‘Biomasa y Necromasa en los Suelos: Raíces y Materia Orgánica’

Minerales reactivos de los suelos, carbono lábil y secuestro de carbono: Primeras estimas a escala global

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Minerales reactivos y secuestro de carbono lábil. Fuente Colaje Imágenes Google

Si en nuestra bitácora los post editados fueran proporcionales a las noticias aparecidas en la prensa que versan sobre algún tema determinado, deberíamos denominarnos “los suelos y el secuestro de carbono”. Y a pesar de mi interés en eliminar tal sesgo, posiblemente nos acerquemos ya a mil entradas sobre el tema de las casi 3.000 ya publicadas. En nuestra ciencia, como en todas las demás, resulta mucho más fácil publicar sobre investigaciones de moda que acerca de las que no lo están. Me contaba mi entrañable hermana, ya desaparecida, que cuando surgía un brote epidémico importante, por ejemplo, rápidamente aparecían en la revistas tropecientos artículos, cada cual peor que  el anterior. La mayor parte de ellos no lo hubieran hecho de no haber surgido tal problema de salud. Debe ser que los investigadores bajo la presión del “publica o perece” tiramos de archivos y desempolvamos cualquier cosa que tuviera que ver con el tema candente. Por su parte, como en esos momentos el público reclama esa información, la basura se transmuta en oro.  Sin embargo, el artículo y nota de prensa de la que hablamos hoy, no carecen de interés, ni mucho menos. Ahora bien, en la mentada noticia se pueden leer unos comentarios sobre los que prefiero omitir mi opinión. Obviamente la traducción del resumen del artículo, ofrece una versión considerablemente más razonable.  Os recomiendo que soslayéis cualquier verosimilitud al enfrentaros a los comentarios que se ponen en boca de los autores acerca de la posibilidad de mitigar el cambio climático por la vía del  matrimonio entre los minerales reactivos y secuestro de carbono lábil. Estoy convencido que ha sido un ¿hábil? plumillas de algún gabinete de prensa, que no ellos los autores de la indagación, los que han espetado tantas sandeces, ya que se trata de dos reputados edafólogos de todo la vida, y que no necesitan de las lamentables auto-alabanzas al uso. Se trata de un artículo de revisión sobre un tema casi inexplorado, y así hay que entenderlo. Por lo tanto, abajo os expongo todo el material que he recopilado excepto la Noticia reproducida por Europa Press, que por cierto es de buena calidad, didáctica e inteligible, pero que por el copyright debo omitir.  Recomiendo que la leáis. Ya sabéis que sobre estos temas los post previos pueden estar almacenados en una o más de las siguientes categorías: ‘Suelos y Cambio Climático’; Biomasa y Necromasa en los Suelos: Raíces y Materia Orgánica’ y Biología y Ecología del Suelo’.

La materia orgánica absorbida que es ligada a los minerales reactivos del suelo (que contienen hierro y aluminio) es un mecanismo importante en el secuestro de carbono a largo plazo.  Se supone que puede tratarse de un proceso relevante, empero aun es poco conocido.

A la hora de almacenarse carbono en el suelo, la producción de compuestos orgánicos solubles durante la descomposición microbiana de la materia orgánica y su estabilización a través de ciertas reacciones químicas con minerales reactivos de naturaleza coloidal, que contengan hierro y aluminio (Fe y Al), comienza a ser considerado de gran importancia al respecto.

Es bien sabido que, al menos en gran medida, el clima controla las tasas de meteorización mineral y los tipos de coloides de metal-silicato producidos, así como la naturaleza de los compuestos orgánicos producidos por las plantas. No obstante, por la misma razón, existe una notable variación en las tasas de producción de materia orgánica soluble y sus correspondientes mecanismos de estabilización en el medio edáfico. En otras palabras, la cantidad de carbono que puede tomar el suelo y el que permanece retenido a largo plazo se enuentra condicionado por factores tales como la temperatura y humedad, los cuales cambian notoriamente conforme al clima de la región considerada.

En el artículo que abordamos hoy, los autores dicen haber llegado a la conclusión de que una cuarta parte del carbono que atesora el suelo se encuentra ligado a  los minerales depositados hasta 1,83 metros de su perfil (bajo  la superficie). Seguidamente afirman que tal proceso contribuye entre el 3 y el 72% del carbono orgánico encontrado en el suelo mineral, dependiendo de la precipitación media anual y la evapotranspiración potencial, estimándose que ~ 600 Gt de carbono del suelo es retenido por minerales reactivos, acaeciendo la mayoría en biomas con bosques húmedos. Esta cifra, más o menos, y según los autores, sería aproximadamente el doble del carbono emitido a la atmósfera desde los inicios de  Revolución Industrial.

Ya que el clima resulta ser muy determinante en el secuestro de carbono, como en todos los procesos biogeoquímicos en general (sin agua la alteración de  las rocas es sumamente lenta), no debe extrañarnos que los climas más húmedos sean más propensos para la formación de minerales reactivos eficientes a la hora de almacenar carbono. Como corolario, gran parte de las 600 mil millones de toneladas métricas comentadas en el párrafo anterior, se encuentran en los bosques húmedos y/o enlas zonas tropicales. Mientras tanto, en los lugares semiáridos y áridos tendentes a un “balance hídrico deficitario”, tal potencial mengua rápidamente.

