

Continúa…….

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La Importancia de las Clasificaciones en Ciencia. El dramático caso de la psiquiatría

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Taxonomías y psiquiatras Fuente: Colaje imágenes Google

Ya hemos hablado de la capital importancia de las clasificaciones y taxonomías en cualquier ámbito de la ciencia. Y hemos insistido mucho debido tanto a su importancia en la edafología y otras ciencias de los recursos naturales, como para tener que elaborar una “categoría específica” en nuestra bitácora (un constructo de esta naturaleza) denominada simplemente Taxonomía y Clasificaciones. También escribimos varios artículos científicos sobre el tema, siendo este libro una síntesis de mis indagaciones (y posiblemente el mejor estudio que haya realizado en mi vida profesional).  Eso sí, hasta la fecha ha sido acogido con bastante indiferencia, si lo comparo con mis investigaciones sobre edafodiversidad.  Pero a lo que vamos (….).

Las taxonomías pueden entenderse como un lenguaje rigurosamente formalizado que permite la comunicación, lo más inequívocamente posible, entre los profesionales involucrados en un objeto de estudio concreto. ¿Se imaginan como se podría cuantificar la biodiversidad y su pérdida sin una taxonomía universalmente aceptada entre los estudiosos?. ¡Imposible!. Una clasificación también refleja el estado de los conocimientos en el periodo en el cual se aplica. Del mismo modo los taxónomos aceptan que ninguno de estos constructos es perfecto, ya que de ser así, implicaría que nuestro conocimiento sobre el tema de estudio también lo es, por lo que no haría falta continuar indagando. ¡No existen clasificaciones o taxonomías perfectas!. El objetivo de los científicos deviene en seguir mejorándolas y/o hacerlas más coherentes y amigables.  

Sin embargo, y por razones dignas de ser analizadas por los psiquiatras, la comunidad científica suele considerar estos estudios de escasa importancia y a los propios taxónomos como actores secundarios en el contexto de la corriente principal de la ciencia.  Expondré dos ejemplos, que me han sucedido personalmente al intentar publicar dos artículos sobre taxonomías/clasificaciones (sus estructuras matemáticas subyacentes, así como los sesgos cognitivos y utilitaristas que padecen), aunque finalmente fueron aceptados por otras revistas sin excesivos problemas. Todo este material lo podréis encontrar en mi Researchgate. El primer intento fue en Ecology Letters. Menos de un día tardó el editor (que curiosamente era de mi propia institución) en rechazarlo, obviamente sin la denominada revisión por pares (es decir subjetivamente), para lo cual alegó que eran productos obsoletos y que actualmente lo que “vendía” era investigar en materia de “redes”. Cabe mentar aquí que el estudio de las redes ecológicas era su principal tema de investigación ¿¿??. Seguidamente, lo envié a otra importante editorial. Esta vez tardaron unas 48 horas más. De nuevo su editor en jefe, sin revisión por pares, para variar, lo rechazó esgrimiendo el razonamiento de que aunque el documento parecía correcto, recibiría pocas descargas (poca pasta y menos posibilidad con vistas a elevar la audiencia de la revista y su factor de impacto). Como veis los argumentos científicos brillan por su ausencia, en esta era de la tecnociencia. ¡El negocio por delante y el contenido……. según la audiencia! que pudiera interesase por el mismo. ¿Y la calidad?. También cuenta, empero actualmente es una variable más a tener en cuenta, que no la principal.

Pues bien, hoy os hablamos de una nota de prensa cuyo contenido, de ser cierto, sería como para llevarse las manos a la cabeza hacernos “enloquecer”. ¡La psiquiatría  al paredón!. El título de la nota de prensa habla por sí solo: Un estudio descalifica el DSM, la biblia de los psiquiatras“”. Para a renglón seguido puntualizar: “Según esta nueva investigación, los diagnósticos psiquiátricos estandarizados no tienen valor científico para identificar y tratar trastornos de salud mental”. Como podréis leer abajo un DSM es una especie de clasificación que usan los psiquiatras al objeto de ordenar e identificar las enfermedades de los pacientes. Ahora resulta o resultaría, que estamos muchos, o la mayoría, mal diagnosticados, y como corolario, paupérrimamente tratados clínicamente. Debo suponer, espero y deseo, que no sea para tanto. Ahora bien, el asunto resulta ser francamente serio. Y todo por no atender debidamente a elaborar una buena taxonomía o clasificación.  ¿Nos vamos dando cuenta de los derroteros por los que camina la ciencia?. Una clasificación es un lenguaje común entre los expertos. Pero también una herramienta imprescindible para categorizar los objetos de estudio. Y sin ellas…. ¿Qué haríamos?. Algún listillo diría que apelar a la IA.  Empero si alguien defiende algo así es que desconoce absolutamente como se construye y alimenta una IA para que sea eficiente, al menos hasta la fecha.  Y aquí me paro. Abajo os dejo con la definición de DSM y esta, tan desquiciante, como sorprendente noticia. ¿Me voy a un psiquiatra o a un chamán?.  

Juan José Ibáñez

Continua…..

