‘Curso Básico Sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia’

Cambio Climático: Los Cambios de Paradigma que Demanda la ONU

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Fuente: Imágenes Google

 El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) sacó a la luz, aproximadamente hace un año, un informe pocos días antes de que yo redactara este post (Octubre de 2018). Y según este documento, el calentamiento climático a escala global, sigue su imparable progreso que resulta ser aun peor de lo previsto con anterioridad por los miembros del IPCC. Tras numerosas cumbres de esta índole y de las firmas de tratados, convenios y convenciones por casi todos los gobiernos del mundo, resulta que 2017 fue el peor año en lo que respecta a la quema de combustibles fósiles y emisiones de CO2. Es decir, que tales reuniones y firmas, mil veces publicitadas  no sirven para absolutamente nada. ¡Nada de nada!. Ya os hemos advertido numerosas veces, acerca de la vacuidad de este timo de mega-eventos publicitarios/panfletarios. Periódicamente nos alertan de las grandes catástrofes que se avecinan si la “aldea global” no gira bruscamente de comportamiento. Seguidamente, acusan a los gobiernos de inacción ante tanta calamidad, luego afloran las más disparatadas “ocurrencias”, ya que no se puede hablar de “ideas”, con vistas a paliar tamaños desmanes. Por su parte, los científicos de diversas disciplinas publican alocadas y poco meditadas ideas, bajo las perspectivas de sus constreñidos ámbitos del conocimiento, es decir esas en los que los árboles no dejan ver el bosque. Empero la ONU y sus instituciones e iniciativas, como el IPCC, no dejan de ser un aglomerado arbitrario de representantes de los mentados Estados, esos mismos que airean sus bravatas e incoherencias. Por lo tanto la ONU no es un ente soberano, ni lo será, mientras tan solo haga falta un gobierno  como para que “ Poder de veto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas paralice una decisión de transcendental importancia en muchos temas de gran calado. Antaño los gobiernos tenían un “cierto” nivel de soberanía. ¿Es hoy así?. ¡Pues va ser que no!. En año despues (noviembre de 2019), aproximándose las fechas de otro mega-evento, ni EE.UU., ni China, ni Rusia, están por la labor de cambiar sus politicas, depredadoras y contaminantes. No pasa nada, firmaran o no firmarán nunca cumplen lo firmado, ¿verdad?.  

 ¿Quién dirige los destinos de la “Aldea Global”?. La economía neoliberal. Y aquellos acuerdos de libre comercio que dieron lugar a la actual dictadura financiera que padecemos, han demostrado su potencial con vistas a enredar la madeja hasta límites inimaginables. Una empresa aloja su sede en un determinado lugar, produce sus componentes en los países cuya masa laboral y materias primas permiten obtener parte de sus productos a precios competitivos, aunque generalmente en contra del medio ambiente y la salud laboral de los trabajadores y de la población en general. A la postre, vende sus mercancías en otros lares, avaden pagar impuestos mediante todo tipo de triquiñuelas (paraísos fiscales de otros Estados, por ejemplo), etc. Del mismo modo, dado el poder y volumen de negocio de las multinacionales, su presión a los gobiernos se traduce en que estos no puedan llevar a cabo las políticas que prometieron a su electorado, etc.: “podríamos seguir ad nausean”. Es evidente que la microeconomía y la macroeconomía no van de la mano, y menos aún si sacamos a colación la economía familiar. Esta última, a fin de cuentas, es menospreciada por la gobernanza mundial. Empero como son los grandes emporios económicos los que manejan una buena parte del PIB mundial, serán sus grandes accionistas los que muevan las cuerdas entre bambalinas.  ¿Y quién  son estos últimos?. Los mismos que ostenten el poder, de uno u otro modo, en esta larga cadena de sombras que abduce nuestros destinos. Más aún, si alguien (algún país) se desmadra e intenta hacer frente a tal dictadura, surgirán el “Banco Mundial” así como elFondo Monetario Internacional para infringirles un severo correctivo disciplinario. Estas instituciones, son las garantes de la salud de esa economía global, para reconducir a los descarriados por el único camino posible que permita la ideología económica neoliberal. Pues bien, tras el último informe del IPCC (octubre de 2018), vuelve una nueva  andanada de desesperadas manifestaciones que claman que nos encontramos al borde del precipicio. Y parece ser cierto, aunque de la estructura y dinámica del comportamiento del sistema climático aun conozcamos muy poco, por mucha importancia que se le otorgue a las conclusiones de tal Panel de Expertos.

2018 y 2019, lamentablemente, ha sido muy prolijos en desastres naturales,  y en consecuencia buena parte de tales tragedias tienden a ser asumidas como resultado del calentamiento de la atmósfera, aunque diversos expertos también reconozcan que, en muchos casos, tal vinculación no deja de ser más que una mera “sospecha”, una “posibilidad”. Sin embargo, todo debe parecer que cambia para que todo siga igual”. Llevamos ya decenios en los que la inmensa mayoría de las “partes firmantes”  de esos acuerdos, convenios y convenciones, son los primeros en incumplirlas

 Abajo os dejo tres notas de prensa, dos de ellas traducidas al español-castellano, en las que diversos agentes implicados reclaman un cambio de paradigma en lo que respecta al medio ambiente y la economía global. Sin embargo: ¿a quién representan y que conocimientos atesoran?. ¿Se lo imaginan? Más aun, son soluciones, timoratas cuando no maquiavélicas, por lo que no tienen desperdicio. Veamos el siguiente pasaje que podéis leer también más abajo (i) Un escenario de “pagar en el futuro” para compensar los estilos de vida actuales de alto consumo y persistir en el  uso continuado de combustibles fósiles, supondría sobrepasar muy pronto la línea roja del elevamiento en 1.5 Cº del calentamiento de la atmósfera; (ii) No superar tal límite dependerá en gran medida del uso de biocombustibles de primera generación. Sin embargo, tal opción requeriría sembrar un área dos veces superior a la superficie de la India con los  cultivos destinados a obtener los susodichos biocombustibles, lo que suponen que equivaldría unos 1,200 billones de toneladas de CO2 (30 años de emisiones a las tasas actuales) y/o secuestrarlo de manera segura bajo tierra; (iii) “¿Es justo que la próxima generación pague para eliminar el CO2 de la atmósfera que ahora estamos introduciendo?” (iv). “Tenemos que empezar a mantener ese debate”.

 Veamos, todos creen injusto lo declarado en el ítem (i), empero si seguimos con la misma cantinela narradas en (iii) y (iv) constata que  nada hemos avanzado en treinta o más años. Se trata de un “clásico” repetido ad nauseam que no da lugar a ningún debate que supere tanta palabrería. “Obras son amores, que no buenas razones”, pero brillan por su ausencia. Sin embargo fijémonos  en lo manifestado en (ii). Si aún no ha quedado palmariamente aclarado que una economía basada en los combustibles de primera generación tan solo puede dar lugar a poner en riesgo la soberanía alimentaria de miles de millones de personas, degradar aún más el medio ambiente (contaminación, pérdida de biodiversidad, etc.), empeorar la salud pública de la ciudadanía global, etc., etc., parece reafirmar que nuestros líderes están descerebrados. En nuestro post “Cambio Climático, Degradación Ambiental, Demografía y Envejecimiento” ya os mostramos nuestra opinión.

 En realidad tan solo hace falta atajar un único problema, que no deja de ser ni más ni menos, que el modelo socioeconómico que vivimos. El cambio climático no es ninguna enfermedad, sino uno más de la plétora de síntomas a la que nos ha conducido una sociedad enferma y enfermiza, caótica o comandada por los poderes ya aludidos a los que este Planeta no les importa nada que no sea el dinero y el poder para ellos, no para todos, como sobradamente sabéis. Y no lo duden, primero vendrá el desastre, y a la postre, sobre las ruinas y cenizas de esta civilización suicida y ecocida renacerá otra  que….. “ya veremos cuanto tiempo tarda en incurrir en los mismos o parecidos errores”. Al fin y al cabo, se trata del ciclo tradicional de la emergencia y declive de civilizaciones e imperios, como la historia avala. Tampoco les quepa la menor duda de que hasta alcanzar ese vital “punto de no retorno”, seguiremos escuchando a los mismos alegar “más de lo mismo”. Nuestra culpa como ciudadanos es seguir tragándonos tanta demagogia tendenciosa y fraudulenta. Durante ese camino, que llegará en un futuro no muy lejano, ya que la cordura de la gobernanza mundial brilla por su ausencia, seguiremos padeciendo la Ley de san Mateo, pero a ritmo acelerado.

Les dejo abajo las noticias. Y ¡Qué Dios Reparte Suerte!.

Juan José Ibáñez

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Científicos: Las generaciones malditas (Ciencias del Suelo y Muchas Más)

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Generaciones malditas Fuente: Juan José Ibáñez

No hay mayor satisfacción que dedicarse vocacionalmente a la ciencia, ni peor castigo de lograrlo en un aguda crisis de credibilidad. Hablamos de las generaciones malditas

Hoy dejaremos de hablar de LA actualidad, pseudo-actualidades y falsas actualidades para comentaros algunas reflexiones personales, tras 41 años de trabajar como profesional (incluyendo periodos de becario). Me permitiré ese lujo. Y quizás, desde el punto de vista de la sociología de la ciencia aportemos un granito de arena, por cuanto jamás he leído nada parecido y son décadas de lecturas. Por supuesto, muchos colegas edafólogos ya entrados en años, pero también de otras variopintas disciplinas, con toda seguridad han recapacitado acerca de este asunto, por ser igualmente afectados.  Pero ¿qué es una generación maldita?.