Si dejáramos los comentarios aquí, llegados a este punto, como hacen las notas de prensa y el artículo, el lector no versado en el tema obtendría una imagen distorsionada del secuestro de carbono en la superficie emergida del Planeta.  La razón estriba en que se omitirían las ingentes cantidades de materia orgánica almacenadas en los permafrost (en términos taxonómicos Crisosoles) por otras vías, típicos de los biomas extremadamente fríos, como lo son la tundra y parte de la taiga. Empero si nos vamos en un vuelo supersónico desde los polos al ecuador cabe recordar que aún desconocemos  la cantidad de carbono mineral que pueden secuestrar los suelos en medios semiáridos, áridos y desérticos, en forma de carbonatos. Dejemos las cosas claras. Os dejo ya con la nota de prensa y el resumen traducidos, así comocon  algún material adicional (léase por ejemplo que son los minerales reactivos) del suajili al español-castellano.  

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Juan José Ibáñez

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Cianobacterias de los suelos en medios áridos, biocostras y cambio climático

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Biocostras en ambientes desérticos, áridos y semiáridos. Fuente: Imágenes Google

Ya os comentamos hace más de un decenio el importante papel desempeñado por las “ biocostras de los suelos en ambientes áridos y desérticos”, para abundar seguidamente con estas otras entregas “La Vida y Formación del Suelo en los Desiertos: Las Costras Biológicas del Suelo” y Tipos de Costras sobre la Superficie del Suelo ”. La nota de prensa de la que vamos a hablar hoy resulta también de sumo interés, tanto científico como didáctico y lleva por título: “Las cianobacterias son bioindicadores del cambio climático”. Se trata de un artículo muy interesante llevado a cabo por colegas del CSIC. En él los autores señalan que el actual cambio climático afectará a los microorganismos del suelo, principalmente cianobacterias, produciendo un reemplazo de las especies adaptadas a bajas temperaturas por aquellas mejor adaptadas a altas temperaturas, con una repercusión impredecible en la fertilidad de los suelos y su erosión ”. Debido a que se encuentra muy bien redactado, siendo claro y conciso no añadiré ni una sola palabra más, animándoos a su lectura. ¡Buen trabajo compañeros!.

Juan José Ibáñez

Ver también en términos divulgativos

Las biocostras mejoran el equilibrio del agua en los ecosistemas semiáridos

Biocostras: la primera capa de vida

Leer la nota de prensa original… continua……

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Inventario, Clasificación y Cartografía de los Suelos Submarinos en EE.UU.

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Suelos Submarinos USDA: Fuente: Colaje Imágenes Google

En los primeros meses de 2019 recibí  una nota de prensa en la que un edafólogo norteamericano hablaba sobre la importancia de los suelos submarinos, su falta de consideración en la cartografía de los recursos edáficos etc. Se trata de un tema sobre el que llevo insistiendo desde hace 12-14 años. Tiempo después la clasificación aceptada por la IUSS (la WRB, FAO) aceptó la inclusión de los más someros (generalmente bajo cuerpos de agua continentales a menos de dos o tres metros de profundidad) y finalmente la USDA-ST se adentró para estudiar los sedimentos oceánicos y los aceptó en su constructo taxonómico. Eso sí mojándose tan solo los pies. Abajo os muestro una relación no exhaustiva de los post que ya hemos escrito sobre el tema.  Esperaba vanamente que la nota de prensa nos informara de que por fin íbamos a considerar como suelos también los fondos oceánicos. ¡Mi gozo en un pozo!. Todo sigue igual, lo cual no deja de ser una omisión imperdonable. Seguimos “en la orillita del mar, no sea que nos ahoguemos”. 

Sin embargo, he considerado importante exponer la visión que los taxónomos de suelos norteamericanos atesoran diez años después de comenzar a estudiarlos con rigor. Abajo os muestro la entrevista en inglés y español (Google). Reitero que todo sigue igual, a pesar del título en español-castellano de la nota de prensa: Llegando al núcleo del suelo submarino”. ¡Falso!: arañar la superficie es justamente todo lo contrario que alcanzar sus “interioridades”. Lamento que el edafólogo hable de suelos submarinos como si más allá del litoral existirá un agujero negro que se lo traga todo y nos impide vislumbrar un “horizonte de sucesos más allá. Empero algo es algo. Ahí va la entrevista y la relación de post que aclarará la postura de los que no tenemos miedo de bucear hasta los fondos abisales.