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Softwares Estadísticos y Mentes Perezosas

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GIS  y FRAGSTATS Fuente: Imágenes Google

Cuando tecnologías sencillas de usar generan mentes perezosas

Acabo de remitir a la editorial el informe  de un documento que tenía que revisar para una revista científica indexada y me vuelve e invadir la desesperación. Nadie duda de la utilidad de potentes programas para el análisis estadístico de la información. Ahora bien, una cuestión es acelerar todas las operaciones de cálculo, y otra bien distinta, atesorar unos datos, apretar un par de teclas y obtener simultáneamente o en cascada decenas o cientos  de análisis estadísticos de los primeros, más aun cuando en la mayoría de las ocasiones los usuarios desconocen su racionalidad y como son calculadas. Ante tamaña cantidad de información, resulta fácil caer en la tentación de analizar los resultados y escoger los que consideres “oportunos”, con una actitud “oportunista”.   Y así ocurre. Nuestros  jóvenes investigadores, y otros que no lo son tanto, elaboran documentos, aferrándose a resultados y significaciones estadísticas concretas que no tienen ni pies ni cabeza. Un caso dramático y archirrepetido estriba en observar como los autores se afanan de dar racionalidad a patéticas correlaciones espurias.

La ciencia se basa en la creatividad de sus practicantes, estando la estadística al servicio de la primera.  Sin embargo la segunda no puede, ni no podrá reemplazar a la primera. A menudo estos software son pensados para ofrecer las soluciones que más demandan los usuarios que, con harta frecuencia, no son las más adecuadas en muchos estudios, como seguidamente explicaremos. Tras décadas de trabajo en estos menesteres, es fácil extraer conclusiones. Nos creemos muy modernos por utilizar unos sofisticados hardware y software informáticos. Empero estos no pueden sustituir los conocimientos clave de cada disciplina, el trabajo de campo, la bibliografía adecuada y sobre todo la reflexión. Nuestros jóvenes investigadores, atraídos por estos paquetes de programas, se olvidan de lo fundamental, es decir de casi todo lo previamente mentado.  Y como es tan fácil……. Darle al teclado y ¡¡¡flash!!!…. te aparecen las consabidas riadas de estadísticas. Este modo de proceder modela mentes perezosas y descuidadas de aprender todo lo que realmente necesitan. Reitero que estamos formando mentes perezosas, y lo que es peor, con cierta adición a hablar de lo que desconocen. Pero pongamos un ejemplo, de colegas más maduritos tiempo atrás.

Cuando comenzaron a aparecer los sistemas de información geográfica –SIG- (como también la teledetección), allá por los años 80 del Siglo XX, yo adquirí uno, que por aquel entonces solían ser muy caros, demandando estaciones de trabajo más sofisticadas que un PC normal. Inmediatamente puse a un par de becarios a instruirse y trabajar con ellos. En un congreso, me encontré con un antiguo colega que se acercó a saludarme afablemente. Al preguntarle a que dedicaba sus esfuerzos en los últimos años me comentó textualmente (aun me acuerdo): “Ahora investigo sobre sistemas de información geográfica”. Inmediatamente le pregunté: ¿estas desarrollando un programa? ¿Qué características atesora?. El respondió: “No, ufff eso es muy complicado…. Yo me he comprado uno y lo aplico a lo que me ofrezcan”. ¿Se trata de investigación?. No simplemente era un mero usuario de la tecnología de moda, la cual desconocía casi por completo. Inmediatamente me reuní con mis becarios y les hablé muy claro, es decir le explique lo que aquí os cuento: Si utilizáis un hardware y/o un software comercial, no sois investigadores, sino como máximo técnicos, que es algo muy distinto. 

En mi caso, es habitual, por ejemplo, que los editores me soliciten que revise estudios en los que la información geoespacial resulta ser extremadamente relevante. Pondré un ejemplo.

La multinacional ESRI es famosa por sus sistemas de información geográfica y paquetes estadísticos asociados. Pues bien, se realizan las operaciones oportunas sobre mapas e información georreferenciada en general, para a la postre meterla en la batidora/coctelera de esos softwares. También en mi caso concreto suelo toparme casi siempre con el mismo producto comercial, es decir FRAGSTATS. Personalmente no critico este software en sí mismo, sino a los usuarios que creen que se trata de una especie de barita mágica y que lo que nos ofrece “va a misa” Ahora bien, nada más lejos de la realidad. FRAGSTATS, es un paquete de programas  enfocado a los investigadores de ecología del paisaje. Este ofrece un montón de métricas diferentes incluidas muchas que conciernen a los análisis de diversidad, que también son de interés de los expertos que estudian los patrones espaciales que acaecen en los paisajes preferentemente biológicos. Ahora bien, mi tema central de estudio resulta ser la geodiversidad (aunque no de la manera constreñida y sesgada que nos ofrece Wikipedia) y más específicamente la edafodiversidad o diversidad de suelos. Pues bien, son ya muchos, demasiados, los manuscritos que he tenido que rechazar, o en el mejor de los casos devolver a los autores para una profunda reorganización del trabajo por hacer un uso acrítico e indiscriminado de FRAGSTATS, que iba más allá del rigor científico y lo que es peor aún, del sentido común. No entraremos en detalles.

Buena parte de los trabajos que me veo obligado a rechazar es debido a la aplicación indiscriminada de tales estadísticas a casos y objeto de estudio que carecen de sentido científico. Observar cómo se usan esta tecnología y herramientas estadísticas para extraer conclusiones, ya no criticables, sino incomprensibles y carentes de sentido me hiela la sangre. Y son dignas de reprimenda. por cuanto los autores suelen hacer gala de un palmario desconocimiento del objeto de estudio.