Sin intentar sentar cátedra alguna, acuño el término en referencia a los investigadores que habiéndose de jóvenes inclinado vocacionalmente por dedicarse al estudio de una disciplina, esta cae en descredito, o simplemente comienza a ser ignorada por nuestros gestores, investigadores de otras mmaterias y la propia sociedad. Es decir, la rama de la ciencia afectada deja de ser considerada como integrante de las principales prioridades (“mainstream”) a las que “dicen” que debemos dedicarnos en un momento dado de la historia. Y como corolario, apenas se ofertan proyectos de investigación, becas, y por supuesto, los inocentes afectados serán soslayados de cualquier tipo de promoción científica. El gran pecado de estos profesionales reside en haber tenido el atrevimiento, descaro o inocencia de apasionarse por un tema que no interesa en un periodo concreto de la historia de la ciencia. Resumiendo, sin comerlo ni beberlo, eres considerado un paria que “pierde el tiempo” dedicándose a temas intrascendentes. Suele ocurrir que a la larga, tal crisis disciplinaria transmute en prestigio incondicional, pero para muchos de esos  pobres desgraciados resulta ser demasiado tarde. ¡Ya son viejitos!.

Este post, aunque basado en mi experiencia personal como edafólogo, es igualmente aplicable a científicos de otras muchas disciplinas. Fitosociólogos, geomorfólogos, taxónomos, etc. etc. sufren el mismo ostracismo y desconsideración por parte de otros investigadores.

Personalmente, soy de los pocos colegas que conozco que se interesó por la morfología, génesis y clasificación de suelos en el primer curso de la carrera universitaria, tanto cuando comencé a cursar CC. Geológicas como cuando finalmente acabé en la de CC. Biológicas. ¡Qué tipo tan raro!. En 1978 ingrese en mi centro de investigación de toda la vida, y al que aún me siento ligado sentimentalmente, como el integrante de un matrimonio muy bien avenido al que se le muere la pareja. Fíjense si la fecha era antigua que por aquel entonces se denominaba “Instituto de Edafología y Biología Vegetal”. Pues bien, cuando me incorporé algún año después al equipo de mi Director de Tesis (Francisco Monturiol), que trabajaba sobre morfología, génesis, clasificación y cartografía de suelos, pululaban varios investigadores senior y un abundante personal técnico. Empero llego la gran crisis edafológica a nivel internacional. A día de hoy tan solo permanezco yo investigando esos temas y me queda aproximadamente un año para alcanzar la edad mínima de jubilación. Pero las cosas han ido cambiando “un poco” desde 2014. Demasiado tarde para hacer carrera. ¡La suerte está echada!. Como científico cometí ese pecado original (ser vocacional), y he pagado las consecuencias. ¿Me arrepiento?. Pues va a ser que no, ya que he indagado sobre el tema que escogí, el que me gustaba, y sabía las consecuencias. Los más vocacionales seguimos trabajando como guerrilleros o partisanos, otros prefirieron cambiar de línea de investigación con vistas a promocionar sus carreras, obtener proyectos y becarios. ¡Ni una sola plaza ha ofertado mi institución que incumbe a miles de investigadores de las más variadas tareas científicas, desde que yo obtuve la mía en 1986.  Podemos pues hablar de la gran extinción. Cuando mis autoridades decidieron que me incorporara al Museo Nacional de Ciencias Naturales, yo me preguntaba ¿A dónde?: ¿Un despacho para pasar los últimos años sentado y calladito, o una vitrina de exposición en el Museo, con una etiqueta que señalara mi verdadero status “el último edafólogo del CSIC”. Obviamente, en temas más aplicados, como por ejemplo, la contaminación y erosión de suelos, a sus expertos no se les infligió tal severo castigo.  Eso sí, el denominado cambio climático, les terminó relegando una década después a posiciones menos honrosas de los rankings de moda, si bien se escudan en relacionar sí o sí (venga a cuento o no) la desertización con el cambio climático. En cualquier caso, reitero que, al menos en Europa, la catarsis fue general. En las Universidades al menos, la docencia, permitió que algunos de sus profesores persistieran en esos temas concretos, aunque bajo las mismas condiciones de miseria y desprecio, compaginándolos pues con otros asuntos más sexy.

Cuando en septiembre de 2005 comencé la andadura en esta bitácora, ya entre los primeros post editados podían leerse títulos como los siguientes: (i) ¿Se Extingue la Edafología? (1: Introducción); (ii) ¿Se Extingue la Edafología?. 2. Sobre la Falta de Cultura de los Investigadores Experimentales; (iii) ¿Se Extingue la Edafología?: 3. El Significado de Reduccionismo Epistemológico; (iv) El Día de Todos los Santos o las Últimas Actividades de los Edafólogos. Más aún, creé una categoría para almacenar todos los post dedicados al tema y que lleva el título de: “la Crisis de la Edafología”. Así pues este blog nació con plena crisis, creció con la crisis y seguramente se extinguirá con renacimiento de la edafología en sentido estricto (no me refiero a las ciencias del suelo en general). ¡Porca miseria!

Posiblemente la mayoría de los jóvenes universitarios eligen sus carreras en función de la publicidad que emiten los medios de comunicación de masas, y que no deja de ser orquestada por los políticos, las necesidades económicas del momento, y los científicos famosos de ciencias sexy, desconociendo la inmensa mayoría hasta en el significado del vocablo edafología. Empero devino la pandemia degradación ambiental y el cambio climático volteó todo.

El análisis del sistema climático, por pura necesidad, se tradujo  en la obligación de conocer las emisiones de gases de invernadero, el secuestro de carbono por los suelos, etc., así como influyen en tales procesos los componentes bióticos y abióticos del ecosistema edáfico. Al mismo tiempo la mega-contaminación planetaria que sufrimos causada esencialmente por los agroquímicos, ha envenenado suelos y aguas, puesto en riesgo la soberanía alimentaria y causado una traumática pérdida de biodiversidad. Y así los suelos subieron paulatinamente en el ranking de interés de las agencias gubernamentales. Demostrado pues el fracaso en el manejo de suelos llevado a cabo por la agricultura industrial, la FAO, ONU; EU, etc., retornaron su vista hacia modos de producción más ecológicos y sustentables que demandan una gestión de loe recursos edáficos muy cuidadosa.  Y así surgieron el Año Internacional de los Suelos, el Día Mundial de los Suelos y otras macabras celebraciones.

Sin embargo parte de nuestros acervo edafológico se ha perdido, al menos por el momento aunque quizás para siempre, como mostramos en los post: (i) El Olvido de la Ciencia: El Efecto Internet; (ii) Ciencia Olvidada: “El Efecto Internet”; (iii) Los Colonialismos y el Olvido de la Ciencia: El Efecto de la Lengua del Imperio; (iv) Prostituyendo la Historia de la Ciencia (Ciencia Amnésica e Imperio Anglosajón) etc. Por un lado, con tanto modelos, algoritmos, simulaciones, IA, etc., actualmente los jóvenes se encuentran mejor formados que nosotros ante un PC. Sin embargo en el estudio de campo de los suelos, su génesis, clasificación etc.,  su adiestramiento en numerosos países es más que precario, doloso. Por supuesto siempre acaecen excepciones. Otros detalles relacionados podéis leerlos en los post aludidos.

Cuando vuelvo la vista atrás, recuerdo tanta precariedad y desdén que solo podía gritar desde mi interior: ¡que he hecho yo para merecer esto!. Obviamente muchos colegas clamaron en balde expresiones parecidas, “pública y privadamente”. Resistí, adquirí cierto reconocimiento internacional, ¡cierto!, empero, ¿hasta dónde podríamos haber llegado tanto yo como otros muchos edafólogos, si la ceguera social y política no hubiera campado a sus anchas?. Las modas son un cáncer en la ciencia, pero marcan las agendas en materia de política científica (ver por ejemplo post como estos: Las Modas en Ciencia y el Sufrimiento de los Científicos Creativos; ¿Hacer Buena Ciencia o Publicar?: Entre la Espada y la Pared)

Puede entenderse que en un momento determinado, las urgencias sociales, que no comerciales, determinen los planes de investigación de países e instituciones. Resulta inexplicable que por tal motivo, se ignore que debemos seguir conociendo el mundo que nos rodea desde todas las perspectivas. Lo que hoy se antoja irrelevante, mañana puede ser determinante. Este es el caso de la edafología a partir de 2015, pero también lo es y lo será de otras, como, por citar tan solo un par de ejemplos, las antiguas escuelas de ecología de los paisajes culturales no anglosajonas, o la agroecología paisajística que tanto necesitaríamos ¡ya!.

Mi tristeza no reside tanto en lo que podía haber logrado alcanzar yo personalmente, sino, sino en vista de todo el conocimiento sepultado o perdido, el cual es evidente cuando uno repasa la literatura científica reciente y detecta sin cesar “viejo vino en nuevas botellas, o los re-descubrimientos incesantes de la dinamita. Actualmente se publican en revistas de gran prestigio estudios sobre suelos llevados a cabo por analfabetos que, si se les pone delante de un perfil y le dices que saquen una foto, en el mejor de los casos se hacen un selfy.