Juan José Ibáñez

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Los humedales, el secuestro de carbono de los suelos en profundidad y la subida del nivel del mar

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Humedales, suelos hídricos y secuestro de carbono. Fuente: Imágenes Google

Interesante e ilustrativo estudio el que os mostramos hoy. ¿Todo?, Pues para ser sinceros juzgando la nota de prensa, va a ser que no. Os recomiendo su lectura hasta el párrafo que comienza con la siguiente frase: “Pueden ser los gigantes durmientes del secuestro de carbono global”. A partir de ese punto el mensaje de los autores comienza a perder peso, ya sea por exceso de márquetin y/o por ingenuidad. Por ejemplo, en la noticia puede leerse que: “Si esos humedales se duplicaran su secuestro de carbono, como hicieron otros humedales en el estudio en respuesta al aumento del nivel del mar, podrían secuestrar otros 5 millones de toneladas de carbono atmosférico cada año, lo que equivale a sacar a más de un millón de automóviles de la carretera”. Pues bien, si proteger y preservar los humedales de todo el mundo tan solo palía las emisiones de un millón de vehículos, no veo que el esfuerzo compense económicamente a los gobiernos y sus economías bajo la gobernanza de la dictadura financiera que actualmente padecemos. Con ello no quiero decir que no debamos preservar y regenerar los humedales a toda costa ya que atesoran muchos más servicios ecosistémicos que benefician a nuestra sociedad. Por ejemplo estos ecosistemas actúan de barrera contra diversos tipos de desastres naturales que azotan las líneas de costa, del tipo de los tsunamis, huracanes, etc. La dificultad es aun superior cuando se tiene en cuenta que una buena parte de ellos ya han sido degradados por nuestro incesante impacto ambiental a base de extender sin fin la generación de infraestructuras  y el turismo en esos enclaves.  Pero quedémonos con la primera parte que resulta ser de sumo interés.

El estudio muestra que al ascender el nivel del mar los humedales van capturando o secuestrando más carbono en sus suelos y hasta mayores profundidades. Y así podemos leer “Para los humedales que se enfrentaron a ascenso del nivel del mar, las concentraciones de carbono se duplicaron o casi se cuadruplicaron en solo los 20 centímetros superiores del suelo. Cuando los científicos observaron más profundamente, a una distancia de 50 a 100 centímetros debajo de la superficie, la diferencia llegó de cinco a nueve veces mayor”.

Como explica la noticia, la hidromorfía excesiva y la falta de oxígenos ralentizan la descomposición de la biomasa/necromasa, que termina acumulándose finalmente en el medio edáfico, ayudando a paliar el efecto de invernadero. Obviamente de subir y subir el nivel del mar, muchos humedales quizás no podrían elevarse tan rápidamente, terminando finalmente su vida bajo las aguas. Sin embargo tal proceso podría ser compensado por su expansión tierra adentro. No obstante, a menudo no sería posible debido al exceso de población y las mentadas infraestructuras en esos enclaves.

Os recuerdo que bajo este tipo de ecosistemas, los antaño denominados sedimentos marinos, soy hoy considerados edafotaxa, como describimos en nuestra entrega: “Suelos Hídricos o Suelos de los Humedales según la Taxonomía Americana”. No voy a elaborar este vez una relación de post, aunque sí os recomiendo este: “Humedales y Suelos Hídricos: Aspectos Básicos y Necesidad de Investigación”.

Independientemente, la nota de prensa atesora una lectura adicional para los edafólogos y estudiosos del secuestro de carbono por los suelos. Como ya he denunciado en varias ocasiones para el caso de los suelos emergidos, ese maldito habito de considerar que casi toda la materia orgánica de los suelos se almacena en los centímetros superficiales, debe erradicarse para siempre. A menudo, ya hablemos de unos o de otros, se almacenan ingentes cantidades de carbono en profundidad, por lo que cualquier cuantificación rigurosa debe incluir el muestreo todo el perfil del suelo, es decir uno o más metros. Y como usualmente no se ha actuado con la cordura que la evidencia empírica debía imponer, a la postre aplicamos modelos de simulación y otras herramientas estadísticas y computacionales alimentándolos con bases de datos deficientes, dando lugar a resultados que no corresponden con la realidad, distorsionándola hasta límites hilarantes.

Os dejo pues con esta interesante media noticia superior, advirtiéndoos de nuevo, que el final deviene como el de una película interesante con un desenlace nefasto.

Juan José Ibáñez

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El Ciclo de la Rizofagia: La obtención de nutrientes por las plantas a través de sus rizosferas

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Fuente: Google Imágenes

 Ya hemos hablado del papel esencial de esas comunidades  de microorganismos a la que denominamos rizosfera, que se adhieren a los sistemas radicales de las plantas, ayudándolas a absorber los nutrientes del suelo necesarios para su crecimiento. Se trata de un microbioma, en muchos aspectos, semejante al de los animales, al que podríamos denominar fitomicrobioma. Una investigación publicada en 2018, dice haber encontrado el mecanismo esencial, si bien, resulta archiconocido que sin la rizosfera los vegetales no lograrían sobrevivir, como nosotros sin nuestro microbioma. Pues bien, abajo os dejo la nota de prensa que he traducido lo mejor que he podido.  Empero el inglés-americano “coloquial” de las notas de prensa no tiene nada que ver con el más ortodoxo de los artículos, siendo a veces confuso y confundente, al menos para mí. Este es un caso. En vista de ello he traducido también el resumen del artículo original, bastante más esclarecedor. Dado que está vez me he intentado esmerar más de lo habitual en la traducción de este extraño suajili popular al español-castellano, es preferible que lo leáis, no sin antes exponeros algunos de mis puntos de vista, bastante críticos, como suele ser usual, por desgracia.