Juan José Ibáñez 

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La Teoría Actor-Red y el Contexto de la Tecnociencia

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Foto: Bruno Latour y Michel Callon Colaje Imágenes Google

Ya o explique en el primer post “De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia” que inició el pistoletazo de salida para nuestro curso básico sobre el tema que, entre los cánones aceptados y racionales de la filosofía de la ciencia en sentido estricto, la praxis actual de la indagación científica no tiene apenas cabida. De aquí que hallamos elaborado una nueva categoría de post con vistas a ir informando de ello. Comentaba al finalizar el núcleo central de nuestro Curso Básico sobre   filosofía y sociología de la ciencia, como al finalizar las clases de la asignatura que impartía en aquel máster universitario, al igual que al clausurar conferencias, me agarrotaba la sensación de que en nuestro quehacer cotidiano los científicos usamos poco y sabemos menos del denominadométodo científico”. Y justamente en ese momento entraba en escena (“que no la ciencia en acción”) nuestro viajo amigo Bruno (Filosofía de la Ciencia versus Filosofía de la Investigación: ¿Quién es Bruno Latour?). En la década de los años 90 del S. XX, cuándo intentaba ir más allá de la filosofía, para penetrar en la sociología de la ciencia (que no la “filosofía del conocimiento”), solía encontrarme con la visión imperante academicista de Robert King Merton, que no me decía mucho y se me antojaba una perspectiva obsoleta. Adelantemos, siguiendo a Wikipedia que: “La sociología de la ciencia considera las influencias y componentes sociales en la ciencia. Diferente de la sociología del conocimiento que investiga los orígenes sociales de las ideas y del efecto que las ideas dominantes tienen sobre las sociedades. Merton impulsa un subcampo de estudio denominado sociología del conocimiento, el cual aborda la ciencia moderna como una institución social y se interesa por el ethos específico que la caracteriza”. Sinceramente el pensamiento mertoniano me aburre, por no entrar en análisis más críticos. Y así tope con Bruno Latour y los denominados inicialmente estudios sociales de la ciencia y posteriormente estudios de la ciencia (aunque por lo que he leído también se han acuñado otras muchas etiquetas, a la hora de denominar el  enfoque aludido) al que dedicamos ya hace años varias entradas, con vistas a explicar sus fundamentos. Aquí os doy cuenta de la mayoría de los mismos: (i) Los Poderes y su Terror al Imperio de las Masas: Bruno Latour y las Enseñanzas de las Ciencias de la Complejidad; (ii) Mente y Realidad: Descartes y Kant desde la Óptica de Bruno Latour; (iii) Percepción Individual, Social y Cultural de la Realidad, Según Bruno Latour; (iv) La Actividad Científica como una Red de Relaciones  ; (v)La Ciencia como Red de Interrelaciones Humanas-No Humanas; (vi)El Realismo De Bruno Latour y la Actitud Sectaria de los Científicos; (vii)¿Una Sociedad Libre o Esclavos del Poder?: El Affair de Wikipedia; (viii)Wikipedia versus Citizendium: En defensa de la Participación Ciudadana o el Temor al Imperio de las Masas; (ix) Los Errores del Periodismo Científico a la luz de los Estudios Sociales de la Ciencia); (x) (Transmisión de la información, Conectividad y Redes Sociales: El Número Mágico 6 o ¿7?); (xi) (El Periodista Científico como Paracientífico y Sociólogo del Entramado Inherente a la Indagación Investigadora); (xii) (El Circo de la Ciencia Contemporánea) ; (xiii) (La Crisis Actual del Periodismo Científico); Aunque por los títulos de algunos post no lo parezca, en todos ellos la teoría Actor Red o ANT, resultan ser el epicentro esencial de los discursos en ellos redactados.

En este post retornaré a un texto sobre el que ya hemos basado varios post anteriores del curso de tecnociencia. Me refiero a la Teoría del actor-red y la tesis de la tecnociencia cuyos autores son Javier Echeverría y Marta I. González, como os indico con más detalle abajo. Omito pues varias entregas personales previas en las que explicaba mis consideraciones acerca de la Tesis de Latour sobre la Teoría Actor Red. Sin embargo, en su magnífico artículo, echo en falta algunos aspectos que no suelen ser contemplados con atención a la hora de analizar esta teoría. A pesar de ello creo que son de vital importancia. ANT enfatiza las relaciones en Red, lo cual debiera implicar hacer uso/contemplar/ explicar a la luz de (…) de las propiedades inherentes a las mismas la Actividad Científica como una Red de Relaciones. Del mismo modo, cuando hablamos de sistemas en los que actúan una plétora de agentes entrelazados mediante sus relaciones/interacciones mutuas nos encontramos, prácticamente siempre con que se trata de sistemas no lineales es decir complejos (Concepto de Complejidad) que también atesoran unas cualidades muy idiosincrasias que la formulación ANT debiera cumplir (Teorías Científicas Como Estructuras Complejas). Ya hablaremos de ello más adelante, en otro post. Finalmente no voy a detallar las críticas que según Wikipedia ANT ha recibido de sus detractores, ya que no merecen mi consideración. Eso sí, una de ellas estriba en el desacuerdo de algunos expertos en la ruptura de dicotomías previamente establecidas, tales como humano-no humano, natural-social. Personalmente discrepo, por cuanto se trata de antónimos muy perjudiciales para el progreso de la ciencia, como defendí en el post:  El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios y la Perspectiva de Jean-Marc Lévy-Leblond.