Juan José Ibáñez

De la Filosofía de la Ciencia a la Filosofía de la Tecnociencia (Nuevo Curso Básico y Sus Razones)

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Los Paisajes y Suelos de Latinoamérica. Debemos redescubrir la Historia (¿Y parte de la Ciencia?)

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Fuente: Colaje Google Imágenes

En un pasado remoto, hace ya tanto tiempo (….) la enorme masa de Tierra que hoy llamamos Latinoamérica era un paisaje prístino, fuera cual fuera su aspecto. Luego llegaron los seres humanos ¿cazadores recolectores?: ¡Posiblemente!. Empero hará más (o mucho más) de 6.000 años, la agricultura comenzó a expandirse “de algún modo”, hasta ocupar vastas extensiones o incluso la mayor parte del territorio. Aquella floreciente Latinoamérica atesoraba una enorme variedad de cultivos y manejos de suelos que, como mínimo, rivalizaron en su tiempo con los de otros continentes. Sin embargo, algo sucedió, o se enfrentaron a demasiados retos “fueran cuales fueran”. Súbitamente, en términos históricos, fueron desapareciendo culturas avanzadas e imperios. La vegetación natural volvió a expandirse sobre los antiguos paisajes agrarios hasta cubrirlos de selvas pluviales frondosas, u otro tipo de ecosistemas, según las características locales de un clima que también fue alterándose.  

Los pueblos y culturas, ¡a saber cuántas!, se unían por complejos entramados viales de caminos en los que transitaban mercancías, se intercambiaban bienes (agrícolas y al algunos animales, por no hablar de ganadería sensu estricto, ya que aún no lo sabemos) y conocimientos. Empero como seres humanos aquellos pueblos también guerreaban, naciendo y decayendo imperios, como en cualquier otro continente. En ecología y etnoagricultura siempre terminan achacando la culpa de la decadencia de los incas, mayas, etc., a la deficiente gestión de sus tierras. Empero conflictos bélicos y epidemias también pudieran ser la causa (….) ¿si la Duquesa Roja tuviera razón?. ¡A saber!.

Cuando llegaron los europeos y comenzaron a escribir sus crónicas, se nos quedó grabada la imagen de que la mayor parte de aquellos paisajes eran prístinos, y/o penas afectados por la acción humana. Y, así,  tal mito se incrustó en nuestros memes, como el narrado por Plinio el Viejo y Estrabón en la Península Ibérica que finalmente se descubrio ue era incierto.  Los científicos partieron de aquella falsa premisa durante décadas y décadas, por lo que los resultados de muchos estudios dieron lugar a conclusiones falsas o banales, ya fuera en historia, ecología, edafología, agricultura etc.

Posiblemente el mayor problema estribe en que conforme se realiza un imaginario viaje por aquellas maravillosas tierras, las fechas atribuidas a los enclaves en los que aparecen y desaparecen tales paisajes agrarios y culturas no coinciden con precisión. Quizás falten asentamientos y restos por descubrir para obtener una visión más nítida, que tan solo emerge ahora entre la neblina del desconocimiento, o como también se dice es “la punta del iceberg”. Quizás las técnicas actuales de datación aún no sean lo suficientemente fiables, pero también pudiera ocurrir que  la Duquesa Roja, tuviera razón (al menos en parte) aunque nadie de la academia ha deseado escucharla. Como veremos luego, Luisa Isabel Álvarez defendía:” Es que ha habido una confusión histórica. Había viajes a América desde los fenicios: los relatos que tomamos por viajes a África ¡eran, en realidad, viajes a América!”.

Los suelos prístinos de Latinoamérica, probablemente no existan ya, o tan solo permanezcan reductos en los hábitats más hostiles y recónditos lugares, siendo por tanto, poco representativos de los que les precedieron en aquella gran masa de Tierra. La cobertura de suelos fue transformada por la agricultura dando lugar a lo que hoy denominamos Antrosoles, Tecnosoles, etc. Estos suelos modificados por el hombre de las más ingeniosas maneras, atesoraban tantas propiedades inducidas que hoy sería imposible clasificarlos en los dos mentados grupos de suelos. Tampoco valen pues aquí los suelos prístinos como referentes del mundo natural antes del advenimiento del impacto humano.

Cuando intentamos buscar referentes prístinos de suelos y vegetación con vistas a observar como los hombres los hemos ido modificando, resulta que, posiblemente, no existan  sensu stricto. Desde hace pocos años tal descubrimiento (porque este sí lo es), ha comenzado a aflorar en la literatura científica. Sin embargo una gran parte de mis colegas aun insisten  “erre que erre” en no hablar de ello. Un bobo llamado Juan José Ibáñez que, para nada es experto en el tema” se interesó por lo que iba cayendo es sus manos, escribiendo numerosos post en su espeluznante bitácora acerca de la etnoedafología y etnoedafología latinoamericana “Un Universo Invisible bajo Nuestros Pies”, almacenándolos en la categoría que denominó “Etnoedafología y Conocimiento Campesino”.

Pues bien, en esta nueva entrega de la saga, os proporcionamos varias noticias, nuevas, y más o menos recientes (hasta octubre de 2018). Algunas han sido escritas en Español-castellano mientras otras en Suajili, ya que según Luisa Isabel Álvarez, a América se la denominaba África, como veremos posteriormente. Puedo entender a Luisa Isabel Álvarez, ¡grande de España!, y “roja de corazón”, cuando se lamentaba debido a que sus estudios e ingentes archivos históricos no eran considerados por los historiadores y otros eruditos, al no ser ella una experta académica con acreditación. Desconozco si lleva razón o no. Sin embargo su impresionante legado merece la pena ser examinado y estudiado con vistas a separar el grano y la paja. Quizás allí se encuentren esperando testimonios que arrojen mucha más luz sobre el tema. ¿Caballeros Templarios en la Patagonia?. ¿Tartessos, la primera civilización occidental en alcanzar América? Quizás, ¡A saber!. Aunque de ser cierto las asincronías temporales que mentamos con anterioridad pudieran así ser  explicables.

Os dejo con todo este abundante material nuevo.

Juan José Ibáñez

Continúa……..

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Sobre la Tecnociencia, la Filosofía del Conocimiento, el Constructivismo y La Teoría Actor-red

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Fuente: Colaje Google Imágenes

¿Qué es la verdad Científica? Ya os he expuesto en varias ocasiones nuestra postura, que a la postre fue previamente avalada antaño por las últimas escuelas de la filosofía de la ciencia (como vimos en nuestro Curso Básico sobre Filosofía y Sociología de la Ciencia, y más concretamente en varios post como este: La Verdad Científica Como Consenso) Si hay una verdad absoluta ahí fuera, se encuentra más allá de nuestro alcance. Eso sí, la ciencia intenta hacer retroceder, paso a paso, el muro de nuestra incalculable ignorancia. Empero muchos científicos profesan un amor incondicional a su objeto de estudio y no terminan de reconocerlo. ¡El amor es ciego! e ¡ignorante!, dicho sea de paso. A menudo, casi textualmente, he sido criticado en varias ocasiones por “ensañarme mucho con la ciencia, demasiado! ¡Se trata de una percepción rotundamente falsa! A título personal  tengo pasión por ella, lo que ocurre es que una cuestión es el interés/ pasión, y otra muy distinta pensar que “ella es perfecta”, como defienden muchos profesionales dedicados a la Filosofía del Conocimiento. Se trata de una escuela a la que denominamos constructivismo, muy importante desde hace tiempo y que sigue ganando adeptos, más aun desde que las ciencias cognitivas comenzarán a dinamitar desde el propio seno de la indagación científica cualquier atisbo de objetividad pura, tanto en nuestras mentes como en los productos que se derivan de ella. Nos estamos refiriendo pues a un constructo social. Abajo os dejo unos párrafos preliminares, extraídos de Wikipedia, acerca de estas ramas del saber. Fijaros que cuando os reproduzco unos escasos fragmentos del texto que expone la enciclopedia libre sobre filosofía del conociendo, lo hago desde su capítulo dedicado a la de la ciencia, para que no alberguéis la menor duda. 