 El artículo se me antoja interesante, aunque la nota de prensa adolece de ciertos sesgos que desmerecen el estudio publicado. Si los entrecomillados de los autores corresponden “de verdad” a lo que ellos mentaron, cabe añadir que no se esmeraron mucho, por ser condescendiente. Nos centraremos tan solo en algunos aspectos.

 Según estos investigadores, la planta cría a los microorganismos como un ganadero a su rebaño, o un granjero cuida para que sus cultivos medren. Se trata de una metáfora, simplemente eso, una metáfora. No obstante la explotan más allá de unos limites razonables. En la nota de prensa “parece” que hacen hincapié que tal granja o rancho compete a todos los microrganismos del suelo, cuando resulta no ser cierto.  Como señala el resumen del artículo original, tal cultivo tan solo concierne a los organismos simbióticos de la rizosfera. Cabría recordar aquí que, una de las funciones de este tipo de comunidades microbianas reside en actuar como un muro/sistema inmunitario contra los microbios patógenos que por vivir en el suelo que podrían dañar el desarrollo de los vegetales. ¡Crasa amnesia!. Finalmente, se introduce en el mismo saco a  bacterias y hongos, sin especificar si se trata de micorrizas y/o si el mecanismo también les afecta a ellas, o no.

 Si resulta interesante la explicación del mecanismo y el ¿constatar? como las bacterias beneficiosas de la comunidad simbiótica penetran en el interior del sistema radicular, en donde “parecen dejar sus nutrientes”, por cuanto se trataría de un proceso, no solo superficial sino que transgrede las fronteras entre las raíces y los microrganismos de la rizosfera. Según estos investigadores los simbiontes realizarían su ¿ciclo de vida? en dos fases, una en el medio edáfico y otra en el seno de las raíces. Obviamente, nos informan de cómo tal hecho se produce, lo cual si es, según tengo entendido, una verdadera novedad.

 Finalmente, y por desgracia, los autores se explayan mediante una auto-propaganda digna de ser reprochada en todo lo que concierne a las aplicaciones potenciales de sus hallazgos. Pongamos un ejemplo:

“Comprender cómo funciona este mecanismo puede permitirnos cultivar plantas sin fertilizantes o con un mínimo de fertilizantes y sin herbicidas. Podemos manipular el sistema para aumentar el crecimiento de plantas deseables y disminuir el crecimiento de plantas indeseables, utilizando potencialmente los mismos microbios”.

Digamos que partir de una propuesta, aun por corroborar hasta alcanzar el contenido de la frase que podéis leer arriba, existe un largo camino, algo así como un viaje de la Tierra a Marte. De ser cierto, estos científicos merecerían el Premio Nobel, por su ayuda en garantizar la soberanía alimentaria, eliminar la polución causada por los fertilizantes, contaminación de plaguicidas, así como erradicar las malas hierbas y plantas invasoras. ¡Vamos una verdadera revolución agraria! ¿Qué diría yo?: ¡menos lobos caperucita!. Os habéis pasado de la raya miles de kilómetros. Por cierto literalmente Rizo-fagia se traduciría literalmente por “comer raíces”, cuando en realidad, utilizan el concepto del modo opuesto, ya que son estas las que devoran, cultivan o manejan, por así decirlo, a los microorganismos. Empero hay muchas páginas Web en Internet que se tragan todo como si fueran golosinas, sin cuestionar nada en absoluto. Este es un ejemplo.

Os dejo ya con la nota de prensa y el resumen traducido, que de cualquier modo, atesora bastante interés.  

Juan José Ibáñez

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Los Suelos de la Sabana, pastoreo tradicional y heterogeneidad de hábitat

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Google imágenes, una de la cual procede de este blog que recomendamos: Ideas, Inventions and Innovations: Credit: © Stephen Goldstein/Washington University