La principal fascinación que ha producido ANT estriba en considerar el mundo de la ciencia, y con mucha mayor razón el entramado de la tecnociencia como un una red de relaciones en la cual los agentes pueden ser humanos, pero también sociales y estrictamente no humanos, atesorando todos a priori (en principio) el mismo peso. Es decir, un elemento de la red podría ser un científico, pero también una institución académica, un instrumental (generalmente de vanguardia, pero…), intereses o lobbies políticos, grupos de presión, agentes financieros, juristas, periodistas, una pandemia, etc. Del mismo modo, las tesis de Latour sobre la ciencia viran de la teoría a la práctica científica y los agentes que la forman o condicionan al interaccionar. Como veremos en otras entregas posteriores, son cosas muy distintas, algo que suele ocurrir en todos los ámbitos de la sociedad y sus conocimientos. Se trata de una hipótesis/¿teoría?. rompedora y valiente. Empero atesora otras virtudes que iremos desgranando. Os dejo ya con los contenidos de Wikipedia y después con los de los propios autores. 

Juan José Ibáñez

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Pandemias y Literatura Científica en Tiempos de Crisis

 pandemia-covid-papers

Esta es una gran oportunidad o ya sabes (publica o perece). Fuente: Colaje Imágenes Google

 

¿Qué miras en la pantalla?

Una curva exponencial

¿La del crecimiento de la Pandemia?

No, la del número de papers publicados sobre el COVID- 19 desque que comenzó la pandemia.

Pues se parecen mucho

Efectivamente ambas son exponenciales

Tan rápido se investiga?

Bueno pues…… mejor me callo.

Me lamento ahora, pero posiblemente dentro de unos meses, ya no serán tales, sino quejidos desesperados, desgarradores, furiosos, etc., Y de eso estoy seguro. Si en algo se asemeja el crecimiento exponencial de una pandemia en sus fases iniciales resulta ser justamente el número de artículos científicos que se escriben sobre ella ¡científicamente comprobado!, como podréis leer más abajo. Se trata de un nicho vacío, y todo estúpido que se crea Indiana Jones, en busca de fama y gloría, intentará hacerse un hueco en una galería de la fama tan efímera como patética: “ser de los primeros en publicar sobre el tema”. Esperemos que la Pandemia clínica pronto comience a controlarse, empero la que afecta al número de paupérrimos estudios aparecidos en las publicaciones que salen a la luz por los medios que sea, tardará mucho más en alcanzar la meseta para luego declinar, a no ser que algún científico brillante encuentre rápidamente una maravillosa vacuna o un fármaco que corte las ansias coloniales del COVID-19.

Consuelo Ibáñez, epidemióloga, la hermana lamentablemente fallecida de este bloguero, que ocupó durante varios años la máxima autoridad técnica (es decir no elegida políticamente) en materia de emergencias epidemiológicas de la Comunidad de Madrid, terminaba hastiada tras cada brote epidemiológico importante, y especialmente si tenía calado internacional. Ella me comentaba la enorme cantidad de arribistas y artículos basura que aparecían en el escaparate de la ciencia médica. Encontrar una contribución relevante era como buscar una aguja en un pajar. Empero las TICs ¡avanzan que es una barbaridad!, con todo tipo de plataformas digitales y utensilios para alzar tu voz e intentar aparentar que aportas algo a la materia. Y así se ha terminado por generar una Torre de Babel. Tales progresos tecnológicos han dado lugar a convertir un tema concreto de moda en un inmenso vertedero de basura en Internet. Y así los mediocres intentan medrar a toda costa, pase lo que pase, y que no se les ponga nadie de por medio porque (…). Unos artículos no aportarán nada, la mayoría serán considerados inmensamente malos y quizás alguno pueda ser interesante y va y se me escapa. ¡porca miseria! Tan solo en el portal científico Pubmed, si uno de esos que son considerados prestigiosos, aparecen publicados en dos meses más de 8.000 artículos acerca del COVID-19 a 8 de junio de 2020, según JAL (ver abajo). Si Consuelo hubiera podido continuar en su más que popular bitácora  Salud Pública y Algo más, seguro que os ibais a divertir, aunque era mucho más prudente y educada que yo. Siento vergüenza ajena ante tan lamentable espectáculo; hoguera de vanidades que terminarán frustradas, como todas las precedentes.  No obstante cabe recordar que, actualmente y sobre este asunto, se ofrecen ingentes cantidades de dinero, proyectos, becarios e infraestructuras a todos aquellos que ya ostentan algún poder, tengan influencias, y por qué no, quizás alguna idea más que interesante. Otra cuestión es quien se lleva el gato al agua. ¡La batalla ha comenzado!. Codazos, empujones, zancadillas, y lo que sea necesario. Primero la “pasta” y luego ya veremos…..

Abajo os dejo unos cuantos enlaces y breves comentarios al respecto sobre esa tenebrosa mancha negra que sobrevuela nuestras cabezas y penetra en los pulmones. Efectivamente, otros colegas también se lamentan, en esta era de la imagen, de que la calidad de los contenidos científicos sea relegada a un segundo plano. Empero varios de ellos también resultan ser parte del problema, que no de la solución, ya que reprochándole sus respectivos comportamientos socavan una ciénaga aún más profunda a todos aquellos que desean estar ¡bien informados!. Tarea titánica en esos momentos. Algunos sacerdotes de la ciencia, sí esos ultra-ortodoxos a los que les va muy bien con el sistema actual, se desgarran las sotanas alegando que no se han hecho buenas revisiones por pares. Y efectivamente es así, no lo discuto. Sin embargo, las editoriales de reputación y sus responsables, son en gran medida tan culpables como los autores de esos trabajos, por mucho que se achaque a revistas depredadoras, ya que tan depredadoras son unas como otras. Al final lo importante es obtener pingues beneficios, que no otra cosa, es decir que se pague por leer lo que publican sobre un tema que tiene en vilo a la humanidad. Y como los investigadores tienen que estar bien documentados, el dinero lo recaudarán a raudales. Los plumillas, que dicen dedicarse a la divulgación científica, poco versados en estos menesteres, por lo general, se hacen eco de lo que leen y les comentan los afamados sacerdotes El establishment) , metiendo la pata y ¡más madera!. Da igual lo que escriban, si dan con un buen titular (…) el público entra al trapo.