Ruego al lector que se fije en el siguiente hecho: La tecnociencia incorpora parte de las humanidades y en especial las ciencias sociales al núcleo duro de su programa científico de Investigación, desde la perspectiva lakatosiana, sobre la que ya abundamos con varios post en nuestro “Curso Básico de Filosofía de la ciencia”. Se me antoja paradójico que un hecho deseable, lograra por fin entrar en el seno de las discusiones acerca de  la ciencia, usando un vehículo que considero intelectualmente muy obsceno como lo es la propia tecnociencia. Más aun, dado que esta última y los estudios sociales de la ciencia, al contrario que en la filosofía clásica sobre el tema, cambian de dirección al analizar cómo trabaja la ciencia, dejando en un segundo lugar su esencia de la indagación científica (como lo es por antonomasia el método científico en su mismo), la propia filosofía se “socializa” y “desacraliza” bajando también de su pedestal

Será a partir de ahora la praxis y los intereses que la condicionan los que aglutinarán los estudios acerca de que es la ciencia.  Y así el progreso de la ciencia no se cargará a “hombros de gigantes intelectuales”, sino que debatiremos acerca del poder, la avaricia, la codicia, la vanidad y otras cualidades lamentablemente muy humanas

Y estas líneas vienen a colación debido a la propia definición de Tecnociencia, ya que esta diluye lo natural de lo social, lo objetivo de lo subjetivo, etc. Extraje el siguiente fragmento de texto, que ya os comenté y sobre el que sigo abundando abajo, de un artículo, firmado por tres expertos, y entre ellos Xavier Echeverría: Todas las dicotomías (naturaleza/sociedad, sujeto/objeto, humano/no humano) son puestas en tela de juicio en un intento de superación de la ideología de la modernidad (…). Soslayando toda esa desiderata de modernidad, posmodernidad, etc., lo cierto es que las aludidas dicotomías son a menudo las peores de todas ellas, por lo menos cuando abordamos temas científicos:las antonimias”. En este sentido os recomiendo que leáis una interesante obra del pensador francés  de Jean-Marc Lévy-Leblond de la que hablamos en nuestro post: “El Discurso Científico, los Conceptos Contrarios”. Y reitero por enésima vez, no podemos seguir pensando que es posible asirse a alguna verdad absoluta.  Debemos aprender a vivir con la incertidumbre de nuestros progresos, científicos o culturales en general, siempre mejorables (Los Conceptos Científicos y sus Limitaciones: Vivir en la Incertidumbre).  Y si la ciencia es un constructo social, la antaño considerada nítida frontera entre la  filosofía y la sociología, se diluye paulatinamente. De aquí que la Tecnociencia, incluso para aquellos que tienen fe ciega en la misma (que son los poderes fácticos que la sustentan) suelen aceptar tal constructivismo sin más miramientos y reparos, y menos aún ascos en sus discursos.

Y quizás sea este uno de los aspectos de la Tecnociencia que menos dañino se me antoja. Me refiero al reconocimiento  del interés de romper esa invisible pero pertinaz frontera que separa las humanidades de las ciencias. Ya en 1959 C. P. Snow habló del daño generado por tal línea roja, tanto a los estudios transdisciplinares como al conocimiento humano en general. Necesitamos la convergencia de las dos culturas, pero no en la dirección que apuntan los ayatolas de la tecnociencia. 

Por otro lado, y como veréis en los fragmentos de texto que os expongo abajo, las Tesis sobre las que Echeverría se basó para el desarrollo de su propuesta de tecnociencia,  en primera instancia, no parecerían encajar adecuadamente con las que usaron Latour y callón a la hora de exponer la denominada Teoría Actor-Red. Sin embargo a la postre este notable filósofo, junto a González y Casanova (2004), intentaron, más que conciliarlas, demostrar que juntas estimulan mutuamente su potencialidad heurística. Y es por esta razón por lo que hemos preferido escoger este artículo a otros de igual calidad. 

Así pues, en este post intentamos relacionar la Tecnociencia, con la Filosofía del Conocimiento y la denominada Etnometodología.

Juan José Ibáñez

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El avance imparable de la agricultura ecológica en detrimento de la Industrial: ¿Intensificación sustentable?.

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¿“Intensificación Sustentable”?. En los últimos cuatro años ha comenzado a renacer el interés por todo aquello que hemos divulgado en este blog desde 2005, con cientos de post dedicados al tema. La FAO, la Unión Europea y otros organismos internacionales, finalmente “parece que han entrado en razón. “La agricultura industrial es, a todas luces insustentable”.  Esta última daña la salud humana, la soberanía alimentaria y, por supuesto, se encuentra devastando la biosfera.  Empero albergo dudas de si se trate de una moda, o que en realidad ¿por fin? se han abierto los ojos contra los devastadores estragos de la agricultura industrial y la tiranía de los gigantescos lobbies de la agroindustria. A veces pienso que el ser humano es tonto por naturaleza, mientras que también abundan los científicos oportunistas, con una cara más dura que el cemento. Ya he comentado que, en este mundo dominado por el márquetin  e Internet, los palabros atesoran un poder irreprimible.  En aras de retornar a la racionalidad perdida, ahora se habla  de ¿“Intensificación Sustentable”?, que no deja de ser lo que muchos ciudadanos concienciados por su salud, la soberanía alimentaria y el medio ambiente vienen defendiendo desde hace varias décadas.  Al parecer fue Jules Pretty (como veréis en la primera nota de prensa), la primera investigadora que utilizó  el ambiguo y confundente palabro desustainable intensification“. Ahora se vanaglorian de su gran sabiduría. Comienzo a pensar que, con vistas a labrarse una afamada trayectoria investigadora, resulta más útil ser ocurrente que talentoso. Y por ello, retornamos al tema de las modas y la fuerza de ciertos vocablos. Tanto nuestras autoridades, como la comunidad científica, deben dirigirse hacia la concienciación de lo que es bueno para todos, en lugar de dar renda suelta a las jocosas, y a veces perversas  palabras, que no dejan de ser vino rancio en nuevas botellas.

Hoy ofreceremos dos noticias, la primera  que versa sobre la   ¿“Intensificación Sustentable”? (traducida al castellano) y otra más insustancial aparecida en español-castellano que, en el fondo, vienen a decir lo mismo: seguir el camino de la agricultura ecológica y un genuino desarrollo sostenible sobre los pilares del sentido común. Me vuelve a llamar la atención, de que ahora, como en la primera nota de prensa se nos informe de que “Casi un tercio de las granjas del mundo han adoptado prácticas más respetuosas con el medio ambiente sin dejar de ser productivas (…). Los investigadores analizaron granjas que usan alguna forma de “intensificación sostenible”, un término que da cuenta de diversas prácticas, incluida la agricultura orgánica, que usan tierra, agua, biodiversidad, trabajo, conocimiento y emisión de gases de Invernadero” (….) casi una décima parte de las tierras agrícolas del mundo se encuentra bajo alguna forma de intensificación sostenible, a menudo con resultados espectaculares. Han visto que las nuevas prácticas pueden mejorar la productividad, la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas al tiempo que reducen los costos de los agricultores. Por ejemplo, documentan cómo los agricultores de África occidental han aumentado los rendimientos de maíz y yuca; unos 100.000 agricultores en Cuba aumentaron su productividad en un 150 por ciento y redujeron el uso de pesticidas en un 85 por ciento

De lo que se habla en la primera nota de prensa, en gran parte, es que deben haberse contabilizado o añadido las actividades de aquellos pueblos que nunca abandonaron sus tradicionales y sustentables sistemas productivos. Tan solo comenzamos en las sociedades modernas a sumar hectáreas, perdidas por el camino de lo que denominaron progreso, en detrimento de la devoradora agricultura y ganadería industriales.  Comer ecológico era la norma hace unos 50 años.

Cuando uno lee estas noticias, tiene la impresión de que ha surgido un vertiginoso movimiento que se propaga a la velocidad de la luz, cuando en realidad  la FAO, y otras instituciones rogaban por retornar al sentido común, en contra de la propaganda maliciosa de los lobbies de la agroindustria y de unos dirigentes que basaban su sentido de la prosperidad en el dicho de “mala comida para hoy en base al hambre y pobreza del mañana”. Se trata de una percepción completamente falsa. “Roma no se construyó en un día”. Hacen falta decenios, comenzando con ímpetu desde hoy mismo, con vistas a que tal retorno a la racionalidad ecológica y la sensatez se propaguen por todo el planeta.   Defender lo contrario es e necios.

Por lo tanto la buena noticia (la gran buena nueva) sería que retrocediéramos en el camino andado, mejorando su piso con las nuevas tecnologías y conocimientos, ante tanta insensatez humana; si esa que nos lleva al precipicio social y al gran desastre ecológico.

Permítanme que les narre algún episodio de lo que recuerdo de mi España allá por la década de 1960, en un país de economía modesta y doblegada por un dictador fascista. “Hijo(a) retorna las botellas de leche, vino y cerveza a las tiendas y compra (….)”. Casi todo era reciclable, mientras que el plástico un capricho de los ricos. Se compraba en tiendas de los barrios, llevando nuestras bolsas propias de tela. Los comerciantes nos ofrecían sus productos en papel de estraza o de periódico leídos, y así un largo etc.   

En las décadas de 1960/70 arribaron como la quinta esencia de la posmodernidad, los envases no retornables, es decir los que contaminan y apilamos a la postre en ingentes cantidades, que dañan el medio ambiente y afectan a la salud. Poco a poco, aquellos comercios de barrio desaparecieron y fueron reemplazados por las denominadas “grandes superficies”, es decir supermercados, hipermercados,  etc., que por “jugar con ventaja” (se adquiría a precios más baratos a los fabricantes, haciendo uso de varias artimañas, algunas legales y otras no tanto –puedo dar fe de ello-) terminaron por arrasar aquellos comercios y mercados, y como corolario también las comunidades de consumidores de barrio fueron perdiendo sus relaciones vecinales y cohesión social. 

Seguidamente, en la década de 1980, al incorporarse ambos cabezas de familia al mercado laboral, se ganó en bienestar, a cosa de hacer muchas de las compras, semanalmente, en esas grandes superficies, para lo cual hacía falta cargar todo en los automóviles personales, consumir enormes volúmenes de gasolina, contaminar, envolver todo en plásticos y más plásticos, etc. Finalmente, a partir de la década de los 2000, aquella ventaja de dos cabezas por familia, dos trabajos, dos sueldos, terminó por diluirse hasta el punto en que el uno más uno ya no era igual a dos, sino a uno. Es decir, que deben trabajar los dos para alcanzar las mismas ganancias que antes lo hacía uno, con un móvil, una TV y algunos DVD de regalo. Y por favor que no se me malinterprete. Defiendo a ultranza la incorporación al mercado laboral de la mujer.  Sin embargo no se puede digerir, que ahora trabajemos más horas dispongamos de menos tiempo para estar con nuestros hijos, que no podamos, a menudo, ni tomar una cerveza con los amigos en el bar de abajo y que para más inri, los empresarios nos califiquen de vagos a todos aquellos que no estén pensando en el trabajo las 24 horas del día.