Personalmente sigo carcajeándome de los que proponen el Antropoceno y defienden el periodo preindustrial/industrial  (aproximadamente durante el siglo XIX), como su inicio. Desde el Paleolítico, como hemos venido alegando, es decir antes del nacimiento de la agricultura, el ser humano ya había transformado el paisaje de grandes extensiones de la Tierra. Imagínense lo que acaeció en el Neolítico. Sobre todo ello hemos escrito en numerosos post almacenados en nuestra categoría “etnoedafología y conocimiento campesino”.  También os hemos mostrado que la selva pluvial amazónica y las de Mesoamérica fueron antaño paisaje antrópicos, que no prístinos.  No obstante, el estudio que vamos a analizar hoy me parece muy interesante, ya que retrocede de nuevo al Paleolítico Africano y, basándose en evidencias edafológicas, parece demostrar que el pastoralismo ancestral trasformó los paisajes de las sabanas africanas. Tal hecho fue debido al manejo del ganado por los pastores y, en concreto,   por el enriquecimiento de los suelos en nutrientes esenciales, a través de sus heces, huesos, etc. Los paisajes de suelos de la sabaneros son muy pobres en nutrientes, por lo que sí incrementa en fertilidad da lugar a que medren pastos ricos y nutritivos. De hecho, una vez los pastores y ganados dejaron tal  impronta, los animales salvajes “parece” que los frecuentaron por sus delicatesen alimentarias, manteniendo su estructura. En consecuencia, estos maravillosos ecosistemas de sabana que podemos disfrutar hoy, son en parte producto de la acción pastoral o ganadera, por crearse numerosos nuevos hábitats que las fuerzas de la naturaleza soslayaron.  En ecología ya nadie discute que la biodiversidad aumenta conforme lo hace el número de hábitats por lo que….. Imagínense ahora que, probablemente, un proceso parecido se repitió numerosas veces a lo largo de la historia del hombre en diferentes lares del planeta. Posiblemente sucedió así.

 Abajo os dejo los detalles de la nota de prensa en suajili, incluidos varios comentarios más concretos que conciernen a los suelos, traducida al español castellano. Por cierto, he gastado más tiempo intentando descifrar el significado “Herder pen sites”. Ni rastro en Internet hasta que en lugar de “pen” teclee “penin”, el cual me dio la pista. Este es el problema de inventar palabros innecesarios. Os recomiendo que leías el texto ya que se me antoja francamente interesante.

 Juan José Ibáñez

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La cultura Maya y sus devastadoras consecuencias sobre la erosión del suelo y el secuestro de carbono

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Colaje: Google imágenes

 Si nuestro entrañable amigo y colaborador Régulo León Arteta, levantara la cabeza, me atizaría con una maza en la cabeza y espetaría: “Juanjo: no se te puede dejar solo” ¿?. Y estaría cargado de razón. Sin embargo el título  es un reflejo fiel de los contenidos de las dos notas de prensa que os muestro hoy, una de las cuales he traducido al español castellano del boletín de noticias Sciencedaily. Dado que me he esmerado un poco más de lo habitual con el material del traductor Google, no me explayaré en demasía. Podéis leer por vosotros mismos de que versa el estudio, sin mis torturantes desideratas. Vamos allá. Pero antes debo confesar que me pregunto a mí mismo si a la civilización Maya, muchos colegas le tienen maná o inquina. La bibliografía se encuentra repleta de artículos sobre su decadencia y, por raro que resulte en nuestros días, muchos colagas prefieren echarle la culpa antes a los mayas que al cambio climático. ¡Esta si es efectivamente,  una novedad!, empero también que yo, por una vez, ponga en tela de juicio  tales adherencias. Todo esto me resulta un tanto enigmático. En el peor de los casos, si los Mayas, como todos los pueblos, cometieron errores en el uso de las tierras,  no debemos echarnos las manos a la cabeza, ya que nosotros hemos cometido los mismos y muchos más, a pesar del orgullo tecnológico del que tanto presumimos.  

 Sin embargo, si debo resaltar que se trata de uno de los post que me ha llevado más tiempo componer, no en lo concerniente a su redacción, sino con vistas a aclararme  en un terreno que no había explorado con anterioridad (la cera de las hojas de las plantas). Me he leído hasta tres veces el artículo original de Nature, he consultado con colegas que investigan en bioquímica del suelo, etc.  ¿Resultado? En lugar de iluminarse, mi sistema neuronal sufría tremendos y masivos apagones. Resumiendo, si me equivoco, por favor perdonarme.

 Los investigadores dicen haber descubierto que la “dramática deforestaciónque llevó a cabo la cultura Maya hace unos 4.000 años, erosionó los suelos y/o degradó la calidad de los mismos, al perder parte de la materia orgánica que almacenaban en aquellos bosques ¿primigenios?.   Pues bien, mil años después de su colapso, las reservas de carbono edáfico no se han recuperado, a pesar de encontrase recubiertos por maravillosas selvas tropicales. Si ya lo pensaba yo, pero no me atrevía a compartirlo con vosotros: El Antropoceno se inició por culpa de los Mayas: ¿¿??. Es una broma por supuesto.