Empero ante crisis de la magnitud del COVID-19, y sus repercusiones sobre la salud de ciudadanía, además de la economía (que es lo que más preocupa a una buena parte de nuestros dirigentes), las televisiones, periódicos, y esos programas llamados de periodistas tertulianos, que en base a su ignorancia, mezclan churras con merinas, dan lugar e interminables y soporíferos debates, de los cuales, lo único que puedes  extraer, es confusión, caos, dolor de cabeza, o un siestecita en los brazos de Morfeo…….. Empero falta un elemento en la ecuación ¿sabéis cual es?. ¡Políticos!: horror, terror y pavor!. Por una vez y sin que sirva de precedente me adhiero a la perspectiva de JAL (ver abajo). Desde luego, si lo que pretenden hacernos creer que sus votantes no les importan nada, dan en el centro de la diana. Ellos al acoso y derribo del adversario político, con vistas a echarles a patadas del poner y para ello, ¡vale todo!. Pero a lo que vemos….. El nivel de los artículos científicos sobre la covid-19 ha sido decepcionante”, “Dos revistas médicas meten la pata”. Fijaros en estos dos titulares, ya que ninguno de ellos aborda el meollo de la cuestión, por cuanto ya han tomado partido, dirimiendo disputas y descalificando a muchos de sus colegas. En tiempos de COVID-19, estudios científicos sin revisar: las prisas están acelerando y viralizando los papers. Y ante tal marasmo de información la: Inteligencia artificial para los ‘papers’ de la COVID-19.

Ya es difícil dormir, e incluso ver la TV. El problema es que el ciudadano entienda si o si, que debe serguir unas normas, así como que en estos momentos, tal deber es la principal línea de defensa que tnemo: ¡está en manos de cada uno de nosotros! .Y debe hacer falta mucha creatividad porque no veo a una parte de mis conciudadanos muy dispuestos, tan solo hace falta que se pongan las mascarillas como piercings, o peor aún de taparrabos. Y es que hastía. No se trata de concienciación, sino e acoso o tortura.

Sin embargo, no se hablamos exclusivamente de la publicidad que observamos, o las peleas callejeras de los políticos. Cada día leo un par de horas la prensa científica (es decir noticias sobre artículos u otro material de interés en medio ambiente o ciencia general). Pues bien, antes me hastiaba ver siempre la la coletilla del cambio climático, se escribiera sobre lo que se escribiera, era la norma. En los últimos meses, obviamente la pandemia lo ha desplazado, aunque como los primeros son muy correosos, han elaborado un puente entre degradación ambiental, pérdida de biodiversidad y pandemias. Y no me parece mal, ya que pienso lo mismo.  No obstante una cuestión  es informar con vistas a hacer comprender  tal vinculación y otra muy distinta repetirla una y mil veces haciendo creer cada redactor a su público que es original.  Sin embargo hablamos de la punta del Iceberg. Si leo sobre investigación y tecnología aeroespacial espacial, etc. me habland de sus bondades  e interés contra la pandemia. Si leo sobre tal o cual tecnología de descontaminación, me hablan e sus bondades contra la pandemia, si leo sobre casi cualquier otra materia me hablan e sus bondades contra la pandemia. Francamente se me antoja un comportamiento decepcionante.

Os dejo con algún material de interés que nos informa,  no sobre el coronavirus, sino por aquello de “publica o perece”, aunque no tengas nada que aportar.  Consuelo, cuánta razón tenías.  Y ahora me voy a tomar una coronitas. ¿Por qué tengo hoy ese antojo si prefiero la cerveza tostada? ¿Vosotros lo sabéis? ¡Estoy hasta la coronilla! A pesar de que me preocupe al tema como al que más. No me extrañaría que el público arto de escuchar más de lo mismo una y mil veces, esté desconectando y…. a la postre este si sería un tema muy preocupante.

Y justamente antes de acabar el post recibo la siguente noticia. …. ¡Más Mdera! Pero atención porque esta es muy, muy interesante, didáctica y esclarecedora. La más informativa de todas. Leerla por favor.

El escándalo del #LancetGate y la hidroxicloroquina: una llamada de atención sobre las publicaciones científicas

Las dos revistas más prestigiosas en investigación médica del mundo han caído de forma simultánea en el mismo error y hecho mella en la reputación de la ciencia cuando más necesaria es

Juan José Ibáñez

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¡Qué nos parta un rayo!: De cuatro Patas a Dos (El día que una supernova nos hizo humanos)

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Fuente: Colaje Imágenes Google

¿Qué opino yo de la noticia que os ofrezco hoy?. Jajajajajaja. ¡Pero ahí está!. La evolución humana fue generada por una “vieja supernova que explotó de orgullo”, tras la hazaña de hacernos andar a dos patas, con lo agusto que lo hacíamos con cuatro. Ella sí que sabía, era ¿SuperSuper?…. Igual era divina. ¡Que nos parta un rayo!