La tecnología debe ayudarnos a vivir mejor, a hacernos más libres, empero,  ha ocurrido todo lo contrario. Tecnología para el bienestar, no tecnología para soportar el malestar.  Cambiar los modos de vida de los ciudadanos cuesta mucho, nos engañaron, y ahora retroceder será una tarea de titanes. Empero conseguir los propósitos del desarrollo sostenible exige retroceder, mejorar el piso de la carretera con lo mejor de la tecnología actual y andar por un nuevo camino.

El caso de Cuba, política aparte, fue imperativo, se hizo de la necesidad virtud y por ello su huella ecológica es “0” o insignificante. Todo debe cambiar, pero no para que todo siga igual. Lo mismo ocurrió con la agricultura a partir de la denominada revolución verde de los años 1960

Uno de los padres: Hijo(a) retorna las botellas de leche, vino y cerveza a las tiendas y compra (….).

Hijo(a): Solo si me prometes un Smartphone “Gold”, y me compras el último videojuego. ¡¡¡UFFFF!!!,

Uno de los padres: No te preocupes hijo bajo yo, para que no termines lastrado por la esclavitud infantil.  ¿¿??

Os dejo, no sin antes recomendar vívidamente que leais las buenas noticias, pero no olvidemos el pasado, si deseamos un futuro mejor para nuestros hijos y una naturaleza más sana. 

Juan José Ibáñez

Continua…..

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Revistas Científicas de Prestigio, Monopolios, Investigadores y Políticas Gubernamentales: El Gran despilfarro Económico

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Volvemos sobre un tema que tratamos brevemente hace ya muchos años. Por mucho que se nos pretenda convencer de que el sistema de evaluación de las publicaciones aparecidas en las grandes y prestigiosas editoriales científicas eresuilta ser un proceso objetivo, se trata de una  aseveración rotundamente falsa. Más aún, se nos efrentamos a un sistema por el que se escapan miles de millones de Euros o dólares que, de otro modo, podrían ser utilizados en la propia indagación científica, en lugar de ir a parar a los bolsillos de los accionistas de las mentadas multinacionales. En un momento en que muchos países se ven obligados a reducir el gasto público en materia de investigación e innovación, tirar el dinero por el desagüe, no deja de ser  absolutamente estúpido y recriminable.  Hoy os muestro tres noticias dos, en español-castellano y otra en suajili, que he traducido al primero,  cuyo título en cristiano resulta ser: ¿Es hora de nacionalizar las editoriales académicas?. Defiendo que la respuesta rotunda debía ser ¡sí!.

Abajo observaréis los escandalosos beneficios de las editoriales. Adelanto el total fracaso de una idea brillante que surgió a mediados de la última década del siglo XX. Por un lado, ladrones oportunistas, mientras que por otro las contramedidas de las grandes multinacionales de la edición editoriales, como Nature o Science, han dado al traste con el cambio de rumbo entones anunciado, del que tuve noticia en 2007, tras leer un fantástico libro titulado Anatomía del fraude científico, cuyo autor es Horace Freeland Judson. Horacio mostraba su gran esperanza por el casi inmediato advenimiento del acceso abierto (open access), ya que pensaba que podía ser la solución al oscuro mundo de la diseminación de los resultados que nos va ofreciendo la indagación científica. Sin embargo, salvo raras excepciones, comenzaron a proliferar editoriales basura que publican, por término general, artículos de la misma catadura (de baja estopa), mientras que las grandes editoriales apostaron por ambos modelos de negocio, es decir sin arriesgar nada y robándonos más fondos, a ser posible. Y lo consiguieron. Actualmente revistas científicas gratuitas y decentes hay muy pocas, ya que el globo de desinfló apenas lo inflaron. Las revistas en acceso abierto de paupérrima calidad, cobran precios modestos y las de campanillas se suben por las nubes hasta límites intolerables (varios miles de euros por una decena de páginas).  Y así un investigador procedente de un país modesto que realice investigaciones de calidad, difícilmente publicara en las últimas, generándose una discriminación alevosa.

Promocionar y evaluar una carrera investigadora por el factor de impacto de la revista en donde se publica, atesora sus pros y sus contras, que dicho sea de paso, son muchas.  Empero si se intenta en el modelo clásico, también adolece de agudos inconvenientes, como la falsa objetividad de muchos evaluadores anónimos y, ¡cómo no!, las arbitrariedades de numerosos editores en jefe y sus secuaces asociados. Hace un par de años, mantuvimos una tremenda controversia en Internet, tras una acusación de mala conducta contra al editor de una revista importante de mi especialidad. Un  violento intercambio de mails llegó a cientos de investigadores simultáneamente. Pues bien, el cártel lider del que destapó la ¿aparente? mala conducta, intentaba acusar de crear un cártel al acusado, que era editor de una de las revistas de ciencias del suelo más importantes. Sin embargo él, impúdicamente había publicado doce artículos durante el año anterior en la “su revista”, ya que así debía considerarla, como el dueño de un cortijo andaluz (terrateniente al mando).

La ventaja de las revistas en acceso abierto estriba en que cualquier científico del mundo puede acceder a ellas sin pagar onerosos recursos económicos, ya que estos son cobrados a los propios autores.  Pero tal modo de proceder tiene sus inconvenientes al reverso de la misma moneda. Si un equipo de investigadores publica mucho, los costos para sus bolsillos serán formidables, y como he comentado, buena parte de los científicos e instituciones modestas no pueden asumirlos. Empero nuestras autoridades evalúan y promocionan a los científicos tanto por el factor de impacto, como por la cantidad de artículos finalmente producidos.  Por lo tanto, la encrucijada está servida, o como se señala en la el post que os reproduzco traducido, los colegas se encuentra ante el dilema de un prisionero.

Reitero que no se trata tan solo de promoción y el intento de alcanzar prestigio por parte de los miembros de la comunidad científica, sino además de un gran despilfarro económico que, en tiempos de crisis llega a ser, además, traumático (ver abajo cifras).

Sin embargo, las autoridades de la Unión Europea, como siempre, con sus decisiones ambivalentes y timoratas vuelven a poner a los científicos ante otro dilema del prisionero. Como veréis en una nota de prensa que os expongo abajo, pretenden obligar a que todo lo que se sufraga los fondos públicos se publique en acceso abierto, mientras que los organismos evaluadores dictaminan si “somos buenos o malos”, por la cantidad y  el factor de impacto de nuestras publicaciones. Se trata de algo así como poner a un ciudadano entre la espada y la pared. Pero hay más…… ¿Quién le pone el cascabel al gato?.

Obviamente, cuanto más publicidad y propaganda se le otorgue a un artículo, este tendrá más posibilidad de ser leído y citado por sus colegas, que es el más riguroso de los criterios, aunque también padece de inconvenientes mayúsculos. Por ejemplo, quien realicé indagaciones que se adelanten a su tiempo, que abran nuevos caminos, que reten con tino a lo en un momento dado de la historia se considera “verdad científica” por el establishment, tardará mucho en ser reconocido, cuando no obligado a retirarse de su profesión ¿Por qué?. Simple y llanamente, por ser un visionario, un adelantado a su época. La historia de la ciencia nos muestra que tal hecho resulta ser más la regla que la excepción. Por citar tan solo un ejemplo, el premio Nobel Dan Shechtman fue expulsado de su equipo de investigación en EEUU, cuando vislumbro la estructura de los causicristales, ya que sus colegas alegaban que tal “cosa” no podía existir. Años después se le otorgó el mencionado galardón, justamente por lo que le abandonaron sus colegas. Y reitero que se trata de la punta del iceberg.

Pues bien, en este sociedad dominada por la cobertura mediática a la que los científicos no somos ajenos, los boletines de noticias científicas van incrementando progresivamente aquellas que consideran relevantes y se encuentran en acceso abierto, ya que si el lector es atraído por el tema, tras leer  la nota de prensa, se encontrará feliz de que se le proporcione el artículo original haciendo el clic con su ratón (mouse en suajili). Y si uno no dispone de mucho dinero (……), fantástico. Estos son los casos, por ejemplo, de los noticieros  ScienceDaily, EurekaAlert, entre otros muchos.

Hasta la década de los años 80 del siglo XX, la mayor parte de las revistas científicas pertenecían a Sociedades Nacionales. Estas no editaban para lucrarse, sino con vistas a promocionar las investigaciones realizadas en sus respectivos países.  Posteriormente, las editoras multinacionales fueron llegando a acuerdos o comprándolas, de tal modo que en estos momentos son lamentablemente minoritarias. La mayor parte fueron pues devoradas por el imperio del capitalismo neoliberal. En el caso de la ciencia del suelo, algunas sobreviven de pago (si no se es socio), como es el caso de “Soil Science Society of America Journal”. Otras como el “Spanish Journal of Soil Science” son de libre acceso, asumiendo la Sociedad que la publica (SECS), los costos de la edición. Generalmente, si proceden de países en las que el idioma no es el inglés, suelen admitirse artículos en ambos idiomas. De aquí que me adhiera al  título del post en anglosajón que os he traducido abajo: Is it time to nationalise academic publishers?