 Se me ocurren mil y una razones como para dudar de tales aseveraciones. En primer lugar, el clima varió en diversos momentos a lo largo del intervalo temporal analizado. Se produjeron episodios de mayor humedad, alternando con otros áridos. En estos casos, uno debe de cuidarse mucho de llevar a cabo especulaciones apresuradas. Teniendo en cuenta todo lo que se sabe de los Mayas y sus acertados manejos de suelos (aunque con toda seguridad también cometieron errores), es lógico pensar que no deforestaran por placer, sino, para su puesta en cultivo, al contrario de lo que los autores del estudio aducen. Al parecer aquellas reforestaciones dieron lugar a episodios de erosión severos. Empero, ¿qué tipo de fertilización recibían por parte de aquella civilización?. Probablemente orgánica y tal vez en grandes cantidades. Recordar, por mostraros tan solo dos ejemplos, los casos de las Chinampas en México, y de las Terras Pretas en Brasil. Más aun, el artículo se centra en las ceras vegetales y en este sentido se puede alegar que plantas como la Jojoba y la cendelilla, muy ricas en estos materiales, resultaban ser altamente apreciadas por el pueblo Maya, siendo cultivadas por aquél entonces, o como mínimo recolectadas en sus formas silvestres. Empero tales especies, según leo en Internet (abajo os dejo información), se encuentran principalmente asociadas a ambientes áridos y semiáridos de aquél país. En general, la cera de las hojas y algunos frutos parecen conferirles una alta resistencia a la aridez y la sequía. Según los autores, los territorios se encuentran actualmente recubiertos de frondosas selvas tropicales de lluvia. Los Mayas se manejaban bien en los espacios geográficos secos mediante sofisticadas obras de riego. Repetimos que las plantas en zonas semiáridas parecen acumular mucha más cera que cuando el clima es húmedo, teniendo sus suelos, además escasa materia orgánica o reservas de carbono. El estudio, por su naturaleza, no da cuenta del porcentaje o contenido de tal tipo de carbono, sino exclusivamente de las susodichas ceras y su edad, dando por sentado que a cuanto más ceras más materia orgánica albergarían los suelos. Las estimaciones fueron realizadas mediante técnicas isotópicas.

Por lo tanto, yo tamnién podría aventurar que los investigadores pretenden llevar a cabo comparaciones, partiendo de premisas bastante inciertas, si se tienen en cuenta los vaivenes climáticos, cambios en los sistemas de manejo (que variaron con el transcurso del tiempo), avatares geopolíticos, etc. Ya os comenté que, al menos en los 40 o 50 cm superficiales, el medio edáfico de los bosques tropicales atesora muy poca materia orgánica, si se comparan con los boques y praderas que albergan los ecosistemas en los climas templados y fríos. Ellos analizan los materiales presuntamente procedentes de horizontes sub-superficiales que se acumulan actualmente en sedimentos lacustres, lo cual conllevan otra serie adicional de incertidumbres que no pueden soslayarse. Empero estas también afectan a una metodología que se ha ensayado en contadas ocasiones, por lo que aún dista mucho de poder ser considerada fiable.  Finalmente, la reiterada lectura del artículo de Nature me hizo ver que estos investigadores encajaban sus razonamientos, muchos de ellosno suficientemente corroborados, con bastantes dudas. En fin, os dejo con la noticia, pero también con mis tribulaciones. Añado material para los que estéis interesados en saber más de las ceras de las hojas, ya que por mi parte no hay más “cera” de la que arde.

 Juan José Ibáñez

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Carbón vegetal, Su almacenamiento y Reservorios (Cambio Climático y Secuestro de Carbono)

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Fuente: Colaje Imágenes Google.

Hoy os mostramos una nota de prensa que apareció durante 2018 en el boletín de noticias Sciencedaily, y que nos informa sobre el ciclo y las rutas que sigue el carbón vegetal producido sobre la superficie terrestre, por la combustión de la biomasa. Según los autores del estudio,  su viaje por la superficie terrestre hasta almacenarse en los océanos puede resultar largo y prolongado.  Del mismo modo también alegan que sus partículas carbonosas, ya sean producidas por incendios forestales, uotras vías naturales y antropogénicas, constityen actualmente ingentes cantidades que finalmente son secuestradas en el fondo de los océanos, sustrayéndose pues de la atmósfera, siendo indispensable su evaluación con vistas a una mejor comprensión el ciclo global del carbono.

Del mismo modo, relatan brevemente la historia de su largo recorrido tanto en el espacio como en el tiempo, desde los suelos a los ríos y lagos hasta terminar siendo secuestrado en los sedimentos oceánicos. Durante el  mismo, no es inusual que se almacenen temporalmente en otros sedimentos terrestres y lechos de las masas de agua dulce (ya considerados suelos en muchas clasificaciones edafológicas). También cabría destacar de la nota de prensa, que la erosión de los sedimentos y suelos, retarda hasta en miles de años su llagada al mar en donde son enterrados y preservados durante largo tiempo.  Obviamente tras los incendios, las emisiones de CO2 a la atmósfera son ingentes, pero sin despreciar las que terminan en forma de un carbón bastante resistente a su degradación, es decir en la forma de las partículas mentadas.

Ahora bien, ¿Cuál es la magnitud del carbono constituido por estas partículas recalcitrantes? ¿Existen diferentes formas con menor o mayor resistencia a su degradación?. ¿Qué porcentaje constituyen del secuestro de carbono terrestre?  También omiten que en las zonas de subducción pueden pasar a formar parte de los materiales que retornan al manto terrestre o terminar emergiendo  de nuevo  a las superficies continentales embutidos en las rocas que afloran como consecuencia de la colisión de las placas tectónicas.  Se trata de un interesante tema, que se encuentra directamente relacionado con el denominado biochar, y esas enigmáticas Terras Pretas do indio de la Cuenca Amazónica, de las que tanto hemos debatido en esta bitácora.