El estudio que describe la nota de prensa de os mostramos hoy versaba sobre un posible evento cósmico que, según los autores, pudo causar la transición del plioceno al pleistoceno (cuaternario), es decir congeló un tanto el ambiente terráqueo (periodos glaciares). Empero estos sesudos investigadores debieron reflexionar muchísimo sobre el título. ¿Cómo hacer que los lectores lean nuestra noticia, ante tantas conjeturas propuestas sobre el mentado evento geológico (perdón celestial)?. Y en sus obnubiladas mentes, ante tanta electricidad latente, les partió un rayo y vieron la luz ¡por fin!. Se hizo la luz, que iluminó a esos miserables humanos terrestres, que ante tal milagro salieron corriendo de los infernales incendios forestales de este mundo, sí: un verdadero paño de lágrimas. Más aun, como había tanta madera muerta, y observaron atónitos aquella plaga de incendios forestales, a la que siguió el aumento desorbitante del número de rebaños de herbívoros, se aficionaron al fuego divino y la transformación celestialmente  inspirada de los infernales infiernos terrenales.  

¿Cuántas conjeturas se pueden hacer de esta índole?. Yo diría que innumerables. ¿Es tal aseveración realmente científica? ¡No!. Todo ello me recuerda a algunos colegas que, para explicar los resultados de sus indagaciones (no muy claras debían pensar), ante el público espetan con demasiada frecuencia frases de la siguiente guisa: “esto podría ser debido”; “entre las posibles causas nos inclinamos por pensar”, etc., etc. pero todo tiene un límite. Y yo llego hasta aquí. Es decir, hasta aquí hemos llegado (cuarta temporada).  

Simplemente, he puesto el texto en ese ingenio llamado Traductor Google, que otros dirían mejorado con “deep learning”, porque profunda, lo que se dice profunda, si es la noticia de hoy, ya que procede del espacio profundo, profundísimo. ¿Nos acercamos ya mucho al creacionismo?. No sé qué decir. Eso sí tal inferencia se parece basarse en el dicho español: “Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”. Al fin y al cabo algunos expertos defienden que la bipedestación nos hizo humanos!, o casi, casi.

Os dejo con este celestial notición, sin más demora, ya que estaréis ansiosos tras mi larga desiderata. Mil perdones:  ¡Que me parta un rayo!

Juan José Ibáñez

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Geofagia del consumo, a la gastronomía y finalmente a la adicción

geofagia-tipos-de-suelos-y-addicion

Colaje imágenes Google buscando por “Geophagy”

 Disculpe usted, ¿es este el famoso “Restaurante “Solum”.

Sí señor, este es.

¿Tienen mesa?

Si señor, y sillas también

Perdone, le preguntaba si podemos comer ahora

Por supuesto, pero tendrán que esperar 15 minutos.

Ya veo que su establecimiento se encuentra muy concurrido

Puedo ya ofrecerles la carta y así tendrán que esperar menos tiempo

¿Qué nos recomienda?

Depende de qué tipo de suelos prefieran

Perdón, no le entendemos

Tenemos suelos de varias clases según su sabor, olor, textura, etc., cocinando en crudo, estofados, marinados, fritos….

Somos nuevos, no los hemos consumido antes tales manjares,  según dicen

Si es así les recomiendo un menú de degustación para dos.

¡Perfecto!

 Si podéis visionar este mapa mundial en el que se  ubican todos los lugares del mundo donde se ha detectado la geofagia observarán que tal práctica ancestral se distribuye por todo el globo terráqueo, si bien en algunos lares  han perdido la costumbre. Ya hemos abordado el enigmático tema de la geofagia en post anteriores, como podréis observar más abajo. Sin embargo, el día que redacto este post me he inmiscuido un poco más en la materia, tras leer la siguiente noticia: Geophagy: “soil-eating” as an addictive behaviour”, nota divulgativa del artículo que lleva por título: “Geophagy in Northern Uganda: Perspectives from Consumers and Clinicians.”. Es decir tan solo se trata del caso de Uganda. Sin embargo, existen regularidades sorprendentes en todas las sociedades, etnias y culturas que practican esta “delicatesen. Las principales consumidoras son las mujeres embarazas y los niñ@s, si bien también, a menudo disfrutan de estos riquísimos suelos otras personas, aunque en menor medida.  Podría pensarse en que se trata de un antojo de las féminas preñadas, pero (…) ¿y los niños?. Y algunos varones adultos. Generalmente los hombres abandonan la ingesta de suelos en la adolescencia. Empero algunos se aficionan y manifiestan que pueden llegar a ser tan adictivos como el alcohol y tabaco.

Reitero que, como podréis leer más abajo, existen preferencias por ciertos “tipos de suelos” en función de sus propiedades, tales como el sabor (dulces, salados, amargos), olores, texturas, consistencias etc. Del mismo modo y aunque se consumen suelos en sentido estricto, todos parecen ser ricos en arcillas, no siendo el caso de Uganda una excepción. En entregas anteriores comentaba la posibilidad de que, cuando se ingieren suelos, los polifenoles producidos por la descomposición de la materia orgánica pudieran estar asociados a sus potenciales efectos benéficos, junto a la arcilla. Sin embargo, para mi sorpresa, algunas campesinas ugandesas, prefieren comprar la arcilla en “supermercados. ¡Jesús!, hasta donde llegan los hábitos modernos. Empero a falta del recurso suelo o ingresos monetarios pueden ingerirtse ¡ladrillos!.

Resulta sorprendente que se estén publicando numerosos artículos sobre este tipo de etno-gastronomía, aunque los médicos y nutricionistas sean escépticos. Sin embargo, nadie hasta la fecha parece interesado en conocer, “a ciencia cierta”, cuáles son los beneficios y sus razones. Muchos investigadores y galenos ortodoxos, denuncian supersticiones, tradiciones, etc. Empero que la geofagia salpique todo el globo terráqueo,  e incumba a una enorme variedad de culturas y etnias que jamás estuvieron en contacto, a mí personalmente,  me sugiere todo lo contrario.