Los repositorios en acceso abierto, algunos Institucionales y otros no, son un sistema de almacenaje de artículos científicos, o en su defecto, de los documentos provisionales previos a la publicación (sin rematar). Cada autor sube allí su producción científica en una página Web personal de los respectivos portales que ofrecen estos sistemas gratuitamente, o no. Se trataba de una magnífica iniciativa, por cuanto retaba a los buitres de las editoriales multinacionales, especialmente si los documentos se habían publicado en acceso cerrado (de pago para los lectores).  Otros repositorios tienen una vía limitada de acceso abierto y otra de pago con mayores prestaciones, ofreciéndote las estadísticas de cuantos y qué artículos han sido leídos, bajados, y quienes lo han hecho. Pero, obviamente, esas mega-editoriales no iban a permitírselo y con el tiempo, su contraataque ha ido haciendo mella. Si cabe constatar que a fin de cuentas da lo mismo, ya que el lector interesado por una publicación envía un mensaje automático para que “en privado” el autor le remita una copia digital del articulo o documento. Más aun, dado que para las revistas en acceso abierto, el copyright pertenece a los autores, también pueden subirse el original sin temor alguno a donde deseen. Con sus características idiosincrásicas este tipo de sistemas, tales como   ResearchGate, o Academia.edu, han alcanzado una enorme audiencia.

En este sentido, cabe señalar como ResearchGate, fue denunciada por una de las sociedades científicas más importantes de USA, viéndose obligada a retirar una ingente cantidad de los artículos que los autores habían previamente subido a sus páginas Web de este Portal. Eso sí, el sistema de petición automática de los documentos publicados sigue abierto y nadie se lo puede impedir, por cuanto forma parte de la tradición de la comunidad científica internacional (antaño se hacía por correo convencional, mediante postales institucionales imprimidas para ello).  En cualquier caso, que los científicos de campanillas actúen como Judas contra sus colegas, da fe de la catadura de los popes de la ciencia que ostentan el poder, en contra de los intereses de sus propios colectivos. Separar la actitud de las editoriales de los editores, que son investigadores, resulta ya una frontera lamentablemente muy difusa. Cabe destacar que tras tal acoso, el responsable o director de ResearchGate, remitieron un comunicado señalando que:

1.      Tales recortes de prestaciones no han hecho casi mella en el sistema y sobre todo que…..

2.      … Por sorprendente que parezca, las estadísticas de aquellos documentos bajados por los científicos que accedían al portal, demostraban como eran más demandados (abajados a los PC de los visitantes) los manuscritos que “no” se encontraban publicados en revistas indexadas, que los que sí lo estaban. Yo doy fe de ello, porque en mi caso ganan por goleada.   

Personalmente prefiero ResearchGate a la Academia.edu, ya que la última ofrece más posibilidades en su pleno acceso (que no en su versión “light”), empero a costa de una subscripción cuyo pago para muchos colegas podría ser prohibitivo.

Un  retorno a los sistemas de revistas nacionales y su puesta en acceso abierto, con ayuda de estos Portales o repositorios aludidos, barrerían del mapa a esas multinacionales de la codicia que resultan ser las grandes editoriales científicas. Más aun mediante este modo de proceder alcanzaríamos, al margen de una ciencia abierta y gratuita para todos, que los miles de millones de euros/dólares abducidos por esas multinacionales, se destinaran a su genuino propósito, la pura y dura investigación científica y su difusión.   

Os dejo pies las tres notas de prensa. Hoy por desgracia me extendido en demasía, aunque de vez en cuando…… 

Juan José Ibáñez

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Acuerdos y Protocolos sobre Cambio Climático: Políticos Mentirosos, Prensa Descerebrada, Autismo Científico y Público Morboso

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 El Cuento del Lobo y las Ovejas (fábula de Esopo): Moraleja: Si siempre dices mentiras, los demás no confiaran en ti.

 Cuando se leen, escuchan o visionan noticias, ya sean de la prensa en general, ya de la científica, algunas palabras “calientan mi cabeza”, machaconamente, como un martillo pilón: cambio climático, calentamiento climático, gases de efecto invernadero, Protocolo de Kioto, Acuerdo de París, mitigación, adaptación y resiliencia, Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, etc. Cuando unas noticias ya son alarmantes, otras lo son aun peor. Resulta dramático que “todos seamos unos bocazas” cuando hablamos de este gravisimo problema, por cuanto se nos va la fuerza y la razón por la boca, cámara o pluma. El calentón radioativo de la atmósfera resulta ser una verdad incuestionable, pero la mayoría del revuelo a su alrededor, no deja de ser más que una triste posverdad, cuando no meras patrañas.  Son pues de lectura obligada, una y mil veces, frases de la siguiente guisa, como la que expongo abajo extraída de Wikipedia:

   (…) reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del Calentamiento Global, su aplicabilidad sería para el año 2020, cuando finaliza la vigencia del Protocolo de Kioto. El acuerdo fue negociado durante la XXI Conferencia sobre Cambio Climático (COP 21) por los 195 países miembros, adoptado el 12 de diciembre de 2015 y abierto para firma el 22 de abril de 2016 para celebrar el Día de la Tierra (….).

 Protocolos, Conferencias, Convenios Internacionales, “Días de”, y así ad nausean….. Todo para nada, al menos nada nuevo ni nada bueno. ¡Hay que aparentar ser bueno para seguir siendo malo!. Mientras destrozamos nuestro antaño hermoso planeta azul, intentamos auto-convencernos unos, aparentar que lo hacemos otros, pretender que se trata de sensibilizar a los ciudadanos, aquellos (prensa y movimientos ecologistas), enriquecerse con nuevos modelos de negocios los de más allá (las empresas), e intentar obtener votos los políticos siempre autistas ante el dolor (nuestros gobernantes). Estos últimos y el modelo económico-destructivo que nos venden, se encuentran encantados de aparentar su falsa sensibilidad ambiental, cuando son los máximos responsables. Empero todos lo somos, por acción, inacción o simplemente oportunismo: ¡la especie humana en su conjunto!.

¿Y los científicos?: publicar, publicar y publicar;  extraer fondos, aparecer en los medios de comunicación de masas, ascender en su carrera profesional, etc. Raro es el artículo de mi especialidad en donde no de cita el cambio climático, ya sea  para dramatizar más allá de la dragedia griega, ya para alegar que han descubierto un nuevo  “ungüento milagroso” que podría paliar algún aspecto indeseable entre una miríada de ellos. Y así, son cientos de miles las ideas y tecnologías que han aparecido en las revistas científicas con vistas a paliar “algo” del actual recalentón climático. ¿Cuántos son puestos en práctica? Eso sí, siempre se antepone palabros como “podría”, “debería”, “posiblemente”, “tal vez”, lo cual devalúa casi todos los contenidos. Años y años después de tanto estudio, ingenio y creatividad,  nada mejora y todo empeora. Llevamos decenios advirtiendo que si no se toman medidas ¡ya!, se llegará a un “punto de no retorno” que dejará en mansos a los corceles de los jinetes de la apocalipsis.  

Si uno echa mano de hemeroteca, no cabe duda de que nos parecemos más al pastor de la fábula que a sacerdotes honestos y objetivos que se afanan por encontrar la verdad y solucionar los problemas que acechan a la humanidad.  Terminaremos hablando de la posciencia, en lugar de ciencia (peor aun que le Tecnociencia), al igual que la posverdad sustituye a la verdad.

La prensa vende lo que desean los políticos, pero sí y solo sí, aumentan sus índices de audiencia. En consecuencia, sospecho que tanta desiderata absurda nos atrae a los ciudadanos. Nos regocijamos por lo que debiéramos estar llorando desconsoladamente: nuestra estupidez y la impotencia para enmendarla.

En el verano del hemisferio norte, la Prensa, escrita, radiofónica y televisiva, disparan sin parar dando  información de todas las catástrofes habidas y por haber, locales, comarcales, regionales, globales y hasta estelares (sí compruébenlo en los noticieros). ¿Es tal catarata de hecatombes y dolor lo que desea el ciudadano?. ¿Disfruta con ello? Se trata de maniobras de distracción o “red herrings” en anglosajón coloquial? ¿Hay que prestar atención a los desastres ajenos para olvidar los nuestros?. ¿Se trata de preparar una nueva “Doctrina del Shock” ante un nuevo cataclismo financiero que pudiera avecinarse?.  Eso sí, si engullimos este tipo de prensa simplemente porque los humanos somos así de morbosos, no tenemos remedio y nos merecemos lo que tenemos. En cualquier caso, ya analizaremos si el cambio climático, tal como lo abordamos y entendemos, por cuento cabe discutir realmente si hablamos de un problema de verdad o una lamentable posverdad.

Pues bien, este año volvemos a batir record de emisiones de gases de invernadero a la atmósfera, mientras las gobernanzas mundiales persisten en defender que es un tema que les incumbe y debe tratarse con suma urgencia. El protocolo de Kioto cumple 21 años.  En tal lapso de tiempo podía, como mínimo, haberse comenzado  una transición hacia una economía más sustentable y haber paliado “algo” el cambio climático. Pero como narramos abajo ha ocurrido todo lo contrario. Del mismo modo, desde aquél entonces los científicos siguen exclamando que de no atajar el problema ¡ya!, nos enfrentaremos inexorablemente a un punto de no retorno para la humanidad. Pero todos esos ¡ya!, ¡ya!, ¡ya! son hoy en día pasado. En mi opinión, ya hemos sobrepasado tal inflexión, pero tal hecho no debe vender ni más periódicos ni gustar a los políticos, por cuanto se ajustarían la soga al cuello, por ser los culpables. De cualquier modo lo del “punto de no retorno” se puede rastrear años antes incluso del Protocolo de Kioto (1992). ¿O es falso, o somos mentirosos, o padecemos de un agudo autismo. ¡Ya está aquí!