El tiempo nos dirá si se trata de un nuevo “canto de sirenas” o  si realmente se trata un tema que debiera tenerse muy en cuenta  en las investigaciones relacionadas con el ciclo del carbono y el cambio climático.

Os dejo ya pues con la noticia en su versión en Inglés y traducida rápidamente al Español-Castellano.

Juan José Ibáñez

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Carbón vegetal, Su almacenamiento y Reservorios (Cambio Climático y Secuestro de Carbono)

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Secuestro de Carbono. Fuente: Blog de la red Remedia

 Hoy os mostramos una interesante nota de prensa que apareció durante 2018 en el boletín de noticias Sciencedaily, y que nos informa del ciclo y rutas del carbón vegetal producido sobre la superficie terrestre, aí como por la combustión de la biomasa. Según los autores del estudio,  su viaje por la superficie terrestre hasta almacenarse en los océanos a menudo resulta temporal y espacialmente largo.  Del mismo modo, también alegan que sus partículas carbonosas, ya sean producidas por incendios forestales, u otras vías naturales y antropogénicas, pueden llegar a constituir en ingentes cantidades que finalmente son secuestradas en el fondo de los océanos, sustrayéndose pues de la atmósfera, siendo indispensable su evaluación con vistas a una mejor comprensión el ciclo global del carbono.

 Del mismo modo, relatan brevemente la historia de su largo recorrido tanto en el espacio como en el tiempo, desde los suelos a los ríos y lagos para terminar siendo sepultadas con en los sedimentos oceánicos. Durante el  mismo, no es inusual que se almacenen temporalmente en otros sedimentos terrestres y lechos de las masas de agua dulce (ya considerados suelos en muchas clasificaciones edafológicas). También cabría destacar de la nota de prensa, que la erosión de los sedimentos y suelos, retarda hasta en miles de años su llagada al mar en donde son enterrados y preservados durante largo tiempo.  Obviamente tras los incendios, las emisiones de CO2 a la atmósfera son ingentes, pero tampoco nada despreciables las que terminan en forma de un carbón bastante resistente a su degradación, es decir en la forma de las partículas mentadas.

 Ahora bien, ¿Cuál es la magnitud del carbono constituido por estas partículas recalcitrantes? ¿Existen diferentes formas con menor o mayor resistencia a su degradación?. ¿Qué porcentaje constituyen del secuestro de carbono terrestre?  También omiten que en las zonas de subducción pueden pasar a formar parte de los materiales que retornan al manto terrestre o terminar emergiendo  de nuevo  a las superficies continentales embutidos en las rocas que afloran, como consecuencia de la colisión de las placas tectónicas.  Se trata de un interesante tema, que se encuentra directamente relacionado con el denominado biochar, y esas enigmáticas Terras Pretas do indio de la Cuenca Amazónica, de las que tanto hemos debatido en esta bitácora.

 El tiempo nos dirá si se trata de un nuevo “canto de sirenas” o  si realmente se trata un tema que debiera tenerse muy en cuenta  en las investigaciones relacionadas con el ciclo del carbono y el cambio climático.  Os dejo ya pues con la noticia en su versión en Inglés y traducida rápidamente al Español-Castellano.

 Juan José Ibáñez

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Suelos, Incendios Forestales y Cambio Climático (¿reforestación o pastizales?)

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En los ambientes mediterráneos muchas especies de coníferas son extremadamente pirofíticas o pirófilas (amantes del fuego). Obsérvese una plantación de algarrobos intacta entre una masa arbolada de pinos quemada a su alrededor. Incendio forestal (Comarca de los Serranos, Valencia, España) Foto: Juan José Ibáñez

 Todos los veranos, en los biomas y ambientes cuya estación seca coincide con el verano, los incendios forestales son comunes. Hablamos pues de paisajes mediterráneos y semiáridos, en general. En los últimos años este fenómeno parece recrudecerse, al aumentar las temperaturas, posiblemente como resultado del calentamiento climático.  Es usual que la prensa alarme al público sobre “fuegos que se avecinan, con más virulencia y frecuencia”. Con toda sinceridad, yo no tengo tan claro que el cambio climático sea el principal responsable de lo que “actualmente” sucede, ya que ha sido demostrado hasta la saciedad que el viento por un lado, la matorralizaciíon de cultivos abandonados,  la pauperrima gestión por parte de las administraciones, así como la mala planificación urbanística deben ineludiblemente incluirse en la ecuación. Tampoco olvidemos los incendios accidentales e intencionales , ya sean debidos a especulaciones urbanísticas o a insensatos pirómanos.  La falta de limpieza del monte que tradicionalmente era llevada a cabo por los campesinos, ahora depende en muchos casos de los gobiernos, cuya dejadez en tiempos de crisis es palmaria, como se ha demostrado en el sur de Europa, pero también en los países nórdicos (incendios veraniegos de 2018). ¡Más madera a la hoguera! Tampoco se trata de mezclar ese calorcito adicional generado por la alteración del clima, con un fenómeno recurrente en la historia de la Tierra desde que el hombre descubrió el fuego. Pero hay más. Las especies de crecimiento rápido, como las coníferas y eucaliptus, junto a matorrales pirofíticos (amantes del fuego) son fácilmente presa de las llamas, al contrario que los bosques de angiospermas. En 2018, los expertos sospechan que gran parte de los incendios en Europa fueron debidos a  la falta de planificación territorial, y/o  a las “manazas” del hombre y/o a la dejadez de los gestores político-ambientales. Seguimos sin diseñar una silvicultura adaptada a este tipo de ambientes.