Y no diré más, por cuanto abajo os ofrezco traducida la nota de prensa, pero también varias páginas, ¡demasiadas!, del artículo original. En consecuencia, del manuscrito científico, traduje al suajili las primeras páginas, dejando el también el texto anglosajón, en la primera parte. Empero al percatarme que llevaba varias páginas y tenía que parar, so pena de hacerlo con todo el texto, decidí después mostraros tan solo la traducción a nuestra lengua de las primeras páginas. Obviamente no os reproduzco todo el texto. La traducción es pésima, a golpe del traductor Google. Ahora bien, basta para sorprenderos. El artículo original se encuentra en acceso abierto, y podéis bajároslo en pdf o leerlo en línea.

Me ha impelido a extenderme el hecho de que una parte considerable del contenido fueran las traducciones literales, de los indígenas consultados. Confío más en sus experiencias, sensaciones y tradiciones que en aquellas filtradas por los científicos ultraortodoxos vestidos con sus arrogantes batas blancas.

Podéis animaros y probar, empero vivimos en una sociedad en donde los suelos de muchos lugares los hemos contaminado debido a nuestra  impenitente adición (casi adicción) por enmendarlos mediante el vertido de ingentes cantidades de contaminantes químicos y superbacterias, por lo que (….): todo dependerá del territorio en el que viva cada uno de vosotros. En mi caso particular, lo que ingiriera equivaldría a “comida basura” Pero si estáis seguros que deseáis probar, ya os advertimos que, como dicen los gourmets consultados, pueden ocasionaros adición y transformaros  en suelo-adictos. Y ahí no puedo ayudaros. Desconozco clínicas especializadas en desintoxicar a este tipo de drogadictos o suelo-dependientes.

Y os dejo ya con tan abundante como alucinante y sabrosona información. ¡Buen provecho!.

Juan José Ibáñez

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El suelo y el Medio Natural: Reflexiones desde la Universidad (Antonio López Lafuente)

antonio-lopez-lafuente

Antonio López Lafuente: Genio y Figura hasta la sepultura cuando llegue que todavía es muy pronto….

Otra vez me ha permitido Juanjo asomarme al balcón, ahora que por desgracia está de moda (Pandemia de Covid-19), de su bitácora para compartir con vosotros algunas reflexiones relacionadas con el suelo y el medio natural. Deseo empezar dándole las gracias por esta nueva incursión que espero sea de algún interés. 

 Los que nos dedicamos a la  actividad docente e investigación en la universidad nos  encontramos pasando momentos de confinamiento, como muchas personas dedicadas a otras profesiones, lo cual nos está permitiendo tener más tiempo libre como para poder plantearnos algunas reflexiones, en este caso, acerca de nuestro trabajo, a la vista de las numerosas dificultades que nos estamos encontrando.

 Los profesores de universidad, como así lo establece la ley, debemos cumplir con dos misiones básicamente: (i) participar en la investigación del país, a través de los proyectos financiados por los distintos organismos oficiales, también de empresas privadas, pero claramente en menor proporción, y (ii) ocuparnos de la docencia de los futuros egresados. Esta ha sido la biga que ha mantenido el fundamento de nuestra universidad a lo largo de la historia. 

 Esta doble función que lógicamente en sus principios no va a cambiar, si bien es posible que se vea modificada con nuevos planteamientos a partir por el surgimiento  de la pandemia del COVID-19. Durante el tiempo de confinamiento estamos aprendiendo a marchas forzadas que no podemos seguir con los modelos tradicionales ni de investigación ni de docencia. La pandemia nos está ayudando a recordar que la investigación o se hace y se financia para potenciar equipos multidisciplinares, o no tendrá sentido de ser, y la docencia, o se hace desde la integración, no solo de los estudiantes, sino también del conocimiento, con una participación expresa de las nuevas tecnologías, ono tendrá garantías de calidad. Estos dos planteamientos no son nuevos, forman parte del frontispicio de nuestra profesión, pero parece momento de recordarlos si queremos tener en el futuro un mejor control de las distintas amenazas a que el planeta, y en especial el ser humano, va a estar sometido.

 Otra de las cosas que ha dejado claro este confinamiento es que no estábamos preparados para asumir tareas que empezaban a ser utilizadas, y de las que se hablaba mucho, aunque se ha demostrado lo lejos que nos encontramos para poder utilizarlas con rigor, me refiero al teletrabajo, o trabajo a distancia. Ni las empresas, ni las instituciones, ni los ciudadanos, ni los medios de que disponíamos estaban preparados para realizar una labor eficaz. Es evidente que algunas empresas, sobre todo en áreas concretas, el mundo de las finanzas, el entrenamiento a través de la red, llevan haciendo un trabajo de implantación desde hace años, lo que les ha permitido avanzar en este momento a un ritmo mayor, y seguramente han cubierto mejor sus objetivos. Pero sectores como la salud, la educación, la cultura, la alimentación, entre otros, necesitan impulsar de forma rápida la digitalización de sus actividades si no quieren encontrarse desfasados en los próximos años.

 Otra cuestión que merece una reflexión profunda estriba en analizar el papel de los ciudadanos en el devenir de la pandemia. Su colaboración está siendo fundamental para superar la catástrofe, si no se hubiera entendido que sin su participación no sería posible salir, los tiempos para superarla hubieran sido muy superiores y con consecuencias los estragos mucho más trágicos. Con ello se ha puesto de manifiesto la importancia de entender que los problemas cuando adquieren carácter global, como es el caso de la pandemia generada por el COVID-19, o del cambio climático, del que se lleva hablando décadas, o lo que fue en su momento la crisis económica producida por la quiebra de Lehman Brothers, afectan a cada una de las personas y es imprescindible la concienciación colectiva para superarlos.