Abajo os ponemos unos breves fragmentos de una nota de prensa, mucho más extensa, publicada en el verano de 2018 por el rotativo El País.  Yo no sé si los ciudadanos/lectores somos tontos o simplemente lo parecemos c onplacientemente. Según tal documento, China y USA son los países que más gases de invernadero emiten a la atmósfera, mientras que en la UE se ha logrado una ínfima mejoría. Eso sí, parece que la política negacionista de Trump ha logrado estancar las emisiones de USA ¿¿??. Por otro lado, La India se está convirtiendo en un gran problema.  Todos estos mensajes pueden confundir a muchos lectores. No se puede echar la culpa, exclusivamente, a la India, China y otros países asiáticos emergentes del estado actual de las cosas. Las Industrias más contaminantes (entre otras) de los países occidentales fueron deslocalizadas al SE asiático por motivos económicos que, de hecho terminaron por dañar la calidad de vida de los ciudadanos de los países de procedencia y del medio ambiente en los de acogida.  Nosotros comenzamos y continuamos, para culpabilizar ahora a los países asiáticos y, por supuesto Trump. ¡Falso!.

La economía es global ya en menos de las multinacionales….. que poco queda de las emblemáticas grandes empresas nacionales dehace tres decenios….. De aquí que se hable de “multinacionales”. El dinero no tiene fronteras y ciertos mandatarios propiciaron en la década de los 80/90 del siglo pasado este monstruo económico generando hambre y pobreza a mansalva y riqueza para una minúscula minoría.  Nos referimos a los mismos que quedan retratados en la foto de “La Doctrina del Schock”. Políticos e intelectuales del mundo anglosajón. Resulta pues paradójico que en la actualidad los ciudadanos de USA e Inglaterra votaran en las últimas elecciones a dirigentes que pretenden desmarcarse algo de ella, mientras que los de otros Estados les achacan con la consabida frase de populistas, así como de ser un peligro para el orden mundial.  ¡El mundo al revés! ¡la posverdad por delante!.

Os dejo pues con el enlace a la noticia del país y otros relacionados con el tema.

Juan José Ibáñez

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Hipótesis Nula e Hipótesis Alternativa en Ecología y Edafología

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Fuente. Imágenes Google 

Hace años le pregunté a un afamado ecólogo italiano, como reconocían si un patrón determinado  en el ámbito de la macroecología era idiosincrático de las comunidades biológicas. El me respondió que la hipótesis nula era la ausencia del mismo, por lo que si se detectaba era propio a la naturaleza de la organización/distribución o patrón detectado de las especies biológicas. Realmente me sorprendió. Francamente, como pionero de los estudios de edafodiversidad (pedodiversity),  me planteé que la hipótesis nula era que los que yo detectaba en edafodiversidad y la distribución de los suelos en el paisaje era conforme a los que acaecían en el ámbito de la biodiversidad y ecología del paisaje. El primer trabajo a este respecto que publicamos sobre el tema llevaba por título “Nested subset analysis and taxa-range size distributions of pedological assemblages: Implications for biodiversity studies”. En aquél “paper” mostrábamos, en base a estudios previos, que las regularidades detectadas en el ámbito de la biodiversidad y macroecología eran habitualmente los que nosotros encontrábamos en nuestros temas de estudio, es decir la diversidad de los suelos y sus pautas de distribución en el paisaje. Como corolario la asunción de los macro-ecólogos y expertos en diversidad resultaban cuestionables, por no decir refutables. Debido a ello deberían pues replantearse los contenidos de su corpus doctrinal.   

Pero aclaremos primero que podemos entender en términos sencillos por macroecología, para lo cual extraeré unas breves líneas de la Revista Ecosistemas: La macroecología estudia los patrones y procesos de distribución y abundancia de las especies a escalas regionales o incluso globales. Esta definición es muy semejante a la de Biogeografía, que es la ciencia que estudia la distribución de las especies a gran escala…….  y…).

La actividad científica debería consistir esencialmente, o al menor ser parte fundamental, en la proposición de hipótesis y en los estudios pertinentes para refutarlas o corroborarlas, como defendía el filósofo de la ciencia Carl Popper. En otras palabras, se trataba de separar el grano de la paja hasta alcanzar teorías científicas robustas. Lamentablemente, la política del “publica o perece” ha dado lugar a que los investigadores nos preocupemos casi exclusivamente en proponer que no en corroborar, a no ser que algún insensato ataque nuestros constructos teóricos ya publicados. Y así, numerosas ideas, hipótesis y evidencias empíricas interesantes pasan, tras ser lanzadas, al limbo de los autistas en un abrir y cerrar de ojos.  No escribo estas líneas por el caso que me afecta y os he narrado, sino que por desgracia es moneda de uso corriente en la actividad científica contemporánea. Estas disciplinas a las que me refiero ya en el título del post, se basan esencialmente en los análisis estadísticos, por lo que considero conveniente explicar en esta entrega en qué consisten las denominadas Hipótesis nula  e Hipótesis alternativa. De lo dicho anteriormente, yo personalmente desprendería la siguiente hipótesis alternativa: “Una buena parte de los patrones detectados en los estudios de diversidad, ya sea de suelos o de comunidades vivas, son debidas a la dinámica no-lineal y/o compleja de ambos recursos naturales“. Obviamente sigue siendo una hipótesis meramente especulativa (a pesar que se haya demostrado tanto en suelos como en ecosistemas), ya que la literatura científica actual se encuentra repleta de hipótesis que no han sido debidamente corroboradas o refutadas. De aquí que, en ausencia de esta noble y vital tarea para el progreso de la ciencia, me vea obligado a alinearme como podéis constatar abajo, con aquellos que soslayan ofrecer explicaciones pormenorizadas de la razón ¿científica? de sus hallazgos, sustentando los resultados que publico en su robustez/debilidad estadística.    

Comencemos pues por intentar explicar informalmente que son las Hipótesis Nulas y Alternativas, así como las críticas que a veces reciben por parte de los investigadores que analizan sus objetos de estudio con reflexión y sentido común.

Juan José Ibáñez

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¿Porque Decir Cambio Climático y no Degradación Ambiental?

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¿Sabríais vosotros responder a esta pregunta? ¿No es el cambio climático uno de los problemas derivados de la degradación ambiental que sufre el planeta por la alteración antrópica de la biosfera, hidrosfera, atmósfera, edafosfera, geosfera, criosfera, edafosfera, etc., a causa de la ineptitud de la especie humana?.  Además, diversos tipos de impactos humanos afectan a varios de tales compartimentos del planeta Tierra, que a su vez se encuentran conectados entre sí.

Y otra pregunta que me no deja de marear mis neuronas: ¿Se podría solucionar el calentamiento de la atmósfera resolviendo los restantes principales problemas que inducen esta degradación generalizada? Las aguas dulces y saladas de La Tierra se encuentran contaminadas, afectando a la salud y vidas humanas, pero también a toda la biosfera. De hecho se han encontrado contaminantes hasta en los fondos avisales más profundos de los océanos. Lo mismo ocurre de en la criosfera, tanto en el ártico, como en el antártico, que de paso modifican sus repercusiones sobre el balance radiativo del denominado sistema climático.  Buena parte de los alimentos que consumimos se encuentran, más o menos contaminados, por estarlo actualmente los suelos (fertilizantes, plaguicidas, etc.). Por lo tanto ingerimos, a menudo alimentos que tarde o temprano terminan enfermándonos.

No solo los gases con efecto de invernadero generan el calentamiento de la atmósfera. Desde que el hombre es hombre, su impacto sobre la biosfera también ha afectado el mentado balance, al albedo, y como corolario al clima. Por ejemplo, la erosión y puesta en suspensión de las partículas finas del medio edáfico alteran los fenómenos atmosféricos, incluso a largas distancias. Y de este modo condicionan la magnitud y frecuencia de los huracanes, por citar tan solo uno entre otros muchos ejemplos. ¿Y qué decir de las partículas en suspensión generadas por nuestros sistemas de transporte, industrias y ciudades?. Estas ponen también en riesgo la salud de sus habitantes y la vida que aun crece en las regiones más industrializadas?. Más aún se esparcen hasta los polos, modificando una vez más el balance radiativo.    

Cabría aclarar que los fluidos (atmósfera e hidrosfera) difunden y mezclan sus contenidos con mayor celeridad que los sólidos.  Es decir, en primera instancia, la contaminación y degradación de los primeros globalizarían sus efectos rápidamente, mientas que los terceros lo harían con menor celeridad y generalmente más bien a escalas locales o regionales. Tal razonamiento no deja de encajar en el  dilema de que “Los árboles no nos dejan ver el bosque” Cuando contaminamos, por ejemplo, los suelos, gran parte de las sustancias terminan en las aguas superficiales, subterráneas y finalmente en los océanos (hidrosfera) si bien parte son alterados biogeoquímicamente y producen gases de invernadero que son emitidos a la atmósfera. Compartimentamos gran parte de los elementos que conforman el sistema terrestre, empero lo que afecta a uno termina afectando a los restantes. ¿No padecemos actualmente de un ciclo hidrológico completamente perturbado?  Los humanos apenas conocemos los fondos marinos, empero estimaciones recientes nos informan de que tan solo el 15% de nuestros mares se encuentran vírgenes, mientras que el resto sufre “de diversos modos” nuestras tropelías, en forma de contaminación. Pongamos un ejemplo, de algo considerado casi como anecdótico hará unos 15 años y hoy valorado como una amenaza global.   