 Sin embargo, existe otro aspecto que suele pasarse por alto. Las reforestaciones con fines madereros deben considerarse monocultivos para el aprovechamiento humano. Desde este punto de vista, resulta materia de reflexión el incluir parte de lo que denominamos selvicultura en una genuina agricultura para la obtención de madera o materiales lignocelulósicos. No es lo mismo aprovechar el monte natural que plantar árboles para el consumo humano. A veces las especies replantadas se naturalizan generando una desorganización de los ecosistemas y agrosistemas colindantes quede, este modo, a menudo, son más inflamables y aptos para la propagación del fuego.  

 Con demasiada frecuencia, la reforestación obedece más a la necesidad de madera y celulosa que a la restauración del medio natural, ya que de otro modo, se plantarían especies de crecimiento lento más resistentes al fuego, que las plantas que medran con tal fenómeno natural.  Pero la sociedad necesita madera y más madera. Otra cuestión es que, a la postre nuestras autoridades escondan/omitan este pequeño detalle, cuando son principalmente las áreas cubiertas por especies pirofíticas (o pirófilas) las que terminan siendo pasto de las llamas. De aquí que los resultados del estudio que os presentamos hoy deban entenderse con cautela.

 Ya sabéis que en durante los últimos años los incendios forestales se encuentran causando estragos en California, que disfruta de clima mediterráneo. Y así, ha llegado a mis manos este estudio, cuyos resultados no dejan de ser triviales o, como mínimo, esperables: las áreas cubiertas por pastos pierden menos carbono que las forestales.  La razón es obvia. Gran parte de la biomasa y necromasa de los pastizales se encuentran bajo el suelo, y este las protege, en gran medida, de su combustión. No se debe confundir al ciudadano entre lo natural y lo artificial.

 En consecuencia los autores de este estudio sopesan la posibilidad de implantar pastos en lugar de reforestar, como medida para evitar las emisiones y fomentar las reservas de carbono en el suelo. No es mala cosa que lo recordemos o aprendamos. Sin embargo, mutar de hermosas áreas arboladas en yermos pastizales estivales no creo que sea del agrado de casi nadie, tanto más cuando existen otras soluciones que ya han sido esbozadas en este blog, quizás algo más costosas que mantener un bosque (perdón masa arbolada) tal como lo hacen hoy en día nuestras autoridades, pero enormemente económicas si se tienen en cuenta los efectos sobre las mentadas emisiones, procesos erosivos, económicos y humanos de los incendios forestales: paisajes mosaicistas, repoblar con especies apropiadas y limpiar los cortafuegos mediante la acción de la carga ganadera (ella trabaja por nosotros limpiando el monte, creando pastos, suministrando carne y leche y a veces productos para confeccionar tejidos), al estilo de las propuestas de mi entrañable amigo José Luis González Rebollar. Y como diría este investigador con “mayúsculas”: una cosa es crear o implantar un pasto y otra bien distinta mantenerlo, para lo cual suele ser necesaria la implantación de una carga ganadera adecuada, como también ocurre en la limpieza de los cortafuegos a los que obliga su metodología.  Por lo tanto, transformar bosques o monocultivos en áreas arboladas y/o mantener cortafuegos acarrea mucho más que una mera siembra de especies herbáceas: escoger las especies pascícolas adecuadas, sembrar las plantas comestibles pertinentes y adaptadas al ambiente, escoger el ganado adecuado, incentivar la llegada de los pastores, etc., etc. De no hacerlo, los pastos darán lugar a matorrales y bosques, que serán inflamables o no, en función que de las especies que naturalmente los colonicen sean pirofíticas (amantes del fuego muy frecuentes, como mínimo, en los ambientes mediterráneos) o no. Como veis, la ingenua o ignorante perspectiva de la investigación llevada a cabo en USA adolece de una miopía aguda. Lo que realmente se necesita es una selvicultura preventiva en la que intervenga una ganadería extensiva sustentable.  

 Y podríamos seguir y seguir……. Es moneda de uso corriente en la ecología del cambio climático este tipo de estudios que, por su ramplonería, omotiré en abundar este texto con más “calificativos descalificativos”. Os dejo pues con la nota de prensa y el significado de pirofítico o pirófilo.

 Juan José Ibáñez

 Continua………

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