 Ante esta concienciación de los grandes problemas a nivel planetario afecta a todos los ámbitos del conocimiento, es necesario que asumamos cada uno de nosotros muchos de los planteamientos que la ciencia está haciendo sobre diversos campos. Me centrare a partir de aquí en el suelo, que es lo que yo enseño en la universidad, y principal objetivo de esta bitácora.

 La erosión, la desertificación, la contaminación química, el cambio de uso, la perdida de materia orgánica, la permanente disminución de la biodiversidad, los cambios en los ciclos del carbono y el fosforo, en una palabra, la degradación del suelo, está alterando sus servicios ecosistémicos, tanto los que afectan a los sistemas biológicos y relacionados con el agua, como los vinculados con sus aspectos sociales y económicos. Estos hechos se llevan denunciando por parte de la comunidad científica desde hace años, y seguimos predicando en el desierto. Los suelos se siguen degradando, la perdida de superficie cultivable aumenta constantemente, lo que incide en los mercados económicos, en las hambrunas, en la migración, y esto se pone de manifiesto cada año con informes y planes estratégicos para evitarlo, que apenas se cumplen.

 Uno de los últimos intentos es la publicación de La Agenda 2030 que demanda el compromiso de los Estados para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Esta Agenda fue adoptada en 2015 por la Asamblea General de Naciones Unidas y aprobada por los 193 miembros entre los que se encuentra España. El objetivo 15 es el dedicado a “vida de ecosistemas terrestres” donde se advierte de l imperiosa necesidad de: Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

 En el apartado de DATOS, podemos leer: 2.600 millones de personas dependen directamente de la agricultura, pero el 52% de la tierra utilizada para la agricultura se ve moderada o severamente afectada por la degradación del suelo. La pérdida de tierras cultivables se estima entre el 30-35 veces la tasa histórica.

Debido a la sequía y la desertificación, se pierden 12 millones de hectáreas cada año (23 hectáreas por minuto). En un año, podrían haberse cultivado 20 millones de toneladas de grano. El 74% de los pobres están directamente afectados por la degradación de la tierra a nivel mundial.

 Pero la degradación del suelo no afecta solo a los sistemas productivos, que ya sería suficiente, sino que también  genera la destrucción de los ecosistemas terrestres y tiene una incidencia muy importante en la salud de las personas.

La llegada al suelo de productos químicos procedentes de las actividades antrópicas, ocasiona daños de los que en muchos casos no se conoce cuál es su verdadero alcance, propiciando de paso que nos hagamos preguntas que necesitan una urgente respuesta porque de ellas va a depender la salud de muchas personas:

  1. No conocemos las complejas interacciones que tienen lugar entre las especies químicas del suelo.
  2. No se conocen los nuevos xenobióticos que están apareciendo en el suelo producto de reacciones orgánicas.
  3. No se conoce como afecta el cambio climático a muchas especies de microorganismos del suelo.
  4. No se conoce como afecta a los microorganismos la llegada de medicamentos (contaminantes emergentes).

Son muchos los planteamientos y muchas las incógnitas que surgen cuando hablamos del sistema suelo, pero hoy día, en nuestro planeta la especie humana no pude sobrevivir sin los suelos. La inversión en equipos multidisciplinares, desde la ingeniería a la sociología, pasando por ciencias de la salud, es necesaria si queremos tener respuestas que realmente sirvan a los problemas de la población. En las aulas, cuando explicamos Edafología, deberemos hacerlo desde el concepto de integración, como lo define María Moliner en su diccionario de uso del español, “integrar es hacer un todo o conjunto con partes diversas”, si queremos que nuestros estudiantes entiendan lo que significa “funciones ecosistémicas del suelo”. Y la población debe entender que no podemos aportar soluciones reales y duraderas si no comprende que el suelo es mucho más que el soporte que nos sostiene.

 Quiero concluir diciendo que deberíamos extraer conclusiones positivas de esta pandemia, la catástrofe está siendo tan grande en todos los campos, sobre todo en el número de víctimas, que necesitamos confiar en que no volverá a suceder, y para ello debe ser el conocimiento y la investigación, quien aporte esa confianza, porque es lo único que nos puede salvar. Concluyo con una cita del físico Richard Fyenman, que recoge Olle Häggström, en su libroAquí hay dragones. Ciencia, tecnología y futuro de la humanidad”, que por cierto me recomendó Juanjo, transcribe: “La ciencia es lo que hemos aprendido sobre cómo evitar engañarnos a nosotros mismos

 Comentario del bloguero que espera/teme Antonio: Veamos Antonio López Lafuente. Cuando comenzamos la andadura en esta bitácora entramos a participar cuatro colegas como blogueros responsables. Poco a poco fueron siendo abducidos los restantes, dejando de participar por los motivos más variados y comprensibles.  Uno de ellos resulta ser mi entrañable amigo Antonio, que además de gran investigación y docente, ha resultado ser un magnifico gestor, ocupando cargos de garn relevancia en España. Antonio, no tienes porqué pedir permiso para nada. Esta es tu casa. Siempre serás bienvenido. Obviamente estos asertos no causan ningún temor. Empero y  si digo con más asiduidad por favor….. Ahí … ¿Antonio dónde estás?…. ¿Antonio dónde estás?…. Me temo que salió corriendo. ¡en fin!…… Mi ”gozo en un pozo 

 

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