Hace ya entre 10-15 años, los expertos comenzaron a alertarnos sobre la presencia y crecimiento de gigantescas acumulaciones de plástico que flotaban en ciertos lugres de los océanos y que podían alcanzar algunas decenas de metros de profundidad.  En principio, fueron muchos científicos los que defendieron que no contaminarían las cadenas tróficas, por cuanto tales materiales no eran “biodegradables”. La realidad fue desmintiendo tales doctas aseveraciones. Hoy los diminutos trozos de microplásticos contaminan los mares y sus pesquerías, pero aparecen además en la sal de mesas que consuminos, aguas embotelladas, tapizan parte de los casquetes polares, son depositadas por la lluvia desde la “atmósfera”, etc. etc.  En Junio de 2019 se nos informaba que de que cada ciudadano ingería (de un modo y otro) una catidad de plastico equivalente al de una terjeta de crédito, eso sí ¡¡gratis!!. Es decir, hasta hace muy pocos años desconocíamos en gran medida el poder digestivo de la biosfera y hoy aparecen nuestros residuos plásticos en casi todo lo que ingerimos.  Recientemente algunos países intentan llevar a cabo políticas timoratas, como prohibir o desincentivar las bolsas de plástico que “regalan” los establecimientos a los consumidores a la hora de llevarse los productos”. ¿Qué porcentaje de la “Plasticosfera real significan?. Me temo que finalmente quien saldrá ganando serán las empresas que los regalaban y poco más. ¡Propaganda!. Empero “parece” que la concienciación en este tema en concreto aumenta a nivel mundial. 

Del mismo modo, focalizar nuestra atención sobre el cambio climático y convertir el tema en un nuevo modelo de negocio ha conducido a generar y/o agravar numerosos nuevos problemas de degradación ambiental y salud pública.  Este es el caso, por citar uno, de la expansión del aceite de palma, en parte, para la producción de biocombustibles.

Debemos compartimentar para ordenar nuestros conocimientos, no lo dudo. Ahora bien, “creernos” que tales compartimentos son absolutamente “reales” ha terminado por ser un error fatal. Todo está interconectado. Anteponer las alarmas sobre el cambio climático a otros problemas de degradación ambiental no deja de ser una solemne estupidez. Si deseamos frenar el primero, necesitamos hacerlo también con todos los demás.

Intriga pues que hasta los propios científicos caigan en tal trampa. Y todo para nada ya que, como podemos constatar, desde el protocolo de Kioto, las emisiones de gases de invernadero han seguido aumentando y estamos batiendo todos los récords. Los políticos dicen estar preocupados en paliar el creciente efecto de invernadero global, empero a la postre siguen fomentando políticas que demuestran todo lo contrario. Sufrimos una gravísima enfermedad, pero tan solo nos fijamos en algunos síntomas y recetamos fármacos de dudosa eficacia cuando no contraproducentes. Raramente así podrá curarse el enfermo.

El cambio climático no deja de ser más que un producto de una degradación global. ¿Por qué insistimos  en negarlo? La razón estriba en que necesitaríamos cambiar radicalmente el modelo socioeconómico que sufrimos para alcanzar un genuino desarrollo sostenible.  Tal iniciativa, ineludiblemente sería traumática para muchos, pero en especial para todos aquellos que nos gobiernan o engordan (ellos y/o sus bolsillos) a costa de la población mundial y este Planeta azul convertido en basuraleza.

Juan José Ibáñez Martí

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Un Avatar en La Tierra (Los Waiapi de la Amazonía)

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Fuente: Colaje Google Imágenes

Tras visionarla, quizás a muchos humanos nos hubiera gustado habitar en un planeta del tipo que se describe en Avatar, la película. Lo que muchos desconocerán es que “aún existen” lugares y pueblos en la Tierra cuyos habitantes disfrutaban de un mundo mágico y placentero semejante, hasta que llegó el Homo tecnológicus subespecie depredator para acabar con tal intolerable felicidad. Hablamos del pueblo Wajãpi, escondido en pequeños y recónditos pedazos de selva amazónica. En un post anterior  (¿El Progreso trae felicidad?. Viajando al jardín del Edén en el Amazonas), ya os comentamos diversos aspectos de su dramática situación, costumbres, agricultura, manejo del suelo, etc. Os recomendamos también la lectura de la siguiente entrega: El Expolio a los Pueblos Indígenas en Aras del Progreso: Los Dongria Kondh, Avatar y James Cameron.

 Lo que cabe preguntarse es si tanto progreso tecnológico nos ha ido separando del verdadero bienestar, en lugar de abrirnos nuevos caminos de paz, harmonía, conocimiento genuino y confort. Francamente, comienzo a sopesarlo muy seriamente. Cuando uno entra en la saga de los sexagenarios y ha vivido/sufrido multitud de experiencias, comienza a valorar que lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano, resulta ser simplemente disfrutar de su vida en paz, divertirse a raudales tras cumplir con sus necesidades más básicas, encontrarse rodeado de familia y amigos, sin beligerancia alguna contra otros, contemplar con respeto y amor el universo que le ha ofrecido tanto disfrute, para finalmente despegarse para siempre de nuestro cuerpo material, rodeado de todo lo que quiere. Y todo ello tiene que ver tanto con los bienes que le ofrece su ambiente, como por haber nacido en una cultura tan especial como humilde. El hombre moderno siempre desea más, y confunde lo material con lo espiritual. La vida se nos escurre entre los dedos deseando más dinero, éxitos, un hogar repleto de artefactos, estresados casi siempre a la hora de dar la mejor educación a sus hijos, en competencia/lucha cotidiana con nuestros congéneres. A la postre, el estrés, la depresión y la infelicidad enferman esos mismos cuerpos y almas. La noticia central de hoy lleva el título: “Para la Tribu amazónica el bosque pluvial es el universo entero”.… ya que tienen todo lo que demandan y desean a su alrededor. Como veréis abajo, he traducido rápidamente la noticia científica del suajili publicada en TerradDaily al español castellano usando el ingenio Google, por lo que no esperéis delicatesen lingüísticas.

 Reitero que, por lo que a día de hoy saben los expertos, muchas de las tribus amazónicas fueron más sofisticadas que las que actualmente resisten. Algo ocurrió, según se piensa en 2019, un par de siglos antes de la llegada de los europeos, que arrasaron con todo lo que encontraron a su paso, (¿qué sucedió?). Se desconoce la causa y las fechas precisas, pero gran parte de la cuenca amazónica era un paisaje semi-agrario, rebosante de prácticas agronómicas y manejos de suelos ingeniosos, diversos y sofisticados. ¿Qué paso pues?; ¿Por qué se perdió (ver post: “Los Bosques Amazónicos: ¿Paisajes Prístinos o Paisajes Culturales?”). Posiblemente, muchas de las etnias y pueblos no culturizados ¿?¿? que aún restan en aquellos lares, son el fruto de un retroceso tecnológico, típico de la falta de intercambios culturales, necesidad de huir constantemente del hombre blanco (perdiendo parte de su sedentarismo), pérdida de diversidad de recursos naturales en espacios pequeños, así como también de unas organizaciones sociales dispersas en diminutos poblados, etc. Empero tal hecho no hizo mella en su modo de vida, aunque necesariamente debió cambiar.

 En la película Avatar, se hablaba de una inteligencia natural distribuida por todo el bosque en donde los seres del suelo y las raíces de las plantas, funcionaban como una ciudad, muy inteligente, pero además genuinamente sustentable. En nuestro post: “La Inteligencia de los bosques y su comunicación bajo el Suelo” os explicamos que una nueva corriente de pensamiento, así como evidencias empíricas, parecen constatar que lo narrado en Avatar no resulta ser descabellado, en absoluto, aunque seguramente idealizado.

 Quizás los Wajãpi se encontraban y aun lo hacen (aunque mermados) en su Avatar, y nosotros pensando que es un producto de nuestra calenturienta imaginación. ¡Qué lástima!. Todo lo que podríamos seguir aprendiendo de un pueblo tan respetuoso, afable, feliz y sustentable. Empero preferimos exterminarlos porque somos cultos y sofisticados ¿? ¿?. ¡No tenemos perdón!.  Y por ello los Wajãpi, hartos, nos han declarado la guerra al mundo entero, al menos si se pisan sus dominios. Ya les han engañado demasiadas veces: han dicho ¡basta!.

 Hoy os dejamos pues nuestro más entrañable recuerdo y solidaridad con los Wajãpi, y otras tribus latinoamericanas que sufren los mismos padecimientos y exterminios ante nuestro hipócrita y cómplice desinterés. ¿Un Avatar en la Tierra?. Al parecer antaño así puedo ser, actualmente una quimera.

PD. Observar en la narración como entienden y utilizan el concepto de “cansancio/fatiga del suelo”. 

 Juan José Ibáñez

Continúa……

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